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Full text of "Notas y apuntes: Contribución al estudio de la historia económica y financiera de la República ..."

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NOTAS Y APUNTES 



COITBIBÜCIOH IL ESTPIO 



HISTORIA EGONOHICi T FINANGIEM 



D£ LA 



REPÚBLICA ORIENTAL BEL URUGUAY 



EDUARDO ACEVEDO 

Piofesor de cconümía política en la Universidad 
de Montevideo 



Comercio exterior 
risis PODicrciales.-LeíislHriúii ecoDÓniiea 
Leffislapiéii fiíiiiiiHera 



TOMO II 



MONTEVIDEO 

IMi*. ^ VA HKíLO ILUSTRADO », DE TURENNE, VARZJ Y C.« 

23 CALLK 18 DK JUMO 2:i 
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980 






En el tomo primero de esta obra, consagrado á la determina- 
ción del origen de las deudas' públicas, sobre la base exclusiva de 
la documentación oficial^ hemos prescindido [intencionalmente del 
comentario y debemos expresar por qué razón,^ ya que el simple 
amontonamiento de datos ha promovido críticas que nos interesa 
rectificar. Después de escrito el ¡capítulo inicial de ese tomo, nos 
asaltó el temor de que el comentario que fluía de los antecedentes 
oficiales, pudiera ser explotado por el espíritu de partido que 
arranca precisamente de los comienzos de nuestra organización 
política y que mantiene hoy todavía á los orientales divididos en 
bandos antagónicos, á despecho de todos los progresos realizados. 
Hacíamos un trabajo para la enseñanza universitaria y no podía- 
mos ni debíamos dar lugar á que el proceso histórico, absoluta- 
mente imparcial, despertara polémicas y avivara odios tradicio- 
nales, desterrados por completo de la cátedra. Rompimos, pues, 
los originales y aplazamos para otra oportunidad el comentario, li- 
mitando nuestra tarea del momento á una simple contribución de 
datos y antecedentes oficiales. 

En el tomo segundo que ahora publicamos, no ofrecía la apre- 
ciación histórica los mismos peligros. Pero, asimismo, hemos 
tenido que limitarla á notas rápidas, en el deseo de no absorber 
por demasiado tiempo las columnas de los «Anales de la Univer- 
sidad». 



Bl comercio especial exterior de la República 
Oriental del Uruguay desde 1875 á 1900 



Tomamos como base de investigación los productos que du- 
rante el período 1875-1900. han pasado el límite de cien mil 
pesos en todos 6 en alguno de los años que abarca nuestro estudio. 
Evitamos así largas enumeraciones, destituidas de importancia 
desde que los productos que en algún año por lo menos no han 
alcanzado á cien mil pesos, representan en el cuarto de siglo que 
examinamos muy pocos millones con relación á los demás y no 
ofrecen interés del punto de vista de las grandes oscilaciones co- 
merciales. Advertiremos asimismo que en ese período queda ex- 
cluido el año 1876, por no haberse publicado las estadísticas co- 
rrespondientes. 



CAPÍTULO I 

I/as exportaciones 

Pueden clasificarse los productos principales que la república 
Oriental envía al exterior, en esta forma: 

Ganadería y saladeros: (a) ^nado en pie, que comprende ani- 
males vacunos, equinos y ovinos; (b) carnes preparadas, que abar- 
can el tasajo, el extracto de carne, la carne conservada y las len- 
guas conservadas y secas; (c) otros productos de ganadería y 
saladeros, que comprenden astas, cenizas, huesos, cerda, cueros 
vacunos, lanares y yeguarizos, gorduras, huano y lana. 

Productos de la agi'icultura : el maíz, el trigo y la harína de 
trigo. 

Diversos productos: adoquines, arena, piedra común, carbón de 
leña, cueros de lobo y nutria y plumas de avestruz, 

GANADO EN PIE 

La exportación de animales vacunos, que se realiza casi exclu- 
sivamente por la frontera terrestre con destino á los saladeros de 
Río Grande, revela marcado decaimiento. En el quinquenio 
1875-1880, salieron 453,281 animales, mientras que en el quin- 
quenio 1896-1900 la salida fuó simplemente de 358,817. 

Por dos razones bien sencillas tiene que decaer ó por lo menos 
mantenerse estacionaria la exportación al Brasil. En primer lugar, 
los campos de Río Grande tienden cada vez más á poblarse de ga- 
nados, suigiendo de ahí una competencia desfavorable para la 
república Oriental, en razón de los impuestos con que nuestro sis- 
tema tributario grava el pasaje de animales en píe por la frontera 
terrestre. Y en segundo lugar, los saladeros ríograndenses no au- 



LAS EXPORTACIONES 



mentan sus matanzas, manteniéndose hoy al mismo nivel que apa- 
rece en las estadísticas de hace cerca de medio siglo. Según los 
datos que registra la memoria del ministerio de hacienda corres- 
pondiente al año 1860, los referidos establecimientos faenaron 
371,569 animales vacunos en la zafra de 1859-1860, y según las 
estadísticas del último año, la matanza fud de 210,000 animales 
«n 1901, de 232,000 en 1900, de 270,000 en 1899 y de 340,000 
en 1898. 

Hállase gravada actualmente la exportación fronteriza con un 
derecho del ocho por ciento sobre el precio de nueve pesos los 
novillos ó bueyes, de seis pesos las vacas y tres pesos los terne- 
ros, según el decreto de ].^ de febrero del año 1892, que rebajó 
considerablemente los aforos dictados en épocas anteriores de ex- 
traordinaria valorización de los ganados. Muchas veces se ha 
hablado de la conveniencia de suprimir ese derecho, tanto por la 
dificultad de fiscalizar su percepción, como por las ventajas que 
recibirían los estancieros del norte de río Negro, si por medio del 
abaratamiento del producto pudiera ensancharse el mercado de 
Río Grande para las exportaciones orientales. Son bien explica- 
bles las dificultades de fiscalización, tratándose de una frontera 
extensa, en la que con frecuencia quedan divididas las estancias 
por una línea imaginaria que las adjudica á distintas nacionalida- 
des y que es traspuesta á cada instante por las simples exigencias 
del servicio ganadero. El contrabando tiene, en consecuencia, am- 
plio campo para desenvolverse. Y también son claras é indiscuti- 
bles las ventajas que la supresión del impuesto ofrecería á los es- 
tancieros del norte de la república, que hoy tienen que recorrer 
distancias considerables para colocar sus productos en la tablada 
de Montevideo ó conducirlos á los saladeros del litoral. Creemos, 
sin embargo, que la mencionada franquicia, puede y debe formar 
parte de un plan de rebajas equivalentes en los derechos que gravan 
la importación de tasajo oriental. Ha pasado ya felizmente la época 
de los grandes temores de que instruyen las actas de la asamblea 
constituyente y legislativa, del 27 de enero de 1829, al discutirse 
las ventajas é inconvenientes de un proyecto que declaraba libre la 
exportación de animales vacunos mediante el pago del derecho de 
un peso por cabeza. Se manifestó en el curso de ese debate, el te- 



COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



mor de que los r*onti neníales prodigaran el dinero en la frontera, 
p)^ando hasta doce pe^os con el designio de llevarse todo el ganado 
y obligarnos á comer avestruces, yeguas y carpinchos, como en la 
desgraciada época anterior. Bajo la presión de tales temores, fué 
modificado el proyecto, eliminándose las vacas y autorizjíndose 
simplemente la libre exportación de novillos. 

La exportación de ganado equino presenta un cuadro más hala- 
gador. El progreso de las salidas es constante desde la cifra de 
15,928 animales en el quinquenio 1S75-1880, hasta la de -i 8,00;") 
que corresponde al período 1896-1900, después de haber dado 
un fuerte salto en el quinquenio 1891-1895, que elevó las expor- 
taciones á 72,054 animales. 

Un progreso todavía más acentuado ofrece el ganado ovino. Va\ 
el quinquenio 1875-1880, la exportación fué simplemente de 
79,782 cabezas, contra 866,291 que arroja la estadística del quin- 
quenio 1896-1900. Ha sido constante el progreso en todos los 
periodos, menos en el de 1886-1890, que presenta baja con re- 
lación al quinípienio anterior. 

En los veinticinco años que exrminamos, están representados 
los ganados exportados por los siguientes valores oficiales, en nú- 
meros redondos: animales vacunos, diez y nueve millones y medio 
de pesos; animales equinos, un millón y medio; animales ovino^:. 
un millón y medio. En suma veintidós millones y medio de pesoí*. 
¿Pía aumentado ó se mantiene estacionaria la riqueza ganadera 
en nuestro país? 

El censo del año 1 852, un año después de la termin«ícióii dr la 
guerra grande, atribuyó á la república las siguientes (\\istencÍMs: 
ganado vacuno, 1:888,622; caballar, 1:127,069; asnal y ninhir, 
19,190; lanar, 796,289; porcino, 25,300; cabrío, 1,406. En suma 
3:858,176 cabezas. El censo de 1860, ó más bien dicho las deela- 
racíones para el pago de la contribución directa cuando esc» censo 
fué levantado, arroja un total de 6:159,909 cabezas así distribuí 
das: ganado vacuno, 3:632,203; caballar, 518,208; asnal y mulnr, 
8,301; lanar, 1:989,929; porcino, 5,831; cabrío, 5,437. En los cua- 
dros estadísticos corrrespondientes, no figuran absolutamente los 
departamentos de Florida, Maldonado y Tacuarembó, de manera 
que sus cifras resultan incompletas. En su descripción geográfica 



LAS EXPORTACIONES 



de la república Oriental, calcula el general Reyes los ganados que 
existían en 1858, en esta forma: vacuno, 5:891,500; yeguarizo, 
1:295,900; ovino, 3:159,300; mular, 106,300; porcino, 77,000. 
Tomando por base las declaraciones para el pago de la contribu- 
ción directa, aumentadas en una cuarta parte para el ganado va- 
cuno, en una tercem parte para el ganado lanar y en el doble para 
los demás, todo ello en razón de ocultaciones y deficiencias de los 
registros estadísticos, calculaba así el señor Vaillant las exis- 
tencias de ganado en el año 1876: animales vacunos, 6:092,488; 
ovinos, 12:189,511; yeguarizos, 875,044; mulares, porcinos y ca- 
bríos, 34,230. Total 19:191,273 cabezas. La memoria presentada 
por la asociación rural del Uruguay en la exposición universal de 
Chicago, obra de los señores doctor Carlos M. de Pena y Honoró 
Roustan, fijaba á fines del año 1 892 los ganados en esta forma: 
vacunos de cría y novillos, 8:000,000; bueyes, 690,000; caballar, 
599,000; mular y asnal, 11,000; ovino, 23:000,000; cabrío, 24,000; 
porcino, 23,000. Forman un total de 32:347,000 cabezas, esti- 
madas en 73:038,000 pesos, al precio de 6 pesos vacunos, 15 pe- 
sos bueyes, 6 pesos caballos, 12 pesos muías, sesenta centesimos 
ovejas, 1 peso cabrío, 6 pesos porcinos. Las declaraciones presta- 
'das por los contribuyentes en el año 1899, atribuyen ala repCiblica 
la siguiente existencia: ganado vacuno, 5:218,948; ganado yegua- 
rizo y caballar, 395,354; mular, 13,666; ovino, 15:111,739; por- 
cino, 34,050; cabrío, 4,705. Total deeabezas 20:779,002. 

Segfm el censo ganadero levantado á indicación del departamen 
to de ganadería y agricultura en el año 1900, por intermedio de la 
jefaturas políticas, tiene la repdblica los siguientes ganados: va- 
cuno 6:827,428; equino 561,408; ovino 18:608,717; mular 22,992; 
cabrío 20,428; porcino 93,923. En conjunto, 26:134,896 cabezas 
de ganado, explotadas en 22,674 predios que presentan una super- 
ficie de 14:515,104 hectáreas. Otras clasificaciones de la misma 
operación censal, establecen que los referidos prodios son explota- 
dos por 14,442 nacionales y 8,232 extranjeros, en cuyas cifras 
figuran como propietarios 14,124 y arrendatarios 8,550; y como 
criadores 21,857 é invernadores 817. Este censo arroja con rela- 
ción á las declaraciones de la contribución directa en 1898, un 
aumento de más de cinco millones de cabezas. Demuestra tam- 



10 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 

bien, lo que es interesante del punto de vista de la asimilación del 
elemento extranjero á nuestro movimiento económico, que de las 
26:134,896 cabezas de ganado censadas, 14:301,378 pertenecen á 
nacionales y 11:833,518 á extranjeros, sobresaliendo entre estos 
últimos los brasileños que tienen 4:492,230, los españoles que tie- 
nen 3:672,242, los franceses que tienen 1:402,883, los ingleses 
que tienen 806,859, los italianos que tienen 663,896 y los argen- 
tinos que tienen 485,925. Observa el departamento de ganadería 
y agricultura que el censo presenta vacíos lamentables que se co- 
rregirán en operaciones posteriores, y cita como prueba de ello el 
hecho de que los terrenos dedicados al pastoreo figuran con una 
superficie de 145,151 kilómetros cuadrados dentro de un terri- 
torio que tiene 186,925 kilómetros. La diferencia corresponde 
en buena parte á la ganadería, desde que la agricultura no explota 
una extensión mayor de 5,000 kilómetros cuadrados. 

En su libro]«La República Oriental en la exposición de Viena», 
editado en el año 1873, el director de la oficina de estadística, 
señor Vaillant, propuso diversas bases de cálculo para establecer 
la cifra aproximada de la riqueza vacuna. He aquí la primera: es 
regla general admitida entre los hombres de campo que el estan- 
ciero debe deshacerse anualmente de la quinta parte de sus ga- ' 
nados; el consumo anual de los saladeros de Montevideo es de 
375,633, el abasto de Montevideo es de 85,014, el de campaña 
puede calcularse en 400,000, el de los saladeros del Uruguay 
450,000 y la exportación al Brasil en 200,000; de acuerdo con la 
base expresada habría 7:131,665 animales vacunos. Segundo 
cálculo: los cueros secos y salados exportados en 1872 montan á 
1:104,503, que de acuerdo con la misma base arrojan una existen- 
cia ganadera de 5:522,515 animales; agregando la exportación de 
animales al Brasil que denuncia una existencia de 1:000,000 y el 
cálculo de los cueros empleados en la república, que partiendo 
siempre de la misma base hacen suponer una existencia de 609,150, 
se llega á una cifra total de 7:131,665. 

Ya son muy problemáticos estos cálculos, en razón de haberse 
generalizado considerablemente en los últimos veinte años la in- 
dustria de invernada, que no consiste, como la del criador, en el 
aprovechamiento de los procrees, sino en el engorde rápido de 



LAS EXPORTACIONES 11 



animales adultos que se compran flacos á bajo precio, y que se 
venden en su totalidad ó casi totalidad para saladero, abasto y 
exportación. Carecemos, pues, de base precisa para el cálculo de 
los ganados vacunos. Vale la pena de indicar, sin embargo, á 
título de dato ilustrativo, que en el año 1900, que es el último de 
nuestros estudios, los saladeros orientales consumieron 698,900 
animales vacunos, el abasto de Montevideo y los departamentos 
234,983 y la exportación en pie 60,572. En cifras redondas un 
millón de animales vacunos» pudiendo agregarse que el consumo 
es mayor, en razón de lo mucho que escapa á la fiscalización, so- 
bre todo en los departamentos de campaña. Al ocuparnos de la 
exportación de cueros, diremos algo más acerca de este interesante 
tema. Cálculos serios y corrientes hacen oscilar la existencia ga- 
nadera al rededor de imeve millones de cabezas, con progresos de 
peso y precocidad por efecto del cruzamiento de razas. 

No existen las mismas dudas con relación al ganado ovino, pues 
están fuera de discusión los grandes progresos i-ealizados por esa 
rama de la ganadería. Los guarismos de la exportación de anima^ 
les vivos, que ya hemos indicado, los de la lana que tendremos 
que examinar más adelante y los datos mismos de los consumos y 
declaraciones para el pago de la contribución inmobiliaria, denun- 
cian de una manera palpable el crecimiento, rara vez interrumpido, 
de los rebaños cuyos productos figuran actualmente á la cabeza 
de nuestro comercio de exportación. 

Las declaraciones para el pago de la contribución inmobiliaria 
prestadas en el año 1899, establecen una existencia de 15:111,739. 
Las mismas declaraciones correspondientes al año 1885 acusan 
la existencia de 17:049,798 ovejas. En el segundo de estos 
años, las ovejas pagaban contribución directa; en el primero esta- 
ban absolutamente libres de todo tributo directo, como lo siguen 
estando todavía. Cuando regía el impuesto, el mismo estanciero 
declaraba; ahora no rige impuesto y el dato de la existencia de 
los ganados, lo calcula de cualquier modo el dueño de la tierra, que 
muchas veces la tiene arrendada ó dada en medianería y carece de 
datos precisos. En 1 885, con una existencia declarada por los 
contribuyentes de 17:049,798 ovejas, la exportación de lana 
fué de veintinueve y medio millones de kilogramos en nCimeros 



12 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 

redondos y de treinta y uno y medio millones en 1880. En 1889, 
con una existencia declarada para fines simplemente estadísticos 
por los propietarios, de 15:111,739, hubo una exportación de 
treinta y nueve y medio millones de kilos. Diez millones más de 
kilos de lana y dos millones menos de ovejas. ¿Puede haber exac- 
titud en las cifras? Creemos que no Todos los datos recogidos, 
inclinan á suponer que las declaraciones de los propietarios dcí 
campos, registran cantidades mínimas en las que ordinariamente 
se pixíscínde de las existencias que tienen los puesteros ó media- 
neros. Y creemos también que las cifras del censo ganadero de 
1900, que elevan In existencia á diez y ocho y medio millones son 
absolutamente inaceptables, desde que apenas arrojan un aumento 
de un millón y medio de cabezas sobre las declaraciones del año 
1885, cuando es notorio (jue la cantidad de lana denuncia creci- 
mientos mucho más rápidos. 

¿Qu(5 cantidad de lana da término medio cada animal ovino? El 
señor Vaillant en su obra «La repííblica Oriental en la exposición 
de Viena^ contesta que tres libras. En 1872. la exportación de 
lana fuó de 57,042 fardos de 900 libras equivalentes á 51:337,800 
libras ó 23:564,050 kilogramos. Resulta entonces una existencia 
de 1T:112,G00. Hay que íigregar 10,880 fardos de cueros lanares 
de doce docenas cada uno que arrojan una existencia de 1:560,720 
cabezas. En todo 18:679,320 sin contar la lana consumida en el 
país. Otro cálculo usado en las estancias, recuerda el señor Vai- 
llant. Mil ovejas producen 100 arrobas de lana. Como la expor- 
tación de 1872 dio 2:053,512 arrobas, la existencia de ovinos 
queda elevada á 20:535,120 sin contar los cueros lanares. Con 
los progresos d(»l cruzamiento de razas, tienen que cambiar y han 
cambiado las bases de cálculo. Todos los hombres de competencia 
en la materia consultados en los últimos tiempos, hacen girar el 
rendimiento medio de las lanas alrededor de la cifra de 1,800 gra- 
mos por animal y admiten que la existencia no baja de 25 mi- 
llones de ovejas. Es el cálculo más razonable que podemos pre- 
sentar. Hay quien asegura que las cifras de la exportación son 
siempre bajas, en razón de que se atribuye uniformemente á 
todos los fardos el peso de 500 kilos, sin tener en cuenta que los 
progresos crecientes del enfardelaje, permiten aumentar fácilmente 



LAS EXPORTACIONES 13 



el contenido en 10, 20 ó 30 kilos que de ordinario pasan desaper- 
cibidos. Sea de ello lo que fuere, el hecho real y positivo es que 
la ri(]ueza ovina ha realizado y continúa realizando fuertes pro- 
gresos en la república, diversificando la industria ganadera, que 
ha sido una de las experiencias más persistentes de nuestros ha- 
cendados inteligentes, persuadidos de que, hoy por hoy, el ani- 
mal vacuno tiene salidas estrechas y muy aleatorias, susceptibles 
de provocar crisis hondas que es urgente combatir. 

£n cambio, la riqueza equina ha retrocedido fuertemente. Las 
declaraciones para el pago de la contribución directa, daban en 
1860 una cifrii de 741,857 animales, haciendo entrar los tres de- 
partiunentos que no aparecen en los registros estadísticos de ese 
año, según el señor Vaillant El general Reyes apreciaba, en 1859> 
la existencia verdadera en 1:295,900 animales. El censo de 1900 
reduce su monto á 561,408. La disminución existe realmente, 
y puede y debe atribuirse principalmente al cierre de los campos, 
que ha reducido el empleo del caballo, y que ha obligado al es- 
tanciero á sacar más altos rendimientos de sus predios. Cuando las 
propiedades no estaban cercadas, los ganados cruzaban de un 
campo á otro en busca de pastos y aguadas, y tal régimen muy eco- 
nómico sin duda alguna para el estanciero, imponía la obligación de 
tener abundantes medios de transporte para recorrer grandes dis- 
tancias. Cada agregado de estancia podía tener, y tenía, su ni{\na- 
da de yeguas y su tropilla de caballos que se alimentaban en cam- 
pos vecinos. Deslindados y cerrados los campos, con muy pocos 
peones, y por consiguiente, con muy pocos caballos podía hacerse 
el servicio de las estancias, y el estanciero ha debido tratar natu- 
ralmente de reducir sus tropillas á lo estrictamente necesario, de- 
jando holgado el terreno para el engorde y cría de animales vacu- 
nos y ovinos, que constituyen hoy la principal tarea de la ganade- 
ría. El progreso, pues, que denuncian las exportaciones, no puede 
atribuirse al ensanche de la explotación ganadera, sino á la mejor 
calidad de los productos de esa industria, que son demandados 
más activamente en los mercados extranjeros. 

Una vez terminadas las obras del puerto de Montevideo, au- 
mentarán, sin duda alguna, las expoliaciones de animales en pie, 
que hoy luchan con grandes dificultades por falta absoluta de em- 



14 ( OMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



barcaderos apropiados. Ya han iniciado los productores argentinos 
un comercio importantísimo con Francia, Inglaterra, Brasil y 
otros países, del que nosotros sacaremos también excelente partido, 
desde que la mestización de los ganados se ba extendido conside- 
rablemente en los últimos años y disponemos de materia prima 
abundante para alimentar esa corriente. Hoy mismo, los exporta- 
dores argentinos de capones en pie y congelados, apelan á nuestro 
mercado, obteniendo de él cantidades no despreciables, como lo 
demuestra el hecho de haberse embarcado con ese destino 78,390 
animales en 1898, 55,200 en i8ü9 y 32,413 en 1900. 

CARNES PREPARADAS 

El segundo rubro de nuestro cuadro, corresponde á las canies 
preparadas. 

llévela la carne tasajo, que es la más importante de esas pre- 
paraciones, un progreso constante en los cinco quinquenios que 
abarca nuestro estudio. Comparados los dos guarismos exti'emos 
de los expresados veinticinco años, resulta que el quinquenio 1896- 
1900 marca justamente una duplicación de los kilogramos expor- 
tados, con relación al quinquenio 1875-1880. En homenaje á la 
verdad de los datos oficiales, observaremos que en el quinquenio 
1886-1890 figuran más de nueve millones de kilogramos de tasajo 
de Río Grande, que por haberse embarcado en nuestro puerto 
aparecen confundidos con las exportaciones orientales. Dicha par- 
tida se distribuye por partes casi iguales entre los años 1888, 
1889 y 1890, y coincide con la época en que estuvieron aquí abo- 
lidos los derechos de exportación. La estadística ha reaccionado 
posteriormente contra ese englobamiento del tránsito. 

El archivo de los señores Matta y Garulla, importantes corre- 
dores de tasajo que durante larguísimos años han suministrado 
datos á la dirección de estadística, ofrece términos de comparación 
más amplios y abundantes. He aquí el resumen de ese archivo, por 
quinquenios, desde el año 1867 hasta el año 1891, con especifica- 
ción de las cantidades exportadas por cada una de las dos repúblicas 
del Plata á los mercados del Brasil y de la Habana : 



LAS EXPORTACIONES 



15 



QUINQUENIOS 



Quíntalos d(> tasajo ex- 
portados exclusivamerUc 
por los saladeros orién- 
talos. 



Quintales de tasajo ex- 
portados por ti>dos los 
saladeros del Río de la 
Piala incluidos los orien- 
tales. 



Al Brasil Ala Habanal; Al Brasil Ala Habana 






< tí^ < 



1867-1871 
1872-1876 
1877-1881 
188J-1886 
1887-1891 



2:309,600 | 1 :649,700 ' 3:884,900 3:862,970 

2:035,400 | 1:430,500 1 ¡3:9^5,000 3:286,000 

1:898,630 | 1 :128,800 1 [ 3:859,680 2:601,100 

1 3:204,065 | 898,870 , 1 4:439,960 , 2:220,330 

i 3:093,530 ! 720,560 1 1 4:974.130 | 2:2i»,200 ,' 



7:747,870 
7:221,000 
6:460,780 
6:687,651 
7:234,&33 



h r. 



En la columna de los totales se observarán diferencias con rela- 
ción á los sumandos. Corresponden al tasajo absorbido por otros 
mercados: para España se embarcaron en distintos años 18,969 
quintales de los saladeros orientales, y 23,374 de los saladeros ar- 
gentinos. También hemos notado discrepancia.», aunque de escasa 
importancia, con los extractos de las estadísticas oficiales que sirven 
de base á nuestro estudio. Así, por ejemplo, de 1 875 á 1880 la esta- 
dística aduanera da alrededor de dos millones de kilogramos me- 
nos, y de 1881 lí 1 885 da alrededor de dos millones y medio de ki- 
logramos más que lo que asignan los resúmenes de los señores Matta 
y Garulla. De J 886 á 1890 se nota una diferencia más importante de 
diez millones de kilogramos, que se debe á la involucración por las 
estadísticas aduaneras del tránsito brasileño. Con relación á los 
años anteriores á 1875, hay diferencias que deb(!n atribuirse á la 
imperfección con que se hacía la estadística antes del año 1 872^ 
en que inauguró sus trabajos Mr. Vaillant. Hechas estas aclara- 
ciones, veamos cuál ha sido la marcha de la producción tasajera en 
ambas márgenes del Plata, segú/i el cuadro que acabamos de resu- 
mir. 

La corriente del tasajo oriental al Brasil, desciende sensible- 
mente en el segundo y tercer quinquenios y reacciona en el cuarto, 
obteniendo un nivel que no alcanza á conservarse en el último 
quinquenio. Comparados los dos extremos del resumen, resulti un 
progreso de. cerca de ochocientos mil quintales. La corriente á la 
Habana denuncia, por el contrario, persistente baja. Comparados 



16 



COMERCIO EXTERIOR E8PECIAL 



los dos guarismos extremos, resulta un retroceso de novecientos 
mil quintales. ¿Son generales esas oscilaciones al Río de la Plata? 
El taí^ajo exportado por los saladeros orientales y argentinos con 
destino al Brasil, av^anza en el segundo quinquenio, y después de 
un pequeño retroceso obtiene la ventaja de más de un millón de 
kilos, comparados los quinquenios 1867-1871 y 1887-1891. El 
mismo tasajo exportado ai la Habana presenta una baja de más de 
un millón y medio de kilos en el quinquenio 1887- 1891 con rela- 
ción á 1867-1871. 

El nuevo cuadro de origen comercial (|ue publicamos á conti- 
nuación, complementa y pone al día las cifras que acabamos de 
examinar, con la sola diferencia de que en vez de figurar quintales 
figuran kilogramos: 



I 



KKpC'BLK A URIKNTAL 



RKPÍniJCA ARGENTINA 



AÍ^OS 



I BRAHIL 

' Kilogramos 



CIBA 

Kilogramos 



BRASIL 

Kilogramos 



189? 38:743,040 

1893 '42:474,560 

1894 56:417,920 

1895 !i 57:845,400 



1896 
1897 
1898 
1899 
1900 
1901 



1 52:540,100 
47:560,000 
49:677,900 
50:090.400 
47:217,900 
36:809,900 



6:651.140 
5:321,500 
4:495.360 
3:553,400 
433,000 
2:266,000 
4:343,400 
7:706.400 
6:751,100 
9:981,000 



i 24:651,860 

'¡24:107,680 

¡i 24:427.900 

'l31:84;},500 

35:803,400 

26:202,200 

17:452,800 

14:499,600 

16:699,600 

■24:620,800 



CUBA 

Kiloijrrnmos 



17:217.800 

16:720,080 

14:366,940 

17:101.100 

4:730,800 

0:306,200 

2:734,200 

4:666,500 

7:682,600 

6:425,200 



Nuestra exportación al Bnisil crecú') rápidamente de 1892 jí 
1895, Pero el descenso no tardó en presentarse en condiciones 
verdaderamente graves en los años subaiguientí's. Con relación al 
año 1895, presentan las exportaciones de 1901 una baja de veintiún 
millones de kilogramos. En cambio, el mercado de Cuba después 
de haber desaparecido casi por completo durante la guerra entre 
Espnña y Norte América, ofrece síntomas de reacción. Nada hala- 
güeñas son las perspectivas. En el Brasil, luchan las corrientes de 



LAS EXPORTACIONES 



17 



tasajo con el consumo de carne fresca, que empieza á generalizarse 
gracias á los progresos de la ganadería y á las importaciones de 
ganado en pie, con el espíritu proteccionista en favor de los sala- 
deros de Río Grande, y con las represalias á que puedan dar origen 
los derechos que pagan en el Río de la Plata los productos brasile- 
ños. En Cuba, luchan con la tendencia norteamericana que trata 
de abrirse mercados para sus carnes conservadas, y con las re- 
presalias á que puedan dar origen los impuestos que aquí tienen 
que pagar la caña, el tabaco y otros productos de la exportación 
de aquella isla. 

El mercado de Río Janeiro, que es sin disputa uno de los más 
importantes del Brasil, del punto de vista del comercio de carnes 
saladas del Plata, presenta oscilaciones dignas de tenerse en cuen- 
ta. He aquí las cifras que registran varias revistas de los importa- 
dores de Río Janeiro, que hemos podido extractar Expresan los 
kliogramos despachados para consumo y reexportación en diversos 
períodos alejados: 



A KOS 


Do Montovidoo 


Dt' BK«'nos Ainrs 


1888 .... 


. . 29:221,930 


9:200.558 


1889 .... 


. . 23:049,810 


22:046,330 


1891 .... 


. . 19:309,.Ó40 


26:870,230 


1898 .... 


, . 25:796,870 


16:869,910 


1899 .... 


. . 27:012,610 


12:368,700 


1900 .... 


. . 22:045,570 


12:281.570 


1902 .... 


. . 1 7:950,090 


13:175,410 



Para que pueda apreciarse la importancia délas procedencias 
del Río de la Plata, transcribimos en seguida de una de esas mis- 
mas revistas de Río Jauííiro el movimiento del chanjue on siete 
años: 



r 

1 

AÑ08 \ 

\ 


RÍO DE LA 
PLATA 


RÍO GRANDE 


TOTAL i:X 
KILO.S 


COÍISU.V0 


REEXPORTA- 
CIÓN 


MEDIA DE 
I.OÍ PRECIOS 


i 


r)5.772.7lO 


173. (;íM) 


r>5.945.s í 


47.07(;.5.s(.) 


8.025.920 


:}9s 7íM) 


1897. . . 1 


0().14«.6GO 


1.3()H.()íj() 


51.456.» Jf) 


44.8^1. 1.50 


7.ÍK)3.440 


5^7 927 


IK^S. . . 


42 (i-U.liO 


4.4;{.').7íi<» 


47.07í>.8H(.» 


:^9.324.030 


8.478.95(^ 


K-,7 U'H» 


189ÍI. . . 1 


:ií).3ó(j.lU) 


2.48H.S40 


41.844.040 


33.:^08.G50 


7. 44 JO. 740 


Kii2 vm 


líKM. . . 1 


34 :í27.144) 


1.552.12»» 


35.H7í>.2«)() 


:^0.130 340 


ü.l(X>.070 


79n lOÍM) 


1001. . . . 
1902. . . 1 


82.í)46.740 


3.020.520 


35.iMi7.2lV) 


:*}.5K1.740 


3.031.160 


028 890 


31.125.500 


0.073.440 


37.198.940 


33.347.290 


3.251.7t)0 


505/780 



18 



COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



El tasajo del Río de la Plata obtiene invariablemente precios 
más altos que el de Río Grande, como lo demuestra el siguiente 
dato relativo á los precios extremos de los doce meses de los años 
1901 y 1902 que reproducimos de las mismas revistas brasileñas : 



MESES 



RÍO DE LA PLATA 
1901 



RÍO GRANDB 
1ÍK)1 



RÍ ODF. LA PLATA 
1ÍK>2 



RÍO GRANDE 

iro2 



Enero. 
Febrero 
IVIarzo. 
AbrU . 
Mayo . 
Junio . 
Julio . , 
Agosto . 
Septiembre 
Octubre. . 
Noviembre 
Diciembre 



760 
720 
740 
540 
i! 520 
560 
580 
560 
600 
620 
700 
640 



á 940 i 680 
» 920, 680 
» 940, 680 
» 940 500 
. 800 430 
» 720 460 
» 8'JO 500 
» 860' 540 
* 960 560 
» 980, 560 
» 960l 
» 960' 580 



I 

á 7ro 

» 760; 
» 780 
» 780' 
» 580' 
» 580 1 
» 620; 
» 600 
» 760' 

760: 

i 

» 740, 



560700 

600/740 
560/740 
620900 
560 900 
520 800 
460 820 
440 780 
400760 
380 740 
400780 



500 590 
500/580 
520 560 
440 600 
480 760 
500 660 
480 640 
380 640 
340,480 

300 500 



He aquí ahora el numero de animales vacunos faenados en los 
saladeros del Río de la Plata, por quinquenios, durante los últimos 
veinticinco años: 



República Oriental 


Rt^púhlica Argeatiiia 


2:947,926 


2:852,200 


3:519,699 


2:126,100 


3:375,093 


2:736,958 


3:713,000 


3:723,400 


3:486,900 


1:939,400 



QUINQUENIOS ( exclufdo 1876 ) 

1875-1880 .... 
1881-1885 .... 
1886-1890 .... 
1891-1895 .... 
1896-1900 .... 



Con relación á la república Oriental, se nota un positivo esta- 
cionamiento en las matanzas. Los últimos cuatro quinquenios com- 
parados unos con otros, arrojan una diferencia de trescientas cua- 
renta mil cabezas. La matanza más alta correspondiente al período 
1891-1895, excede precisamente en esa cifra á la matanza del pe- 
ríodo 1886-1890, que es la más baja por efecto de la clausura de 
los puertos brasileños en 1887. Si no hubiera mediado osa causa 



LAS EXPORTACIONES 19 

excepcional de baja^ los cuatro quinquenios, nunque marcando un 
progreso sensible con relación á 1875-1880, se habrían mantenido 
con pequeñas oscilaciones al mismo nivel. Con relación á la re- 
pública Argentina, nótase al contrario, positivo descenso en las 
matanzas. El quinquenio 1891-1895, señala una reacción conside- 
rable que conquista á la república Argentina el primer rango en- 
tre los mercados productores de tasajo, gracias á la depreciación 
de la moneda circulante que permitía comprar los ganados á ba- 
jo precio con relación al oro, y al ensanche de la producción ga- 
nadera en Buenos Aires y otras provincias. Pero el decaimiento 
es casi constante en los demás períodos. Comparando los térmi- 
nos extremos, resulta en 1896-1900 una baja considerable de cer- 
ca de un millón de animales, con relación al quinquenio 1875- 
1880. 

Una de las preocupaciones más serias y persistentes de los sa- 
laderistas de la república; ha consistido en la ampliación de los 
mercados consumidores de tasajo. En agosto de 1862, la comisión 
directiva del club nacional, constituida por los señores doctor Vi- 
cente F. López, doctor Jaime Estrázulas, Francisco A. Gómez, 
Adolfo de la Puente, Ricardo Hugue y Estanislao Camino, publicó 
una interesante exposición sobre la necesidad de abrir nuevos 
mercados á las carnes saladas. La extractaremos brevemente. 

«Desde 1857 hasta hoy, dice la comisión, la producción de car- 
nes ha aumentado en la proporción de 7 á J 2 y el valor del pro- 
ducto ha disminuido en la proporción de 6 á 2 pesos por quintal. 
La baja es alarmante y debe atribuirse á causas permanentes y ac- 
cidentales. Entre las causas permanentes, figura la circunstancia 
de que sólo contamos con dos mercados consumidores que nos 
imponen la ley, el de la Habana, donde existe el monopolio de los 
compradores por la esclavatura de los consumidores, y el Brasil 
en el que no existe ese monopolio pero que procura en cambio 
desarrollar los saladeros de Río Grande al amparo de una legisla- 
ción proteccionista. Vale la pena de mencionar también la com- 
petencia fuerte que realiza en esos mercados el bacalao, de con- 
sumo extensamente generalizado en el resto del mundo. Entre las 
causas accidentales, figuran la crisis que en años anteriores afectó 
el comercio del mundo y produjo enormes quiebras en Cuba y la 



20 



COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



guerra civLl do los Estados Unidos que acentuó el desquicio en el 
giro y dirección de los capitales do la Habana, cerrando con el 
bloqueo los puertos del sud al comercio cubano y al comercio de 
café del Brasil. Con relación al año 1858, la faena saladeril de 
1862 en el Río de la Plata y Río Grande señala un superávit de 
673,000 cabezas. Entretanto, el valor de la producción de 1858, 
es igual por los precios que entonces regían, al doble del valor to- 
tal de la producción del corriente año. He aquí los cuadros de las 
matanzas correspondientes á un quinquenio, advirtiendo que la 
primera columna corresponde al Estado Oriental, la segunda á 
Buenos Aires, la tercera á Entre Ríos y la cuarta á Río Grande : 



Faona 18r>7-lSá« 



Faena 18r)8- IH.'»» Faf'nalK'jO-r»() Famia IWUMJl Fa«'ua 1kC1-(12 



(a) 


168,100 


243,300 


272,000 


293,000 


505,000 


(b) 


324,800 


531,300 


360,000 


290,000 


279,000 


(c) 


53,500 


144,300 


265,000 


237,000 


204.000 


(d) 


190,000 


280,000 


360,000 


360,000 


362,000 



736,400 1:198,900 1:257,000 1:180.000 1:350.000 

A título de antecedentes de positivo interés histórico, transcri- 
bimos en seguida estas nuevas cifras del informe: 

EXPORTACIÓN DE CARNKS DEI. UÍO DE LA PLATA 



Montevideo 


uto de U ríala on (tl'iUi 


Precios 


1857 199,040 


752,506 


6 1/2 ftiertes 


1858 168,520 


649,360 


7 


1859 322,817 


1:039,436 


5 3 '4 » 


18(30 428,220 


1:1.35,260 


4 1/4 » 


1861 386,786 


1:055,183 


3 


1862 738,340 


1:255,715 


2 1/4 » - 



CONSUMO EN RÍO .JANEIRO 



1859 475,^04 quintales de rs. 4,500 á rs. . 5,000 

1860 582,528 :* » 3,800á'».. 4,500 

1861 629,600 * * 2,000 íí » . . 3,500 



arroba 



LAS EXPORTACIONES 21 



«De losciiadro3 do niataoza resulta que es la repáblica Oriental 
la que ha aumentado más su producción y la que lógicamente 
tiene que sufrir el grueso de la pérdida que ocasiona la baja de 
los precios de 7 á 2 pesos por quintal. El consumo de carnes en 
la Habana y el Brasil monta anualmente al número de 1:600,000 
quintales (un millón el imperio y 540 mil á 600,000 (juintales por 
año la isla de Cuba). Si de ese total se extraen los 450,000 quin- 
tiiles con que contribuye la producción de Río Grande, se verá 
que la producción equivale al consumo y que su monto se encie- 
rra en la necesidad de los dos únicos mercados que tenemos. 
Cuanto mayor sea el desarrollo de nuestra ganadería, mayor can- 
tidad de carne tendremos que expoliar á mercados que no tendrán 
necesidad de ese excedente. Debemos necesariamente caer en la 
situación ruinosa de vendedores sin compradores. El único reme- 
dio consiste en abrirnos nuevos mercados, especialmente el de 
Inglaterra, en donde se consumen grandes cantidades de tocino 
salado procedente de Norte América. Concluye el informe acon- 
sejando que se organicen dos expediciones de tres ó cuatro mil 
quintales á InglattTra, por cotizaciones populares >. 

Veinte años más tarde se organizó una nueva sociedad con el 
mismo objeto, con el título de «Sociedad nuevos mercados de carne 
tasajo», que actuó durante cuatro años, desde agosto de 1883 hasta 
mayo de 1887, formando parte de ella hombres progresistíis como 
los señores Carlos Rey les, Benjamín Martínez, Francisco Gutié- 
rrez Zorrilla, Luis Ignacio García, Joaquín Corta, Serafín I. de 
Medeiros, Simón Porciúncula y el presidente de la sociedad rural 
don Domingo Ordoñana. Uno de los iniciadores, el señor Gu- 
tiérrez Zorrilla, se trasladó á España para dirigir personalmente 
los trabajos de propaganda, y en Italia fueron realizadas diversas 
gestiones con el mismo* objeto. Pero la falta de recursos por un 
lado y los derechos de importación que gravan la carne tasajo en 
algunos de loa mercados europeos, por otro, determinaron el fra- 
caso absoluto de esos laudables y persistentes trabajos. Todo in- 
clina á suponer, en consecuencia, que los mercados del tasajo no 
pueden ampliai*se y que el país debe preocuparse de resolver el 
problema de la exportación de carnes bajo otra forma más adap- 
table á las exigencias del consumo internacional. 



22 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 

Otra de las preparaciones de carne que alimenta nuestro comer- 
cio de exportación, es el extracto, que tiene su principal centro de 
producción en la gran fábrica Liebig's, situada en Fi'ay Bentos. En 
el período de veinticinco años que examinamos, la exportación de 
extracto crece rápidamente durante los tres primeros quinquenios, 
elevándose de un millón seiscientos mil kilos á tres millones de 
kilos en números redondos. Pero luego, se inicia el descenso, que- 
dando reducidas las exportaciones en el quinquenio 1896-1900 á 
dos millones setecientos mil kilos. Debe atribuirse esa disminu- 
ción á los contratos celebrados desde el año 1 895 por la compañía 
Liebig's con dos establecimientos análogos de la repfiblica Argen- 
tina, los cuales le ceden todo el extracto que elaboran, disminu- 
yendo, como es natural, las exportaciones de Fray lientos. El con- 
sumo del extracto, lejos de bajar, aumenta en un diez ó en un 
cinco por ciento todos los años, con grandes ventajas para la com- 
pañía Liebig's, como lo prueba el hecho verdaderamente asom- 
broso de distribuirse á los accionistas año tras año, dividendos 
que oscilan alrededor del veinte por ciento. Las matanzas del 
establecimiento de Fray Rentos, que han llegado en algunas épo- 
cas á la enorme cifra de doscientos rail animales por año, hállanse 
reducidas actualmente á la mitíid. La faena de 1900 fué de 
101,409 cabezas, habiendo dado ocupación á mil personas, entre 
las cuales se repartió bajo forma de sueldos la cantidad de dos- 
cientos sesenta mil pesos. El arrendamiento de las dos fábricas 
similares de la repdblica Argentina, ha respondido indudable- 
mente al doble propósito de suprimir los derechos de exportación 
y de reducir la competencia. En la Argentina, las fábricas de 
extracto y carnes conservadas hállanse exentas de todo impuesto 
nacional y provincial, mientras que entre nosotros tuvo que pagar 
la fábrica Liebig's por derechos sobre la faena ya mencionada del 
año 1900, la cantidad de ciento cuarenta y cuatro mil pesos, co- 
rrespondiendo de esa cifra 127,000 á derechos de exportación. 
Bastará decir, como prueba de inexplicables errores legislativos, 
que entre nosotros los saladeros pagan menos que las fábricas de 
extracto, por la carne de cada animal (jue exportan. Ijcjos de esti- 
mular, desalentamos, pues, el pi'ogreso de la industria de carnes. 
Hay positiva conveniencia en reaccionar contra tal estado de cosas. 



LAS EXPORTACIONES 23 



favoreciendo el desenvolvimiento de un establecimiento colosal, 
como el de Fray Rentos, que ha hecho y continúa haciendo cono- 
cer á la república en el exterior, por medio de un producto que 
tiene amplio consumo en Europa y que es reputado como el pri- 
mero de su género en el mundo entero. 

Las carnes conservadas han declinado notablemente en nuestro 
comercio de exportación. Después de haberse elevado en el (juin- 
quenio 1881-1 885 á la fuerte cifra de 17 millones de kilos aparte 
de medio millón de carne tostada, están representados en el quin- 
quenio 1896-1900 por menos de setecientos mil kilos. Una gran 
fábrica, que es la cjue dio impulso considerable á la producción 
de carnes conservadas, tuvo que liquidar, debiéndose á esta cir- 
cunstancia la notable oscilación que denuncia nuestro cuadro. 
Actualmente la compañía Liebig's realiza en pequeña escala nue- 
vos ensayos que han encontrado excelente acogida en Europa. 
Pero, como lo dice la misma compañía en una reciente represen- 
tación al gobierno, los gastos son crecidos y la producción reclama 
franquicias y facilidades, en vez de derechos como los que rigen, 
superiores á los que tienen que soportar las carnes saladas. No 
hay exageración en ello. En la faena de 190O, la compañía Lie- 
big^s destinó á carne conservada 1,855 cabezas de ganado vacuno 
que produjeron 304,472 kilos de carne fresca, transformados luego 
^ en 165,154 kilos de carne conservada. Incluyendo los sueldos, la 
hojalata, el carbón, la sal y el importe de los derechos, suben los 
gastos á 13,757 pesos. Los mismos animales en un saladero común 
habrían dado 170,504 kilos de tasajo y los sueldos, gastos y dere- 
chos habrían sido de 4,107 pesos. En el primer caso, 4.52 pesos 
por cada cien kilos de conserva. En el segundo, 1 .35 pesos por 
cada cien kilos de tasajo. 

Terminaremos la lista de las preparaciones de carne, con las 
lenguas conservadas. El aumento es constante y vigoroso en los 
cuatro primeros quinquenios, elevándose la exportación sucesi- 
vamente de un millón á cuatro millones de kilos. En el quin- 
quenio último se nota un descenso que aunque muy pequeño, de- 
muestra que el impulso está detenido. 



24 COMERaO EXTERIOR ESPECIAL 



OrROS PRODUCTOS DE GANADERÍA Y SALADEROS 

El segundo rubro de nuestra clasificación, corresponde «á otros 
productos de ganadería y saladeros». 

De 1875 á 1880, fueron exportados 9:376,000 astas de sala- 
dero y campo. La corriente fué aumentando en los quinquenios 
subsiguientes, hasta alcanzar en 1891-1895 el nivel máximo de 
once y medio millones. En el quinquenio 1896-1900, prodficese 
un descenso fuerte de más de un millón de astas. 

La exportación de cenizas y huesos, que fué de 71 millones y 
medio de kilos en el quinquenio 1875-1880, experimentó un au- 
mento de veintitrés millones y medio en 1881-1885, pero luego 
descendió fuertemente en los dos quinquenios subsiguienixís. Re- 
cién en el quinquenio 1896-1900» pudo reaccionar aunque sin 
alcanzar el máximum de su anterior desarrollo. 

En la cerda, se notan análogas oscilaciones. Sube la exportación 
á cerca de cinco millones y medio de kilos en el quinquenio 1881- 
1885, iniciándose en seguida un rápido descenso, como que los 
embarques quedan reducidos á cuatro millones de kilos en núme- 
ros redondos durante el quinquenio 1896-1900. 

En los cueros vacunos, las oscilaciones son más variadas. Em- 
pezando por los salados, la exportación fué en el quinquenio 1875- 
1880 de tres y medio millones de cueros; subió en el quinquenio 
siguiente á cuatro millones; y continuó su progreso hasta alcanzar 
en el quinquenio 1891-1895 la alta cifra de cuatro millones sete- 
cientas mil pieza«<. Pero al cerrar el quinquenio 1896-1900, se pro- 
dujo un fuerte descenso de medio millón de cueros, reduciéndose 
la exportación á cuatro millones doscientas mil piezas. Los cueros 
vacunos secos, abren en el primer quinquenio con tres millones es- 
casos, llegan desahogadamente á cinco millones en 1881-1885 y se 
aproximan á cinco y medio millones en 1886-1900. En seguida 
comienza el descenso rápido á cuatro millones seiscientos mil en 
1891-1895, y á tres millones sesenta y cinco mil en 1896-1900, 
volviendo la exportación casi al mismo nivel del primer quinque- 
nio. Aparta de los cueros vacunos salados y secos, figuran en las 
estadísticas de exportación, los cueros de vaquillona y de bocorro 



LAS EXPORTACIONES 



salados y secos, que son de difícil comparación, por anotarse en 
algunos períodos el número de piezas y en otros el número de ki- 
logramos simplemente. Desde 1875 á 1890, la estadística hizo fi- 
gurar exclusivamente el número de cueros de vaquillona y becerro. 
En el primer quinquenio, aparecen alrededor de cuatrocientos cin- 
cuenta mil piezas; el segundo, redúcense á setenta y tres mil y 
en el tercero reaccionan hasta alcanzar á 137,000. Posteriormente 
fueron separados los salados de los secos, obteniéndose estas nue- 
vas cifras: en el quinquenio 1891-1895, exportiíronse corea de 
cuatro millones de kilos de cueros salados y menos de la mitad en 
el quinquenio subsiguiente. De cueros secos, hubo una exportación 
de ciento sesenta y cuatro mil piezas en el quinquenio 1891-1895, 
y de más de seiscientos mil kilos en el quinquenio subsiguiente. 
Todos los cueros de vaquillona y becerro exportados en los cinco 
quinquenios, no alcanzan á tres millones de pesos, mientras que 
los cueros vacunos salados y secos que figuran aparte, arrojan 
cerca de ciento cincuenta millo4>es de pesos en el mismo período. 
Concretándonos á estos últimos, resulta estacionamiento y hasta 
sensible retroceso en las coriientes de exportación, explicables 
hasta cierto punto por el estíido de la industria saladeril y por el 
creciente a[)rovechamiento de los cueros dentro de nuestro propio 
mercado. 

Con relación :í los cueros que antes se curtían en el exterior y 
que ahora se preparan aquí, demuestra, por ejemplo, la estadística 
que de 1875 á 1880, la plaza de Montevideo compró 24,165 sue- 
las; que de 1881 á 1885 sólo compró 4,404 suelas; y que sucesi- 
vamente redujo sus compras á 3,344 en el quinquenio 1886-1890> 
á 984 en el quinquenio 1891-1895, y finalmente á 859 en el quin- 
quenio 1896-1900. Demuestra también la estadística aduanera, que 
de 1875 á 1880 hubo una importación de ciento once mil docenas 
de calzados, aforadas en un millón setenta mil pesos; y que en los 
quinquenios subsiguientes esa cifra ha ido debilitándose fuerte y 
rápidamente hasta quedar reducida en el quinquenio 1896-1900 á 
poco más de cuatro mil docenas, aforadas en treinta*y cinco mil 
posos. Se ha producido una baja de más de un millón de pesos» 
qiio corresponde al calzado fabricado en el país. Kn escala menor 
puedo decirse lo mismo de la generalidad de los artículos do tala- 



26 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



I 



bartei-ía, que se fabrican corrientemente en la república. De 
las matanzas saladeriles, ya nos hemos ocupado, demostrando que 
los establecimientos orientales se mantienen estacionarios, y hasta 
retroceden. Suben en el segundo quinquenio, pero luego se esta- 
cionan, revelando pequeñas oscilaciones con tendencia pronun- 
ciada }f la baja. 

Observaremos que en el quinquenio 1886-1890, fueron englo- 
badas en el comercio de importación varias partidas de cueros 
procedentes del Brasil y la Argentina, que representan 115,557 
cueros salados, estimados en 567.300 pcFos, y 229,152 cueros se- 
cos estimados en 458,718 pesos. Forzoso es descontar estos cue- 
ros que corresponden al comercio de tiíínsito y que tienen en con- 
secuencia que haberse reexportado. Otra observación mucho más 
importante surge del examen de nuestras estadísticas. Presentamos 
á continuación un resumen por quinquenios del número de anima- 
les vacunos sacrificados en los saladeros para la producción de 
tasajo y extracto y en los mataderos de Montevideo para el consumo 
de la población. En una columna final, va indicado el número de 
cueros vacunos salados y secos exportados en el mismo período: 



<juinqu(>nios 


Saladeros 


Consumo Mínití-vidco 


Cufros viu'. expían 


1875-1880. . . 


2:947,926 


450,234 


6:443,723 


1881-1885. . . . 


3:519.699 


504,968 


9:117,182 


1886-1890. . . . 


3:375,093 


657.422 


9:.520,9()0 


1891-1895. . . . 


3:713,000 


716,566 


9:316,7.30 


1896-1900. . . . 


3:486,900 


678,099 


7:273,231 



Los datos relativos al consumo de animales vacunos en los de- 
más departamentos de la república, recién empezaron á publicarse 
en el año 189ó. "En el quinquenio 1896-1900, único que podemos 
presentar, resulta un consumo anual de cien mil cabezas más ó 
menos, correspondiendo á todo el período la cifra de 499,839 
animales. Son guarismos notoriamente incompletos, puesto que á 
las deficiencias de fiscalización en los mataderos, se agregan los 
animales sacrificados en las estancias y demás establecimientos 
para el consumo interno, que tampoco figuran en las estadísticas 
oficiales. Se nos dirá, seguramente, que en los departamentos de 



LAS EXPORTACIONES 27 



campana prevalece el consumo de la carne de animales ovinos. Con- 
venido; pero según las estadísticas de los últimos años, en toda la 
república se consumieron para el abasto 90,908 ovejas en 1 899 y 
87,9S6 en 1900, correspondiendo de esos guarismos respectiva- 
mente 50,000 ;í la campaña y lo demás al departamento de Monte- 
video. Téngase ahora en cuenta que sobre una población total que 
se aproxima al millón de habitantes, el departamento de Montevi- 
deo sólo tiene alrededor de doscientos setenta mil y consumió en 
1900 la cantidad de 126,000 animales vacunos y 38,000 animales 
ovinos; y se comprenderá que el resto de la república que tiene 
arriba de setecientos mil habitantes, es forzoso que haya consumido 
más de los 108,000 vacunos y 49,000 ovinos que arroja la estadís- 
tica del referido año. Vamos á comparar entretanto los guarismos 
de que estamos en posesión actualmente, sobre la base de los re- 
súmenes ya indicados. 

En el quinquenio 1875-1880, fueron sacrificados en los salade- 
ros orientales y en los mataderos de Montevideo, 3:398,160 ani- 
males vacunos. En el mismo período, hubo una exportación de 
6:443,723 cueros salados y secos. El excedente de cueros, es de más 
de tres millones. En el quinquenio 1881-1885, los animales sacrifi- 
cados suben á 4:024,667 y los cueros exportados á 9:117,182. El 
excedente de cueros, es de más de cinco millones. En el quinque- 
nio 1886-1S90, los animales sacrificados se mantienen en 4:032,515 
y los cueros suben á 9:520,900. El excedente de cueros, se apro- 
xima á cinco y medio millones. En el quinquenio 1891-1895, los 
animales sacrificados suben á 4:429,566, y los cueros exportados 
ascienden á 9:316,730, aproximándose el excedente de estos últi- 
mos, á cinco millones. Finalmente, en el quinquenio de 1896-1900 
hubo una matanza de 4:164,999, y una exportación de 7:273,231 
cueros, resultando un exceso de más de tres millones de cueros. 
Resumiendo: en los vinticinco años que abarcan nuestros datos, 
han sido sacrificados en los saladeros orientales 17:042,618 ani- 
males, y en los mataderos de Montevideo 3:007,289, formando un 
conjunto de 20:049,907 animales. La exportación de cueros en el 
mismo período es de 41:671,766 piezas, lo que arroja un excedente 
de veintiún millones y medio de cueros vacunos. 

Indicamos las cifras de la exportación de cueros y no de la 



28 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 

producción, lo que importa establecer que todos los cueros que se 
aprovechan en la república para la confección de calzados, artícu- 
los de talabartería y demás preparaciones nacionales, aumentarían 
sensiblemente el desequilibrio notado entre las matanzas y las ex- 
portaciones. Cierto es que en los resúmenes de las matanzas no 
está incluido el consumo de las poblaciones de campafía, que fija 
la estadística en medio ntillón de animales para el quinquenio 
1896-1900. Pero el guarismo es demasiado pequeño para expli- 
car el desequilibrio, pues aún suponiendo que se haya mantenido 
igaal en los cinco quinquenios, resultaría en los veinticinco años 
un consumo de dos y medio millones de animales simplemente, que 
dejaría subsistente la enorme diferencia de que nos ocupamos. 
Cierto es también que una parte de los caeros exportados corres- 
ponde á animales muertos en el campo por epidemia ú otras cau- 
sas. Pero aún en la ignorancia del monto preciso de esta nueva 
cifra, salta á los ojos que es necesario recurrir á otros factores 
para explicar el notable excedente que arrojan las estadísticas de 
exportación. O en el país se consume mucho más ganado vacuno 
del que aparece en las estadísticas del abasto de la población, ó en 
nuestro comercio de exportación han sido invohicrados cueros (jue 
corresponden realmente al comercio de tránsito con la frontera 
del Brasil y el litoral argentino. Durante los veinticinco años que 
examinamos, el comercio de exportación ha embarcado cincuenta 
y tres y medio millones de astas de saladero y campo, que co- 
rresponden á una existencia de la mitad de ese monto ó sea de vein- 
tiséis y medio millones de animales, cifra que excede en seis mi- 
llones y medio á las matanzas de los saladeros de toda la república 
y abasto de Montevideo, pero que todavía deja un gran dese(^uilibrio 
con la^ exportaciones de cueros. La exportación de astas no su- 
ministra, sin embargo, base exacta para la apreciación de las ma- 
tanzas, desde que es notorio que en el campo so |)ierden fuertes 
cantidades de ese producto por la can stía del transporte y otras 
circunstancias. 

En cuanto á la involuci'ación del tránsito brasileño y argentino, 
ya hicimos notar que en el quinquenio 1880-1890, anotó nuestra 
estadística de importación la entrada de 1 15557 encinos salados y 
229,152 cueros st.'cos, aforados respectivamente en 567,300 pesos 



LÁ8 EXPORTACIONES 29 



y 458,718 peí-os. Pero, á consecuencia de observaciones que hici- 
mos valer en el momento oportimo, la involucraci<5n no se ha 
mantenido, atribuyéndose al tránsito toda la corriente de artículos 
similares á los del país que llegan simplemente de paso para otros 
mercados. Independientemente de esa causa de error fácilmente 
subsanable, es indudable que algunos productos de la frontera 
brasileña han podido confundirse con la producción oriental y 
exportarse como enmnados de ella, en razón de vinculaciones co- 
merciales de los estancieros de Río Grande con las casas orienta- 
les ó simplemente por las mayores facilidades para el transporte 
de los cueros y lanas, hasta el año 1890 en que fueron restable- 
cidos los derechos de exportación en condiciones verdadera- 
mente graves, conio que cada cuero vacuno salado paga 25 cente- 
simos, cada cuero vacuno seco 12 centesimos y $ 1.30 cada cien 
kilos de lana. Las fue*i;es partidas de cueros confundidas en el 
quinquenio 1886-1890 con la producción oriental, emanan preci- 
samente del período en que estuvieron suprimidos entre nos- 
otros los derechos de exportación. Admitimos con todo que algo 
continúa involucrándose todavía en la frontera por culpa de las 
propias autoridades brasileñas, quienes en el deseo de dificultar 
el tránsito por territorio oriental y de estimular los transportes 
nacionales, sólo habilitan pai-a la expedición de guías de trán- 
sito puntos fronterizos muy distantes unos de otros, que obligan á 
perder tiempo y dinero al estanciero ó al comerciante. 

Los cueros lanares despuós de haberse ensanchado considera- 
blemente en los tres primeros quiníjuenios, hasta el extremo de 
saltar la exportación de 16 á 36 millones de kilogramos, retroce- 
den en el cuarto quinquenio y aunque reaccionan luego, se man- 
tienen al nivel de 33 y 12 millones de kilos aforados oficialmente 
en seis millones y ochocientos mil pesos redondeando cifras. De- 
nuncian ellos también el progreso indiscutible de la ganadería 
ovina, aún cuando no en forma tan concluyentc como los eneros 
vacunos, por ser más estrecho el mercado de producción, reducido 
al consumo de la población y á los establecimientos de graserias, 
agregándose á ellos el factor de las epidemias que contribuye 
siempre con buen número de [)ieles lanares al comercio de expor- 
tiición. 



30 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



Ofrecen dificultades de estudio las oscilaciones de los cueros 
yeguarizos, en razón de haber anotado la estadística unas veces el 
nóiriCro de piezas exportadas y otras el número de kilogramos em- 
barcados. IjOs cueros salados figuran en el quinquenio 1875-1880 
con 643 mil piezas y además con 734 mil kilos, mientras que en 
el quinquenio 1896-1900 sólo arrojan 34 mil piezas y 7 mil kilos. 
Ateniéndonos al numero de cueros «exportados, resulta que en el 
primer quinquenio la matanza de animales yeguarizos osciló alre- 
dedor de 130 mil cabezas por año, cifra enorme que coincide con 
el progreso del cierre de los campos y la destrucción de las yegua- 
das y tropillas que antes se alimentaban íí campo abierto y con es- 
caso gravamen para su dueño, sogfm lo hicimos notar al ocupamos 
de la riqueza ganadera en general. Los cueros yeguarizos secos, 
despu^^s de haberse duplicado casi en el segundo quinquenio, pa- 
sando de 92 mil á 173 mil piezas, se reducen á la mitad de la pri- 
mera de esas dos cifras en el quinquenio 1896-1900, comprobando 
á su turno ese mismo aniquilamiento de la riqueza equina. 

Las gorduras vacunas denuncian completo estacionamiento. El 
quinquenio 1881-1885 ofrece un rápido progreso con relación al 
anterior, pasando las exportaciones de 48 á 83 millones de kilos. 
Pero en los quinquenios subsiguientes la comente oscila débil- 
mente de 82 á 84 millones, englobando la grasa y el sebo vacuno 
que desde 1891 figuran separados en las estadísticas aduaneras. 
Se explica el estacionamiento, entre otras circunstancias que ya 
mencionamos al ocupamos de la faena saladeril, por el creciente 
aprovechamiento de las gordunis en las fábricas nacionales de 
jabón y de velas. 

La producción de huano artificial crece constantemente en los 
primeros cuatro quinquenios, elevándose de 30 á 43 millones de 
kilogramos. En el quinquenio final de 1896-1900, se produce un 
fuerte descenso, que restablece los niveles de 1875 á 1885. 

Tócale el tumo finalmente á la lana. El progreso es aquí 
perfectamente continuo. Be ochenta millones de kilos, en el quin- 
quenio 1875-1880, moviliza la exportación en los quinquenios 
subsiguientes 125 millones, 163 millones, 172 millones, hasta ob- 
tener 201 millones en el quinquenio 1896-1900. Es un desarrollo 
verdaderamente considerable, que ha permitido conquistar á la 



LAS EXPORTACIONES 31 



lana el primer rango en las exportaciones orientales, representando 
en los veinticinco años que abarca nuestro cuadro la cifra enorme 
de 181 millones de pesos oro. El valor oficial de la exportación del 
último quinquenio es de cincuenta y cinco millones y medio de 
pesos, lo que da un promedio de más de once millones de pesos 
al año. 

Como medio de que pueda apreciarse la rapidez del aumento de 
la producción orient^il, damos en seguida el monto de las exporta- 
ciones de lana en arabas repúblicas del Plata, desde eJ año 1869 
hasta el año 1900, excluidos 1874 y 1876: 

Quinquenios República Oriental Roprtblicn Argentina 



1869-1873 . 
1875-1880 . 
1881-188eO . 
1886-1890 . 
1891-1895 . 
1896-1900 . 



Kilos 89:764,759 Kilos 376:994,918 

80:861,820 » 459:589,092 

> 125:388,799 ^ 576:908,298 

» 163:375,865 » 633:218,2" 7 

^^ 172:593,083 » 779:731,000 

» 201:609,880 » 952:700,000 



Este rápido desenvolvimiento de la producción lanar, debe se- 
ñalarse como un positivo progreso económico, por la fuente de ri- 
quezas que permite explotar y por las garantías de estabilidad que 
ofrece en un país como el nuestro, que durante larguísimos años sólo 
ha tenido la gran salida de la industria saladeril, reducida á dos mer- 
cados de consumo que pueden imponer la ley en todo momento y 
provocar graves crisis comerciales, como la que causó el Brasil en 
1887, cerrando los puertos al tasajo por motivos sanitarios. Entre 
los factores que han colaborado en ese progreso, figuran la baja 
sufrida en el precio de los cueros vacunos y sebos por efecto de la 
competencia internacional, el estacionamiento de la carne tasajo y 
la creciente valorización de los campos que obliga al estanciero á 
sacar altos y rápidos rendimientos. 

PRODUCTOS DE LA AGRICULTURA 

Vamos á ocuparnos ahora de los productos de la agricultura, ó 
más bien dicho de los únicos de sus productos que en algún año 



32 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



del extenso período que examinamos, han excedido de cien mil 
pesos. Son el maíz, el trigo y la harina de trigo. 

Las exportaciones de maíz han seguido una rapidísima aunque 
interrumpida progresión. De 25 millones de kilos en el quinquenio 
1875-1880, pasan á 115 millones en el quinquenio 1896-1900, 
después de haber mareado un nivel más alto, el de 118 millones 
en el quinquenio 1891-1895. 

Pero mucho miís notables son los guarismos relativos al trigo. 
En primer lugar, porque el progreso no se interrumpe en los cua- 
tro primeros quinquenios, y en segundo lugar y sobre todo, por el 
impulso verdaderamente extraordinario de los embarques. Kn el 
quinquenio 1875-1880 la exportación fué de dos y medio miVones 
de kilos y de cerca de cinco millones en el quinquenio 1881-1885. 
Sube á treinta y seis millones y medio en 1886-1890 y á doscien- 
tos diez y siete millones en 1891-1895. Y aunque desciende á 198 
millones en 1896-1900, es tan notable todavía el progreso, que 
vale la pena de seilalarlo como una de las pruebas más palpables 
de la diversificación industrial de la cainpaila. 

La exportación de harina de trigo sigue también una escala 
casi siempre ascendente: veinticuatro millones de kilos en el quin- 
quenio 1875-1880; desciende á cérea de trece millones en el quin- 
quenio 1881-1885; y luego reacciona en los quinquenios subsi- 
guientes ú treinta y siete millones, sesenta y cinco millones y se- 
tenta y nueve millones, cifra esta última que corresponde al (juin- 
qnenio 1896-1900 y que representa un valor oficial de tres naílo- 
nes doscientos mil pesos. 

Hay que observar que durante laicos años, la república ha sido 
impoitadora de cereales y harinas y que buena parte de su mes- 
quina exportación se realizaba á expensas de la extensa colabo- 
ración del producto similar extranjero en el consumo del país. Son 
ilustrativas las cifras de la importación que en seguida transcri- 
bimos: en el quinquenio 1875-1880, la república compró al exte- 
rior nueve millones de kilos de harina, cinco millones de kilos de 
trigo y un millón de kilos de maíz, todo en n(: meros redondos. En 
el quinquenio 1881-1885, compró un millón de kilos de harina, 
diez y medio millones de kilos de trigo y tres y medio de maíz. En 
el quinquenio 188G-l«Si)0, compró siete millones de kilos de ha- 



LAS EXPORTACIONES 33 



lina, cincuenta y ocho milloues de kilos de trigo y cuatro y medio 
millones de kilos de maíz. En el quinquenio 1891-1895, compró 
ochocientos mil kilos de harina, tres millones y cuarto de kilos de 
trigo y doscientos mil kilos de maíz. Y en el quinquenio 1896-1900, 
compró catorce mil kilos de harina, cerca de quinientos mil kilos 
de trigo y veinticinco millones y medio de kilos de maíz. Resulta, 
como se ve, que en los primeros períodos el país importaba 
cantidades muy fuertes de productos extranjeros, mientras que en 
los áltimos se ha bastado á sí mismo, exceptuando el maíz, que en 
el quinquenio 1896-1900 figura todavía con un guarismo elev^í- 
simo, por efecto de simples especulaciones de plaza. 

De los datos recogidos por el departamento de ganadería y 
agricultura durante el ejercicio 1899-1900, resulta que la pro- 
ducción de trigo absorbía en toda la república 328,488 hectáreas, 
habiéndose sembrado en ellas 22:241,414 kilos que dieron una 
cosecha de 187:553,154 kilos; y la producción de maíz absorbía 
145,668 hectáreas, en las que se había sembrado 1:728,258 kilos» 
obteniéndose una cosecha de 77:093,944 kilos. La estadística ante- 
rior de 1892, demuestra una superficie consagrada á la producción 
de trigo de 159,216 hectáreas en dicho año, siendo la siembra de 
11:832,000 kilos y la cosecha de 90:530,232 kilos, cifras que to- 
madas como base de comparación, dan fe de los grandes pro- 
gresos realizados en los últimos años. Según el censo levantado 
en 1878 por intermedio de las jefaturas políticas bajo la di- 
rección de la comisión de agricultura, que extracta la dirección 
de estadística en su sipnosis de enero de 1879, las sementeras 
ocupaban á la sazón 202,291 hectáreas, correspondiendo á Mon- 
tevideo 1,106 y á los departamentos 201,185 ; componíase la po- 
blación agrícola de 15,364 propietarios, 9,951 arrendatarios y 
18,429 peones, formando un total de 43,744 individuos, que dis- 
ponían de 10,685 construcciones rurales de material y 27,580 de 
tierra, ó sea en conjunto 38,265 construcciones, 194 molinos de 
viento, 44 molinos de agua, 11 molinos á vapor, 229 atahonas, 213 
segadoras y trilladoras y 25,632 arados; y había 3,285 colmenas 
y 242,541 viñas, correspondiendo 191,846 al departamento de 
Montevideo y 50,695 á los demás departamentos. Calculó Mr. 
Vaillant la producción del año 1878 en la suma de cuatro millones 



34 • COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



de pesos así distribuidos: 753,400 fanegas trigo lí 3.60 dan 
2:712,440; 468,521 fanegas maíz lí 1.10 dan 515,373; cebada, 
papas, etc., 772,187. En sus apuntes para la exposición de Viena, 
Mr. Vaillant, reproduce de los cuadros formados por el corredor 
de cereales, don José Ortega, los siguientes promedios nnuale^^ en 
el período de 1855 á 1873: 1855 á 1859, producción de trigo 
405,520 hectolitros estimados en 1:539,600 pesos; producción de 
maíz 176,730 hectolitros, estimados en 508,800 pesos; 1860 á 
1869, producción de trigo 564,440 hectolitros estimados en 
2:364,300 pesos; producción de maíz 222,625 hectolitros estima- 
dos en 517,100 pesos; 1870 á 1873, producción de trigo 822,000 
hectolitros estimados en 2:905,000 pesos, producción de maíz 
364,762 hectolitros estimados en 752,000 pesos. Finalmente, en 
una conferencia dada por el doctor Carlos María de Pena en la 
sociedad rural el año 1882, se establece como resultado de la 
cosecha de cereales del año 1881 un millón de fanegas de trigo y 
300 mil fanegas de maíz y se agrega que el chacarero ha ido aban- 
donando las tierras cansadas de Canelones para instalarse en Flo- 
rida y Saa José. 

DIVERSOS PRODUCTOS 

Bajo este rubro, figuran la piedra, la arena, el carbón do leña 
los cueros de nutria y de lobo y las plumas de avestruz. 

Los adoquines ensancharon rápidamente su mercado en los 
primeros quinquenios, pasando de nueve y medio millones en 
1881-1885 á treinta y tres y medio millones de piezas en 1886- 
1890. Pero en seguida declinaron los embarques, cerrando el 
quinquenio 1896-1900 con una exportación de algo más de seis 
millones de adoquines. 

Mayor firmeza revela la exportación de arena. Durante los 
tres primeros períodos el progreso es constante, pasando de 
247,000 toneladas á 884,000. Y aunque al llegar al cuarto quin- 
quenio, disminuye bruscamente la exportación, la reacción se pro- 
duce en el quinquenio 1896-1900, con una salida de 905,000 to- 
neladas, la cifra más alta de todo el período. 

La piedra coman ha sufrido las mismas oscilaciones que los 



LAS EXPORTACIONES 35 



adoquines. En el primer quinquenio, la exportación fué de 52,000 
toneladas, excedió de un millón y medio en el tercero y luego de- 
clinó fuertemente, cerrando el quinquenio 1896-1900 con una 
salida de 369,000 toneladas. 

El carbón de leña, tiende á desaparecer de nuestras estadísticas 
de exportación. En los quinquenios 1875-1880 y 1881-1885, la 
exportación anual fué de veinte mil hectolitros. Hubo un movi- 
miento considerable que se aproxima á medio millón de hectolitros 
en el (fuinquenio 1886-1890. Pero después de ese empuje vigoroso, 
el descenso fué un verdadero derrumbe, dando la exportación ocho 
mil hectolitros en 1891-1895 y la pequeña cantidad de 351 hectoli- 
tros en el quinquenio 1896-1900. Cuando nos ocupemos de la 
importación, veremos que ese descenso ha ido acompañado ^e\ 
creciente despacho del artículo similar extranjero, que en el quin- 
quenio 1896-1900 excedieron las compras de un millón y medio de 
hectolitros, estimados oficialmente en cerca de ochocientos mil 
pesos. 

Los cueros de lobos y nutrias, aparecen involucradosen los pri- 
meros quinquenios, lo que dificulta el análisis de las cifras oficia- 
les. Recién en los dos últimos quinquenios figuran aislados y por 
piezas los cueros de lobos, que son los verdaderamente importan- 
tes. La exportación resulta de 125,000 piezas en el quinquenio 
1891-1895 y de 81,000 simplemente en el quinquenio 1896-1900. 
Recuerda Mr. Vaillant que ima real cédula de 1790 autorizó el 
establecimiento de una compañía de pesca en Maldonado, en la 
parte que por eso se llamó de la Ballena, exportándose de 1792 á 
1796, 200 barbas de ballena y 17,561 cueros de lobo. Podemos 
completar esos datos coa los que registra un folleto publi- 
cado en 1895 bajo el título «Importancia de la Isla de Lobos» 
por Verita^t extraídos de los archivos departamentales. Desde 
1873 hasta 1894 (veintidós años), la faena en las islas de Lobos, 
Polonio, Castillos y Coronilla ha producido trescientas veinticua- 
tro mil cuatrocientas tres pieles y cincuenta y cuatro mil doscien- 
tas treinta y una arrobas de a ^'íite, recogiendo la municipalidad 
por concepto de derechos en todo el período sesenta y siete mil 
pesos. En algunos años, la faena es pobre, dando de ocho á nueve 
mil pieles como en 1873, 1874 y 1875, pero en otros llega á veinte 



36 * COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



mil y veintiún mil como en 1888, 1890 y 1894. Durante medio 
* siglo, las islas de Lobos, Polonio, Castillos Grandes y Coronilla, 
que forman en conjunto ocho islas pobladas de numerosas focas, 
han sido explotadas por compañías concesionarias que abonaban 
al fisco arrendamientos que oscilan de dos mil ú siete mil pesos 
anuales. Según cálculos muy exactos que registra el referido fo- 
lleto, tiene que haber producido la faena total un millón seiscien- 
tos mil pesos en números redondos, correspondiendo algo más de 
un millón y medio á las pieles de lobos y el resto al aceito. Los 
arrendamientos que durante ese tiempo han oscilado de seis á siete 
mil pesos anuales, representan alrededor de doscientos mil pesos 
y los gastos de faena otro tanto, resultando entonces á título de 
utilidad netíi cerca de un millón doscientos mil pesos ó sean más 
de cincuenta mil al año. En la actualidad, el arrendamiento que se 
paga al estado cá de treinta mil pesos anuales, y ha estable- 
cido la ley de 10 de julio de 1895 que las licitaciones se ha- 
gan por plazos de ocho años como máximum, aparte de un 
impuesto de cuarenta centópinios por piel y ocho centesimos 
por cada diez kilos de aceite ó grasa, con destino á obras de 
vialidad en los departamentos de Rocha y Maldonado, que- 
dando el concesionario sometido á las disposiciones y reglamentos 
que ulteriormente se dicten para regularizar la pesca y contri- 
buir al mantenimiento y desarrollo de esa parte de la riqueza públi 
ca. Han transcurrido ya varios años desde la promulgación de esa 
ley, y hoy, como hace medio siglo, la faena de lobos se hace en 
condiciones indicadas para contribuir á la extinción de la fuente 
de recursos que se proponía estimular y desarrollar el legislador. 
En algunas de las islas contratadas, existen bretes á los que son con- 
ducidas las numerosas focas que en aquéllas se anidan y allí se les 
sacrifica sin distinción de sexos ni edades. En otras islas, el pro- 
cedimiento es más primitivo y destructor todavía, pues no ha- 
biendo bretes apropiados, las focas son perseguidas á palos, ca- 
yendo unas y escapándose otras al agua en huidas pavorosas que 
forzosamente deben estimular la emigración á parajes más se- 
guros. Urge una reglamentación que evite esos males y estimu- 
le el desarrollo de una riqueza importante que puede desapa- 
recer, como ya está sucediendo por idénticas omisiones con Ib. 



LAS EXPORTACIONES 37 



pesca común en el Río de la Plata, que se empobrece día á día, por 
la desidia de nuestras autoridades y los medios destructores pues- 
tos en práctica por los que se dedican á su explotación. 

El último de los productos de exportación que figura en nues- 
tro cuadro, es la pluma de avestruz. Ha ido creciendo constante- 
mente, desde el quinquenio 1875-1881 en que se exportaron no- 
venta y ocho mil kilos, hasta el quinquenio 1891-1895 en que la 
exportación subió á ciento setenta mil kilos. El quinquenio 
1896-1900 cierra con una pequeña baja, pues la exportación sólo 
alcanzó á ciento cincuenta y tres mil kilos. Esta fuente de riqueza 
es recién desde hace pocos anos que se explota racionalmente 
pues la costumbre era de matar el avestruz para extraerle las 
plumas, mientras **que hoy se conserva el animal, limitándose el 
estanciero ó el criador á encerrarlo al solo efecto de sacar prove- 
cho de su explotación. Las tentativas que se han hecho para mejo- 
rar la especie y obtener mejores rendimientos, por medio de la . 
importación de avestruces africanos, han escollado por razones 
climatéricas ó do otro género. 

Tales son los frutos y productos que en todos, ó por lo menos 
en algunos de los años que comprende el período que examina- 
mos, han excedido de cien mil pesos en las estadísticas de nuestra 
aduana. No denuncian una halagadora diversificación de indus- 
trias, aunque prueban sí, que la república tiende á ensanchar sus 
salidas y á garantizarse por ese medio su estabilidad económica. 



i 



COBIBRCIO EXTERIOR ESPECIAL 



Comerelo de exportación 



(IMIo Tan indicados loa artlcuio* que en oi^dn silo, |>or lo menos, exi-rden ár cien mil pe«o>. 
En el quinquenio ISÍá-lW»), no figura el ailo IhTii) 



CASTIDAD 



VALOU 



GANADERÍA Y SAI^ADEROS 



(a) Ganado en pie: 



1875-1880 
1881-1885 
1886-1890 
1891-1895 
1896-1900 

1875-1880 
\ 1881-1885 
• 1886-1890 
/ 1891-1895 
1 1896-1900 

/ 1875-1880 

I 1881-1885 

Ovinos eu pie, unidades. 1886-1890 

/ 1891-1895 
1896-1900 



Vacunos en pie, unida- 
des 



Equinos, unidades. 



45:J,281 
356,159 
206,064 
474,065 
358,817 



I 



15,928 
25,348 
25,9.52 
72,054 ; 
48,005 

79,782 
435,282 
289,010 
483,699 
866,291 



5:690,173 
4:157,520 
2:765,226 
4:236,850 
2:599,000 

146,440 
283,470 
263,148 
528,373 
226,855 

112,868 
441,839 
194,949 
2454Í79 
435,301 



{h) Cnnifs preparadas: 



Carne tasajo, kil<^|;raino8. 



■ 1875-1880 
\ 1881-1885 
, 1886-1890 
f 1891-1895 
1896-1900 



1.34:770,487 
174:766,009 
197:464,722 
228:119,688 



12:711,677 
17:476,601 
19:763.998 
23:039,245 



268:608,1 as 27:481,259 



LAS EXPORTACIONES 



39 



CANTIPAD 



VALOK 



Extracto de carne, kilos. 



1875-1880 
1881-1885 
1886-1890 
1891- 1895 
1896-1900 



/ 1875-1880 

t 1881-1S85 

Carne conservada, kilos. ^^ 1886-1890 

/ 1891-1895 
', 1896-1900 

' 1875-1880 

I 1881-1885 

Lenguas conservadas, ki- ^ ioo¿í"iuqa 

'«g'-«'"°« / 1891- 1895 

1896-1900 



Lenguas secas, docenas 



,1875-1880 
\ 1881-1885 
, ; 1886-1890 
f 1891-1895 
.1896-1900 



1:642,664 
2:480,803 
3:014,766 
2:950,566 
2:721,902 

9:425,438 
17:053.538 

4:677,618 
307,608 
674,324 

1:005,938 
2:380,500 
3:045,416 
4:072,440 
4:023,115 

108,684 
68,692 
14.692 



fr) Otros productos de ganadería y saladero: 



Astas, unidades. . . 



Ceniza y huesos, kilos. 



Cerda, kilogramos. . 



/ 1875-1880 
\ 1881-1885 
\ 1886-1890 
f 1891-1895 
V 1896-1900 

1875-1880 
\ 1881-1885 
^ 1886 1890 
/ 1891-1895 
, 1896-1900 

187.5-1880 

\ 1881-1885 

, . 1886-1890 

(1891-1895 

' 1896-1900 



9:376,000 
11:031,000 
11:254,000 
11:518.038 
10:389,957 

71:357,000 
94:847,000 
73:767,000 
70:956,169 
80:301,583 

3:697.683 
5:433,069 
4:510,697 
4:646.253 
4:042,276 



2:241,743 
4:982,506 
6:065,601 
9:981,199 
7:746,615 

1:107,736 
1:705,35.^ 

486,135 
72,712 

134,865 

108,679 
238,243 
369,640 
838,313 
804,625 

53,093 

38,417 

8,262 



552,330 
543,074 
395,448 
666,856 
581,021 

1:037,937 
1:146,933 

831,868 
1:140,160 

643,699 



984,150 
306,465 
289,323 
760.367 
591,570 



40 



COMERCIO KXTERIOn ESPECIAL 



Cueros vacunos salados, 
unidades 



1870-1880 

11881-188!') 

, 1886-1890 

1891-1895 

1896-1900 



.' 1875-1880 

Cueros vacunos secos, uni- \ \ll\']l^ 
dados . . > iOOb-loyU 

"****'^ 1891-1895 

1 1896-1900 

1875-1880 
C"«-« vaquillona y be- I }881-J88« 



cerro, unidades . 



) 1891-1895 
( 1896-1900 



\ 1891-1895 
j 1896-1900 



ídem salados, kilos. 

Ídem salados, unidades . 1896-1900 

Idom secos, unidades . 

ídem secos, kilos . . 



\ 1891-1895 
■ j 1896-1900 

. 1896-1900 



Cueros lanares, kilos. 



1875-1880 
11881-1885 

1886-1890 
f 1891-1895 

1896-1900 



Cueros yeguarizos 
dos, unidades. . 



sala- 



' 1875-1880 
1 1881-1885 
{ 1886-1890 
(1891-1895 
1896-1900 



CANTIPAIi 

3:499,657 
4:031,509 
4:073,356 
4:712,025 
4:207,811 

2:944,066 
5:085,673 
5:447,544 
4:604,705 
3:065,420 

449,144 

73,910 

137,659 



3:867,028 
1:525,825 

4,080 

164,959 
3,221 

649,564 

16:770,063 
23:269,718 
36:286,934 
28:807,657 
33:534,732 

643,840 



107,929 
34,129 



V.\U)It 

18:991,167 
19:366,597 
19:785,966 
22:084,770 
19:389,862 

6:.597,088 

12:626,815 

11:433,832 

9:526,942 

8:398,529 

í)08,480 
1.52,643 
269,392 



786,907 
387,698 

1,600 

329,917 
2,422 

162,395 

2:268,560 
3:928,681 
4:380,860 
6:084,008 
6:776,776 

649,761 



122,859 
65,529 



LAB EXPORTACIONES 



41 



CANTIDAD 



VALOU 



! 1875-1880 
18oo-loyu 
1891-1895 
1890-1900 

1875-1880 
Cueros yeguamos secos, \}881- 1885 

""•^*^«" / 1891-1895 

1896-1900 

/ 1875-1880 

\ 1881-1885 

Gorduras vacunas, kilos. . 1886-1890 

[1891-1895 
1896-1900 

i 1891-1895 
Grasa vacuna, kilogramos . jggg.jgoo 

Sobo, kilogramos . 



Huano artificial, kilos. 



Lana, kilogramos 



^ 1891-1895 

• í 1896-1900 

/ 1875-1880 
1881-1885 

• 1886-1890 
1 1891-1895 
\ 1896-1900 



■ 1875-1880 

1 1881-1885 

' 1886-1890 

1891-1895 

1896-1900 



734,941 
9:409,105 
2:384,306 

204,726 
7,.537 

92,958 
173,339 
106.037 
128,444 

47,507 

48:266,776 
83:191,373 
84:327,842 



8:073:101 
7:485,210 

74:085,584 
76:989.443 

30:627,020 
34:553,333 
42:608,887 
43:1.32,408 
33:025,618 

80:861,820 
125:.388,799 
163:375,865 
172:593,083 
201:609,880 



PRODUCTOS DE LA AGRICULTURA 



Maíz, kilogramos 



,' 1875-1880 
1 1881-1885 
' 1886-1890 
1891-1895 



25:716,845 

43:177.305 

36:005,282 

118:008,848 



1896-1900 I 115:261,637 1:208,953 



55,477 
748,541 
222.096 

18,363 
604 

86,533 
129,298 

81,537 
183,753 

80,561 

6:143,532 

10:042,943 

9:268,385 



921,077 
740,547 

8:144,479 
7:358,609 

493,861 

1:055,528 

1:044,126 

876,631 

634,217 

16:094,539 
31.301,558 
,35:349,218 
42:618,918 
65.699,602 



902,105 

888,795 

440,912 

1:644,092 



42 



(OMEROlo HXTKRÍOR ESPECIAL 



CANTIDAD 



VALOK 



Trú^o, kilogramos . 



Hnñnn de trigo, kilos. 



187Ó-1880 
1881-1885 
1886-1890 
1891-1895 
1896-1900 

¡ 1875-1880 
\ 1881-1885 
{ 1886-1890 
1 1891-1895 
1896-1900 



2:586,664 I 

4:732,004 i 

36:642,203 ! 

217:118177! 

198:715,336 ' 

24:409,488 
12:814.753 
37:766,154 
65:388,377 I 
79:319,204 | 



132,452 

212,458 

1:679,270 

4:175.053 

5:277,681 

1:392,488 
715.626 
2:129,847 
2:121.846 
3:201,9.')3 



DIVERSOS PUOnUtTOS 



Adoquines, unidades 



Arena, toneladas 



Piedra comfin, toneladas , 



/ 1875-1880 I 
1 1881-1885 I 
< 1886-1890 i 
/ 1891-1895 
' 1896-1900 

1875-1880 
,1881-1885 
1886-18110 
1891-1895 
1896-1900 



1875- 
1881- 
1886- 
1891- 
1896 



I 1875- 

\ 1881- 

Carbóndeleña,hectolitro8 ) 1886- 

1891- 



1880 
1885 i 
1890 ; 
1895 i 
1900 I 



1880 
1885 
1890 
1895 
'> 1896-1900 

■ 1875-1880 I 

^ , 1 u * • ^ 1881-1885 I 
Cueros de lobo y nutrias, } .gg^ .qqq ' 

unidades . ." . . -/igoiiígosi 

1896 1900 1 



637,000 

9:624.000 

33:586.000 

7:390,507 

6:243,750 

247,226 
898/)04 
884,161 
542,953 
90.0,21 1 

52,438 

216.246 

1:549,822 

353,667 

369,806 

20.190 

20,894 

488,117 

8,026 

351 

64,399 

55,040 

118,168 



25,370 

397.767 

1:340.546 

280.016 

199,533 

214,135 
398,504 
8!i4,161 
529,590 
774.270 

54,753 

216,246 

1:549,822 

353,667 

369,806 

12,030 

14,626 

343,557 

5,576 

246 

101,079 

81,767 

271,791 



I 



LAS EXPORTACIONES 



48 



r.\NTII>AD 



Cneros de lobo y nutrias, I 1881-1885 
kUos '1886-1890 

Cneros de lobo, unidades. J iQqRiqoo 

Cueros de nutrías,, kilos . 1891 1895 

/ 1875-1880 

1 1881-1885 

Plumas de avcstniz, kilos. < 1886-1890 

i 1891-1895 
' 1896-1900 



I 



51,668 
38,873 

125,855 
81,102 

109,107 

98,509 
125,850 
128,071 
172,180 
153,689 



VAI.Olt 

27.124 
10,752 

503,420 
309,291 

29ÁÓ6 

266.522 
603,976 
231,297 
311,984 
209,998 



CAPITULO TI 

I/ES importaciones 

Hemos clasifícado en esta forma, los artículos do nuestro co- 
mercio de importación que figuran con más de cíen mil pesos en 
las estadísticas oficiales de todos ó de alguno de los años del pe- 
ríodo 1875-1900: 

Bebidas, comprendiendo aguardiente, bítter, caña, cen^eza, cog- 
nac y vino. 

CofnesübleSy cereales y especian, comprendiendo: aceite, arroz, 
azúcar, café, especias, fariña, harina de trigo, maíz, papas, queso, 
sardinas, trigo y yerba-mate. 

Tabacos y cigarros, comprendiendo: cigarros de hoja, tabaco de 
hoja y tabaco negro en rama. 

Ropa hecha y artículos confeccionados, comprendiendo: alpar- 
gatas, calzado, camisas, camisetas, cobertores, medias, pañuelos, 
ponchos, ropa hecha, sombreros de paño, zapatillas y zuecos.' 

Otros artículos fabricados, comprendiendo: carbón de leña, ca- 
rruajes, artículos de cristal y de vidrio, cueros preparados, drogas, 
específicos para curar ovejas, artículos de ferretería, fósforos, hilo 
de coser, hilo para segadoras, joyas y alhajas, kerosene, artículos 
de loza y porcelana, madera labrada, artículos de mercería, mue- 
bles, artículos navales, papel blanco y de imprenta, artículos de 
perfumería, pinturas, postes y medios postes, relojes de oro y plata, 
tripe, vagones, artículos libres de derecho. 

Tejidos, comprendiendo: arpillera, bayeta, brin, casimir, franela, 
géneros algodón, géneros hilo, géneros hilo mezcla, géneros lana, 
géneros lana mezcla, lona, loneta, merino, paño, tejidos seda, teji- 
dos seda mezcla. 

Materiales para industria^ comprendiendo: alambre para cerco, 



LA8 IMPORTACIONES 45 



oarbón de piedra, cebada fermentada, baldosas y tejas, durmientes, 
hierro y acero, hojalata, madera de pino, plantillas de alpargata<^, 
rieles, sal coman, tierra romana y poiiiland, tirantes y columnas de 
hierro, artículos libres de derecho. 

Máquinas y fierramientas, comprendiendo: arados, otras herra- 
mientas y máquinas agrícolas, máquinas de coser, otras máquinas, 
herramientas y útiles de diversas industrias. 

Ganado en pie, comprendiendo animales vacunos, equinos y la- 
nares. 

BEBIDAS 

Las importaciones de aguardiente han sufrido una disminu- 
ción considerable. De cinco y medio millones de litros en el 
quinquenio 1875-1880, subieron á seis millones en el quinquenio 
siguiente, declinando en seguida á tres millones. Anota la esta- 
dística una reacción aparente en 1891-1895, con la cifra de doce 
millones de litros. Pero en ese quinquenio fueron involucradas las 
cañas que antes figuraban en rubro apaite y que después siguieron 
figurando aparte también. La importación de caña pasaba en esa 
época de diez millones de litros, como se puede ver en el resumen 
respectivo de nuestro cuadro, de manera que el aguardiente del 
quinquenio 1891-1895 ha debido oscilar alrededor de dos millo- 
nes de litros. Finalmente en el quinquenio 1896-1900, el despacho 
no alcanza al nivel de un millón cuatrocientos mil litros, pudiendo 
notarse en prueba de la absoluta desaparición del artículo, que en 
el año 1899 la importación fué de 595 litros y en 1900 de 1638 
litros, despachados seguramente para preparaciones farmacéuticas. 

La importación de bíttor revela manifiesta tendencia á baja. 
Son difíciles las comparaciones, por figurar botellas en algunos 
quinquenios y litros en otros. Pero practicada la reducción de las 
botellas sobre la base del contenido mayor, resulta un consumo 
de un millón á un millón y medio de litros en los quinquenios 
1881-1886 y 1886-1890, guarismos que lejos de conservarse han 
ido achicándose considerablemente á dos[)echo de la pequeña reac- 
ción que corresponde al quinquenio 1 890-1 900. 

Mucho más acentuada y grave o$ la oscilación del aguardiente 



4t) COMERCIO KXTERIOR ESPECIAL 

de caña. De once millones y medio de litros en el quinquenio 1875- 
1880, baja la importación á cuatro millones y un cuailo en el 
quinquenio 1896-1900. 

En el mismo caso hállase la cerveza. Por más que no sean po- 
sibles las comparaciones precisas, en razón de figurar este artículo 
en botellas y en litros, salta á los ojos la enormidad del descenso 
examinando los precios y reduciendo en la forma que se quiera 
las docenas de botellas á litros. £1 quinquenio 1886-1890 arroja 
alrededor de un millón y medio de litros y un millón de botellas, 
mientras que el quinquenio 1896-1900 no alcanza á presentar 
ciento sesenta mil litros. 

En el cognac nótase también marcada tendencia á la baja. En el 
quinquenio 1875-1880, la importación fué de cerca de cuatrocien- 
tas mil botellas y de trescientos cincuenta mil litros; subió en 1886- 
1 900 á trescientas mil botellas y novecientos mil litros; y en el 
quinquenio 1896-1900 no alcanza á presentar seiscientos mil li- 
tros. 

El vino en cascos, finalmente, que representa en el quinquenio 
1875-1880 algo más de 107 millones de litros, sube á 136 millo- 
nes en 1886-1890 y se detiene en noventa millones en el quin- 
quenio 1896-1900. 

No provienen estas corrientes tan desfavorables al comercio 
importador como al fisco, de la restricción del consumo, sino del 
desarrollo de las industrias nacionales^ bajo la presión de altos de- 
rechos protectores. 

La ley de aduana de enero de 1888, gmvó la cerveza extran- 
jera con un impuesto de doce centesimos por cada botella y diez 
centesimos por cada litro en cascos. La ley de 12 de enero de 
1891, elevó el impuesto á diez y seis centesimos por litro, creando 
al propio tiempo un derecho interno de tres centesimos por litro 
sobre la fabricación nacional de cerveza. Estas dos leyes abatie- 
ron totalmente el comercio de importación y promovieron el mo- 
nopolio de la producción, mediante un sindicato que explota por 
tumos las grandes cervecerías existentes en Montevideo. La pro- - 
ducción nacional de cerveza fué de 1:139,370 litros en el ejercicio 
1898-1899, y de l:r)24,882 litros en el ejercicio 1899-1900. 
Corresponde á las mismas leyes y otras que les son complemen- 



LAS IMPORTACIONES 



tartas, la baja de los demás productos que aerábamos de recorrer. 
La ley de aduaua de enero de 1 888, gravó el litro de aguar- 
diente extranjero de veinte^ grados abajo con diez centesimos por 
grado, aumentando el derecho en medio centesimo por cada grado 
á los productos de mayor fuerza alcohólica. La ley de 12 de enero 
de 18í)l gravó con tres centesimos la fabricación nacional de 
aguardientes y con doce centesimos el bíttcr, el cognac y demás 
preparaciones alcohólicas. La ley de agosto del mismo año elevó 
el impuesto sobre los aguardientes extranjeros á ciento treinta y 
seis milésimos por litro hasta veinte grados Cartier y sesenta y 
ocho diez milésimos por cada grado de aumento, elevó á ciento 
treinta y dos milésimos el derecho sobre el aguardiente nacional 
sea cual fuere su fuerza alcohólica, suprimió los impuestos inter- 
nos sobi-e el bítter, cognac y demás preparaciones alcohólicas na- 
cionales y subió el impuesto sobre los productos similares extran- 
jeros ú treinta y un centesimos por litro. La ley de julio de 1900 
subió lí veinte centesimos por litro el impuesto sobre la fabricación 
nacional de alcoholes de cualquier graduación, y elevó el derecho 
sobre los alcoholes extranjeros á cuarenta y cuatro milésimos por 
litro, más ciento treinta y seis milésimos cuando su fuerza no ex- 
cediera de 53 grados centesimales y cuarenta y dos diez milésimos 
por cada grado ó fracción de grado de aumento. A todos los de- 
rechos de importación se han agregado sucesivamente los adicio- 
nales todavía vigentes del 5 % ad-valorem creado por ley de oc- 
tubre de 1890 y la patente de importación de 3 % aplicada á las 
obras del puerto de Montevideo. 

Para que pueda apreciarse toda la acción de los derechos adua- 
neros que acabamos de mencionar, diremos que dentro del régimen 
de la ley de 1888, un bocoy de caña de la Habana de 530 litros 
negociado en el puerto de Montevideo á veintinueve pesos y me- 
dio, tenía que pagar y pagaba por concepto del derecho específico 
de diez centesimos, la cuota de cincuenta y tres pesos, debiendo 
venderse entonces á ochenta y dos pesos y medio en plaza. Dentro 
del régimen de la ley de 1891, el mismo bocoy tuvo que pagar 
por concepto de derechos específicos ciento treinta y seis milésimos 
por litro y quedó elevado entonces su precio en plaza á ciento 
un pesos y medio, cifra enorme si se tiene en cuenüi que el alcohol 



4() COMERCIO KXTERIOR ESPECIAL 

de caña. De once millones y medio de litros en el quinquenio 1875- 
1880, baja la importación á cuatro millones y un cuarto en el 
quinquenio 1896-1900. 

En el mismo caso hállase la cerveza. Por más que no sean po- 
sibles las comparaciones precisas, en razón de figurar este artículo 
en botellas y en litros, salta á los ojos la enormidad del descenso 
examinando los precios y reduciendo en la forma que se quiera 
las docenas de botellas á litros. £1 quinquenio 1886-1890 arroja 
alrededor de un millón y medio de litros y un millón de botellas, 
mientras que el quinquenio 1896-1900 no alcanza á presentar 
ciento sesenta mil litros. 

En el cognac nótase también marcada tendencia á la baja. En el 
quinquenio 1875-1880, la importación fué de cerca de cuatrocien- 
tas mil botellas y de trescientos cincuenta mil litros; subió en 1886- 
1900 á trescientas mil botellas y novecientos mil litros; y en el 
quinquenio 1896-1900 no alcanza á presentar seiscientos mil li- 
tros. 

El vino en cascos, finalmente, que representa en el quinquenio 
1875-1880 algo más de 107 millones de litros, sube á 136 millo- 
nes en 1886-1890 y se detiene en noventa millones en el quin- 
quenio 1896-1900. 

No provienen estas corrientes tan desfavorables al comercio 
importador como al fisco, de la restricción del consumo, sino del 
desarrollo de las industrias nacionales, bajo la presión de altos de- 
rechos protectores. 

La ley de aduana de enero de 1888, gravó la cerveza extran- 
jera con un impuesto de doce centesimos por cada botella y diez 
centesimos por cada litro en cascos. La ley de 12 de enero de 
1891, elevó el impuesto á diez y seis centesimos por litro, creando 
al propio tiempo un derecho interno de tres centesimos por litro 
sobre la fabricación nacional de cerveza. Estas dos leyes abatie- 
ron totalmente el comercio de importación y promovieron el mo- 
nopolio de la producción^ mediante un sindicato que explota por 
tumos las grandes cervecerías existentes en Montevideo. La pro- • 
ducción nacional de cerveza fué de 1:189,370 litros en el ejercicio 
1898-1899, y de 1:524,882 litros en el ejercicio 1899-1900. 

Corresponde á las mismas leyes y otras que les son complemei>- 



LAS* IMPORTACIONES 



tarias, la baja de los demás productos (jue aerábamos de recorrer. 
La ley de aduana de cuero de 1888, gravó el litro de aguar- 
diente extranjero de veinte grados abajo con diez centesimos por 
grado, aumentando el derecho en medio centesimo por cada grado 
lí los productos de mayor fuerza alcohólica. La ley de 12 de enero 
de ISJJl gravó con tres centesimos la fabricación nacional de 
aguardientes y con doce centesimos el bíttcr, el cognac y demás 
preparaciones alcohólicas. La ley de agosto del mismo año elevó 
el impuesto sobre los aguardientes extranjeros á ciento treinta y 
seis milésimos por litro hasta veinte grados Cartier y sesenta y 
ocho diez milésimos por cada grado de aumento, elevó á ciento 
treinta v dos milésimos el derecho sobre el a«cuardiente nacional 
sea cual fuere su fuerza alcohólica, suprimió los impuestos inter- 
nos sobre el bítter, cognac y demás preparaciones alcohólicas na- 
cionales y subió el impuesto sobre los productos similares extran- 
jeros á treinta y un centesimos por litro. La ley de julio de 1900 
subió á veinte centesimos por litro el impuesto sobre la fabricación 
nacional de alcoholes de cualquier graduación, y elevó el derecho 
sobre los alcoholes extranjeros á cuarenta y cuatro milésimos por 
litro, más ciento treinta y seis milésimos cuando su fuerza no ex- 
cediera de 53 grados centesimales y cuarenta y dos diez milésimos 
por cada grado ó fracción de grado de aumento. A todos los de- 
rechos de importación se han agregado sucesivamente los adicio- 
nales todavía vigentes del 5 % ad-valorem creado por ley de oc- 
tubre de 1890 y la patente de importación de 3 % aplicada á las 
obras del puerto de Montevideo. 

Para que pueda apreciarse toda la acción de los derechos adua- 
neros que acabamos de mencionar, diremos que dentro del régimen 
de la ley de 1888, un bocoy de caña de la Habana de 530 litros 
negociado en el puerto de Montevideo á veintinueve pesos y me- 
dio, tenía que pagar y pagaba por concepto del derecho específico 
de diez centesimos, la cuota de cincuenta y tres pesos, debiendo 
venderse entonces á ochenta y dos pesos y medio en plaza. Dentro 
del régimen de la ley de 1891, el mismo bocoy tuvo que pagar 
por concepto de derechos específicos ciento treinta y seús milésimos 
jjor litro y quedó elevado entonces su precio en plaza á ciento 
un pesos y medio, cifra enorme si se tiene en cuenta que el alcohol 



48 



COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



naeionul de cuarenta grados .susceptible de desdoblarse en dos 
bocoys de igual graduación que la caña de la Habana, costaba en 
fábrica sesentíi y ocho pesos y pagaba setenta de derechos 6 sea en 
conjunto ciento treinta y ocho pesos, representando cada bocoy 
desdoblado la mitad de esta suma ó sea sesenta y nueve pesos, lo 
que significaba á favor de las destilerías nacionales una diferencia 
protectora de treinta y dos pesos y medio. Complementamos estos 
datos con la siguiente copia de una cuenta de venta hecha recien- 
temente por una de las más importantes c.asas importadoras de 
Montevideo. De ella resulta que una partida de caña vendida en 
53,485 pesos, tuvo que pagar por concepto de gastos 43^59 pesos 
cori'espondiendo simplemente á derechos de aduana la enormidad 
de 35,276 pesos! 

Oiienta de venta de 540 cascos caña de Mafanxas, — A 6 me- 
ses de plazo. — Despachado: 13/1-24 2 bocoyes 13,719 litros á 
$ 0.29, $ 3,978.51; 1 14 1-274 2 bocoyes 137,153 litros á $ 0.285, 
$ 39,088.45; 35 1-58 2 bocoyes 35,972 litros á íj 0.28, $ 10,072.16; 
7 1-5 2 bocoyes vacíos de relleno, § 37.00. — En depósito: 11-9 2 
bocoyes 3,094 litros á § 0.10, $ 309,40.— Total, 170 1-370/2 bo- 
coyes: $ 63,485.52. - Gastos: flete de 170 1-370 2 bocoyes á 
F 5.00, F 1,775, $ 1,704; derechos s 186,844 litros á $ 0.136, 
$ 25,410.78; adicional á $ 0.08, $ 14,947.52, el 8 %, % 1,195.80; 
eslingaje á $ 0.033 % litro y $ 0.15 por bocoyes vacíos, $ 64.10; 
almacenaje á § 0.066 % litro y § 0.30 por bocoyes vacíos, por 
mes, T/m. 3 meses, .$ 384.63; impuesto interno á $ 0.044, 
$8,221.14; por gastos de lanchaje, permisos, timbres y tonele- 
ro, íf 204.90; peones, § 249.40; medidor s/ 518 cascos á $ 0.10, 
$ 51.80; seguro marítimo, $ 133.00; síiguro contra incendio, 
$ 24.00; corretaje 12 %, § 267.42; comisión de venta y garantía 
5 %, § 2,674.27; descuento 6 meses á 10 % anual, ? 2,674.27; 
total de gastos, ? 43,259.61 .—Líquido producto: $ 10,226.01. 

Tiene actualmente la república seis destilerías con capa- 
cidad para producir diariamente alrededor de treinta mil litros. 
Esas seis destilerías no funcionan regularmente, sin embargo. Las 
más importantes, las que podían hacerse competencia y promover 
el abaratamiento de los precios, se han fusionado ó se haii enten- 
dido, ¡)roduciéndose de hecho un verdadero monopolio, como el 
que rige en la fabricación nacional de cerveza. 



LAS IMPORTACIONES 40 



Segíin los datos suministrados por la dirección general de im- 
puestos directos, la fabricación de alcohol en el departamento de 
la capital produjo 2:187,214 litros en el ejercicio económico 
1898-1899 y 3:035,598 litros en el ejercicio 1899-1900, debién- 
dose este rápido crecimiento á la larga discusión de la ley de 1900 
que dio tiempo á los fabricantes para abarrotar la plaza antes de 
la agravación del impuesto. En los departamentos de campaña, la 
producción fué de 98,385 litros en el primero de los ejercicios y 
190,517 en el segundo. Como las destilerías nacionales tienen in- 
terés en llegar á la más alta graduación, desde que la cuota tribu- 
taria de veinte centesimos lo mismo hiere al alcohol fuerte que al 
alcohol flojo, el producto llega ordinariamente á la plaza con no- 
venta y cinco grados centesimales y puede ser desdoblado con la 
simple agregación de agua, llenando entonces todo el vacío de- 
jado por los aguardientes y bebidas alcohólicas extranjeras, como 
el bítter y el cognac que se fabrican aquí en grandes cantidades, 
pública ó clandestinamente, sin abonar otros impuestos que los 
que pesan sobre la fabricación de la materia prima, es decir, el 
aguardiente. 

Antes de la ley aduanera de enero de 1888, regía el derecho de 
47 ^/\y sobre los aguardientes hasta 30 grados y de 51 % para los 
de superior fuerza alcohólica. El aguardiente de Bremen valía 
despachado á razón de 72 $ 69 centesimos los 463 litros, en esta 
fonna: 42 $ valor del artículo en depósito y 30 § 69 el monto de 
los derechos. El aguardient-e nacional se vendía corrientemente á 
catorce centesimos el litro, ó lo que es lo mismo á 64 8 82 los 463 
litros, cifra que acusa una diferencia protectora de 29 $ 74 equi- 
valente al 46 %. Pues bien, después de sancionada la ley de enero 
de 1888, el mismo litro de aguardiente de 40 grados fabricado en 
el país que valía catorce centesimos, se cotizó lí veintidós centesi- 
mos. Tales son los datos de verdadero interés que registra un men- 
saje del poder ejecutivo á la asamblea en agosto 3 de 1888, soste- 
niendo que el nuevo impuesto de diez centesimos por litro hasta 
veinte grados, y medio centesimo de aumento por cada luievo 
grado, más que protector es prohibitivo y debe sustituirse por un 
derecho específico de cinco centesimos á los aguardientes de 
veinte grados y tres miléshnos de aumento por cada nuevo grado, 



50 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 

eíiuivalente al derccho ad-valorem de 75 % sobre los primeros y 
de 120 % sobre los de 40 grados, en vez de los impuestos de 
125 % y de 200 % creados por la ley de enero de 1888, Agrega 
un memorándum de la dirección de aduana anexo al mensaje del 
poder ejecutivo, que la importación de aguaixiientes en el año 1887 
fué de 3:692,368 litros, y dio al fisco una renta de 154,000 pe- 
sos, de cuyas cifras corresponden á la caña 2:690,793 litros y 
102,000 pesos por concepto de impuesto. 

Con relación á los vinos, proviene también la considerable baja 
de que instruyen nuestros resúmenes, de los derechos de aduana y 
de la fabricación de productos artificiales que ellos han promo- 
vido en perjuicio del fisco, del comercio impoilador y de la salud 
pública. La ley de 8 de enero de 1888, estableció el derecho espe- 
cífico de 0.050 sobre los vinos comunes españoles, de 0.0595 so- 
bre los italianos y de 0.0612 sobre los demás. La ley de 18 de 
enero de 1889, estableció el derecho específico uniforme de seis 
centesimos por litro de vino común en casco, «ea cual fuere su 
procedencia. La ley de 14 de julio de 1900 estableció que los vinos 
comunes importados de más de 16 grados centesimales de fuerza 
alcohólica pagarían cinco milésimos por cada medio grado de ex- 
ceso hasta 18 grados y arriba de este límite un centesimo, compu- 
tándose cada fracción como grado entero. Les son aplicables ade- 
más á los vinos importados los adicionales del 5 % ad-valorem y 
del 3 % de la patente de importación. Refleja la enormidad de 
los derechos vigentes la siguiente cuenta de venta, emanada de la 
misma ímpoi*tante casa de que hemos hecho mención al ocuparnos 
de la caña: 

Cuenta de venta (le 600 causeos vino tinto de 16 1/2-' centén- 
niales, recibidos de Barceloitxz, — A 6 meses plazo. — Despachado : 
30/1 y 9 2 pipas, 16,158 litros á $ 0.15, § 2,423.70; 133 1 y 66 2 
pipas, 77,443 litros á $ 0.148, $ 11,460.17; 23 1 y 4 2 pipas 
11,675 litros á $ 0.147, $ 1,716.22; 96 1 y 68/2 pipas, 60,539 li- 
tros á $ 0.146, § 8,838.69; 36/1 y 15 2 pipa?, 20,331 litros á 
f 0.145, $ 2,947.99; 4/1 pipas 1,870 litros á ? 0.144, § 269.28.— 
Total 188,007 ütros.— 8 1 y 12/2 pipas vacías, 14 pipas á $ 3.00, 
$ 42.00.— A bordo: 12/2 pipas=6 pipas á § 34.00,$ 204.00; 70/1 
y 4/2 pipas=72 pipas á $ 33.50, § 2,412.00; 10 2 pipas=5 pipas 



LAS IMPORTACIONES 51 



á § 33.00, § 165.00.— Totales: 400 1 y 200 2 pipas y $ 30,479.05. 
— (rastos: flete s conocimiento: 500 pipas á F 3.00, F 1,500, 
$ 1,440; derechos s/ 188,007 litros á 8 0.06, $ 11,280.42; adicio- 
nal á $ 0.12, $ 22,560.84, 8 %, § 1,804.87; impuesto interno á 
§ 0.005, $ 940.03; derechos s/ cascos vacíos, 8 pipas á $ 2.00, 
§ 16.00, 12/2 pipas á $ 0.80, $ 9.60, $ 25.60, 39 %, $ 9.98; es- 
lingaje á $ 0.033 % litros y $ 0.15 pipa vacía, $ 64.24; almace- 
naje á $ 0.066 % litros y $ 0.30 por pp. vac. p. mes, T/m. 3 
meses, $ 385.45; por gastos de lanchaje, permisos, timbres y tone- 
lero, $ 232.00; peones para descargar, depositar, estivar, rodar, 
rellenar, etc., § 265.00; medidor, ÍJ 28.92; seguro marítimo, $ 1 74.00; 
seguro contra incendio, $ 30.00; corretaje, 1/2 %, $ 152,39; co- 
misión de venta y garantía, 5 %, $ 1,523.95; descuento: B meses á 
10 % anual, $ 1,523.95.— Total de gastos, § 19,855.20. -Lí- 
quido producto : $ 10,623.85. 

Ha disminuido el comercio de impoilación, en provecho no de 
la elaboración nacional de vinos puros, que lleva una vida mise- 
rable, sino de la fabricación de vinos artificiales, que adquiere día 
por día considerable desarrollo, mediante los sencillos procedi- 
mientos de que damos sucinta idea á continuación: 

El vino tinto valenciano se importa con una fuerza alcohólica 
de 1 7 grados centepimales por regla general. Toma el manipulador 
280 litros de este vino y les agrega 38 litros de alcohol de 95 gra- 
dos centesimales y 182 litros de agua corriente, de aljibe ó de 
pozo, formando entonces una mezcla de 500 litros, que en seguida 
clarifica con una pequeña cantidad de tierra denominada de vino, 
que se importa de España. A los cinco días, queda pronto para ser 
entregado á la venta un tipo de vino difícil de distinguir por per- 
sonas no muy prácticas del Pera-Grau y otros caldos de Barce- 
lona, con 16 á 16 y 1, 2 grados cubiertos de fuerza alcohólica. Con 
ayuda de ese procedimiento, se obtienen resultados pecuniarios 
no despreciables. Los 280 litros de vino valenciano, cuestan des- 
pachados, á razón de 14 centesimos liti'o, la cantidad de 39 § 20. 
Los 38 litros de alcohol, á 32 centesimos el litro, valen 12 § 16 
El casco nuevo vale 2 ^. Costo de los 500 litros de vino, alcohol 
y agua, 53 § 36, ó lo que es lo mismo 10 8 67 cada cien litros. 
Como los mismos cien litros de vino genuino valen 14 pesos, re- 



52 COMERCIO EXTKKIOR E8rKCIAL 



sulta que el fabricante ó manipulador por la simple acción de es- 
tirar, obtiene una diforencia de 3 $ 33 por cada hectolitro que 
elabora. Ocupémonos ahora del vino del país. En los viñedos pue- 
den obtenerse separadamente la primera, la segimda, la tercera y la 
coarta fermentaciones, con el agregado de azúcar y otras sustan- 
cias y luego cortarse los últimos con los de la primera, única ge- 
nuina, ó con vinos importados, principalmente los italianos. Tam- 
bién se puede, durante la primera operación, echar por cada 
cien litros del mosto en feruientación, cien litros de agua y veinte 
kilogramos de azúcar, obteniéndose entonces un resultado de dos- 
cientos litros de vino artificial, con beneficios financieros verda- 
deramente asombrosos. Los veinte kilos de azúcar cuestan 2 § 40, 
y como ellos permiten duplicar la cantidad de vino, ó sea producir 
100 litros, resulta que cada litro agregado tiene un costo de 24 mi- 
lésimos, ó sea menos de dos cemésimos y medio. Cierto es que 
el manipulador agrega tanino, ácido tartárico y otras sustancias» 
pero el porcentaje por hectolitro de vino producido es tan pequeño, 
que no altera sensiblemente los precios. ¿Cuánto cuesta, en cam- 
bio, el vino puro nacional? Vale la uva fresca á razón de 50 cen- 
tesimos los 10 kilos. Se precisan 350 kilos más ó menos para pro- 
ducir una bordalesa de 210 litros. La uva de esa bordalesa cuesta 
entonces 17 § 50. Agregúese el casco que vale 2 $ y luego la 
mano de obra, el interés de los capitales invertidos, la merma, etc., 
que pueden eslimarse en 2 f 50, y resultan! que la bordalesa no 
podrá venderse á menos de 22 §, lo que arroja por litro el precio 
de DIEZ CENTESIMOS Y MEDIO, coutra DOS Y MEDIO de costo del 
agregado artificial. 

En su mensaje á la asamblea de 2 de septiembre de 1901, cal- 
cula el poder ejecutivo en treinta millones de litros el consumo 
anual de vinos en la república, correspondiendo de esa cifra á la 
importación 16:371,173, que es el guarismo oficial de 1890, á los 
vinos naturales 3:500,000, á los vinos artificiales y desdoblamien- 
tos 9:000,000 y á los encabezamientos y cortes 1:128,827. Como 
medio de facilitar el cálculo y á la vez examinar cuál de las pro- 
cedencias extranjeras es la más perjudicada, damos á continuación 
la importación de vinos año por año desde 1884 hasta 1900, según 
datos oficiales de la dirección de aduanas: 



) 



LAS IMPORTACIONES 



53 



A]Í08 


ESPAÑA 


FRANHA 


ITALIA 


OTRA8 PRO- 
CEDENCIAS 


TOTAL 




LITROB 


LITROS 


LITROS 


LITROH 


LITROS 



1884 
1885 
1886 
1887 
1888 
1889 
1890 
1891 
1892 
1893 
1894 
1895 
1891J 
1897 
1898 
1899 
1900 



il4:191,136 
14:963,019 
'12:688^13 
,14:411.169 
14:355,245 
116:551,278 
'12:954,539 
111:392,079 
110:451,050 
¡10:766,959 
1 11:943,876 i 
¡13:389,372' 
112:247,393' 
110:693,605; 
1 11:900,069 i 
'10:449,949; 
10:634,770 



5:996,897 
7:323,785 
6:516.583 
6:450.989 
5:669,527 
6:527,404 
8:508,236 
4:418.842 
3:476.674 
2:945,078 
3:169,859 
3:587,766 
3.427,489 
3:016,157 
2:818,309 
2:264,908 
1:763.609 



1:479,929 

1:235.148 

2:073,584 

3:039,715 

5:034,131 

9:227.553 

6:652,329 

4:990,073 

4:373,558 

4:250,529. 

4:686,092' 

4:785,674' 

4:708,4751 

3:872,541! 

3,957,276: 

3:337,702. 

3:602,605 



1:346,091 
1:241,250 
949,018 
1:473,610 
1:128..558|' 
1:286.651!! 
1:255.5991^ 
704,624j! 
239,815 Ij 
267,434 ¡I 
490,800 f 
545,2.58 i; 
480.9B9I| 
446,282; 
336,133¡' 
287,490; 
370,1891' 



23:014,068 
24:763,202 
22:227.698 
25:375.483 
26:187,461 
33:592.886 
29:370,708 
21 505 6J8 
18:541,097 
18:230,000 
20:290,627 
22:308,070 
20:864,316 
18.028,585 
19:011,787 
16:340,049 
16:371,173 



Los vinos francesos se prestan poco, 6 no se prestan absolnta- 
mente, á las grandes sofisticaciones de qnc hemos hablado. De ahí 
su rápido descenso en la estadística adnanera. Los vinos españo- 
les y algunos vinos italianos, que son en cambio caldos de mayor 
cuerpo y pueden estirarse considerablemente con el agregado de 
agua, han sufrido mucho menos y contindan todavía importándose 
en buenas cantidades. 

En el afio 1885, el consumo total de vinos importados se apro 
ximaba á 25 millones de litros en una población de 582,000 habi- 
tantes. En el año 1889, el consumo fué de 33 y 1 '2 millones en 
ana población de 683,000 habitantes. Respectivamento, 42 litros 
y medio y 49 litros por habitsinte. La población de la repCiblica 
estaba calculada, en diciembre 31 de 1900. en 930,000 almas. De 
acuerdo con esas cifras, el consumo ha debido ser, en números re- 
dondos, de cuarentíi millones de. litros, si adoptamos la base de 
1885, y de cuarenta y seis millones si adoptarnos la base de 1889. 
Quiere decir, pues, que habiéndose consumido alrededor de veinte 
millones entre vino»» importiidosy vhios nacionales puros, la fabri- 



54 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 

cación artificial elabora cómodamente de veinte á veintiséis millo- 
nes de litros anuales, con la circunstancia de que el mismo cálculo 
oficial del vino nacional puro es exageradísimo, pues casi todos 
los viñedos trabajan, como se dice en la jerga, con azúcar y otros 
ingredientes que permiten abaratar el producto. 

Los primeros esfuerzos serios de viticultura empezaron en 
1874. Se constituyó un viñedo. Al año siguiente había dos. Al 
otro año había tres, y en 1898, cuando se levantó la última esta- 
dística vitícola, había ya ochocientos veinticuatro viñedos, con una 
extensión de 3,610 hectáreas, explotados por 1,784 peones, y una 
existencia de 141 bodegas. El número total de cepas era de 
15:243,268, de las cuales estaban en producción 10:525,882. Los 
expresados viñedos tuvieron una vendimia en el año 1898 de 
7:388,562 kilogramos, de los cuales elaboraron 5:347,323 y ven- 
dieron 2:041,239. La elaboración de vinos prudujo, en el mismo 
año, 3:227,678 litros de vino tinto, 123,618 litros de vino blanco, 
24,149 litros de grappa ú alcohol de orujo y 9,367 litros de alco- 
hol de vino. De lo que hemos dxho antes, se desprende que buena 
parte de ese vino es artificial. 

COMESTIBLES, CEREALES Y ESPECIAS 

El aceite de olivo ha sufrido una baja considerable. De siete mi- 
llones de kilogramos en el primer quinquenio, sube á nueve en el 
tercero. Pero en seguida oscila fuertemente á seis millones y 
medio en el quinquenio 1891-1895 y abajo de cinco millones 
en el quinquenio 18964900. Al mismo tiempo, el aceite de 
algodón, que se había introducido por cantidades despreciables en 
los tres primeros quinquenios, crece rápidamente á dos y medio 
millones de kilos en 1891-1895 y á cuatro millones largos en 
1896-1903. Se trata, pues, simplemente de una sustitución de ar- 
tículos, determinada por la competencia del aceite de algodón. 
Algo también se produce en el país, pero la cantidad todavía no 
puede influir sensiblemente en los guarismos de la importación. 
El olivo se desarrolla admirablemente en nuestro suelo y no tar- 
dará en constituir un ramo importante de la producción nacional. 
Las importaciones de arroz suben en los tres primeros quinqué- 



LAS IMPORTACiaXES 65 



nios, desde diez y ocho millones hasta veintidós millonea de kilos, 
en números redondos. En los períodos subsiguientes, descien- 
den á diez y nueve y medio millones en 1891-1895 y á diez y 
ocho y medio millones en 1896-1900. En este último quinquenio, 
importáronse también tres y medio millones de kilos de arroz con 
cascara. La ley de aduana de enero de 1888 estableció un derecho 
de cuatro centesimos por kilo de arroz descortezado y de un cente- 
simo por kilo de arroz con cascara. Para explotar esta ^orme di- 
ferencia, se ha instalado en el país una fábrica de descortezar, de 
acuerdo con la ley de enero de 1900, que estableció exoneración 
de impuesto de aduana á las máquinas, cinco años de contribu- 
ción inmobiliaria y de patentes y devolución de los derechos paga- 
dos por el arroz con cascara en proporción al arroz descortezado 
que reexporte la fábrica, obligándose el concesionario á invertir 
en la instalación no menos de treinta y cinco mil pesos. Durante 
el año 1901, según un memorándum de la dirección de aduanas 
que figura entre los anexos del mensaje del poder ejecutivo á la 
asamblea de 15 febrero 1902, la entrada de arroz descorte- 
zado ha hecho bajar la renta de importación en setenta mil pesos. 
El despacho de arroz descortezado disminuye gradualmente, 
agrega el memorándum, y dentro de breve tiempo sustituirá al 
arroz sin cascara, que es el que produce renta. ¿Qué movimiento 
puede provocar en el país esta pequeña industria que tan alta re- 
percusión tiene en el tesoro de la aduana y que tan escasos capi- 
tales y tan pocos brazos necesita poner en juego? 

Con los azúcares ha ocurrido algo parecido. La importación fué 
subiendo desde cuarenta y seis millones y medio de kilos que 
es el guarismo de 1875-1880 hasta sesenta y nueve millones 
á que alcanzó en el quinquenio 1891-1895. Pero en el quinquenio 
1896-1900, aparecen diez y nueve millones y medio de azúcares 
refinados y cincuenta y nueve millones y medio de azúcares sin 
refinar destinados á las refinerías existentes en la república, ó sea 
en conjunto setenta y nueve millones de kilos. La ley de aduana 
de enero de 1888, estableció derechos diferenciales sobre el azú- 
car, gravando con 0.05 el kilo de azúcar refinado y con 0.044 el 
kilo de azúcar no refinado. La ley de enero de 1891, gravólos 
azúcares refinados con 0.06 y los no refinados con 0.05 el kilo. 



56 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



La loy de 14 de julio de 1900, creó además el impuesto interno 
de un centesimo por kilo á los azucares de toda ea(>ecic que se 
importen del extranjero, concediendo á los productos brutos des- 
tinados á las refinerías nacionales un descuento hasta del 4 % que 
se calculará en cada caso, por pérdida on la refinación. 

Para estimular la refinación nacional de asficares se han otor- 
gado dos concesiones de importancia. Ija primera en el año 
1890 al doctor Torrosella, establecía: exoneración por cinco años 
de todo derecho de importación á las melazas destinadas á la refi- 
nería; derechos de importación de 0.02 centesimos sobre los azú- 
cares terciados y 0.044 milésimos sobre los centrífugos, todo por 
kilogramo. La segunda en el año 1894 al doctor Pittaluga, esta- 
blecía que el concesionario podría durante el plazo de cinco años 
importar azocares centrífugos pagando á título de derecho de im- 
portación cincuenta milésimos por kilo, azúcares terciados por dos 
centesimos y las melazas libres. En los primeros tres años debería 
plantar cien hectáreas de plantas sacarinas, y esa ái*ea debería ele- 
varse á doscientas hectáreas á la expiración de la concesión. Den- 
tro de los términos amplios de estas concesiones y de algunos de 
los monstruosos decretos reglamentarios dictados, hubieran podido 
escurrirse todas las gruesas sumas que por concepto de derechos de 
importación á los azúcares jiercibe anualmente el estado. Pero el 
gobierno, ante la amenaza de la desaparición de la renta, dictó 
nuevas disposiciones que pusieron á una de las refinerías en el 
caso de liquidar. La ley de diciembre de 1900, acuerda á los elabo- 
radores de remolacha ú otras plantas sacarinas las siguientes exen- 
ciones; basta el afío 1912, una diferencia á favor del producto n<i- 
cionai no menor de 67 milésimos por kilogramo de azúcar no refi- 
nada y de 78 milésimos por kilogramo de azúcaí* refinada, entre 
la totalidad de los impuestos que pague dicho pi'oducto y los im- 
puestos que paguen los azúcares importados; las máquinas y el 
carbón estarán libres de derechos; si los concesionarios expoliasen 
aaúoar de cosecha nacional, se les devolverá los impuestos que por 
ella hayan pagado. I^as referidas exenciones sólo se concederán á 
los que oontraigan el compromiso de elaborar dos millones de 
kilogramos de azúcar nacional en cada uno de los años J 903 y 1904; 
y cuatro y seis millones en los años subsiguientes, haciendo al 



LAS IMPORTACIONES 57 



efecto las plantaciones necesarias. Vino esta ley á poner término 
á concesiones verdaderamente leoninas, en las que á título de re- 
finar productos extranjeros ya casi concluidos, pasaban ó podían 
pasar íntegramente las rentas de aduana á los bolsillos particula- 
res. Segfm el informe de las comisiones de hacienda y fomento de 
la cámara de diputados, apoyando la ley que acabamos de extractar, 
bajo el anterior régimen de las simples diferencias aduaneras, las 
refinerías introducían como productos brutos azocares con no 
menos de 94 % de riqueza, limitándose la tarea nacional á elimi- 
nar el 6 % de impurezas. Para fomentar ese trabajo, agrega, que 
sólo llega á ocupar un centenar de brazos, la renta de aduana ha 
perdido sobre los azúcares brutos importados en el afic 1899 la 
diferencia de setenta mil posos, sin contar otra diferencia de un 
centesimo entre la refinada y la no refinada establecida de antiguo 
en la ley de aduana. Caducadas las concesiones particulares, con • 
tinüa perdiendo el estado alrededor de setenta mil pesos cada año 
por los azúcares brutos destinados á la refinación nacional, según 
se establece en el memorándum de la dirección de aduanas de que 
ya hicimos mención. Agregaremos que ya está instalada una gran 
fábrica de azúcar de remolacha que se hará sentir rápidamente en 
la renta de aduana. 

Las importaciones de café, dieron en el quinquenio 1876-1880 
tres millones cien mil kilos, subiendo progresivamente hasta obte- 
ner en 18861890 cinco millones trescientos mil kilos. Pero en 
seguida retroceden ó se estacionan, cerrando el quinquenio 
1896-1900 con cinco millones y un cuarto. 

Las especias crecen constí^ teniente en los primeros cuatro 
quinquenios, desde 278,000 pesos valor oficial hasta 852,000 y 
decaen en 1896-1900 á 626,000 pesos. Entre las especias, está 
incluido el azafrán cuya importación especial interesa conocer por 
las industrias en que tiene aplicación. En el quinquenio 1891-1895 
el despacho fué de 28,097 kilogramos estimados en 448,373 
pesos y en el quinquenio 1896-1900 desciende bruscamente á 
10,874 kilos estimados en 173,984 pesos. 

Las importaciones de fariña, arrojan en el quinquenio 1876-1880 
once millones de kilos, suben á quince y medio millones en el 
quinquenio siguiente y luego decaen á once millones y inedio^ al- 



fiS COMERCIO EXTERIOR ESPECIA!. 



rededor de cuyo nivel se estacionan en los períodos subsiguientes, 
cerrando el quinquenio 1896-1900 con doce millones. 

La harina de trigo, puede considerarse ya francamente eliminada 
de nuestro comercio de importación, gracias á los progresos de la 
agricultura y á los molinos de primer orden existentes en el país. 
En el quinquenio 1875-1880, la importación pasó de nueve millo- 
nes de kilos. En el quinquenio 1881-1885 no alcanzó á un millón. 
Volvió en 1886-1890 á dar siete millones, decayendo luego su- 
cesivamente á menos de ochocientos mil kilos en el quinquenio 
1891-1895 y á catorce mil kilos en el quinquenio 1896-1900. De 
importadores de harinas extranjeras, nos hemos convertido en ex- 
portadores, segíín resulta de los guarismos consignados en el ca- 
pítulo precedente. 

En cambio, la importación de papas señala una progresión cons- 
tante y rapidísima. En el quinquenio 1876-1880 la entrada fué de 
un millón seiscientos mil kilos. Subió á seis millones en 1881 - 1885, 
á nueve millones setecientos mil en 1886-1890, íÍ veintiún millones 
en 189M895 y á veintinueve millones en 1896 1900. No toda la 
importación corresponde á consumo personal inmediato. Una 
parte de ella corresponde ú semillas reclamadas por la agricultura 
como medio de mejorar la condición de las cosechas. De todos 
modos eg una corriente exceísivamentc fuerte. Bastará decir que 
en el quinquefíio 1896-1900, las papas importadas están aforadas 
en un millón trescientos mil pesos, representando un promedio de 
doscientos cincuenta mil pesos cada año. Con el ensanche de la 
agricultura han de abatirse las cifras que comentamos. 

El queso, figura bajo forma de docenas y de kilogramos en los 
tres primeros quinquenios, lo que dificulta las comparaciones. La 
baja sin embargo es saltante, como lo demuestran las columnas de 
los precios y la comparación de los kilogramos anotados en los tres 
últimos quinquenios: la importación baja desde un mUlón doscien- 
tos mil kilo» á trescientos ochenta mil kilos en números redondos, 
por efecto del desarrollo verdaderamente notable de la fabricación 
nacional que ya se realiza en condiciones de calidad y de precio 
que satisfacen las exigencias del consumo. 

Las sardinas^ figuran también simultiíneamentc en los primeros 
quinquenios, bajo forma de docenas de cajas y de kilogramos. Cre- 



> 



LAS IMPORTACIONES r)9 



cieron rápidaiuonte las importaciones hasta el quinquenio 1886- 
1890, que arroja el guarismo de 874,000 kilogramos, pero en se- 
guida descienden brusca?nonte lí menos de la mitad, cerrando el 
quinquenio 1896-1900 con una entrada que se aproxima á seis- 
cientos mil kilogramo i. 

La yerba-mate, denuncia un desarrollo constante en los cinco 
quinquenios^ pasando, de veintitrés y medio millones de kilos en 
1875-1880, á cuarenta y dos y medio millones en 1896-1900. Da- 
tos estadísticos anteri ores á los que sirven de base á nuestros estu- 
dios, establecen que en los años 1872, 1873 y 1874 hubo una im- 
portación total de 11:223,1 69 kilogramos de yerba mate, estimados 
oficialmente en 1:569,514 pesos, para una población de cuatro- 
cientos cincuenta mil habitantes. En los tres años finales del cua- 
dro 1898, 1899 y 1900 la importación fué de 26:206,919 kilogra- 
mos de yerba, estimados oficialmente en 2:620,692 pesos. Hecha 
la distribución por cabezas, resulta que durante el primer pe- 
ríodo, cada habitante consumía 25 kilos en los tres años, mien- 
tras que en el segundo cada habitante consumía 29 kilos tara, 
bien en los tres años. La yerba mate sin elaborar que figura 
en los últimos quinquenios de nuestro cuadro, constituye una 
corriente de ensayo para especular con los derechos diferenciales 
de la ley de aduana de enero de 1 889, que gravó la yerba mate 
elaborada con 0.55 y 0.04 según procedencias (distinción esta úl- 
tima suprimida ya por la ley de octubre de 1892 que estableció 
la cuota única de cuatro centesimos) y la yerba mate sin elaborar 
con 0.01. Hasta se instalaron talleres con máquinas perfecciona- 
das. Pero la manipulación no dio resultado, y la renta se vio libre 
de la causa de depresión que actúa en el arroz y en los azúcares. 

Las importaciones de maíz, revelan suba en todos los períodos ^ 
menos en uno. En el quinquenio 1875-1880 la entrada excedió de 
un millón de kilos. Subió sucesivamente á tres y medio y á cuatro y 
medio millones. Después de un rápido descenso en el cuarto quin- 
quenio, que redujo el despacho á doscientos mil kilos, termina el 
quinquenio 1896-1900 con la gruesa cantidad de veinticinco y 
medio millones. Hay que tener presente para la atenuación del 
alcance de estos guarismos, que en el qiwnquenio 1890-1900 la 
república exportó máá de ciento quinoe millones de kilos de 



60 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 

maíz, de suerte que la cantídad importada no corresponde real- 
mente á déficits en la producción, sino á circunstancias accidenta- 
les del mercado. Debe extenderse esta observación al trigo. 

TABACOS Y CIGARROS 

Los cigarros de hoja figuran en el primer quinquenio simultá- 
neamente en unidades y en kilogramos. Aunque la reducción á este 
último tipo es difícil, salta á los ojos, sin embargo, en la columna 
de los valores oficiales, el progreso realizado en el quinquenio 
1881-1885 que arroja 321,000 kilos, y en el quinquenio 1886- 
1890 que presenta 380,000 kilos aforados en más de medio 
millón de pesos. En 1891-1895, prodúcese una oscilación excep- 
cional, reduciéndose los despachos á 27,000 kilos. El quinque- 
nio 1896-1900 marca una reacción á 105,000 kilos, cantidad 
asimismo notablemente inferior á la alcanzada diez años antes. 

El tabaco de hoja presenta oscilaciones menos bruscas. Suben 
los despachos en los tres primeros quinquenios, desde 2:271,000 
kilos hasta 3:444,000. Hay una baja brusca en el cuarto quinque- 
nio que limita la entrada á menos de dos y medio millones y 
cierra el quinquenio 1896-1900 con un movimiento de 3:312,000 
kilos. 

El tabaco negro en hoja, desciende gradualmente en todos 
los períodos, desde 3:387,000 que arroja el primer quinquenio, 
hasta la insignificante cifra de 136,000 kilos que anota el quin- 
quenio 1896-1900. 

¿Cuál puede ser la causa de tan notable descenso en el rubro 
de tabacos y cigarros, cuando es notorio que el consumo no decae 
y que la población ha aumentado sensiblemente? La ley de aduana 
de enero de 1888 estableció los siguientes derechos por cada kilo: 
cigarros de hoja de la Habana 2.80; de otra procedencia, 0.56; ta- 
bacos de hoja de la Habana 0.30, de otras procedencias, desde 
0.18 á 0.07; tabaco negro del Brasil en rollos, latas ó barricas, 0.20- 
La ley de enero de 1891 modificó esos derechos en la siguiente 
forma: cigarros de hoja de la Habana, seis pesos el kilogramo y 
tres ppsos los de otra clase; tabaco de hoja y negro en rama, cin- 
cuenta centesimos el kilo. La ley de enero de 1896 modificó así 



I 



LAS IMPORTACIONES 61 



los derechos aduaneros: tabaco de hoja, habano, 0,30 el kilo; tabaco 
negro en cuerda, 0.30 el kilo; cigarros de hoja, habanos, 3.00 el kilo 
y de otras procedencias 1.00 el kilo. Otra ley de la misma fecha, 
creó un impuesto interno de consumo con las siguientes cuotas: 
1 centesimo por cada cajetilla de 10 cigarrillos y de 2 centesimos 
por las de 20 cigarrillos; 1 peso por cada cien cigarros de hoja im- 
portados, habanos <5 fabricados en el país con esa hoja; 40 cente- 
simos cada kilo de cigarros de hoja no habanos, importados ó fa- 
bricados en el país; 40 centesimos el kilo de tabacos elaborados 
de cualquier clase que se destinen al consumo particular, debiendo 
todos los productos ó sus envases llevar adherida la faja, estampi- 
lla ó banda que acredite el pago del impuesto. Finalmente la ley 
de diciembre de 1900, redujo el derecho de aduana sobre el ta- 
baco negro en cuerda á doce centesimos por kilo. Fundando esta 
última rebaja, dijo la comisión de hacienda de la cámara de dipu- 
tados en su informe, que la importación legal de tabaco negro en 
cuerda había seguido un descenso no interrumpido desde el año 
1891, en que el derecho fué elevado de 20 á 30 centesimos, suba 
contraproducente tratándose de un producto de país vecino, de 
escaso volumen, de valor intrínseco de veinticinco centesimos más 
ó menos, cuyo precio venía á triplicar el impuesto y que podía 
entrar clandestinamente por las ciento treinta leguas abiertas de 
nuestra desguarnecida línea fronteriza. En 1896 se moderó el de- 
recho, pero no lo suficientemente, como lo demuestra el siguiente 
resumen de las importaciones de ese producto: 



Altos 


Importacií^n 


C<;ut<-simos por kilo 


Renta recaudada 


1890 


546,312 


20 


$ 109,262 


1891 


276,579 


50 


» 138,289 


1892 


255,311 


50 


» 127,655 


1893 


175,803 


50 


; 87,901 


1894 


135,724 


50 


» 67,862 


1895 


91,216 


50 


, 45,608 


1896 


51,038 


30 


» 5,401 


1897 


19,704 


30 


, 5,991 


1898 


17,324 


30 


5,197 


1899 


23,863 


30 


» 7,009 



()2 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 

P^sos pocos kilos fueron introducidos on ios últimos años por 
la aduana de Montevideo, no recibiéndose nada por la vía natural 
de la frontera. Aunque el consumo de tabaco negro ha disminuido, 
da idea de la magnitud del contrabando el hecho de que uno solo 
de los fabricantes de Montevideo, declai/) á la comisión de ha- 
cienda, sobre la base de sus libros, que él había comprado durante 
el año 1899 la cantidad de 94,184 kilos de tabaco negro en cuerda, 
á pesar de que la estadística de importación sólo consignaba la en- 
trada de 23,363 kilos. En el mismo informe, calcula la comisión 
de hacienda la producción nacional de tabacos en doscientos mil 
kilos, sea un millón por quinquenio. Según los datos de nuestro 
cuadro, en el quinquenio de 1886-1890 hubo una importación de 
3:444,376 kilos de tabacos de hoja y 3:205,349 de tabaco negreen 
cuerda. Arrojan ambas partidas 6:649,725 de kilos despachados le- 
galmeute, pues el contrabando, aunque no tan notable, tenía gran- 
des estímulos dentro de la ley de enero de 1888 y debía consu- 
mai'se en regular escala. Tomando sin embargo las cifras oficiales 
y distribuyéndolas en una población que osciló en ese quinquenio 
alrededor de 650,000 habitantes, resulta un promedio de diez ki- 
los por cabeza durante el quinquenio. En el quinquenio 1896- 
1900, la población ha oscilado alrededor de 850,000 habitantes y 
al mismo promedio el consumo ha debido ser durante el perío- 
do, de ocho y medio millones de kilos. Deducido el millón 
de la producción nacional de tabacos que no existía en el otro 
quinquenio, por ser de fecha más reciente la divulgación de los ta- 
bacales, resulta para el producto extranjero un concurso de siete 
y medio millones de kilos. Y como la importación sólo registra 
alrededor de tres y medio millones de kilos, tiene que haber intro- 
ducido el contrabando unos cuatro millones de kilos, sin calcular, 
repetimos, todo lo que en el primer quinquenio ya aportaba el co- 
mercio clandestino por la frontera y por la misma aduana de Mon- 
tevideo y que tiene que haber seguido después. 

Otros antecedentes recordaremos en apoyo de la misma conclu- 
sión. Según los cuadernos de la Dirección de Estadística, hubo la 
siguiente importación de tabaco en hoja y n(»gro en rama de 1872 
Á 1878 y de 1898 á 1900; 



\ 



LAS IMPORTACIONES 63 



. , , Valor total dol n.hro «CigarroB ^'^^ ^/„ '"^rj'^írJíTnSiI; 



tnhacos: 



en ose valor. 



1872 $ 548,355 920,286 

1873 * 583,882 904,522 

1874 » 594,675 1:039,208 

1875 * 429,753 727,274 

1877 :. 549,434 1:175,272 

1878 » 518,439 1:140,762 

1898 » 212,390 764,122 

1899 » 224,435 758,564 

1900 » 210,421 694,729 

En los años 1872 á 1878, el promedio del consumo anual gira 
alrededor de un millón de kilogramos de tabaco de hoja y negro 
en rama, para una población de 450,000 almas, lo que arroja por 
habitante la cuota en kilos de 2.22 por ano. En los años 1898 á 
1900, el promedio del consumo anual gira alrededor de 740,000 
Idlos para una población de 900,000 habitantes, lo que arroja por 
cabeza menos de un kilogramo, ochocientos veinte gramos por año. 
Suponiendo, lo que es perfectamente razonable, que el consumo no 
ha disminuido y se ha mantenido en la misma proporción que en 
el período de 1872 á 1878, es decir, á razón de kilos 2.22 por ca- 
beza, tendi'íamos que el guarismo real de cualquiera de los años 
recientes, por ejemplo el de 1900, tiene que aproximarse á dos mi- 
llones de kilos, mientras que la estadística sólo da, según ya he- 
mos dicho, alrededor de 750,000 kilos. Agregando los 200,000 
kilos en que se estima la producción nacional, queda un millón 
largo de kilos que año por año se encarga de movilizar el contra 
bando. Tal es el efecto de nuestros elevadísimos derechos al ta- 
baco. 

ROPA HECHA Y ARTfCUI^>S CONFECCIONADOS 

La importación de alpargatas ha descendido considerablemente 
en todos los quinquenios, desde la cifra de 36,660 docenas á que 
Ijegó en 1875-1880, hasta la cifra de 980 docenas que oorrespon- 



66 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



quinquenio 1886-1890. Se produce en el período subsiguiente 
un pequeño descenso, pero el quinquenio 1896-1900 va acompa- 
ñado de una reacción que permite alcanzar el nivel más alto en 
los despachos aduaneros. También las medias empiezan á fabri- 
carse en el país, lo que obstará al progreso de las importaciones y 
aún á la conservación de las cifras ya obtenidas anteriormente. 

En los pañuelos, el crecimiento no se detiene en ninguno de los 
períodos de nuestro cuadro, pasando gradualmente las importacio- 
nes de 597,000 docenas despachadas en el quinquenio 1875-1880 
á la cifra de 804,000 docenas con que cierra 1896-1900. Hay 
que agregar á las cantidades que figuran en docenas, las que se 
despachan por kilogramos, correspondientes á pañuelos de seda 
pura y de mezcla de seda, que declinaron notablemente en el ter- 
cer quinquenio y que permanecieron estacionarias en los subsi- 
guientes. 

Los ponchos aumentaron constantemente en los primeros cua- 
tro períodos, subiendo de 40,000 kilos en el quinquenio 1881- 
1885 hasta 185,000 en el quinquenio 1891-1895. Pero el quin- 
quenio 1896-1900 cerró con baja, reduciéndose los despachos á 
160,000 kilos. Debe atribuirse tal oscilación á las fábricas nacio- 
nales de paños, que elaboran ya ponchos que pueden venderse con 
el amplio margen que les aseguran las tarifas de aduana. Es un 
producto que se extiende rápidamente y que en breve término 
habrá desalojado al similar extranjero, si no se realiza una revi - 
sión de las tarifas de aduana ó no se compensa con derechos in 
ternos la desventaja que señalamos. 

En la ropa hecha para hombres y niños, no son posibles las 
comparaciones de las cantidades de todos los quinquenios, por fi- 
gurar en los tres últimos exclusivamente el valor oficial de los des- 
pachos. Resulta con relación á los tres primeros, que la importa- 
ción que fué de veinte mil docenas de piezas en 1875-1880, se 
redujo á la mitad en los dos subsiguientes; y con relación á los 
otros dos, que habiéndose despachado en 1891-1895 por valor de 
noventa mil pesos, hubo descenso á la mitad en el quinquenio 
1896-1900. 

Los sombreros de paño, para hombres y niños, que dieron en 
1875-1880 87,000 docenas, bajaron en el segundo quinquenio, 



LAS IMPORTACIONEB 67 



pero en el tercero subieron á 1 10,000 docenas. Desde ese mo- 
mento, se pronuncia una baja (juo reduce á 102,000 docenas el 
despacho del quinquenio 1896-1900 y que tiene que acentuarse con- 
siderablemente por efecto de la fabricación nacional de sombreros, 
que ha empezado á hacerse en grande escala desde el año 1900, 
imposibilitando toda competencia con el artículo extranjero casti- 
gado con altos derechos do aduana. 

Quiere decir, pues, que en todos los rubros de artículos confec- 
cionados que acabamos de recorrer, se ha iniciado y continua ini- 
ciándose una baja notable en las importaciones, destinada á acen- 
tuarse en el porvenir bajo la presión de la fabricación nacional, 
que cada día se adueña más del mercado interno, haciendo des - 
aparecer las fuentes más valiosas de rendimientos fiscales, como 
que el artículo extranjero tiene que soportar elevados derechos y 
el producido en el país no los soporta absolutamente. 

OTROS artículos FABRICADOS 

Las importaciones de carbón de leña han progresado constante- 
mente, desde la cifra de 216,000 hectolitros á que ascienden los 
despachos en 1875-1880, hasta la de un millón y medio de hecto- 
litros que corresponde al quinquenio 1896-1900. Es un progreso 
doloroso para el país, como que traduce el agotamiento de una in- 
dustria que, por falta de reglamentos apropiados, ha destruido los 
montes naturales que enriquecían nuestro suelo, privándonos de 
combustible, causando alteraciones climatéricas y facilitando el 
desbordamiento de los ríos y arroyos en términos muy perjudicia- 
les para la campaña. Hay verdadera urgencia en promover la re- 
plantacióu de los bosques y en reglamentar su corte. 

El número de carruajes crece durante los tres primeros quinque- 
nios hasta la cifra de 613, que corresponde al quinquenio 1886- 
1890 y desciende á 217 en 1896- 1900. Los artículos para carruajes 
encuén transe en el mismo caso; suben á 248,000 $ en 1886-1890 
y descienden á 35,000 en el último quinquenio. A la fabricación 
nacional debe atribuirse en primer término este descenso. 

Los artículos de cristal y de vidrio suben, de 347,000 pesos en 
el quinquenio 1875 1880, hasta aproximarse á 700,000 pesos en 



68 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 

1886-1890. En los quinquenios subsiguientes el nivel se estaciona 
alrededor de medio millón de pesos. 

En los cueros preparados, hay un marcado estacionamiento en 
tomo de la cifra de medio millón de pesos por quinquenio. Hubo 
aumento en 1881-1886 y especialmente en 1886-1890, llegando 
en este último los despachos á un millón de pesos aproximada- 
mente. Pero en seguida se restablece y se mantiene el viejo nivel 
del quinquenio 1875-1880, que era de 528,000 pesos, lo cual sig- 
nifica una disminución considerable del producto extranjero, desde 
que el crecimiento constante do la población debería racionalmente 
dar impulso á los despachos de aduana. Las curtidurías nacionales 
llenan holgadamente las exigencias de la plaza. 

El progreso es más continuado en las drogas. En 1875-1880 el 
despacho fué de cerca de 700,000 pesos, se aproximó á un millón 
y medio en el quinquenio 1886-181)0, y se ha estacionado alrede- 
dor de un millón en cada uno de los quinquenios subsiguientes. 
Las imitaciones nacionales de prestigiosos productos extranjeros, 
estimuladas por las altas tarifas de aduana, tienen que entrar por 
mucha parte en el descenso ó estacionamiento de los despachos. 

El específico para curar ovejas recién figura aparte en los tres 
últimos quinquenios, y en ellos denuncia un progreso considerable. 
De 729,000 kilos despachados en 1886-1890 suben las importa- 
ciones á más de tres y medio millones de kilos en el quin(|uenio 
1896-1900. Esta última cifra, que traduce el pago de más de un 
millón de pesos, prueba de una manera irrecusable, á la vez que el 
rápido crecimiento de la riqueza ovina, el convencimiento operado 
en el estanciero de la conveniencia de cuidar sus majadas para sa- 
car buen rendimiento de ellas. 

Bajo el rubro de artículos tic ferretería se engloban muchísimos 
productos diferentes que no admiten comparación de ninguna es- 
pecie. El valor impoitado, que fué de un millón y medio en el 
quinquenio 1875-1880, se aproximó á cuatro y medio millones en 
1886-1890 y cerró en el quinquenio 1896-1900 con dos millones 
y un cuarto de pesos. 

Los fósforos han desaparecido ya totalmente de la estadística 
de importación. En el quinquenio 1875-1880, la importación fué 
de más de 700,000 kilos, aforados en 446,000 pesos. El despacho 



LAS IMPORTACIONES 69 



descendió rápidamente en los quinquenios subsiguientes hasta 
desaparecer completamente. Ni una sola caja de fósforos se im- 
porta ya, á consecuencia de la fabricación nacional amparada por 
elevadísimos derechos de aduana. Existen en el país cinco fábricas 
de fósforos más ó menos refundidas ó asociadas para los efectos 
del monopolio del mercado, que produjeron en el ejercicio 1898- 
1899 la cantidad de 38:920,000 cajas, y en el ejercicio 1899-1900 
la cantidad de 40:080,000 cajas, recogiendo el fisco por concepto 
de estampillas 194,602 pesos en el primero de esos ejercicios y 
200,400 pesos en el segundo. 

El hilo de coser es anotado simultáneamente bajo forma de kilo- 
gramos y bajo forma de docenas de carreteles. Esta última forma, 
que es la que tiene mayor importancia, revela un crecimiento no 
interrumpido en casi todos los quinquenios, pasando gi-adualmente 
las entradas del nivel de dos millones de docenas de carrete- 
les escasamente importadas en 1875-1880, al de dos millones 
ochocientas mil docenas importadas en el quinquenio 1896-1900. 
Este progreso es uno de los efectos más inmediatos del desarrollo 
que ha adquirido en el país la industria de ropa hecha y artículos 
confeccionados. Otra especie de hilo anota nuesti'o cuadro: el hilo 
para seg^adoras, que recién figura en los dos últimos quinquenios, 
pasando de dos millones trescientos mil kilos en 1891-1895, á 
cerca de tres millones en 1896-1900. La entrada del último quin- 
quenio está aforada en cerca de un millón de pesos, guarismo res- 
petable ya, que prueba la extensión de nuestra agricultura y los 
progresos realizados en sus medios de explotación. 

Las joyas y alhajas subieron en los quinquenios 1881-1885 
y 1886-1890 á quinientos mil y seiscientos mil pesos en núme- 
ros redondos, pero declinaron abajo del nivel de 200,000 en los 
quinquenios subsiguientes. 

En las importaciones de kerosene, el progreso no se interrumpe 
en ninguno d^ los períodos. Abre el quinquenio 1875-1880 con 
siete y medio millones de litros, aforados en 600,000 pesos, y cierra 
el quinquenio 1896-1900 con la cifra de cuarenta y seis millones 
y medio de litros, aforados en más de dos millones de pesos. Este 
enorme ensanche dóbese por una parte al creciente abaratamiento 
del kerosene, y por otra parte á la creciente suba en el precio del 



70 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



aguardiente bajo la presión de altísimos derechos de aduana é 
internos de consumo que han desterrado al producto de mu- 
chas de sus aplicaciones industriales y domésticas más corrientes. 
La desnaturalización de los alcoholes que no se destinan á bebi- 
das y la disminución de su impuesto, daría un fuerte competidor al 
kerosene, en provecho de nuestros industriales nacionales. 

Los artículos de loza y de porcelana se ensanchan en los tres 
primeros quinquenios, pasando de 460,000 á cerca de 800,000^ 
pero retroceden en los quinquenios subsiguientes, y se estacionan 
en medio millón de pesos. 

El rubro de madera labrada, después de haber llegado en 1886- 
1890 á un millón y cuarto de pesos, desaparece de la estadística 
de importación, distribuyéndose su contenido en nuevas y más 
variadas clasificaciones aduaneras. 

Los artículos de mercería son muy variados y no pueden com- 
pararse. Su valor, único dato que registra la estadística oficial, su- 
be desde un millón y medio de pesos en el quinquenio 1875-1880 
hasta cinco millones y medio de i)esos en el quinquenio 1886- 
1890. El nivel desciende luego á tres millones aproximadamente 
enl89M895,y á dos millones en 1896-1900. No figuran los 
ai*tículos que han dado origen á tan considerable descenso. 

En el rubro de muebles nótase creciente progreso en los tres 
primeros quinquenios, elevándose los despachos de 418,000 á 
cerca de un millón. En los períodos subsiguientes quedan estacio- 
nados los despachos alrededor de 300,000 pesos. Los adelantos 
realizados por la fabricación nacional, que en muchos de sus tra- 
bajos puede ya competir con los artículos similares extranjeros, 
explican y justifican esa baja« 

Los artículos navales crecen en los quinquenios 1881-1885 y 
1891-1895, elevándose finalmente á cerca de novecientos mil pe- 
sos. Pero hubo baja en los demás, cerrando el quinquenio 1896- 
1900 con algo más de 600,000 pesos. 

El papel blanco que se aproximó á 800,000 kilos en el quin- 
quenio 1875-1880, descendió algo en el segundo período, pero 
reaccionó fuertemente en el tercero, excediendo de un millón cien 
mil kilos* En seguida, baja considerablemente hasta reducirse el 
despacho en el quinquenio 1896-1900 á la pequeña cantidad de 



1 



LAS IMPORTACIONES 71 

340,000 kilos. En cambio el papel de imprenta ha subido constan- 
temente en todos los períodos, pasando de un millón trescientos 
mil kilos, que fué el despacho do 1875-1880, al respetable nivel 
de siete millones seiscientos mil kilos, que se movilizaron en el 
quinquenio 1896-1900. Conviene observar que no todo este últi- 
mo papel se despacha para diarios, periódicos, libros y otras obras 
de imprenta. Una parte ha reemplazado en la pníctica al papel 
blanco para escribir, ya cortado, á que se refiere el primero de los 
rubros que examinamos, explicándose así el descenso rápido y con- 
siderable de ese rubro. Es una tarea muy activa de que se encar- 
gan las papelerías, las imprentas, las fábricas de libros en blanco. 
La cantidad importada en el (íltimo quinquenio, un millón largo 
de pesos, prueba á la vez que el ensanche del consumo, la magni- 
tud de la transformación de que nos ocupamos. 

Los artículos de perfumería arrojan en el primer (juinq nenio 
algo más de 300,000 pesos ; retroceden en el segundo quinquenio 
y reaccionan en 1886-1890, pasando el nivel de 400,000 pesos, 
que se mantiene en el período 1896-1900, después de una peque- 
ña baja en el anterior. 

Jjas pinturas aumentan progresivamente en los tres primeros 
quinquenios, pasando de un millón setecientos mil kilos en 1875- 
1880 á cuatro millones de kilos aproximadamente en 1886-1890. 
En el quinquenio 1891-1895 hay un descenso considerable, y aun- 
que al cerrar el período 1896-1900 se produce una sensible 
reacción, quedan todavía lejos los despachos del nivel alcanzado 
diez años antes. 

En relojes de oro y plata, las cifras se ensanchan también en los 
tres primeros quinquenios, y en seguida traducen un considerable 
descenso. Cerca de 30,000 relojes fueron importados de 1881 á 
1885, y cerca de cuarenta mil de 1886 á 1890. Pero en los quin- 
quenios 1891 á 1895 y 1896 á 1900, oscilan los despachos al- 
rededor de siete mil relojes, cifra demasiado pequeña para que 
pueda suponci*8e que ella traduce realmente el monto de las en- 
tradas. 

Los postes y medios postes recién figuran en rubro propio en 
los quinquenios 1891 -1895 y 1896-1900, entrando en el primero 
de esos períodos más de un millón de piezas, y en el segundo más 



72 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



de un millón y medio, prueba evidente de que el trabajo de des- 
linde y cerramiento de los campos continúa todavía con extra- 
ordinario vigor, á pesar de todo lo que se ha gastado con ese ob- 
jeto en los últimos veinticinco años. 

En el tripe, el progreso es continuado hasta el quinquenio 1886- 
1890 en que los despachos exceden de medio millón de metros por 
un lado, y de treinta y dos mil metros cuadrados por otro. Hay 
descenso en el quuiquenio 1891-1895 y reacción en el último, 
aunque sin reconquistarse todo el terreno perdido ó desandado. 

Los vagones oscilan de una manera más desfavorable para la 
corriente de importación. Cinco vagones fueron introducidos en 
1875-1880, y de progreso en progreso alcanzan los despachos la 
alta cifra de 332. En seguida se inicia un descenso sin reacción al- 
guna, que lleva los despachos á 72 en el quinquenio 1891-1895 y 
á 50 en el quinquenio 1896-1900. Tal baja débese exclusivamente 
á la industria nacional, que ya se encuentra habilitada para fa- 
bricar el artículo en condiciones ventajosas, dentro de las elevadas 
tarifas aduaneras naturalmente. 

Bajo el rubro <". libres de derecho » figuran artículos muy 
variados, que por razón de privilegios concedidos á empresas pro- 
tegidas, ó estar exentos de todo tributo ó consignarse á las le- 
gaciones, nada pagan en la aduana. En el quinquenio 1886-1890 y 
en el subsiguiente presentan cifras bien poco importantes. Es re- 
cién en el quinquenio 1896-1900 que se destacan en la estadística 
con cerca de cuatrocientos mil pesos de entrada. Hay que observar 
que con la misma denominación de « libres de derecho » hay otro 
rubro de mucha mayor importancia en nuestra estadística adua- 
nera, que no examinamos aquí en razón de que corresponde á la 
categoría de materias primas, materiales y máquinas, de que ten- 
dremos que ocuparnos en uno de los capítulos siguientes. 

TEJIDOS 

Figura la arpillera en el quinquenio 1875-1880 bajo forma de 
metros y en los subsiguientes bajo forma de kilogramos, de impo 
sible comparación. Limitando el examen á los demás períodos, re- 
sulta un progreso constante que permite duplicar con exceso los 



LAS IMPORTACIONES 



despachos, pasándose de la cifra de cinco millones escasos de ki- 
los que constituyen la entrada del quinquenio 18S1-1885 á la de 
diez millones largos de kilos que constituyen el despacho "del quin- 
quenio 1896-1900. Del punto do vista del valor de aforo, la im 
portación de este último quinquenio fué de un millón cuatrocientos 
mil pesos, guarismo revelador de los progresos realizados por el 
país en la confección de bolsas para la venta y exportación de sus 
productos. El legislador tuvo el buen tino de reducir, desde el año 
1894, al diez por ciento el derecho de veinticinco por ciento que 
antes pagaba la arpillera en piezas. 

Por la misma circunstancia sólo pueden compararse los cuatro 
últimos quin(juenios de la importación de bayeta. El descenso es 
constante hasta 1891-1895, cerrando el quinquenio 1896-1900 
con una pequeña reacción que arroja 102,000 kilos, contra 138,000 
obtenidos quince años antes. 

El brin ha sido objeto de nuevas clasificaciones aduaneras, te 
nióndose en cuenta la materia prima que ha servido para su con 
fección, y sólo figuran bajo ese nombre los datos relativos al 
quinquenio de 1875-1880 que daban un despacho de 450,000 
pesos. 

En las entradas de casimir, el progreso es constante en los pri- 
meros quinquenios, obteniéndose en 1886-1890 un millón sete 
cientos mil kilos aforados en tres millones seiscientos mil pesos. 
En 1891-1895 bajan los despachos á un millón y medio de kilos. 
Pero cierra el quinquenio 1896-1900 con una reacción vigorosa 
que lleva las entradas á un millón ochocientos mil kilos. La fabri 
cación nacional de paños de lana, que se ha desarrollado fuerte- 
mente desde el año 1901, ha de contener esos progresos, redu- 
ciendo los despachos sensiblemente. 

La franela sigue oscilaciones parecidas, aunque mucho más acen- 
tuadas en el sentido del ensanche del mercado de consumo. Sube 
durante los primeros quinquenios hasta alcanzar la cifra de 
230,000 kilos en 1886-1890. Baja fuertemente en 1891-1895, 
pero en 1896-1900 iniciase una reacción extraordinaria que hace 
aproximar los despachos á un millón de kilos. 

De todos los tejidos que despacha nuestro comercio de impor- 
tación los de más alta ?ign¡<^icación econ(^mica son los d. algodón. 



74 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



Figumn siiniiltáneamente en metros y en kilogramos, resultando 
en los primeros una disminución considerable, que corresponde á 
la transformación del dato estadístico en kilos. Comparando los 
kilos, resulta que la importación fué de nueve millones en 1881- 
1S85 y de más de trece millones en 1891-1895. Parecería que el 
progreso del consumo quedó detenido en el quinquenio 1896-1900, 
pero hay que observar que precisamente en ese (¡uinquenio au- 
menta la importación de metros de algodón y que las columnas de 
valores, hechas las sumas correspondientes, demuestran que el 
progreso tampoco se detiene y que dicho período, como los ante- 
riores, traduce el crecimiento de la población y, por consiguiente, 
de sus consumos. En el último quinquenio, el valor de aforo de los 
algoíbues despachados excedió de la elevadísima cifra de once 
millones de pesos. 

Mucho más modestos son los guarismos relativos á la importa- 
ción de géneros de hilo. El nivel más alto fué alcanzado en el 
quinquenio 1886-1890, con 760,000 kilos y 204,000 metros afora- 
dos unos y otros en setecientos sesenta mil pesos. Hubo baja en 
el quinquenio 1891-1895 y reacción favorable en el último, 
manteniéndose el valor despachado alrededor de seiscientos mil 
pesos. En los géneros de hilo con mezcla, el quinquenio 1896 1900 
señala un fuerte progreso sobre todos y cada uno de los períodos 
anteriores. 

Los géneros de lana, que se despachan por metros, manifiestan 
retroceso ó por lo menos estacionamiento. El movimiento del 
quinquenio 1875-1880, se aproxima á un millón trescientos mil, 
mientras que el quinquenio 18961900 no alcanza á cerrar con un 
millón cien mil metros. En la columna de los kilos, obsérvase ten 
dencia de alza hasta 1886-1890 y luego estacionamiento y re- 
troceso. Ya ha empezado á surtir efectos la desastrosa competencia 
de la producción nacional, favorecida con derechos muy altos que 
le aseguran el monopolio del mercado para el género ordinario y 
medio fino. Los tejidos de lana con mezcla presentan una dismi- 
nución considerable. En la columna de los metros, el quinquenio 
1875-1880 se estrena con un despacho de cinco y medio millones 
de metros y después de un descenso continuado, cierra el quin- 
quenio 1896-1900, que es asimismo de reacción favorable, con 



LAS IMPORTACIONES 75 



menos de dos millones seiscientos mil kilos, cifra que ni si((uiera 
alcanza á la mitad de lo despachado veinte años antes. En la 
columna de los kilos, las cantidades son de poca monta y no alte- 
ran el alcance de esas oscilaciones. 

La lona va en progresión creciente hasta el quinquenio 1886- 
1890, en que el despacho excede de ochocientos mil kilos; retrocede 
en el quinquenio subsiguiente; y aunque realiza una pequeña reac* 
ción en 1896-1900, anotando un despacho de setecientos mil kilos, 
quedan todavía lejos los niveles obtenidos diez años antes. La 
loneta, en cambio, crece rápidamente en todos los quinquenios, sin 
solución de continuidad, desde la cifra de 144,000 kilos en 1875- 
1880, hasta la de 380,000 en el quinquenio 1896-1900. 

Ha desaparecido de la estadística aduanera la denominación de 
merinos, clasificándose los tejidos en ella comprendidos sobre la 
base de la materia prima predominante. En el quinquenio 1875- 
1880, único en que figura, la importación se aproximó á cuatro- 
cientos mil pesos. 

El paño desciende constantemente en los primeros quinquenios. 
En el último reaccionan los despachos á 450,000 kilos, cifra dis- 
tante asimismo de la de 600,000 kilos obtenida en el quinquenio 
1881-1885 y de las del quinquenio 1875-1880, que aunque 
expresada en metros, arroja un valor ofícial de un millón de 
pesos, no ultrapasado en ninguno de los períodos. Desde el 
año 1901, la fabricación nacional de paños hace una competencia 
vigorosa al artículo similar extranjero, que disminuirá sin duda al- 
guna la cifra de los despachos en adelante. 

Los tejidos de seda tienen escasa importancia en la estadística 
aduanera. La cantidad despachada sube á 16,000 kilos y á 
23,000 metros, aforados en conjunto en trescientos mil pesos 
durante el quinquenio 1886-1890; pero en seguida quedan estacio- 
nados los despachos en once mil kilos y diez mil metros, todo lo 
cual representa al año de doscientos quince á doscientos cuarenta 
mil pesos, suma bien pequeña para la población de la república, 
que pone de manifiesto el error de gravar con elevadísimos dere- 
chos un artículo de mucho valor en pequeño volumen, susceptible 
de ser fácilmente contrabandeado. Los tejidos de seda con mezcla 
progresan hasta el quinquenio 1886-1890 en que alcanzan el lími- 




76 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 

te de 600,000 kilos por un lado y de diez y siete rail metros por otro^ 
representativos de un valor de aforo de cuatrocientos cincuenta 
mil pesos. Después de un fuerte descenso, clévanse los despachos 
del quinquenio 1896-1900 á 700,000 kilos y á 14,000 metros, que 
suman en conjunto un valor oficial de cuatrocientos veinte mil 
pesos que se aproxima al del quinquenio 1886-1890. 

MATERIALES PARA INDUSTRIAS 

Durante el quinquenio 1875-1880, el despacho de alambre para 
cerco fué de cuarenta millones de kilos y se aproximó á setenta y 
siete millones en el quinquenio 1881-1885. En los períodos sub 
siguientes no fué posible mantener esos niveles, siendo el desi)acho 
de cuarenta y seis millones en 1886-1890, de cincuenta y dos 
millones en 1891-1895 y d^ treinta y siete millones en 1896-1900- 
El valor oficial del alambre de cercos importado durante los 
veinticinco años supera la alta cifra de catorce millones pesos 
y da idea del esfuerzo realizado para separar y cercar los campos 
antes confundidos. El código rural, que estableció la medianería 
de cercos obligatoria, la ley de aduana que eximió al alambre de 
todo impuesto, y las cuotas diferenciales establecidas por la ley do 
contribución directa, recargando los campos abiertos con el uno 
por mil, la valorización de los campos y los progresos de la gana- 
dería, son los factores de esa importación activísima, de efectos 
tan trascendentales para la campaña, como que deslindó propieda- 
des sujetas á continuos avances, hizo más sedentaria la vida de la 
población rural, suprimió millares de pequeñas poblaciones levan- 
tadas en el campo libre y fuente de constantes pleitos y robos, y 
abarató los gastos de estancia mediante la reducción de las peona- 
das. Hasta en la política tuvieron saludable repercusión los alambra- 
dos, levantando barreras insalvables tí las montoneras y guerras de 
recursos y consolidando la paz de la repriblica sobre bases finnest 
pues cerradas las estancias, la persecución resultaba fácil y 
rápida. Desgraciadamente, como totlo gran progreso, tenía que 
producir y produjo males pasajeros que todavía no han sido repa- 
rados. Dejó sin trabajo y sin medios de vida á millares de peones 
y simples agregados quefueron arrastrados á la Argentina y al 



LAS IMPORTACIONES 77 



Brasil ó que llevan una vida miserable en los suburbios de los 
pueblos 6 en el campo miemo con grave peligro para el estan- 
ciero. Conversando hace tiempo con un viejo paisano, le pregun 
tamos cómo andaban los intereses de su departamento. Ah! nos 
contestó, desde que se construyeron los alambrados y anda el 
ferrocarril, todo está arruinado para nosotros los paisanos, que 
no entendemos nada de agricultura ni de fábricas y que sólo sabe- 
mos picar bueyes y cuidar el ganado. La miseria, que antes no se 
conocía en campaña, agregó, nos tiene hoy tristes á todos. Y es 
la verdad. Y también lo es, que nuestras autoridades han incurrido 
en una lamentable omisión al no extender su mirada á esa pobla 
ción nacional que hubiera podido servir de base á magníficas co - 
lonias, quebrando de una vez los hábitos nómades de nuestro 
gaucho y haciéndole sedentario en ese mismo instante en que la 
miseria le obligaba á trabajar de cualquier modo, arrancándolo 
bruscamente de su viejo campo de acción. 

I^as importaciones de carbón de piedra produjeron en el quin- 
quenio 1875-1880 cuatrocientas mil toneladas. Después de una 
baja en el segundo quinquenio, subieron fuertemente hasta exce- 
der el límite de quinientas mil toneladas en 1896-1900, sumando 
en los veinticinco años un valor oficial de veintidós millones de 
pesos en números redondos. Miís altos guarismos se habrían ob- 
tenido si nuestros legisladores hubieran declarado libre la impor 
tación de carbón, en vez de gravarla con un derecho ad-valorem 
del 6 ^/„, encareciendo el artículo para el consumo y dificultando 
la reexportación. De acuerdo con el régimen vigente hasta 1 900, 
si un barraquero desembarcaba diez mil toneladas de carbón y lue- 
go vendía á buques que pasaban por el puerto cinco mil toneladas, 
la aduana devolvía los derechos correspondientes á la partida 
reembarcada He aquí las cifras relativas al carbón reexportado 
en los últimos doce años, debiendo prevenir que desde el mes de 
mayo del año 1900 cesó, por resolución simplemente administra- 
tiva, el régimen del draiv-bark. El cuadro nos ha sido facilitado 
por la dirección general de aduanas. 



78 



COHEBCIO BXTEBIOB EgPECUt. 



aS»is 



1890 
1891 
1892 
1893 
1894 
1895 
1896 
1897 
1898 
1899 
1900 
1901 



llffPORTA- 
CIÓS 



DERECHOS 



Toneladufl fW e. tonePda 



DEVOLUCIONES POR 
KXPORTACI<»N 



I 



Toiielatlas 



Dent'hos 



DESPACHO AL CONSCMO 



Tonrladas 



Dí'rethos 



95,667 i 

88,132 I 

77,014 I 

72,309 I 

129,872 ! 

114,8511 

103,583 i 

73,444 I 

94,560 I 

131,728 

106,915 

112,721 '■ 



$ 57,400 
^ 52,879 
» 46,208 
» 43,385 ; 
. 77,923 I 
•^ 68,910 I 
>^ 62,150 ¡ 
^ 44,066 : 
» 56,736 ; 
^ 79,037 1 
64.149 ' 
: 67,633 I 



18,181 
38.130 
24,283 
17,488 
33,061 
42,096 
51,242 
18,633 
2,802- 
2,665 



10,908 
22.878 
14,570 
10.493 
19,837 
25.258 
30,745 ¡ 
11,180, 
1.680, 
1,599 



77,486 .? 

50,002 : » 

52,731 U 

54,821 u 

96,8111» 

72.755 : " 

52,341 I» 

54,811 '* 

91,758 ¡ - 

129,063 ¡» 

106.915 » 

112.721 > 



46,492 
.30,001 
31.638 
32,892 
58,086 
4;J,653 
31.405 
32,886 
5,5,055 
77,438 
64.149 
67.633 



Reconocemos que la práctica del draiv-bnek era iucoiivenieute 
para el barraquero importador y para la aduana. Para el importador, 
porque le obligaba á inmovilizar durante una semana, un mes 6 
un año capitales con los que podría ensanchar el propio giro de la 
barraca. Para la aduana, porque es muy difícil fiscalizar los re- 
embarcos, operaciones rápidas que muchas veces no dan tiempo 
para pesar las bolsas, pudiendo ocurrir que; los permisos por mil 
toneladas se cumplan embarcando novecientas 6 menos todavía. 
Pero al eliminarlo ha debido irse á la supresión del derecho de 
importación, no sólo porque la sociedad entera está vivamente inte- 
resada en que se difunda el consumo de un producto de tan alto al- 
cance económico, sino también como medio de estimular el esta 
blecmiiento y la prosperidad de las estaciones carboneras en el 
puerto de Montevideo. 

La cebada fermentada aumentó rápidamente desde medio millón 
de kilos en el quinqueni) 187.5-1880 hasta tres y medio millones 
en el quinquenio 1886-1890. En los quinquenios subsiguientes 
hubo baja fuerte, quedando finalmente reducidos los despachos 
en 1896-1900 á poco más de un millón de kilos. 

En baldosas y tejas, el progreso de los primeros quinquenios 
llega á su máximum de desarrollo con el guarismo de setecientos 



I 



LAS IMPORTACIONES 79 



veinte mil pesos, valor oficial de los despachos en 1886-1890. El 
quinquenio 1896-1900, ha cerrado con trescientos mil pesos, gua- 
rismo algo más bajo que el obtenido en el período 1875-1880. Ha 
tomado ya un desenvolvimiento considerable la fabricación de 
baldosas en el país, y íí la competencia que ella promueve debe 
y puede atribuirse el descenso de las importaciones. 

Durante el quinquenio 1875-1880 se despacharon cerca de 
cincuenta mil durmientes y más de medio millón en el quinque- 
nio 1886 1890. Despulís de un fuerte descenso, la importación del 
quinquenio 1896-1900 arroja un movimiento de doscientas mil 
piezas. 

En el rubro de hierro y acero, que abarca hierro en barras y 
planchas y galvanizado para techos, el ensanche es continuado en 
los primeros quinquenios, subiendo los despachos desde trece 
millones de kilos, eii el período 1875-1880, hasta cuarenta y 
seis millones en 1886-1890. En el último quinquenio se aproxi- 
man á treinta y tres millones de kilos aforados en un millón 
novecientos mil pesos. 

La hojalata despachada simultáneamente por cajones y por ki- 
los, de 1875 á 1885 y simplemente por kilos después, llega á su 
máxinmm de desarrollo en el quinquenio 1881-1885, con un des- 
pacho de cuatrocientos cincuenta mil pesos, y decae en los sub- 
siguientes, despachándose en el quinquenio 1896-1900 alrededor 
de tres y medio millones de kilos por valor de trescientos cincuen- 
ta mil pesos. 

Los despachos de madera de pino han sido anotados en pies y 
en metros cuadrados. En cl quinquenio 1886-1890, la entrada fué 
de catorce y medio millones de metros cuadrados, aforados en 
cuatro millones doscientos mil pesos. Ese altísimo nivel no pudo 
ser mantenido, reduciéndose la importación á cinco y medio millo 
nes en el quinquenio 1891-1895, y á cerca de nueve millones de 
metros cuadrados en el quinquenio 1896-1900, aforados estos úl- 
timos en dos y medio millones de pesos. 

Las plantillas de alpargatas arrojan la cifra más alta de tres- 
cientos setenta mil docenas en el quinquenio 1886-1900, y des- 
cienden al mezquino nivel de tres mil docenas y pico al cerrarse el 
quinquenio 1896-1900, bajo la presión de las fábricas nacionales 




80 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 

que han conseguido ya monopolizar casi totalmente el mercado 
interno. En vez de trescientos cuarenta mil pesos pagados en el 
primero de esos períodos, pag<5 el país alrededor de tres mil pe- 
sos en el 61 timo. 

Los rieles se aproximan á treinta y cinco millones de kilos en 
el quinquenio 1886-1890, y no alcanzan el nivel de un millón y 
medio de kilos en el quinquenio 1896-1900, representando en los 
25 años que examinamos un valor de aforo de cerca de tres mi 
llenes de pesos. 

I^a sal común, materia prima de que se valen los saladeros, se 
mantiene al mismo nivel, con pequeñas oscilaciones, en los cinco 
quinquenios, habiéndose despachado en 1875-1880 algo más de 
un millón setecientos mil hectolitros, y en 1896-1900 cerca de 
dos millones de hectolitros. Las entradas de los 25 años represen 
tan un valor oficial de cerca de cinco millones de pesos. 

La importación de tierra romana y portland que fué de once y 
medio millones de kilos en 1875-1880, subió hasta cincuenta y 
un millones en 1886-1890, y se redujo a' veintisiete millones 
aproximadamente en 18961900. El valor oficial de los cinco 
quinquenios pasa de dos millones de pesos. 

Los tirantes y columnas de hierro, que excedieron de veinte mi 
llones de kilos en el quinquenio 1886-1890, represent¿itivos de 
cerca de un millón de pesos, sólo figuran en 1896-1900 por nueve 
millones de kilos. 

Los artículos libres de derechos de este rubro de materias pri- 
mas, materiales para la industria y máquinas, se aproximan á cua- 
tro millones de pesos en el quinquenio 1886-1890, y no alcanzan á 
tres millones en el quinquenio 1896-1900. sumando en los veinti- 
cinco años cerca de doce millones de pesos. 

MAQUINAS Y HERRAMIENTAS 

Entre los instrumentos agrícolas, hemos anotado aparte los ara- 
dos que alcanzan su más alto nivel en el quinquenio 1881 1885, 
con la entrada de cuarenta y cinco rail piezas. Luego descien- 
den y quedan estacionarios, aproximándose el despacho de 1896- 
1900 á treinta y ocho mil arados. El valor oficial de los arados in- 



LAS IMPORTACIONES 81 



troducidos en los veinticinco años es de un millón y medio de pesos. 
Las otras herramientas y máquinas agrícolas alcanzan su mayor 
desarrollo en el quinquenio 1 89 T 1895, con el guarismo de un mi- 
llón doscientos mil pesos, limitándose la entrada en el quinquenio 
1896 1900 á setecientos mil pesos. En los veinticinco años, algo 
más de tres y medio millones de pesos. 

En el rubro de las demás industrias, hemos colocado aparte las 
máquinas de coser. Corresponde el mayor nivel al quinquenio 
1881-1885, con el despacho de veintinueve mil de esos ins- 
trumentos tan ligados al trabajo de ropa hecha y confecciones, 
que hemos examinado anteriormente. En el quinquenio 1896-1900 
la entrada fué de veintiún mil máquinas. El valor oficial de las 
máquinas de coser despachadas en los cinco quinquenios excede 
de un millón y medio de pesos. En otras máquinas de diversas in- 
dustrias, la importación en los veinticinco años ha sido de más de 
tres millones, y en herramientas y Titiles de un millón. 

GANADO EN PIE 

La importación de ganado vacuno ha obtenido su más alto des- 
arrollo en el quinquenio 1896-1900 con la entrada al país de cer- 
ca de un millón de cabezas, representativas de un valor oficial de 
más de siete millones y medio de pesos. Como puede verse en 
nuestro cuadro recapitulativo, las importaciones han ido ensan- 
chándose rápidamente desde el quinquenio 1875-1880, en que la 
entrada fué de poco más de seis mil cabezas hasta la alta cifra que 
acabamos de reproducir. Débese ese incremento considerable de 
las importaciones al aprovechamiento de la materia prima extran- 
jera por los saladeros orientales, y al desenvolvimiento de la in* 
dustria de invernadas. Los saladeros del litoral matan regulares 
cantidades de ganado de Entre-Ríos y Corrientes, y á su tumo los 
estancieros de aquella zona y del norte de la república compran 
animales flacos en la Argentina y en el Brasil y los engordan aquí 
para revenderlos á los establecimientos saladeriles ó para el con- 
sumo de la población. 

En las importaciones de ganado yeguarizo y caballar se observa 
también un progreso muy sensible que eleva las entradas, desde la 



82 COMERaO EXTERIOR ESPECIAL 



pequeña cifra de 364 animales, que corresponde al quinquenio 
1875-1880, hasta la de 55,000 cabezas que corresponde al quin- 
quenio 1896-1900. 

En las importaciones de ganado lanar, la entrada que fué de 
818 cabezas en el quinquenio 1875-1880, alcanza su máximum de 
desarrollo en el quinquenio 1891-1895 con la cifra de setenta y 
cinco rail cabezas. En el quinquenio 1896-1900 la importación fué 
de cincuenta y dos mil animales. 

Durante los veinticinco años, el valor de los animales importa- 
dos excede de catorce milloner. de pesos, sin contar los ani- 
males finos reproductores, que recién figuran aparte desde el año 
1898 y que ascienden en ese año y en 1899 y 1900 á tres mil 
ciento nueve, aforados en doscientos ochenta mil pesos aproxima- 
damente. Las fuertes corrientes de importación que acabamos do 
analizar y que tanta acentuación tienen e;i el último quinquenio, 
prueban que los mercados próximos de la Argentina y de Río 
Grande llenan una fuerte demanda, sólo compensada en los últi- 
mos años por las exportaciones de animales ovinos, según lo de- 
muestra este pequeño cuadro comparativo de las cabezas import^i- 
das y exportadas : 



Quinquenios 


(lanndo vacuno 


Oanadc 


> oquino 


Ganado ovino 




Importado Exportado 

6344 453,281 


Importado 


Exportado 

15,928 


Importado Exportado 


1875-1880 


364 


818 79,782 


1881-1885 


26,423 356,159 


7,054 


25,348 


1,227 435,282 


1886-1890 


108,796 206,064 


5,441 


25,952 


19,994 289,010 


1891-1895 


565,168 474,065 


19,619 


72,054 


75.089 483,699 


1896 1900 


968,872 358,817 


55,189 


48.005 


52,566 866,291 



UATOfi COMPARATIVOS 

En el cuaderno IV de la oficina de estadística se hace la siguiente 
comparación entre el término medio de las unportaciones durante 
los años 1862 y 1864 y el año 1872, que nosotros ampliaremos 
agregando en una nueva columna los datos de 1900, con la pre- 
veaclón de que en este último la cifra relativa rf artículos «no espe 
cifícados» corresponde á ganado en pie : 



LAS IMPORTACIONES 83 



im2 j 1864 

Vinos y bebidas 1:270,138 2:736,580 2:363,567 

Comestibles, etc 1:415,778 3:247,190 4:957,751 

Tabacos y cigarros . . . . 261,272 548,355 210,421 

Tejidos 2:038,392 3:463,386 4:106,063 

Ropa hecha y blanca, confec- 
ciones 480,602 2:264,416 1:302,443 

Materiales 552,186 2:218,567 7:253,877 

Varios artículos 994,740 2:476,051 2:774,125 

No especificados .... 725.595 2:512,587 1:009,959 

7:738,703 19:467,132 23:978,206 

Comentando Mr. Vaillant un artículo de Laveleye acerca de la 
suba de los precios, como consecuencia de la disminución operada 
en el valor de los metales preciosos, establece que en el Río de la 
Plata ha duplicado el precio de la carne en un lapso de tiempo de 
30 años, y que los demás productos ganaderos han aumentado en 
la siguiente proporción : cueros vacunos secos, la pesada, $ 2.80 
en 1847 y $ 4.10 en 1867 ; cueros vacunos salados, la pesada, 
§ 3.40 en 1847 y 5.10 en 18()7 ; cerda mezcla, quintal, 12 pesos 
en 1847 y 17 pesos en 1867. 

FLUCTUACION'ES DE í>OS CUEROS 

De los cuadros gráficos formados por la casa exportadom La- 
gemann y C.^, tomamos los siguientes precios por cien kilos de 
cueros salados de novillo y de vaca : 



Faenas 




Cueros de novillo 






Cueros du 


vaca 

á 




1877-78 


de 


$ 19.35 d 


22.76 


de $ 


17.08 


19.64 


1878 79 


» 


» 19.64 » 


21.34 


» » 


17.93 


» 


19.35 


1879 80 


* 


» 21.62 » 


23.9C 


» » 


21.34 


» 


23.90 


1880 81 


» 


» 20.49 > 


22.48 


» » 


19.35 


» 


20.20 


1881 82 


» 


» 19.92 » 


21.90 


» :» 


19.64 


» 


21.05 


1882 83 


» 


» 21.34 » 


22.76 


> » 


19.92 


» 


21.05 



F 




84 



COHERaO EXTERIOB ESPECUL 



Faona.H 




CtieroH de novillo 








Cueros de 


vaca 




1883-84 


de 


$ 


20.77 


á 


22.76 


de 


$ 


18.21 


á 


20.77 


1884-85 


» 


> 


20.49 


* 


22.19 


» 


» 


17.08 


» 


20.77 


1885 86 


» 


» 


16.23 


» 


19.64 


- 


» 


15.66 


» 


19.92 


1886 87 


» 


» 


17.93 


» 


21.34 


» 


» 


17.93 


» 


21.34 


1887 88 


» 


» 


13.10 


» 


16.23 


» 


» 


12.80 


» 


18.50 


1888 89 


» 


> 


15.09 


» 


16.51 


» 


» 


13.39 


» 


16.51 


1889 90 


» 


» 


15.37 


» 


18.21 


» 


» 


12.80 


» 


16.80 


1890-91 


» 


» 


15.37 


» 


18.21 


;^ 


» 


11.38 


» 


15.09 


1891 92 


» 


» 


13.39 


» 


15.37 


> 


» 


11.09 


» 


13.67 


1892 93 


» 


» 


14.81 


> 


16.80 


* 


» 


10.81 


» 


14.81 


1893 94 


» 


» 


14.20 


» 


16.00 


)> 


,"» 


9.10 


» 


13.00 


1894 95 


» 


A 


15.25 


» 


23.00 


» 


> 


12.00 


» 


22.00 


1895 96 


» 


» 


17.00 


> 


24.00 


» 


» 


15.00 


» 


22.00 


1896 97 


» 


» 


15.75 


» 


18.50 


» 


» 


16.00 


» 


18.00 


1897-98 


» 


>s 


17.50 


» 


21.25 


» 


» 


17.75 


» 


21.50 


1898 99 


» 


» 


17.25 


» 


19.25 


» 


» 


17.00 


» 


20.00 


1899-1900 


» 


» 


18.00 


» 


24.00 


» 


» 


18.00 


» 


24.00 


1900 1901 


> 


» 


17.50 


» 


19..Ó0 


^ 


» 


17.75 


» 


20.25 



Comercio de Importaetón 



(Mío flgtinuí los artículos que en algún afio por lo meaos exceden de cien mil pesos. En el 
quinquenio 1876-lSSO, no ngura el aflo 1876) 



CANTIDAD 



VALOR 



Aguardiente, litros, (in- 
cluida la caña en el 
quinquenio 1891-1895) 



Bítter, docenas de bote- 
llas 



Bítter, litros. 



Cafia, litros (en el quin- 
quenio 1891-1895, fi- 
gura bajo aguardientes) 



BEBIDAS 

'1875-1880 
> 1881-1885 
1886-1890 
* 1891-1895 
,1896-1900 

'1875-1880 
1881-1885 
' 1886-1890 
'1891-1895 
,1896-1900 

' 1875- 1880 
^ 1881-1885 
1886-1890 
' 1891-1895 
i 1896-1900 

' 1875-1880 

1881-1885 

'1886-1890 

' 1891-1895 

1896-1900 



/ 1875-1880 

n j j u * k 1881-1885 
Cerveza, docena de bote- i . r¡^r, ■. onn 

""* / 1891-1895 

\ 1896-1900 



5:605,439 
6:053,563 
3:118,036 
12:197,862 
1:345,985 

61,030 
95,135 
53,058 



4,146 

4,226 

815,704 

710,817 

797,240 

11:583,416 
10:231,751 
10:622,759 

4:311,249 

141,930 

204,592 

88,396 



686,967 
761,741 
351,388 
979,818 
108,663 

258,310 
503,735 
282,781 



1,342 

1,353 

360,956 

318,923 

357,699 

1:206,322 
955,263 
880,717 

344,900 

217,968 
438.356 
221,649 



COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



Cerveza, litros 



Cognac, docenas de bote- 
Uae 



Cognac, litros 



Vino en cascos, litros. 



1875-1880 
1881-1883 

'l 886-1890 
1891-1895 

,1896-1900 

/ 1875-1880 
11881-1885 
' 1886 1890 
/ 1891-1895 
\ 1896-1900 

1875-1880 
1881-1885 

'1886-1890 
1891- 1895 

,1896-1900 

1875-1880 
1881-1 8.S5 
1886-1890 
1891 1895 
1896-1900 



CANTIPAD 



VAIXJB 



120.240 

;^ 9(1,432 

1:469,725 

174,465 

107,601 

31,337 
43,913 

25,378 



354,294 
256,538 
909.911 
643,768 
595,471 

107:305,879 
110:371,272 
136:335,203 
100:786,822 
89:986,610 



23,392 

85,633 

298,299 

34,442 

34,478 

115,958 
221,651 
143,417 



69,071 

88,755 
396,440 
296,113 
272,583 

8:312,969 
13:373,037 
16:846,281 
12:347,150 
10:798,392 



COHESTIBI£S, CEREALES Y ESPECIAS 



Aceite olivo, kilc^ramos. 



Aceite olivo, litros . 



Aceite de algodón, kilos. 



/ 187 .5-1 880 


7:038,074 


1:974,177 


11881-1885 


6:802,165 


2:032,483 


h 886-1 890 


9:065,987 


2:678,061 


/ 1891-1895 


6:459,360 


1:937,724 


\ 1896-1900 


4:834,351 


1:450,304 


/ 187.5-1 880 
11881-1885 
1 1886-1890 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


1891-1895 


34,063 


13,185 


\ 1896-1900 


— 


— 


; 1875-1880 
11881-1885 
{ 1886-1890 


36,066 


4,953 


95,547 


12,972 


114,399 


14,224 


/ 1891-1 895 
\ 1896-1900 


2:405,529 


350,618 


4:037,060 


544,980 



LAS IMPOSTACIONES 



87 



CAjnTDAD 



VALOK 



Arroz, kilogramo 



1875-1 «80 
1 1881-1885 
!l 886-1 S90 
|l891-18!í5 
[ 1896-1900 



Arroz cou cascara, kilos. 1896-1900 



Azúcar, kilogramos 



Azúcar refinado, kilos . 
Azúcar sin refinar, kilos. 



Café, kilogramos 



Especias 



Fariña, kilogramos. 



Harina trigo, kilogramos. 



1875-1880 

1881-1885 

1886-1890 

'1891-1895 

,1896-1900 

1896-1900 
1896-1900 

1875-1880 
1881-1885 
1886-1890 
1891-1895 
.1896-1900 

1875-1880 

1881-1885 

1886-1890 

'1891-189.5 

,1896-1900 

,' 1875-1880 
i 1881-1885 
' 1886-1890 
/ 1891-1895 
1 1896-1900 

'1875-1880 

, 1881-1885 

1886-1890 

1891-1895 

11896-1900 



17:757,642 
20:288,760 

21:858,101 
19:456,181 

1 8:584 ,fi71 

3:539,283 

46:655,874 
57:770,418 
69:128,442 
69:297,340 

19:460,650 

¡59:532,273 

3:101,365 
4:525,490 
5:349,368 

4:821,100 
5:274,881 



11:003,098 
15:561, .551 
11:4.55,288 
10:258,523 
12:080,960 

9:266,652 
942,904 

7:051,787 

780,589 

14,700 



1:428,964 
1:^78,942 
1:982,619 
1:748,030 
1:672,620 

145,927 

5:879,064 
7:951,324 
7:007,489 
6:561,112 



1:946,065 
5:3.^7,904 

769,085 
1:164,399 
1:283.909 
1:1.%,899 
1:265,969 

278,769 
.^140,5 16 
682,367 
852,231 
626,894 

545,490 
667,308 
457,270 
410,608 
483,238 

573,893 
85,813 

541,167 

57,670 

1,175 



88 



COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



CANTIDAD 



VALOR 



Maíz, kilogramos 



Papas, kilogramos . . 



Quesos, docenas 



Quesos, kilogramos 



•f 



ias / 



Sardinas, docenas de cajas 



\ 
Sardinas, kilogramos . . ^ 



Trigo, kilogramos . . 



Yerba-mate 



875-1880 


1:189,281 


60,074 


881-1885 


3:603,730 


119,962 


[886-1890 


4:522,250 


115,119 


L891-1895 


200,186 


4,411 


1896-1900 


25:424,502 


387,144 


L875-1880 


1:605,673 


68,608 


[881-1885 


6:012,789 


289,505 


886-1890 


9:706,148 


435,394 


[891-1895 


21:232,736 


957,545 


18961900 


29:116,409 


1:310,194 


1876-1880 


17.515 


147,693 


1881-1885 


23,988 


191,664 


L886-1890 


4,307 


38,756 


[891-1895 


— 


— 


[896-1900 


— 


— 


.875-1880 


612,470 


225,469 


.881-1885 


854,111 


356,748 


[886-1890 


1:165,093 


476,726 


[891-1895 


471,804 


193,430 


[896-1900 


384.223 


157,529 


[875-1880 


49,984 


164,457 


[881-1885 


36,123 


127,030 


886-1890 


— 


— 


[891-1895 


— 


— 


[896-1900 


— 


— 


[875-1880 


93,720 


5,785 


[881-1885 


339,388 


115,682 


[886-1890 


874,221 


360,821 


[891-1895 


367,338 


153,662 


896-1900 


581,611 


224,508 


875-1880 


5:094,926 


324,630 


l881-1885 


10:601,522 


641,023 


886-1890 


58:276,339 


3:417,726 


[891-1895 


3:215,062 


105,852 


896-1900 


473,234 


13,995 


875-1880 


23:553,733 


3:305,003 


881-1885 


29:487,497 


3:474,915 


886-1890 


31:587,678 


3:199,524 


891-1895 


39:010,300 


3:911,603 


896-1900 


42:531,479 


4:253,1*8 



LAS IMPORTACIONES 



1886-1890 
Yerba-mate sin elaborar. J 1891-1895 

f 1896-1900 



CANTIDAD 



155,646 , 

131,166 

32,585 



VALOR 



9,345 
8,512 
1,955 



TABACOS Y CIGARROS 



Cigarros de hoja^ unidades 



Cigarros de hoja, kilos 



Tabaco de hoja, kilos 



Tabaco negro 
kilogramos 



en rama, 



Alpargatas, docenas 



Calzado, docenas 



1875-1880 


22:956,000 


182,526 


1881-1885 


— 


— 


1886-1890 


— 


— 


1891-1895 


— 


— 


1896-1900 


— 


— 


1875-1880 


62,722 


70,330 


1881-1885 


321,702 


312,885 


1886-1890 


381,003 


525,761 


1891-1895 


26,988 


62,191 


1896-1900 


105,080 


152,304 


1875-1880 


2:271,271 


619,986 


1881-1885 


2:848,951 


641,107 


1886-1890 


3:444,376 


761,449 


1891-1895 


2:479,197 


783346 


1896 1900 


3:312,632 


814,440 


1875-1880 


3:337,045 


1:537,022 


1881-1885 


3:365,629 


1:349,927 


1886-1890 


3:205,349 


1:290,226 


1891-1895 


934,633 


383,158 


1896-1900 


136,618 


56,017 


lUTICÜLOS { 


30NFECCI0NAI1 


os 


1875-1880 


36,660 


74,530 


1881-1885 


7,482 


16,022 


1886-1890 


2,906 


6,558 


1891-1895 


2,087 


4,393 


1896-1900 


980 


2,059 


1875-1880 


111,790 


1:070,422 


1881-1885 


59,413 


434,946 


1886-1890 


26,144 


161,786 


1891-1895 


8,658 


55,170 


1896-1900 


4,292 


34,930 



90 



COHEBCIO EXTERIOB ESPECIAL 





CANTIDAD 


VALOK 




( 1875-1880 


116,293 


645,135 




\ 1881-1885 


49,177 


345.462 


Camisas, docenas . . 


•í 1886-1890 


61,533 


467,870 




[1891-1895 


44,595 


331,325 




\ 1896-1900 


26,042 


191,906 




' 1875-1880 


70,044 


244,776 




\ 1881-1885 


87,391 


350,886 


Cambetas, docenas . 


.'.1886-1890 
f 1891-1895 


148,631 


641,877 




148,003 


636,372 




1896-1900 


116,565 


505377 




/ 1875 1880 


11 


206 




i 1881-1885 
. ' 1886-1890 


165 


2,690 


Camisetas, kilogramos. 


1,033 


20,040 




/ 1891-1895 


146 


2,861 




,1896-1900 


159 


3,180 




, 1875-1880 


103,675 


276,697 




11881-1885 


— 


— 


Cobertores, docenas . 


.h 886-1 890 
/ 1891-1895 
1 1896-1900 


— 


— 




— 


— 




— 


— 




/ 1875-1880 


41,307 


36,176 




1 1881-1885 


527,562 


461,231 


Cobei-tores, kilc^amos 


. 1886-1890 


723,899 


584,878 




/ 1891-1895 
\ 1896-1900 


621,521 


451,262 




790,669 


570,576 




,1875-1880 


657,854 


548,962 




( 1881-1885 


767,225 


645,183 


Medias, docenas . . 


. ) 1886-1890 


1:039,562 


1:008,537 




/ 1891-1895 


990,406 


957,397 




\ 1896-1900 


1:087,071 


1:025,984 




/ 1875-1880 










\ 1881-1885 


284 


4,794 


Medias, kilogramos. . 


. S 1886-1890 


632 


10,569 




f 1891-1895 


156 


2,851 




^ 1896-1900 


83 


1,561 









LAB IMPORTACIONES 


91 












CANTIDAD 


VALOR 



Pañuelos, docenas . 



Pañuelos, kilogramos 



Ponchos, unidades . 



Ponchos, "kilogramos 



Ropa hecha para hombres 
y niños, docenas. . . 



1875-1880 
\ 1881-1885 
n886-1890 

1991-1895 
' 1896-1900 

■1875-1880 
1881-1885 
1886-1890 
1891 1895 
1896-1900 

,1875-1880 
(1881 1885 
'1886-1890 
/l891 1895 
) 1896-1900 

1875-1880 
11881-1885 
■ 1886-1890 
f 1891-1895 
\1896 1900 

1875-1880 
1881-1885 
1886 1890 
1891-1895 
.189tíl900 



/ 1875-1880 

D k u k k 11881-1885 

ñopa hecha para hombres ) i oqíj i ggn 

y"""^*>« / 1891-1895 

, 1896-1900 

1875-1880 
Sombreros de paño para^ 1881 1885 
hombres y niños, doce- 1886-1890 ¡ 

ñas f 1891-1895 i 

\ 1896 1900 I 



597,354 
633,788 
720,906 
762,529 
804,100 

47 
25,488 
14,194 
13,444 
14,445 

14,139 



40,254 
160,461 
185,753 
159,992 

20,771 
11,000 
10,197 



650,373 

375,050 
489,705 
473,974 
477,021 

71 
227,345 
260,385 
212,174 
252,097 

32,923 



125,898 
440,822 
484,348 
406,685 

278,037 

86,537 

120,173 



— 


1,549 


— 


289 




17,587 


— 


89,397 


— 


45,867 


87,277 


609,685 


74,278 


580,837 


110,696 


937,129 


108303 


884,670 


102,321 


870,358 



92 



COMEBOIO EXfEBIOB KSPEaAL 



CAXTmAD 



VALOR 



Zapatillas y zuecos, doce- 
nas 



1875-1880 
i 1881-1885 
,188<i-1890 
[1891-1895 
[ 1896-1900 



32.972 
21,808 
10,073 
2,022 I 
1,1901 



OTROS ARTÍCULOS FABRICADOS 



Í 1875-1880 
1886-1890 
1891-1895 
1896 1900 



Carruajes, unidades 



' 1875-1880 
1881-1885 
' 1886 1890 
' 1891-1895 
, 1896-1900 



/ 1875-1880 

Camiajes (artículos para) í 1881 1885 

Ademds 129,205 pesos ^ 1 886-1890 

por ejes y resortes . . / 1891-1895 

\ 1896-1900 



Cristales y vidrios (artícu- 
los de) 



Cueros preparados. 



1875-1880 
1881-1885 
1886-1890 
1891-1895 
1896-1900 

1875-1880 
1881-1885 
1886-1890 
11891-1895 
1896-1900 



Drogas / 1875-1880 

11881-1885 

(Figuran aparte los artícu- 1 1886-1890 

los de farmacia) . • • / 1891-1895 

1 1896-1900 



216,263 

4:18.882 

729,135 

1:353,447 

1:524,467 

64 
138 
613 
165 
217 



175,059 

120,528 

51,930 

9,155 

6,352 



97,353 
219,501 
364,782 
676,694 
762,234 

13,326 
37,352 
187,252 
21,179 
22,255 

33,708 

121,944 

248,562 

25,159 

35,146 

347,925 
440,398 
683,078 
472,683 
471,290 

528,256 
669,519 
940,271 
539,087 
550,026 

666,247 
999,106 

1:449,609 
983,041 

1:099^96 



hÁB IMPOBTAOIOMS8 



93 



CANTIDAD 



VAMJlt 



1875-1880 

V a- \ 1881-1885 

Específicos para ovejas, ) . qq j, ^ qq^. 



kilogramos 



Ferretería (artículos de). 



Fósforos, kilogramos 



Fósforos, gruesas 



Hilo de coser, kilogramos. 



Hilo de coser, docenas de 
carreteles 



j 1886-1890 
1 1891-1895 
\ 1896-1900 

, 187.5-1880 
1H81-1885 

1 1886-1890 
1891 1895 
1896-1900 

1875-1880 
1881-1885 
; 1886-1890 
1891-1895 
1896-1900 

/ 1875-1880 
11881-1885 
< 1886-1890 
i 1891-1895 
* 189P-1900 

1875-1880 
1881-1885 
1886-1890 
1891-1895 
1896-1900 

1875-1880 
1881-1885 
1886-1890 
1891-1895 
1896-1900 



Hilo para segadoras, kilo» í 1 001.1005 
( recién figiira este ru- , q^c 1 oaa 
bro desde el año 1888). /^^^^-^^^^ 



729,076 
1:605,706 
3:627,310 



712,808 

461,231 

358,607 

17,019 

6,727 
3,296 
3,352 



58,743 
92,215 
160,771 
50,849 
43,973 

1:997,472 
1:855,868 
2:581,985 
2:819,053 
2:847,875 

2:286.483 
2:951,642 



279,457 

482,287 

1:087,292 

1:540,331 
2:770,296 
4:354,628 
2:459,750 
2:291,964 

446,327 

321,354 

214,138 

10,286 

3,991 
1,647 
1,607 



52,139 
78.572 
111,427 
65,559 
61,314 

461,623 

422,555 
567,302 
.573,411 
588,069 

727.459 
944,524 



94 



COBIERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



CANTII>AI> 



VALOR 



Joyas 7 alhajas 



Kerosene, litros. 



Loza y porcelana (artícu 
los de) . . . . 



1875-1880 
1881-1885 
1886-1890 
1891-1895 
1896-1900 

1875-1880 
1881-1885 
1886-1890 
'1891-1895 
1896-1900 

1875-1880 

11881-1885 

' 1 1886-1890 ' 

/ 1891-1895 

' 1896 1900 



Madera labrada (desapa 
rece este rubro, distri- 
buyéndose en muchos 
otros su contenido). . 



Mercería (artículos de) 



Muebles 



Navales (artículos). 



/ 



1875-1880 ! 
1881-1885 I 
,1886-1890 I 
1891-1895 
1896-1900 



,1875-1880 

1881-1885 

. } 1886-1890 

/ 1891-1895 

( 1896-1900 

I 

' 1875-1880 I 
1881-1885 I 

' 1886-1890 ¡ 
1891-1895 
1896-1900 

1875-1880 
\ 1881-1885 I 
1886-1890 ! 



7:612,900 
20:19.5,500 
28:969,400 
37:125,693 
46:520,677 



1891 1895 
1896-1900 



96,470 
474,795 
617,250 
12.5,852 
186,311 

592,050 

959,244 

1:821,187 

1:723,084 

2:165,183 

460,406 
634,527 
796,941 
493.246 
556,218 

364,440 
1:138,115 
1:263,266 



1:464,003 
2:916,980 
5:438,430 
2:916,743 
2:016,012 

418,751 
506,460 
895,947 
287,868 
288,603 

183,047 
561,988 
257,690 
863,603 
627,491 



LAS IMPORTACIONES 



95 



CANTIDAD 



'1" 



1870-1880 I 

P iKi i-i ,1881-1885 1 

lapel Dianco, kilogramos. 1886-1890 i 

( 1891-1895 ■ 
1896-1900 



1875- 

í 1881- 

Papel de imprenta, kilos. '1886 

) 1891- 

1896- 

1875- 

1 1881- 

Perfumerfa (artículos de). < 1 886- 

/l991- 
1 1896- 



1880 
1885 
1890 i 
1895 I 
1900 1 

1880] 

1885 

1890 

1895 

1900 

1875-1880 
; 1881-1885 
, 1886-1890 
/ 1891-1895 i 
■, 1896-1900 i 

Postes y medios postes, I ion i iqqpv ' 

1875-1880 I 



Pinturas, kilogramos 



Relojes de oro y 
unidades . . 



Tripe, metros 



, . \ 1881-1885 I 

piaia, 1836.1890 I 

• ■' 1891-1895 I 

1896-1900 I 

/ 1875-1880 ; 

\ 1881-1885 ¡ 

. .) 1886-1890 

( 1891-1895 

^ 1896-1900 

1875-1880 

y 1881-1885 

Tripe, metros cuadrados. 1886-1890 

I 1891-1895 
1896-1900 



1 



783.435 
751,942 
131,249 
677,462 
340,639 

1:333,063 
2:202,085 
3:799/)19 
4:255,122 
7:664,636 



1:714,046 
2:378,789 
3:934,303 ; 
2:905,051 I 
3:364,347 

1:0:}0,868 
1:587,764 

2,768 

29,521 

39,696 

7,110 

6,578 

168,601 

301,060 

.561,790 

247,937 

331,756 



a2,«38 
20,007 
26,431 



VALOR 

258,397 
280,417 
398,837 
276,822 
134,954 

351,668 
448,308 
563,004 
595,961 
1:073,048 

324,034 
286,100 
441,142 
331,905 
430,333 

212,384 
276,088 
454,318 
333,660 
389,012 

307,264 
475,729 

30,562 

3.58,191 

518.953 

89,417 

83,379 

127,145 
232,814 
463,495 
194,138 
197,240 



49.2i>6 
26,077 
39,435 



96 



COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 







CANTIDAD 


VALOR 




1875-1880 
) 1881-1885 




5 


9,997 






14 


15,8 !0 


Wagones unidades. . . 


1886-1890 




332 


244385 




1891-1895 




72 


12,181 




\ 1896-1900 




50 


2,500 




1 1875-1880 










Libros de derecho (recién 
figura desde 1890) . . 


1881-1885 

) 1886-1890 

1891-1895 







87348 
66,478 




' 1896-1900 







373,009 



TEJIDOS 



Arpillera, metros . 



Arpillera, kilogramos . 



Bayeta, metros 



Bayeta, kilogramos. 



Brin, metros . 



1875-1880 
1881-1885 
; 1886-1890 
1891-1895 
1896-1900 

, 1875-1880 
( 1881-1885 
.<1886t1890 
/ 1891-1895 
V 1896-1900 

, 1875-1880 

1881-1885 

, 1886-1890 

/ 1891-1895 

\ 1896-1900 

1875-1880 
1881-1885 
1886-1890 
1891-1895 
1896-1900 

/ 1875-1880 
\ 1881-1885 
) 1886-1890 
(1891-1895 
\ 1896-1900 



6:170,244 
30 



23,103 

4:962.619 

5:730,060 

9:117,060 

10:095326 

658,586 



3,808 

* 138,084 

132,677 

90,803 

102,071 

3:296,073 



404,628 
5 



4,056 

866,143 

845.050 

1:271,638 

1.412,437 

281,038 



4,189 

153,303 

132,843 

90,803 

102,071 

418,227 



i 



LAS niPOSTAOIONEB 



97 



CANTIDAD 



VALOR 



Bñn, kilogramos 



Casimir, metros. 



Casimir, kilogramos 



Franela, metros. 



Franela, kilogramos . 



1875-1880 
1881-1885 
1886-1890 
1891-1895 
1896-1900 

/ 1875-1880 
\ 1881-18^5 
{ 1886-1890 
/ 1891-1895 
\ 1896-1900 

1875-1880 
1881-1885 
1886-1890 
1891-1895 
1896-1900 

1875-1880 
1881-1885 
1886-1890 
1891-1895 
1896-1900 

1875-1880 
1881-1885 
1886-1890 
1 891-1895 
1896-1900 



Géneros algodón, metros. 



Géneros algodón, kilos. 



1875-1880 
1881-1885 
1886-1890 
1891-1895 
1896-1900 



/ 1875-1880 
I 1881-1885 
{ 1886-1890 
f 1891-1895 
\ 1896-1900 



40.912 



1:209.230 
1,176 



6,948 

916,785 

1:739,200 

1:557,593 

1:812,520 

648,975 
590 



3,128 
136,313 
230,030 
1.38,257 
971,089 

74:886,736 
5:259,694 
7:556,264 
8:742,267 

14:050,868 

297,160 

9:058,733 

12:037,507 

13:106,892 

12:913,422 



33,532 



1:144,923 
862 



15,435 
1:933,417 
3:654,972 
2:840,565 
3:282,092 

161,017 
206 



7,116 

277,173 

523,240 

311,830 

1:017,372 

6:397,681 
529,295 
783,064 
871,830 

1:328,448 

207.602 
7:028,100 
9:191,851 
9:956,139 
9:762,032 



COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



CAKTIDAD 



VALOR 



Genero» de hilo, metros 



Géneros de hilo, kilos 



Géneros de 
metros . 



hilo mezcla, 



Á 



Géneros de hilo mezcla, 
kilos I 



Géneros de lana, metros 



Géneros de lana, kilos. 



Géneros de lana mezcla, 
metros 



875-1880 
881-1885 
886-1890 
89M895 
896-1900 



615.216 ! 
144,306 
204,604 
63,161 
301,027 



157,991 

43,684 

74,084 

24,913 

10,3,873 



87.^-1880 


6,074 


4,976 


[881-1885 


538,012 


470,045 


[886-1890 


762,616 


690,699 


1891-1895 


464,797 


434,295 


1896-1900 


540,720 


528,118 


[875-1880 


27,677 


6,773 


881-1885 


205 


102 


[886-1890 


1,892 


280 


l891-1895 


9.202 


1,220 


[896-1900 


94,005 


13,569 


[875-1880 








881-1885 


7,412 


6,810 


886-1890 


61,041 


50,316 


891-1895 


96,186 


76,965 


8961900 


101,289 


85,353 


875-1880 


1:279,200 


265,993 


881-1885 


394,840 


89,651 


886-1890 


1:268.204 


338,217 


891-1895 


1:061,955 


285,175 


896-1900 


1:094,687 


308,114 


875-1880 


8,303 


306 


881-1885 


192,119 


468,384 


886-1890 


340,885 


835,027 


.891-1895 


225,999 


635,351 


896-1900 


157,511 


472,237 


875-1880 


5:531,404 


762,736 


881-1885 


4:946,826 


689,585 


886-1890 


4:656,898 


739,727 


891-1895 


2:204,314 


430,683 


896-1900 


2:592,605 


549,354 



LAS IMPORTACIONES 



99 



CANTIDAD 



VALOR 



' 1875-1880 
Géneros de lana mezcla, I 1881-188Ó 

kilos 1886-1890 

/ 1891-1895 
1896-1900 



Ix>nn, metros 



Lona, kilos 



1875-1880 
1881-1885 
1886-1890 
1891-1895 
1896-1900 

1875-1880 
1881-1885 
1886-1890 
1891-1895 
1896-1900 

1875-1880 
1881-1885 
1886-1890 
1891-1895 
1896-1900 

1875-1880 

1875-1880 

I 1881-1885 

. ' 1886-1890 

1 1891-1895 

, 1896-1900 

1875-1880 
I 1881-1885 

1886-1890 
/ 1891-189Ó 
\ 1896-1900 

1875-1880 

\ 1881-1885 

Pafios en general, metros. 1886-1890 

/ 1891-1895 

1896-1900 



Loneta, kilos. . . 
Loneta, metros . . 
Merino, metros . . 



Merino, kilos 



61,290 
42,071 
90,165 
49,826 

995,426 



24,661 
631,603 
838,584 
672,553 
707,402 

28,637 
144,484 
273,661 
367,997 
381,119 

223,037 

851,616 



1,147 



1:560,703 

2,376 

1,956 

120 



70,094 

60,126 

156,279 

92,765 

196,090 



11,589 
294,858 
381,270 
322,362 
368,400 

16,554 

80,682 

159,546 

214,146 

220,869 

41,722 

383,565 



3,409 



990,164 

7,790 

11,541 

166 



100 



COHEBCtO EZTERIOB ESPECIAL 



. 1875-1880 ! 
11881-1885 , 
Paños en general, kilos. » 1886-1890 

f 1891-1895 
1896-1900 



CANTIDAD 



VALOR 



Tejidos de seda, metros 



Tejidos de seda, kilos. 



1875-1880 
1881-1885 
1886-1890 
1891-1895 
1896-1900 

1875-1880 
1881-1885 
1886-1890 
1891-1895 
1896-1900 



/ 1875-1880 

Tejidos de seda mezcla, \ ¡ggjijggo 

• • ■ •/ 1891-1895 
\ 1896-1900 



metros . 



/ 1875-1880 

Tejidos de seda mezcla, ^}8»1:J882 

''"^'' / 1891-1895 

1896-1900 



6.107 
600,110 
521,795 
375.245 
450,513 

327,258 

759 

23,393 

9 042 

10,359 

49 

5,915 

16,060 

11,241 

11,285 

238,335 
313,635 
609,063 
333,798 
710,910 

47 
16,321 
17,559 
11,887 
14,336 



10.53:5 
M 8,961 
663,544 
587,012 
729,255 

203,180 

789 

14,444 

10,261 

13,038 

989 
111,121 
292,747 
206,860 
225,658 

72,047 

92,508 

240,641 

114,168 

239,414 

712 
18.0,221 
214,042 
143.571 
184,107 



MATERIALES PARA INDUSTRIA 



Alambre para cerco, kilos. 



1875-1880 
1881-1885 
1886-1890 
1891-1895 
1896-1900 



[ 1875-1880 

r. u>t 1 • j ^ U881-1885 

Carbón de piedra, tone- ,' , coa i onn 

ladas S 1886-1890 

'*^ (1891-1895 

^ 1896-1900 



39:880.503 
76:683,004 
46:446,482 
52:244.1 !t9 
37:149^37 

402,274 
361,759 
427,194 
482,208 
510,229 



2:260,970 
4:490,316 
2:384,990 
2:754,846 
2:197,336 

3:947,275 
3:617,754 
4:272,031 
4:822,079 
5:102,288 



LAS IMPORTACIONES 



101 



CANTIDAD 



VALOR 



Cebada fermentada, kilos 



Baldosas y tejas 



Durmientes, unidades. 



Fierro y acero, kilos 



Hojalata, cajones 



Hojalata, kilos 



Afadcra de pino, pies 



1875-1880 
1881-1885 
1886-1890 
1891-189Ó 
1896-1900 



/ 1875- 1880 
( 1881-1885 
,{1886-1890 
/ 1891-1895 
\ 1896-1900 

'1875-1880 
1881-1885 
1886-1890 
1891-1895 

. 1896-1900 

/ 1875-1880 
\ 1881-1885 
,s 1886-1890 
fl891-1895 
\ 1896-1900 

' 1875-1880 
1881-1885 

; 1886-1890 
1891-1895 

, 1896-1900 

/ 1875-1880 
[ 1881-1885 
^ 1886-1890 
f 1891-1895 
\ 1896-1900 

/ 18'<5-1880 
\ 1881-1885 
, 1886-1890 
/ 1891-1895 
\ 1896-1900 



529,680 
1:065,368 
3:401,089 
1:865,298 
1:148,259 



48,618 
45,498 

538,014 
63,544 

200,348 

13:343,555 
29:141,214 
46:274,703 
26:689,336 
32:975,810 

27,941 
3C,155 



361,.371 
2:019,020 
3:609,896 
3:005,439 
3:.531,584 

60:637,807 
53:834,893 
797,129 ; 
1.5,274 I 



26,657 

73,376 

301.429 

167,909 

103,342 

355,669 
501,377 
720,258 
234,687 
310,987 

48,618 
45,498 

543,057 
63,544 

200,348 

815,448 
1:926,206 
2:637,045 
1:543,833 
1:854,429 

219,179 
246,.543 



43,051 
202,428 
360,786 
.300.544 
353,1.08 

1:776,794 

1:600,479 

25,873 

779 



102 



COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



CANTIDAD 



VAI.OK 



Madera de pino, metros 
cuadrados. . . . 



Plantillas para alpargatas, 
docenas 



Rieles, kilos 



Sal común, hectolitros. 



Tierra romana y portland, ' 
kilos j 



Tirantes y columnas de ! 
hierro, kilos . . • • / 



Libres de derecho . 



875-1880 
881-1885 
886-1890 
891-1895 
89(5-1900 

875-1880 
881-1885 
886-1890 
891-1895 
896-1900 

875-1880 
881-1885 
886-1890 
891-1895 
896-1900 

875-1880 
881-1885 
886-1890 
891-1895 
896-1900 

875-1880 
881-1885 
886-1890 
891-1895 
896-1900 

875-1880 
881-1885 
886-1890 
891-1895 
896-1900 

875 1880 
881-1885 
886-1890 
891-1895 
896-lÜUO 



4:875,259 

14:494,7.35 

5:645,220 

8:886,105 

205,553 
342,224 
371,508 
114,340 

3,282 



6:044,591 

34:712,174 

2:025,910 

1:369,788 

1:732,393 
2:031,207 
1:812,821 , 
1:943,981 
1:986,753 

11:454,893 
2Ui 143,8131 i 
51:081 740 
22:919,934 
26:794,62;j 

527,888 

6:218,789 

20:136,269 

6:695,609 

9:033,962 



1:531,460 
4:200,476 
1:637,029 
2:587,022 

140,854 
307,619 
340,866 
101,519 
2.953 

11,9.30 

307,978 

2:387,362 

67,256 

61,661 

1:005,067 

1:045,250 

9.32,627 

971,911 

993,378 

186,095 
313,730 
837,397 
367,144 
428,716 

26,052 
315,413 
92.5,215 
291,244 
439,403 

K!»;¡,838 
3:107,611 
3:><7(),r)02 
1:007,833 
2:84(),O70 



LAS IMPORTACIONES 



103 







CANTIDAD 


VALOB 


MÁQUI 


yA8 Y HERRAMIENTAS 




Agricultura: 








Arados, unidades . . 


' 1875-1880 
1 1881-1885 
. { 1886-1890 
/ 1891-1895 
\ 1896-1900 


28,333 
44,875 
39,389 
36,469 
37,957 


165,064 
318.727 
301,620 
346,765 
390,069 


Otras herramientas y má 
quinas agrícolas . . 


/ 1875-1880 

\ 1881-1885 

" { 1886-1890 

• i 1891-1895 

\ 1896-1900 


— 


352,221 
829,094 
513,27^ 
1:199,633 
728,163 


Diversa,'! industrias: 








Máquinas de coser, uni 
dades 


/ 1875 1880 
\ 1881-1885 
• 1886-1890 
• / 1891-1895 
\ 1896-1900 


13,850 
29,466 
25,487 
14,465 
21,430 


283,960 
478,293 
422,598 
210,927 
264,432 


Otras máquinas . . . 


/ 1875-1880 
1 1881-1885 
.{1886-1890 
/ 1891-1895 
\ 1896-1900 


— 


170,717 
389,571 
1:736,194 
451,663 
367,252 


Herramientas y útile?. 


/ 1875-1880 
1 1881-1885 
. ■ 1886-1890 
/ 1891-1895 
, 1890-1900 





185,066 
136,672 
1 72,560 
225,553 

288,670 




GANADO EN V 


lE 




Vacuno, imidades . . 


187r>1880 

\ 1881-1885 

. 1886-1890 

/ 1891-1895 

' 1896-1900 


6,344 

26,423 

108,796 

5()5,168 

968,872 


39,302 

150,955 

1:0;'.4,057 

3:Si'< 1,171 

7:640,287 



104 



COHEBdO £XTEBIOB ESPECIAL 



CANTIDAD 



VALOR 



1875-1880 

Yeguarizo y caballar, uni- ) 1881-1885 
LieB . . . . . . 1886-1890 

1891-1895 
1896-1900 



Lanar, unidades. 



/ 1875-1880 
[ 1881-1885 
\ 1886-1890 
/ 1891-1895 
[ 1896-1900 



364 

7,054 

5,441 

19,619 

55,189 

818 

1,227 

19,944 

75,089 

52,566 



3,279 

20,804 

494,745 

317,442 

280,923 

2,360 

16,951 

182,819 

116,299 

77,378 



Fueron introducidos adcmits los siguientes reproductores: 



1898 
1899 
1900 



1,017 animales aforados en § 50,194 

723 > , » ^ 61,307 

1,369 » » » » 167,460 



3,109 



? 278,961 



CAPÍTULO m 
Comercio con el Brasil 



NUESTROS PRINCIPALES MERCADOS 

Durante el quinquenio 1880-1884, nuestro comercio de ímpor* 
tación estuvo principalmente alimentado por la Inglaterra, la Fran- 
cia, el Brasil, la España, la Italia, los Estados Unidos del Norte y 
la Alemania, Son los únicos siete países que figuran en la estadís- 
tica de cada uno de los años del quinquenio, con más de un milMn 
de pesos. Dentro de la cifra total de la importación, concurrieron 
con los siguientes porcentajes, despreciando fracciones: Inglate- 
rra, el 30 % en 1880, el 30 % en 1881, el 25 % en 1882, el 
27 % en 1883 y el 28 % en 1884; Francia, el 17 % en 1880, 
el 16 % en 1881, el 14 % en 1882, el 17 % en 1883 y el 18 % 
en 1884; el Brasil, el 12 % en 1880, el 12 % en 1881, el 12 % 
en 1882, el 11 % en 1883 y el 10 % en 1884; la España, el 
8 % en 1880, el 11 % en 1881, el 1 1 % en 1882, el 10 % en 
1883 y el 9 % en 1884; los Estados Unidos, el 7 % en 1880, el 
7 % en 1881, el 8 % en 1882, el 6 % en 1883 y el 6 % en 
1884; la Alemania, el 6 % en 1880, el 7 % en 1881, el 8 % en 
1882, el 10 % en 1883 y el 10 % en 1884; la Italia, el 8 % 
en 1880, el 6 % en 1881, el 7 % en 1882, el 6 y^ en 1883 y el 
6 % en 1884. En el mismo período, destácanse en nuestro co- 
mercio de exportación la Inglaterra, la Francia, el Brasil, la Bél- 
gica, los Estados Unidos, la isla de Cuba y la república Argen- 
tina, con cifras que exceden de un millón de pesos en todos ó en 
algunos de los años del quinquenio. He aquí los porcentajes: la 



lOC COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



Inglatoi-ra, el 22 % en 1880, el 16 % en 1881, el 25 % en 1882, 
el 19 % en 1883 y el 21 % en 1884; Francia, el 18 % en 1880, 
el 20 % en 1881, el 16 % en 1882, el 17 % en 1883 y el 15 % 
en 1884; Brasil, el 20 % en 1880, el 17 % en 1881, el 13 % en 
1882, el 13 % en 1883 y el 16 % en 1884; Bélgica, el 11 % en 
18S0, el 9 % en 1881, el 13 % en 1882, el l'J % en 1883 y el 
15 % en 1884; Estados Unidos, el 14 % en 1880, el 19 % en 
1881, el 11 % en 1882, el 9 % en 1883 y el 7 % en 1884; Cnba, 
el 5 % en 1880. el 3 % en 1881, el 5 % en 1882, el 4 % en 
1883 y el 4 % en 1884; república Argentina, el 5 % en 1880, 
el 5 % en 1881, el 4 % en 1882, el 8 % en 1883 y el 8 % en 
1884. 

Durante el quinquenio 1897-1901, los cuadros de la inipoiia- 
cidn asignan el primer rango, arriba del límite del millón de pesos 
anuales á la Inglaterra, la Francia, el Brasil, la España, la Italia, 
los Estados Unidos, la Alemania, la Bélgica y la Argentina, con 
estas proporciones: la Inglaterra, el 25 % en 1897, el 27 % en 

1898, el 27 % en 1899, el 26 % en 1900 y el 26 % en 1901; la 
Francia, el 10 % en 1897, el 11 % ^» 1898. el 9 % en 1899, el 
8 % en 1900 y el 9 % en 1901; el Brasil, el 8 % en 1897, el 

8 % en 1898, el 5 % en 1899. el 5 % en 1900 y el 7 % en 
1901; España, el 9 % en 1897, el 8 % en 1898, el 7 % en 1899, 
el 8 % en 1900 y el 8 % en 1901; Italia, el 9 % en 1897, el 

9 % en 1898, el 9 // en 1899, el 9 % en 1900 y el 9 % en 
1901; Estados Unidos, el 8 % en 1897, el 8 % en 1898, el 9 % 
en 1899, el 9,% en 1900 y el 9 % en 1901; Alemania, el 9 % en 
1897, el 9 % en 1898, el 10 % en 1899, el 15 % en 1900 y el 

12 % en 1901; Bélgica, el 6 % en 1897, el 6 % en 1898, el 7 % en 

1 899, el 6 % en 1900 y el 6 % en 1901; la Argentina, el 15 % en 
1897, el 13 % en 1898, el 15 % en 1899, el 11 % en 1900 y el 

13 % en 1901. En el mismo quinquenio, el cuadro de la exporta- 
ción asigna el primer rango á la Inglaterra, la Francia, el Brasil, 
la Bélgica, los Estados Unidos, la Alemania y la Argentina con es- 
tas proporciones: Inglaterra, el 6 % en 1897, el 10 % en 1898, el 
7 % en 1899, el 7 % en 1900 y el 8 % en 1901 ; Francia, el 
17 % en 1897. el 18 % en 1898, el 1(> % en 1899, el 16 % 
en 1900 y el 18 % en 1901; el Brasil, el 20 % en 1897, el 



k 



COMERCIO CON EL BRASIL 107 

19 % en 1898, el 19 % en 1899, el 26 % en 1900 y el 16 «/; en 
1901; Bélgica, el 17 % en 1897, el 18 <;; en 1898, el 16 % en 
1899, el 18 -;^ en 1900 y el 15 ;; en 1901; Alemania, el 10 % 
en 1897, el 9 % en 1898, el 12 % en 1899, el 9 % en 1900 
y el 12 «;/ en 1901; Argentina, el 14 % en 1897, el 17 % en 1898, 
el 19 'X. en 1899, el 10 % en 1900 y el 16 % en 1901; los Esta- 
dos Unidos, el 10 % en 1897, el 3 -^ en 1898, el 4 •;/ en 1899, el 
6 ",, en 1900 y el 7 % en 1901. La comparación de ambos quin- 
quenios, revela con relación á la Inglaterra, relativo estaciona- 
miento en la importación y fuei'te descenso en la exportación; con 
relación á Francia, fuerte baja en la importación y cierto estacio 
namiento en la exportación; con relación al Brasil, fuerte descenso 
en la importación y aumento en la exportación; con relación á Es- 
paña, baja en la importación y suba en la exportación, aunque 
sin alcanzar el límite de un millón de pesos; con relación á Italia, 
aumento en la importación y estacionamiento en la exportación, 
que tampoco alcanza el referido límite; con relación á Estados 
Unidos, suba en la importación y descenso en la exportación; 
con relación á la Alemania, aumento en ambos guarismos, sur- 
giendo ese mercado en el cuadro de las exportaciones de más de 
un millón de pesos en el segundo quinquenio; con relación á Cuba, 
descenso, que elimina ese mercado de los cuadros de la impor- 
tación y de la exportación por más de un millón de pesos; con 
relación á Bélgica, progreso simultáneo en la exportación y en la 
importación, que permite conquistar á ese mercado un lugar que 
antes no llenaba en el cuadro de que nos ocupamos; con rela- 
ción á la Argentina, finalmente, aumento en ambos guarismos, 
que incorpora á dicho país al cuadro de las grandes importacio- 
nes. 

Determinado ya el lugar que ocupa el Brasil, en los cuadros del 
comercio exterior de la república, vamos á profundizar el estu- 
dio de su intercambio que nos interesa más vivamente, porque 
se trata de un mercado fronterizo en el cual nuestras carnes, 
nuestros cereales y harinas, podrían y deberían encontrar excep- 
cionales franquicias, en compensación de ventajas equivalentes á 
favor del café, del tabaco, de la yerba, de la fariña, de las maderas 
y otros productos de procedencia brasileña que nosotros consumi- 



108 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 

iiios en grande escala. Al final de este capítulo va un cuadro de 
los ailículos del comercio de exportación y del comercio de im- 
portación que en los últimos veinticinco años exceden en nuestras 
estadísticas aduaneras del límite de diez mil pesos en todos ó por 
lo menos en algunos de los años de ese extenso período de tiempo. 
Los recorreremos por el orden en que figuran en el mencionado 
cuadro, empezando por el comercio de exportación. 

NUESTRAS EXPORTACIONES AL BRASIL 

Los tres primeros productos, el afrecho, la alfalfa y el aceite de 
potro, denuncian en definitiva tendencia á la baja. En números 
redondos, los embarques de afrecho, arrojan cuatro y medio mi- 
llones de kilos en el quinquenio 1877-1881; duplican esta cifra 
en el período 1882-1886; después de un fuerte descenso, en 
el quinquenio subsiguiente, reaccionan á diez y seis millones y me- 
dio en 1892-1896; y descienden en 1897-1901 á tres millones y 
tres cuartos de kilos. La exportación de alfalfa, que representa un 
valor oficial de trece mil pesos en el quinquenio 1882-1886, sube á 
setenta y tres mil en el quinquenio siguiente y luego baja con per- 
sistencia hasta reducirse á veintiún mil pesos en 1897-1901. El 
aceite de potro, después de haber alcanzado el nivel de doscientos 
trece mil kilos en 1882-1886, queda reducido á la insignificancia 
de doscientos kilos en el quinquenio 1897-1901. 

Constituye la carne tasajo el eje principal de nuestro comercio 
de exportación con el Brasil. Arrojan los embarques ochenta y 
nueve millones de kilos en 1877-1881, ciento veintidós millones 
en el quinquenio 1882-1886, ciento diez y siete millones en 1887- 
1891, doscientos siete millones en 1892 1896, y doscientos diez 
millones en 1897-1901. Se ve que después del progreso considera- 
ble realizado en el segundo y cuarto quinquenios, se produce cierto 
estacionamiento en la corriente de exportación, que ha de acen 
tuarse en el porvenir, dada la ríípida multiplicación de los gana- 
dos en el Brasil y el consiguiente descenso en el precio de las 
carnes frescas. Las carnes conservadas, otra forma de prepara- 
ción que se ha ensayado en el Brasil, no ha dado resultados. Se- 
gún los datos de nuestro cuadro, la corriente de exportación de 



COMERCIO CON EL BRASIL 109 



ese producto, carece de importaucia, fuera del quinquenio 1892- 
1896 en que alcanzó transitoriamente un nivel apreciable decien- 
to ochenta mil kilos. 

La exportación de cueros, presenta guarismos muy variables, 
pero que en definitiva acusan notable decaimiento. Sólo tienen 
importancia en la estadística que examinamos, los cueros vacunos 
secos y salados y los cueros yeguarizos. Los cueros vacunos se- 
cos, después de haberse aproximado á doscientos mil pesos en el 
quinquenio 1877-1881, descienden á diez y nueve mil pesos en el 
quinquenio 1897-1901; y los salados que también obtuvieron dos- 
cientos mil pesos en el primer quinquenio, descienden gradual- 
mente hasta cuatro mil pesos en el último quinquenio. Algo pa- 
recido ocurre con los cueros yeguarizos. El descenso es tan acen- 
tuado, que el producto desaparece totalmente de la estadística 
aduanera en el quinquenio 1897-1901. 

El comercio de fideos del país, que movilizó medio millón de 
kilos en el quinquenio 1882-1886, ha ido perdiendo su importan- 
cía de año en año, hasta reducirse en el quinquenio 1897-1901 á 
trescientos kilos, baja equivalente á la pérdida total del mercado 
de consumo. La fruta fresca, otro pequeño rubro de nuestra ex- 
portación al Brasil, se ha mantenido estacionaria, obteniendo en 
el último quinquenio un valor de ochenta mil pesos. 

No son mucho mrfs halagadores los guarismos relativos á la ex- 
portación de ganado vivo. Durante el quinquenio 1877-1881, 
movilizó el comercio 442,000 animales vacunos. Hubo des- 
censo fuerte en los dos quinquenios subsiguientes, y después 
de una reacción que alcanzó la cifra de 523,000 en 1892-1896, 
anotai*on simplemente las exportaciones 248 mil cabezas en el 
quinquenio 1897-1901. Se observará en la columna de los valores 
del rubro que examinamos, una oscilación considerable en los dos 
quinquenios últimos. Ella proviene del decreto de 1.*^ de febrero 
del año 1892 que redujo el valor de aforo de los novillos á nueve 
pesos, el de las vacas íí seis pesos y el de las terneras á tres pesos, 
castigando considerablemente las tarifas dictadas en épocas de 
extraordinaria valorización. El ganado yeguarizo, está represen- 
tado por 16 mil cabezas en el quinquenio 1877-1881, desciende 
en los dos períodos siguientes, se aproxima á la cifra de cien mil 



llU CO^EHCIO EXTERIOR ESPECIAL 



en el íjuínquenio 1892-1896 y se reduce á veinte loil en 1897- 
lííOl. Kl «reinado ovino. <|ue no alcanzaba á cíen mil cabezas en 
1>>77-1S^1, snbeá 271 mil en 1882-1H86, desciende a 136 mil en 
1887-1891, y después de exceder el nivel de medio millón en 
lS92-L^9í>, contribuye con 234 mil cabezas simplemente en 
1807-1901. El ganado mular y el iriinado porcino, conquistan 
timbién en el quinquenio 1S92-1SÍM) sus cifras mas altas, pre>en- 
tando respectivamente 19 mil y 12 mil cabezas, pero en el quin- 
quenio 1897-1901, baja el primero á 4 mil y el secrundo íí 5 mil 
cabezas. 

La exportación de ajos y cebollas representa un valor ofici;il de 
eatí>rce mil pesos en el quinquenio 1877-1 8S1, sube lí sesenta mil 
en 1892-1S96 y cierra con cuarenta y ocho mil pesos en el <|uin- 
quenio 1S97-1901. El alpiste, recibió un impulso considenible en 
1892-lSÍM), aproximándose á novecientos mil kilos, pero luego 
descendió a cuarenta y tres mil kilos en el quinquenio 1S;07-1001, 
guarismo e<piival<»nte á la mitad de las exportaciones de 1882-1S86. 

Las gorduras vacunas, rubro nmcho m:ís importante de nuestro 
comercio de exportiición, pasan de dos millones doscientos mil 
kilos en 1877-1 S.Sl jC siete millones y tres cuartos en 18s2-lS8l), 
desci<*nden á cuatro millones en 1887-1891 y se aproximan su- 
cesivamente íí trííce y catorce millones en los dos (juinquenios fi- 
nales de nuestro cuadro. El progreso es casi constant(\ como se 
ve. Advertiremos que la estadística aduanera después de haber 
englobado bajo la denominación de gorduras el sebo y la grasa, 
los separó, explicándose por esa circunstancia el nuevo rubn» de 
gra.sa vacuna que figura en nuestro cuadro. 

Nuestro comercio de harinas con el Brasil, mantiénese <*asi es- 
tacionario en los tres primeros quinquenios, señalando los guaris- 
mos de 24 millones de kilos en 1877-1881, 22 millones en 18S2- 
1886 y 25 millones en 1887-1891. En el quinquenio 1892-1896, 
sube á 81 millones, y aunque algo baja en seguida, la cifra de se- 
senta millones y medio que corresponde al quiníjuenio 1897-1901 
pru(»ba todavía la importancia de ese ramo de nuestra exportación, 
destinado á extenso desarrollo. Un incremento más considerable 
revelan los embarques de trigo. Fueron casi nulos en los dos pri- 
meros quinquenios, figurando en 1877-1881, 200 mil kilos y en 



COMERCIO CON EL BRASIL 111 

1S82-18S6, 700 mil. En los dos quinquenios subsiguientes, la ex- 
portación se mantuvo estacionaría alrededor del nivel de diez y 
seis millones de kilos y en el quinquenio 1897-1901, subió fuelle- 
mente á cincuenta millones de kilos. Menos empuje denuncia el 
maíz. En el quinquenio 1877-1881, la exportación fuó de 24 mi 
llenes, bajó en los dos períodos subsiguientes y reaccionó lue- 
go vigorosamente en 1892-1896, hasta obtener la cifra de ciento 
ocho millones. Pero en el quinquenio 1897 1901, vuelven las sa- 
lidas íí su primitivo nivel, oscilando alrededor de veinte millones 
de kilos. 

La exportación de lana aumenta fuertemente en los quinque- 
nios 1882-1886 y 1892-1896, llegando en el primero de ellos á 
un millón de kilos y en el segundo á dos milllones y cuarto. Pero 
luego se estaciona. En el quinquenio 1897-1901, la salida fué de 
dos millones doscientos mil kilos. 

Escasa importancia presentan los productos finales del cuadro; 
las lenguas, el pasto, la paja para escobas, las papas y los porotos. 
Podemos, en consecuencia, prescindir de ellos y recorrer los pro- 
ductos brasileños que ha importado en el mismo lapso de tiempo 
la repfiblica. 

NUESTRAS IMPORTACIONES DE ARTÍCULOS BRASILEÑOS 

El aguardiente, que figura á la cabeza de nuestro segundo cua- 
dro, no presenta en ningún período cifras importantes. Las ci- 
fras más altas, correspondientes á los quinquenios 1887-1891 y 
1892-1896, provienen de la cañn, que en los demás períodos fué 
clasificada aparte, por su distinto destino. Las entradas del quin- 
quenio 1897-1901 apenas esüín representadas por la cantidad de 
doscientos cuarenta y ocho pesos. La caña misma, que durante lar- 
gos años fué artículo de extenso consumo personal, principalmente 
en la campaña, sólo figura ahora en pequeñísimas partidas. Des- 
pués de un despacho en el quinquenio 1877-1881 de tres millo- 
nes y un cuarto de litros, aforados en 316 mil pesos, anota la es- 
tadística de 1897-1901 cerca de trescientos mil litros, aforados 
en veintidós rail pesos. Es la consecuencia obligada de los altos 
derechos aduaneros creados para promover el desarrollo de las 
destilerías naciouales. 



112 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



Cerca de la mitad de los productos de importación comprendi- 
dos en nuestro cuadro, no corresponden absolutamente íí la pro- 
ducción brasileña ó llegan á nuestro puerto simplemente en trán- 
sito para otros mercados. En el primer caso se encuentran el 
alambre para cercos, el arroz, las harinas, las joyas y alhajas, el 
kerosene, el trigo y el vino común. Trátase de pequeñas partidas 
movilizadas por el comercio de tránsito del Brasil, para satisfacer 
demandas ocasionales de nuestras plazas. En el segundo caso se 
encuentran las astas, la carne tasajo, la cerda, los cueros vacunos 
secos y salados, las gorduras y la lana, que el comercio de tránsito 
oriental adquiere en los mercados brasileños, para exportar en se- 
guida. Sólo en el quinquenio 1887-1891, aparecen en nuestro co- 
mercio especial los referidos productos de origen brasileño, por 
efecto de un error de cómputo, que después no ha vuelto á re- 
petirse. 

Los azúcares brasileños, revelan notable decadencia -en nuestros 
despachos aduaneros. La importación osciló alrededor de veinti- 
séis millones de kilos en el quinquenio 1887-1881 y se aproximó 
á veintisiete millones en 1882-1886. Pero, luego declina rápida y 
sucesivamente enl887-1891, á diez y seis millones, en 1892-1896 
á tres y medio millones y en 1897-1901 á un millón de kilos. Dé- 
bese tan notable baja, á la inferioridad del producto brasileño, 
pues el consumo en vez de disminuir, ha aumentado y aumenta 
constantemente, según lo revela el cuadro general de las impor- 
taciones que figura en otro capítulo de esta misma obra. 

Una condición mucho más favorable presenta el café. Las ira- 
portaciones crecen gradualmente en los tres primeros quinquenios, 
desde tres millones trescientos mil kilos en 1877-1881 hasta cin- 
co millones trescientos mil kilos en 1887-1891. Se produce 
un pequeño descenso en el quinquenio 1892-1896, que reduce 
los despachos á cinco millones de kilos ; pero en el quinquenio 
1897-1901, la reacción no se hace esperar, aproximándose las en- 
tradas á cinco millones cuatrocientos mil Icilos, que es el guaiis- 
mo más alto de todo el extenso período que examinamos. Compa- 
rados los dos quinquenios extremos, resulta un progreso de más 
de dos millones de kilos. 

Los dulces y la fruta fresca y en aguardiente, presentan guaris- 



COMERCIO CON EL BRASIL 113 

mos de muy poca importancia. Comparados los términos extre- 
mos, resulta que en el quinquenio 1877-1881, la importación de 
los primeros fué de sesenta y dos mil pesos y la de los segundos 
de cuarenta y un mil, y que en el quinquenio 1897-1901, los des- 
pachos fueron respectivamente de treinta y ocho mil y de sesenta 
y dos mil pesos. Hay que agregar, sin embargo, en lo que se refie- 
re á dulces, que los altos derechos de aduana que rigen en la repú- 
blica, fomentan una corriente de contrabando fronterizo, que se 
encarga de atender las exigencias de nuestro consumo. 
• Las importaciones de fariña, denuncian completo estaciona- 
miento, prueba evidente de que el consumo de ese producto bra- 
sileño, tan generalizado en la campaña, no ha seguido el rápido 
desarrollo de la población. En el quinquenio 1877-1881, hubo un 
despacho de once millones y cuarto de kilos. El período si- 
guiente, realiza sobre esa cifra un progreso de miís de dos millones 
de kilos. En los quinquenios 1887-1891 y 1892-1896, bajan 
gradualmente los despachos á nueve millones y cuarto de kilos. 
Finalmente, el quinquenio 1897-1901, que es de reacción, levanta 
el nivel á doce millones seiscientos mil kilos, guarismo más 
bajo sin embargo que el de 1882-1880. 

Son notoriamente deficientes las cifras oficiales en materia de 
importación de ganados vivos. La línea fronteriza es imaginaria 
en grandes extensiones y ella cruza por numerosas estancias 
que están simultáneamente en territorio oriental y en territorio 
brasileíio. Eso permite el tránsito de ganados, en un sentido ó 
en otro, sin intervención ni conocimiento de las autoridades adua- 
neras. El ganado vacuno está representado en el quinquenio 
1877-1881 por siete rail cabezas. Los tres quinquenios subsiguien- 
tes son de aumento, hasta ultrapasar el nivel de 300 mil cabezas la 
importación de 1892-1896, bajo la presión de los disturbios ocasio- 
nados por la guerra civil en la provincia brasileña de Río Grande. 
En el quinquenio 1897-1901, la entrada no alcanzó á cien mil ca- 
bezas. Buena parte de los animales á que se refieren esos guarismos, 
vienen destinados á simples establecimientos de invernada, para* 
ser luego faenados en los propios saladeros de Río Grande ó en 
los nuestix)s. La entrada de ganado ovino es bien modesta, excep- 
tuando el quinquenio 1892-1896, que corresponde á la guerra ci- 



114 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



vil de la provincia fronteriza, en que el movimiento se aproximó á 
cincuenta mil cabezas. El despacho de 1897-1901, no alcanzó en 
cambio á seis mil animales. El ganíKlo yeguarizo y caballar, revela 
por el contrario un progreso ca^i constante, sólo interrumpido du- 
rante el quinquenio 1S87-1891. Comparados los dos términos ex- 
tremos, resulta que en el quinquenio 1897-1901 la entrada fué de 
treinta y siete mil cabezas, contra menos de cuatrocientas que se im- 
portaron en el quinquenio 187 7- 1881. El ganado mular presenta su 
guarismo más alto en el quinquenio 1892-18VÍ6 con dos mil tres- 
cientas cabezas y se reduce á mil trescientas en ti quinquenio sub- 
siguiente. 

Las maderas brasileñas, conquistan su nivel más alto en los quin- 
quenios 1882-1886 y 1887-1891 con las cantidades de IGH mil y 
de 163 mil pesos respectivamente. Después de reducirse á la ter- 
cera parte en el quinquenio 1892-1896, arrojan en 1897-1901 un 
valor oficial de 105 mil pesos. 

Dos últimos productos brasileños figuran en nuestro cuadro: el 
tabaco y la yerba mate. El prin?ero, en completa decadencia y el 
segundo en constante aumento. Las importaciones de tabacos de 
toda especie, esüín representadas en el (quinquenio 1877-1881 por 
más de cuatro millones de kilos; y por la cuarta parte de esa canti- 
dad, en 1882-1886. Desde este último quinquenio, la estadística 
aduanera clasificó las importaciones, resultando en dicho período 
además de la cifra ya consignada, las de un millón dosci(»ntos mil 
kilos de tabaco de hoja y dos millones setecientos mil de tíibaco 
negro. Después del quinquenio 1887-1891, en que el nivel se man- 
tuvo alto, produjese una baja considerable por efecto de la eleva- 
ción extrema de nuestros derechos de aduana, que dio origen á 
fuertes (corrientes de contrabando (jue se han encargado y R<»conti- 
nCian encargando de llenar todas las necesidades del nu^rcado de 
consumo. Do tabaco en hoja, s()io se importó alrededor de ocho- 
cientos mil kilos encada uno do los quinquenios 1892-1890 y 
1897-1901, y de tiibaco negro sólo se despachó ciento cincuenta 
mil kilos en el quincjuenio 1897-1901, contra dos millones ocho- 
cientos mil en 1887- 1S91. El pichuá, (jue primitivamente se englo- 
baba con el tabaco, lecién fué clasificado aparte desde el cjuiíi- 
quenio 1887-189 1. La yerba mate, presenta un cuadro bien distiuto. 



COMERCIO CON EL BRASIL 115 



Hubo una importación de veintidós millones de kilos en 1877- 
1881, de veinticinco millones en 1882-1886, de treinta y medio 
millones en 1887-1891, de treinta y nueve millones en 1892-1896, 
de cuarenta y dos millones en 1897-1901. Resulta, en consecuen- 
cia, de la comparación de los términos extremos, que los despa- 
chos se han duplicado en el período de tiempo que examinamos, 
arrojando durante el ultimo quinquenio un valor oficial de cuatro 
millones doscientos mil pesos. 

MONI o TOTAL DEL COMERCIO CON EL BRASIL 

He aquí ahora el monto total de nuestro comercio con el Brasil, 
según las estadísticas orientales. En las dos primeras columnas, 
va sólo el movimiento por la frontera terrestre, y en las otras dos 
se engloban ese movimiento y el que se realiza por la vía marítima. 

COMERCIO TKRR KHTRK COME RCIO T OTAL 

QUiKurKNios Importado del Exportado al Iiuportado dol Exportado al 

Brasil Brasil Braail Brasil 



1877-1881 1:959,522 7:725,539 10:571,350 18:936,520 

1882-1886 1:831,411 3:933,266 10:543,604 17:895,125 

1887-1891 3:433,403 4:411,028 11:112,281 19:2«2,562 

1892 1896 2:605,626 5:616,079 8:519,495 32:171,182 

1897-1901 1:453,705 2:584,595 7:705,703 30:837,897 

E^ de imposible fiscalización el movimiento terrestre. Las ci- 
fras que corresponden á la importación brasileña especialmente, 
apenas traducen una pequeñísima parte del consumo real en la 
repáblica. Todo el tabaco, por ejemplo, está monopolizado por el 
contrabando. Salta á los ojos, en consecuencia, la imposibilidad 
de establecer comparaciones, si no exactas, por lo menos pasables. 

VIEJA POLÍTICA DE ABSORCIÓN 

Producen nuestras industrias artículos de extenso consumo en 
el mercado brasileño, corno la carue üisajo, las gorduras, el trigo y 
las harinas. El Brasil á su turno produce artículos de gran demauda 



116 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



eii los mercados orientales, como el café, el tabaco, la yerba mate, 
la fariña y el azácar. ¿Por qué han permanecido y permanecen, 
sin embargo, tan profundamente distanciados los dos países en 
sus relaciones comerciales ? 

La vieja política del imperio consistió siempre en empequefiecer 
y debilitar á la república Oriental, como medio de posesionarse de 
su territorio. Nada lo demuestra tan concluyentcmente, como los 
tratados de 12 de octubre del año 1851, impuestos en momentos 
de suprema angustia nacional. 

Por el primero de esos tratados, quedaron arreglados los límites 
fronterizos sobre la base del uti poss^idctis. Establece una de sus 
cláusulas los siguientes límites al territorio de la república Orien- 
tal: por el este el Océano, por el sur el río de la Plata, por el oes- 
te el río Uruguay y por el norte el río Cuareim hasta la cuchilla 
de Santa Ana que divide el río de Santa María y por esta parte 
el arroyo Tacuarembó grande, siguiendo ú las puntas del Yagua- 
rón, que entra en la laguna Merim y pasa por el puntal de San 
Miguel á tomar el Chuy, en el Océano, Otra cláusula establece 
que de la embocadura del Chuy subirá la línea divisoria por di- 
cho arroyo en la extensión de media legua y del punto en que ter- 
mine esa media legua, se tirará una recta que pase por el sur del 
fuerte San Miguel, atraviese el arroyo de este nombre, busque las 
primeras puntas del arroyo Palmar, descienda por este arroyo 
hasta encontrar el arroyo de India Muerta, por éste hasta la lagu- 
na Merim, circulando la margen occidental de ella á la altura de 
las mayores aguas, hasta la boca del Yaguarón; de la boca del 
Yaguarón, seguirá la línea por la margen derecha del río, siguien- 
do el gajo más al sur que tiene su origen en la cañada de Aceguá 
y de este origen se tirará una recta que atraviese el río Negro 
frente á la embocadura del anx)yo San Luis, siguiendo este arroyo 
arriba hasta ganar la cuchilla de Santa Ana y continuando por és- 
ta siga la cuchilla de Haedo donde comienza el gajo del Cuareim, 
denominado arroyo de la Invernada, y descienda por dicho g;ajo 
hasta entrar en el Uruguay. Otra cláusula, finalmente, reconoce 
que el Brasil está en posesión exclusiva de la laguna Merim y del 
río Yaguarón y que debe permanecer en ella, y agrega que recono- 
ciéndose la conveniencia de que el Brasil tenga puertos donde 



COMERCIO CON EL BRASIL 117 

puedan entran las embarcaciones brasileñas que navegan en la la- 
guna Meriin, la repCiblica Oriental conviene en ceder al imperio en 
toda soberanía media legua de terreno en una de las márgenes de 
la embocadura del CeboUatí y otra media legua en una de las már- 
genes del Tacuarí, pudicndo el gobierno brasileño mandar hacer 
en esos terrenos todas las obras y fortificaciones que juzgue con- 
venientes. 

Por el segundo de esos tratados, aceptaron ambos países la con- 
dición de la nación más favorecida, la exención por diez años de 
impuestos de consumo al charque oriental importado en el Brasil 
por la frontera terrestre, la supresión por el mismo término del 
derecho oriental de exportación sobre el ganado en pie por la 
frontera terrestre, el reconocimiento en principio de la navegación 
<5omún del Uruguay y sus afluentes y la destrucción del arrecife 
del Salto grande. 

Por el tercer tratado, sobre extradición, el gobierno oriental re* 
conocía el principio de la devolución de los esclavos pertenecien- 
tes á subditos brasileños, que contra la voluntad de sus dueños 
traspusiesen la línea fronteriza. La reclamación podía hacerse di- 
rectamente por el gobierno imperial, por el presidente de Río 
Grande ó por el dueño del esclavo cuando entrare en su segui- 
miento para capturarlo al territorio oriental ó mandase con el 
mismo objeto un agente especialmente autorizado para ello. 

Por el cuarto tratado, establécese una alianza perpetua entre la 
república y el imperio, para la defensa de la independencia de los 
dos países contra cualquier dominación extranjera. Para asegurar 
la paz interna y los hábitos constitucionales, el imperio se compro- 
mete á prestar apoyo al gobierno de la república por los cuatro 
años de su duración legal. El auxilio será prestado por las fuerzas 
de mar y tierra á requisición de la república, siendo de cargo de 
^ta todos los gastos que se ocasionen. Agrega que habrá amplia 
amnistía en la república, á fin de que nadie pueda ser acusado, 
juzgado ni penado por actos políticos anteriores al tratado y que 
se restituirán á sus dueños los bienes confiscados durante la 
guerra. 

Por el quinto tratado, finalmente, otorgó el imperio un subsidio 
de sesenta mil patacones mensuales al 6 ^/o de interés y se recono- 



118 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 

cieron diversas partidas por préstamos anteriores, afectándose á 
su reembolso todas las rentas nacionales. El gobierno oriental se 
compromete á declarar en liquidación toda la deuda existente 
en 1/' de enero de 1852, á nombrar para la liquidación y clasifica- 
ción de créditos una juntii de crédito público compuesta de cinco 
miembros, siendo uno de ellos presentado por la legación brasi- 
leña, y á consolidar en el primer semestre de ese año la deuda re- 
conocida en fondos públicos de 3 y de 6 '/o de interés. Oblígase ade- 
más el gobierno oriental á cumplir estrictamente el artículo cons- 
titucional relativo á presentación anual de presupuestos y cuentas 
de gastos, y á no contraer ni reconocer deudas sin previa y espe- 
cial resolución de la asamblea. 

Tales son las estipulaciones capitales de los cinco tratados fir- 
mados el 12 de octubre de 1851, cuatro días después de termi- 
nada la guerra grande, entre el gobierno de la defensa que presi 
día don Joaquín Suárez, por su enviado especial don Andrés La- 
mas, y el gobierno brasileño por sus plenipotenciarios Carneiro 
Leao y Lampo de Abreu. 

El tratado de límites incorporaba al Brasil extensas zonas quft 
habían sido consagradas por el tratado de San Ildefonso, ne- 
gociado en 1877 entre la España y Portugal, y pertenecían irre- 
cusablemente á la república Oriental, á despecho de la resolución 
del año 1 819, por la que el cabildo de Montevideo cedía una parte 
de su territorio á cambio de la construcción de una farola en la 
isla de Flores, que evitase los naufragios, y del acta de anexión de 
1821 en que ¿e daban á la provincia Cisplatina los propios límites 
actuales, actos que se producían en plena dominación portuguesa 
y sin tener las autoridades orientales verdadera libertad de acción. 
No satisfecho el Brasil de esa gran absorción de territorio, desco- 
noció el derecho de la república á la navegación de la laguna Me- 
rim y del río Yaguarón, que eran aguas comunes aún (h'ntro de los 
mismos límites impuestos por el abusivo tmtado de que nos ocu- 
pamos. Paní que se vea hasta qué extremo llevó el irnpíuío su es- 
píritu de absorción, vamos á extra(;tar una nota del 1." de sep- 
tiembre de 1857 que dirigió la legación oriental protostiuulo con- 
tra violaciones del territorio, cuya nota se registra en los « Docu- 
mentos Diplomáticos », publicados al año siguiente por don An- 
drés Lamas: 



COMERCIO CON EL BRASIL 119 

La villa de Artigas, decía el señor Lamas, situada casi sobre la 
margen del río Yaguarón, queda inundada en las grandes crecientes, 
y en esos momentos las lanchas fiscales brasileñas navegan sobre 
las calles mismas de la villa oriental, habiéndose dado el caso de 
aprehender, á título de contrabando, artículos de comercio que se 
dirigían á otra parte de la república. Los habitantes de Artigas y 
de toda la margen del Yaguardn que pertenece á la repüblica, 
tenían desde tiempo inmemorial, antes y después del tratado de 
1851, botes y canoas destinados á usos comerciales y de simple co- 
municaci(>n personal, hasta que una noche cruzaron el río los 
agentes fiscales del imperio y se robaron todas las embarcaciones, 
sin respetar las mismas que estaban en tierra firme lí veinte varas 
de la costa. Esos pobladores ocurrían á la villa de Yaguarón en 
demanda de auxilios médicos y religiosos, de que carecían, y des- 
pués del robo de la referencia solicitaron la concesión de una sola 
canoa, que se emplearía exclusivamente en dichos objetos. La au- 
toridad oriental, asociándose ú la gestión, se ofreció d garantir el 
buen uso de la canoa, pero los empleados brasileños no sólo dese- 
charon el pedido, sino que iniciaron pretensiones sobre el uso del 
agua del río. Si merced á las guerras extranjeras y sobre todo á 
las disensiones de familia que han hecho la desgracia y debilitado 
á la república, el Brasil pudo jidquirir la posesión exclusiva de la 
navegación comercial del río Yaguarón, á que no tenía titnJo his- 
iórieo ni título de derecho, d que 7io tenía ni sombra de derecho, 
esa adquisición no ha despojado al soberano de sus otros derechos; 
la república los ha conservado y los mantiene, decidida como está 
á que tengan un límite definitivo los despojos qu i sus des(/racias 
facilitaron // consumaron. En una segunda nota de la legación 
oriental, suscrita como la anterior por el propio negociador del tra- 
tado de 1851, se expresa que la autoridad local de Artigas había so- 
licitado nucvamenl^e la concesión de un bote destinado al salva- 
mento de vidas on las creciontes del Yaguarón, y que también ese 
pedido había sido desestimado. No puede demorar por muclu» tiem- 
po, agrega, la provisión de tan urgente necesidad, y una vez colo- 
cada la bandera oriental en las embarcaciones que el gobierno orien- 
tal destine al servicio de seguridad y uso corriente de los habitan- 
tes de Artigas, esa bandera no sería aprisionada impunemente por 



120 CJOMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



ninguna fuerza ó autoridad extranjera. El gobierno brasileño, al 
contestar estas notas, declaró simplemente que habían sido exorbi 
tantes las medidas de fiscalización de que se quejaba el plenipo- 
tenciario oriental, y que en cuanto á la navegación del río Yagua- 
rón, atento al tratado de 1851 , y mientras no se llene el objeto que 
se tuvo en vista, en el de 1857, permitirá que la villa de Artigas 
tenga dos canoas ó botes de simple transporte de personas, para 
los fines con que se solicita la concesión. 

El tratado de comercio y de navegación era un buen complemen- 
to de esa política de absorción y de muerte. I^a provincia brasi- 
leña de Río Grande tenía entonces, como tiene hoy, varios esta- 
blecimientos saladeriles que se alimentaban con ganados orienta- 
les, extraídos en gran parte de las propias estancias de engorde 
pertenecientes á subditos brasileños. Los protocolos del tratíido de 
1857, contenidos en los mismos documentos diplomáticos que ve- 
nimos extractando, establecen que segán datos oficiales publicados 
por el gobierno imperial, los brasileños poseían en el año 1850 las 
siguientes estancias en territorio oriental : sobre la frontera del 
Chuy y San Miguel, 36 estíuicias con una extensión de 342 leguas 
cuadradas ; sobre la frontera del Cuareim, IGl estancias con una 
extensión de 381 leguas cuadradas; al sud del Arapey 77 estan- 
cias con 227 leguas cuadradas ; y sobre la frontera de Yagua- 
rón y de Bagó 1 54 estancias con una extensión de 832 leguas y 
media. En conjunto, 428 estancias con una superficie de 1,782 le- 
guas y media sobre la frontera. De dichas estancias sólo se cono- 
cía el ganado de 191 establecimientos que ocupaban 693 leguas y 
tenían 914,000 animales vacunos. Era necesario complementar la 
obra mediante la destrucción de los saladeres orientales, y de ello 
se preocupó el tratado de comercio y de navegación que examina- 
mos. ¿ De quó manera ? 

I^a repííblica Oriental abolía inmediatamente el impuesto ó de- 
recho vigente sobre el ganado (jue trasponía la frontera con des- 
tino lí Río (rrande. Exigió más el Brasil. Exigió que la exporta- 
ción quedara exenta de cualquier otro derecho ó impuesto. Poco 
tiempo después, la asamblea oriental dictó una ley gravando la 
extracción de ganado de cada de[)artamento con un impuesto de 
dos reales por cabeza, <|ue no era de expoilíieión, sino interno, y 



COMERCIO CON EL BRASIL 121 



como el Brasil reclamara, hubo que establecer que cuando se ex- 
trajeran animales de un departamento para otro departamento, re- 
giría el impuesto,, y que nada percibiría el fisco cuando los ganados 
marcharan á Río Grande. En compensación de tan considerable pri- 
vilegio, que aseguraba la vida y el desarrollo próspero de los sala- 
deros brasileños, el imperio se obligó á conservar la exención de im- 
puestos de consumo de que ya gozaban el charque y demás produc- 
tos ganaderos importados en Río Grande por la frontera terrestre, 
conviniéndose en que continuasen equiparados á los productos simi 
lares de la dicha provincia. Desde el año 1847 estaba suprimido ese 
derecho para dar mayor ensanche al comercio brasileño, por manera 
que nada nuevo se otorgaba á la república en cambio de las enormes 
ventajas que ella cedía. Pues bien: el mantenimiento de la misma 
exención de impuesto de consumo no tardó en reducirse considera- 
blemente, como medio de dar un golpe más recio á la industria orien- 
tal. En el acto de la celebración del tratado de 1851, el Brasil co- 
braba al charque que se introducía por otros puntos que los de la 
frontera terrestre, un derecho de 25 ^o- Si los saladeros orientales 
exportaban por mar, tenían que pagar el impuesto, pero si lo man- 
daban por la frontera, entonces podían abastecer á los demás 
puntos del Brasil, con la ventaja de la exención del impuesto so- 
bre el tasajo de otras procedencias. Pero sin aguardar á que el 
tratado envejeciera, fueron modificadas las tarifas del imperio y el 
impuesto del 25 "/o quedó reducido al 11 '/o y al 8 ^¡^ para el char- 
que de otra procedencia, anulándose en consecuencia la ventaja 
concedida. También se sometió á inaguantables trabas el pasaje de 
charque por la frontera, mediante la imposición de trasbordos y 
otros actos que tenían que herir de muerte nuestra corriente co- 
mercial. Según resulta de las notaos pasadas por el plenipotenciario 
oriental, la carne seca oriental introducida en Río Grande siguió 
esta enorme baja, como consecuencia de las medidas que indicamos: 

AfioB Arrobas 



1850-51 61S,926 

1851-52 25(5,076 

1852-58 231,030 

185354 212,545 

1854-55 126,002 



122 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 

El mismo tratado de comercio y de navegación establecía, en 
principio, la navegación común del río Uruguay y de todos sus 
afluentes, resultando entonces que mientras el Bi-asil obtenía el 
derecho de navegar en el Uruguay y en sus afluentes orientales, á 
la república se le cerraba el acceso á la laguna Merim y al Yagua- 
rón, que eran y tenían que ser comunes sin embargo, independien- 
temente de toda convención ó tratado. 

Ijoh demás tratados que hemos examinado, contenían tanibi(^n 
estipulaciones vejatorias. El de extradición convertía á la repú- 
blica, que nabía abolido en su territorio la esclavitud, en carcelera 
del imperio, para obligar lí los esclavos que trasponían la frontera 
á volver al yugo de sus amos, como cualquier animal escapado, 
llegándose basta el bárbaro extremo de autorizar la pcu-secución 
en país extraño ; el de préstamos acordaba al imperio el derecho 
de inten-enir en la composición de la junta de crédito público y 
en el cumplimiento de los deberes que la constitución impone al 
presidente de la república, y el de alianza convertía al Bi-asil en 
protector armado de los gobiernos orientales, autorizando la en 
trada de fuerzas en los casos de revolución, aunque á pedido de 
las propias autoridades intiTCsadas. 

¿ Cómo explicar todos estos atentados, usurpaciones y vejáme- 
nes? En su mensaje de 15 de febrero del año 1852, dijo lo si- 
guiente el gobierno de la defensa . de Montevideo á la asamblea 
reunida á raíz de la terminación de la guerra grande : « La nece- 
sidad de salvar al país y de asegurarle con la conservación de 
la paz pública, abundantes y sólidos medios de reparar sus in- 
apreciables pérdidas, me decidió á buscar el auxilio y concurso de 
los gobiernos del Brasil, Entre-Ríos y Corrientes, interesados in- 
mediata y directamente en el restablecimiento de la paz. Estas ges- 
tiones dieron por resultado una alianza perpetua entre todos esos 
estados, cuyo objeto único y expreso es mantener sus independen- 
cias respectivas contra toda dominación extranjera, y garantirse la 
integridad de sus territorios y asegurarse recíprocamente su tnin- 
quilidad interna. Ese primer paso trajo luego otros, que eran su 
consecuencia natural. Para que la alianza hiciese efectivos sus ob- 
jetos, dando á estos países seguridad, orden y libertad, que es la 
primera y más urgente necesidad de su desarrollo material y moral. 



COMERCIO CON EL BRASIL 123 

era indispensable uniformar los intereses encontrados de los alia- 
dos, eliminando toda cuestión futura que fuese capaz de interrum- 
pir la buena armonía de sus relaciones. Preciso fué, pues, arreglar 
la navegación de sus ríos interiores sobre bases anchas y liberales, 
combinar sus relaciones comerciales y buen vecinaje sobre el pie 
de la mejor equidad 6 igualdad posible,* y deslindar los límites de 
sus dominios territosiales con desprendimiento y con justicia. To- 
dos estos actos se ejercieron y todos ellos han sido la base y las 
condiciones de la alianza que ha traído á la república la situación 
en que se encuentra. Es este el momento de reconocer y recomen- 
dar lí vuestra consideración y á la de todo el país, el noble y ge- 
neroso proceder de aquellos gobiernos. En ellos ha encontrado la 
república cooperación franca y leal y el más elevado desinterés >. 
Son bien claras estas explicaciones dadas por don Joaquín Suárez 
y sus ministros el doctor Manuel Herrera y Obes,el doctor Adolfo 
Rodríguez y don José B. del Pino. Para terminar la guerra civil 
había que hacer concesiones al Brasil, y esas concesiones tenían 
que hacerse y se hicieron con desprendimiento excepcional, muti- 
lando el territorio y colocando al voraz imperio en situación de 
matar económicamente á la república. 

Gran polvareda levantó la publicación de los tratados, á raíz de 
la conclusión de la guerra grande. En concepto de diversas perso- 
nas, ellos no podían obligar á la nación, desde que el gobierno de la 
defensa de Montevideo había carecido de facultades para ratificar- 
los. El plenipotenciario brasileño exigió entonces el cumplimiento 
de lo pactado, y tuvo el gobierno de Giró que declarar que los tra- 
tados estaban ratificados por el gobierno provisorio, canjeadas sus 
ratificaciones y llevados á ejecución en su mayor parte y que en 
consecuencia los consideraba como hechos consumados, y que su 
respeto le interesaba sostener como continuador de la política del 
gobierno constitucional. La nota del gobierno de Giró era de 13 
de mayo de 1852, y dos días después se negociaba y firmaba un 
tratado de modificaciones al de límites, estableciéndose lo siguiente: 
que los cinco tratados de 12 de octubre de 1851 habían sido ra- 
tificados y ejecutados por ambas partes; que las dudas acerca de la 
exequibilidad de esos tratados, surgidas después del restableci- 
miento del raimen constitucional, han desaparecido, mediante la 



l'2i COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



concurrencia amistosa de! gobierno argentino; que el emperador 
del Brasil, deseando facilitar el cumplimiento de los pactos, remo- 
viendo dificultades, había acordado las siguientes modificaciones 
al de límites : que la línea divisoria que arrancaba de la emboca- 
dura del Chuy subiría por dicho arroyo y de allí por el punto de 
San Miguel hasta encontrar la laguna Merim y seguiría costeando 
su margen occidental hasta la boca del Yaguanni, conforme al nfi 
possidetis; que quedaría sin efecto la cláusula que reconocía al Bra- 
sil en toda soberanía media legua de terreno en las márgenes del 
Cebollatí y en las márgenes del Tacuarí; que todos los demás artícu- 
los del tratado de límites y de los pactos restantes quedaban en su 
pleno y entero valor, bajo la garantía esj)ontáneamente ofrecida y 
aceptada del gobierno de la confederación argentina. 

Fueron elevados luego á la asamblea para su sanción definitiva, 
siendo allí votados en los siguientes t<5rminos : « con la esperanza 
de ulteriores modificaciones que pongan de acuerdo las estipula- 
ciones de los tratados de 12 de octubre de 1851 con los verdade- 
ros intereses de la república, apruébase, etc.?>. Uno de los diarios de 
la época, El ComercM del Plata, registra este significativo suelto, 
en los propios días en que el gobierno de Giró arreglaba el nuevo 
tratado de modificaciones con el Brasil : « El ejército brasileño, 
una vez arreglada la cuestión de los tratados, va á seguir su marcha 
hacia Río Grande. Cónstanos que el conde de Caxias, tenía en esta 
ciudad á uno de sus ayudantes para que esperase el resultíido de la 
negociación pendiente, y ese oficial debe haber marchado ya con 
pliegos para el general brasilefío, portadores del feliz an-eglo de la 
cuestión. SegCm esto, aquel ejército se hallará muy luego en su te 
rritorio ». Fué, pues, en presencia de un ejército brasileño que 
tenía sus tiendas de campaña en la repííblica, que el gobierno y la 
asamblea resolvieron ratificar los tratados con las modificaciones 
que acababan de obtenerse. Otra circun^^tancia tenía que haceree 
sentir. Habían sido negociados los tratados por uno de los dos par- 
tidos en lucha, y en los momentos en que terminaba la guerra, pe- 
dir y sostener la repudiación de esos tratados, era encender otra 
vez la guerra civil y encenderla frente al ejército brasileño que 
avanzaba en defensa de los planes del imperio. La libertad y la in- 
dependencia de la república estaban amenazadas, y la asamblea le- 



<X)MERCIO CON EL BRASIL 125 



gislativa de 1852, que así lo veía, optó por la sanción de los trata- 
dos, con el voto ó esperanza de que antes hicimos mención. 

UN ESFUERZO EN FAVOR DEL LIBRECAMBIO 

No tardó en realizarse parcialmente ese voto, gracias á las ambi- 
ciones insaciables del imperio. Se recordará que por el tratado de 
comercio y navegación, obtenía la república la introducción libre 
de derechos del tasajo en Río Grande y que esa ventaja que equi- 
valía al 25 7ü al tiempo del pacto, fué reducida por el Brasil suce- 
sivamente al 1 1 y al 8 "/o mediante rebajas al tasajo de otras proce- 
dencias y trabas de todo género al comercio fronterizo. Se deseaba 
la ruina d<i nuestra industria saladeril, y todos los medios para con- 
seguirlo eran buenos. Paró el golpe á tiempo el gobierno oriental, 
enviando instrucciones al plenipotenciario en Río Janeiro don An- 
drés Lamas, para denunciar el tratado de comercio y navegación, 
en el caso de que el imperio no volviera sobre sus pasos. La de- 
nuncia era la muerte de los saladeros de Río Grande, que tenían 
que proporcionarse su materia prima en territorio oriental, y la 
amenaza de su realización abrió nuevos y fecundos rumbos á la po- 
lítica comercial de ambos países. Inició las negociaciones el pleni- 
potenciario oriental, presentando las siguientes bases, entre otras, 
parala revisión del tratado de comercio y navegación de 1851: 
ambas partes contratantes admiten en principio la conveniencia 
del libre cambio de sus productos naturales y agrícolas y convie- 
nen en hacer un ensayo práctico de abolición de ciertos impues- 
tos y reducción progresiva de otros; los productos naturales, los 
del ganado y todos los productos agrícolas de la república Oriental, 
gozarán de completa exención de derechos de consumo en el Bra- 
sil, ya sean introducidos por la frontera terrestre, ya fuesen por 
mar á cualquiera de los puertos del Brasil; en compensación, los 
productos naturales ó agrícolas del Brasil, gozarán de una rebaja 
del 2 "/o sobre los derechos de importación impuestos á los pro- 
ductos similares de toda otra procedencia; el principio establecido 
en el tratado de 12 de octubre de 1851, respecto á la navegación 
de los afluentes del Río Uruguay, se declara común á la navega- 
ción de la laguna Merim y del Río Yaguarón. Por nota de 27 de 



126 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



abril de 1857, hizo saber el Ministro Paranhos que el gobionio 
imperial aceptaba para la negociación las bases presentadas por la 
legación oriental. Fué nombrado para representar al imperio el 
vizconde del Uruguay. Tal es el origen del tratado concluido el 4 
de septiembre de 1857, cuyas cláusulas esenciales reproducimos 
á continuación: 

a) El gobierno oriental y el gobierno brasileño reconocen que la 
posición geográfica de sus respectivos países establecen mutua- 
mente relaciones muy especiales, que deben ser regladas mediante 
estipulaciones que al paso que favorezcan los intereses económicos 
y la prosperidad material de los dos países, liguen á sus habitantes 
y les hagan comprender prácticamente la estrecha dependencia en 
que se encuentran la paz, la riqueza y el bienestar recíprocos; 
reconocen además la conveniencia de un ensayo que pueda sumi- 
nistrarles los datos y las reformas necesarias para asentar en ellos 
un tratado definitiv^o que traiga progresivamente la abolición de 
los derechos fiscales y protectores sobre los productos naturales y 
agrícolas de los dos países y, por fin, el librecambio, cuya utilidad 
recíproca reconocen en principio; b) el ganado en pie que por la 
frontera fuese exportado á Río Grande será absolutamente libre 
de todo derecho de exportación; en cuanto al ganado brasileño 
que se introduzca en territorio oriental, para ser criado ó engor- 
dado, también será libre de todo derecho de impoi-tación; c el char- 
que y demás productos ganaderos de origen oriental que pasen á 
Río Grande por la frontera, estarán libres de todo derecho de ex- 
portación por parte vie la república; d) en compensación de esas 
ventajas, serán, libres de derecho de importación en el Bnisil y 
equiparados á los nacionales, el charque y demás productos gana 
deros de origen oriental, ya fuesen importados por la frontera, ya 
directamente por mar en cualquiera de los puertos del Brasil; e) 
los productos naturales y agrícolas del Brasil introducidos en los 
puertos orientales y los productos naturales y agrícolas de la repú- 
blica introducidos directamente de sus puertos en los del Brasil, 
gozarán de la siguiente reducción en los, derechos de consumo que 
pagan actualmente: en el primer año la reducción sei-á de 3 ^o» ^n el 
segundo de 4 "/o> y así sucesivamente irán disminuyendo 1 ®/o cada 
año; f) queda reconocida en principio la conveniencia para el co- 



COMERCIO CON EL BRASIL 127 

morcio, las industrias y las benévolas relaciones de los dos países, 
de abrir por concesión del Brasil la navegación de la laguna Merira 
y del Yaguarón á la bandera de la república Oriental; pero de- 
pendiendo la aplicación de este principio de exámenes y estudios, 
á que mandará el gobierno imperial proceder desde luego, será ma- 
teria de negociación ulterior, cuando se trate del tratado definitivo; 
entretanto el gobierno imperial, se ofrece espontáneamente á dar 
todas las facilidades posibles al comercio que se hace por la la- 
guna Merim y el Yagnarón, permitiendo que los productos puedan 
ser embarcados directamente sin estar sujetos á trasbordos forza- 
dos; a) la i-epáblica Oriental concederá á las líneas de vapores bm • 
«ileños, los mismos privilegios ya concedidos á los paquetes in- 
gleses y además la exención de derecho de ancorage, tonelaje y 
entradas de aduana, la exención de derechos al carbón importado 
con destino á dichos vapores y una garantía de diez años de no 
alterarse la situación de la tarifa existente respecto de los depósi- 
tos de carbón que se establecieran en Montevideo para servicio de 
las líneas brasileñas. 

Suscrito ya el tratado, el plenipotenciario oriental pasó nota, de 
acuerdo con las instrucciones de su gobierno, manifestindo que di- 
cho documento se clev^aría á las cámaras, con la siguiente inter- 
pretación de sus dos cláusulas capitales: (a) que el Brasil no podría 
acordar á ningfm otro país la abolición de derechos al charque y 
demás productos ganaderos, que se daba en compensación del libre 
pasaje por la frontera del ganado en pie á su entrada y salida del 
territorio oriental; (b) que la concesión hecha en principio de la na- 
vegación de la laguna Merim y Yaguarón á la bandera oriental, 
destruía el hecho existente antes de 1851 y el simple reconoci- 
miento de ese hecho que hixo por necc^sidad suprema el tratado del 
mismo año, restableciéndose así el principio de la comunidad na- 
tural de aquellas aguas; que la práctica de ese principio no puede 
estar sujeta á ninguna condición que la haga inexequible ó ilusoria 
y que los reglamentos con que se verificará la apertura á la nave- 
gación de las aguas; de la laguna Merim y del Yaguarón, serán ba- 
sados en los principios ya universalmente reconocidos y aplicados 
por los pueblos civilizados, esto es, en los principios adoptados 
para la navegación entre ribereños, después del congreso de Viena 



128 



CX>MERCTO EXTERIOR ESPECIAL 



de 1815 y ya reconoc'dos y admitidos por la república y por el im- 
perio. 

Contestando la nota del plenipotenciario oriental, dijo el viz- 
conde de Marangnape, ministro de relaciones exteriores del impe- 
rio: que el gobierno imperial reconoce que las estipulaciones del 
tratado de 1857 están basadas en consideraciones geográficas muy 
especiales, en el crecido número de estancias brasileñas estíibleci- 
das en territorio oriental, en los diversos intereses creados entre 
los dos países por el comercio que se hace del ganado y de sus pro- 
ductos por la frontera terrestre, Río Yaguarón y lagima Merim, y 
al cual está ligada la principal industria de Río Grande, como todo 
fué ampliamente explicado en los protocolos de la negociación y 
consignado en el preámbulo del mismo tratado; que entiende, pues, 
el gobierno imperial que el Brasil no está obligado á hacer á otras 
naciones las concesiones onerosas que hizo al estado oriental por 
el artículo 4." del tratado (exención de derechos de consumo al 
charque y demás productos animales), sino dándose por ellas idén- 
ticas condiciones para las mismas compensaciones; y que no es- 
tando ningún otro país en tales idénticas condiciones, las ventajas 
que resulten para el estado oriental del referido artículo 4.'\ no po- 
drán hacerse extensivas á una tercera potencia. Con relación á las 
aguas fronterizas, expresó en su nota el vizconde de Maranguape: 
que el gobierno imperial cuando se hubiese de realizar la conce- 
sión de la referencia, aplicará á ella los principios liberales que ha 
adoptado como base de su política fluvial, tanto como lo permi- 
tan la especialidad de esa navegación, la seguridad, la policía y la 
necesidad de la fiscalización en las localidades; agregando que pue- 
de estar cierto el señor Lamas, de que el gobierno imperial tendrá 
en toda atención los principios consignados en los pactos con el de 
la república en los estudios y exámenes á que debe mandar proce- 
der en ejecución del artículo relativo del tratado. 

En una segunda nota de la legación oriental, manifiesta el señor 
Lamas que la contestación del gabinete brasileño respecto del al- 
cance de la exención de derechos al charque y demás productos 
animales, se conforma con la inteligencia que le da el gobierno 
oriental; y respecto de las aguas fronterizas, que el gobierno impe- 
rial aplicará á su navegación los principios liberales que ha ádop- 



COMERCIO CON EL BRASIL 129 

tado coiiio base de su política fluvial, cuyos principios están con- 
signados en pactos con la república y muy especialmente en el 
protocolo de navegación fluvial de 15 de septiembre de 1857. 
Agrega que equiparándose sustanciabnente la navegación de la la- 
guna Merim y del Yaguarón á lo que respecto del Uruguay y sus 
afluentes hizo el tratado de 1851, ambas concesiones son perpe- 
tuas por su naturaleza y deben ser regidas por los mismos prin- 
cipios genemles en cuanto la especialidad de las localidades lo 
permita; y que en estas convicciones está dispuesto á entrar próxi- 
mamente en la negociación de los reglamentos respectivos, per- 
suadiéndose de que ha desaparecido toda desinteligencia acerca 
del alcance de la concesión hecha por el Brasil. Sobre esto último, 
replicó ol vizconde de Maranguape, que no puede darse á la cláu- 
sula del tratado la extensión que pretende el plenipotenciario orien- 
tal, en cuanto no se resuelva acerca de las condiciones en que será 
concedida á la bandera oriental la navegación de las aguas fronte- 
rizas, dependientes como están de los estudios que mandará prac- 
ticar el gobierno imperial; que todo lo que puede hacer por el 
momento es asegurar que el imperio tendrá en toda atención los 
principios consignados en los pactos con la república, en cuanto lo 
permitan las condiciones especiales; y que hay disposiciones en los 
pactos existentes sobre navegación fluvial con la república y es- 
pecialmente en el acuerdo de 15 de septiembre del año próximo 
pasado, tales como las que se refieren al libre tránsito, que no pue- 
den ser aplicadas á la navegación del Río Yaguarón y de la laguna 
Merim. No aceptó estas evasivas el plenipotenciario oriental, quien 
sostuvo que la concesión en principio de la navegación de las aguas 
fronterizas estaba irrevocablemente hecha y que los reglamentos 
no podían hacerla ilusoria y debían fundarse en los principios li- 
berales que registra el protocolo de 15 de septiembre de 1857, en 
cuanto la especialidad de las localidades lo permitan, porque es 
claro que el libre tránsito, por ejemplo, no puede ser aplicado á las 
aguas fronterizas. El vizconde de Maranguape limitóse á repetir 
que el gobierno imperial tendrá en toda atención los pactos cele- 
brados con la república en cuanto lo permitan la especialidad de 
esa navegación, su policía y fiscalización. Hubo todavía dos nue- 
vas notas en que cada uno de los ministros, refiriéndose á la inte- 



130 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 

ligencia y alcance que daban sus respectivos gobiernos á la na- 
vegación de las aguas fronterizas, se manifestaban prontos para 
efectuar el canje de las ratificaciones del tratado, cuyo acto se 
consumó en septiembre de 1858, previa aprobación por la asam- 
blea oriental y por el gobierno imperial. Un mes después, comuni- 
caba el vizconde de Maranguape al plenipotenciario oriental, que ya 
se habían dado órdenes al presidente de la provincia de Río Grande, 
para que se practicaran los exámenes y estudios tendentes á hacer 
efectiva la concesión de la navegación coiuíín del Yaguarón y de la 
laguna Merim. 

Quedaba, como se ve, muy allanado el viejo conflicto de las aguas 
fronterizas. En cuanto á la política comercial, el paso que se daba 
era de grandísima importancia. El tratado de 1851, csüibleció sim- 
plemente la exención de los derechos de frontera, y eso mismo en 
condiciones que permitían al imperio anular en gran parte las ven- 
tajas concedidas. Por el nuevo pacto, la corriente de exportación 
de carnes podría dirigirse indistintamente por mar ó por tierra á 
todos los centros de consumo, con una prima sobre el charque de 
Río Grande sujeto á un impuesto de extracción que era del 7 "/ , 
para el exterior y de 3 % para el interior, y otra prima miís consi- 
derable del 15 "/o sobre el charque argentino, que era lo que á la 
sazón cobraban las aduanas del imperio por derechos de importa- 
ción á ese producto. En compensación de esas ventajas, concedía 
la república el libre movimiento de entradas y salidas de ganados 
por la frontera terrestre y el mantenimiento de la exención de de- 
rechos de exportación al charque que marchara á Río Grande, vale 
decir, lo mismo que tenía que seguir dando por el tratado de IS;")! 
hasta el año 1861. LkOS concesiones relativ^as á los productos na- 
turales y agrícolas eran recíprocas y estaban hábilmente encamina- 
das íí una franca situación de librecambio. El plenipotenciario 
brasileño, vizconde del Uruguay, decía con mucha verdad en el cur- 
so de las negociaciones : « Es fuera de toda duda que las carnes que 
produce Río Grande son insuficientes, para el consumo del impe- 
rio. A óste le interesa por tanto que le sean abastecidas por la re- 
pública. Pero también nuiy grande es el interés de ésto en toiier el 
importantísimo mercado qu2 jujuél le ofrece lí su única industria 
actual. El estado Oriental produce un excedente de carnes que nos 



COMERCIO CON EL BRABIL 131 

son necesarias para llenar el vacío que en nuestro consumo deja 
nuestra producción de aquel género. El Brasil produce el azúcar, la 
yerba mate, el café, el tabaco, el aguardiente, las maderas, etc., pro- 
ductos indispensables que consume y no produce el estado Orien- 
tal. Las relaciones comerciales de los dos países, que ya son con- 
siderables, están por lo tanto determinadas por esas circunstancias^ 
por su proximidad y por así decir por la conmixtión de la pobla- 
ción de la frontera, de su industria, relaciones é intereses. Un sis- 
tema que perturbarse esas relaciones é intereses, perjudicaría á 
todos aquellos, ya brasileños, ya orientales, que concurren con su 
contingente para la única industria de esos parajes». 

FRACASA LA TENTATH^A 

Era la primera vez que en nuestras relaciones con el imperio 
resonaba esa nota de confraternidad comercial, tan fecunda para 
dos países colocados por su posición geográfica y su proximidad 
en la situación de consumidores obligados de sus grandes produc- 
tos de exportación. Desgraciadamente, el imperio no había aban- 
donado todavía su viejo espíritu absorbente. El mismo día en que 
se suscribía el tratado de comercio y de navegación, ajustábase 
otro de permuta de territorio, por el cual la repübliea cedía una 
fracción fronteriza con destino á ejido de la villa de Santa Ana 
do Livraraento, en cambio de otra porción de igual área que cedía 
el Brasil. Fué elevado el nuevo convenio á la consideración del 
senado, cuya corporación lo rechazó en junio de 1858, á pesar de 
haber sido favorablemente informado por la comisión especial en- 
cargada de su estudio. Al año siguiente insistió el gobierno en la 
sanción del convenio, y entonces la comisión de legislación fundó 
su informe contrario « en que el Brasil había dado repetidas prue- 
bas de que sólo esperaba circunstancias de angustias para la re- 
pública, para apropiarse de ginudes zonas del territorio nacional, 
y que sería lo más peligroso |>ara nuestra propia seguridad esta- 
blecer tratados de cesión de territorios, bajo el pretexto de per- 
muta ó de cualquier otro, que después servirían de precedente 
para negociar otros y otros en circunstancias adecuadas para su 
logro» . Terminaba en esos momentos la administración Pereyra y 



132 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 

uno de los primeros actos del nuevo gobierno de don Bernardo 
Berro fué dirigirse al senado solicitando primero el aplazamiento 
de la discusión del tratado de permuta, y luego su retiro defini- 
tivo. Es que en esos momentos se sabía que entre el plenipoten- 
ciario oriental y el brasileño se había convenido reservadamente, 
desde 1858, que la aceptación del tratado de permuta era condi- 
ción indispensable para que pudiera mantenerse y cumplirse el 
tratado de comercio y navegación ya sancionado y en plena eje- 
cución por ambas partes contratantes. 

Apenas conocido el retiro del tratado de permuta, tiró un de- 
creto el gobierno imperial por el cual fundándose en el no cumpli- 
miento de las notas reversales respectivas, suspendía la ejecución 
del tratado de comercio y declaraba subsistente el tratido de 12 
de octubre de 1851. Esa solución fué aceptada por el gobierno 
v)riental, quien al año siguiente dejó sin efecto las exenciones del 
expresado tratado de 1851, á mór!to del vencimiento del pla;;o de 
diez años fijado á su duración, y restableció el derecho de expor* 
tación sobre el ganado en pie, volviendo así ambos países, por 
culpa de la política siempre odiosa y absorbente del imperio, á la 
vieja situación de tirantez comercial en que todavía se encuentran. 

No terminaremos estas referencias históricas sin hacer men- 
ción de que ya en esa época remota el Brasil se quejaba de que 
las autoridades de la república no impedían el contrabando que 
notoriamente se practicaba, tanto por el lado de la Argentina como 
por nuestras fronteras terrestres. En concepto del plenipotencia- 
rio oriental, el principal agente del contrabando era el mismo fis- 
co brasileño, que al poner trabas al comercio lícito y recargarlo 
con impuestos elevados, estimulaba el comercio ilícito y no tenía 
en consecuencia, derecho para molestar á sus vecinos con exigen- 
cias desarregladas de fiscalización. Citaba don Andrés Lamas, en 
el año 1857, por \^a de ejemplo ilustrativo, el hecho asombroso de 
que los artículos de producción brasileña tenían que pagar al 
tiempo de su exportación un derecho real del 25 y hasta del 30 **/o 
de su valor. Pudo y debió agregar que la extrema elevación de los 
derechos de importación ha corrompido en todo tiempo los resortes 
de la propia fiscalización brasileña, y que el remedio contra el 
contrabando debía en consecuencia buscarse mediante la supresión 



) 



COMERCIO CON EL BRASIL 133 

•de trabas inútiles, baja progresiva de derechos y una política libe- 
ral, inspirada en los fecundos principios que dieron vida al tratado 
de comercio y de navegación ajustado en el ano 1857. 



30 



134 



COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



Artíenlos exportatlos al Brasil 



(Sólo figuran los que en nlgt^ti año «xccden do diez mil pesos) 



I 



CANTIDAD 



Afrecho, kilos . . 



Alfalfa, valor, kilos. 



Aceite de potro, kilos. 



Ajos y cebollas, valor. 



Alpiste, kilos . 



( 1877-1881 
1 1882-1886 
j 1887-1891 
í 1892-1896 
\ 1897-1901 

1877-1881 
1882-1886 
1887 1891 
1892-1896 
1897-1901 

1877-1881 
1882-1886 
1887-1891 
1892-1896 
1897-1901 

1877-1881 
i 1882-1886 
) 1887-1891 
/ 1892-1896 

1897-1901 

1877-1881 
1882-1886 
1887-1891 
1892-1896 
1897-1901 



4:635,980 
9:972,922 
6:578,986 
16:482,251 
3:745,383 



1:126,727 

159,699 

212,779 

9,971 

32,997 

242 



VALOR 



10,421 

88,352 ! 

4,300 I 

873,842 ' 

42,878 I 



83,365 
97,729 
56,090 
191,774 
47,406 



12,571 
72,642 
53.086 
21,112 

26,790 

24,361 

1,107 

4,301 

29 

14,036 
13,652 
11,328 
59,252 
48,364 

582 
5,136 

252 

36,273 

1,701 



1 



(X>MERCIO CON EL BR&BIL 



135 



CANTIDAD 



VALOR 



1877-1881 

Cueros vacunos secos. \ 1882-1886 

unidades ) 1887-1891 

1892-1896 
1897-1901 



<'Ueros vacunos 
unidades . . 



/ 1877-1881 

, , I 1882-1886 
salados, jgg^jgg^ 

' ' 1892-1896 

\ 1QQ7 



Cueros vacunos secos, ki- 
los 



Cueros yeguarizos 
dos, kilos . . . 



sala- 



Cueros yeguarizos secos, 
unidades 



Cueros yeguarizos 
dos, unidades. . 



sala- 



Cueros vaquillona y bece 
rro salados, kilos . 



1897-1901 

- 1877-1881 
I 1882 1886 
. 1887-1891 
/ 1892 1896 
I 1897-1901 

1877-1881 
1882-1886 
1887-1891 
1892-1896 
1897-1901 

1877-1881 
1882-1886 
1887-1891 
1892-1896 
1897-1901 

1877-1881 
1882-1886 
1887 1891 
1892-1896 
18971901 

/ 1877-1881 
\ 1882-1886 

- 1887-1891 
I 1892 1896 

1897 1901 



92,733 

6,904 

17,126 

37,463 

6,789 

39384 

26,014 

22,889 

4,546 

877 

6,868 



601,031 

34,669 

120,297 



3,827 

6,033 

12,748 

180 



22,950 
3,631 



5,723 
50,093 



190,857 
17,288 
34,453 
75,384 
19,074 

200315 

129,800 

115,53» 

18,705 

3,559 

13,756 



38,452 

48,082 

3,832 

10,826 



2,680 

4,165 

17,235 

261 



26,197 
3,631 



1,145 
10,092 



13G 



COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



CANT'DAI) 



Carne tasajo, kilos . 



Carne conservada, kilos 



Fideos del país, kilos 



18771881 
1882-1886 
1887-1891 
1892-1896 
1897-1901 

1877-1881 
1882-1886 
18S7 1891 
1892-1896 
1897-1901 

1877-1881 
1882 1886 
1887-1891 
1892 1896 
1897-1901 



VAI/)K 



Priitíi fresca, valor. 



1877- 
1882- 
1887- 
1892 
1897- 



1881 
1886 
1891 
1896 
1901 



/ 1877-1881 

\ 1882-1886 

Ganado vacuno, unidades. <. 1 887 1 89 1 

/ 1892-1896 
' 1897-1901 



Ganado yeguarizo, unida- 
des 



Ganado ovino, unidades 



1877-1881 
1882 1886 
1887-1891 
1892-1896 
1897-1901 

, 1877-1881 
1 1882-1886 
; 1887-1891 
/ 1892 1896 
( 1897 1901 



88:877.843 
121:683,317 
116:872,470 
206:978,339 
209:575,793 

845 
467 

179,965 
1,491 

482,943 

326,385 

188,006 

346 



442,291 
171.228 
2.52.201 
522.837 
243,309 

16,229 
14.271 
15,483 
97.729 
20,103 

94.417 
271,396 
136.225 
540,603 
233,515 



8:852,029 
12:168.341 
11:801.121 
19:890,191 
22:405,382 

101 
47 

40,816 
299 



46,593 

34,031 

26.927 

21 

83,785 
67,874 
76,361 
99.583 
79,360 

5:804.670 
2:001,920 
3:510,636 
3:857,932 
1:839,207 

1.33,119 
132..Ó21 
194,691 
613,387 
94.815 

129.974 
259,415 
79,342 
270,221 
140,395 



COMERCIO CON EL BRASIL 



137 



Ganado mular, unidades . 



Ganado porcino, unidades 



Ganado diverso, valor. 



Gorduras, kilos . 



i 



Grasa vacuna, kilos 



Harina, kilos. 



Lana, kilos 



Lenguas secas^ docenas 



I 



1 





CASTIDAtí 


V.iLüR 


1877 1881 


1,034 


12,219 


1882-1886 


995 


11,893 


1887-1891 


3,600 


43,179 


1892 1896 


19,253 


174,770 


1897-1901 


4,032 


32,256 


1877-1881 


517 


4,622 


1882-1886 


619 


4,891 


1887-1891 


615 


3,390 


1892-1896 


11,572 


41,109 


1897-1901 


5,221 


15,663 


1877-1881 


— 


622,249 


18771881 


2:155.788 


261,937 


1882-1886 


7:755,086 


907,493 


1887-1891 


3:951,470 


431,654 


1892 1896 


12:666,657 


1:318,331 


1897 1901 


13:767.002 


l:412p03 


1877-1881 







1882-1886 





— 


1887-1891 


77,783 


10,869 


1892 1896 


48,166 


4,720 


1897-1901 


28,279 


2,843 


1877-1881 


23:768,243 


1:348.258 


1882 1886 


22:108,965 


1:239,829 


1887-1891 


25:249,247 


1:426,468 


1892-1896 


81:357,921 


2:777,630 


1897-1901 


60:557,356 


2:430,052 


18771881 


198.441 


42,142 


1882-1886 


978,032 


214,802 


1887-1891 


924,443 


252,895 


1892 1896 


2:310,798 


551,225 


18971901 


2:188,448 


554,388 


1877 1881 


28,623 


14,268 


1882-1886 


3,222 


1,611 


1887-1891 


1,023 


987 


1892-1896 


— 


— 


1897-1901 


— 


— 



138 



COMEBCIO EXTERIOR ESPECIAL 



CANTIDAD 



18771881 

Lenguas conservadas, ki- \ 1^82 1886 
los 1887-1891 

1892-1896 
1897-1901 



Maíz, kilos 



Ppsto, valor, kilos . 



Paja para escoba, valor 



Vapf s, kilogramos , 



Porotos, kilos 



Trigo, kilos 



1877-1881 
1882-1886 
18871891 
1892-1896 
1897-1901 

1877-1881 
1882-1886 
1887-1891 
1892-1896 
1897-1901 

1877-1881 
1882-1886 
1887-1891 
1892-1896 
1897-1901 

' 1877-1881 

i 1882-1886 

, 1887-1891 

/ 1892-1896 

1897-1901 

' 1877 1881 
1882-1886 
1887 1891 
1892-1896 
1897 1901 

1877-1881 
1882 1886 
1887-1891 
1892 1896 
1897-1901 



129,447 
104,288 

71,004 
133,837 

91.592 

24:499,175 
15:175,549 
20:708,897 
108:300,087 
20:378,504 



I 



1:189,508 



VALOR 

15,059 
10.475 
12,985 
27,832 
18.319 

782,080 
302,890 
265.218 
1:366,746 
275,425 

11,583 
16,170 
13,056 
35,758 
11,752 

8,174 

6,946 

11,999 

31,247 

45,690 



2:002,203 


105,762 


166,847 


8,342 


75,635 


3,720 


386.731 


14.334 


157,436 


4,663 


134,785 


11,167 


4,468 


239 


3,884 


205 


1:463,407 


52,460 


6,600 


227 


196,698 


9,032 


736.032 


29,710 


16:281,072 


725,674 


16:007,753 


328,234 


49:534,355 


1:218,627 



COMERCIO CON EL BRASIL 



139 



Artícnloa importados del Biaall 



(S<ilo figuran Im que en nigtiu afio exceden de diez mil pesos) 



CANTIDAD 



VALOR 



Aguardiente, litros. 



Alambre para cerco, kilos. 



Arroz, kilos 



Astas, millares . 



Azúcar, kilos 



/ 1877-1881 
1 1882-1886 
1887-1891 
1 1892-1896 
\ 1897-1901 

'1877-1881 
, 1882-1886 
1887-1891 
' 1892-1896 
,1897-1901 

■ 1877-1881 
1882-1886 
1887-1891 
1892-1896 
1897-1901 

■ 1877-1881 
1882-1886 
1887 1891 
18921896 
1897-1901 

1877-1881 

1882-1886 

1887-1891 

'1892-1896 

,1897-1901 



75,541 

45,553 

376,457 

265,937 

1,600 

925,779 
1:878,833 
671,140 
914,728 
472,999 

708,359 
638,701 
299,960 
300,273 
341,466 



526 



25:845,048 

26:535,262 

16:185,418 

3:501,382 

974,372 



7,731 

4,807 

32,831 

21,316 

248 

57,990 
104,807 
33,558 
46,397 
28,729 

55,700 
56,810 
27,077 
26,628 
30,732 



15,940 



3:301,301 

3:227,407 

1:458,757 

287,266 

87,693 



140 



COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



Café, kilos 



Caña, litros 



C'arne tasajo, kilos . 



Cerda, kilos 



1877-1881 
1882- 1880 
1887-1891 
1892-1896 
1897-1901 

1877-1881 
1882-1886 
1887-1891 
1892-1896 
1897- 1901 

1877-1881 
1882-1886 
1887- 1891 
1892-1896 
1897-1901 

/ 1877-1881 
118-2-1886 
,{1887-1891 
(1892-1896 
\ 1897-1901 



, 1877-1881 

r. \ A \ 1882-1886 

Cueros vacunos salados, ,' .o j.- .r.,., 



unidades 



Cueros vacunos 
unidades . . 



secos, 



Dulce en geQeral, valor. 



1887-1891 
( 1892-1896 
■ 1897-1901 

n877-1881 
\ 1882-1886 
) 1887-1891 
f 1892-1896 
1897-1901 

1877-1881 
1882-1886 
1B87 1891 
1892-1896 
1897-1901 



OANTIUAD 



VALOll 



3:324,680 
4,350,610 
5:296,027 
4:944,549 
5:374,208 



819,425 

1:086,767 

271,135 

138:701 

289,808 



3:279,129 316,206 

1:968,8141 175,715 

673,097 I 54,125 



271,590 



9:025,732 



176,617 



114,557 



206,158 



21,728 



902,573 






44,184 



572,800 



412,627 



62,351 
48,637 
62,139 
37,189 
37,546 



COMERCIO CON El- BRASIL 



141 



CANTIDAD 



VALCIK 



Fariña, kilos. 



1877-1881 
1882-1886 
18S7-1891 
1892-189G 
1897-1901 



1877-1881 

b ruta seca yon aguardien- \ - „„_ . „„. 

• • • •/ 1892-1896 
1897 1901 



te, valor 



Ganado vacuno, unidades 



ídem ovino, unidades. 



1877-1881 
\ 1882-1886 

1887-1891 
f 1892 1896 

1.897-1901 

1877-1881 

\ 1882-1886 

.1887-1891 

/ 1892-1896 

1897-1901 



,1877-1881 

• 11882-1886 

ídem yeguarizo, unidades. ' 1887-1891 

fl 892- 1896 
.1897-1901 



ídem mular, unidades. 



Gorduras, kilos. 



/ 1877-1881 
1882 1886 
1887 1891 
1892-1896 
1897-1901 

/1877-1881 
ll 882 1886 
n1887 1891 
(1892-1896 ¡ 
\1897-1901 



11:278,737 
13:464,486 
11:091,696 
9:238,003 
12:630,755 



7,040 

30,676 

52,944 

307,043 

94,750 



1,287 

3,346 

47,858 

5,556 

366 

5,547 

2,925 

16.248 

37,196 

66 I 

2.278 
1,284 



2:567,477 ! 
1,321 ¡ 



5.-)9,787 
567,067 
444,021 
369,633 
505,230 

41,021 
54,018 
49,004 
34,955 
62,306 

40,698 

159,461 

236,017 

1:764,378 

738,058 



1,023 

2,223 

33,166 

2,952 

2,013 

13,981 

17,174 

72,792 

162,765 

792 
108 

17,937 
10,272 



256,793 
201 



142 



COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



CASTIDAD 



VALOR 



Harina, kilos 



Joyas y alhajas, valor. 



Kerosene, litros. 



Lana, kilo? 



Maderas, valor 



Pichúa, kilos. 



Tabaco en hoja, kilos 



' 1877-1881 
1 1882-1886 
1887-1891 
f 1892-1896 
; 1897-1901 

/ 1877-1881 
1882-1886 ! 
1887-1891 
1892-1896 I 
1897-1901 

r 1877-1881 
,1882-1886 
'l887-lb91 
' 1892-1896 
, 1897-1901 

/ 1877-1881 
[ 1882-1886 
. ' 1887-1891 
f 1892-1896 
\ 1897-1901 

1877-1881 

\ 1882-1886 

, , 1887-1891 

f 1892-1896 

',1897 1901 

/ 1877-1881 
\l882-1886 
. \ 1887-1891 
( 1892-1896 
\ 1897-1901 

'1877-1881 
18821886 
1887-1891 
1892 1896 
1897-1901 



905,968 ; 
37,260 I 



363,38.0 

2,468 

56,406 

58,833 



.065,554 



123,762 

134,094 

34,001 



1:209,776 

1:44.3,752 

795,607 

801,759 



68,215 
1,612 



12,824 
100 



17,476 

125 

2,703 

2,740 



106,038 



86,390 
166,215 
163„502 

.52,494 
105,431 



,50,893 
53,638 
13,601 



283,886 
311,415 
246,929 
235,093 



COMERCIO COK EL BRASIL 



143 



CANTIDAD 



VALO:; 



Tabaco negro, kilos . 



Tabaco, kilos . , . 



Trigo, kilos 



Vino en cascos, litros . 



Ycrba-maJte, kilos . 



1877-1881 
\ 1882-1886 
{1887-1891 
11892-1896 
\ 1897-1901 

1877-1881 
1 1882-1886 
^ 1887-1891 
/ 1892-1896 
, 1897-1901 

1877-1881 i 

i 1882-1886 

. 1887-1891 

/ 1892-1896 

\ 1897-1901 

/ 1877-1881 
1 1862-1886 
1887 1891 
r 1892-1896 
X 1897-1901 

1877-1881 
1882-1886 
1887-1891 
1892-1896 
1897-1901 



2:650,110 

2:847,938 

696,033 

149,149 

4:086,011 
1:053,686 



599,210 



305,174 
212,753 
163,898 
110,970 
66.967 

21:814,549 
25:182,011 
30:489,705 
38:909,943 
42:036.625 ¡ 



1:051,255 

1:144,400 

285,325 

61,150 

1:663,477 
401,590 



33,785 



33,141 
26,814 
20,519 
13,979 
8,036 

2:926,437 
2:810,768 
3:023,795 
3:890,995 
4:203,462 



(CAPITULO TV 

Oscilaciones del comercio exterior 

EL COMERCIO POR QUINQUENIOS 

La estaclÍ3tica oficial del cpinerrio exterior especial de la repú- 
blica Oriental, desde 1864 hnsta 1000 (metálico excluido;, arroja 
el siguiente resultado por quinquenios : 

<ju¡u<|ii('n¡os (.no 

figuran IinportacioiuvH Exportad" aios 

1K»)5 y 187r)) 

1864-18(59 § 73:580,629 § 55:147,288 

1870-1874 ^ 86:984,431 » 73:149,362 

1875-1880 ....... 78:833,999 * 82:483,336 

1881-1885 * 106:241,545 » 117:526,631 

1886-1890 » 143:506,537 » 125:531,862 

1891-1895 » 106:240,832 » 146:654,617 

1896-1900 » 119:457,756 » 155:9S4,599 

Carecemos de datos igualmente precisos acerca del movimiento 
de la población en esos mismos períodos. El censo levantado en 
1860 dio á la repáblica Oriental 229,480 habitantes. Cálculos 
posteriores practicados por el jefe de la oficina de estadística, don 
Adolfo Vaillant, dieron sucesivamente las cifras de 450,000 habi- 
tantes en 1873, de 440,000 en 1877 y de 438,000 en 1879. Nue- 
vos cálculos de la dirección de estadística, fundados en el creci- 
miento vegetativo, aumentos migratorios y censos parciales le- 
vantados en los departamentos dieron 582,000 en 1885, 706,000 
en 1890, 792,000 en 1895 y 936,000 en 1900. Sobre la base de 
esos datos y otros complementarios, podemos suponer á la repú- 



OSCILACIONES DEL COMERCIO EXTERIOR 145 

blica una población de 300,000 almas al empezar el quinquenio 
1864-1869 y de 350,000 al finalizar ese período; de 450,000 al 
finalizar el quinquenio 1870-1874; de igual cifra al finalizar el 
quinquenio 1875-1880; de 580,000 al finalizar el quinquenio 
1881-1885; de 700,000 al finalizar el quinquenio 1886-1890; 
de 800,000 al finalizar el (luinquenio 1891-1895; y de 936,000 
al finalizar el quinquenio 1896-1900. Tendríamos entonces que 
la población se ha triplicado con relación á la cifra inicial del pri- 
mer quinquenio, y se ha duplicado con relación á las cifras de 
los quinquenios 1870-1874 y 1875-1880. 

No han seguido tan considerable desarrollo las importaciones. 
Para que hubieran triplicado, necesitarían figurar en el quinquenio 
1896-1900 con 220 millones y sólo figuran con 119 y medio mi- 
llones, ó sea un simple aumento de 46 millones con relación al 
quinquenio 1864-1869. Y para que hubieran duplicado con re- 
lación á los quinquenios 1870-1874 y 1875-1880, necesitarían 
ofrecer un movimiento de 174 millones ó de 157 1/2 millones, 
segáu se adopte por base uno ú otro período. 

Las exportaciones han seguido parcialmente el mismo rapidí- 
simo desan-ollo que la población. Con relación al quinquenio 1896- 
1900, el movimiento resulta casi triplicado sobre la base de 1864- 
1869; duplicado con exceso sobre la base del quinquenio 1870- 
1874, y casi duplicado sobre la base del (juinquenio 187r)-1880. 
La comparación entre los quinquenios 1881-1885 y 1896-1900 
da resultados menos halagadores. En el primero de esos períodos, 
la población osciló de 480,000 íÍ 580,000 habitantes y en el se- 
gundo de 818,000 á 936,000 habientes. Hubo tendencia á la 
duplicación de cifras. Entretanto, la importación sólo aumentó 
de 106 ÍÍ 119 millones de pesos, ó sea un progreso de trece mi- 
llones, y la exportación aumentó de 117 12 millones á 156 mi- 
llones, ó sea un progreso de 38 12 millones de pesos. 

El quinquenio 1886-1890 fué de enorme expansión en todos 
los negocios, como que abanta tres anos de excepcional prosperi- 
dad, 1887, 1888 y 1889. La corriente de importación subió á 
143 12 millones, cifra mucho más alta que la obtenida en el 
quinquenio 1896-1900. La exportación creció mucho menos, y 
por eso el quinquenio 1896-1900 denota un progreso de 30 12 
millones de pesos. 



146 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 

La comparación con el quinquenio 1891-1895 arroja en favor 
de 1896-1900 un aumento de trece millones en la importación y 
de nueve y medio millones en la exportación. 

DATOS ANTERIORES 

ün informe del poder ejecutivo á las cámaras, sobre el estado 
de la hacienda pública, de 21 de marzo del año 1836, firmado por 
el presidente Oribe y su ministro de hacienda señor Juan María 
Pérez, da las siguientes cifras sobre el comercio exterior desde 
1830 hasta 1835, previniéndose que las importaciones figuran por 
su valor de aforo y las exportaciones por los valores corrientes: 

Años Importaciones Exportaciones 



1830 3 2:626,514 $ 2:390,264 

1831 » 2:229,733 > 1:413,113 

1832 » 2:450,670 » 1:920,714 

1833 » 3:090,737 > 2:280,701 

1834 » 2:987,303 » 2:686,012 

1835 » 3:091,969 > 2:764.540 



$ 16:476,826 $ 13:455,344 

De los infonncs ofíciales publicados en julio de 1829 resulta 
que la república Oriental tenía en esa fecha 74,000 habitantes. El 
censo levantado en 1835 le asignó 128,371 almas. Don Andrés 
Lamas, en su « Notice sur le republique Oriéntale de TUruguay», 
registra estas cifras relativas á nuestras importaciones y expoi-ta 
clones en tres períodos muy distintos : 

AA<>9 Importaciones Exportaciunos 



1827 $ 2:651,067 $ 2:077,275 

1836 , 3:597,437 » 3:444,9.08 

1842 , 9:234,696 » 7::521,666 

Agrega el señor Lamas que la república recibía inmigración do 
Europa, de la Argentina y del Brasil, habiéndose incorporado al 
solo puerto de Montevideo, según datos oficiales, cuarenta y ocho 



OSCILACIONES DEL COMERCIO EXTERIOR 147 



mil almas en el lapso de siete auos, cifra que representa casi los 
dos tercios de la población que existía en toda la república en el 
año 1829. Da idea del incremento de la corriente de brazos, el he- 
cho de que la inmigración francesa fué de 998 almas en 1836 y 
de 5,218 en 1842, y que la inmigración italiana fué de 512 almas 
en 183H y de 2,515 en 1842. Al puerto de Montevideo entraron 
en 1830, con procedencia de ultramar 213 buques. La entrada fué 
en 1836 de 335 buques con 61,149 toneladas de registro. Y en 
1842 fué de 824 buques con 158,625 toneladas de registro. 

Pertenecen los siguientes párrafos á la « Memoria sobre el es- 
tado de la hacienda pública escrita por orden del gobierno por 
don Pedro de Angelís, en el año 1834 » : 

< Los buques de ultramar que en los años anteriores pasaban 
sin pararse delante de Montevideo, empiezan á mirarlo como el 
término natural de su viaje. Allí descargan sus mercaderías, allí 
realizan sus ventas y sólo . cuando no encuentran compradores ó 
les faltan retornos vienen á buscarlos en nuestra rada. El gobier- 
no oriental nada omite para hacer de su puerto un foco de acti- 
vidad y de especulaciones lucrativas. Montevideo atrae ya una 
cantidad de buques fuera de toda proporción con su población. 
En 1831 anclaron en su puerto 264 buques extranjeros y 127 ar- 
gentinos á más de 200 de su pabellón. Los que fondearon en 
nuestra rada en la misma época ao pasan de 207, número inferior 
al primer guarismo. Desde algún tiempo ha dominado considera- 
blemente el tráfico de las provincias litorales, que se va retirando 
de nuestro mercado para hacer sus cambios en el de Montevideo. 
Tenemos que contrabalancear la ventaja natural de un puerto más 
abrigado que nuestro fondeadero ; la artificial de un muelle que 
no tenemos, y todos los ahorros y facilitaciones que procura 
al comercio estas ventajas ; por último la de una legislación más 
liberal que empieza á transformar la rada de Montevideo. Para 
que no obren contra nosotros tojos estos elementos de atracción 
es preciso neutralizarlos marchando en la misma senda para al- 
canzar el mismo objeto. » 

Todo este gran movimiento de expansión comercial quedó cor- 
tado por las rencillas entre los generales Rivera y Oribe. Los dos 
primeros presidentes constitucionales de la república, dividie- 



148 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 

ron al país en bandos antagónicos de odios feroces que tuvieron 
ancho campo en la larga y sangrientíi guerra que empezó el año 
1843 y terminó el año 1851, dejándonos semilla para innume- 
rables revoluciones más. 

¿Existe adelanto ó retroceso del punto de vista de los gua- 
rismos del comercio exterior (pie dejamos extractados? Con rela- 
ción al ano 1835, tenemos h cifra precisa de la población, y divi- 
diendo por ella el movimiento comercial del mismo año, resulta 
que cada habitante importó por 24 í$ y exportó por 21 ^ 50. En 
el año 1900, es decir, 65 años despu(5s, la capacidad comercial fué 
de 25.60 para la importación y de 31.40 para la ex[)ortación. 
En ese lapso de tiempo, la población de la república se ha multi- 
plicado por siete, el comercio de importación se ha multiplicado 
casi por ocho y el comerci:) de exportación se ha multiplicado 
por diez. En 1836, un año después del que acabamos de tomar 
como pinito de comparación las importaciones aumentaron en me- 
dio millón de pesos y las exportaciones en setecientos mil pesos, y 
seis años más tarde, en 1842, en la víspera de la guerra grande, la 
importación se había triplicado, alcanzando la cifra de nueve mi- 
llones doscientos mil pesos y la exportación se había casi tripli- 
cado tambidn alcanzando la cifra de siete millones trescientos mil 
pesos. Carecemos desgraciadamente de datos acerca del movi- 
miento de la población en el mismo período y no podemos hacer 
distribución por cabeza de habitante, aunque salta á los ojos que 
el progreso comercial ha tenido que ser inmensamente mayor (pie 
el de la población. El censo de 1S52 levantado á raíz de la termi- 
nación de la guerra grande, dio 131,969 almas y el censo levantado 
en 1860 dio la cifra de 229,480 habitantes. Volviendo á los gua 
risnios comerciales, en el año 1862, que fué de perfecta tranquili- 
dad y de horizontes halagadores para el trabajo, la importación fué 
de ocho millones cien mil pesos y la exportación de ocho millones 
ochocientos mil pesos, niveles que denotan relativamente á la 
importación retroceso con relación al año 1 842 y con relación á la 
exportación progreso de un millón y medio de pesos.. 

De las publicaciones de Mr. Vaillant, extraemos los siguientes 
elementos de comparación : segiln los estados confeccionados por 
el señor Juan M. Madero, redactor de El Comercio del Plata, la ex- 



OSCILACIONES Í>EL COMERCIO EXTERIOR 140 



portación de frutos del país hi6 en 1S40 de 6:583,590 pesos; en 
1841 de 6:0í3S,772; y en 1842 de 5:BOO/)77 pesos tnotiedn actual, 
resultando un t<^rmino medio a?uial de 5:974.313 pesos, que dis- 
tribuidos entre los ciento cincuenta mil habitantes que tenía en- 
tonces la república dan la proporción de cuarenta pesos por habi- 
tante; durante el quinquenio 1867-1871 el término medio anua} 
de la exportación fué de 12:852,163 pesos, que distribuidos sobre 
una población que puede estimarse en trescientas ochenta mil al 
mas, dan una proporción de 33 $ 82 por habitante; el término me- 
dio anual de 1872 y 1873 fué de 15:900,414, cuya suma repartida 
entre los 450,000 que tenía la república arrojan la proporción de 
35 pesos por cabeza. He aquí ahora un cuadro comparativo de los 
principales productos de nuestra exportación: 

1840 A 1842 1872 Á 1873 

lY'niiino medio aiiiial T^nuiíio medio anual 



Cueros vacunos salados. . . . 553,294 790,545 

» » secos. . . . 711,006 467,750 

» caballares 54,600 97,488 

Cerda kilos 148,150 463,838 

Lana y> 991,040 16:141,185 

Cueros lanares . . . . doc. 4,329 kilos 3:109,545 

Grasa y sebo kilos 2:793,189 10:481,325 

» de yegua ^ 97,278 57,760 

Velas sebo caj. 3,267 nada 

Carne tasajo kilos 29:357,522 35:368,223 

Plumas avestruz . , . . y> 1,010 23,962 

El número de cueros vacunos fué de 1 :244,300 en el primer pe- 
ríodo y de 1:258,295 en el segundo, lo que quiere decir que la pro- 
ducción 8C ha mantenido absolutamente estacionaria. En cambio 
de un periodo i, otro, la lana tuvo un aumento de 16 veces, el sebo 
de cuatro veces y la cerda de tres veces. También crecieron fuer- 
temente la pluma de avestruz y los cueros caballares, pero en am- 
bos productos el progreso de las exportaciones proviene de la des- 
trucción de los animales. En 1872 había mucho menos avestruces 

11 



150 



COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



que en 1 840 y no existía ni la cuarta parte de los caballos que ha- 
bía entonces. Para complementar su cuadro, establece el señor 
Vaillant, los precios corrientes de ambos períodos en esta forma : 
la pesada de cueros salados, 3$á3$70en 1840-42 y 6 $ 80 á 9 $ 
en 1 873-74; la pesada de cueros secos, 2$80á3$80y7$á8$ 
respectivamente; la arroba de lana, 1 $ 20 á 2 $ 20 en 1840-42, y 
2 $ 60 á 2 $ 80 en 1873-74; el quintal de carne tasajo, 1 $ 60 á 
2 $ 20 en 1840-42, y 2 $ 40 á 3 $ 60 en 1873-74. Aforo de los 
cueros, término medio, 4 $ 36 cada uno en 1872, 5 $ 44 en 1873 
y 4 $ 66 en 1874. 

IjA balanza comercial 



) 



En los seis años de 1830 á 1835, las importaciones arrojan un 
excedente de tres millones de pesos. De 1864 á 1869 el excedente 
de las importaciones es de diez y ocho millones y medio. De 1870 
ai 1874, el excedente fué de cerca de catorce millones. De 1875 á 
1880, las exportaciones prevalecen presentando un superávit de 
tres y medio millones. Esc superávit excede de once millones en el 
quinquenio 1881-1885. En 1886-1890, vuelven á prevalecer las 
impoilaciones arrojando un superávit de diez y ocho millones 
Desde ese momento, recuperan nuevamente su predominio las ex- 
portaciones, presentando un superávit que es de cuarenta millones 
y medio en 1891-1895 y de treinta y seis millones y medio en 
1896-1900. 

Durante los ñltimos 25 años, la república Argentina ha tenido 
el siguiente movimiento comercial (metálico excluido): 



QUINQUENIOS 

1876-1880 
1881-1885 
1886-1890 
1891-1895 
1896-1900 



IMPORTACIÓN 

221:202,045 
383:665,913 
647:983,676 
442:797,634 
548:217,179 



EXPORTACIÓN 

238:122,773 
330.444,123 
445:332,912 
532:435,272 
691:318,716 



En el primer quinquenio las exportaciones superan en diez y 
siete millones. En el segundo son las importaciones las que preva- 



OSCILACIONES DEL COMERCIO EXTERIOR 151 

Icccn <íon un excedente de cincuenta y tres millones, que crece á 
doscientos millones de pesos en el quinquenio 1886-1890. En los 
dos quinquenios subsiguientes, recobran su predominio las exporta- 
ciones con un superávit de noventa millones en 1891-1895 y de 
ciento cuarenta y tres millones en 1896-1900. 

Comparando el movimiento comercial en ambas márgenes del 
Plata, se ve que las importaciones se ensanchan progresiva y con- 
siderablemente en los quinquenios 1881-1885 y 1886-1890, decaen 
fuertemente en el quinquenio 1891-1895 y reaccionan con cierto 
vigor en el quinquenio 1896-1900, alcanzando niveles que sólo es- 
tán superados por los del asombroso quinquenio 1886-1890. En la 
columna de las exportaciones, da pruebas la república Argentina 
de un crecimiento constante y rapidísimo que avanza á razón de 
noventa, de cien y hasta de ciento sesenta millones por cada quin- 
(juenio. La república Oriental da también pruebas de un progreso 
constante y no interrumpido en Ijis exportaciones, estando repre- 
sentado el progreso de cada quinquenio por nueve, diez y ocho y 
hasta treinta y cinco millones de pesos. 

De 1876 1880 á 1896-1900, las exportaciones argentinas se han 
triplicado y las importaciones, aunque no han alcanzado á tanto, han 
podido duplicarse con notable exceso. En los mismos veinticinco 
años, la república Oriental no ha podido duplicar enteramente sus 
exportaciones, que fueron de 82 1/2 millones en 1S75-1880 y de 
156 millones en 1896-1900, y su progreso ha sido todavía mucho 
menos rápido en las importaciones que fueron respectivamente de 
setenta y nueve millones y de ciento diez y nueve millones y me- 
dio en números redondos, arrojando una diferencia de cuarenta 
millones y medio simplemente. 

La república Argentina tenía 2:223,189 habitantes en 1876 y 
4:512,342 en el año 1900, según los datos publicados en el Anua- 
rio de la Dirección General de Estadística de aquel país. En los 
veinticinco años, duplicó su población. La república Oriental te- 
nía 440,000 habitantes en 1877, según cálculos de nuestra Direc- 
ción de Estadística, y 936,000 al finalizar el año 1900, habióndose 
en consecuencia, duplicado con exceso la población en el mismo 
período. Si el comercio oriental hubiera progresado en la misma 
forma que su población, habría presentado en el quinquenio 1896- 



162 COltERClO iBXtBRtOR MBPBCIAL 



1900 una exportación de no menos de 165 millones y una impor- 
tación de 158 millones de pesos, ó sea el doble jUHtnmonto del mo- 
vimiento relativo al quinquenio 1875-1880. 

Los más altos guarismos del comercio de importación corres- 
ponden á las épocas prósperas, de grun expan(^ión en los negocios, 
mientras que los guarismos bajos señalan las épocas de licpüdación 
de las orisis promovidas pf)r aquellas propias expansiones. Corres- 
ponde al período de 1864-1869 la formidable crisis del año 1868 
que liquidó rápidamente, reanudándose á los cuatro aflos la febril 
actividad en los negocios, que dio origen A la crisis comercial de 
1874, agravada al año siguiente por una gran crisis política, (pie 
trabó de nuevo las corrientes comerciales, estimulando el aho- 
rro del país. En el quinquenio 1886-1890 resurge la febril ac- 
tividad en todas las esferas económicas y estalla la gran orisis 
comercial del año 1889, do liquidación penosísima en el quinquc- 
uio subsiguiente. El quinquenio 1896-1900 es todavía do abatí- 
miento, de pereisa en los negocios, pero ya revela síntomas do ma- 
yor actividad, que colocan de nuevo a' la república en la i>endicnUí 
de los grandes desenvolvimientos económicos» En el comercio 
argentino tienen las oscilaciones de nuestro cuadro el mismo sig- 
nificado. 

Nos conducen estas observaciones á la teoría de la balanza de 
comerolo, segftn la cual todo país que vende al exterior más de lo 
que compra, so enriquece, mientras que se empobrece y se arruina 
todo el que compra artículos extranjeros por un valor superior 
al de sus ventas, resultando entonces que la cantidad de metálico 
que entra ó sale suministra la clave del estado econóuiico de una 
plaza. 

En esa fomm estrecha y primitiva es sencillamente inaceptable 
la teoría de la balansa de comercio. Desde luego, no basta compa- 
rar en block los guarismos de la importación y de la exportación 
para determinar si un país se enriquece ó empobrece. Hay que 
analizar el movimiento comercial^ porque no es lo mismo comprar 
al exterior artículos de consumo personal inmediato, que capitales 
industriales bajo forma de máquinas, mateiiales ó materias primas 
destinadas á impulsar el mecanismo do las industrias nacionales, 
ni tampoco del punto de vista de las exportaciones vender al ex- 



OSGILACIOXE8 DEL COMERCIO EXTERIOR 153 



terior materias primas que productos elaborados que representan 
un gran desarrollo fabril. Eu segundo lugar, el movimiento do en- 
tradas V salidas de mercaderías no constituye la Ctnica forma de 
negociación internacional. La Inglaterra, por ejemplo, durante ol 
quinquenio de 1887-1891 tuvo una importación de mercaderías 
por valor de 2.032:304,836 libras esterlinas y una exportación de 
productos por valor de 1.214:039,109 libras, ó sea un saldo des- 
favorable al país de 818 millones de libras, equivalentes á cuatro 
mil millones de pesos de nuestra moneda, y lejos de arruinarse se 
ha enriquecido y se enriquece constantemente por los inmensos 
capitales que tiene colocados en el mundo entero bajo forma de 
empréstitos á los gobiernos, ferrocarriles, bancos, sociedades co^ 
merciales de todo género, todo lo cual le produce al año Intere^ 
ses, dividendos, amortisacioncs y beneficios por enormes can- 
tidades que le permiten cubrir el déficit de las exportaciones de 
productos y absorber el metfíllco do otras plazas. En tercer lugar, 
la teoría de la balanza de comercio aprecia los productos exporta- 
dos en el momento de su embarque y los importados en el mo- 
mento de su llegada al puerto de destino, y esta manera de oal 
cular está expuesta d grandes inexactitudes, especialmente cuando 
se trata de países que tienen marina mercante propia para la moi^ 
vilización de sus productos. Si una casa inglesa manda á Monte- 
video un buque de su bandera cargado de rieles, de carbdn 6 de 
tejidos, la estadística de Inglaterra anotará simplemente el precio 
de la mercadería en el punto de embarque, que es mucho miCs bajo 
que el precio de la misma mercadería en el puerto de destino, 
puesto que se habrán agregado los fletes, los seguros y las comi- 
siones que percibirán también otras casas inglesas. Y si el mismo 
buque, en su viaje de retorno, lleva cueros, lana ó extracto do 
carne, la aduana inglesa anotará el valor de la mercadería recar- 
gada con los fletes y comisiones que percibirá el comercio inglés, 
y que no representan en consecuencia una deuda oon el extran- 
jero. 

Pero si en vez de adoptar la teoría de la balanza de coniercío 
en su forma primitiva, la ampliamos diciendo, por ejemplo, que 
cuando la totalidad de las deudas internacionales excede de hi to» 
talidad de loe créditos contra el extranjero, ó viceversa, cuando 



154 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



la totalidad d»> los créditos excede de la totalidad de las deudas, 
la balanza es favorable ó desfavorable y en consecuencia el stock 
metálico aumenta ó declina, entonces resultará una formula bas- 
tante exacta para determinar la dirección de las corrient<ís de me- 
tálico entre una plaza dada y las plazas extranjeras. Y decimos 
para conocer el sentido de las corrientes de metálico, por(|iio la 
balanza de comercio no puede determinar otra cosa. Pretender 
que un país se empobrece por el solo hecho de endeudarse mucho 
con el extranjero y tener que exportar más metálico del que im- 
porte, es sencillamente un absurdo, puesto que las deudas pueden 
provenir de capitales reproductivos, de máquinas, de materias 
primas, de rieles, que aumentan la capacidad productora del país 
importador y lo habilitan para solventar sus deudas, exactamente 
como el particular que toma dinero en préstamo para instalar un 
taller ó una casa de comercio, con cuyas ganancias paga los prés- 
tamos y puede formarse un capital propio más 6 menos conside- 
rable, según sus aptitudes y su suerte en los negocios. 

El examen del cuadro del comercio exterior desde el ano 1804 
hasta el año 1900, que hemos hecho anteriormente, prueba que 
las épocas de gran desarrollo en las importaciones han terminado 
siempre en crisis comerciales de verdadera gravedad, mientras 
que los períodos de retraimiento en las compras de productos ex- 
tranjeros coinciden con el ahorro del país y la reconstitución 
de los capitales dislocados ó perdidos en los períodos anteriores. 
Es que de una manera general nuestras importaciones son do ar- 
tículos de consumo personal inmediato, y además la república 
Oriental es deudora de fuertes capitales al exterior. Con relación 
á lo primero, nos bastará decir que desde el año lcS75 hasta el año 
1900 ascienden nuestras importaciones á la suma de quinientos 
cincuenta y cuatro millones, y que en esta cantidad sólo estíín re- 
presentados los materiales para industrias y las máíjuinas y herra- 
mientas por algo menos de cien millones. Todo lo demás corres- 
ponde á comestibles y bebidas, tabacos, ropa hecha y confeccio- 
nes, otros artículos fabricados, tejidos y ganado en pie. Con rela- 
ción á lo segundo, el mercado inglés, sobre todo, tiene situados en 
la república valiosísimos capitales, bajo forma de títulos de deuda 
nacional, acciones ferrocarrileras y de tranvías, gas, aguas corrien- 



/ 



OSCILACIONES DEL COMERCIO EXTERIOR 105 



tes y otras de igual trascendencia que nos constituyen permanen- 
temente en deudores de la plaza de Londres. Es natural, pues, que 
cada vez que las importaciones reciben impulso considerable, se 
incube una crisis comercial del alcance y proyecciones de lasque 
tendremos oportunidad de estudiar en otros capítulos de esta 
misma obra. 

Muy frecuentemente hemos aplazado los efectos del desequili- 
brio comercial endeudándonos más todavía, mediante la contrata- 
ción de empréstitos ó la simple negociación de títulos ya existen- 
tes. Antes de estallar la última crisis comercial de 1890 hubo un 
moNámiento considerable de papeles internacionales para entonar 
el mercado. En l.'^ de enero de 1888, en los comienzos del período 
próspero, la deuda unificada estaba distribuida casi por igual en- 
tre las plazas de Montevideo y Londres, poseyendo cada una al- 
rededor de cinco y medio millones de libras esterlinas, y tres años 
después, ó sea á fines de 1890, Montevideo sólo conservaba dos 
millones de libras, habiéndose elevado el stock de Londres á más 
de ocho y medio millones. En los mismos momentos se contrata- 
ban el empréstito de veinte millones, el empréstito municipal de 

* seis millones, el empréstito de nueve millones cuatrocientos mil 
pesos, que agregados á los títulos de unificada que habían cam- 
biado de plaza, hacen subir los préstamos de dinero bajo forma de 
compra de títulos de deuda páblica á la enorme cantidad de cin- 
cuenta millones de pesos nominales, en el solo lapso de tiempo de 
tres años, aparte de los capitales particulares incorporados en el 
mismo tiempo. Al contratarse un empréstito, ó realizarse una re- 
mesa de títulos, siente el país todo el alivio que le hubiera pro- 
ducido un progreso de sus exportaciones de productos, unas 
cuantas barcadas más de lana, de trigo, de cereales. Pero en se- 
guida, luego que empieza la obligación de pagar el servicio de 
intereses y amortización, el efecto es como si las importaciones 

se hubieran aumentado, quedando en consecuencia agravada la 

crisis. 

METÁLICO AMONEDADO 

En los cuadros del comercio exterior que hemos examinndo, no 
figura el metálico. Es interesante el dato de las importaciones y 



V 



ir)6 



COMERCIO EXTKRIOR ESPECIAL 



exportaciones de monedas desde el año 1878 en que empezó íí 
publicarse. Damos a continuaci(5n el movimiento entre el pueii» 
de Montevideo exclusivamente y los puertos extranjeros : 



ilüVIMIKNTO CON UrUOl'A 



MOVIMIENTO CON TODOS LOS PUERTO» 
KXTRANJKROS COMPRENDIDA KU- 
RuPA. 



Kutrados 



Salidas 



1878-1880 
1881-1885 
1S86-1890 
1891-1895 
1896-1900 



6:545,062 ¡ * 
4:451,697 I » 
1:398,313 ! » 
9:579,537 
12:999,405 



1:943,480 , 3 

11:938,657 | ^ 

15:142,697 i • 

2:a54,802 ;¡ » 

8:827,074 :¡ . 



I'witmdas ¡ 

12:516,303 
20:S60,010 
20:376,944 
26:932,577 
24:780,140 



Salidas 



9:624,804 
23:487,031 
39:131,728 
17:740,604 
19:012,544 



Son daficientes las cifras. Aparte de todo el metálico que en- 
tra y sale sin declaración alguna que pueda anotar la estadística, 
se recogen muy mal los mismos datos declarados á las agencias y 
á la aduana. Con estas salvedades, comparemos las oscilaciones de 
nuestro cuadro con las del movimiento de importaciones y exporta- 
ciones de mercaderías. Durante el quinquenio 1881-1885 la exporta- 
ción de mercaderías superó á la importación en más de once millones 
de pesos, pero el país en vez de recibir once millones en oro, em- 
pobreció su stock metálico embarcando para el exterior cerca 
de tres millones de pesos. En el quinquenio 1886-1890 las 
importaciones de productos excedieron á las exportaciones cu 
diez y ocho millones de pesos, y entretanto el país sólo perdió 
cerca de diez millones de pesos. En el quinquenio 1891 1895 las 
exportaciones de productos superan á las importaciones en cua- 
renta y medio millones de pesos, pero el país en vez de recibir tan 
grueso excedente en oro, sólo recibió alrededor de nueve millones 
de pesos. Finalmente, en el quinquenio 1896-1900 las exportacio- 
nes de productos superan en treinta y seis y medio millones á las 
importaciones, pero el país sólo recibió en oro im saldo que no al- 
canza á seis millones. Todas estas contradicciones entre los gua 
rismos/elativos al movimiento de mercaderías y el guarismo rela- 
tivo al movimiento de metálico, serían insolubles dentro de los 
estrechos marcos de la antigua balanza de comercio, pero tienen 



OSCILACIONES DEL COMERCIO EXTERIOR 157 



una explicación bien llana si se hace intervenir la totalidad de los 
créditos y la totalidad de las deudas, agregando á las mercancías 
que moviliza el comercio exterior, los títulos de deuda y los de- 
más valores internacionales que tan alto juego han tenido en nues- 
tro desenvolvimiento económico. 

Agregaremos también que son deficientes los valores fijados 
oficialmente á los productos de importación que se regulan por la 
tarifa de avalaos y los productos de la exportación que se regulan 
por los precios corrientes del mercado. La tarifa de avalúos no se 
modifica absolutamente desde hace quince años, y como ya se ha- 
bían estacionado los aforos altos como medio de mantener el nivel 
de la renta, sucede actualmente que muchos artículos figuran ofi- 
cialmente por el doble ó el triple de su precio real y verdadero en 
depósito. El abaratamiento de la producción realizado en los últi • 
mos veinte anos por el progreso de los procedimientos industria- 
les y por la competencia internacional, puede decirse que no se 
ha hecho sentir en nuestras estadísticas oficiales que continúan, 
por ejemplo, aforando el vino común en casco á razón de doce 
centesimos el kilo, ó 56 pesos la pipa, mientras que una pipa de 
vino de excelente marca puede obtenerse en depósito por la mi- 
tad de ese precio. Hace dos años el poder ejecutivo nombró una 
comisión revisora de leyes, reglamentos y tarifas de aduan;). Pues- 
tas estas últimas al nivel de los precios corrientes de plaza, re- 
sultó que sobre una importación oficial de veinticinco millones 
había que rebajar alrededor de cinco millones por concepto de afo- 
ros excesivos, (.on relación á la exportación, ha demostrado el se- 
ñor Silva y Antuña, oficial primero de la dirección de estadística, 
que en el importante rubro de lanas no se ajusta la estadística á 
los precios corrientes exactos, sino que establece promedios que 
disminuyen fuertemente el valor de la producción nacional en dos 
millones de pesos dentro del solo año 1901. 

CLASIFICACIÓN DE ARTÍCULOS 

La dirección general de estadística clasifica las importaciones 
y exportaciones en las siguientes categorías que corresponden al 
fiXkO 1900 : 



ir>8 



COMERCÍO EXTERIOR EaPECIAL 



IMPORTACIONKS 






EXPORTACIONES 








$ 


1 
2::*i8,5C7 | Animulos en pie .... 


$ 


531,211) 


Coraostibles, conmles y o«po- 






Productos de ganadería y sa- 






eias • . . 


> 


4:957.751 


laden>s 


> 


2r,:(;06,52R 


Tabocas y cigarros .... 


. 


210,421 


Productos de la agricultura . 


» 


1:(HJ9,017 


Gi'neros de todas clases . . 


> 


4:l(X;,0<i3 


Otros productos 


> 


473,<)58 


Ropa hochn y artículos confec- 






Varios artículos 


» 


(),9ir> 


cionados 


» 


1:802,443 


Rancho. Artículos pam con- 






Materias para industrias, ma- 






sumo ó prorisiones d»» bu- 






teriales y máquinas . . . 


, 


7:253,877 


(jues 


^ 


110,941 


Varios artículos 


» 


2:774,12c 








Ganado en pie 


» 


1:009,95» 










$ 23:078,206 | 


$ 


20:410,802 




^— 






^^ 





La clasificación del Anuario de la dirección general de esta- 
dística de la república Argentina es más detallada, y sobre todo 
mucho más racional. Damos en seguida los rubros recapitulativos 
que á su turno se subdividen en categorías especiales para facili- 
tar las comparaciones, y acompañamos esos rubros con los valor 
res en pesos oro del quinquenio 1896 1900 y separadamente del 
año 1900 : 



lUPOBTÁCIONKS 



18ÍK1-100Ü 



19III) 



Animales vivos 

Sustancias alimenticias 

Tabaco y sus aplicaciones .... 

Bebidas 

Materias textiles y sus artefactos . 

Aceites fijos, minerales y volátiles . 

Sustancias y productos químicos y 
faimacéuticos 

Colores y tintes 

Maderas, otras sustancias leñosas 
y sus artefactos 

Papel y sus artefactos 

Cueros y sus artefactos 

Hierro y sus artefactos 

Demás metales y sus artefactos . . 

Piedras, tierras, cristalería y pro- 
ductos cerámicos 

Artículos y manufacturas diversas . 

Totales 



3:810,349 
.54:620,945 
16:760,631 
38:953,942 
180:193,868 
17:822,406 

17:124,917 
3:942,462 



32:698,587 
13:563,365 
5:170,602 
89:534,922 
15:150,143 

44:590,005 
_14|28039ó 

5487217^39 



364,271 

10:453,326 

3:147,161 

7:277,851 

37:597.847 

4:194,.342 

3:760,594 
865,727 

7:040,854 
2:926.206 
1:244.764 
19:054,051 
3.343,172 

8:893,370 
3:.321,533 

'll3Í485,069 



OSí^ILACIONES DEL COMERCIO EXTERIOR 



159 



EXI'ORTACIONKS 

1 


is!ií>-l'j;w 


i'jmi 


Productos de la ganadería : 

a Animales vivos 

/S Despojos animales 

y Materias animales elaboradas . 

d Residuos animales 

Productos de la ^ricultura : 

a Materias primas 

/í Materias vegetales elaboradas . 

y Residuos vegetales .... 

Productos forestales 

Productos de la minería .... 

Productos de la caza 

Productos y artículos varios . . . 


40:947,250 

3.55:722,574 

18:890,464 

3:199,893 

222:972,333 
23:418,481 
5:311.839 
11:229,370 
1:224.172 
3:029,729 
5:373,015 


5:942,1.30 

61:084,550 

3:568,189 

659,017 

73:045,267 
2:952,449 
1:428,640 
3:508,915 
262,222 
990,594 
1:158,439 


Totales 


691:318.716 


154:600,412 



Durante el año 1900 las inaportacLoncs argentinas en ganado 
vivo oscilan alrededor de la tercera parte de las importaciones 
orientales. En sustancias alimenticias, alrededor del doble. En ci- 
garros y tabacos la diferencia es considerable, representando una 
entrada (juince veces mayor. En bebidas, las entradas argentinas 
fueron tres veces más altas. Pero son las exportaciones las que 
más nos interesa comparar, en cuanto revelan el distinto grado de 
diversificación industrial á que han llegado las repúblicas del 
Plata. En animales vivos la exportación argentina es once veces 
máó considerable que la oriental. Y en todos los demás productos 
de ganadería y saladeros es cerca de dos y media veces más consi- 
derable. En los productos déla agricultura la diferencia es enor- 
me, como que la Argentina exportó una cantidad cuarenta y siete 
veces más considerable que la Oriental. Como resultado del exa- 
men comparativo de las exportaciones, puede decirse que relativa- 
mente á la población, que es de cuatro y medio millones en la Ar- 
gentina y de cerca de un millón en la Oriental, los argentinos em • 
barcan pocos productos de ganadería y saladeros, pero mucho 
más que nosotros en animales vivos y en productos agrícolas, ha • 
biendo resucito por medio de esas dos importantísimas salidas el 
problema de su diversificación industrial. 



160 



COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



El mismo rubro de productos de la ganadería contiene catego- 
rías que revelan notable diversificación industrial, con relación á 
nuestro país. Entre los despojos animales, figuran los carneros 
congelados, de cuyo producto se exportaron en todo el quinquenio 
1896-1900, 268,871 toneladas, estando representada la exporta- 
ción del año 1900 por 56,412 toneladas, aforadas respectivamen- 
te en 13:01 1,383 y 4:512,973 pesos oro; las vacas congeladas, de 
cuyo pix)ducto se exportaron en todo el quinquenio 46,774 tonela- 
das y en el año 1900 exclusivamente 24,590 toneladas, aforadas 
respectivamente en 3:346,286 y 2:458,957 pesos; y varias carnes 
congeladas, de las que se exportaron 4,285 toneladas en el quinque- 
nio y 1,089 en daño 1900 exclusivamente, aforadas en 198,621 y 
70,797 pesos oro. Todos estos productos se embarcaron con dea- 
tino á los mercados de Inglaterra y Francia. En el rubro de ani- 
males vivos, figuran los vacunos con la cifra de 1:442,656 en to- 
do el quinquenio y 150,550 exclusiva'nente en 1900, destacándo- 
se entre los mercados de consumo la repfiblica Oriental con 596,362 
en el quinquenio y 60,699 en el año 1900; la Inglaterra con 370,048 
en el quinquenio y 34,026 en el año 1900; el Brasil con 214,125 
en el quinquenio y 24,113 en el año 1900; y Chile con 190,']97 en 
el quinquenio y 22,501 en el año 190O. En cuanto á los animales 
ovinos en pie, la exportíición fué de 2:335,517 en el quinquenio y 
de 198,102 en el año 1900 exclusivamente, destacándose entre los 
mercados de consumo la Inglaterra (jue compró 1:721,299 en to- 
do el quinquenio y 160,316 en el año 1900; la Francia que adqui- 
rió 383,405 en el quinquenio y 14,900 en el año 1900; y la Bóliri- 
ca que compró en el quinquenio 69,175 y en el año 1900 simple- 
mente 1,220. 

Para que pueda apreciarse el progreso que revelan esos guaris- 
mos recapitulativos, agregaremos el siguiente dato relativo al co- 
mercio exterior en el año 1890. La repáblica Oriental tuvo una 
exportación de 29:085,519 pesos así distribuidos: animales en pie 
544,709 pesos; productos de ganadería y saladeros 26:007,091; 
productos rurales 1:234,934 ; otros productos 1:253,849; rancho 
44,936. La exportación argentina fué de 100:818,993 pesos a?í 
distribuidos: productos de la ganadería 61:306,597; prod\ieto5 
agrícolas 25:591,401; productos industriales 8:999,236 ; produc 



08CILAC£ONfiS DÜL COMERCIO EXTERIOR 161 

tos forestales 1:413,324; productos de la minería 673,690; pro- 
ductos de la caza 346,073 y productos varios y rancho 2:488,672. 
Se ve, pues, que en la estadística oriental no se han alterado sen- 
ttiblemente las proporciones, mientras que on la ai*gentína la agri- 
cultura ha saltado do 25 1/2 á 77 12 millones de pesos. 

Las exportaciones del Río do la Plata, i*evelan simplemente di-> 
fereucias do cantidad en los mismos productos. No ocurro así en 
casi todos los demás países do América, que embarcan productos 
enteramente distintos de los nuestros. Tenemos á la vista la esta* 
dística comercial de Chile, y de ella resulta que durante el afio 
1899 tuvo la siguiente exportación en pesos de 18 peniques y en 
sus respectivas categorías: minería 137:637,603 pesos; agricultura 
10:597,870; manufacturas 3:862,117; vinos, liaores y alcoholes 
328,615; animales y sus despojos 5:050,108; artículos diversos 
l:4o0,424; numerario 2:595,577; reexportación: artículos nacio- 
nalizados 1:172,164; numerario 401,655; total 163:106,133 i^e- 
SLUJ. La importación de Chile en el mismo aüo fué asf: materias 
anímales y vegetales 17:696,669; tejidos 29:058,119; materias 
primas 21:689,398; relojes, joyas y objetos de uso personal 
2:091,586; máquinas, aparatos y otros artículos para industrias, 
artos y oficios 12:695,066; artículos para el menage y servicio 
doméstico y otros usos 5:686,111; papeles, cartones y sus aplica- 
ciones 2:940,975; bebidas espirituosas, fermentadas y naturales 
981,831; tabaco y sus derivados 336,268; minerales y metales 
42,319; artículos concernientes á las bellas artes, ciencias y letras 
837,045; drogas y especies medicinales 1:690,254; armas, muni 
ciónos y explosivos 786,709; artículos diversos 9:770,402; mone- 
das 7,668; total de la importación 106:260,358 pesos. Die» años 
antes, en 1889, la exiwrtación de Chile fué de 65:963,100 pesos, 
figurando en esa cantidad la minoría con 56:452,089 pesos sim- 
plemente; y la imiK)rtación de 65:090,013 pesos. La base capital 
do las exportaciones chilenas la suministran, pues, los productos 
de minería, que son para ese país lo que los de la ganadería y sa- 
laderos para los pueblos del Plata. 



162 



COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



PROPORCIÓN POR HABITANTES 



Durante el año 1862, la república Argentina presentó una im- 
portación de 23:138,712 y una exportación de 19:151,339 pesos, 
siendo su población de 1:424,740 almas. En el mismo año la repú- 
blica Oriental tuvo una importación de 8:151,802 y una exporta- 
ción de 8:804,442 pesos, con una población que puede estimarse 
en 270,000 almas sobre la base del censo de 1860 que dio 229,480. 
En 1873, las cifras argentinas son de 73:434,038 pesos en la im- 
portación, 47:398,291 pesos en la exportación y una población de 
2:045,028 almas; y las orientales, de 21:075,446 pesos de impor- 
tación, 16:301,772 pasos de exportación y una población de 
450,000 almas. En 1879, el movimiento argentino es de 46:363,593 
en la importación, de 49:357,503 en la exportación y 2:421,827 
de población; y el movimiento oriental, de 15:949,903 pesos de 
importación, 16:645,961 pesos de exportación y 438,245 de po- 
blación. En 1885, la estadística argentina da en la importación 
92:221,969 pesos, en la exportación 83:879,100 pesos y en la po- 
blación 2:880,111; y la estadística oriental, en la importación 
25:275,476 pesos, en la exportación 25:253,036 y en la población 
582,858 almas. En 1890, hubo en la Argentina, 142:240,812 pe- 
sos de importación; 100:818,993 pesos de exportaciórf y una po- 
blación de 3:377,780; y en la Oriental, 32:364,627 pesos de impor- 
tación, 29:085,519 pesos de exportación y una población de 
706,524/ En 1895, la argentina importó 95:096,438 pesos, exportó 
120:067,790 pesos, con 3:984,911 almas; y la oriental, importo 
25:386,10(1 pesos, exportó 32:543,644 pesos, con 792,800 almas. 
En 1899, la Argentina importó 116:850,671 pesos, exportó 
184:917,531 pesos, con una población de 4:400,226; y la Orien 
tal, importó 25:652,788 pesos, exportó 36:574,164, con una po- 
blación de 893,000 almas. Finalmente, el movimiento de 1900 
se sintetiza así: en la Argentina, de importación 113:485,069 pe- 
sos, de exportación 154:600,412 pesos, con una población de 
4:512,342 almas; y en la Oriental, de importación 23:978,206 pe- 
sos, de exportación 29:410,862 pesos y población de 936,120 al- 
mas. Hemos tratado, en lo que se refiere á la república Oriental, 



"^ 



OSCILACIONES DEL COMERCIO EXTERIOR 



163 



de buscar los años en que los datos demográficos son más exactos. 
En los ocho años enumerados, á cada habitante corresponden las 
siguientes cantidades en la formación de los guarismos totales del 
comercio exterior: 





rrpC'blica 


AROKNTfNA 




REPÚBLICA 


ORIENTAL 


A> yj^ 


Importaciones 


KxportAciones 


Importaciones 


Exportadoncs 


1862 . . 


§ 16.2 


$ 13.4 


$ 


30.2 


$ 32.6 


1873 . . 


» 3.5.9 


» 23.1 


» 


46.8 


» 36.2 


J879 . . 


» 19.1 


» 20.3 


» 


36.4 


» 37.9 


1885 . . 


» 32.0 


» 29.1 


» 


43.3 


» 43.3 


1890 . . 


» 42.1 


» 29.8 


» 


45.8 


» 41.1 


189.5 . . 


» 23.8 


» 30.1 


» 


32.0 


» 41.0 


1899 . . 


» 26.5 


» 42.0 


» 


28.7 


» 40.9 


1900 . . 


. 25.1 


» 34.2 


» 


25.6 


» 31.4 



En lo que se refiere á la república Oriental, de los ochos años 
que hemos tomado como ejemplo, cinco revelan supremacía de 
las exportaciones, dos de las importaciones y uno de completo 
equilibrio. Y en lo que se refiere á la república Argentina cuatro 
son de superioridad de las importaciones y los cuatro restantes de 
supremacía de las exportaciones. 

Tratándose de países nuevos, que necesitan del grande y eficaz 
concurso de los mercados europeos, bajo forma de brazos y de ca- 
pitales, lo que debe extrañar no es ciertamente que haya algunos 
años de superioridad de las importaciones, sino más bien que esa 
superioridad no sea, como parece que debiera serlo, la regla gene • 
ral del intercambio. Desgraciadamente, como hemos tenido oca- 
sión de observarlo al examinar los rubros parciales del comercio 
de importación, no son los capitales industriales, los valores re- 
productivos los que forman la base capital de nuestro movimiento 
comercial, sino los productos fabricados, de consumo general más 
órnenos inmediato, que por falta de desenvolvimientos económicos 
vigorosos ó de materias primas apropiadas, hay necesidad de ad- 
quirir en los mercados extranjeros. 



ie>4 



OOMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



Sea de ello lo que fuere y por las mismas razones que hemos 
invocado al ocuparnos de la teoría de la balanza de comercio en 
BU forma primitiva y estrecha y en la forma amplia y mucho niiís 
exacta que puede revestir, tiene que preocuparse seriamente la 
repáblica Oriental del desenvolvimiento de sus industrias propias, 
disminuyendo á la vez la corriente de exportaciones de metálico 
provocadas por empréstitos que no tengan por objeto el ensanche 
de la capacidad productora del país. De lo primero, se han ocupado 
los estadistas orientales, con resultados muy discutibles, según lo 
veremos en el capítulo siguiente. De lo segundo nos ocuparemos al 
estudiar los orígenes de nuestras deudas públicas y la masa enorme 
que sale anualmente del país en pago de intereses y amortización 
alterando gravemente las oscilaciones naturales de nuestra balan- 
za de comercio. 



CAPÍTULO V 

Protección á las industrias nacionales 



LEYES PROTECCIONISTAS 

Corresponde al decreto-ley de 22 de octubre de 1875 y á la ley 
anterior de 6 de aj^osto del mismo año, el primer impulso serio en 
favor del desarrollo de las industrias nacionales, por medio de una 
suba moderada de las tarifas de aduana sobre todos y cada uno 
de aquellos productos que el país se encontraba en situación de 
elaborar, y de la supresión ó baja de los derechos sobre los demás 
productos que requería para la explotación de sus fuentes de ri- 
quezas y tenía que comprar en los mercados extranjeros. 

De acuerdo con ese decreto-ley, quedaron recargados con un 
10 '* o los artículos manufacturados de hojalatería, de zinc, bron- 
cería y herrería, los carruajes y sus arreos, los va«;ones do tran- 
vías, las bolsas y sacos vacíos de arpillera y lona, la grasa de cerdo 
y manteca, los muebles, los sombreros armados y gorras para hom- 
bres, señoras y niños, las sillas y recados de montar, las suelas para 
calzado, los vinos en cascos y el vinagre; con un 20 % las aguas 
de soda y de seltz embotelladas, los artículos de alfarería, baldo- 
sas, tejas y ladrillos de barro, baüles vacíos, bebidas espirituosas 
y fermentadas, incluso la cerveza, cidra y otros licores, los ciga- 
rros y cigarrillos, el calzado, incluyendo las alpargatas y zuecos, 
las camisas, calzones y calzoncillos, espejos, escobas y plumeros, 
fósforos de cera, galleta común, legumbres y farináceas para el 
consumo^ como papas, porotos, fideos, cebollas, loterías de cartón, 
naipes, oro y plata labrada, artículos de madera, mármol, hierro 

12 



16G COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 

labrado 6 preparado para construccióa, ropa hecha para hom- 
bres, señoras y niños, vinos embotellados, velas de estearina y de 
sebo. Los libros impresos encuadernados, salvo los de educación 
para escuelas que se declaraban libres, fueron gravados con un 
derecho específico de diez pesos por cada cien kilogramos. Las 
facturas, cuentas, tarjetas, programas y en general todos los tra- 
bajos d(í litografía ó tipografía para el uso del comercio y de la 
industria, quedaron recargados con el 90 "^/y. El trigo y el maíz 
quedaron gravados por una escala móvil que oscilaba con relación 
al pruncro de 25 centesimos á 2 $ 50 los cien kilos y con relación 
al segundo de 40 centesimos á 1 $ 50. El mismo decreto-ley de- 
cíalo absolutamente libre la importación de alambre para cerco, 
arados, máquinas^ aparatos y útiles especiales para la agricultura, 
la labranza y la industria rural, máquinas á vapor, cor::ezay polvos 
para curtiduría, bejuco para hacer esterilla, lúpulo para cervecería, 
pelo de conejo, liebre y nutria para fabricación de sombreros, sal 
marina y de roca, hojalata, estaño, azogue, soda, potasa, ceniza, sali- 
tre y en general toda materia priina ó sustancia únicamente propia 
para fabricación é industria nacional, botellas, damajuanas y frascos 
vacíos de vidrio y barro, plantas y semillas, incluyéndose papas, 
trigo y maíz para sembrar. Las máquinas de coser, las prensas li- 
tográficas y tipográficas, los tipos de imprenta, quedaron sujetos 
al único derecho del 15 ®/o. 

Una ley posterior de enero de 1888, estableció como derecho 
general ad valorem sobre todas las importaciones el 31 *7o> excep- 
tuando entre otros productos, las municiones, el queso, la manteca, 
los jamones, las conservas, los cohetes que pagarían el 51 ^ „; los 
cepillos, pinceles, calzado, ropa hecha y confecciones en general, 
sombreros, muebles, carruajes, arneses y arreos, formularios y pa- 
peles de comercio, que pagarían el 48 %; las galletitas y masas de 
toda clase, chocolate, velas de sebo, estearina y cera, fideos, con- 
fituras, suelas y pieles curtidas el 44 %; las maderas en bruto, 
hierro en chapas, barras, tirantes y planchas, lata en hojas, plomo 
en barras, zinc en láminas, baldosas de barro para techos y pisos, 
tejas, tierra romana, carbón vegetal y leña en rajas, azogue, estaño, 
alquitrán, arpillera en piezas, cajas de fósforos vacías, que paga- 
rían el 20 %; las papas, aun para semillas el 10 %; los libros im- 



PROTEWIÓN A LAS INDUSTRIAS NACIONALES 167 



presos encuadernados, las máquinas ó prensas litográficas y tipo- 
gráficas, el papel para diarios, el fósforo en canutos, la yerba en 
hoja sin elaboración, el 8 ^/^; los libros impresos, á la rástiea, el 
carbón mineral, la sal marina el 6 7 y; y como derechos específicos 
pagarían, entre otros artículos, los vinos finos 23 centesimos el 
litro y los comunes de 0.050 á 0.0612 según procedencia; el 
aguardiente, medio centesimo por cada grado y litro, el cognac y 
demiís bebidas alcohólicas 15 centesimos litro en cascos y 25 cen- 
tesimos en botellas hasta 20 grados y en proporción las de mayor 
fuerza alcohólica; los tabacos de la Habana 30 centesimos, los del 
Brasil 18 y 20 centesimos, los de Virginia 18 centesimos, los 
del Paragaay 7 centesimos en hoja y de 35 á 70 centesimos 
el picado según procedencias; los cigarrillos en cajetillas 1 $ 60 
el kilo, los cigarros de hoja 2 $ 80 el kilo de la Habana y 56 cen- 
tesimos de otra procedencia; el arroz descortezado 0.044 y con 
cascara 0.01; la cerveza 0.10 en casco y 0.12 en botellas por litro; 
os fósforos 40 centesimos el kilo; los naipes 10 pesos gruesa; el 
trigo un derecho variable, según el precio en plaza de 0.125 á 
1 $ 25 los cien kilos, el maíz 0.20 á 0.75, la harina un derecho 
variable de 7 1/2 á 32 %. Quedaban libres de derecho los ani- 
males de raza y ganado en pie, los arados, la soda común y 
doble, el lúpulo, azafrán, máquinas y útiles agícolas, barricas 
desarmadas, cascaras para curtir, rollizos y trozos de quebracho 
para aserrín, cáñamo en rama, bejuco, pelo de conejo, liebre y nu- 
tria para sombreros, máquinas de coser, frascos, botellas vacías, 
hilo de algodón para fósforos, postí^s y alambre para cercos. 

Otras leyes de más reciente data acentuaron enérgicamente 
estos recargos, como la de enero de 1889 que gravó el alpiste 
Con 5 centesimos por kilo, el chocolate con 30 centesimos, las 
conservas 16 á 25 centesimos, los fideos 8 centesimos, las ga- 
Uetitas y bizcochos 16 centesimos, la grasa de cerdo 14 cente- 
simos, el jabón común ocho centesimos, los jamones veinticua- 
tro centesimos, la manteca 35 centesimos, los quesos 25 centesi- 
mos, el salchichón 40 centesimos, las velas estearinas 14 centé 
simos, el paño casimir y casineta de lana 93 centesimos, el papel 
de estraza y similares 5 centesimos, la franela ó tartán de lana 75 
centesimos, todo por kilogramo; la ley de enero de 1891 que elevó 



168 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 

á 37 centésimos el derecho sobre las bebidas alcohólicas, 16 
centesimos la cerveza, 1 $ 30 los fósforos, debiendo pagar los 
artículos similares de producción nacional, tres centesimos los 
aguardientes y cerveza, 12 centesimos las bebidas alcohólicas, 
cinco milésimos la caja de fósforos, modificada por la ley de 
agosto de 1891, que sustituyó los derechos de 3 y 12 centesimos 
sobre la fabricación nacional de aguardientes y bebidíis alcohóli- 
cas mediante el de ciento treinta y dos milésimos por litro de 
aguardiente de cualquier graduación, debiendo pagar los extran- 
jeros ciento treinta y seis milésimos hasta 20 grados Cartier y 
el exceso á razón de sesenta y ocho diez milésimos por cada grado, 
y las bebidas alcohólicas extranjeras 31 centesimos hasta 20 gra- 
dos; la ley de enero de 1893 (jue gravó los artículos extranjeros de 
litografía y tipografía, con un derecho de ochenta centesimos los li- 
bros, librotíu^ y cuadernos impreso i ó litografiados, de un peso el 
papel para escribir rayado ó sin rayar con monogramas íi otra im- 
presión, de dos peso? los formularios y papeles de comercio, eleván- 
dose e' derecho lí tres pesos cuando la impresión sea de mas de un 
color, sesenta centesimos las cajas vacías para fósforos, todo ello 
por cada kilo; la ley de 1 I de julio de 1900 que amplió la base de 
los impuestos internos de consumo, estíibleciendo un centesimo so - 
bre los azocares importados; cinco milésimos por cada medio grado 
de fuerza alcohólica en los vinos importados (pie pasen de 1(> gra- 
dos centesimales y un ccMitésimo por grado ó fracción á los que 
excedan de 18 grados; veinte centesimos por litro de aguardiente 
nacional de cualquier fuerza alcohólica, pagando los extranjeros á 
título de derecho iíitenio 14 milésimos por litro y un derecho es- 
pecífico de 136 milésimos por lit.-o hasta el límite de 53 grados 
centesimales y por el exceso a razón de 42 diez milésimos por 
grado ó fracción; 31 centesimos el litro de beb'das alcohólicas 
importadas, hasta 53 grados centesimales y seis milésimos por ca- 
da grado de aumento; 23 centesimos el litro de vino embotellado, 
23 centesimos el litro de vinos Oporto, Jerez, Madera, Borgoña 
y Rhin, 12 centesimos el Marsala, Moscato, Moscatel, Garnacha, 
Sauterne, 6 centesimos los vinos comunes. 



PROTECCIÓN Á 1^8 INDUSTRIAS NACIONALES 



169 



DESriENDEN LAS LMPORTACIONES Y LA RENTA 



Bajo la presión de estas leyes proteetoias, la fabricación nacio- 
nal ha recibido y continua recibiendo un impulso considerable, 
de que da elocuente testimonio el siguiente cuadro comparativo 
que ha confeccionado la dirección de aduanas para explicar el des- 
censo de la renta de ÍDiportacíón, 







€AJiTJtiAl>ES 


lUFimTE 


cjktjdáhks 


ISPOfiTK 


.M£RCAl>ElifAS j 


JHrOn-TAttA^ RN 




ISIPÓatAUÁEC B^ 










1>K DKRlfCllOt^ 




t>K BUSItCUO» 






18B0 




leoo , 




Alcohol. . . . 


L 


' 2:12í).038 


« 212.ÍÍ03 


1:202.742 


$ 163.573 


Bebidas alcohóli- 


1 


1 








ca* ... . 


^ 


I STh.íiW) 


líi9.(;6.*> 


4tíí).567 


142.775 


Lioorvs .... 


> 


1 47.ÍHM) 


12 298 


•22 977 


7.123 


Cenf»i. . . . 


> 


tí3'».(ir)2 


» 7»>.398 


34 «75 


5.548 


Vermoiiih . . . 


» 


297.232 


74.308 


1*28. 8Í)2 


39.956 


Vino cfniírtn 


» 


: 3:^:549. SI.') 


» 2:012 9S9 


16.17o.581 


* 970.236 


I>ulc«'S en general. 


K 


15(>.i:W 
1 074.978 


30.(r27 


ÍÍ6.744 


11(128 


Porotos, . . 


» 


» 28.749 


304. •2-24 


15.-211 


Fideos .... 


» 


07.017 


> 5.3«l 


11.387 


910 


GallHn dulce . . 


» 


14H.S«;0 


23.819 


.V2.557 


8.409 


Grasa de cerdo . 


» \ 


15ü.íft<l 


21.03Í» 


10.973 


1.636 


Manteca . . . 


» 


1 2Í).()7() 


10.385 


3.311 


1.159 


Queso .... 


» 1 


, 22H.(>2<> 


55.9t)5 


79.422 


90.176 


Salchi<?hrtn . . . 


> 1 


I 2t>.!S97 


> 10.759 


2.953 


1.181 


Cigart-os (no ha- 


1 


1 








banos) . . . 


» 


1 12H.(K>5 


» 68.8KÍ 


2fi.46<i 


26.466 


Bopu h4vha . . 


Valor ! 


i 240.7Ü9 


lU.5(i9 


69.569 


33.393 


Gamisas, (ruellos y 


1 


1 








puños. . . . 


» , 


177.953 


85.417 


3í).l66 


14.480 


Canea .... 


> 1 


45.306 


21.746 


2.622 


1.258 


Alpargatas . . . 


* 1 


24.405 


11 714 


ír>7 


446 


Pieli*8 curtidas . 


» 1 


•221.402 


97.443 


118.464 


62.124 


Aceite de linaza . 


K i 


UÜ 819 
479.047 


ó.lUi 


27.765 


2.776 


Almidón . . . 


' 1 


3Í3.533 


•260.1ÍI3 


18.213 


Fósforos . . . 


» ¡ 


47.327 


18.931 


_ 





Huebleé.- . . . 


Valor 


226.2»»8 


108.580 


59.644 


28.629 


Munición de caza. 


K 1 


82.471 


3.3(>4 


750 


30 


Talabartería ( ai> 


1 










Uoiilos) . . . 


Valor 


58.081» 


27.883 


51.588 


24.748 


Vebis (•sti>arina . 


K 


2Ui 428 


» 3í).:Kjt) 


•28.143 


3.940 


Alpiste. . . . 


» 


*ft.774 


3.789 


4. '270 


213 


Garbanzos . . . 


i, 


24ti.l40 


12.307 


141.170 


7.068 


ChoGohite . . . 


» 


129. -iw» 


38 7ÍH) 


93.018 


•27.905 


Jamones 


» 


53.5(K> 


12.840 


•28.0Í)1 


6.741 


BMkles 7 balijas . 


Valor 


2.395 


l.lóO 


1.949 


500 


Camisetas . . . 


» 


171 916 


53.294 


81.487 


25.260 


Bayeta. . . . 


'* 


31.543 


9.778 


8.604 


2.067 


Paño y casimir 












lana y mezcla . 


» 


1:017. 1»>5 


315.321 


816. Otn» 


253.146 


Fmniíii S*in\r ídin. 


* 


1(4. 07ü 


32 2»33 


5:í.20(» 


16 492 


PofiftíiiaTdm. fdtn 


. 


138.í)46 


43.072 


27.871 


8 640 


FlMi'iiiljl^ ni irl, . 


- 


»m; !íl>9 


2<>.:>74 


34.6S6 


10.752 


S-.iitl.r.i..', Iimn y 












fieltro . . . 


> 1 


231. 55:^ 


111.145 


145 (;44 


69 910 


Género» de Uina y 












mezcla . . . 


. .i 


520.308 ' 


ir,l rí04 


247. («48 


70.582 


Sumas . . 


« 4:218.711 


$ 2:111.183 



H 




170 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 

Los cuarenta artículos que ha tomado como ejemplo la dirección 
de aduanas para explicar el descenso de la renta, representaban en 
el año 1889 un valor de aforo de 8:994,100 pesos y produjeron por 
concepto de derechos 4:218,711 pesos. Esos mismos cuarenta ar- 
tículos representaban diez años después, en 1900, la cantidad de 
4:291,169 pesos que sólo proJujeron á la aduana 2:111,183 do de- 
rechos. La baja de la renta ha sido en consecuencia de un año lí 
otro de dos millones ciento si^íte mil quinientos reintiocho pesos- 
Gracias al derecho adicional del 5 '/^, creado en 1890 y á la pa- 
tente adicional de 3 % establecida posteriormente, ha podido el 
fisco contrabalancearen ciertas épocas los efectos de ese fuerte 
desequilibrio originado por la protección á las industrias naciona- 
les. Se observará quizá que la comparación no recae sobre dos años 
igualmente normales, puesto que 1889 es de gran expansión en 
todos los consumos, de plena prosperidad y confianza en los nego- 
cios, mientras que 1 900 es de restricción, de ahorro, de espectitiva, 
como lo demuestra el hecho de que en el primero de esos años 
las importaciones fueron de 36:823,863 pesos y en el segundo de 
23:978,206 pesos. Pero, aparte de que los artículos que ha escogido 
la dirección de aduanas son de aquellos que menos sufren en las 
épocas de crisis y de paralización en los negocios, es necesario te- 
ner en cuenta que ya en 1889 los guarismos de la importación de 
productos protegidos habían sido fuertemente abatidos, y además 
que la población de la república que era entonces de 683,944 había 
subido á 936,120 en 1900. Para comprobar esto mismo y poner 
de manifiesto toda la magnitud de la baja, vamos á colocar frente 
á frente algunos de los principales artículos de importación con si- 
milares en el país, durante tres períodos distintos: en 1872, 1873 
y 1874, que son años anteriores á la ley proteccionista de 1875; en 
1888, 1889 y 1890; y en 1898, 1899 y 1900. Nos valemos de trie- 
nios y no de quinquenios, por no existir las estadísticas anterioi-es 
al año 1872. En cada columna se indica el valor oficial total de las 
importaciones durante los tres años que ella abarca. 





PROTECCIÓN Á LAS INDUSTRIAS NACIONALES 


171 






r 

ARTÍCULOS (1) 1S72-1874 

Íi 


188K-IHÍMI j 


18i)S-líKH» 



Bebidas espirituosas 
Cerveza . . 
Vino en cascos 
Queso . . . 
Fideos . . . 
Cigarros hoja . 
Cigarrillos. . 
Tabacos . . 
Sombreros. . 
Ponchos . . 
Calzado . . 
Alpargatas. . 
Zuecos y zapati las 
Ropa hecha . 
Camisas . . 
Camisetas . . 
Fósforos . . 
Cohetes . . 
Velas . . . 
Bolsas arpillera 
Suelas . . . 



ii» 



\ * 



I» 



! * 



2:829.896 
379.428: 

5:688.355 
241.020 
213.920' 
428.735 
147.488' 

1:135.1731 
707.1671 
178.4561 

2:027.1 91 ! 
229.191 1 
222.907! 
850.4171 
669.941 , 
153.663 
430.693 
40.9071 
222.546 
42.061 
197.493 



2:013.135' 

308.429 

11:087.4581 

309.3.-)9, 

24.4081 

384.1991 

9.858. 

1:268.196! 

701.092 

331.802 

83.571 

4.289 

23.744' » 

182.487 

325.360 

438.833 

114.775 

21.716 

177.795 

29.290 

16.439 



1:199.211 

22.687 

6:157.429 

92.558 

5.767 

88.523 

507 

539.257 

605.524 

230.332 

22.938 

1.469 

3.323 

159.001 

95.112 

280.033 

4.729 
34.149 
15.200 

5.797 



Los veintiún renglones de este nuevo cuadro representan en el 
primer período la cantidad de 17:036,648 pesos; en el .segundo 
17:856,235 pesos y en el tercero 9:563,546 pesos, siendo la 
pobIáci<5n respectivamente al finalizar cada uno de los tres trienios 
de 450,000, de 706,524 y de 936,120 habitantes. Practicada la 
distribución de los 17:036,648 entre las 450,000 almas del año 
1874, resulta un consumo por habitante de $ 37.8. Pues bien: á 
razón de 37.8 por cabeza, debieron elevarse los consumos en el pe- 
ríodo 1888-1890 á la cantidad de 26:706,607 pesos, ó sea al rede- 
dor Je nueve millones de pesos arriba de la suma efectiva de los des- 



(l) Ijm t»ebídas «^pirimosos comprondcn; agiiardÍ4>nto, cafla, cognac, ginebra, anfs, Hoores 
y toda.'f l«» dcmia bebidas, i-xccpluando únií'aincuti' el Tino en cusvtm y cerveza. En el nibro 
(afa«c(>9 Ton excluidos el np6 j trl picbuá. En \w sombreros de toda clase, no B<> compren- 
den las gorras. Ia ropa hecha en tcrneml, piim hombres, Hcfioras y bííIok. Las camisas abar^ 
em los rubros correepondientes á hombres y svlioras. 



172 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



pachos. Y en el período 1898-1900, debían haberse elevado toda- 
vía á la cantidad de 35:385,336 pesos, resultando en consecuencia 
una enorme baja que se aproxima á veintiséis millones de pesos, que 
representa por cada año más de ocho millones absolutamente per- 
didos para el comercio de importación y para las elevadísimas 
rentas de aduana. ¿Qué significa para la renta de aduana este 
enorme descenso en los despachos? La ley de junio de 1861 esta- 
bleció el 15 % como derecho general sobre todas las mercaderías 
no exceptuadas, en cuyo número figuraban el tabaco, que debía 
abonar el 20 %, el vino, las bebidas espirituosas y fermentadas, 
las velas, los cigarros, los fideos, que debían pagar el 22 %. Le- 
yes posteriores elevaron esos derechos para aumentar las rentas 
generales ó para atender el servicio de varias deudas. Hechas to- 
das las compensaciones, podemos admitir como promedio general 
de los derechos vigentes en 1 874, para la especie de mercaderías de 
nuestro cuadro, el tipo de 30 %. Sobre los veintiséis millones 
perdidos para el comercio de importación, resultan cerca de ocho 
millones de menos en la renta de los años 1898 á 1900. Si fuéra- 
mos íí calcular sobre la base de los derechos actuales, la pérdida 
para el tesoro sería inmensamente más grave, pero no es esa base 
la que debemos presentar, sino la de los derechos viejos, desde el 
momento en que la disminución de las importaciones emana pre- 
cisamente de las altas tarifas de aduana. 

EXAOERACIONES DE UN SISTEMA BUENO 

En la larga campaña proteccionista que ha producido tan con- 
siderables claros en la renta pública, hansc cometido errores de 
todo calibre. Han sido protegidas de una manera general indus- 
trias que todo lo traían del exterior, reduciendo la tarea local á 
manipulaciones destituidas de importancia, que estaban destinadas 
exclusivamente á especular sobre el margen aduanero y en conse 
cuencia sobre el erario público. Las refinerías de azúcares brutos 
importados del exterior, las fábricas de fósforos que durante largos 
años importaban toda la materia prima y hasta las cajas vacías, li- 
mitándose la tarea local á cortar, pegar y empaquetar, las fábricas 



PROTECCIÓN A J.A8 INDUSTRIAS NACIONALES 173 



de munición, Uis f^íbricas de descortezar arroz, las fábricas de pre- 
paración de yerba, todas ellas con un pequeñísimo personal de em- 
pleados y un considerable margen aduanero que explotar: he ahí 
algimos ejemplos de establecimientos protegidos generosamente 
en los últimos treinta años. 

Es perfectamente racional el fundamento del proteccionismo 
moderado. Los países nuevos solo podrían desarrollar aquellas 
industrias para las que se encontrasen excepcionalmente favoreci- 
dos, sin el concurso indirecto de las tarifas de aduana. Nosotros, 
por ejemplo, estaríamos condenados á vivir exclusivamente de la 
ganadería, teniendo que comprar al exterior el calzado, la ropa, los 
trigos, las harinas, el alcohol, la cerveza, los muebles, los cigarros, 
el queso, la manteca, las velas, los fideos y todos los demás pro- 
ductos que actualmente se elaboran en el país, por efecto de la 
aplicación del régimen proteccionista. Con el desarrollo de las in- 
dustrias nacionales, nos hemos librado de ese gran tributo anual, 
que hoy se distribuye bajo forma de beneficios y de salarios entre 
millares de personas » radicadas en el país, y hemos adquirido á la 
vez un aprendizaje importante que nos ha conducido ya á cieita 
di versificación de las industrias, con salidas aseguradas dentro del 
mercado interno y hasta con proyecciones sobre el comercio de 
exportación, como lo revelan las cifras relativas á los embarques 
de trigo, maíz y harinas. Nada más inconveniente y peligroso del 
punto de vista de la estabilidad económica, que la existencia de 
una sola industria exportadora, la saladeril, por ejemplo, pues basta 
cualquier crisis en su desarrollo, causada por el mal estado de las 
plazas consumidoras ó por las represalias de sus autoridades, para 
producir hondas sacudidas y graves perturbaciones. Si fuera cierto^ 
como se ha pretendido y se pretende por los partidarios del li- 
brecambio, que cada país tiene aptitudes naturales propias al des- 
arrollo de una ó más industrias que sólo pueden arraigarse artifi- 
cialmente en otros países, sería decisivo el argumento de que las 
tarifas de aduana no deben ni pueden torcer ó alterar las condi- 
ciones é inclinaciones de cada mercado, con industrias enfermizas 
que sólo á la sombra de la protección pueden prosperar. Pero el 
hecho real y positivo es que buena paite de la superioridad pro- 
ductora que tienen unos países sobre otros, proviene del simple 



174 



COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



hecho de haber empezado su aprendizaje industrial con anteriori- 
dad y no porque tengan determin{\das aptitudes naturales, y el he- 
cho real y positivo también es que una protección aduanera nizo- 
nablc que ayuda contra la competencia abrumadora de los más 
fuertes, da fuerza y bríos al débil, le abre mercado fiícil á sus pro 
ductos de inferior calidad y de más elevado precio, le hace adqui- 
rir aptitudes, acostumbra á los capitales á dedicarse á las ramas 
protegidas y desarrolla de tal manera los hábitos industriales, que 
después de algún tiempo puede romperse el instrumento déla pro- 
tección y aceptarse de lleno la lucha internacional. La inmensa su- 
perioridad industrial de los Estados Unidos, que hoy se hiico sen- 
tir en el numdo entero por la buena calidad y el bajo precio de 
sus productos, se ha incubado precisamente á la sombra de la pro- 
tección aduanera. Nosotros mismos, que hoy elaboramos alcoho- 
les, cerveza, fideos, harinas, calzado, cueros curtidos, ropa interior 
y exterior, queso, manteca, cepillos, velas, jabones, muebles, paños, 
ponchos, frazadas y tantos otros productos que podrían resistir á 
la competencia internacional, por su costo y su calidad, ningún 
taller habríamos podido organizar dentro de tarifas aduaneras libe- 
rales que hubieran (Kíiinitidoal fabricante extnuij ero fuerte ahogar 
la competencia interna mediante una rebaja momentánea de precios 
ó aun sin necesidad de ese sacrificio, d<ida la superioridad indus- 
trial de los países que llevan á otros la ventaja del aprendizaje y 
de grandes instalaciones fabriles. 

Lo que es deplorable es que se agrande demasiado el margen 
de la protección aduanera, y más deplorable todavía que en vez 
de considerarse el proteccionismo como un régimen simplemente» 
transitorio, encaminado á facilitar la adquisición de hábitos indus 
tríales, se le considere como un instrumento permanente y vincu - 
lado para siempre á la vida económica de un país. Con lo primero, 
se promueve el desan-ollo de industrias que no tienen otro objeto 
que el de especular á expensas de los intereses del erario pú- 
blico, embolsándose las empresas particulares bajo forma indirecta 
el producto de los impuestos de aduana. Con lo segundo, se eli 
mina indefinidamente la competencia internacional, se establece 
de hecho el monopolio monstruoso de una sola empresa ó de un 
sindicato de empresarios, como ha sucedido y sucede con la fa- 



PROTECCIÓN Á LAS INDUSTRIAS NACIONALES 175 

bricaci(5n de alcoholes, cerveza y fósforos, y se forma una atmós- 
fera enfermiza á las industrias nacionales, que ya no tienen nece- 
sidad de perfeccionarse para mejorar la calidad y disminuir el 
precio de sus productos. Señalamos males que entre nosotros se 
sienten actualmente por efecto de una aplicación defectuosa del 
proteccionismo, siendo digno de notarse que los que más estimu- 
lan esos males son los propios industriales que en su plan de adue- 
uai-se rápidamente del mercado, olvidan que cegadas las fuentes 
de la aduana, tiene el estado que volver sus ojos á las industrias 
protegidas para obtener de ellas, por n:edio de impuestos altos, el 
suplemento de renta que necesita, encareciendo entonces el pro- 
ducto protegido y restringiendo notablemente su consumo. 

VIJUAH TENDENCIAS LIBERALES 

I^ ley de aduana de junio de 1P61, cuyas disposiciones alta- 
mente liberales y previsoras han regido durante largos años y se 
conservan todavía dispersas aquí y allá en las ordenanzas vigen- 
tes, exoneró de derechos de importación las máquinas tipográficas 
y litográficas, el papel de imprimir, los libros y papeles impresos, 
las máquinas y aparatos destinados á mejorar la vialidad, la agri- 
cultura y las industrias, los buques en piezas, el oro y la plata amo- 
nedados ó en pasta, las piedras preciosas sueltas, el ganado de cría, 
los reproductores de raza, los frutos llamados del país, los arados 
perfeccionados, la sal, las cenizas para jabón, la potasa, la soda, el 
bejuco, el oblón, el alambre de cerco, el pelo de conejo y en gene- 
ral todas las materias primas para el uso de las industrias, el hierro, 
el zinc en láminas, el cobre, el estaño, la hoja de lata, el azogue, el 
bronce y el acero sin labrar; gravó con el 6 /^ de su valor el oro 
y plata manufacturados, telas de seda, seda de coser, guantes, me- 
dias, mantillas de seda, el cambray de hilo, el hilo para coser, la 
tierra romana; con el 10 % los fósforos, el ácido sulfúrico, los co. 
hetes; con el 1 5 % todos los artículos naturales ó manufacturados 
no gravados con otros derechos más altos ó más bajos; con el 18 ^/^ 
la yerba mate; con el 20 % el azúcar, el te, el aceite de oliva, el 
tabaco y los comestibles en general; con el 22 % el vino, las bebi- 
das espirituosas y fermentadas, los cigarros, muebles, fideos, el ja- 



176 



COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



bóii igual al del país, velas de sebo y de carruajes; con dos pesos por 
£anega el trigo y con un peso veinte centesimos el maíz, pagando 
las harinas nn derecho proporcional á su precio corriente en plaza, 
que oscilaba del lo % al 65 % de ese precio. La importación 
quedaba asimismo sujeta al adicional del 2 % destinado al servi- 
cio de la deuda fundada. Con relación al comercio exportador es- 
tablecíase la exoneración de derechos á favor de todos los ar- 
tículos extranjeros que hubieran satisfecho el impuesto al tiempo 
de su introducción, los artículos libres de derecho de importación, 
los cueros, sebo, grasa y demás productos de ganadería movilizados 
en tránsito por tierra ó por agua, la yerba, tabaco y cualquier otra 
mercancía movilizados en tránsito por el puerto del Salto, Santa. 
Rosa, el Cuareim y Constitución, las harinas, la carne fresca, el ta- 
sajo que se exportase del país; el 4 % destinado al servicio de la 
deuda fundada, los cueros vacunos y caballares, el sebo, la grasa y 
todas las producciones del estado no exceptuadas; el 4 ^y¡^ los cue- 
ros y demás productos ganaderos que salieran por la frontera del 
Brasil, así como los ganados que se exportasen por dicha frontera. 
La misma ley que extractamos, dando pruebas de alta liberalidad 
y previsión, declaró absolutamente libre el trasbordo, depósito y 
tránsito de mercaderías para puertos extranjeros y para las adua- 
nas de depósito en el litoral de la repdblica, limitando simplemente 
el tránsito terrestre con los territorios limítrofes á la aduana del 
Salto y los demás parajes que determinase el poder ejecutivo; au- 
torizó el depósito en los al macenes fiscales por dos años, prorroga- 
bles por igual término, si las mercaderías no hubiesen sido despa- 
chadas para consumo ó para tránsito y á seis meses prorrogables 
por otros seis en los depósitos particulares ó a flote; y estableció 
que las mercaderías que fueran reembarcadas en tránsito para el 
extranjero no adeudarían almacenaje sino permaneciesen más de 
un año en depósito. La tarifa de avalaos debía formarse cada seis 
meses por una comisión compuesta del colector, de los vistas y de 
seis comerciantes, debiendo aprobarse por el poder ejecutivo. Para 
el pago de los derechos de importación, los comerciantes debían 
aceptar letras pagaderas á seis meses precisos de plazo, garantidas 
por otro comerciante, que podían ser descontadas por los interesa- 
dos al tipo del 3/t % mensual el día de su aceptación. 



PROTEOCIÓN Á LAS ItmUSTRIAS NACIONALES 177 

Tales son los líneamentos fundamentales de la ley de aduana 
elaborada por el ministerio de hacienda á cargo entonces del se- 
ñor Tomás Villalba. Por otro proyecto del mismo origen y de igual 
fecha, quedaban libres de derechos de puerto los buques de ultra- 
mar que hicieran operaciones de comercio en los puertos del Uru- 
guay } sus tributarios, los buques de cabotaje y de las naciones 
ribereñas consagrados á la baldeación 6 carga de los primeros^ 
los buques de ultramar que entrasen á los puertos de Montevideo, 
Maldonado y Colonia con el solo objeto de trasbordar sus mercan- 
cías para el exterior ó para las aduanas de depósito en el litoral^ 
los buques procedentes del exterior que entrasen á los tres referi- 
dos puertos con productos naturales, como madera sin labrar, sal y 
carbón, si recibiesen en cualquiera de ellos el todo ó parte de sus 
cargamentos. 

En el curso de los debates que se produjeron al rededor de la 
ley de aduanas, dijo el señor Villalba en la cámara de diputados lo 
sigu¡ent<3: «que el proyecto que había presentado no responde á 
fines proüiccionistas, porque en su concepto y en el del gobierno 
la ley de aduana no es un instrumento apropiado para proteger las 
industrias del país y sólo debe considerarse como un medio fiscal 
para proporcionar recursos al erario público; que esa es la base, el 
fundamento del sistema rentístico posible actualmente; que en la 
discusión promovida en el seno de la comisión de hacienda tuvo 
sin embargo que aceptar algunas modificaciones que tienen por 
objeto proteger las industrias; que lo parece indudable que el modo 
de proteger las industrias, no consiste en establecer impuestos y 
mucho menos en establecer impuestos fuertes sobre artículos del 
extranjero; que la industria del país necesita para prosperar el estí- 
mulo y la concurrencia de la similar extranjera, porque de lo con- 
trario se hace perezosa é indolente, se hace rutinaria, jamás ade- 
lanta; que la verdadera protección consiste en dejarle toda libertad 
de acción para desenvolverse y afrontar la competencia, ofrecerle 
cómodamente la materia prima que necesite y la exoneración de de- 
rechos al tiempo de su exportación, toda vez que no se tenga el mo- 
nopolio de sus productos; que es el consumidor quien paga los re- 
cargos aduaneros, y es principio reconocido que el interés principal 
de las leyes de impuestos debe ser el del contribuyente, el del con- 




178 COMBRCIO EXTERIOR ESPECIAL 



suniidor, porque es el interés de la generalidad, es el interés de to- 
dos, es c! interés del mayor número sobre los gremios 6 sobre una 
porción sola de la sociedad; que la protección, en cambio, protc»ge 
un interés menor en perjuicio de otro mayor, representíido por la 
generalidad de los contribuyentes. Sobre estos principios, agregó 
estaba calculado el proyecto primitivo de aduana, que la comisión 
de hacienda modificó, generalizando á muchos artículos por ejemplo 
la cuota del 22 ^/^^ que en el proyecto limitábase á los vinos y be- 
bidas espirituosas y fermentadas. I^a protección, dijo, se separa del 
bien general y va íí buscar el interés individual: el herrero la pide 
para sí con perjuicio de los otros industriales, el carpintero la pide 
con perjuicio del herrero, el zapatero la pide con perjuicio de todos 
los demás, y si á todos vamos á proteger nos (juedaremos sin indus- 
trias. Entre nosotros existe el proteccionismo desde el año 1880 y 
fuera del pastoreo y de un principio de agricultura ¿qué otra indus- 
tria tenemos? ¿(iué es lo que hay en el país hecho en él, salvo los 
mostradores de los establecimientos de los artesanos y la tarea de 
arreglar para nosotros los vestidos y las manufacturas que llegan 
hechas de otras partes? No se diga, sin embargo, que el proyecto 
deja sin protección á las industrias. El derecho cuando menos es de 
un 15 ^, á lo que hay que agregar un 8 ^/^^ de gastos de fabrica- 
ción y costo de fletes y seguro, constituyendo una prima del 23 %, 
que si no basta á sostener una industria, es porque esa industria 
no conviene al país. Con esa protección del 23 % que tienen los 
sastres, zapateros, carpinteros y otros, obtendrán los mismos resul- 
tados que han obtenido con el 30, 40 y 50 % que antes tenían, por- 
que mientras el menestral dé á sus hijos una educación científica ó 
ios haga comerciantes y no industriales como él, no puede pre- 
tenderse sin foraar los tiempos y las condiciones naturales de los 
países, que se desarrollen las industrias. En los pueblos americanos 
las clases aspiran á elevarse, y los hijos de los sastres, pintores y 
zapateros marchan á los mejores colegios del mundo, lo contrario 
de lo que pasa en Europa, donde las clases sociales están más se- 
paradas y el que nace zapatero zapatero sigue siendo. Mientras las 
costumbres no cambien — y han de traer el cambio el aumento de 
población, el progreso y el tiempo — es excusado forzar con leyes 
protectoras lo que los hombres no quieren ni les conviene hacer». 



PROTECCIÓN A LAS INDUSTRIAS NACIONALES 179 



FUN LAMENTOS DE LA LEY DE 1888 

Este enérgico esfuerzo en favor de una legislación aduanei-a li- 
beral y amplia, recién fué detenido por el decreto-ley del ano 1875, 
grandemente proteccionista, y por la ley de aduana del año 1888, 
más que proteccionista, de carácter prohitivo para muchos artícu- 
los extranjeros similares á los de origen nacional. Hemos extrac- 
tado ya ambos documentos y vamos á condensar ahora los funda- 
mentos del informe de la comisión de hacienda de la cámara de 
diputados al aconsejar la sanción de la ley aduanera de 1888. 

«Hay que reaccionar contra los derechos ad-valorem, por lóame- 
nos respecto de los artículos que miis interesan á la renta. Al 
sancionarse un derecho de esa especie sólo se conoce uno de los 
factores que determinan el quantum del impuesto; el otro se sus- 
trae al legislador y depende únicamente de las fluctuaciones de los 
precios. £1 ano anterior, la asamblea, con el propósito de aumentar 
las rentas, elevó el impuesto sobre los azúcares, caña y otros artícu- 
los de consumo extenso, pero vino luego la tarifa de avalúos, rebajó 
los aforos y quedaron reducidos realmente los derechos. El azúcar, 
pagaba antes de la suba de los derechos 6 $ 14 por los cien kilos, 
y después de la suba arancelaria vino á pagar por efecto de las di- 
ferencias de aforo 5 $ 79. La caña fué recargada también, pero 
como los aforos bajaron de 9 á 8 centesimos, en vez de pagar el 
derecho anterior equivalente á O § 0414 por litro, quedó práctica- 
mente gravada con O % 0376. Para dar idea de la baja que viene 
operándose en los azúcares, bastará recordar que el término medio 
de la arroba en el año 1 868 era de 3 $ 20, mientras que actualmente 
después de pagados los derechos es tan sólo de 1 $ 40. En los vi- 
nos, la baja de los precios es igualmente acentuada. Los vinos tintos 
de Barcelona, marcas superiores, valían en depósito en septiembre 
de 1880 de 52 á 60 pesos la pipa y en septiembre de 1887 valían 
de 42 á 46 pesos, habiendo bajado esos tipos, y los regulares é in- 
feriores en el curso de un solo año de 23 % á 27 %. El manteni- 
miento de los derechos ad-valorem traería en los rubros de cañas, 
aguardientes, vinos y azúcares, una baja de medio millón de pesos 
en la renta. 



180 



COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



«Toinaado por base la estadística comercial del año 1885, los 
artículos de mayor importancia rentística para las aduanas orien- 
tales son los doce siguientes que representan dos tercios de las en- 
tradas: 



r 

I VAIX>R IMPORTADO 

I 



Vinos .... 
Otras bebidas . . 
Géneros algodón . 
Azúcares . . . 
Tabacos. . . . 
Yerbe .... 

Pino 

Casimires . . . 
Aceite .... 
Arroz .... 
Hierro .... 
Madera labrada . 



3:067,241 
729,615 
1:706,970 
1:389,381 
519,600 
661,063 
981,229 
586,935 
506,499 
352,981 
493,387 
315,327 



;| ? 11:310,228 



47 "/o 
51 
31 

30 i 
51 y41 
30 i 
20 
31 

30 i 
30 i 
20 
30 i 



1:441,603 
372,103 
529,760 
423,761 
221,127 
201,624 
196,245 
181,949 
154,482 
107,659 
98,677 
96,7-á7 



$ 4:025,137 



«Se propuso la comisión los siguientes objetos: compensar la abo- 
lición del derecho sobre los ganados incluidos en la ley de contri- 
bución inmobiliaria, que producía al estado 270,000 §, convertir en 
derecho aduanero el 6 12 por mil sobre la importación establecida 
en la misma ley de contribución directa, cuyo importe anual puede 
estimarse en 140,000 pesos, evitar las disminuciones de rentas por 
las fluctuaciones de los precios, y finalmente, asegurar el creci- 
miento de la renta, sin descuidar, y antes por el contrario, tenerlo 
siempre á la vista, el aspecto industrial de la ley de aduana, su 
acción altamente beneficiosa para el desarrollo de las industrias 
nacionaled. Sobre este último punto, la comisión invoca el testi 
monio de don Adolfo Vaillant, jefe de la oficina de estadística, 
que hablando del decreto-ley proteccionista del año 1875, dijo 
que había disminuido notablemente la importación de ciertos artí- 



PROTECX3IÓN Á LAS INDUSTRIAS NACIONALES 181 

culos confeccionados, aumentando en cambio el despacho de gé- 
neros y demás auxiliares para la industria; que nada había sufrido 
el consumidor con tal transformación, desde que es notorio que la 
ropa hecha, el calzado, etc., son hoy más baratos que nunca, con la 
ventaja de que ha habido trabajo para mucha gente en el país. 
Comparando el señor Vaillant las importaciones de los años 
1875 y 1877, nota una baja de 287,354 pesos en alpargatas, bolsas 
vacías, calzados, zuecos y zapatillas, cigarros y cigarrillos y ropa 
hecha« Epos 287,354 pesos de merma en la importación habrían 
producido á la aduana 146,887 pesos por concepto de derechos 
de importación. Pues bien: comparando esos mismos años, se nota 
al mismo tiempo un aumento de 1:376,158 pesos en plantillas de 
alpargatas, elásticos de botines, géneros de toda clase, máqui 
ñas de coser y tabacos, cuyos derechos representarían 419,922 pe- 
sos, resultando á favor del fisco una diferencia de 273,035 pesos. 
La comisión robustece estos datos, comparando la estadística de 
1872 con la de 1885, que revela en los rubros de alpargates, cal- 
zados, zuecos y zapatillas, camisas de algodón, calzones y calzon- 
cillos, ponchos, ropa blanca, ropa hecha, sombreros de paño, aguar- 
diente y caña, cerveza, fideos, fósforos, suelas, muebles, velas es • 
tearinas, cigarros de hoja, cigarrillos, jergas y pellones. Dichos ar- 
tículos colaboraron en el comercio de importación del año 1872 
con la cantidad de tres millones quinientos sesenta y siete mil pe- 
sos, y en el año 1885 con la de un millón ochenta y tres mil pe- 
sos, produciéndose una baja de cerca de dos y medio millones que 
corresponde á los progresos industriales del país. De acuerdo con 
estas ideas, el proyecto de la comisión, que fué en el acto transfor- 
mado en ley, alzó fuertemente las tarifas sobre todos los artícu- 
los que tenían similares en la república, calculando en la suma de 
un millón de pesos el incremento de la renta». 

¿ AUMENTA LA IMPORTACIÓN DE MATERIAS PRIMAS ? 

Vamos á completar ahora el cuadro del descenso de las impor- 
taciones de artículos manufacturados durante los trienios 1872 á 
1874, 1888 á 1890 y 1898 á 1900, con el siguiente resumen rela- 
tivo á esos mismos períodos, en que se establece la importación 

13 



182 



CX>MERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



de algunas de las materias primas de que echan mano las indus- 
trias protegidas: 



1872 & 1874 



18«8 á 189(1 



1«Í8 á linio 



Tejidos . . . 
Tabaco . . . 
Hilo de coser 
Cebada fermentada. \\ 
Plantillas alparga- 11 

tas ii 

Elásticos de botines, 



? 8:994,100! $ 13:599,273 $ 13:651,399 



1:135,173 
205,662 



I' 



Máquinas de coser. : » 213,044 



Ii. 



§ 10:547,979 



1:268,196 
411,807 
247,350 

209,769 

62,291 

309,145 



§ 16:107,831 



» 539,257 
» 425,279 

^ 61,673 

410 

89,341 

181,854 

$ 14:949,213 



Se ve que las enunciadas siete materias primas, después de ha- 
ber experimentado un aumento de cinco y medio millones largos, 
no sólo no adelantan ya, sino que retroceden sensiblemente, lí des- 
pecho del aumento constante de la población consumidora. El ta- 
baco se contrabandea, sin duda alguna, en grande escala, á conse- 
cuencia de la suba de las tarifas de aduana. Pero en los demás 
productos no actúa el contrabando, y el estacionamiento ó la baja 
denuncian falta de progresos industriales ó sustitución de artículos 
extranjeros por sus similares nacionales. Sea de ello lo que fuere, 
el argumento siempre invocado con éxito entre nosotros, de que la 
baja ocasionada por la desaparición del producto manufacturado 
quedaba compensada generalmente con el aumento de las mato 
rias primas y auxiliares destinadas á su elaboración, falla comple- 
tamente en el período 1898 á 1900. «Afirman algunos, y esa doc- 
trina se estampa en el informe de la comisión de hacienda que 
hemos extractado, que la importancia de las rentas de aduana dis- 
minuye en los grandes centros industriales, con relación á los demás 
impuestos, no precisamente en la cantidad de las importaciones^ 
que de ordinario aumenta, sino en el mayor crecimiento propor- 
cional del movimiento interno. El día que la repáblica pueda abas- 



protecx;i<5n á las industrias nacionales 183 

tecerse de vinos, aguardiente, tejidos de lana y algodón, etc., ten- 
drá más renta de aduana, producida por otros artículos de impor- 
tación, y habrá crecido en mayor proporción todavía el producto 
de todas las demás rentas, bajo la presión de los aumentos de po- 
blación y de capitales. La gran superioridad relativa de las rentas 
de aduana, concluye la comisión, es por regla general consecuen- 
cia de inferioridad económica, en vez de condición de prosperidad 
financiera.» ¿Hállanse abonadas estas doctrinas con la estadística? 
En el quinquenio 1875-1880, Cdn una población que jamás exce- 
dió de 450,000 almas, tuvimos una importación de cerca de se- 
tenta y nueve millones. Duplicada actualmente la población, 
debíamos tener en el quinquenio 1896-1900 alrededor de ciento 
sesenta millones, y no alcanzamos á tener ciento veinte millones, 
con la particularidad de que los aforos actuales son muy elevados 
con relación á los precios en depósito de algunos de los productos 
de más extenso consumo, segán ya lo hicimos notar en el capítulo 
de las importaciones. 

LAS importaciones Y LOS DERECHOS DE ADUANA 

Durante los años 1872, 1878 y 1874, que nos han servido de 
base para varias comparaciones, hubo la siguiente recaudación de 
derechos, segán cifras que reproducimos de los estados generales 
de contaduría: 



184 



COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 




IMPüEíJTOS ESPECIALES 

15 **/•• sobre importación 

en la capital .... 
15 7o sobre importación 

de receptorías . . . 
8 ®/(, sobre exportación 

en la capital .... 
8 ^/^ sobre exportación ! 

receptorías . . . . | 
2 ^'o sobre exportación 

de carnes 

Tonelaje 



2:617,958¡$ 2:640,176 $ 2:236,625 






186,274' > 

689,093 » 

396,826: » 

14,350 » 
52,353' t> 



243,102 * 190,727 

1 

690,1 19J» 662,168 

i 
481,6151 * 384,765 



11,222 :^ 
51,700 » 



15,071 
41.074 



RENTAS GENERALES 

Importación en la capital. 
Diversos ramos . . . 
Contribución directa . . 
Receptorías (importación 
y diversos ramos) . . 



$ 3:956.854;.? 4:117.934 $ 3:.").30.430 


? 2:831,798 
» 159,307 
» 75,881 

» 1.65,165 
$"372327Í51 


$ 2:838,118 .? 2:465,708 
» 187,758 » 195,093 
» 78,.ó89 » 65,914 

1 

» 287,081' » 252,692 
? 3:391, .546 § 2:979,407 



Sumando los dos primeros rubros de los impuestos especíales y 
los cuatro de impuestos generales, que anteceden, los derechos de 
importación se elevan á 6:036,383 pesos en 1872, lí 6:274,824 en 
1873 y á 5:406,759 en 1874. Monto de los tres años, 17:717,966 
pesos. En los mismos años, las mercaderías importadas fueron afo- 
radas oficialmente en 18:859,724 pesos en 1872, en 21:075,446 
en 1873 y en 17:181,672 en 1&74; representando 57:116,842. 
Durante los años 1888, 1889 y 1890, en las aduanas d'í la repú- 
blica recaudáronse 8:641,661 pesos en 1888, 10:727,775 en 1889 
y 9:692,107 en 1890, resultando un total de 29:061,543 posos. 
En los mismos años representó el comercio de importación la can 
tidad de 29:477,448 pesos en 1888, de 30:823,863 en 1889 y de 



PROTECCIÓN A LAS INDUSTRIAS NACIONALES 185 

32:364,627 en 1890, lo que forma un total importado de 98:665,938 
pesos. Y durante los años 1898, 1S99 y 1900 los derechos de im- 
portación produjeron 8:566,695 en 1898, 8:677,266 en 1899 y 
8:314,171 en 1900, ó sea un total de 25:558,432, y estaba repre- 
sentado el valor oficial do las mercaderías importadas por 
24:784,361 pesos en 1898,25:652,788 en 1899 y 23:978,206 en 
1900, sumando en los tres años un valoi* de 74:415,355 pesos. 
Para que pueda apreciarse mejor el alcance de estos guarismos, 
los pondremos frente á frente: 



ANOS ,' IMPORTACIONKS , RKNTA ADUANERA 



1872 íí 1874 :' 57:116,842 

1888 á 1890 ;l 98:665,938 

1898 á 1900 ;i 74:415,355 



17:717,966 
29.061,543 
25:558.432 



Como lo hemos hecho notar oportunamente, en el período 1872- 
1874 los aforos se aproximaban á los precios verdaderos de loa 
artículos en depósito, y si de algo pecaban era por su extrema mo- 
destia. El jefe de la oficina de estadística, don Adolfo Vailiant, 
juzgaba que los avalúos eran muy unperfectos, y al formular varios 
cálculos en sus «Apuntes estadísticos para la exposición de Pa- 
rís*, decía que por esa causa y por el contrabando el comercio de 
importación sufría en las cifras oficiales ima disminución de 
33 '/^,' Pero en los otros dos períodos, y muy especialmente en el 
último, resulta todo lo contrario, pues no habiéndose modificado las 
viejas tarifas de avalúos, continúan todavía figurando muchos ar- 
tículos de extenso consumo, como el vino común, por el doble de 
su precio verdadero, pudiendo estimarse el exceso de aforo, du- 
rante el quinquenio 1898-1900, en cinco millones de pesos anuales, 
según la base que suministra el proyecto de tarifa de avalúos re- 
dactado en 1899 por la comisión especial nombrada con ese objeto 
por el poder ejecutivo. Tendríamos entonces que el comercio efecti- 
vo del trienio 1898-1900 no es de 74:415,355, sino de 59:415,355 
pesos. Conviene agregar además que el comercio de importación 
está desde hace algún tiempo gravado con una patente adicional 



186 



COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



de importación de 3 /^, que aunque es de aduana, se recauda por 
la oficina de impuestos directos, produciendo alrededor de seis- 
cientos mil pesos anuales, que se destinan, juntamente con la pa- 
tente adicional de exportación de 1 %, á las obras del puerto de 
Montevideo. 

Los guarismos relativos al valor oficial de las importaciones en 
los trienios 1872 á 1874 y 1898 á 1900, se confunden casi total- 
mente como se ve : 57 millones cien mil pesos en el uno y 59 mi- 
llones cuatrocientos mil pesos en el otro, ó sea una pequeña dife- 
rencia favorable á 1898-1900 de dos millones trescientos mil pe- 
sos. En cambio es enorme la diferencia de la renta. Mientras que 
en el trienio 1872 á 1874 las aduanas dieron diez y siete millones 
setecientos mil pesos, en el trienio 1898-1900 la renta se aproximó 
á veinticinco y medio millones, y generalizando á los tres años el 
producto de la patente de 3 % en el año 1900, el monto de las 
recaudaciones se elevó á cerca de veintisiete millones cuatro- 
cientos mil pesos. Quiere decir, pues, que mientras que el valor 
de las importaciones apenas tuvo un aumento de dos millones 
y cuarto de pesos, los derechos recibieron un empuje conside- 
rable de más de nueve y medio millones de pesos. La renta de 
importación en 1900 fué de 8 millones novecientos mil pesos, 
englobando la aduana y la patente adicional de 3 % y se perci- 
bió según los datos que anteceden sobre un valor real importado 
de diez y nueve millones. Hemos cobrado cerca de nueve millo- 
nes de pesos, casi la mitad! En 1873, sobre un comercio de 
veintiún millones de pesos, se recaudaron simplemente seis mi- 
llones y un cuarto de pesos, y en 1874 sobre un comercio de diez 
y siete millones, la aduana dio simplemente cinco millones cua- 
trocientos mil pesos. 

Son cifras verdade 'emente alarmantes en cuanto denuncian á 
la vez que el abatimiento de las comentes de importación, el ex- 
tremo encarecimiento de los medios de vida en un país nuev^o, 
con un territorio casi desierto, que tiene necesidad de millares de 
brazos y capitales extranjeros para explotar sus fuentes de ri- 
queza, vigorizar su organismo económico y resistir siquiera á la 
absorción política ó económica de sus dos grandes vecinos geo- 
gráficos, el Brasil y la Argentina. Después de haber abusado tan 



PROTECCIÓN Á LAS INDUSTRIAS NACIONALES 187 

prodigiosamente del proteccionismo, se impone una reacción sal- 
vadora en provecho del país que pide vida barata, y en provecho 
de las mismas industrias nacionales protegidas, condenadas á sufrir 
dolorosos zarpazos fiscales á título de que han mermado ó des- 
aparecido tales ó cuales rubros de la aduana. El alcohol, la cer- 
veza, los fósforos, pagan ya un tributo por esa causa, que ha 
contribuido al encarecimiento del artículo, y por consiguiente á 
cierta restricción de su consumo. Mafiana tocará el tumo á los vi- 
nos naturales^ á los paños^ á los sombreros^ á las harinas, á los fi- 
deos, al calzado, á los muebles, á las confecciones de toda especie 
que han anulado ya ó van á anular bien pronto fuertes y producti- 
vas corrientes fiscales. Nuestros gobiernos han considerado y con- 
sideran el proteccionismo como un sistema definitivo, y cada vez 
que el estado necesita recursos de las industrias nacionales, eleva 
proporcional mente los derechos de aduana, agigantando las difi- 
cultades y tropiezos para volver algún día al buen camino, al ca- 
mino de la rebaja gradual de las tarifas que abra el mercado in- 
terno á la lucha vivificante de la competencia internacional y pro- 
mueva á la vez que el abaratamiento de los precios el progreso de 
las manufacturas nacionales. 

Ija cominión nombrada en 1898 para el estudio de las ordenan- 
zas y tarifas de aduana, publicó entj-e otros antecedentes el si- 
guiente resumen que expresa el tanto por ciento que pagan los 
productos de importación : 

Pagan el 8 % — Semillas de flores y hortalizas, peso bruto. 

Pagan el 10 % — Pábilo en general, peso bruto. 

Pagan el 12 % — Papas en general, peso bruto. 

Pagan el 16.666 % — Yerba mateen hoja sin ninguna elabora- 
ción, peso bruto. 

Pagan el 20 %— Cocos del Brasil; frutas: naranjas frescas, du- 
raznos y manzanas, bananas, sandías y cidras, ananás, tomates, 
ajíes, pepinos y membrillos, uvas frescas. 

Pagan el 25 '*/^ — Azul de Prusia ordinario para lavandera, peso 
bruto; fariña, peso bruto; cajones desarmados para fideos y para 
12 botellas; cajones desarmados para diferentes usos. 

Pagan el 30 % — Almendras con cascaras, peso bruto; cacao en 
grano, peso bruto. 





188 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



Pajraii el 30.555 % — Almendras sin cascaras, incluso envase» 
Pagan el 30.769 % — Avellanas, peso bruto. 
Pagan el 31 % — Aceitunas en salmuera, en barriles, en gjirra- 
fones, peso bruto; aceitunas secas, en cajones ó cascos, peso bruto; 
agua refrescante algengibre; ajos; algarroba, peso bruto; anís en 
grano, peso bruto; azúcar de papas 6 glucosa, peso bruto; cajones 
armados para fideos y para una docena de botellas; cajones arma- 
dos para diferentes usos; castañas frescas y secas, peso bruto; chu- 
fas, peso bruto; ciruelas secas en cajas de madera, en cajas de car- 
tón, latas, incluso envase; cominos, peso bruto; coquitos de Chile 
y otros, peso bruto; dátiles en general, peso bruto; especias moli- 
das, incluso envase; ginebra en grano, peso bruto; harina Xcstle, 
Defrosne y similares, de centeno, maíz, etc., peso bruto; liielo; hi- 
gos socos, peso bruto; hongos secos, inchiso envase; huevos, len- 
guas de bacalao, peso bruto; levadura, inchiso envase; mandioca 
seca, peso bruto; ídem en paquetes, incluso envase; maní, peso 
bruto; miel de caña, peso bruto; mijo ó millo, peso bruto; mostaza 
comestible, incluso envase; palitos para dientes, ídem, ídem; i)asa; 
de Corinto, etc., peso bruto; piñones y pistachos, incluso envase; 
ídem con cascaras, ídem; sal común en tarros ó paquetes, ídem 
sal fina suelta en general, peso bruto; salsa y pasta de tomates, in- 
cluso envase; semillas de cáñamo; sémola, incluso envase; tabaco 
esencia líquida ó pichuá, incluso envase; tapioca, ídem; añil fíno 
de cualquier procedencia, peso bruto; arcos de madera para cajo- 
nes; arenques secos en cajas de una docena; azul de Prusia en bo- 
litas, peso bruto; canela en rama, peso bruto; canela y canelón 
molido, incluso envase; canelón en rama, peso bruto; cebada co- 
mún y fermentada para cerveceros, peso bruto; ídem en grano, 
peso bruto; cebadilla, perlas en cascos ó damajuanas, peso bruto; 
cebollas, centeno, peso bruto; chuño, peso bruto; clavos de comer, 
peso bruto. 

Pagan 31.034 % — Ají en rama, peso bruto. 

Pagan 31.111 % — Ají molido, incluso envase. 

Pagan el 31.25 % — Pimienta en grano, peso bruto; te en gene- 
ral, peso neto. 

Pagan el 32 %— Cacao molido, incluso envase; pimentón, in- 
cluso envase; pimienta molida, incluso envase. 



PROTECCIÓN A LA8 INDUSTRIAS NACIONALES 189 



Pagan el 33.333 "/,, — Aceite de oliva en general, peso neto; ba- 
calao seco y pejepalo en general, poso bruto; café en grano, peso 
bruto; camarones secos; nueces, peso bruto; orejones de cualquier 
clase de fruta, peso bruto; pescado en cascos 6 cajas, peso bruto; 
sardinas prensadas, peso bruto. 

Pagan el 33.75 ^/o — Harina de trigo en barricas ó bolsas. 

Pagan el 34.534 °/\ -Vinos de otras clases que el Asti, Tene- 
rife, Frontignan y Pomino en botellas. 

Pagan el 35 "/o — Anchoas en salmuera, en barriles 6 cajas, peso 
bruto; pescado en salmuera, en caja ó casco, peso bruto; sardinas 
en salmuera, en cajas ó casco, peso bruto. 

Pagan el 35.714 'Vo— Pasas de uva, peso bruto. 

Pagan el 38.461 ^o — Garbanzos de toda orocedencia, peso 
bruto. 

Pagan el 40 ^/o — Yerba mate de cualquier procedencia, peso 
bruto. 

Pagan el 41.666 'y'o — Lentejas, peso bruto. 

Pagan el 42.857 % — Vinagre en casco ó damajuanas. 

Pagan el 42 % — Chocolate molido, incluido envase; confites de 
sorpresa, en cartuchos ó envoltorios de papel, incluso envase ; 
galleta común, peso bruto; mazacotes, ídem ídem; ticholos en ge- 
neral, incluso envase; velas de cera y sus limitaciones; velas de 
sebo. 

Pagan el 44.444 % — Arroz descortezado en general, peso bruto; 
guayaba, incluso envase. 

Pagan el 45.714 ®/o — Bizcochos, incluso envase; galletitas y 
bizcochos, incluso envase. 

Pagan el 46 "/o — Vinos finos en cascos 6 damajuanas, como ser 
el Khin, Oporto, Jerez, Madera, Ajerezado, Moscatel y Borgogna. 

Pagan el 46.666 ^ü — Velas estearina y similares, incluso en- 
vase. 

Pagan el 48 "/u — Café molido, incluso envase; café achicoria 
suelto ó en paquetes, incluso envase. 

Pagan el 50 V»» — Aceitunas en aceite, incluso envase; alcapa- 
rras, ídem ídem; alpiste, peso bruto; anchoas en salmuera, en fras- 
cos, latas ó tarros, incluso envase; arvejas secas, peso bruto; cho- 
colate en pasta, incluso envase; dulces secos, confites, bombones, 



190 COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 

incluso envase; dulces en jugo, almíbar 6 cualesquíer otras clases, 
ídem ídem; encurtidos en general, ídem ídem; fideos, peso bruto; 
frutas en agua ó en aguardiente, incluso envase; grasa de cerdo, 
incluso envase; habas secas, peso bruto; kerosene sin depurar, en 
cascos; pescado en frascos, latas ó tarros, incluso envase; sardinas 
en salmuera en frascos, latas ó tarros, ídem ídem; tabaco en hoja 
de la Habana, ídem ídem; tabaco picado de otras clases, ídem ídem; 
vinos comunes en general en cascos ó damajuanas. 

Pagan el 51 ^/^, — Aceitunas en tarrop, frascos ó latas, poso bru- 
to; aceitunas secas en tarros, frascos 6 latas, peso bruto; carne de 
cerdo, tocino y carne de vaca cocida, peso bruto; cohetes volado- 
res; grasa de vaca caracú, incluso envase; leche condcnsada, in- 
cluso envase; lenguas en salmuera, peso bruto; ídem secas, salsa 
(no de tomates) de otras clases en botellas ó frascos, incluso en- 
vase; carne de vaca en salmuera. 

Pagan el 51.666 7„ — Licores en botellas hasta 25 centilitros. 

Pagan el 52.083 ^o— Kerosene. 

Pagan el 52.175 '*'o — Jamones, incluso envase. 

Pagan el 53.333 "/o — Pescado seco en frasco, latas ó tarros, in- 
cluso envase. 

Pagan el 53.448 % —Licores en botellas desde 51 centilitros 
hasta un litro; ídem en botellas desde 26 centilitros hasta 50 ídem. 

Pagan el 54.545 % — Cohetes de la India en cajas hasta 40 pa- 
quetes. 

Pagan el 55.555 "*/., — Azúcares no refinados en general, peso 
bruto; manteca de leche, incluso envase. 

Pagan el 57,143 V©— Sidra en botella de no más de un litro; 
salchichón y mortadella en general, incluso envase. 

Pagan el 57.692 7ü— Sidra en botella de 251 mililitros hasta 
501 ídem. 

Pagan el 58.333 % — Tabaco picado de la Habana, incluso en- 
vase. 

Pagan el 60 % — Anchoas en aceite, incluso envase; azúcares 
refinados en general, peso bruto; conservas de cualquier otra clase, 
incluso envase; sardina*^ en aceite, incluso envase. 

Pagan el 62 % — Curayao ; licores y jarabes en general, en 
cascos. 



PROTECCIÓN Á LAS INDUSTRIAS NACIONALES 191 

Pagan el 62.50 % — Tabaco para mascar, incluso envase. 

Pagan el 63.636 % — Almidón, peso bruto; arrowroot, id id. 

Pagan el 65.96 %— Bítter en cascos. 

Pagan el 66.52 %— Bítter, hasta 20". 

Pagan el 66.666 % — Sidra en cascos; cigarros de hoja, de la 
Habana, de toda procedencia, incluso envase; porotos, de cualquier 
procedencia, peso bruto. 

Pagan el 67.63 % — Ron, en cajones. 

Pagan el 70.484 % — Cerveza, en botellas de 501 mililitros has- 
ta 1 litro. 

Pagan el 70.796 %- Cerveza, en botellas de 250 mililitros 
hasta 500. 

Pagan el 73.17 % — Tabaco negro, en cuerda. 

Pagan el 74.40 %— Kirsch, hasta 20^ 

Pagan el 77.50 %— Whisky. 

Pagan el 83.738 %— Vino Asti, Tenerife, Frontignan y Pomi- 
no, en botellas 

Pagan el 84.507 %— Tabaco en hoja de Bahía, Virginia, inclu- 
so envase; ídem en hoja de otras procedencias, incluso envase. 

Pagan el 86.111 %— Ron. 

Pagan el 88.628 %— Cognac 

Pagan el 88.888 % — Cerveza en cascos, jabón común en ge- 
neral, peso bruto. 

Pagan el 92.683 % — Queso en general, incluso envase. 

Pagan el 93.547 % -Ajenjo hasta 26\ 

Pagan el 96 % — Caramelo líquido para colorante, peso bruto. 

Pagan el 100 % — Conservas de legumbres en general, incluso 
envase; cigarros en cajetillas, incluso envase; ostras y langostas, 
incluso envase; tabaco negro picado. 

Pagan el 103.333 %— Vermouth. 

Pagan el 103.448 % Tabaco en hoja del Paraguay y Río 
Grande, incluso envase. 

Pagan el 107.466 %— Ajenjo ha^ta 26^ 

Pagan el 111.111 % — Cigarros de cualquier clase, sueltos ó en 
paquetes. 

Pagan el 124 % — Ajenjo en cascos. 

Pagan el 125 % — Barajas en general. 



192 



COMERCIO EXTERIOR ESPECIAL 



Pagan el 155 % — Anís de Mallorca hasta 52". 

Pagan el 169.398 %— Ginebra hasta 20\ 

Pagan el 170 % más 8.50 % por grado y por litro — Aguar- 
diente hasta 20 '. 

Pagan el 193.75 % — Ginebra en cascos. 

Pagan el 216,666 /^—Fósforos en general, incluso enva.se. 

Pagan el 250 ^—Cigarros de tabaco negro, incluso la lata. 

Pagan el 281.81 % — Anís de otras procedencias, que de Ma- 
llorca, hasta 20 grados. 

Entre los antecedentes de que hemos hecho mención, figura 
también este cuadro relativo á los productos de importación ijue 
dejan mayor renta al tesoro páblico. Está fundado en la estadísti- 
ca comercial de 1896: 



PROTBOCKÍN Á LAS INDUSTRIAS NACIONALES 



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194 



OOlfERaO EXTERIOR ESPECIAL 



SE IMPONE LA REACCIÓN 

Sólo es aceptable el proteccionisuio como medio de asegurar los 
primeros aleteos de la industria nacional, permitiendo que se for- 
men obreros aptos, que el capital se dirija íí colocaciones fecundas 
aunque inseguras, y que el mercado de consumo se acostumbre al 
producto nacional. Conseguido ese triple resultado, hay que vol- 
ver atrás, rebajando gradualmente los derechos de aduana, 6 es- 
tableciendo impuestos internos de compensación, aunque lo más 
práctico es la combinación de ambos medios fiscales. Para la 
generalidad de las industrias protegidas hemos llegado á un nivel en 
que ya podría y debería iniciarse la reacción aduanera, desde que 
los productos que ellas elaboran han adquirido considerable arrai- 
go en el mercado por su buena cualidad y economía do confec- 
ción. No patrocinamos ciertamente alteraciones bruscas en el ré- 
gimen de los derechos, porque ni el fisco ni las industrias las re- 
sistirían. Las rebajas deben ser graduales, escalonándolas en un 
período de ocho ó diez años, á fin de que el mercado de produc- 
ción pase sin violencia de un proteccionismo tan exagerado que en 
ciertos casos llega al prohibicionismo, á un régimen liberal que se 
ti-ace como límite extremo de los derechos aduaneros el 25 ó el 
30 % del valor en depósito de los productos, que es margen so- 
bradamente suficiente y amplio, agregado al que constituyen el 
flete, seguro y comisiones á que está sujeto el producto similar ex- 
tranjero, para que industrias ya formadas puedan desenvolverse y 
desafiar la competencia interaacional. Caerán sin duda alguna las 
industrias enfermizas que sólo han nacido y se mantienen á.la som- 
bra de altísimos derechos de aduana, pero en cambio adquirirán 
en la lucha prodigioso desarrollo las demás, las que puedan arrai- 
garse en el país, por la materia prima buena y abundante ó por el 
aprendizaje industrial de los que contribuyen á su elaboración. 

Ya llegará día en que la reacción contra el proteccionismo, pro- 
mueva la formación de partidos de circunstancias que arranquen á 
nuestro organismo político de la atmósfera caldeada por las lu- 
chas de carácter puramente personal que han combatido sus des 
arrolles durante tres cuartos de siglos seguidos. 



\ 



(CAPÍTULO VI 

Cómo se producen las crisis 

TEORÍAS DE CLEMENTE YTTGLAR Y DE BAGEHOT 

Todo país que ha llegado á cierto grado de desenvolvimiento 
económico, recorre sucesivamente estas tres etapas: período prós- 
pero, caracterizado por especulaciones de todo género, por un es- 
píritu de empresa que se extiende á las distintas esferas de la ac- 
tividad económica, por la baja del interés, por la suba general de 
los precios, por la extrema credulidad del público, por la pasión 
del juego, por consumos exagerados; período de crisis, caracterizado 
por una detención en la suba de los precios, que ocurre cuando el 
que ha comprado una cosa no encuentra ya nuevos compradores 
y time que lany.arse en busca de dinero para solventar sus com- 
promisos; período de liquidación, caracterizado por el descenso 
de los precios, la suba del iuterés y el retraimiento del crédito, 
tres circunstancias que impiden al deudor procurarse fondos y 
le oblipan á liquidar de cualquier modo el negocio realizado en 
el período próspero. Consumada la liquidación sobreviene un pe- 
ríodo de calma, de ahorro, de restauración de fuerzas, y se inicia 
luego la suba de los precios, recorriéndose de nuevo las mismas 
etapas ya señaladas. Tal es, en sustancia, la teoría de Clemente 
Yuglar sobre la periodicidad de las crisis. 

En la antigüedad sólo existían las crisis de hambre, producidas 
por la pérdida total ó parcial de una cosecha. Esas crisis son hoy 
poco menos que imposibles, porque el comercio iatemacional 
cubre fácilmente el déficit de una región con los sobrantes que 
resultan en las demás. Pero en cambio han surgido las crisis co- 



196 



LAB CRISIS EN EL URUGUAY 



merciales, sobre la base del ensanche considerable de los negocios 
y especialmente del crédito que permite operar á plazos. El 
comercio inglés, dice Bagehot, se hace mediante capitales pres- 
tados, en proporciones que no habrían imaginado nuestros an- 
tepasados. Hay una legión de pequeños comerciantes que des- 
cuentan cantidades considerables de papel y que con ayuda de 
ese capital prestado circunscriben y arrinconan á los viejos capi- 
talistas á quienes llevan inmensas ventajas en la lucha. Basta po- 
ner el caso de un comerciante que nnneja un capital propio de 
1:250,000 francos y que trata de hacerle redituar el 10 '^ o- Para 
conseguir su objeto necesita recoger beneficios por 125,000 fran- 
cos, y tiene que vender sus mercancías al tipo correspondiente á 
esa utilidad. Entretanto, otro comerciante que sólo es dueño de 
250,000 francos y que medüinte el descuento toma en préstamo 
un millón de francos, lo que es corriente en el comercio moderno, 
gananí mucho más. Suponiendo, en efecto, que haya realizado el 
préstiimo al 5 %, tendrá que pagar anualmento 50,000 francos de 
intereses, y es claro que si obtiene como su colega 125,000 fran- 
cos de utilidad, le quedará un beneficio de 75,000 francos, equi- 
valente al 30 Yo sobre su capital propio de 250,000 francos. Pue- 
de, en consecuencia, vender á más bajo precio, con solo renunciar 
una parte del beneficio, desterrando así del mercado al comer- 
ciante que no es ya de esta época, es decir, al que trabaja con ca- 
pital propio. La certidumbre, concluye Bagehot, de poder conse- 
guir dinero, mediante el descuento ó de otro modo, á intereses 
moderados, hace que en el comercio inglés moderno exista una 
especie de prima en trabajar con capital prestado y una desventaja 
constante en limitarse al capital propio ó cu apoyarse principal- 
mente sobre él. 

Clemente Yuglar explica de esta manera el génesis de las crisis 
comerciales : 

El crédito aumenta la demanda de productos y provoca la 
suba de los precios. La suba de los precios ofrece á su turno nue- 
vos medios de crédito que fomentan y continúan el alza ya ini- 
ciada. Comunican incesante impulso á este movimiento ti'an- 
saccional el descuento y el redescuento, que dan oportunidad á 
cada uno de los intermediarios pam proveerse de fondos. Y á ello 



CÓMO BE PRODUCEN LAS CRISIS 197 

también ayuda el metálico, que pasa de mano en mano con mayor 
rapidez y provoca un resultado parecido al de un vagón que hace 
diez viajes por día, y que desempeña el oficio de diez vagones que se 
limitan á un viaje diario. ¿ Pero se encontrarán siempre nuevos 
eslabones en la cadena, de manera que cada comerciante pueda li- 
quidar sobre la base de otras operaciones de crédito? Llega un 
instante en que la persistente suba de los precios causa dificultad 
á los cambios y hace disminuir el nCimero de los compradores, y 
entonces para evitar una liquidación con pérdidas se recurre en el 
interior de la plaza á renovacion(ís de confonnes y prórrogas de 
vencimientos, y en el comercio internacional á remesar metá- 
lico en reemplazo de productos encarecidos que no serían acepta- 
dos por los demás países. Los bancos son las primeras víctimas 
de ese drenage que empobrece día á día su encaje y les obliga en 
definitiva á elevíu* la tasa del descuento. Encarecido el metíílico, 
hay ({ue liquidar entregando la mercancía en baja. ÍJI descenso 
circunscripto al principio á los artículos materia de la especula- 
ción, no tarda en generalizarse á todas las transacciones, aán á las 
i[\\e se realizan al contado. Gracias al ahorro aumenta sin 
cesar la riíjueza y se produce la suba de los precios ; el esta- 
do normal del mercado es el período próspero ; la crisis se 
aproxima cuando el movimiento se debilita, y estalla cuando el 
movimiento cesa. Puede, pues, establecerse (|ue la única causa 
de la crisis consiste en la detención ó cesación de la suba de los 
precios. Los precios descienden desde la altura á que se habían 
conservado, y á la extrema confianza sucede una extrema des- 
confianza en los negocios de dinero, (|uedando un enorme capital 
circulante inmovilizado en construcciones, edificios, usinas, que 
represcntíui, sin duda, riqueza para el porvenir, pero que por 
el momento nada reditúan y causan un gran vacío en la plaza. 
Todo acrecentamiento rápido y continuo de las transacciones 
durante cierto número do años, es precursor de una crisis, la cual 
estíiUa cuando las personas que se apresuran á vender exceden al 
número de las que desean comprar. Todas las demás causas ó cir- 
cunsta.icias invocadas para explicar las crisis, obran pura y sim- 
plemente como la última gota de agua que hace desbordar un re- 
cipiente ya lleno, ó como la mecha que comunica el fuego y pro- 
u 



198 LAS CRISIS EN EL URUGUAY 



duce el estallido á condición de que la mina esté cargada de ante- 
mano. Desde los comienzos del siglo diez y nueve, las crisis se 
reproducen á intervalos poco distantes, pero que no son fijos y 
dependen de la rapidez del desarrollo de los negocios y de las con- 
diciones en que ese desarrollo se produce. Su misión bent'fica 
consiste en desembarazar la plaza de todos los créditos dudosos, y 
la experiencia enseña que no obstante su periodicidad y las pér- 
didas que ocasionan en el movimiento transaccional, los países no 
solamente no se empobrecen, sino que al contrario, se enriquecen 
más rápidamente que aquello? otros que operan al contado ó que 
por atonía comercial arrastran una vida lánguida y se hallan al 
abrigo de las crisis. 

La teoría de Clemente Yuglar demuestra que las crisis tienen su 
origen en la suba gen<íral de los precios, y que á su tiu-no la suba 
general de los precios tiene su causa en el considerable ensanche 
de las operaciones de crédito que aumentan la demanda de valo- 
res y levantan en consecuencia su tipo de cotización. Pero, ¿ por 
qué motivo los precios altos no pueden sostenerse y llega un día 
en que faltan compradores y se produce el estallido de la crisis 
derrumbándose entonces todo el andamiage del período próspero ? 
Corresponde sobre todo á Bagehot la explicación de ese fenó- 
meno que cada día adquiere mayor importancia en las grandes 
plazas comerciales, á causa de la creciente difusión del crédito. 
Vamos á resumir su demostración. 

La elevación general de los precios, es simplemente una suba 
nominal, desde que el beneficio que obtiene el comerciante en sus 
ventas, lo pierde en sus compras, quedando en consecuencia en la 
misma situación en que se hallaba antes. Para el país tomado en 
conjunto, la suba general de los precios no constituye un benefi- 
cio, sino un mero cambio de nomenclatura en los valores relativa- 
mente idénticos de las mismas mercaderías. Pero como la suba ge- 
neral de los precios, lejos de producirse simultáneamente en todos 
los artículos, se propaga de una manera gradual, los que aprove- 
chan en primer término de la reacción, embolsan provechos y ca- 
da uno juzga que se enriquece á medida que mejora de precio el 
producto que constituye su negocio, surgiendo una alegría y una 
K^oaflanza sin límites en el mercado. Cuando esa prosperidad de- 



CÓMO 8E PRODUCEN LAS CBISI8 199 



pende de un aumento de producción, bastará un contraste en cual- 
quiera de las ramas principales de la industria, como por ejemplo 
una mala cosecha y la carestía subsiguiente de los cereales, para 
que en el acto quede herida de muerte la reacción que ya se con- 
sideraba definitivamente conquistada. Y cuando deriva, no de un 
aumento de la producción, sino de la abundancia de capitales dis- 
ponibles y de la suba correlativa de los precios, la prosperidad tie • 
ne que ser fatalmente destruida por las mismas causas que la han 
engendrado. Es bien sencilla la marcha de las cosas. La abundan 
cía de capitales disponibles provoca una suba de precios, pero es- 
ta suba reclama mayor cantidad de capitales para que puedan 
continuar las mismas operaciones. No se podrá con un millón, por 
ejemplo, movilizar tantas mercaderías ó valores como cuando los 
precios eran bajos. Aún suponiendo, pues, que el comercio quede 
estacionario, será necesario un aumento de capital para continuar- 
lo después de producida la suba de precios. Pero, es que no queda 
estacionario, sino que se ensancha constantemente bajo la presión 
de los capitales que habían permanecido inactivos hasta entonces 
y que buscan empleo halagador con fuertes intereses y benefícios. 
El desarrollo extremo de la producción y del comercio, va acom- 
pañado en esas épocas de gran excitación, de una verdadera furia 
de ganancias. El delirio del juego se apodera de todas las cabezas. 
Hasta las acciones y títulos que carecen de todo valor, sirven de 
base á la especulación, con la particularidad de que en tales mo- 
mentos se puede hacer creer al público todo lo que se le antoje al 
especulador, como lo prueba la siguiente lista de sociedades cons- 
tituidas en uno de los períodos prósperos de la Inglaterra: compa • 
nía para poner á flote los buques perdidos en las costas de Irlan- 
da; compañía de seguros sobre los animales; compañía de seguros 
contra las pérdidas ocasionadas por los siniestros; compañía para 
formar ^ua dulce con agua del mar; compañía edificadora de hos- 
picios para los hijos naturales; compañía para construir una flota 
contra los piratas; compañía para fabricar aceite con semillas de 
girasol; compañía para mejorar las bebidas alcohólicas; compañía 
para asegurar el pago de sus sueldos á los marineros ; compañía 
para extraer plata de los minerales de plomo; compañía para trans- 
formar el mercurio en un hermoso metal maleable; compañía para 



200 LAS CRISIS EN EL UBUQUAY 

fabricar hierro por medio del carbón de piedra; compañía para im- 
portar asnos de España; compañía para la explotación del cabello 
humano; compañía para el engorde de cerdos; compañía para ex- 
plotar el movimiento continuo; y finalmente, una compañía cuyo 
objeto sería conocido en oportunidad y en la que cada suscritor te- 
nía que depositar dos guineas para asegurarse la posesión de una 
acción de cien guineas. La cosa era tan tentadora, que en la mis- 
ma mañana de los anuncios, fueron suscritas mil acciones y á me- 
diodía el estafador desaparecía con los cincuenta y tantos mil 
francos en el bolsillo, haciendo conocer así el objeto de la anun- 
ciada compañía. 

Sin estar en desacuerdo una teoría con otra, se ve que Bagchot 
atribuye una importancia más decisiva al desequilibrio entre el di- 
nero circulante y la masa de valores que debe movilizarse. Si to- 
dos los precios suben y surge además una oleada de sociedades que 
inunda de papeles el mercado, el metálico que antes bastaba, resul- 
tará después insuficiente para servir de base al movimiento tran- 
saccional. Claro está que con la moneda, pasa lo mismo que con 
los vehículos de que habla Clemente Yuglar, pero es también evi- 
dente que el n6mero de viajes ó la rapidez con que circulan recono- 
ce un límite infranqueable, y que llegado ese límite las transaccio- 
nes tienen que sufrir y sufren demoras fatales. El stock metálico 
no puede seguir un desarrollo paralelo á los demás valores, y ma- 
nifiesta al contrario en las épocíis prósperas una inevitable tenden- 
cia á la disminución, en primer lugar porque durante esas ópocíis 
se ensanchan los consumos y aumentan las importacit)nes de pro- 
ductos, y en segundo lugar porque la extrema carestía de los pre- 
cios hace indispensables las extracciones de dinero para chancelar 
los saldos del comercio internacional. Una buena teoría de las cri- 
sis, tiene, pues, (|ue asentarse sobre esos dos grandes hechos de la 
suba de los precios, provocada por las operaciones á crédito y del 
deseí|UÍlibrio (jue la propia suba [)rovoca entre la masa de valores 
á moverse y la reserva meüílica que debe en definitiva constituir 
el eje de todo movimiento. 



CÓMO 8E PRODUCEN LAS CRISIS 



201 



TEORÍAS DE HORN, GUYOT Y LAVELEYE 



Provienen las crisis, según otra teoría, de un simple desequili- 
brio entre los capitales fijos y los capitales circulantes. Son dos es- 
pecies de valores que deben coexistir en ciertas proporciones, di- 
ce Hom. El capital fijo, el que está inmovilizado en edificios y 
en máquinas de trabajo, se desgasta y además necesita constante- 
mente para su fimcionamiento del auxilio del capital circulante 
bajo forma de materias primas, salarios y otros conceptos. Pero el 
capital circulante tiende á convertirse en capital fijo. Así, por 
ejemplo, los ahorros del agricultor van en los primeros momentos 
á un banco ó se prestan directamente á otra persona, á título de ca- 
pital circulante, hasta que llegan á cierto límite en que el deposi- 
tante prefiere edificar ó comprar un terreno ó adquirir máquinas 
de labranza, fijándolos en consecuencia. Para que el equilibrio no 
se rompa, es necesario que los vacíos producidos sean llenados por 
el ahorro. Si eso no ocurre, si el desequilibrio se manifiesta, en- 
tonces estalla la crisis, como estalla una caldera que no recibe 
agua, ó como se rompe una máquina cuyos resortes no se engra- 
san con frecuencia. Lígase esta doctrina de Hom, con la de Ivés 
Guyot, según la cual las crisis provienen de un exceso en los con- 
sumos. Todo capital circulante que se transforma en capital fijo, 
representa durante algún tiempo consumo de riqueza, disminuye 
el poder de compra que existe en la sociedad y dificulta por lo 
tanto los cambios, por lo menos hasta el momento en que cons- 
truida la usina ó instalada la máquina, empieza el trabajo de res- 
tauración de los valores consumidos. IjOs norteamericanos in- 
utilizaron en sus treinta mil millas de vías férreas alrededor de 
trescientos millones de libras esterlinas, y ese inmenso capital que 
durante cierto tiempo quedaba como consumido, debía producir y 
produjo efectivamente la crisis del año 1876. ¿Por qué una mala 
cosecha, se pregunta Ivés Guyot, puede promover una crisis ? Sen- 
cillamente porque todas las cantidades invertidas en salarios, se- 
millas, abonos, arados no se reproducen y queda disminuido el po- 
der de compra de la plaza y dificultados los cambios, aparte de 
los contratiempos inherentes á la carestía general que produce la 
mala cosecha. 



i 



202 LAS CRISIS EN EL URUGUAY 



¿ Pero el desequilibrio entre los capitales fijos y circulantes bas- 
ta para explicar las crisis ? Y en caso afirmativo ¿ no podría sos- 
tenerse que ese desequilibrio es uno de los efectos y no la causa 
del período próspero ? Relativamente al primer punto, cabe ob- 
servar en oposición á las teorías de Horn y de Ivés Guyot, que 
las crisis pueden producirse y se producen á veces sin que se acen- 
túe gran cosa la tendencia del capital circulante á convertirse en 
capital fijo. La elevación de los precios, motivada por la extrema 
difusión del crédito, se extiende casi siempre á todas las coloca- 
ciones de dinero, y aún en el caso de que la inmobilización de ca- 
pitales no vaya más allá de lo normal, puede romperse el equilibrio 
entre la cantidad de moneda y la masa de valores negociables y 
estallar en consecuencia la crisis. Acerca del segundo punto, ca- 
be observar que si en ciertas épocas aumenta la tendencia del ca- 
pital circulante ala inmobilización, es porque la suba general de los 
precios arrastra el dinero á ese género de empleo como fuente de 
excepcionales ganancias. Luego, el desequilibrio señalado como 
causa de las crisis, es simplemente un efecto del periodo próspero 
y está comprendido dentro de los marcos amplios de las teorías 
de Bagehot y de Clemente Yuglar. 

De otra explicación de las crisis nos ocuparemos finalmente: la 
que sostiene que esos fenómenos económicos son producidos por 
las exportaciones de metálico, cotisecuencia obligada de los cam- 
bios desfavorables. Pasando en revista las grandes crisis inglesas, 
recueixla Emilio Laveleye, que la de 1810 fué producida por la 
fuerte importación de trigos y algodones y los subsidios acordados 
á las naciones del continente, que originaron una remesa de 700 á 
800 millones de francos; la de 1 8 18 fué debida á las mismas causas, 
préstamos á Francia, Austria y Rusia, y exceso de importaciones, 
con cambios desfavorables y extracción de metálico, que obligaron 
al Banco de Inglaterra á suspender pagos; la de 1825 motiváronla 
los préstamos industriales hechos á América y el exceso de las im- 
portaciones que dieron lugar á considerables extracciones de metá- 
lico; la de 1847 se atribuye uniformemente á una enorme importa- 
ción de cereales y á las extracciones de metálico que fueron su con- 
secuencia; la de 1857 fué general á toda la Europa, y la produjo el 
drenage de metálico con destino á la India, cuyo país absorbió en 



CÓMO SE PRODUCEN LAS CRISIS 203 

ese solo año más de seiscientos millones de francos de metal blan- 
co de las principales plazas europeas; y la crisis de 1864 reconoce 
su causa en las importaciones de algodón, que provocaron nuevas 
y grandes remesas de metálico á la India. 

¿Cómo explicar el hecho, agrega Laveleye, de que una exporta- 
ción de doscientos á trescientos millones de francos produzca tan 
hondas perturbaciones en el mercado inglés? La moneda es un 
intermediario de los cambios, cuya cantidad debe ajustarse en cada 
instante á la suma de cambios que debe verificarse, de la misma 
manera que el numero de vehículos necesarios al transporte debe 
proporcionarse á la masa de mercaderías á transportar. Si algún 
vehículo falta, los transportes resultarán morosos, del mismo 
modo que si escasean las unidades monetarias tienen que langui- 
decer los cambios y tiene que sufrir el orden económico. Es indu- 
dable que las unidades monetarias de oro y plata pueden reempla- 
zarse por unidades de papel reembolsables en metálico y también 
por billetes á la orden, cheques, letras de cambio, warrants, cuyo 
descuento se apoya indirectamente en un encaje metálico y per- 
mite á la Inglaterra realizar una cifra colosal de transacciones sin 
la intervención de la moneda metálica ni del billete de banco, so- 
bre todo después del establecimiento del Clearing house ó casa de 
compensación, donde los banqueros se reúnen periódicamente para 
compensar sus créditos y pagarse simplemente los saldos. La cir- 
culación metálica del mercado inglés, estimada por Laveleye en 
mil quinientos millones de francos, sirve de base á todo ese colo- 
sal andamiaje de las operaciones á crédito, y se explica entonces 
que una exportación de pocos millones de metálico ó que una baja 
todavía menor en el encaje del Banco de Inglaterra baste para 
producir una grave conmoción y hasta una verdadera crisis en el 
mercado inglés. La corriente de exportación se inicia cuando el 
cambio se vuelve desfavorable, es decir, cuando las letras que gi- 
ran los países acreedores del mercado inglés se cotizan con tales 
pérdidas que resulte más conveniente exigir la remesa del metálico. 
Si en esos momentos el comercio marcha con desahogo y no exis- 
ten grandes compromisos, habrá dificultades pero no grandes de- 
sastres. En cambio, si existen compromisos importantes y ocurre 
además que la especulación ha ensanchado considerablemente las 




204 LA8 CRISIS EN EL URUGUAY 



operaciones á plazo^ estallará la crisis, porque todos los que tienen 
que pagar y que contaban con el auxilio del crédito, tendrán que 
echarse á buscar oro y á sacrificar cuanto posean, títulos 6 merca- 
derías, en medio de una baja asustadora. La tormenta durará hasta 
que el metálico y la confianza reaparezc^^ y se reanude el com- 
plicado y delicado movimiento de los cambios. 

Para que una verdadera crisis estalle, requidrense, pues, según la 
teoría de Laveleye, estas tres circunstancias: una gran difusión del 
crédito que reduzco fuertemente el uso de la moneda metálica ; 
un vasto comercio que de vez en cuando arranque de la circula- 
ción las especies metálicas y las exporte á otros países en pago de 
saldos internacionales; un mercado sobrecargado de operaciones 
á plazo que al desaparecer ó contraerse el crédito tenga que li- 
quidar en condiciones desastrosas. En concepto del mismo econo- 
mista existen remedios preventivos contra las crisis: conservar 
una circulación metálica abundante, que permita limitar el empleo 
de los instrumentos de crédito y reforzar los encajes banoarios á 
fin de que en cualquier momento puedan efectuarse las exporta- 
ciones sin graves peligros. Pero la Inglaterra, lejos de satisfacer 
estas condiciones, apoya todo su colosal comercio en el crédito, 
sólo utiliza el metálico para el cambio pequeño y apenas conserva 
la cantidad estrictamente indispensable. Existe otro remedio: la 
suba de la tasa del descuento, que restringe los pedidos de dinero 
y á la vez atrae los capitales flotantes de las plazas contiguas, con 
el halago de un interés mayor. 

REFUNDIENDO TEORÍAS 

En lo fundamental, coincide la teoría de Laveleye con las de 
Clemente Yuglar y Bagehot. Establece, en efecto, como ellas, que 
la extensa difusión del crédito prepara el estado de crisis y que és- 
ta se produce una vez roto el equilibrio entre la masa de valores 
negociables y la moneda metálica, entre el monto de valores que de- 
ben movilizarse y el valor que sirve de vehículo ó de agente in- 
termediario de los cambios. Pero así como la teoría de Bagehot tie- 
ne sobre la de Clemente Yuglar la ventaja de hacer más pal- 
pable que )a crisis, generada por la suba de los precios, estalla 



CÓMO 8E PRODUCEN LAS CRISIS 205 

cuando se rompe el equilibrio con el metálico, así también la 
teoría de Laveleye tiene sobre la de Bagehot la ventaja de destacar 
una de las causas más importantes de la disminución del metálico. 
En rigor, cuando un país entra de lleno en el período próspero, la 
reserva metálica tiende á empequeñecerse bajo la presión de dos 
factores diferentes: la suba de los precios, que como lo ha demos- 
trado Bagehot reduce el poder de compra de la moneda existente, 
y el aumento de las importaciones á que da origen el bienestar 
creciente de todas las clases sociales, unida á la dificultad de ex- 
portar valores nacionales encarecido?, que obligan á cubrir con oro 
los saldos internacionales. Abarcando la totalidad de los caracteres 
de las crisis comerciales y sintetizando las doctrinas, en el fondo 
idénticas, de los economistas de que nos ocupamos, podemos esta- 
blecer las siguientes conclusiones: 

1.* Que el ahorro crea incesantemente capitales que buscan co- 
locaciones productivas; 2.'* que cuando esos capitales disponibles 
abundan en una plaza y concurren otros factores que inspiran 
gran confianza al país, se difunde el crédito, suben los precios, 
crecen las importaciones, se acentúa la tendencia del capital cir- 
culante á transformarse en capital fijo, desarrollándose una ver- 
dadera fiebre de negocios (jue hace perder la cabeza á toilo el 
mundo; 3.* que el incremento del movimiento transaccional in- 
terno y de las importaciones acaba por producir un déficit en la 
circulación metálica que dificulta los cambios y disminuye ó hace 
desaparecer la demanda de valores, con presagios de terrible baja; 
4.^ que alcanzado ese límite de la suba de los precios, se impone 
la liquidación, precipitándose al mercado todos los que tienen ne- 
cesidad de dinero y ocasionando una depresión de valores tanto 
más considerable cuanto mayor haya sido el desenvolvimiento an- 
terior de las operaciones á crédito; 5.* y que finalmente, á raíz del 
estallido de la crisis y desde que se inicia la liquidación en baja, 
empieza á actuar con energía el ahorro del país, hasta que crecen 
otra vez los capitales disponibles y se prepara de nuevo el camino 
de la suba de los precios. 

Nada hay, pues, tan natural y lógico como las crisis en los países 
de vida transaccional activa. Suben los precios hasta una altura en 
que la especulación no puede empujarlos más todavía, y entonces 



206 



LAS CRISIS EN EL URUGUAY 



se deprimen y se precipitan con violencia, para recomenzar á los 
pocos años la misma inacabable evolución. Son inmensos los da- 
ños que ellas ocasionan, pero producen un bien inestimable: el de 
cortar su vuelo á la especulación sin base^ el de purificar la pla- 
za de los valores y créditos dudosos, el de permitir á la sociedad 
su vuelta al progreso sobre la base de los más sólidos valores. El 
tiempo que invierte un país en rehacer sus capitales dislocados y 
reaccionar ante el descenso de los precios, depende de la energía 
del poder de ahorro. En su libro « El mercado monetario », escrito 
en 1865, calculaba Laveleye la economía anual de la Inglaterra en 
ciento treinta millones de libras esterlinas. Hoy es más considera- 
ble todavía. Sobre la base de ese inmenso ahorro, se cicatrizan rá- 
pidamente las heridas y el mercado puede reanudar al poco tiempo 
su marcha próspera. Pero en los países nuevos, la reconstitución 
de los capitales es muy lenta y el período de liquidación de las 
crisis suele prolongarse por esa causa de una manera excepcional. 
Lo veremos en los capítulos siguientes, destinados al examen de 
las tres grandes crisis comerciales que ha sufrido la república 
Oriental en los años 1868, 1874 y 1890. 



CAPITULO vn 
I/a crisis comercial de 1868 



ALETEOS DE PROGRESO BAJO EL GOBIERNO DE BERRO 

Las fuerzas económicas del país, comprimidas por largos años 
de guerras civiles y de grandes extravíos administrativos y políti- 
cos, tomaron bajo el gobierno de Berro un desarrollo considerable, 
del que dan idea las siguientes iniciativas relativas al año 1863 en 
que se reanudó la cadena de las sangrientas luchas de partidos : 
una sociedad en comandita formada en Bélgica adquirió seis suer- 
tes de estancias á razón de quince mil pesos cada una, entre los 
ríos Uruguay y Negro, paraje conocido por Rincón de las Ga- 
llinas, para instalar la fábrica de extracto de carne que tan consi- 
derable vuelo habría de tomar después; los capitales ingleses 
afluían en grandes cantidades al negocio de estancia ; el banco 
de Londres y Río de la Plata pi*esentaba sus estatutos al cuerpo 
legislativo ; dos empresas de ferrocarriles solicitaban la línea á 
Higueritas, y la de la Unión con un ramal de diez leguas afuera ; 
en el Salto se constituían dos líneas de navegación á vapor para 
él servicio de nuestros ríos ; el movimiento de edificación era acti- 
vísimo y sólo estaba contenido, segCm las revistas de la prensa de la 
época, por la escasez de brazos. Los presupuestos se atendían con 
religiosa puntualidad, cotizándose por esa circunstancia la deuda 
fundada de 6 % de interés al 85 %. Cuando producida ya la in- 
vasión, quiso proveerse el gobierno de fondos para hacer frente á 
las necesidades de la defensa nacional, fueron rápidamente suscri- 
tos dos y medio millones de deuda interna de 6 % al tipo líquido 
de 40 % de su valor. 



208 LAS CRISIS EN EL URUGUAY 



La guerra civil se complicó bien pronto con la intervención 
brasileña que envió buques y ejércitos en ayuda de la revolución, 
y esa intervención arrastró al país á una larga y costosa cam- 
paña internacional. Había declarado el gobierno paraguayo que 
reputaría rotas sus relaciones y abiertas las hostilidades con el 
imperio, por el hecho de tomar el Brasil en la revolución oriental 
una ingerencia que calificaba de peligrosa al equilibrio político de 
esta zona del continente americano. Por otra parte, el tratado de 
paz que aseguró el triunfo absoluto de la revolución, había levan- 
tado profunda polvareda en Río Janeiro, llegando la prensa en su 
violentísima propaganda á proclamar que el 20 de febrero, ani- 
versario de la derrota de Ituzaingó, simbolizaría en adelante una 
segunda vergüenza para el imperio, mucho más funesta que ac^uel 
revés militar. Tanto, pues, como medio de compensar la ayuda 
prestada á las armas revolucionarias, como por la necesidad de 
tranquilizar la opinión pública del imperio, resolvió el gobierno 
oriental enviar un cuerpo de ejército al Paraguay y adherir al tra- 
tado de la triple alianza, en cuyas cláusulas capitales suscribían el 
Brasil y la Argentina el derecho de conquista y se repartían de 
antemano una parte del territorio que iban á despedazar, á título 
de fijación de límites discutidos y discutibles. 

Mientras la lucha se prolonga por espacio de cinco años, que 
fueron de heroísmo y de excepcional gloria militar para los orien- 
tales, examinemos el desarrollo económico y financiero de la re- 
pública, favorecido por el juego de los capitales del imperio que 
convertían á Montevideo en centro comercial activo de suminis- 
tros al ejército de operaciones en tierra lejana. 

ESTADO DE LOS BANCOS 

Poco tiempo antes de firmarse el tratado de paz, en enero de 
1865, dictó el gobierno de Aguirre un decreto de incon versión, 
como consecuencia obligada de préstamos que había impuesto á 
los bancos, y sobre todo del excepcional estado de la plaza de 
Montevideo ante la inminencia del bombardeo y del asalto que 
impedía á los establecimientos de crédito hacerse de fondos para 
responder á la conversión de sus billetes y á los giros de los de- 



LA CRISIS GOBfEBOIAL DB 1868 209 

portados que emigraban del país. De una « exposición sobre el es- 
tado de los bancos », presentada al gobierno de Flores en marzo 
del mismo año 1865 por don Tomás Villalba, extractamos los si- 
guientes datos relacionados con ese decreto : 

Los bancos Mauá y C.'^ y Comercial fueron autorizados respec- 
tivamente en julio de 1857 y en julio de 1858. No era conocida 
en el país esa institución sino por escaso número de personas, y 
el primer establecimiento que pe fundó tuvo que luchar con des- 
confianzas y arrostrar las consecuencias de temores pueriles, á los 
que se sobrepuso consolidando su crédito y extendiendo grande- 
mente sus operaciones. El banco Comercial, fundado un ano des- 
pués, encontró más difundida la institución bancaria y se desarro- 
lló tranquilamente hasta que el decreto de los prhneros días de 
enero — suspendiendo la conversión é imponiendo á los bancos un 
empréstito forzoso de medio millón de pesos, al que sólo tuvo que 
contribuir con una mínima parte de 15,000 pesos — perturbó sus 
0{>eraciones. Ambos establecimientos fueron sorprendidos por los 
alarmantes sucesos (jue precedieron á la conclusión de hi guerra. El 
pánico era general ante la inminencia del bombardeo y del a?aIto. 
Los depósitos eran retirados con extraordinaria rapidez y simulta- 
neidad, sin que los bancos de la capital que en ninguna circuns- 
tancia han podido acreditar mejor su perfecta solidez y una pro- 
bidad que los honrará siempre, arrostrando la tormenta, permane- 
ciendo abieitos y haciendo frente á sus compromisos en medio de 
una ciudad dosieita y desolada, tuviesen el arbitrio de obligar á 
sus deudores á convertir sus valores de cartera. Huid pronto, de- 
cía el gobierno; haced salir al instante á vuestros nacionales, decía 
al cuerpo diplomático ; yo mismo os ayudaré, porque estoy iv- 
suelto á convertir la capital en escombros. Y todo en consecuen- 
cia se prccipitiiba á las embarcaciones y á los muelles : oro, mobi- 
liario, gentes, depósitos de aduana, valores ingentes vn lanas, cue- 
ros y demás productos (|ue en su mayor parte servían de garan- 
tía á las cuentas corrientes del banco Mauá. Nadie tenía inquicitud 
respecto de la solvencia de los bancos, cuyos billetes gozaron has 
ta cl último momento de la ilimitada confianza del público. En las 
operaciones de cambio sobre el exterior sufrieron los billetes una 
depreciación del 6 al 7 %, pero en los negocios internos no hubo 



210 LAS CRISIS EN EL URUGUAY 

alteración de niníriiiia especie ni en los precios de las mercaderías 
ni en la circulación del papel. 

Agrega el informe datos muy interesantes sobre ol movimiento 
bancario. El banco Comercial ha obtenido lucros por valor de 
574,006 pesos. En los dos últimos años fué así el movimiento de 
sus depósitos: año 1863, por débito 1:233,663, por cré<lito 
1:382,651; año 1864, por débito 2:403,755, por crédito 2:471,154. 
El 31 de diciembre de 1864 el importe de los depósitos era de 
658,871, siendo á la vista y sin nremio 285,536 y á premio 
373,335. El movimiento de cuentas corrientes fué así: año 1863, dé- 
bito 11:432,529, crédito 11:685,447; ano 1864, débito 11:857,323; 
crédito 1 1:459,247. El movimiento de caja fué así: año 1 863, entra- 
da 18:435,331, salida 17:756,842; año 1861, entrada 18:368,565, 
salida 18:989,011. El balance á fin de año (1864), era de 5:7^ 3,1 11, 
teniendo en circulación 935,044. El banco Maná y C." ha realizado 
desde su fundación utilidades por 2:301,475 pesos. Buena parte de 
esas utilidades provienen de la afluencia y renovación regular y pe- 
riódica de los depósitos á premio que en 1863 fueron de 1:160,221 
pesos por entradas y 882,685 por salidas y transferencias á otras 
cuentas, y en 1864 de 1:351,435 por entradas y 1:076,473 por 
salidas. Ijetras por dinero lí premio: año 1863, entradas 2:226,853 
pesos, pagadas 2:238,547; año 1864, entradas 2:622,809, pagadas 
2:532,936. Cuentas corrientes: año 1863, recibido 27:361,945, 
pagado 29:132,391; año 1864, recibido 33:142,065, pagado 
35:993,318, Movimiento de caja: año 1863, recibido 39:371,577, 
pagado 39:096,817; año 1864, recibido 45:201,649, pagado 
44:825,1 17. Caja de ahorros : año 1863, recibido 578,120, pagado 
394,740; año 1864, recibido 578,278, pagado 438,198. Oro im- 
portado de Río Janeiro : en 1863, 1:302,207; en 1864, 3:237,864 
pesos. Al finalizar el mes de febrero de 1865, á raíz de la conclu- 
sión de la guerra, el balance del banco Comercial era de 4:423,311 
pesos, entrando la circulación por 794,756 y la existencia en efec- 
tivo por 450,511. En este balance figura un empréstito al gobienio 
por 115,000 pesos. El balance de igual fecha del banco Mauá op 
de 12:447,662, entrando la emisión circulante por 3:532,000 y la 
existencia en caja por 319,561. Establece el informe que de la 
emisión Mauá deben deducirse 500,000 pesos que retienen los 



LA CRISIS COMERCIAL DE 1868 211 

bancos Comercial y de Londres, y 747,749 que pertenecen á las 
agencias de Mercedes, Paysandú y Salto, los cuales se convieiten 
por oro. La circulación en billetes cuya conversión está aplazada, 
agi'cga, es de 2:383,009, siendo de 588,603 el aumento verdadero de 
la emisión desde diciembre de 1864 á febrero de 1865. Hemos 
omitido los centesimos para no alargar las cifras. 

REANUDACIÓN DEL PERÍODO PRÓSPERO 

Después del restablecimiento de la paz fué derogado el decreto 
de inconversión, acordándose no obstante á los bancos un plazo 
de tres meses para reanudar los pagos en metálico. El premio del 
oro, que había llegado al 6 %, declinó rápidamente al 1 %, y desde 
mediados de junio se produjo la vuelta al régimen metálico, que- 
dando los bancos emisores en excelente estado, como lo prueban 
los balances del mes de agosto, con una emisión de 3 1/2 millo- 
nes y un encaje de 2 millones 700 mil pesos. Y el país conti- 
nuó entonces su desenvolvimiento económico interrumpido por 
la guerra. Durante el año 1865 estableciéronse dos nuevos bancos 
de emisión, el de Londres y Río de la Plata y el Montevideano ; 
acometió la municipalidad la construcción de los caminos de la 
Unión y Paso del Molino ; se realizaron los estudios relativos á la 
vía férrea al Durazno ; surgieron las empresas del nuevo mercado 
y de la bolsa; y creció de tal manera el movimiento de trabajo, que 
la prensa afirmaba y repetía que había empleos disponibles, desde 
el primer día de su arribo al país, para tres ó <5uatro mil inmigran- 
tes. La situación del comercio se mostró tirante en los prime- 
ros meses del año, á causa de excesivos arribos de mercancías 
que no tenían salida; pero después de la toma de Uruguayana por 
el ejército aliado, los grandes reembarques para los ríos animan el 
mercado y abren sin duda alguna el período próspero. 

Pero es recién en 1866 que ol movimiento transaccional se en- 
sancha con vigor y promueve osa fiebre de negocios que tan altos 
trastornos habría de producir. A las instituciones de crédito exis- 
tentes se agregaron el banco Navia y el banco Italiano, funcio- 
nando desde ese momento seis bances de emisión en la plaza de 
Montevideo, aparte de los bancos locales propios y de las sucur- 



212 LAS CRISIS EN EL URUGUAY 

sales de los de la capital que funcionaban en varios departamen- 
tos de campaña. La creciente valorización de la propiedad dio ori- 
gen á la « Sociedad de crédito hipotecario », cuya institución emi- 
tía obligaciones ó cédulas y á varias empresas de especulación, 
entre ellas el famoso « Fomento territorial », que llegó á movili- 
zar sumas enormes mediante la adquisición de propiedades por 
títulos que tenían altos precios en la bolsa, y I^ reventa de esas 
mismas propiedades en pequeños lotes y á plazos largos. El *« Fo- 
mento territorial» empezó á funcionar sobre la base de dos terre- 
nos, uno en el barrio del Retiro y otro en el Paso del Molino, des- 
tinííndose este último á «llampos Elíseos», para lo cual se practi- 
caron costosos desmontes y se proyectaron planos de elegantes 
chalets adonde iría la opulenta población especuladora íí descan- 
sar de las fatigas del día. Uno de los promotores de esa compañía 
se agarraba la cabeza todo asombrado de que á legua y media de 
Montevideo, del otro lado del Miguelete, no hubiera alcanzado to- 
davía la tierra pelada el precio mínimo de diez pesos la vara. Co- 
mo prueba de la valorización territorial en 18()6, citaremos de los 
diarios de la época la venta de una finca antigua en el centro de 
la ciudad á 75 pesos vara; un terreno en la calle Cámaras entre 
25 de Mayo y Cerrito á 15 pesos vara; varios terrenos ubicados 
en la Unión, de 13 á 20 reales vara, después de haberse cotizado 
un par de años antes lí dos reales; varios terrenos en el trayecto 
de las Tres Cruces, camino de la Unión, íÍ 8 y 10 reales vara. 
Todo este movimiento de alza era ayudado por la construcción de 
caminos y empedrado de calles que realizaba la juntíi de Montevi- 
deo; por el crecimiento de la población de la ciudad de Montevi- 
deo y sus suburbios y arrabales del Cordón, Aguada, Reducto, 
Paso del Molino y Unión, que alcanzaba ya íí cien mil almas, se- 
gún cálculos de Mr. Vaillant, y por el desarrollo de la edificación, 
que fué considerable en los años 1865 y 1S6G. Finalmente el movi- 
miento comercial de reembarque para los puertos que ocupaba el 
ejército aliado, aumentó fuertemente después del mes de abril en 
que el ejército cruzó el río Paraná, á la altura del paso de la Pa- 
tria, y ocupó territorio paraguayo. 



LA CRISIS COMERCIAL DE 1868 213 



COLAZOS DEL « VIERNES NEGRO » 

Estaban así en plena actividad todas nuestras fuerzas económi- 
cas, cuando se produjo en Ijondres el famoso crack que ha des- 
crito Wolowski en los siguientes términos: «El 11 de mayo de 
1866, la gran metrópoli del comercio del universo se hallaba ate- 
rrorizada. Una angustia horrible se había apoderado de los ánimos 
más fuertes y agitado los espíritus más resueltos. Oleadas de gente 
se extendían apresuradamente por el Strand en dirección á la 
City, Más allá de Temple Bar la multitud era ya tan grande y 
tan compacta, que parecía un ejército de hombres de mirada som- 
bría, adelantándose hacia la plaza de la iglesia de San Pablo, para 
extenderse desde allí por Loinbard Street y demás calles adyacen- 
tes. En medio de esta muchedumbre inquieta y presurosa no se 
oía un solo grito ; la consternación contraía los rostros y la deses- 
peración sólo se revelaba en un triste silencio. Todos se precipita- 
ban hacia algunas casas, por cuyas puertas que parecían sitiadas 
l)eiietraba á duras penas una parte del gentío. En las crispadas 
manos de los transeúntes veíanse carteras, libretas de memorias, 
cheques y papeles de diversas formas llenos de cifras, símbolo te- 
rrible de una gran catástrofe. Parecía que el buque en que se en- 
cerraban la Inglaterra y su fortuna se había abierto con un crujido 
espantoso y que la masa de los náufragos se arrojaba sobre los 
restos de ese buque buscando una tabla de salvación á que asirse. 
Jamás se borrará de la memoria de Londres el recuerdo de esta 
convulsión. La fecha del viernes negro (thc hlackfridan), quedará 
siempre gravada en los anales del comercio, porque ese día ha 
sembrado la angustia y el espanto, ese día pareció ser la señal de 
la ruina universal, y nadie tenía ya confianza en nadie, ni en sí 
mismo, desde el momento en que se supo que la gran casa de des- 
cuentos de Overend Gurney y C.^ había cerrado sus puertas á las 
12 1/2 y declarádose en quiebra. Los compromisos del gigante 
financiero, cuya caída hacía estremecer la tierra, debían contarse 
por ceiitcnares de millones de libras esterlinas. La liquidación de 
una parte muy considerable del comercio del mundo se concentra 

16 



214 LAS CRISIS EN EL URUGUAY 



en Inglaterra, así como la liquidación del comercio do Inglaterra 
se concentra en la City; y la casa Overend Giirney y C/^ ocupaba 
, el primer lugar en medio del pequeño nCunero de establecimientos 
en que se concentra la liquidación del comercio de la City. Desde 
muy antiguo esta casa poseía un crédito extraordinario, disponía 
de valores inmensos, y su reputación más que europea había mul- 
tiplicado el numero de sus clientes y aumentado las fabulosas ci- 
fras de los depósitos á ella confiados. Así, el faüil viernes en que 
ocunió este inmenso desastre, ha conservado en el lenguaje po- 
pular el nombre de viernes de Overend ( Overend friday ) ^. 

La noticia del viernes neíjro llegó á Montevideo en los primeros 
días del raes de junio, y aunque^ notoriamente nuestros estableci- 
mientos de crédito no se encontraban comprometidos con las ca- 
sas inglesas, produjese en el acto una corrida á los bancos, nuiy 
particularmente al banco Maiuí, que en pocos días sufrió el retiro 
de un millón y medio de pesos de su reserva metálica, por efecto 
de la extmcción de los depósitos y conversión de los billetes. En 
esos precisos momentos, según lo declaró el barón Mauá en una 
exposición publicada en abril de 18()8, el gobierno adeudaba al 
expresado banco un millón de pesos y sólo podía dominarse la 
corrida pagando la deuda, lo que era hnposible, ó decretando la 
inconversión, lo que em más fácil. Optó el gobierno por esto últi- 
mo. La medida se dictó con carácter general, por el termino de 
seis meses, estableciéndose que los billetes inconvertibles serían 
recibidos como oro en las oficinas públicas y en las transacciones 
particulares; que los bancos quedaban obligados á retener en sus 
cajas el metálico que tenían en ese momento ; que la emisión no 
podría exceder del triple del encaje, y que los establecimientos 
que hubieran excedido el límite, tendrían que n^ducii'se á él. La 
situación del banco Mauá, en el día del decreto de inconversión^ 
era la siguiente, según el informe del comisario don Tomás Villal- 
ba : emisión, 2:787,938 pesos ; encaje, 538,820 en la casa matriz 
y 288,000 en las sucursales de Salto, Paysandú y Mercedes. Pro- 
dujo en el país el decreto de inconversión un efecto deplorable, 
por las circunstancias <|ue lo motivaban, ajenas en absoluto al es- 
tildo próspero de la plaza. El comercio de Montevideo protestó 
contra la atentatoria medida y hiista nombró una comisión especial 



LA CRISIS COMERCIAL DE 1868 215 

encargada de gestionar la derogación del decreto, que no fué reci- 
bida oficialmente por figurar on ella algunos distinguidos comer- 
ciantes que se habían expresado en términos violentos acerca de 
la .ictitud del gobierno. El corto plazo de la inconversión, la con- 
fianza que inspiraban los bancos al comercio y al país y la abun- 
dancia de oro en el mercado, redujeron considerablemente la mag- 
nitud del mal. Según el informe de los comisarios, la emisión total 
en cii'culación era de cuatro millones contra dos millones de en- 
caje. El metálico obtuvo 3 1/2 % de premio en los primeros mo- 
mentos, pero luego descendió á tipos más tolerables que se man- 
tuvieron en el curso del año sin provocar alza sensible en los pre- 
cios, 

VUELVE EL RÉGLMEN MET^VLICO. — EL ESPIRFrU DE EMPRESA 

Cerró el año 1866 en plena prosperidad. Los bancos reanuda- 
ron la conversión desde el 1." de diciembre, sin contratiempos ni 
dificultades de ninguna especie; el comercio de reembarco para Co- 
rrientes, Paso de la Patria y Uruguayana daba movimiento excep- 
cional á nuestras aduanas y llenaba el puerto de Montevideo de bu- 
ques de alto bordo; sólo en el mes de diciembre fondearon 240 
buques cargados, teniendo algunos que seguir á Buenos Aires por 
la enorme cantidad de mercaderías ya almacenadas aquí ; organi- 
záronse importantes empresas, como la del ferrocarril al Durazno, 
con capital local, la del tranvía al Paso del Molino, la del dique de 
la Colonia, dos compañías para la explotación de minas en el de- 
partamento de este mismo nombre; era vigoroso el movimiento de 
valorización de la tierra y de ensanche la edificación; y no obstante 
la llegada de 9,332 pasajeros de ultramar, en su mayoría italianos 
(4,099), españoles ( l,r)5.S ) y franceses ( 1,053), acentuábase día 
por día la demanda de brazos y subían los salarios. 

Al año siguiente, en 1867, se inaugura el nuevo local de la 
Bolsa de Comercio; se abre la comunicación telegráfica con Bue- 
nos Aires y se realizan los estudios necesarios para tirar el cable 
eléctrico entre Europa y Río de la Plata; comienza operaciones la 
sociedad de crédito hipotcícario autorizada el año anterior; se fun- 
da un nuevo bauco de emisión, el Oriental; la sociedad «Fomento 



216 LAB CRISIS EN EL URUGUAY 

Territorial» inicia con gran éxito la siiaoripei<^)n de acciones para el 
€ Banco del Pueblo », que no liego nunca íí establecerse; son apro 
bados por el gobierno los estatutos de « La caja popular de prés 
tamos y ahorros » con medio millón de capital; pídese la conce- 
sión de un ferrocaníl á la Unión, Pando y Maldonado, que es re- 
chazada, á causa de que la junta económico-administrativa que 
había construido el camino á la Unión, pretendía i*ealíz;u' ella mis- 
ma esc trozo principal de la línea; se inauguran oficialmente las 
obras del ferrocarril centml y se estudia la línea férrea proyecta- 
da del Salto á la frontera brasileña; fíindase una sociedad para es- 
tablecer una balsa á vapor en la barra del río Santa Lucía y abrir 
un nuevo camino de Montevideo á San José, destinado á disminuir 
considerablemente la distancia entre ambos puntos; se aprueba el 
proyecto del señor Fynn para traer las aguas del Santa Lucía con 
destino al abastecimiento de la población de Montevideo; y se or- 
ganiza una sociedad para fundar un saladero con cien mil pesos 
de capital en la costa del Uruguay, cerca de la ciudad del Salto. 
El movimiento de edificación aumenta sensiblemente, estinmlado 
por la suba de los alquileres que la prensa de la época calculaba 
en un 50 %, por el ensanche de la población y por las obras de 
la municipalidad, cuya corporación había construido en dos años 
y medio, según cifras de « El Siglo », diez leguas de empedrados 
comunes y macadams en la ciudad y sus alrededores y más de vein- 
te mil metros de veredas de piedra, multiplicando por cuatro y por 
cinco veces el valor de los terrenos de los alrededores y reducien- 
do considerablemente las taiífas, como lo demuestra el hecho de 
que los ómnibus á la Unión bajaron los pasajes de 20 á 12 cente- 
simos. De la creciente valorización territorial, dan testimonio las 
siguientes negociaciones: en el Cerro vendiéronse varüís manzanas 
á razón de cinco mil pesos cada una, ó sea 50 centesimos vara, 
justamente el doble de lo que se había pagado el año anterior; un 
terreno formando esquina á las calles líjido y San José, compues- 
to de 2,500 varas fué vendido en 12,500 pesos; frente al molino 
Gianelli se vendió á razón de 11 1/2 reales cada vara un terreno 
de 9,000 varas; un terreno en el camino de la Unión, á la altura 
de la casa volada, con 1,600 vai'as, fué vendido en 2,950 pesos; uu 
terreno formando esquina á las calles Soriano y Arapey con 25 



LA CRISIS COMERCIAL DE 1868 211 



varas de fronte y 25 varas de fondo, lí razón de 10 pesos vara; un 
terreno en la Unión, de 7,680 varas, en 4,608 pesos. Como conse- 
cuencia de la suba, el «Fomento Territorial» declaró doblado su ca- 
pital y después de haber pagado varios beneficios, distribuyó á sus 
accionistas un dividendo en nuevos títulos equivalentes al 50 ^ 
del valor de las acciones. En el mismo ano, fundóse el «Fomento 
montevideano» y se pronunció una verdadera fiebre de remates de 
terrenos en los alrededores de la ciudad, alcanzando precios fabu- 
losos mediante el fraccionamiento en pequeños lotes y concesión 
de largos plazos para el pago. 

Se había agigantado de tal manera el movimiento transaccional 
y las operaciones de crédito habían tomado tal empuje, que uno de 
los gerentes de banco, el señor Guimaraens, creyó llegado el caso 
de plantear en la bolsa un cleanng hoii.se y pasó á sus colegas una 
circular, invitándolos á constituir un centro de liquidaciones para 
letras, cheques y billetes. Surgían ya sin embargo síntomas in- 
equívocos de tormenta. El precio de los frutos del país se depri- 
mía fuertemente; el negocio de estancia se complicaba día por día 
por la mortandad en los ganados y la falta de seguridades en la cam- 
paña, hasta el extremo de que toda la aspiración del hacendado 
consistía en liquidar, para instalarse en Montevideo; la corriente 
comercial con los puertos del territorio paraguayo ocupados por el 
ejército aliado, quedaba suprimida de golpe por un decreto del go- 
bierno argentino que obligaba á las procedencias orientales á pa- 
gar derechos de importación en la aduana de Corrientes antes de 
seguir al puerto paraguayo de Itapirú, cuyo decreto fué atenuado 
tras largos reclamos y perjuicios del comercio oriental; la epide- 
mia de cólera introducida por los ejércitos brasileños, devastaba 
á Buenos Aires y Corrientes y obligaba á nuestro gobierno á ce- 
rrar el puerto de Montevideo lí las procedencias argentinas; y por 
último producíase una violenta extracción de oro, embarcándose 
en ambas márgenes del Plata masas considerables en todos los va- 
pores que regresaban á Europa. Empezó á acentuarse el drenaje 
del metálico desde el mes de mayo, y antes de finalizar el año cal- 
culaba la prensa argentina que en sólo seis meses había remesado 
el puerto de Buenos Aires alrededor de dos millones de libras es- 
terlinas. Jja falta de estadísticas no permite apreciar el grado de 



218 LAS CRISIS EN KL ÜRrOUAY 



energía de esa exportación en el puerto de ]\[ont(»video, pero las 
alarmas del comercio y de la prensa ante las masas mctííJieas 
que se iban, la depreciación de los frutos d(íl país, el incremento 
de las importaciones de mercaderías y nuís quo todo, la persistente 
baja de los cambios, denuncia que las extracciones eran también 
considerables en nuestra phiza. El cambio sobre Londres osciló en 
julio de 50 á 50 12; en agosto de 4íj 1 2 á 50; en septiembre de 
50 1/8 á 50 1/4; en octubre de 50 sí 50 1 2; en noviembre de 50 
1/2 á 50 3/8; y en diciembre de 48 1/2 jí 48 3 4. Sólo damos el 
tipo de las segundas quincenas de cada mes. AI finalizar el ano, 
1867, aparece por segunda vez el cólera, importado imevamcnte 
por el ejército brasileño, como una fatal consíKuicncia de la alianza 
y se extiende á Buenos Aires y al Rosario, produciendo en el acto 
la clausura de nuestros puertos ii las procedencias argentinas, lo 
que no impidió que algunos pasajeros de láñenos Aires llevaran 
el contagio á Mercedes y luego á la misma ciudad de Montevideo. 

OTRA VEZ LA INCONVERSIÓX. — EL DEURUMBE 

A mediados del mes de diciembre de 1867, era ya muy tirante la 
situación del mercado monetario, y el banco ^Nlauíí que vacilaba 
sobre un encaje diminuto con relación á la emisión y lí los depósi- 
tos exigibles, gestionó y obtuvo un decreto de inconversión que, 
como los anteriores, se hizo extensivo á los establecimientos bímca- 
rios que funcionaban íí la sazón. Fué dictíida la medida por seis 
meses, debiendo reanudarse los pagos en metálico el día ¿^0 de 
mayo de 1868. Durante ese plazo los billetes serían recibidos co- 
mo oro en las oficinas públicas y en las transacciones particulares, 
mantendrían los bancos en sus cajas todo el encaje (ju(^ tenían en 
ese momento y sólo podrían emitir hasta el triple del capital efec- 
tivo de conformidad al decreto orgánico de 23 de marzo de 1865. 
Para justificar tan inexplicable medida, invocaba el gobierno la 
tirantez de la situación económica y los temores de que se acen- 
tuase la exportación de oro, creándose entonces una situación em- 
barazosa á los bancos y al comercio, si con tiempo no se conjura 
ba el pánico y se tranquilizaba á la plaza. De los balances eoires- 
pondientes al mismo mes de diciembre, resulta que los bancos 



LA CRisrs roMERaAi. DE 18GS 219 



Oriental, Italiano, Londres y Ilío de la Plata, Navia, Comercial, 
Montevideano y Mauá tenían mi encaje de 4:.-]95,410 pesos contra 
una emisión de 7:610,374 pesos. Desde los primeros momentos, el 
oro adquirió un premio de 4 % que á causa de las crecientes sos- 
pechas sobre la situación de ciertos bancos se fué elevando suce- 
sivamente hasta alcanzar el h'mite del 20 'X> durante el mes de 
mayo en que debía restablecerse la conversión á oro. 

En las míís deplorables condiciones avanza el año 1868. El có- 
lera diezmaba la población de ambas márgenes del Río de la Plata 
y paralizaba las faenas saladeriles durante los meses de enero y 
febrero ; una prolongada baja de precios castigaba los productos 
de nuestra exportación, especialmente la lana; los depósitos adua- 
neros rebosaban de mercaderías y era necesario alquilar sesenta y 
ocho almacenes en la ciudad para facilitar la descarga de los bu- 
ques; algunos de los bancos se hallaban notoriamente en estado 
de quiebra, lo que aumentaba las desconfianzas y obligaba al co- 
mercio á restringir las operaciones íí plazos por temor de una pro- 
rrogación del curso forzoso ; se producía una revolución en las 
calles de Montevideo, con asesinatos y persecuciones en todo el 
país ; las remesas de oro brasileño con destino al Río de la Plata, 
apreciadas durante el año 1867 en la suma de un millón de pesos 
mensuales, se debilitaban fuertemente por las dificultades finan- 
cieras del imperio y las exigencias decrecientes de la guerra del 
Paraguay; las prohibiciones dictadas en el ejército aliado contra el 
comercio ambulante para beneficiar á los proveedores, herían de 
muerte á nuestro comercio de reembarco. 

El mismo decreto de inconversión se había encargado de agra- 
var considerablemente los males de la situación. Los balances del 
mes de diciembre de 1867 acusaban en los siete bancos de 
emisión comprendidos en el decreto, un encaje de 4:395,410 pe- 
sos y una emisión circulante de 7:610.374 pesos, sobresaliendo en 
estos guarismos el banco Italiano con 997,769 pesos de encaje y 
2:179,534 de emisión; el banco Montevideano con 391.638 de 
encaje y 1:071,631 de emisión; y el banco Mauá con 1:037,621 
de encaje y 2:288,508 de emisión. Pues bien, segñn los balances 
del mes de mayo de 1868, (1) en que debía producirse la vuelta á la 

(1) Ai formar el resumen del mes do mayo, hemos tenido necenidad de extraetnr el Iw* 
iMiCP de abril del banco Navia, por no figurar en la prensa cl del mes sigtiientoi 



220 LAS CRISIS EN EL URUGUAY 

conversión, oí encaje de loa siete bancos era de 7:393,956 pesos y 
la emisión de 13:317,771 pesos, debiendo adveilir que el guarismo 
del encaje comprende 1:200,000 en billetes bancarios, lo que re- 
duce la existencia metálica á 6:193,956 pesos. El banco Mauá 
figura con un encaje diminuto de 642,948 y una emisión conside- 
rable de 7:183,294 pesos. Ciertas quiebras eran inevitables. El 
mismo día 1.^ de junio, señalado para la conversión, el banco 
Mauá cerró sus puertas, publicando un aviso en el que expresaba 
la gerencia que dicho establecimiento entraría inmediatamente en 
liquidación. El 16 cerró sus puertas el banco Montevideano pre- 
sentándose en el acto al juzgado de comercio. Y antes de finalizar 
el mes de junio seguía el camino de la (juiebra el banco Italiano, 
acentuando el terrible pánico de que ya estaba poseída toda la 
población de Montevideo, que no dio lugar á grandes disturbios 
porque la guardia nacional, la tropa de línea y numerosas fuerzas 
de los buques de gueiTa extranjeros surtos en el puerto custodia- 
ban la aduana y los bancos y contenían á la muchedumbre herida 
cruelmente por el derrumbe de tantas instituciones de crédito. Los 
otros cuatro bancos sufrieron una formidable corrida, que pudie- 
ron dominar, aunque dos de ellos, el banco Navia y el banco Orien- 
tal quedaron tan descalabrados que á los pocos meses tuvieron 
también que entrar en liquidación. Sólo salvaron el banco de Lon- 
dres y Río de la Plata que tenía en mayo un encaje de 1:207,845 
y una emisión de 67,350, y el banco Comercial que tenía un en- 
caje de 752,702 y una emisión de 317,733 pesos. La comisión ve- 
rificadora del banco Mauá, nombrada por el juzgado de comercio, 
establece en su informe que al tiempo de verificarse la clausura 
del establecimiento, sólo había en caja una existencia de 592,000 
pesos para responder á una emisión circulante que se aproximaba 
á siete millones doscientos mil pesos, y que el activo después de 
castigado con la rebaja de un millón y medio de pesos, por dife 
rencias de avalíios, se aproxima á trece millones, consistiendo cua- 
tro y medio millones en título.* de deuda pública, dos millones en 
fincas, estancias y la empresa del gas, y el resto en letras y cuen- 
tas corrientes, salvo la existencia en metólico antes indicada. La 
mitad, pues, del activo había sido colocada en deuda pCiblica y 
en inmuebles de difícil y lenta realización, lo que explica bien la 



LA CRISIS CX)MERCIAL DE 1868 221 

quiebra de este banco que lanzaba por millones los billetes exigi- 
bles al portador y á la vista. 

Si en diciembre de 1867 el gobierno hubiera dejado caer á los 
bancos que ya vacilaban, en vez de prolongar su agonía, la liqui- 
dación se hubiera producido inmediatamente y dentro de límites 
más tolerables. Pero se dio lugar á que los bancos quebrados au- 
mentaran sus emisiones y agrandaran así los efectos del desastre, 
manteniendo por espacio de algunos meses una corriente ficticia 
de capitales. Producido el derrumbe de las instituciones de cré- 
dito, sobrevino una espantosa tirantez en la plaza, con graves re- 
percusiones en el mundo político. Surgieron, en efecto, dos parti- 
dos : el de la prórroga del curso forzoso, que hasta se levantó en 
armas acaudillado por el coronel Máximo Pérez, y el partido que 
se apoyaba en los más sanos principios económicos y sostenía que 
los bancos que habían suspendido pagos debían seguir el camino 
de la quiebra y de la liquidación. El comercio de Montevideo pre- 
sentó una exposición al gobierno denunciando los peligros que 
ofrecería un nuevo decreto de inconversión. En concepto de los nu- 
merosos firmantes de la representación, podía considerarse asegu- 
rada la marcha normal de los negocios, pues los cambios eran fa- 
vorables cotizándose los giros sobre I^ondres á 52 peniques por 
peso y debían producirse en consecuencia importaciones de metá- 
lico para reforzar las existencias de la plaza que se habían reti- 
rado de la circulación por falta de confianza. El gobierno, entre- 
tanto, se dirigió á la asamblea pidiendo y obteniendo un voto de 
confianza para hacer efectiva la conversión de los billetes, con fa- 
cultad de empeñar á ese fín la garantía de la nación ( ley de 13 de 
julio de 1S68 ). Pocos días después, el 16 de julio, apareció un de- 
creto en el que se exageraban los desastres que produciría la liqui- 
dación de los bancos quebrados y se disponía lo siguiente : todos 
los establecimientos emisores exist,entes en la república, deposita- 
rán en poder de una comisión fiscal nombrada por el gobierno, 
á título de garantía de su emisión circulante, valores equivalentes 
en documentos de cartera, deuda pública ó bienes inmuebles, esti- 
mados y aceptados por la misma comisión ; la facultad de emitir 
quedará limitada al duplo del capital realizado; desde el 1." de 
agosto en adelante los bancos retirarán mensualmente de la circu- 



222 LAS CRTflTS EN El. ITRUGUAY 



lación ol 3 % de sus billetos y todo lo quo produzca la voiita do 
los inmuebles dados en garantía ; los billetes Ao. los bancos ampa- 
rados al decreto se recibirán por su valor escrito en las oficinas 
pCiblicas, en las transacciones particulares y en las transacciones 
entre los particulares y los bancos durante^ el plazo de veinte me- 
ses ; en los contratos celebrados antes 6 despulís de la inconver- 
8Í6n, se estará á lo que en ellos conste expresamente ; la nación 
garantiza la convertibilidad en oro 6 plata sellada de la emisión 
de los bancos, hasta noventa días después de haberse reanudado 
la conversión de los billetes. 

SegCm el informe presentado al gobierno por la comisión fiscal, 
el 21 de agosto, el monto de la emisión registrada de los cinco 
establecimientos acogidos al decreto era en .■]! de julio de 
18:865,045 pesos, de cuya suma fué depositada en poder de la co- 
misión la partida de 7:686,037.58, quedando una circulación de 
11:179,007.42 pesos, así distribuidos: banco Mauá, 7:183,206.52; 
Italiano, 2:119,291; Montevideano, 1:234,803.50; Xavia, 500,056; 
Oriental, 140,660.40. En garantía de esta emisión circulante, en- 
tregaron los bancos á la comisión fiscal alrededor de once millo 
nes cuatrocientos mil pesos, representados por valores de cartera 
(4:221,948.60 ', títulos de deuda publica (5:331,475) y valores 
territoriales ( 1:817,074.26). 

TENTATIVAS DE REACCIÓX. EL DESASTRE DEFINITIVO 

Aplazada nuevamente la liquidación de los bancos quebrados, 
reanudaron sus especulaciones las empresas existentes y híista se 
fundaron otras más, estbnuladas por el «Fomento 'rerritorial ?^ (pie 
había repartido un dividendo de 50 % en títulos que se cotizaban 
al 00 % y que anunciaba compras y ventas colosales y la próxi 
ma inauguración de los Campos f^líseos, del otro lado del Paso del 
Molino. Entre las nuevas empresas citaremos : la vsociedad edi- 
ficadora « Proi^reso Oriental », con capital de dos millones ; 
la sociedad « Porvenir », de especulaciones territoriales, con 
trescientos mil pesos de capital; la sociedad «Fortunan, de 
especulaciones territoriales, con ocho<»ientos mil pesos de ca- 
pital; la sociedad « Agrícola 6 Industrial », destinada á la com- 



LA CRISIS rOMFlK'IAL DE 1808 223 



pravcnta de tierras de labranza, con un millón de capital; la 
sociedad «Fomento de las Tres Cruces», con capital de dos- 
cientos veinte mil pesos; la sociedad « Porvenir .agrícola é In- 
dustrial >, para explotar los establecimientos de estancia del banco 
Maná; la sociedad «Oriental», de especulaciones en tierras ; la 
empresa de Villa Colón, para fundar un pueblo de recreo en esa 
localidad ; la empresa de navegación á vapor entre Montevideo y 
la Colonia; la sociedad «Progreso del Plata», de especulaciones 
en tierras, con capitíil de doscientos mil pesos; la sociedad «Mi- 
nas de oro de Cuñapirri», con ciento veinte rail pesos de capital; la 
empresa del puerto y pueblo Victoria; la sociedad de «Crédito 
mobiliario», con doce millones de capital; la sociedad de la «Pla- 
ya», de existencia anterior, pero que eleva su capital á seiscientos 
mil pesos; la empresa del ferrocarril al Salto. La propiedad territo- 
rial movida por estas empresas,y muy especialmente por el «Fomen- 
to Territorial», el -Fomento Montevideano», el «Fomento del Paso 
del Molino» y la sociedad de «Crédito Hipotecario», siguió valori- 
zándose, como de ello pueden dar idea los siguientes precios que 
reproducimos de las informaciones de la prensa : un edificio viejo 
situado en la calle Rincón esquina Cámaras, con 2,550 varas de su- 
perficie, en 125,000 pesos, para edificación de un teatro en proyec- 
to; una casa situada en la calle Cerrito, con 1 ,252 varas, fué compra- 
da por el «Fomento Territorial» en 43,820 pesos en acciones á la 
par; 30 solaros del «Fomento Montevideano», en Atahualpa, con 
51,101 varas, fueron rematados en 207,885 pesos, obteniendo va- 
rios de los solares con edificio el precio de 8 1/4 pesos vara ; las 
dos barracas de Irigaray, compradas por el «Fomento Territorial» 
en doscientos treinta mil pesos, fueron vendidas en remate por un 
millón doscientos mil pesos. Aunque luego se dijo que esta última 
venta era imaginaria, el directorio repartió las utilidades de la ne- 
gociación, distribuyendo á los accionistas mi dividendo de 25 /^ 
sobre el capital social que se estimaba en dos y medio millones. El 
movimiento de edificación seguía de cerca la valorización de los 
terrenos. Hubo meses en que los permisos despachados por la jun- 
ta de Montevideo ascendieron á 281, correspondiendo 160 á nue- 
va edificación y los demás li reparaciones y cercos. 

Vuelve á oscurecerse, sin embargo, el horizonte al finalizar el 



226 



LAS CRISIS EN EL URUGUAY 



una vez liquidada la cinlsio!), tonuinín posesión do su activo y pa- 
sivo Y liquidaiáu las deudas de acuerdo con el decreto de 14 de 
diciembre de 1868. La emisión circulante se aproximaba en esos 
momentos á ocho millones de pesos, debido á que la comisión fis- 
cal había amortizado algunas cantidades y el banco Italiano había 
rescatado hi casi totalidad de sus billet<ís, (piedandole un saldo de 
370,000 pcvsos que fué todo lo (pie tras|)asó al estado en cumpli- 
miento de la nueva ley. Kn pa<jjo de esa emisión de ocho millones 
aproximadamente, recibió el erario alrededor de seis y medio mi- 
llones en títulos de deuda y lo demás en valores de cartera y te- 
rritor¡al(»s. Subía íí un millón de j^esos el servicio anual de los tí- 
tulos de deuda pCiblíca, y entendía la asamblea que esa renta po- 
dría servir de base ú una combinación financiera tendente á ase- 
^ui*ar la conversión dentro del ])lazo vigente de veinte meses es- 
tablecido por la ley de 18ü8. 

Pam los bancos era un negocio excelente puesto que los rele- 
vaba de laconvei*sión, sin ponerlos en el caso de liquidar su activo, 
vendiendo fondos públicos y propiedades en plena baja de pre- 
cios. Para el t^»oro público, en cambio, era una aventura peli- 
grosa, pues si esos títulos y valores no alcanzaban á su objeto, ten- 
dría la nación que cubrir el déficit sin compensaciones de ninguna 
especie. Algunos de los bancos prosiguieron su liquidación judicial. 
El banco Mauá realizó con sus acreedores una novación radicalí- 
sima, en virtud de la cual (íl vizconde de Maná se hizo cargo per- 
sonalmente del pasivo, mediante entrega de títulos de 9 'V^ garan- 
tidos por el banco, levantándose óste del estado de quiebra y vol- 
viendo á funcionar como institución de depósitos y descuentos y 
hasta de emisión desde el año 1870, con expresa autorización gu- 
bernativa. Poco tiempo ant<?s de dictarse la ley de (pie nos ocu- 
pamos, el comercio de Montevideo, para conjurar el peligro de \)0- 
sibles prórrogas, pi-omovió la fundación de un banco de cuatro 
millones de capital, que se haría cargo de la conversión sobre la 
base de los valores dados en garantía, el privilegio de la emisión 
menor, la facultad do emitir hasta el duplo del capital realizado y 
el servicio de las deudas públicas. En breves días de abierta la 
suscripción se contiba con un millón y medio de pesos, y se ha- 
bría conseguido lo deimís, pues patrocinaban la idea miembros iii- 



LA CRISIS COMERCIAL DE 1868 227 

fluyentes del comercio como Jackson, Tomkinson, Capun'o y Ci- 
bils. Pero el esfuerzo y la propaganda del comercio no eran sim- 
páticos en los círculos oficiales y el proyecto quedó abandonado. 

Al desastre natural de la liquidación de la crisis, agregáronse 
durante el año 1869 la pérdida total de las cosechas agrícolas, una 
gran mortandad en los ganados, especialmente en el ganado o\dno, 
y la baja persistente en el precio de los frutos de exportación, agi • 
gantados todos esos males por las incertidumbres y desconfianzas 
á que daba origen el problema monetario. El interés del dinero iba 
en aumento, como lo demuestra el hecho de que los bancos cobra- 
ban el 15 y el 18 /^ anual á sus deudores en cuenta corriente. 
Las transacciones á plazos sólo hacíanse á condición de pagar en 
metálico. En medio del derrumbe general, sólo cabe señalar como 
aleteos de vida, en los comienzos del año 1869, la inauguración de 
la primera sección del ferrocarril central y la fundación de un 
nuevo fomento, la sociedad « Uruguaya », con un pequeño capital 
de 50,000 pesos, para especular en tierras y repartir entre los so- 
cios títulos fraccionarios de condominio. A la fiebre inflacionista 
de los dos años anteriores, había sucedido una liquidación desas- 
trosa. De esa fiebre anterior dan idea los siguientes datos que ex- 
tractamos del informe de una respetable comisión nombrada en 
1869 para examinar el estado del «Fomento Montevideano » : la 
quinta de Villarnobo fué comprada por dicha sociedad en 180,000 
pesos; pues bien: en esos parajes jamás había valido la vara de te- 
rreno arriba de seis reales, y computado el edificio en treinta mil 
pesos, resultaba un monto efectivo de 88,000 pesos; el terreno que 
fué de Aguiar, al costado del Cenito, comprado á razón de cuatro 
reales vara, nunca alcanzó el precio de dos y medio reales, inclu- 
yendo el edificio; la fracción de la quinta del Miguelete, compra- 
da á Vidal á razón de un peso vara, jamás llegó á valer arriba de 
tres reales. Agrega el informe que el « Fomento Montevideano » 
logró colocaí' una parte de sus terrenos, en pequeñas fracciones, á 
precios infinitamente superiores á los que había abonado. 

Llega el año 1870 y la liquidación de la crisis tiene que conti- 
nuar en medio de todas las dudas y desconfianzas que inspiraba 
el problema monetario, cada día más terrible y de difícil solución, 
á causa de un gran desequilibrio financiero que alejaba al gobierno 



228 I^ÁS CRI8J8 EN EL ÜBÜQUAY 



del camino de la conversión, inclinándolo á nuevas y abusivas 
emisiones para suplir el déficit de las rentas. Tentó el banco Co- 
mercial un esfuerzo, ya en la víspera del vencimiento del plazo de 
la inconvei'sión. De acuerdo con el proyecto presentado, haríase 
cargo de la emisión nacionalizada, que canjearía por billetes pro- 
pios, que seguirían gozando de la inconversión hasta su rescate to- 
tal, realizándose su amortización con ayuda de las rentas adscrip- 
tas al servicio de los títulos de deuda pública entregados á la co- 
misión fiscal. En retribución de este servicio, pedía el banco Co- 
mercial el privilegio de la emisión menor. El gobierno no acepti) 
este proyecto y presentó otro á la asamblea, por el cual se creaba 
una % Caja Central » con facultad de emitir cinco millones de pe- 
sos que seguirían gozando, juntamente con los que estaban en circu- 
lación, del beneficio del curso forzoso por espacio de cinco años. De 
los cinco millones así emitidos, la « Caja Central » que era un 
banco de estado disfrazado, prestíiría un millón al gobierno y colo- 
caría el resto á interés, con la obligación de invertir los intereses en 
letras sobre Europa, á fin de constituir en el banco de Inglaterra 
una reserva de oro destinada á la conversión de todos los billetes. 
Desechó la asamblea ese plan, sancionando en su lugar un pro- 
yecto de la junta de crédito público por el que se establecía : que 
los billetes nacionalizados se canjearían por notas de la junta de 
crédito ; que esas notas se amortizarían mensualmente con ayuda 
de una parte de las rentas adscriptas á los títulos de deuda pú- 
blica entregados en garantía por los bancos; que el plazo de la in- 
conversión continuaría hasta el rescate total de los billetes, y que 
los establecimientos de crédito en actividad podi'ían emitir billetes 
convertibles en notas de la juntii de crédito ó en su defecto en oro 
sellado. Para la amortización se destinaban ochocientos mil pesos 
anuales de intereses y amortización de los títulos dados en garan- 
tía, aplicándose el resto del servicio á cubrir cualquier déficit en 
el pago de las mismas deudas públicas. La junta de ci-édito haría 
al gobierno un préstamo con los fondos (¡ue recibiera hasta 31 de 
diciembre de 1869, en que recién empezaría á efectuarse la <imor 
tización de los billetes, y ese préstamo sería reintegrado con men- 
sualidades de 12,000 pesos. Para atender á los compromisos más 
apremiantes^ el poder ejecutivo podría negociar un empréstito de 



LA CRISIS COMERCIAL DE 1868 229 

un millón de pesos ó en su defecto girar órdenes contra la junta 
de crédito sobre el importe de la comisión para el servicio de las 
deudas^ producto de los valores de cartera recibidos en garantía 
de la emisión circulante é intereses que produjeran esos valores. 
Los billetes de la junta de crédito gozarían de curso legal hasta su 
completa extinción y serían los únicos que podrían recibirse en 
las oficinas públicas. En los contratos de fecha anterior ó poste 
rior á la ley, se estaría á lo expresamente pactado por las partes. 
Tales son las disposiciones sustanciales de la ley de 4 de mayo de 
1870. 

De la situación de la plaza en los comienzos del año 1870, 
da idea acabada el resultado de un llamado á licitación para el 
descuento de leti'as de aduana, juzgadas siempre como valores de 
primer orden : sólo concurrió á la casa de gobierno un proponente 
que ofrecía pactar á oro y al interés del 2 1/2 % mensual. La 
marcha contradictoria del poder ejecutivo, su Taita de rumbos 
financieros, contribuían en primer término á ese resultado. Pocos 
meses después de declarar en el decreto de creación de la junta 
de crédito público «que el gobierno sería el primero en rechazar el 
banco nacional por considerarlo perjudicial á los intereses del 
país », proyecta la creación de la « Caja Central », con facultad de 
emitir cinco millones inconvertibles, y pide á la asamblea antes de 
finalizar el año, autorización para emitir dos y medio millones de 
pesos en billetes inconvertibles. Al año siguiente propone también 
hostigado por el déficit, una eraisióp de cuatro millones. Para com- 
pletar los desastres de la liquidación, apenas concluida la guerra 
del Paraguay, en marzo de 1870, enciéndese la guerra civil, una 
guerra civil verdaderamente formidable por el número de hom- 
bres y la importancia de los elementos que consiguió agrupar el 
general Aparicio, durante dos años de constante lucha en que las 
fuentes económicas permanecieron como estancadas. Importantes 
operaciones de crédito realizó el gobierno para enjugar el déficit 
creciente, pero eran de tal magnitud los gastos, que al terminar la 
administración BatUe, en marzo 1." de 1872, los atrasos montaban 
á cinco y medio millones de pesos, según informes de la contadu- 
ría, y esa circunstancia tenía que aumentar y aumentaba las des- 
confianzas públicas. Sólo podemos anotar como síntomas de vida 

IG 



230 LAS CRISIS EN EL URUGUAY 

en los años 1870 y 1871, la constitución de un sindicato para 
construir el ferrocarril á Pando, sin garantías ni subvenciones del 
erario público ; la contratación del empréstito uruguayo destinado 
á la conversión de los billetes, no habiendo llegado los fondos 
hast í después de terminada la guerra civil ; la inauguración del 
servicio de aguas corrientes; la apertura al tráfico del fcrrocan-il 
á las Piedras, y la construcción del tranvía del Este. 

FACTORES DE LA CRISIS 

Ha llegado el momento de señalar y precisar los factores de la 
crisis del año 1868, pam averiguar hasta <iué punto son exactas 
las teorias ó explicaciones de que nos hemos ocupado en el capí- 
tulo anterior. 

(a) Durante lósanos 1866, 1867 y 1868, el valor de la propie- 
dad teiTitorial recibió un impulso considerable bajo la presión del 
crecimiento y mayor bienestar de la población, de las remesas de 
oro del Brasil con destino á la guerra del Paraguay y de las orgías 
del crédito que organizaban y mantenían los bancos y los fomen- 
tos. De una manera general, puede decirse que el valor de la pro- 
piedad triplicó con relacióu á los niveles del año 1865. Examine- 
mos separadamente la influencia de cada uno de los elementos 
que colaboraron en esa obra de valoiización. 

Segün los cálculos de Mr. Vaillant, la población urbana del de- 
partamento de Montevideo, que era de 56,400 ahnas en el periodo 
1860-1864, subió á 96,000 almas en el período 1865-1S69. Al 
crecimiento vegetativo de la población, á la poca seguridad de la 
campaña y ala incorporación de brazos extranjeros, corresponde el 
progreso que señalan las cifras de Mr. Vaillant. He aquí, por 
ejemplo, el número de los pasajeros desembarcados en el puerto 
de Montevideo con procedencia de ultramar, según el est^ido pu- 
blicado por el comisario general de iimiigración : 17,356 pasajeros 
en 1867; 16,892 en 1868; 20,435 en 1869; 21,148 en 1870; 
17,912 en 1871 ; 11,516 en 1872. No se anotaba en esa época el 
número de las salidas, pero dada la considerable demanda de bra- 
zos (jue se pronunció hasta fines de 1868, puede afirmarse que la 
mayoría de los inmigrantes se incorporó definitivamente al movi- 



LA CRISIS COMERCIAL DE 18()8 231 

miento industrial y comercial de Montevideo. El cuadro de los 
permisos de edificación expedidos por la municipalidad de Mon- 
tevideo, demuestra el rápido y creciente ensanche de la población: 
369 permisos en 1867 ; 687 en 1868 ; 694 en 1869; 594 en 1870; 
462 en 1871. En los cinco años 2,806 casas nuevas, correspondien- 
do cerca de 1,800 al período próspero de los fomentos 1867 1869, 
sin contar los permisos para reedificar ni el englobamiento de va- 
rios edificios en un solo permiso. 

La remesas del tesoro brasileño al Río de la Plata, con destino 
al mantenimiento del ejórcito del Paraguay, fueron estimadas hasta 
fines del año 1868 por c La Nación Argentina », importante dia- 
rio de Buenos Aires, en setecientos millones de pesos papel que 
entonces valían cuatro centesimos oro, y por « El Siglo » de Mon- 
tevideo en treinta millones de pesos oro. De las naciones aliadas, 
la repüblica Oriental era la menos afectada por la guerra y la que 
más podía aprovechar en consecuencia de la fuerza motriz de esas 
grandes masas de metálico. 

Tenía, pues, base la especulación para amontonar las operacio- 
nes á plazo y dar aliciente á aquellos incansables fomentos que 
movían enormes capitales territoriales, causaban una verdadera 
inundación de títulos y mareaban á todo el mundo con el alza dia- 
ria de los precios, el fraccionamiento de los terrenos en pequeños 
lotes y los remates á largos plazos. Al lado de los fomentos y ri- 
valizando con ellos en el mo\dmiento inflacionista, estaban los 
bancos de emisión. Siguen ellos también las comentes de la épo- 
ca, inmovilizan fueites sumas en terrenos y comprometen sus cau- 
dales en operaciones aventuradas de bolsa. Para dar una idea de 
la actividad banca ria durante el período próspero, damos en seguida 
el resumen de los balances de los bancos de emisión en los meses 
de marzo y agosto, que corresponden respectivamente al máximum 
y mínimum de nuestro movimiento comercial : situación en el mes 
de mñrzoycuentadecaja, 1:429,392.31 pesos en 1865; 2:504,499.81 
en 1866; 5:134,822.74 en 1867, y 7:610,912.76 en 1868; cuenta 
de deudores, 15:694,831.52 pesos en 1865; 20:398,367.59 en 1866; 
27:142,844 en 1867; 31:473,266.96 en 1868; cne?itn de capital^ 
3:600,000 pesos en 1865; 5:600,000 en 1866; 7:900,000 en 1867; 
8:400,000 en 1868; cuenta de emisión, 4:357,569.74 en 1865 ;. 



232 LAS CRISIS EN EL URUGUAY 

4:686,317.04 en 1866; 6:798,995.19 en 1867; 11:522,903.49 en 
1868; ciie?ita de acreedores^ 9:166 fi54.m en 1865; 12:616,550.36 
en 1866; 17:578,671.55 en 1867; 19:161,276.23 en 1868. He aquí 
ahora la situación en el mes de agosto: ciienta de caja, 2:721,390.22 
pesos en 1865; 3:618,481.88 en 1866; 4:642,955.10 en 1867; 
cuenta de deudores, 15:706,782.75 pesos en 1865; 21:907,998.42 
en 1866; 28:580,921.66 en 1867; cimita de capital, 3:600,000 en 
1865; 5:600,000 en 1866; 7:900,000 en 1867; cuenta de emisión 
3:459,380.66 pesos en 1865; 5:348,886.76 en 1866; 6:386,863.98 
en 1867; cuenta de acreedores, 11:368,792.31 en 1865; 
14:277,583.54 en 1866; 18:937,012.78 en 1867. 

Los bancos de emisión á que se refieren los balances que aca- 
bamos de extractar son, en marzo y agosto de 1865, lo^ bancos 
Mauá y Comercial; en marzo de 1866, Mauá, Comercial, Monte- 
videano y Londres y Río de la Plata, y en agosto los mismos y el 
banco Navia; en marzo y agosto de 1867, los bancos Italiano, Co- 
mercial, Londres, Navia, Mauá y Montevideano, y en marzo de 
1868 los mismos y el banco Oriental. Comparados los términos ex- 
tremos del movimiento de marzo, resulta en términos redondos 
que de 1865 á 1868 el encaje sube de un millón y medio á siete y 
medio millones; la cuenta de deudores de quince y medio á treinta 
y uno y medio millones; la cuenta de capital de tres y medio á 
ocho y medio millones; la cuenta de emisión de cuatro y medio á 
once y medio millones, y la cuenta de acreedores de nueve á diez 
y nueve millones. No es posible comparar de la misma manera los 
balances, de agosto, pues á mediados de 1868 quebraron los bancos 
Mauá, Italiano y Montevideano, y aunque luego fueron rehabilita- 
dos por la ley de 16 de julio, ya no funcionaban dentro de la ley 
común ni tampoco figuran en la prensa algunos de los balances. 
En cuanto al tipo del interés en cuenta corriente, demuestran las 
revistas comerciales de la época que en marzo y agosto de 1865 
regían respectivamente al mes el 1 1/4 y el 1 1/8 % ; en marzo de 
1866 el 1 1/2 y el 2 % mensual; en marzo de 1868, cobraban los 
bancos del 12 al 15 % anual, y en marzo y agosto de 1869 del 
15 al 18 % anual. 

( b ) Un segimdo é importantísimo factor precipita y agrava el 
desequilibrio entre el stock metálico y el movimiento transaccional. 



LA CRISIS COMERCIAL DE 1868 233 

Nuestro comercio especial exterior arroja las siguientes cifras: en 
1866 importaciones 14:608,091 pesos, exportaciones 10:665.040; 
en 1867 importaciones 17:657,918, expoliaciones 12:077,795; en 
18<'8 importaciones 16:102,475, exportaciones 12:139,720; en 
1869 importaciones 16:830,678, exportaciones 13:930,027. En 
los cuatro años arrojan los valores oficiales el monto de 65:199,162 
pesos en la columna de las importaciones y de 48:812,582 pesos 
en la columna de las exportaciones, con un grueso saldo en con- 
tra del país de diez y seis millones y m edio de pesos, que agregado á 
otros compromisos de carácter internacional, explica las alarmas 
causadas por los embarques de oro y el descenso de las remesas 
brasileñas. Al desequilibrio producido por el alza de los precios, 
agregábase, pues, el drenaje del metálico, quedando minada por 
una doble causa la base en que descansaban las grandes operacio- 
nes de crddíto de la época. La tasa de los cambios extranjeros, 
aunque alterada por las remesas brasileñas, arroja bastante luz so 
bre la situación monetaria del país. Pertenecen los siguientes da- 
tas á las revistas comerciales de <í El Siglo », correspondientes á 
la quincena final de cada mes, debiendo recordar que hubo decre- 
tos de inconversión en junio de 1866 por seis meses, en diciembre 
de 1867 por seis meses y en julio de 1868 por veinte meses; que 
á veces los cambios son á papel, pues recién desde mediados de 
1868 los precios aparecen en oro y en papel, ateniéndonos nos- 
otros á los primeros : 

Durante el año 1866 el cambio sobre Londres osciló de 54 á 50 
peniques por peso y de 5.57 á 5.20 francos sobre París. De enero á 
mayo prevalecen los tipos altos ; en los cinco meses restantes los 
precios se mantienen del 50 al 51 con la Inglaterra y de 5.20 á5.30 
con Francií»; alcanztindo en noviembre y diciembre sucesivamente 
el 51 1/2 y el 52 1/2 sobre Londres y 5.40 y 5.50 sobre París. 
Durante el año 1867 el cambio sobre Londres osciló de 52 1/2 á 
51 1/4 y el de París de 5.55 á 5.35, de enero á marzo,bajó luego el 
primero á 51, 50, 49 y 48 1/2 y el segimdo á 5.30, 5.20 y 5.05 en 
los 9 meses restantes. Durante el año 1868 los giros sobre Londres 
oscilaron de 48 1/4 á 42 1/2 y los de París de 5.05 á 4.50 en los 
primeros cinco meses y de 50 1/4 á 51 1/4 los primeros y de 5.25 
á 5.42 los segundos en los siete meses restantes. Prescindimos de 



234 LAS CRISIS EN EL URUGUAY 



una reacción accidental en julio que elevó el tipo á 52 1/2. Du- 
rante el año 1869 el cambio sobre Londres se mantuvo de 51 á 
51 3/4 y el de París de 5.40 á 5.46 en los primeros cuatro meses, 
oscilan respectivamente de 50 1/4 á 50 3/4 y de 5.28 á 5.30 du- 
rante los seis meses siguientes, alcanzando en los dos meses fina • 
les de 51 á 51 3/4 y de 5.35 á 5.45. Para darse cuenta de la sig- 
nificación de estos guarismos, debe tenerse presente que nuestro 
cambio sobre Londres está á la par cuando se cotiza íí 51/16 y el 
de París á 5.36 y que cuando por un peso se dan menos peniques ó 
céntimos de franco, la situación del mercado es de exportación 
de oro. 

( c ) Actuó filialmente en la elaboración de la crisis el decai- 
miento de nuestra producción nacional, del doble punto de vista 
de la cantidad de los productos y de sus precios corrientes en el 
mercado internacional. Los animales vacunos que se habían nego- 
ciado á seis pesos y los lanares á tres pesos pocos años antes, des- 
cendieron en el curso del año 1868 á tres pesos los primeros y á 
un peso los segundos, bajo la presión de grandes mortandades en 
el ganado que ahuyentaban al capítíil del negocio de estancia. El 
cólera que se desarrolló desde los comienzos del mismo año, com- 
plementó la depresión ganadera por la suspensión de las faenas 
saladeriles. Al año siguiente se acentuó el desastre por terribles 
lluvias que destruyeron totalmente la cosecha de la agricultura. 
El ministro de hacienda, don Fernando Torres, en un memorán- 
dum que presentó al presidente de la república en 1871, aprecia 
en treinta millones de pesos las pérdidas producidas en 1868 y 
1869 por el cólera, las epidemias rurales que diezmaron el ganado, 
la destrucción de las cosechas y la depreciación de la riqueza lanar. 
Esta última fué la que más sufrió, pues á la epidemia que redujo 
á ¡a mitad el número de animales, se agrega el descenso de pre- 
cios que resulta de estos guarismos correspondientes á la segunda 
quincena del mes de marzo: en el año 1863 la arroba de lana fina 
superior se cotizaba de 4 pesos á 4.30; la lana fina regular, de 
3.40 á 3.80, y la lana criolla de 2.80 íí 3.20; en el año 1866, la 
lana fina superior de 3.30 á 3.60, la regular de 2.80 á 3.00 y la 
criolla de 1.80 á 2.00; en el año 1867, la superior de 3.40 á 3.60, 
la regular de 3.10 á 3.30 y la criolla de 2.40 á 2.50; y en 1 868, la 



LA CRISIS COMERCIAL DE 1868 235 

superior de 2.50 á 3.25, la regular de 2.20 á 2.45 y la criolla de 
1.70 á 1.80. 

De los hechos que anteceden resulta que la crisis de 1868 
puede y debe ser explicada por la doctrina ya expuesta en el ca- 
pítulo anterior: una suba general de los precios y una avalancha 
de bancos y sociedades anónimas que exageran y difunden enor- 
memente el crédito, en la forma que señalan las teorías de Yuglar 
y de Bagehot; un ensanche de las importaciones que obliga á pagar 
en metálico fuerte? saldos al extranjero, como lo dice la teoría de 
Laveleye, y una marcada tendencia del capital circulante á in- 
movilizarse en terrenos y construcciones, que es la base de las 
teorías de Horn y Guyot. A raíz de la crisis se pretendió explicar 
los hechos por un simple desequilibrio de la balanza de comercio, 
acentuado por la pérdida de las cosechas y depreciación ganadera, 
pero como hecho aislado sólo era ese, valiéndonos de la frase de 
Clemente Yuglar, la última gota de agua en un recipiente ya lleno, 
el último golpe asestado á una plaza que había llevado el abuso 
del crédito y ía inflación de los precios hasta un límite imposible 
de mantener. 

No terminaremos sin hacer mención de las dificultades finan- 
cieras que trababan la marcha del gobierno en los momentos del 
díírrumbe que acabamos de historiar. La deuda pública consoli- 
dada que era de 2:726,880 pesos en 1860, había subido á 
18:849,000 en 1868. Englobando las demás deudas flotantes ó por 
arreglar, el monto era de cerca de treinta y un millones, según un 
cuadro de la contaduría general del estado que extractamos al 
ocuparnos de la administracción Batlle. Las rentas públicas die- 
ron 5:297,333 pesos en 1868, estando afectados dos millones al 
servicio de las deudas y otra porción fuerte á diversos créditos 
sin afectación expresa. Por eso la crisis fué económica y finan- 
ciera á la vez, revistiendo excepcional gravedad. La liquidación 
económica empezó en el acto, pero no así la financiera que pudo 
aplazarse mediante nuevos y abrumadores compromisos que debían 
aumentar el estrépito de la bancarrota en 1875, según lo veremos 
en el capítulo siguiente. 



CAPÍTULO VIII 
I/E crisis comercial de 1874 

EN PLENA PROSPERIDAD 

Fu^ en extremo dolorosa la liquidación de la crisis de 1 868, á 
causa de la larga y sangrienta guerra civil que se extiende desde 
marzo de 1870 hasta abril de 1872. 

La convención de paz de 6 de abril de 1872, despejó totalmente 
los horizontes económicos, infundiendo excepcionales bríos al capi- 
talista y al trabajador, no repuestos aun de los recios golpes que 
acababan de recibir. Casi al mismo tiempo llegaron de Ijondres los 
fondos de' empréstito uruguayo por valor de 8:695,000 pesos que 
fueron distribuidos en el rescate de los empréstitos platense, argen- 
tino y otros y en la conversión parcial de los billetes bancarios cir- 
culantes hasta la suma de 5:558,500 pesos, quedando reducida la 
emisión á 1:089,746 pesos. La Bolsa, que había permanecido casi 
desierta por espacio de varios años, recobró su vieja animación. Era 
tal la actividad transaccional, que las revistas bursátiles del solo 
mes de diciembre registran ventas en títulos de deuda interna 2.** 
serie por mjís de siete millones de pesos. Todos los títulos públi- 
cos subieron 20 y 30 puntos, cotizándose a consecuencia de esa re- 
acción el empréstito extraordinario á la par, el empréstito pacifica- 
ción al 97 %, la deuda rescate de tierras ni 90 %, la deuda inter- 
na 1. ' serie al 80 /^ y la de 2.^ serie al 67, la deuda extraordina- 
ria al 65 %. Salvo un ligero paréntesis abieilo por la epidemia de 
fiebre amarilla á mediados del año y la quiebra del banco Franco- 
Platense ocurrida en el mes de agosto, los lincamientos del año 
1872 denuncian pleno renacimiento de los negocios y de la confían- 



LA CRISIS COMERCIAL DE 1874 237 



za pública. Inauguráronse los trabajos de construcción del ferro- 
carril del Salto á Santa Rosa, se abrió al tráfico la línea del Cen- 
tral íí Santa Lucía, prolongándose los rieles hasta las proximidades 
de Florida y empezó la construcción del tranvía al Paso de las 
Duranas. 

ESTALLA LA CRISIS 

Continuó ese enérgico impulso en 1873. La propiedad territo- 
rial excedió los elevadísimos precios obtenidos en 1867 y 1868. 
Algunas do las mismas acciones que parecían ya enterradas defi- 
nitivamente, como las del fomento temtorial, de 200 pesos no- 
minales cada una, que habían bajado á cuatro pesos, consiguen 
el 86 %. Otros títulos, entre los que mencionaremos las accio- 
nes de ^ La Playa » , conquistan fuertes premios. Desde media- 
dos de año, cierta tirantez en el mercado, agravada por una se- 
gunda invasión do fiebre amarilla que aunque se localiza en un 
radio de 10 á 12 manzanas, provoca el desbande de la población, 
dan la señal de alarma, seguida bien pronto de sucesos ruidosos 
como las quiebras de la importante casa de Camino y Pino, de la 
fuerte barraca de Guillot y Sanguinetti y del banco Oriental. Bajo 
la presión del pánico, tuvieron que soportar una corrida los de- 
más bancos, quedando ya la atmósfera sembrada de desconfian- 
zas y plenamente interrumpido el renacimiento que había empe- 
zado á operarse. La tasa del interés subió al 18 %, porcentaje 
tanto más cruel para el comercio cuanto que las remesas de mer- 
caderías se habían acentuado en la creencia de un gran ensanche 
en los consumos y la plaza estaba abfirrotada de artículos de toda 
especie. Sólo la bolsa revela entusiasmo, especialmente en los tí- 
tulos de deuda pública prestigiados por el religioso cumplimiento 
del servicio de intereses y amortización. Como prueba de ese en- 
tusiasmo citaremos el hecho de haberse operado durante el mes de 
marzo en títulos de deuda interna 2.^ sene por cerca de catorce 
millones de pesos. 

El año siguiente es de grandes é insoportables dificultades eco- 
nómicas. Las últimas fuerzas y recursos de la plaza se agrupan en 
la bolsa y dan á los fondos 'públicos, ya en la víépera de la ban- 



238 LAS CRISIS EN EL URUGUAY 

carrota, un valor excepcional. Los mismos fomentos tratan de 
incorporarse, especialmente el Territorial que estaba en plena liqui- 
dación judicial y que vuelve á servir de base á fuertes especula- 
ciones de alza, si bien por breves días, porque una falsificación de 
títulos, la creciente escasez del dinero y el desprestigio mismo del 
papel, provocan un rapidísimo descenso. Crecen á su vez las difi- 
cultades financieras dando terribles perspectivas á la catástrofe en 
ciernes. La liquidación de los gastos extraordinarios de la guerra 
civil hasta 1.® de marzo de 1872 dio al rededor de diez millones 
setecientos mil pesos, según un cuadro de la contaduría gene- 
ral del estado. El 3 de abril de 1872, estimaba el gobierno el dé- 
ficit en cinco y medio millones de pesos y pocos días después, 
concluida ya la guerra, apreciaba el desequilibrio en ocho millo- 
nes. Los empréstitos que hubo necesidad de emitir, eran supe- 
riores á las fuerzas del erario. Al cerrar el ano 1874, la deuda 
consolidada montaba á cuarenta y dos y medio millones de posos 
en números redondos, carga aplastadora para una población que 
no pasaba de 450,000 almas. Desde 1860, en que empezó con 
regularidad el servicio del crédito público, hasta 1874, las emisio- 
nes de deudas llegaron á 66:526,457 pesos, pagó el erario por in- 
tereses y comisiones 19:586,545 pesos y amortizó 24:168,961 
pesos nominales. 

COMPLICACIONES FINANCIERAS 

No subían las rentas en la misma proporción que los emprésti- 
tos. He aquí el movimiento de ingresos desde 1872 hasta 1875, 
según los estados generales de cout{iduría:^4 /lo 1872: por impues- 
tos especiales de aduana 15 "/o de importación en la capital 
2:617,958, 15 % en las receptorías 186,274, 8 % de exportación 
en la capital 689,093; 8 % de exportación en las receptorías 
396,826, 2 % sobre carnes 14,350, tonelaje 52,353; por impuestos 
generales, importación en la capit^d 2:831,708; diversos ramos 
159,307, contribución directa sobre la importación 75,881, impor- 
tación y diversos ramos en receptorías 165,1 65, sellos y patentes 
453,369, correos 91,721, timbre 35,204, contribución directa Mon- 
tevideo 330,249. Producto del año 1872 pesos 8:099,554. Año 



LA CRISIS COMERCIAL DE 1874 239 

7875; impuestos especiales de aduana 15 ^/^ importación en la 
capital 2:640,176, 15 % ídem en receptorías 243,102, 8 % ex- 
portación en la capital 690,119, 8 % exportación receptorías 
481,615, 2 % sobre carnes 11,222, tonelaje 51,700; rentas gene- 
rales, importación en la capital 2:838,1 18, diversos ramos 187,758, 
contribución directa sobre la importación 78,589, importación y di- 
versos ramos en receptorías 287,081, sellos y patentes 641,179,cü- 
rreos 97,822, timbres 38,953, contiibución directa Montevideo 
360,211, ídem campaña 403,835, impuestos municipales y policia- 
les en Montevideo 597,177, en campaña 255,954. Monto de las 
rentas de 1 873 pesos 9:904,617. Año 1874: impuestos especiales de 
aduana, 15 % de importación en la capital 2:2-:)6,625, 15 % ídem 
en receptorías 190.727,8 % exportación en la capital 662,168, 
8 % exportación de receptorías 384,765, 2 % carnes 15,071, to- 
nelaje 41,074; rentas generales, importación en la capital 2:465,708, 
diversos ramos 195,093, contribución directa sobre la importación 
65,9 14, importación y diversos ramos en receptorías 252,692, se- 
llos y patentes 664,290, correos 83,948, timbres 38,516, contribu- 
ción directa en Montevideo 401,855, ídem en campaña 433,482, 
impuestos municipales y policiales en Montevideo 585,497, en los 
departamentos 12,698. Total recaudado en 1874 pesos 8:730,131. 
Año 1875: impuestos especiales de aduana 15 % de importación 
en la capital 1:664,881; 15% de importación en receptorías 
1 29,156, 8 *;/ de exportación en la capital 529,523, 8% de ídem 
en receptorías 362,309, 2 % sobre las carnes 15,132, tonelaje 
37,204; rentas generales importación en la capital 1:878,141, di- 
versos mmos 160,185, contribucíión directa sobre la importación 
48,878, importación y diversos ramos en receptorías 153,302, se- 
llos y patentes 793,094, correos 100,187, contribución directa en 
Montevideo 415,327, ídem en campaña 419,760, impuestos mu- 
nicipales y policiales en Montevideo 580,730. Monto recaudado 
en 1875 pesos 7:287,815. 

Todos los esfuerzos realizados para conjurar el desequilibrio 
financiero, empezando por la unificación y conversión de deudas 
en Londres sobre la base de una economía de un millón y medio 
de pesos en el servicio anual, fracasaron irremisiblemente, dejando 
al gobierno en una posición violentísima y sin sidida. Los presu- 



240 LAS CRISIS EN EL URUGUAY 



puestos se atrasaron considerablemente y el mismo servicio de las 
deudas sólo pudo ser atendido con ayuda de grandes sacrificios. 
Al finalizar el año 1874, existía un déficit de 3:632,000 pesos. Re- 
bajando cerca de seiscientos mil pesos por concepto de existencias 
á realizar, el déficit montaba asimismo á más de tres millones, según 
los estados de contaduría. De esa grave situación todo podía espe- 
rarse. La revolución del coronel Máximo Pérez al terminar el año 
1874 filé la primer sacudida de la crisis política que ya avanzaba- 
En los comienzos del año siguiente, el 15 de enero de 1875, bajo la 
acción de los batallones de línea cayó el gobierno constitucional 
del doctor Ellauri. Durante el mes de febrero se produjo una co- 
rrida á los establecimientos de crédito que causó el derrumbe de 
los bancos Mauá y Navia y que fiíé dominada por los bancos Co- 
mercial y Londres y Río de la Plata, que en esa oportunidad, como 
en las anteriores, salvaron el prestigio de las instituciones emiso- 
ras manejadas con tacto y con prudencia. Al mes siguiente, el go- 
bierno surgido del motín, suspendió el servicio de las deudas pu- 
blicas y decretó el curso forzoso, en medio del descenso vio- 
lento de todos los valores y del pánico que se había apoderado de 
todas las clases sociales. 

FACTORES PRLN'CrPALES DE LA CRISIS 

¿ Cuáles fueron los factores de esa crisis económica que tan do- 
lorosa repercusión tuvo en las esferas políticas ? Más ó menos las 
mismas que actuaron en la crisis del año 1868, segCm resulta de la 
enumeración que se leerá en seguida: 

(a) Cuando terminó la guerra civil, á mediados del año 1872, 
todavía no habían cicatrizado las heridas que produjo al país la 
formidable crisis de 1868. Estaba consumada en gran parte la li- 
quidación, pero las fuerzas económicas no habían tenido el tiempo 
material para reponerse mediante el ahorro y el ensanche del tra- 
bajo productor que se desarrolla con notable lentitud en territo- 
rios despoblados y faltos de capitales como el nuestro. Librado el 
país á sus influencias normales, el período de ealma y de reconsti- 
tución de valores dislocados por la crisis habría durado varios años 
más, afirmándose entonces la estabilidad y solidez de la reacción. 



LA CRISIS COMERCIAL DE 1874 241 

Con la terminación de la guerra surgieron dos influencias extra- 
ordinarias, política la una y económica la otra, que acentuaron an- 
tes de tiempo la fiebre de los negocios en un organismo profunda- 
mente debilitado : la confianza ciega en los progresos galopantes 
del país que provocaban el tratado de paz y la reorganización de 
los poderes páblicos sobre la amplia base de la coparticipación de 
los partidos, y las remesas de metálico procedentes del empréstito 
uruguayo, con destino á la conversión de los billetes bancarios y 
rescate de varios empréstitos internos. Fué por eso mismo breví- 
simo el período próspero. Apenas se extiende desde las postrime- 
rías del año 1872 hasta mediados de 1873, pues ya en este último 
año se notan en la plaza graves dificultades monetarias y aplasta- 
miento completo en los negocios. Verdad es que la propiedad te- 
rritorial se valorizó febrilmente hasta superar los precios estu- 
pendos de 1867 y 1868 y que las importaciones crecieron con 
notatable energía : pero esas dos salidas se absorbieron rápida- 
mente los recursos disponibles, sin dar oportunidad amplia por lo 
menos á la multiplicación de las empresas, sociedades y sindica- 
tos que en las épocas prósperas brotan por docenas y marean to- 
das las cabezas con sus especulaciones disparatadas y la suba ili- 
mitada de los precios. 

He aquí un resumen de los balances bancarios de los meses de 
marzo y agosto de los años 1871 á 1874, debiendo prevenir que 
en el mes de marzo de 1871 figuran los bancos Comercial, Lon- 
dres, Mauá, Oriental y Navia; en agosto figuran los mismos y el 
banco Franco-Platense ; en marzo de 1872, los bancos Comercial, 
Londres, Mauá, Oriental, Navia y Franco-Platense; en agosto los 
mismos con excepción del Franco-Platense, en marzo de 1873, 
los bancos Comercial, Londres, Mauá, Navia y Oriental; en agosto, 
los mismos menos el banco Oriental; y en marzo y agosto de 1874 
los bancos Comercial, Londres, Mauá y Navia. Advertiremos tam- 
bién que en nuestros reaümenes no figuran el banco Unión que 
tuvo una existencia muy fugaz y quebró en mayo de 1871, y el 
banco Mercantil del Río de la Plata cuyos balances no hemos en- 
contrado en los diarios consultados, pero sus guarismos poca alte- 
ración llevarían á nuestros resúmenes que abarcan los principales 
bancos de emisión. Diremos, finalmente, que al formar el cuadro 



242 LAS CRISIS EN EL URUGUAY 



relativo á marzo (le 1873, hemos tenido que utilizar los balances 
de los bancos Mauá y Oriental correspondientes al mes de febrero, 
por no haber encontrado los de aquel mes en la prensa. Situación 
de los bancos en el tnes de inarxo: cuenta de caja, 4:013,731 pesos 
en 1871, 6:098,570 en 1872, 5:683,064 en 1873, 4:529,048 en 
1874; cuenta de deudores , 21:^^^,211 en 1871, 26:981,709 en 
1872, 29:082,647 en 1873,24:399,487 en 1874; cuenta de capi- 
tal, 6:582,509 en 1871, 7:237,469 en 1872, 6:642, 088 en 1873, 
6:037,032 en 1874; cuenta de emisión, 5:108,660 en 1871. 
6:226,299 en 1872, 6:583,179 en 1873, 5:104,310 en 1874; cue?i' 
ta de acreedores, 13:705,833 en 1871, 19:616,510 en 1872, 
21:540,444 en 1873, 18:787,192 en 1874. Situación en el mes de 
agosto: cuenta de caja, á'AMyAdi en 1871, 10:644,369 en 1872, 
5:315,656 en 1873, 5:009,804 en 1874; cuenta rfc deudores, 
25:301,493 en 1871, 24:811,720 en 1872, 24:416,213 en 1873, 
23:824,558 en 1874; cuenta de capital, 7:582,509 en 1871, 
6:645,309 en 1872, 6:038,452 en 1873, 6:037,032 en 1874; cuenta 
de emisión, 5:773,186 en 1871, 5:434,139 en 1872, 4:320,800 en 
1873,4:371,700 en 1874; cuenta de acreedores, 16:440,291 en 
1871,23:376,641 en 1872, 19:372,617 en 1873, 18:425,630 en 
1874. 

Comparándolos guarismos del año 1871, que es todavía de 
guerra civil y de plena liquidación de la crisis anterior, con los de 
1873 que corresponden al período próspero, se observará en los ba- 
lances de marzo que la cuenta de caja sólo crece en un millón y 
medio de pesos, la cuenta de deudores en siete y medio millones, la 
de capital queda estacionaria, la de emisión recibe un aumento de 
un millón y medio de pesos y la de acreedores otro aumento de 
cerca de ocho millones. Y si se comparan los balances de agosto 
de esos dos años, puede noüiree un progreso de ochocientos mil 
pesos en la cuenta de caja y otro de tres millones en la cuenta de 
acreedores, acompañados de baja sensible en los capítulos restan- 
tes del balance. Vamos á complementar estos datos con otros 
extraídos de las memorias presentadas por la junta de crédito pQ- 
blico al cuerpo legislativo, acerca del monto del encaje y de la 
emisión circulante de todos los bancos emisores, incluyendo el 
Mercantil del Río de la Plata que no figura en nuestros resume- 



LA CRISIS COMERCIAL DE 1874 243 



nes. En diciembre del año 1871 el encaje de todos los bancos era 
de 5:642,811 pesos y la emisión circulante de 6:296,676 ; en di- 
ciembre de 1872 el encaje era de 6:483,302 y la emisión de 
5:562,114, siendo conveniente observar que en la primera de esas 
fechas casi toda la emisión era convertible en oro ó en billetes na- 
cionalizados, de conformidad á la ley de 4 de mayo de 1870, mien- 
tras que en la segunda regía la conversión á oro. En enero de 1873 
la emisión era de 6:598,.*{63 y el encaje de 7:504,984 ; en diciem- 
bre del mismo año la emisión de 5:500,720 y el encaje de 4:471,293. 
En enero de 1874 la emisión era de 6:200,6S0 y el encaje de 
6:255,805, y en diciembre del mismo año la emisión era de 
.5:199,012 y el encaje de 4:316,052 pesos. 

Denuncian las cifras que anteceden una falta absoluta de elas- 
ticidad bancaria en el período próspero de 1873. La crisis que es- 
talló al año siguiente, no hab.^ía tenido gran estrépito sin el crack 
financiero y la catástrofe política que la siguieron. Los balances 
bancarios de marzo de 1868 arrojaban m:ís de siete y medio millo- 
nes en la cuenta de caja, treinta y un millones y medio en la 
cuenta de deudores, ocho y medio millones en la cuenta de capi- 
tal, once y medio millones en la cuenta de emisión y más de diez 
y nueve millones en la cuenta de acreedores. Todos esos guaris- 
mos, con excepción del íiltimo, resultan notablemente más altos 
que sus correspondientes del año 1873. Con todo, debe señalarse 
entre los factores de la crisis que estudiamos'el desequilibrio entre 
el monto de las transacciones y el vehículo monetario, producido 
por la suba considerable de los precios de la propiedad territorial. 
Contribuyeron á la exageración de los precios ¡as especulaciones 
desordenadas y las esperanzas fundadas en un desarrollo rápido 
de la población, que del punto de vista migratorio sólo recibió 
valioso contingente en el año 187% scgán resulta de las siguientes 
entradas de pasajeros procedentes de ultramar en el puerto de 
Montevideo: en 1872, 11,516; en 1873, 24,339; en 1874, 13,759 
y en 187í/ 5,298. 

(b ) El comercio especial exterior arroja los ^siguientes guaris- 
mos: año 1869 valor de las importaciones 16:830,678 pesos, valor de 
las exportaciones 13:930,027; año 1870, importaciones 15:003,34'^, 
exportaciones 12:779,051; año 1871, importaciones 14:864,247, 



244 LAS CRISIS EN E^. URUGUAY 



exportaciones 1 3:334,224 ; año 1872, importaciones 18:859,724, 
exportaciones 15:489,532 ; año 1873, importaciones 21:075,446, 
exportaciones 16:301,772; año 1874, importaciones 17:181,672, 
exportaciones 15:244,783. En los seis años suman las importacio- 
nes 103:815,109 pesos y las exportaciones 87:079,389 pesos, re- 
sultando un saldo desfavorable al país de diez y seis y medio millo- 
nes. Como nuestra plaza se mantiene siempre endeudada con el ex- 
tranjero y tiene que remesar constantemente intereses, dividendos, 
beneficios, amortizaciones, un desequilibrio de esa magnitud tenía 
que provocar y provocó dificultades monetarias de grandísima re- 
percusión en momentos de plena suba de los precios. De las re- 
vistas comerciales de « El Siglo » , correspondientes íí la segunda 
quincena de cada mes, reproducimos los siguientes datos relativos 
á las oscilaciones del cambio internacional : durante el año 1872, 
el cambio sobre Londres osciló de 52 5/8 d 53 1/8 y el de París 
de 5.60 á 5.70 en el primer trimestre; de 51 1/8 á 51 5 8 y de 
5.42 á 5.45 en el segundo trimestre; reacciona luego hasta 52 1/4 
y 5.65. para cerrar en el mes de diciembre á 51 1/2 el de Londres 
y á 5.53 el de París ; durante el año 1873 el cambio sobre Lon- 
dres abre á 51 1/2 y el de París á 5.50 y se mantiene con peque- 
ñas oscilaciones alrededor de esos tipos, con tendencia á baja, ob- 
teniéndose una sola vez, en el mes de noviembre, el nivel de 52 
peniques; durante el año 1874, el cambio sobre Londres se man- 
tuvo alrededor de 51 3/8 y 51 1/2 y el de París de 5.43 íí 5.54 en 
los primeros cinco meses; giró de 50 7/8 á 5 1 el de Londres y 
5.33 á 5.40 el de París durante los cinco meses subsiguientes, su- 
biendo progresivamente al finalizar el año á 51, 52 y 53 el de 
Londres y á 5.50, 5.55 y 5.60 el de París ; durante el año 1875, 
finalmente, el cambio abrió en febrero á 52 1/8 sobre Londres 
y 5.48 sobre París, descendió luego á 51 1-4, y 50 3/4, alcanzan- 
do su reacción más alta en noviembre y diciembre con 51 1/2 y 
51 3/4 sobre Londres y 5.45 y 5.46 sobre París. En los perío- 
dos más activos de nuestr.i exportación de frutos y productos, 
que corresponden al primero y cuarto trimestres de cada año, sólo 
una vez en 1873 y dos veces en 1874 aparece el cambio sobre 
Londres á 52 peniques. 

(c) Según una comisión especial de la que formaban parte los 



LA CRISIS CX>MERCIAL D£ 1874 245 

señores Domingo Ordoñana, Lucas Herrera y Obes y Enrique 
Artagaveitia^ de 1872 á 1874 la riqueza pecuaria de la república 
sufrió una mortandad de seis millones de ovejas y corderos^ dos 
millones y medio de vacas y temeros y cien mil yeguas y potrillos. 
El señor Vaillant calculaba la sola mortandad de 1874, sobre la 
base de informes suministrados por las juntas y jefaturas políticas, 
en dos y medio millones de animales lanares, trescientos mil ani- 
males vacunos y once mil yeguarizos, con un valor corriente 6 de 
plaza de cinco millones ochocientos cincuenta mil pesos. Es nece- 
sario agregar que en 1874 se perdieron casi totalmente las cose- 
chas de maíz y trigo, que la oficina de estadística apreciaba en su 
informe al gobierno en un millón y medio de pesos. Computando 
los gastos de elaboración de los cereales y las pérdidas sufridas 
por la ganadería, juzgaba el jefe de la oficina de estadística en ese 
informe, que durante el año 1874 había tenido el país una pérdida 
real y positiva de nueve á diez millones de pesos. 

Tales son los principales factores de la crisis de 1874. Fué tan 
rápido el período próspero y de tan escasa resonancia los elemen- 
tos que en él actuaron, que se localiza indistintamente el estallido 
en cualquiera de los añ)s 1873, 1874 y 1875. En el segundo se- 
mestre de 1873 ocurrieron quiebras de consideración como las del 
banco Oriental, de la casa Camino y Pino y de la barraca Sangui- 
netti, datando de ese momento la suba del interés del dinero y las 
dificultades monetarias de honda gravedad. Durante el año 1874 
los precios bajan, las importaciones disminuyen fuertemente y es 
notable la tirantez del mercado. Por ultimo, en los comienzos del 
año 1875 ocurre el motín militar, quiebran los bancos Mauá y Na- 
via, se suspende el servicio de las deudas públicas y se establece 
el régimen de la inconversión y del curso forzoso de los billetes 
bancarios. Rigurosamente, habría que localizar la crisis en las pos- 
trimerías del año 1873, porque es entonces que se detiene la suba 
del período próspero y se inicia el movimiento de depresión que 
tan altas proporciones asume en los años subsiguientes. Pero, co- 
mo es en 1874 cuando sobrevienen los grandes apuros económi- 
cos y financieros y se incuba la catástrofe política, á dicho año se 
atribuye más comunmente la crisis de que nos venimos ocupando. 
La tormenta fué general al Río de la Plata, como lo demuestran 

17 



246 LAS CRISIS BN EL URUGUAY 



los siguientes datos relativos á la repáblica Argentina : en núme- 
ros redondos las importaciones fueron de cuarenta y cinco y me - 
dio millones en 1871, de sesenta y uno y medio millones en 1872, 
de setenta y tres y medio millones en 1873, de cincuenta y ocho 
millones en 1874, de cincuenta y siete y medio millones en 1875 
y de treinta y seis millones en 1876 ; las exportaciones de veinti- 
siete millones en 1871, de cuarenta y siete millones en 1872, de 
cuarenta y siete y medio millones en 1873, de cuarenta y cuatro y 
medio millones en 1874, de cincuenta y dos millones en 1875 y 
de cuarenta y ocho millones en 1876 ; la deuda pública marcó los 
siguientes niveles : ochenta y cuatro millones en 1871, ochenta 
millones en 1872, setenta y ocho y medio millones en 1873, se- 
tenta y siete millones en 1874, ochenta y tres millones en 1876 y 
ochenta y siete millones en 1876 ; y las rentas nacionales fueron 
de trece y medio millones en 1871, diez y nueve millones en 1872, 
veintiún millones en 1873, diez y siete millones en 1874, diez y 
ocho millones en 1875 y catorce millones en 1876. Comprueban 
estos datos que el movimiento próspero tuvo su manifestación 
más alta en 1873, produciéndose luego el descenso de los princi- 
pales guarismos, hasta el extremo de que en su mensaje al con- 
greso, de 25 de julio de 1876, el presidente Avellaneda proponía 
como medio de equilibrar el presupuesto la suspensión tempora- 
ria del servicio de amortización de todas las deudas internas y ex- 
ternas. « No es posible, decía el magistrado argentino, pensar en 
nuevos empréstitos ni en nuevos impuestos. La amortización se 
hará con los sobrantes que vayan dejando las rentas, hasta que sea 
posible restablecerla en sus condiciones actuales». Y en previsión 
de una resolución favorable, anticipaba el señor Avellaneda que 
ya estaba nombrado el agente especial que podría entenderse en 
Londres con los tenedores de deuda. La Argentina nos llevó en 
ese tranco la inmensa ventaja de la conservación del régimen ins- 
titucional. 

UNA UQUIOACIÓN DOLOROSA 

Fué grav^e y excepcionalmente desastrosa la liquidación de 
nuestra crisis de 1874. Procuró el régimen surgido del motín mi- 



LA CRISIS COMEBCIAL DE 1874 247 

litar del 15 de enero sofocar todas las resistencias políticas, me- 
diante la deportación á la Habana de varios ciudadanos que ocu- 
paban puestos culminantes en la oposición y establecer el equili- 
brio financiero mediante el papel moneda de curso forzoso y la 
suspensión del servicio de las deudas publicas. La nota más alta 
de esta áltima parte del plan del motín la dio la ley de 27 de 
marzo de 1875, derogada á tiempo, autorizando el canje de los tí- 
tulos de la deuda interna por billetes de curso forzoso. Posterior- 
mente fueron celebrados diversos arreglos (íon los acreedores so- 
bre la base de importantes quitas en el servicio de las deudas y 
chancelación de intereses mediante entrega de títulos especiales y 
adicionales en la forma de que nos hemos ocupado extensamente 
al historiar el origen de nuestras deudas públicas. 

El régimen de inconversión y curso forzoso fué preparado por 
la ley de 25 de enero de 1875, que autorizaba á la junta de crédito 
publico para emitir hasta tres millones de billetes fraccionarios, 
convertibles á oro. Como medio de lanzarlos á la circulación y 
constituii' un encaje del tercio del monto emitido^ establecía la ley 
que en las oficinas públicas sólo esos billetes serian recibidos á 
título de moneda chancelatoria. La junta de crédito debería pres- 
tar al gobierno dos millones para cubrir el déficit del presupuesto, 
con garantía hipotecaria sobre el mercado viejo, los cuarteles de 
dragones, San José y Bastarrica, los depósitos de aduana y otros 
valores territoriales. Una segunda ley de 27 de marzo suspendió 
la conversión y dio curso forzoso á los billetes fraccionarios. Com- 
plementando el plan, resolvió el gobierno, en el mismo mes de 
marzo, suspender la conversión de la emisión nacionalizada de 
1870, que oscilaba en esos momentos alrededor de medio millón 
de pesos. Quedaba un punto grave por resolver. La ley de 27 de 
marzo había establecido que en los contratos de fecha anterior, se 
estaría á la moneda expresamente pactada por las partes, y mu- 
chos opinaban, dentro de aquella atmósfera caldeada por las ideas 
papelistas, que ese respeto á los contratos constituía un grave obs- 
táculo á la valorización del billete inconvertible. La ley de 8 de ma- 
yo se encargó de extremar las cosas, prohibiendo á los tribunales 
que dieran curso á demandas sobre contratos posteriores á dicha 
fecha, que no estuvieran pactados en billetes de curso forzosa 



LAS CRISIS EN EL URUGUAY 



emitidos por la junta de crédito público. Esos billetes serían ade- 
más los únicos que podrían recibirse como moneda por las oficinas 
públicas y por los particulares, con el descuento que tuvieran en 
las cotizaciones de bolsa. 

Pero el papel se depreciaba constantemente, como lo prueba el 
cuadro de las cotizaciones oficiales que reproducimos en el 
capítulo de esta obra consagrado al estudio de nuestra legislación 
monetaria, y el gobierno que entendía que se trataba simplemente 
de una especulación de los opositores á su desatentada política 
financiera, dictó dos decretos reglamentarios de las operaciones de 
bolsa, estableciendo el primero : que se crearía un registro en el 
que deberían anotarse los negocios oficiales y el nombre de los 
interventores ; que arabos datos serían comunicados diariamente 
al ministerio de hacienda; que las operaciones á plazo, tratándose 
del metálico y del papel moneda, quedaban absolutamente prohi- 
bidas y las operaciones al contado deberían liquidarse con inter- 
vención de la gerencia, mediante entrega efectiva de las cantida- 
des, so pena de nulidad y pago de una multa de quinientos pesos 
la primera vez y de mil pesos la segunda, en caso de reincidencia, 
á cargo de la gerencia ; y el segundo, dictado pocos días después, 
en mérito de la ineficacia de las medidas que acabamos de extrac- 
tar, estableciendo que las operaciones sobre el metálico al conta- 
do y las operaciones al contado y á plazos sobre fondos públicos, 
cambios, giros y descuentos, sólo podrían efectuarse por corredo- 
res oficiales que en número de treinta nombraría el gobierno, 
quien además se reservaba el derecho de designar una comisión 
de bolsa, con asiento ca el centro de la rueda, para la fijación dia- 
ria de los tipos oficiales, do acuerdo con una cámara sindical cons- 
tituida por Corredores oficiales, agregando el terrible decreto que 
toda operación dentro de la'bolsa ó fuera de ella, realizada por co- 
rredor particular, sería penada con multa de quinientos á mil 
pesos. 

Reglamentada en esa forma la bolsa, fué promulgada la ley de 23 
de junio de 1875, derogatoria de las dos leyes anteriores de 27 de 
marzo y de S de mayo, autorizando á la junta de crédito público para 
emitir tres millones de pesos en billetes de cinco pesos arriba que go- 
zarían del beneficio del curso forzoso, juntamente con los tres millo- 



LA CRISIS COMERCIAL DE 1874 249 

nes de billetes fraccionarios ya emitidos y de la emisión nacionali- 
zada de 1870. Los derechos de aduana pagaríanse á papel, excepción 
hecha de los adicionales que se recaudarían á oro para atender el 
pago de los empréstitos externos y deudas internacionales. Ya 
empezaba, sin embargo, el gobierno á persuadirse de que la depre- 
ciación del papel reconocía causas más hondas que el juego de 
bolsa, y como medio de tranquilizar al país anticipaba en la mis- 
ma ley, que los billetes circulantes serían mensualmente quemados 
con ayuda del producto de varios impuestos creados á ese fin, como 
el 2 % de alcabala sobre la transferencia de bienes raíces, el dos 
por mil de aumento en la contribución directa y un descuento del 
5, 10 y 20 % sobre todos los sueldos y pensiones del presupuesto. 
Afectábanse subsidiariamente en garantía el mercado viejo, los 
cuarteles, los depósitos de aduana, las acciones con que se había 
suscrito el gobierno para la construcción del ferrocarril central 
del Uruguay y las tierras públicas, agregándose que no se decre- 
tarían nuevas emisiones sin retirar antes la emisión ya autorizada. 
Contestó la bolsa en el acto con una suba considerable en el pre- 
cio del metálico, que exasperó al gobierno y dio origen á un decreto 
de fines del mismo mes de junio, que prohibía en absoluto las co- 
tizaciones del metálico en aquel establecimiento. Pero la medida 
lejos de conjurar el mal lo acentuaba, y tuvo el gobierno que dic- 
tar un segundo decreto el 1.*' de julio restableciendo las cotizacio- 
nes oficiales. 

EL COMERCIO SALVA EL RÉGIMEN METÁLICO 

Apenas promulgada la ley de 23 de junio y en la creencia, que 
no tardó en confirmarse, de que se le daría efecto retroactivo á la 
emisión, hubo en el centro comercial "una numerosa reunión de co- 
merciantes, de la que resultó el famoso pacto que transcribimos 
en seguida : c Siendo de necesidad y conveniencia general resta- 
blecer la confianza destruida por el temor de cualquier ley de 
efecto retroactivo que pudiese autorizar el falseamiento de las 
obligaciones contraídas bajo la fe y garantía de las leyes vigentes, 
anteriores á las de 27 de marzo y 8 de mayo ultimo, los abajo fir- 
mados se obligan : 1." á no ampararse á ninguna ley de curso for- 



250 LAS CRISIS EN EL URUGUAY 

zoso con efecto retroactivo y á satisfacer en oro sellado todos los 
compromisos que no hayan sido ó puedan ser contraídos expresa- 
mente en papel moneda de curso forzoso ; 2,^ á suspender toda 
clase de transacción comercial y retirar el crédito á todos los que 
faltasen á lo establecido en el artículo anterior; al efecto se abrirá 
en el centro comercial un registro en el que se anotarán, bajo la 
responsabilidad de los denunciantes, los nombres de los que hu- 
biesen incurrido en esa falta ». Suscribieron este compromiso los 
bancos de Londres^ (comercial, Alemán Belga, Herrera y East- 
man, Mercantil del Río de la Plata y cerca de quinientas casas re- 
presentativas de todo lo que había de más significación en el co- 
mercio de Montevideo. Pretendió el gobierno contrarrestar el con- 
venio por todo género de medios, prohibiendo desde luego la pu- 
blicación por la prensa de los nombres de los firmantes y hacien- 
do sancionar la ley de 6 de agosto que creaba varios adicionales 
de aduana y de contribución directa para el rescate de los billetes 
que serían quemados quincenalmente por la junta de crédito, inte 
grada con una comisión especial de comerciantes; y la ley de 24 
de agosto que declaró expresamente que los billetes de curso for- 
zoso tenían efecto retroactivo y servían desde la promulgación de 
la ley de 23 de junio para solventar toda clase de operaciones 
pendientes, anteriores ó posteriores, sin que para lo contrario exis- 
tiera acción ante los tribunales, de conformidad al artículo 11 del 
código civil, según el cual « no pueden derogarse por convenio 
particular las leyes de orden público ». Fué á pedido del ministe- 
rio del doctor Tristán Narvaja, que la asamblea dictó la ley acla- 
ratoria de la de 23 de junio, en razón de que esta última, según el 
mensaje, daba lugar á que se pretendiera limitar la rctroactividad á 
las obligaciones activas y pasivas del estado, sin extenderla á los 
compromisos particulares. 

Eran tan ineficaces las nuevas medidas como las anteriores. 
Gracias al esfuerzo incontrastable del comercio, el pacto honrado 
que hemos trnnscrito consumó rápidamente la desmonetización del 
billete inconvertible y salvó al país de un empapelamiento funesto. 
Fué cumplido ese convenio con tan admirable lealtad, que sólo se 
mencionan dos firmas, entre las de alguna significación, que ce- 
dieron á las tentaciones de la ley de curso forzoso, y vale la pena 



I 



LA CRISIS COMERCIAL DE 1874 251 

de agregar que esos dos únicos comerciantes^ por efecto del vacío 
que se produjo á su alrededor y de la pérdida de su crédito, se 
vieron bien pronto arruinados y tuvieron que clausurar sus esta- 
blecimientos. Creyó el gobierno que el mal estaba en la prensa y 
dictó entonces un decreto por el que se prohibía ú los diarios que 
se ocuparan no sólo de temas políticos, que ya le estaban absolu- 
mente vedados, sino también de cuestiones económicas relaciona- 
das con el régimen del papel moneda. Lo curioso es que á raíz de 
esa mordaza se encargaba el propio gobierno de formular un ale- 
gato decisivo contra el papel inconvertible, en estos textuales tér- 
minos del mensaje dirigido á la asamblea el 22 de septiembre de 
1875: 

€ Un peso más que se emitiera ( habla del papel ), consumaría 
su desmonetización é irrogaría al estado y á los particulares pérdi- 
das irreparables. Hemos llegado al punto en que uno de los mayo- 
res servicios que podemos hacerles á la presente y á las futuras ge- 
neraciones de nuestra patria, es imposibilitarlas para las emisiones 
de papel moneda. Esto debe estar, está en la conciencia pública. 
Cuando se tiene un papel depreciado que la opinión pública resiste 
y desmonetiza^ no se está en el caso en que la retroactividad es 
una adherencia del curso forzoso ; y llegado ese caso, como ha lle- 
gado para nosotros, desaparece de suyo, por la fuerza de las co- 
sas, aquella retroactividad que sólo puede existir por la monetiza- 
ción real del papel. Mantenerla en la situación actual, es imposi- 
bilitar el crédito particular y paralizar la vida y la actividad co- 
mercial é industrial. El crédito es la savia vivificante^ fecundi- 
zante del comercio y de la industria. Desde que las transacciones 
tengan que hacerse al contado, ellas tendrán por límite los consu- 
mos de primera necesidad y este límite estrechará día á día, por- 
que comprime y empobrece.» 

Siguiendo las indicaciones de ese mensaje, obra de don Andrés 
Lamas, que ocupaba el ministerio de hacienda, la asamblea dictó 
la ley de 24 de septiembre de 1875 que limita las emisiones de 
papel moneda á los tres millones de billetes fraccionarios de la ley 
de 25 de enero, á la emisión del banco Navia que el gobierno ha- 
bía tomado á su cargo después de la quiebra de dicho banco ocu- 
rrida á principios de año y al saldo de k emisión nacionalizada 



2o2 LAS CRISIS EN EL URUGUAY 

de 1870; deroga la ley de 23 de junio que autorizaba la emisiÓQ de 
tres millones; declara expresamente que los contratos serán cum- 
plidos con ayuda de la moneda que hubieran pactado las partes ; 
autoriza la fundación de un gran banco que se encargaría de acti- 
var In extinción de la emisión circulante, y concede al poder eje- 
cutivo un voto de confianza para negociar el rescate de los bille- 
tes ó su sustitución por notas bancarias de emisión particular. En 
uso de esta áltima facultad, el gobierno firmó en el mes de octu- 
bre un convenio con el banco Mauíí, que se hallaba en pleno es- 
tado de quiebra desde principios de año, de acuerdo con las bases 
que indicamos á continuación: el banco Mauíí quedaba rehabilitado 
y se comprometía á canjear por billetes propios la emisión nacional, 
pudiendo además emitir otros billetes hasta el triple del capital 
realizado que era entonces de dos y medio millones de pesos ; el 
importe de los billetes nacionales sustituidos, constituiría una 
deuda nacional á favor del banco, en cuenta corriente especial, 
que no devengaría interés, garantida solidariamente por la res- 
ponsabilidad general de la nación y por el producto de las siguien- 
tes rentas adscriptas al pago de los billetes: el 2 % de alcabala, 
derechos adicionales de aduana creados por ley de 22 de octubn^ 
de 1875 y el dos por mil de la contribución directa; se concedía al 
banco los privilegios de que goza el fisco por los créditos á su fa- 
vor, la emisión menor, los depósitos judiciales, el depósito diario 
de las rentas publicas ; los billetes del banco serían los únicos que 
podrían recibirse como moneda en las oficinas públicas, al tipo 
variable que señalaría semanalmente el ministerio de hacienda ; 
finalmente el banco abriría al gobierno una cuenta corriente de 
movimiento de rentas generales, con facultad de girar en descu- 
bierto hasta la suma de dos millones de pesos. ¿ Qué daba el ban- 
co á cambio de todos estos inmensos favores ? Nada absoluta- 
mente, desde que los billetes inconvertibles, que el banco despres- 
tigiaba por su estado de falencia, tenían que convertirse á expen 
sas del producto acumulado de las rentas públicas. Ese funesto 
convenio sólo obedeció realmente á dos propósitos : obtener un 
suplemento de recursos y atender reclamaciones anteriores del 
visconde de Mauá que movía en esos momentos la activa diplo- 
macia brasileña. En una nota á la legación brasileña, decía lo si- 



LA CRISIS COMERCIAL DE 1874 253 

guíente el señor Lamas: «Atendiendo las reclamaciones presen- 
tadas por el gobierno imperial en favor del banco Mauá^ y tenien- 
do presente'el deseo manifestado por el barón de Cotegipe en la 
nota á la legación oriental sobre este asunto, acabo de llegar, como 
ministro de hacienda, á un acuerdo con el visconde de Mauá, que 
el mismo visconde acepta como plena indemnización las conce- 
siones hechas por el decreto de 22 de octubre». 

LA LUCHA CON IJ^ BOLSA 

Tenían que aumentar y aumentaron las desconfianzas públicas 
con la intervención de un establecimiento quebrado y el amago de 
nuevas emisiones. El premio del oro sufrió un salto considerable en 
las pizarras de la bolsa al finalizar el año, lo que dio mérito á que 
el ministerio de hacienda dirigiese una violentísima nota á la co- 
misión directiva del centro comercial, anunciando que en presen- 
cia de esa conspiraciones para llevar adelante la depreciación del 
p;»pel, había resuelto nombrar una comisión re visera de los esta- 
tutos del centro, y que mientras la comisión no se expidiera sólo 
podrían practicar cotizaciones de crédito público los corredores 
autorizados por el gobierno, considerándose acto de sedición todas 
las demás que se efectuasen en la bolsa. « No ha existido, no 
existe en país alguno, agregaba la nota, emisión temporariamente 
inconvertible que haya tenido ni tenga garantías más abundantes, 
más reales y más suficientes. Entretanto, el hecho es que aumenta- 
das las garantías con los 9:700,000 pesos en valores que arroja el 
balance de noviembre del banco Mauá, el papel se depreció ; y a 
paso que piejora la administración pública y que se pacifica el 
país, la depreciación se hace mayor. Todo lo cual no se explica 
sino por la conjuración que ha tomado por instrumentos la codi- 
cia, el agiotaje y el juego más inmoral ». Prohibidas las cotizacio- 
nes, la depreciación siguió rápidamente su obra, como lo prueba 
el tipo de 200 % que estableció el propio ministro de hacienda, 
antes de ñnalizar el año, para el pago de los impuestos. 

Lejos de juzgarse vencido, ensayó otros procedimientos el go- 
bierno para arribar á la deseada monetización del billete. Según 
el decreto del 30 de diciembre, la contribución directa se pagaría 



254 LAS CRI8I8 EN EL URUGUAY 



exclusivamente en papel mooeda á su tipo oficial de cotización, y 
las patentes de giro s<5Io ac expedirían á condición de que los co- 
merciantes se ajustaran en todas sus operaciones al decreto de 22 
de octubre que establecía que el papel moneda era equivalente al 
oro por el tipo de la última cotización oficial anotada en la víspera 
del día del pago. Hubo que exceptuar inmediatamente á los bancos 
extranjeros, los cuales manifestaron que no podrían funcionar en 
esas condiciones y que sólo podían comprometerse á abrir simultá- 
neamente cuentas á oro y cuentas á papel. En el resto de la plaza^ 
nin^na resonancia tuvo el decreto, pues el comercio cumplía su 
pacto de honor con admirable constancia y las transacciones ha- 
cíanse á oro sellado. Y no es que el monto circulante del papel 
fuera muy considerable. Segón los informes producidos por la 
contaduría general y la junta de crédito páblico, relativos al banco 
Mauá, correspondientes al 3 1 de diciembre de 1 87 5, dicho estableci- 
miento sólo hibía emitido hasta ese momento cerca de un millón y 
medio de pesos para cubrir giros del gobierno y otro millón en canje 
de la emisión á cargo del estado, quedando de esta última 3:000,000, 
pendientes de sustitución. De acuerdo con el convenio de octubre 
la emisión por los dos conceptos enunciados no podría exceder de 
6:000,000, aparte del derecho propio del establecimiento á emitir 
hasta el triple de su capital de dos y medio millones de pesos. En 
cuanto á los recursos para conservar el rescate de los billetes, la 
dirección de estadística, que fué consultada por el gobierno, calculó 
en 1:000,000 de pesos anuales el producto de los derechos adicio- 
nales de aduana y los aumentos á la contribución directa decreta- 
dos el 22 de octubre. Pero la plaza no se forjaba ilusiones y temía 
con fundadísimo motivo que la aceptación del papel en las tran- 
sacciones fuera seguida de grandes oleadas de billetes inconverti- 
bles. ¡Qué autoridades para inspirar confianza! Todavía no estaba 
concluido el pago de los depósitos judiciales por 220,227 pesos 
envueltos en la quiebra del banco Montevideano, de los que había 
tenido que hacerse cargo la nación en junio de 1870, y ya el go- 
bierno del motín se incautaba de los nuevos depósitos judiciales 
confiados á la junta de crédito público, aplicando á sus derroches 
hasta la suma de 141,686 pesos. 

Durante el primer año del curso forzoso, el tipo del interés bu- 



LA CRISIS COMERCIAL DE 1874 255 



bió en algunos meses al 21 %, al 24 % y al 27 %, afirmando to- 
davía las revistas de «ElJSiglo» que en ciertos momentos practi- 
cái'onse descuentos á tipos tan estupendos que por respeto al 
comercio no habían sido estampados en las columnas de la prensa. 
Al finalizar el año 1875 regía el 18 %, tipo que ya se juzgaba 
muy tolerable, puesto en parangón con los que lo habían antece- 
dido. En cuanto al billete inconvertible, su depreciación se acen- 
tuaba vertiginosamente. A mediados de enero de 1 876, sancionó 
el gobierno los nuevos estatutos del centro comercial y quedaron 
restablecidas las cotizaciones oficiales del oro. La intervención 
gubernativa no impidió que en el propio mes de enero el metálico 
excediera el 300 % y doblara con bríos este mismo elevadísimo 
tipo al siguiente mes de febrero. Fué un gran golpe de maza con- 
tra la desatentada política financiera imperante. Vuelto á la razón, 
comprendió el gobierno la inutilidad de la lucha y se resolvió á con- 
sultar á la comisión dii*ectiva del centro comercial pidiéndole que 
señalara los medios más apropiados para rodear de confianza el 
papel moneda «que las circunstancias nos han impuesto». Dicha 
comisión, que presidía el señor Mauricio Llamas y de la que for- 
maban parte los señores Hoffmann, Risso, Cohe, Braga, Villamil y 
Wagenknecht, contestó en el mes de febrero que para tranquilizar 
al país acerca de la amortización y conversión de los billetes, era 
preciso nombrar una comisión encargada de recibir, guardar y 
apreciar las garantías afectadas á la emisión; fijar la época precisa 
del rescate; facultar á la misma comisión para liquidar los valores 
existentes con ese objeto, para entregar al banco contra garan- 
tías equivalentes los billetes que hubiera de poner en circulación 
y para recabar de las oficinas recaudadoras los recibos que otor- 
gase el banco por el producto de los impuestos aplicados á la amor- 
tización de la emisión sustituida. Contestó el ministro de hacienda 
manifestando su entera conformidad á las conclueiones del centro 
comercial, agregando que en lo fundamental las había anticipado 
él mismo al entregar á la comisión la nota de consulta. 

Recuerda Chevalier, para demostrar el influjo que-ai£i»pre ejerce 
la opinión pública en todas las situaciones políticas, «que Napoleón 
que no podía comprender que un gobierno fuera juzgado por el 
público, buscó los medios de tndepeodÍEar la cotización de los fon- 



256 LAS CRISIS EN EL URUGUAY 

dos franceses de toda especulación y prohibió á la bolsa la baja de 
la deuda. La omnipotencia de este hombre ante el cual se incli- 
naban todos los soberanos del continente, fracasó sin embargo en 
la bolsa con más estrépito que en las estepas del norte. Barrida de 
la tribuna y de la prensa, la libertad se asiló en la bolsa y fué allí, 
¡quién lo hubiera creído! inexpugnable. Los títulos de deuda france- 
sa demostraban al emperador, en sus modestos tipos de cotización que 
su gobierno no descansaba en la roca y la protesta subsistió bajo es- 
ta forma contraías adulaciones de los cortesanos que proclamaban 
que la casa de Bonaparte sería la más duradera de las casas rei- 
nantes de Europa». Algo parecido, pero con mucho más estrépito, 
ocurrió al gobierno surgido del motín militar del 15 de enero de 
1875; era omnipotente para voltear gobiernos constitucionales, 
para pisotear las instituciones, para deportar á los ciudadanos des- 
collantes de la oposición, para vencer formidables revoluciones 
populares en campaña, para despilfarrar los dineros públicos, para 
sofocar la libertad de pensamiento y amordazar á la prensa. Pero 
la bolsa, depreciando el papel moneda y el comercio rechazándolo 
de las transacciones á despecho de todas las medidas políticas, de 
todas las amenazas, de todos los reglamentos, decretos y leyes, 
mostraban día á día que la base del gobierno era de barro y que 
de un instante á otro tenía que demoronarse, como efectivamente 
se desmoronó. Las simples promesas gubernativas contenidas en 
la nota contestación al centro comercial, resultaron ineficaces 
para restablecer la confianza. El metálico siguió ascendiendo hasta 
alcanzar el límite del 850 % en los primeros días de marzo. Ese 
límite produjo el derrumbe del gobierno de Várela, que fué susti- 
tuido por la dictadura militar del coronel Latorre, bajando verti- 
ginosamente el premio del oro ante un nuevo programa que pro- 
metía «hacer gobierno honrado y no de ladrones». 

SE AMORTIZA LA EMLSIÓN INCONVERTIBLE 

Uno de los primeros actos de la dictadura, fué la resición del 
convenio Mauá. De conformidad al pacto ajustado en abril de 
1876, quedaba obligado el gobierno á entregar al banco por con- 
cepto de indemnización cincuenta y cinco letras del valor de 



LA CRI8I8 COMERCIAL DE 1874 257 

3O9OOO pesos cada una y una letra más ^e 20,000 pesos, acepta- 
das por la colecturía general do aduana; la cuenta entre el gobier- 
no 7 el banco se saldaría inmediatamente, reduciéndose los adelan- 
tos en oro á papel moneda al tipo de la última cotización oficial, y 
abonándose su importe con ayuda de igual suma de la emisión del 
referido establecimiento; el saldo de la cuenta y el monto de las 
notas sustituidas por billetes de la junta de créilito y de los ban- 
cos nacionalizados de 1870, formarían el máximum de la emisión 
que el estado tomaba á su cargo; cl banco droseguiría el canje de los 
billetes ya iniciado, pero no podría lanzar á la circulación sino la 
suma necesaria para el canje y para chancelar la cuenta con el 
gobierno; al rescate de la emisión se destinaban los adicionales de 
aduana, contribución directa, alcabala, y el 1 % sobre todos los pa- 
gos de la nación, siendo administrados los fondos por una comisión 
especial que nombraría el gobierno. Según nota que el banco Mauá 
diiígió al gobierno el 20 de junio de 1876, la emisión circulante de 
dicho establecimiento, que pasaba á cargo exclusivo del erario pú- 
blico, á mérito de las estipulaciones que acabamos de extractar, 
subía á la enorme cifra de doce nnllo7ies ciento veinticinco mil 
pesos sin contar las letras sobre la aduana. La emisión de billetes 
nacionales y nacionalizados que Mauá se había comprometido á 
canjear pernotas propias, era en 11 de noviembre de 1875, se- 
gún estados publicados por la junta de crédito público, de 3:963.013 
pesos, lo que importa decir que toda la diferencia entre esa cifra 
y la de 12:125,000 que se descargaba sobre la nación, estaba cons- 
tituida por anticipos al gobierno, y reducción del saldo de la cuen- 
ta corriente á moneda papel al tipo de su cotización oficial. En el 
mes de noviembre resolvió el gobierno, en uso de una de las fa- 
cultades del convenio Mauá, canjear los billetes por notas de emi- 
sión nacional y que se quemara todo el material de emisión com- 
prado por el gobierno de Várela en Nueva York, cuya existencia 
según el decreto causaba profundos recelos en el público. 

El rescate de la emisión, con ayuda de los fuertes impuestos 
aplicados á ese objeto, se inició con energía á mediados de 1876. 
La cantidad quemada era de 700,090 pesos en junio, de cerca de 
1:000,000 en julio, de 2:500,000 en octubre, de 4:000,000 en 
marzo de 1877 y de 6:000^000 lardos al terminar este año. En fe 



258 LAS CRISIS EN EL URUGUAY 

brero de 1878, resolvió el gobierno retirar la cantidad mensual de 
de 34,000 pesos del fondo amortizante para aplicarla á otras exi- 
gencias del presupuesto, y subió naturalmente la prima del oro. 
En noviembre de 1879, dictáronse nuevas rebajas, que redujeron 
el fondo amortizante á 15,000 pesos mensuales, equivalentes á 
180,000 pesos al año. Al terminar el expresado año, sólo quedaba 
en circulación un saldo de tres y medio millones que fué amorti- 
zándose año tras año. Posteriormente se redujo mucho en la ley 
de presupuesto el fondo amortizante y hasta desapareció total- 
mente éste, quedando impago, segCm el anuario de la dirección de 
estadística un saldo de 166,659 pesos, que es de suponer (jue en 
buena parte se haya perdido, hecho corriente y perfectamente 
explicable en las emisiones bancarias. 

Así terminó la dolorosa crisis monetaria de 1875. Diremos an- 
tes de concluir que la ley de curso forzoso con efecto retroactivo, 
á la que el comercio de Montevideo puso tan formidable valla, 
encontró también dentro de la propia magistratura judicial resis- 
tencias que merecen mencionarse. Consta efectivamente en los 
anales de la comisión permanente, que en agosto de 1875 fué in- 
terpelado el ministerio con motivo de haberse pronunciado sen- 
tencias contradictorias acerca del verdadero alcance de la ley de 
23 de junio. Contestó el ministro que ya el poder ejecutivo había 
resuelto dirigirse á la asamblea en demanda de una resolución que 
impidiera la repetición de ese hecho. En septiembre del mismo año, 
se denunció á la comisión permanente una nueva sentencia del 
juzgado de comercio, desconociendo el principio del curso forzoso, 
á raíz de la ley de 24 de agosto que declaraba que los billetes de 
curso forzoso servirían para solventar toda clase de obligaciones 
pendientes, anteriores ó posteriores, sin que para lo contrario hu- 
biera acción en justicia de conformidad al artículo del código ci- 
vil que establece que no son renunciables las leyes de orden pú- 
blico. «No hay en toda nuestra historia, dijo el legislador interpe- 
lante, no hay en todas los fastos jurídicos de la república ejemplo 
de un escándalo igual». Otro de los legisladores sostuvo en cam- 
bio que la constitución garantizaba el derecho de propiedad y que 
la ley de curso forzoso era violatoria de esa prescripción constitu- 
cional. La comisión permanente dirigió una minuta de comunica- 



LA CR18(8 COMERCIAL DE 187i 259 

cíóa al tribunal, para que exigiera del juez inferior «la responsa- 
bilidad debida á fin de devolver á la ley hollada su soberanía». 
Replicó el tribunal, sosteniendo que la comisión permanente sólo 
está habilitada para dirigir advertencias al poder ejecutivo. Pero 
la comisión permanente insistió en su actitud, á pesar de las 
seguridades dadas por uno de sus miembros de que todas las opi- 
niones recogidas eran contralías al procedimiento seguido. 



CAPITULO IX 

I/a crisis comercial de 1890 



EL AHORRO DEL PAÍS 

Tuvo una liquidación rápida la crisis comercial de 1874, tanto 
porque no había tomado gran vuelo el período próspero, como 
porque los sucesos políticos y financieros del alio terrible obligaron 
á proceder sin prórrogas de ninguna especie. Sólo perduró la cri- 
sis monetaria, por las causas que hemos expuesto en el capítulo 
anterior. En realidad, desde el propio año 1875 se inicia con ener- 
gía el ahorro del país y se reanuda la reconstitución de los capita- 
les dislocados en la gran crisis de 1868, que la plaza no había te- 
nido el tiempo de reponer cuando volvió á asomar el período prós- 
pero bajo la presión de sucesos políticos altamente favorables, y 
de las remesas de metálico provocadas por el empréstito uruguayo. 
Denuncia el poder de ese ahorro el balance comercial de 1875 á 
1886, en cuyo período de doce años, las exportaciones subieron á 
doscientos treinta y siete millones y medio de pesos y las impor- 
taciones á 218:000,000, resultando á favor del país un saldo de 
diez y nueve millones y medio de pesos. En tan extenso período 
sólo una vez, en 1S85, las importaciones prevalecieron y entonces 
mismo el excedente fué de 22.000 pesos simplemente. 

Pero ese ahorro que provenía simultáneamente de la restricción 
de los consumos y del aumento efectivo de la producción nacio- 
nal, se iba acumulando perezosamente en las cajas de hierro, por la 
estrechez de los horizontes políticos y financieros, por la atmósfera 
de grandes desconfianzas que envolvía al país desde e! entroniza* 
miento del motín militar del 15 de enero de 1875. El último de 



LA CRISIS COMERCLA.L DE 1890 261 

los gobiernos de hecho, surgidos de ese movimiento brutal contra 
las instituciones, resolvió por fin en noviembre de 1886 saltar el 
abismo que lo separaba de la opinión páblica, mediante una con- 
ciliación política, amplia y llena de halagadoras perspectivas, que 
en seguida se afianzó con la renuncia del general Santos y el nom- 
bramiento del general Tajes para ocupar la presidencia de la re- 
pública. Con la conciliación política de noviembre se abren nue- 
vos rumbos á los hombres y á los capitales, suben los precios de 
la propiedad t,erritorial, adquieren impulso todos los títulos, se en- 
sancha considerablemente el crédito, se estimulan las importacio- 
nes y surge durante los años 1887, 1888 y 1889 una pasmosa ac- 
tividad en los negocios, de laque permite formarse idea la siguien- 
te lista de sociedades anónimas inscriptas durante esos tres años 
en el registro de comercio. 

INVASIÓN DE EMPRESAS 

Bancos: Nacional de la RepCiblica Oriental, capital 12:000,000 
de pesos; Constructor Oriental, 1:000,000; Constructor Uruguayo, 
2:000,000; Italiano del Uruguay, 2:000,000 Constructor Sudame- 
ricano, 10:000,000; España y Río de la Plata, 3:000,000; Crédito 
Auxiliar, 1:000,000; Popular Uruguayo, 1:000,000; Inglés de Bío 
Janeiro, 4:700,000; Español Uruguayo, 5:500,000; Minería Uru- 
guayo, 5:000,000; Cooperativo del Uruguay y í -aja de Ahorros, 
2:000,000; Crédito Auxiliar, 2:000,000; ítalo-Oriental, 8:000,000; 
de la Bolsa, 3:000,000; Departamental de la Colonia, 1:000,000; 
General Uruguayo 10:000,000 ; Trasatlántico del Uruguay, 
22:000,000; Cobranzas, locación y anticipos, 400,000; Popular, 
5:000,000; Hipotecario y Constructor de Tacuarembó, 1:000,000; 
Agrícola Industrial del Uruguay, 10:000,000; del Monte de Pie- 
dad y caja de ahorros de Montevideo, 10:000,000; del Plata, 
20:000,000; Monte de piedad y caja de ahorros, 10:000,000; Agrí- 
cola Comercial del Uruguay, 10:000,000; del Comercio minorista, 
1:000,000. 

Sociedades: La Maunheinn de seguros, 1:840,000; Ferrocarril 
norte del Uruguay, 1:645,000; Midland Uruguay Railway, no se 
indica capital; Ferrocarril Mediterráneo del Uruguay. 2:820,000; 

18 



rfM 



262 LAS CRISIS EN EL URUGUAY 

Lion Fire Insurance Company, 4:700,000; Campos auríferos del 
Uruguay, 1:410,000; Telegráfico-telefónica del Plata, 500,000; Na- 
cional de Crédito y Obras públicas, 20:000,000; Popular coopera- 
tiva de gas, 2:000,000, Nacional de consumidores de gas y luz 
eléctrica, 2:000,000; de seguros La Plata, 3:000,000; Uruguaya de 
gas y luz eléctrica, 2:000,000; Nacional de alumbrado, 2:000,000; 
The Central Uruguay Northern Extensión Railway Company, 
4:700,000, Nacional de luz eléctrica, 2:000,000; Telefónica Na- 
cional, 300,000; General de circunvalación, 300,000; Navegación 
del Este, 350,000; Telefónica de Montevideo, 846,000; Coopera- 
tiva de lavaderos económicos á vapor, 5C,000; Ganadería y agri- 
cultura, 5:000,000; Industrial Uruguaya tipo- litografía, 500,000; 
Salvataje y navegación del Este, 1:000,000; The Agency Com- 
pany, 235,000; Vitícola Uruguaya, 120,000; Crédito Real Uru- 
guayo, 5:000,000; Industrias nacionales «La Estrella», 300,000; 
Cooperativa de carruajes de alquiler, ómnibus y servicio fúnebre, 
500,000; Monte de Piedad y caja de ahorros, 10:000,000; La In- 
dustrial, 5:000,000 ; Cooperativa telefónica nacional, 300,000; 
Caja de crédito Uruguayo, 1:500,000; Elaboradora de productos 
pecuarios, 1:000,000; Constructora de afirmados, 2:000,000; la 
Unión Gallega, 20,000; Agencia de tierras, 1:000,000; Lloyd Uru- 
guayo, 5:000,000; Crédito Mercantil lüüo-Platecse, 10:000,000; 
Unión y progreso, 10:000,000; agrícola industrial, 250,000; Pres 
tadoRi nacional, 200,000; General de crédito de la Repdblica 
Oriental 7:000,000; Agricola industrial «La Candelaria», 40,000; 
Minas de Quanandí, 2:000,000; Monte de Piedad uruguayo^ 
2:000,000; El Progreso, 20,000; Mensajerías fluviales del Plata, 
1:000,000; (.^ooperativa de consumo 250,000; Gran destilería 
Oriental, 400,000; La Uruguay, 1:000,000; (^ervecería Montevi- 
deana, 200,000; Mercantil del Plaüi, 1:000,000; Gran hotel bal- 
neario en la playa Ramírez, 300,000; Teatro Solís, 557,000; Enoló- 
gica Uruguaya, 220,000; Lancheros reunidos, 1 :000,000; Artigas, 
500,000; 1 ja vado y planchado mecánico, 100,000; Obrera nacional, 
100,000; «Consumo de carne», 100,000; Elaboración de sebos, 
50,000; Lavaderos á vapor sistema Girvan, 200,000; Vitícola Sal- 
teña, 210,000; La internacional, 2:000,000; Mercado Central de 
frutos, 2:000,000; Protectora agrícola, 1:000,000; Coopeativa de 



LA CRISIS COMERCIAL DE 1890 263 

panadería, 300,000 ; Colonización y fomento del Uruguay, 
5:000,000; Crédito oriental, 10:000,000; ítalo Uruguaya, 1:000,000 
Liceo Nacional, 25,000; Crédito unido, 5:000,000; Cabana Pa- 
raíso, 300,000; Farmacia y droguería, 500,000; Consumo de car- 
bón y leña, 4:000,000; Carruajes de alquiler y servicio de mudan- 
zas, 3,000,000; Constructora nacional, 500,000; Edificadora de 
Montevideo, 1:000,000; Protectora pastoril y agrícola, 500,000; 
Fomento y colonización del Uruguay, 235,000; Gran cervecería 
nacional, 300,000; Tapicería y mueblería, 40,000; Unión italiana, 
de seguros, 3:000,000; Monte de Piedad y caja de ahorros de 
Montevideo, 10:000,000; Cervecería Germania, 250,000; Auxiliar 
de crédito y alquileres, 600,000; Caja nacional de pequeños prés- 
tamos y descuentos, 500,000; Cargadores unidos del Río de la 
Plata, 40,000; Caja de ahorros, 2:000,000; Caja nacional Uru- 
guaya, 2:000,000; Compañía general de inquilinato, 400,000; Uru- 
guay Great Eastern Extensión Railway, 5:000,000; The Royal, 
9:400,000; La telefónica nacional cooperativa, 500,000; Teatro 
Oriental, 400,000; Tranvía nacional de Montevideo, 6:000,000; 
Central Uruguay Eastern Extensión Railway, 4:700,000; Fomen- 
to y colonización del Uruguay, 2:350,000; Cooperativa de sastre- 
ría, 200,000; Tierras, canales y colonias, 5:000,000; Auxiliar de 
crédito y alquileres, 600,000; Club oriental de velocipidistas, 
50,000; Forestal colonizadora uruguaya, 1:000,000; cooperativa 
cLa Unidad», 200,000; Cooperativa la Unión Industrial, 150,000; 
Teatro popular, 10,000; Bazar y peluquería, 100,000; Hipódromo 
Viera y Benavíde.:, 6,000; Canteras mármol del Uruguay, 
1:050,000; Industrial, molino progreso, 250,000; Edificadora sud- 
americana, 2:000,000; Unión comercial, 1:000,000; edificio para el 
Centro Comercial, 200,000; Edificadora Uruguaya, 2:000,000; 
Monte de Piedad Uruguayo 4:000,000; Mercantil hispano-pla- 
tense, 10:000,000. 

Aproxímase el capital inscripto de todos estos bancos y socieda- 
des á 400:000,000 de pesos. Los anuarios de la dirección de es- 
tadística correspondientes á 1888 y 1889, arrojan la cifra más alta 
de 541:000,000, por haberse repetido en el último de esos años 
varias sociedades ya computadas en el anterior, y que tuvieron se- 
guramente que solicitar un nuevo registro por efecto de alterado- 



264 LAS CRISIS EN EL URUGUAY 

nes en los estatutos. Tratándose de un país que sólo contaba ei\ 
esos momentos al rededor de 700,000 habitantes, es un nivel altí- 
simo que da idea del estado de completa efervescencia é inconce- 
bibles alucinaciones en que vivía la población. Tocó al banco Na- 
cional iniciar el arranque. A principios de julio de 1887, llamó el 
sindicato al póblico á suscribir veinte mil acciones representativas 
de un capital de 2:000,000 de pesos. Y en los diez días que 
permanecieron abiertos los registros, la suscripción alcanzó á 
16:000,000. En las postrimerías del período progreso, otro banco 
de especulación, el banco Trasatlántico, llamó á suscribir veinte 
mil acciones de 100 pesos cada una. Pues bien: según los avisos 
oficiales de la referida institución y las informaciones concordan- 
tes de la prensa, fueron suscritas ciento cuarenta y dos mil accio- 
nes por más de nueve mil solicitantes. El noventa por ciento de 
las personas que se agolpaban en busca de certificados de accio- 
nes, ni vagamente hubiera podido responder á cualquier pregunta 
relativa al destino del capital y á las seguridades de buena admi- 
nistración que ofrecían los directorios. La pasión del juego, la 
fiebre de las ganancias, mareaban á todo el mundo. Del escritorio 
en que se realizaba la inscripción, marchaba la gente á la bolsa, 
para pagar las cuotas si el título se inflaba, ó no entregar nada á 
la sociedad en caso contrario. En muchos casos, el negocio que- 
daba liquidado en el acto mediante la venta de los certificados, 
con gruesos beneficios, á los que no habían tenido la fortuna de 
hacerse anotar con tiempo en el registro de suscripción de accio- 
nes. 

RECURSOS PARA LA ESPECULACIÓN 

Ese pasmoso desenvolvimiento de las sociedades anónimas, estaba 
singularmente favorecido por la abundancia del dinero en plaza, 
gracias al ahorro del país y al poder de absorción del crédito pu- 
blico y del crédito particular. De la energía del ahorro del país 
dan idea la tasa del descuento al 3 ^^^ y el interés de los vales al 
5 %, durante algunos meses de 1885, según los cuadros del anua- 
rio de estadística de ese año. La baja del dinero á los mencionados 
tipos, podía denunciar falta de actividad industrial, escasez de co- 



LA CRISIS COMERCIAL DE 1890 265 



locaciones, pero revelaba sobre todo y en primer término abun- 
dancia extrema de metálico. Del poder de absorción del crédito 
público y particular, dan idea entre otros hechos !a creciente lo- 
calizacidn de la deuda unificada en Londres, los empréstitos exter- 
nos y las empresas constituidas ó los negocios realizados durante 
el período próspero sobre la base del capital extranjero. 

Cuando se abordóla unificación de deudas en 1883, la gran 
masa de títulos estaba situada en la plaza de Montevideo. El ser- 
vicio de intereses y amortización realizado el 1 .® de abril de 1884 
sobre un monto de 11:127,000 libras esterlinas, demostró que en 
Montevideo había 6:808,500 y en Londres 4:318,500 libras. El 
servicio de 1.® de enero de 1885, sobre un monto circulante de 
11:084,700 libras, denunció en Montevideo 5:131,800 y en Lon- 
dres 5:952,900; en 1.® de enero de 1886, sobre un monto de 
.11:025,900, había en Montevideo 4:166,100 y en Londres 
6:859,800; en 1." de enero de 1887, sobre un monto de 10:964,200 
había en Montevideo 3:194,100, y en Londes 7:770,100; en 1.*^ de 
enero de 1888, sobre un monto de 10:899,000, había en Montevideo 
5:549,600 y en Londres 5:349,400; en l.« de enero de 1889, 
sobre un monto de 10:830,700, había en Montevideo 3:487,500 y 
en Londres 7:343,200; en 1.** de enero de 1890 sobre un total de 
10:759,000, había en Montevideo 2:992,200 y en Londres 
7:766,800; en l.« de enero de 1891, sobre un total de 10:683,500, 
tenía Montevideo 2:215,800 y Londres 8:467,700 libras. Compa- 
rando los dos términos extremos, resulta que en el período trans- 
currido desde el 1.® de abril de 1884 al l.'^ de enero de 1891, el 
mercado inglés elevó su circulación de 4:318,500 á 8:467,700 li 
bras, absorbiendo, en consecuencia, de nuestra plaza cerca de 
veinte mülones de pesos 7iominaIes, A medida que se afianzaba la 
seguridad en el exacto servicio de la deuda y que mejoraba la si- 
tuación política y económica, crecían las exportaciones de títulos 
y se levantaba el nivel de nuestro crédito público. En enero de 
1886, la unificada de 5 % de interés, valía el 39 %. En diciem- 
bre del mismo año, producida ya la conciliación, el 49 %. En 
mayo de 1887, el 73 %. En septiembre de 1888, el 75 %. Al 
año siguiente era excedido este tipo y la unificada, que gozaba 
gran prestigio, como título de renta, podía utilizarse más que nunca 



r 



266 LAS CRISIS EN EL URUGUAY 



como letra de cambio para cbancelar los saldos desfavorables del 
comercio exterior. A los recursos que por concepto de cambio de 
plaza producía ai país la unificada, hay que agregar las remesas de 
los diversos empréstitos extemos que durante el mismo período 
mantuvieron y acentuaron la actividad del mercado. En 1 888 se con- 
trataron el empréstito de conversión y obras públicas de 20:000,000 
de pesos nominales^ destinado á la conversión de los consolidados 
de 1886 y á obras de vialidad y colonización, y el empréstito mu- 
nicipal, por seis millones de pesos nominales. En 1890, se contra- 
tó el empréstito de 9:400,000 pesos, para hacer frente al rescate 
de los bonos del tesoro caucionados por el banco Nacional y al 
pago del déficit. En conjunto, treinta y cinco millones y medio de 
pesos nominales, que agregados á la unificada que cambió de pla- 
za, arrojan un monto de cincuenta y cinco millonea. Hay que con- 
putar finalmente algunas partidas con que los capitalistas argen- 
tinos colaboraron en nuestro movimiento imflacionista hasta me- 
diados de 1889, en que la tremenda depreciación del billete y la 
crisis que estalló del otro lado del Plata provocaron la extracción 
de las mismas cantidades, y todas las remesas del mercado inglés 
por concepto de negociación de tranvías, cauciones de acciones y 
cédulas del banco Nacional, ferrocarriles, bancos y sociedades 
anónimas de diverso género, organizadas por el capital inglés ú, la 
sombra de nuestro movimiento inflacionista. 

Bajo la presión de esa masa enorme de recursos, proporcionada 
por el ahorro del país y por la colaboración de los capitales ex- 
tranjeros que afluían al mercado en busca de colocaciones de todo 
género, debían surgir espontáneamente, y surgieron centenares de 
sindicatos y de empresas, llamadas á forzar los precios de la pro- 
piedad territorial, de los fondos públicos y de todos los títulos co- 
tizables. En esa tarea fueron acompañados los grandes especula- 
dores por los poderes públicos, que tomaron desde el primer mo- 
mento participación activísima en negocios reservados al juego 
natural de los capitales y de la bolsa. El empréstito de conversión 
y obras públicas fué votado para salvar al sindicato del banco Na- 
cional, que había acaparado una gran cantidad de consolidados de 
1886, levantando el tipo de cotización de estos papeles del 55 ^¡oo 
que regía en diciembre de 1886 á las proximidades de la par, con 



LA CRISIS COMERCIAL DE 1890 267 

/- — - — — ^ — — — . 

grave riesgo de la flamante institución de crédito que empezaba á 
funcionar con una parte considerable de su capital empantanado. 
Poco tiempo después de consumado por el erario público ese sa- 
crificio, promovió el mismo grupo financiero otra especulación en 
acciones del banco, estimulado en su empresa por la seguridad de 
obtener el monopolio de la emisión, primer paso sin duda alguna 
de un vasto plan de curso forzoso. Las acciones de cien pesos fue- 
ron rápidamente llevadas al 200 % y la conquista del monopolio 
parecía asegurada. Felizmente, nuestra plaza se alzó contra el 
ataque míís ó menos encubierto que se iniciaba y al gobierno le 
faltó empuje para llevar adelante los planes ya esbozados, pro- 
duciéndose entonces el derrumbe de las acciones. Nuevas y de- 
sastrosas especulaciones al alza inició luego el mismo sindicato con 
ayuda de las acciones de la compañía de crédito y obras públicas, 
estimuladas indirectamente por el gobierno y directamente por el 
banco Nacional, cuya institución ya había quemado en la bolsa la 
mayor parte de sus caudales, y quemó todavía el resto en graves 
aventuras de excepcional resonancia financiera en la llamada 
«Cuenta especial», que se devoró el remanente del empréstito de 
conversión y obras públicas, y en la famosa negociación del ferro- 
carril del norte, en que tuvieron intervención principalísima el 
gobierno y el banco, dándose á uno de los grandes especuladores 
un millón y medio de pesos á título de precio de una línea férrea 
que no pertenecía al vendedor y que en consecuencia jamás fué 
transferida al estado. 

SE PRODUCE EL DERRUMBE 

Dejando de lado las oscilaciones más ó menos fuertes, pero 
transitorias, ocurridas en la bolsa, puede localizarse el estaciona 
miento general de los precios en las postrimerías del año 1889. Al 
principio se juzgó que se trataba de un fenómeno puramente pa- 
sajero, á pesar de los grandes dencalabros bursátiles del mes de 
diciembre y del descenso considerable de la propiedad territorial 
que se inició casi inmediatamente y que tuvo su repercusión más 
alta al año siguiente. Participando de esa creencia, el gobierno pro- 
yectó y contrató el empréstito de nueve millones cuatrocientos 



268 LAS CRISIS EX EL URUGUAY 

mil pesos, destinado á cubrir el déficit hasta junio de 1890 y po- 
ner á flote al banco Nacional, mediante el rescate de los bonos del 
tesoro y la chancelación de su cuenta corriente con el erario pú- 
blico. La quiebra del referido establecimiento, ocurrida en el mes 
de julio, pocos días después de la restauración de una parto de 
sus fondos, abrió recién los ojos del país y del gobierno acerca de 
la magnitud de la crisis que todos se empeñaban en negar, en la 
creencia verdaderamente infantil de que por ese medio el período 
próspero quedaría reanudado sin grandes esfuerzos. 

Nada refleja tan elocuentemente la gravedad de las orgías de 
la época, como el balance estimativo publicado por el directorio 
del banco Nacional en el mes de julio de 1891. El capital integrado 
era de diez millones y del balance resulta que dicho capital había 
desaparecido en estas tres grandes cuentas: superior gobierno, nego- 
ciación del ferrocarril del norte, 1:734,046; saldo que adeuda don 
Eduardo Casey, 4:525,922; cuenta especial, 2:914,761. Monto de 
las tres partidas, 9:174,729 pesos. Establecía el directorio que el 
activo del banco, resultante de los libros, montaba á 33:857,334 
pesos, pero que era menester una rebaja de 8: 705,649 pesos, á tí- 
tulo de pérdidas en los tres años de funcionamiento del estableci- 
miento. Y los hechos demostraron después, que el cálculo de las 
pérdidas era extraordinariamente bajo, pues el directorio con el 
propósito de ocultar la gravedad del desastre ó influenciado toda- 
vía por los espejismos del período próspero, daba como buenos 
fuertes saldos adeudados por insolventes, y seguía aforando los 
inmuebles del establecimiento á los precios estupendos de lósanos 
anteriores. He aquí la explicación de la bancarrota, que registra la 
memoria del año 1890: «Desvanecidas con terrible rapidez las 
ilusiones que dieron pábulo á tanta especulación en ambas orillas 
del Plata, vino el desastre y en él sucumbieron naturalmente en 
primer término aquellas instituciones que prestaron sus capitales, 
no para el aumento lento pero seguro de la producción ganadera, 
agrícola é industrial, sino á aquellas personas que creyendo siem- 
pre en un aumento consecutivo y constante del valor de las cosas, 
emplearon para fines de especulación exclusiva los capitales que 
se les habían entregado. La parte colosal y desproporcionada que 
esa clase de préstamos alcanzó en la cartera del banco Nacional, 



LA CRISIS COMERCIAL DE 1890 269 

inmovilizó de tal manera sus recursos, que no pudiendo continuar 
la conversión á la vista, vióse obligado á manifestarlo así al go- 
bierno, llegando á perder de tal manera el crédito la institución, que 
sus billetes llegaron á cotizarse al terminar el ejercicio con 50 /^ 
de pérdida sobre su monto nominal, á pesar de las leyes dictadas 
por el cuerpo legislativo con el objeto de valorizar y dar empleo 
á nuestra emisión». 

EL BILLETE INCONVERTIBLE.— ACTITUD DE LA PLAZA 

Librado el banco á la acción de los tribunales, habría liquidado 
rápidamente la crisis. Desgraciadamente, esta vez, como en 1868, 
intervino el gobierno y se complicó extraordinariamente la situa- 
ción, aplazándose una catástrofe que tenía que producirse de todos 
modos. La ley de 7 de julio de 1890, suspendió la conversión por el 
término de seis meses; separó de las demás oficinas el departamento 
de emisión, que fué entregado á una comisión fiscal de tres perso- 
nas, encargada de tomar del banco los valores que juzgase más só- 
lidos y realizables para constituir el fondo de garantía de los bille- 
tes; declaró limitada la emisión mayor al monto del capital realiza- 
do del banco, que era de 10:196,440 pesos y estableció como límite 
de la emisión menor la suma de dos y medio millones; acordó la 
garantía del estado á la emisión hasta noventa días después de res- 
tablecida la conversión; agregó que los billetes inconvertibles serían 
considerados moneda legal y recibidos por su valor escrito por to- 
das las oficinas públicas, en pago de impuestos y contribuciones, 
salvo el 20 % de los derechos de aduana que se recaudaría á oro 
á fin de reforzar el fondo de conversión; que en las transacciones 
particulares, los billetes inconvertibles serían recibidos como mo- 
neda legal, sin perjuicio de respetarse lo pactado por las partes 
en los contratos anteriores ó posteriores á la promulgación de la 
ley; que el banco quedaba obligado á recibir á papel el servicio de 
los préstamos hipotecarios, pero tendría que hacer á oro el ser- 
vicio de las cédulas hipotecarias; que toda la deuda páblica con- 
solidada, interna y extema, se serviría exclusivamente á oro. Po- 
cos días después, el comercio de Montevideo renovaba en estos 
textuales términos el convenio salvador de 1875: «En el deseo de 



270 LAS CRISIS EN EL URUGUAY 



robustecer y dar mayor eficacia á las disposiciones vigentes que 
aseguran el pago en oro de las obligaciones contraídas bajo la fe 
y la garantía de esas mismas disposiciones, y con el propósito 
también de desvanecer todas las dudas en el porvenir, dando de 
esta manera mayor amplitud al crédito y contribuyendo así íí faci- 
litar tanto la breve terminación de la crisis pendiente, como el 
cumplimiento de las disposiciones dictadas para solucionarla, los 
que suscriben resuelven y se obligan solemnemente: á no ampa- 
rarse en ningán caso á ninguna ley ú otra disposición cualquiera 
que establezca el curso forzoso con efecto retroactivo, y :í satis- 
facer en oro sellado todos sus compromisos, salvo los (¡ue ha- 
yan sido ó que puedan ser contraído? en papel moneda de curso 
legal ó de curso forzoso; á suspender toda clase de transacción 
comercial; y á retirar el crédito á todos los que faltaren á lo esta- 
blecido en el artículo anterior.» 

Fué suscrito el compromiso que acabamos de reproducir por 
5ñ0 firmas comerciales, entre las que figuraban los bancos Comer- 
cial, Londres y Río de la Plata, Londres y Brasil, Inglés del Río 
de la Plata, Italiano del Uruguay, España del Uruguay, Francés, 
ítalo-Oriental, Inglés de Río Janeiro y todas las principales y más 
prestigiosas casas de comercio. Ya quedaba desmonetizado el bi- 
llete inconvertible, cuyas grandes oscilaciones en la bolsa, que 
pueden consultarse en el cuadro que publicamos en el capítulo re- 
lativo á la legislación monetaria, sólo podían perjudicar y perjudi- 
caban grandemente al erario público, obligado á recibir el billete 
inconvertible por su valor escrito en pago de impuestos y á pagar 
en oro el servicio de las deudas públicas que absorbía alrededor 
de 6:000,000 de pesos al año. Al metalizar los billetes se perdían 
diferencias considerables, y obligado por ellas, pidió y obtuvo el go- 
bierno la ley de 26 de julio del propio año 1890, que registra las si- 
guientes alteraciones al régimen anterior: el pago de los impuestos 
y la chancelación de los presupuestos se efectuaría en billetes in- 
convertibles al tipo más alto de su cotización bursátil en la víspera 
del pago; para hacer frente al servicio de la deuda pública, sin los 
peligros de la metalización de los billetes, el poder ejecutivo po- 
dría exigir en oro los derechos de aduana, total ó parcialmente; re- 
ducíase á 9:000,000 el monto de la emisión mayor y menor auto- 



LA CRISIS COMERCIAL DE 1890 271 

rizada; y quedaba derogada la díspogición de la ley anterior que había 
creado un fondo de conversión á expensas del producto del 20 % 
de los derechos de aduana. Al reglamentar esta ley, y en uso de las 
facultades por ella concedidas, estableció el poder ejecutivo que 
hasta nueva resolución los derechos de aduana se pagarían en pa- 
pel al tipo de su más alta contización bursátil y que en todo pago 
de 20 pesos arriba, se entregaría el 10 % en emisión menor. 

Era evidente la imposibilidad de restablecer el régimen metá- 
lico dentro del plazo de los seis meses acordados por la ley de in- 
conversión. Las leyes de 19 de diciembre de 1890 autorizaron la 
prórroga del plazo hasta 1." de julio de 1891; planearon la reor- 
ganización del banco sobre la base de una nueva serie de cien mil 
acciones que podrían enajenarse ó entregarse al gobierno en ga- 
rantía de un empréstito de 10:000,000 para consumar la conver- 
sión; autorizaron al gobierno para contratar un empréstito de 
10:000,000 de pesos oro, mediante la emisión de títulos por un va- 
lor nominal de 14:500,000 encaso de venta y 16:000,000 en caso 
de caución ó garantía; y crearon, sobre la base de la se(;ción hipo- 
tecaria del banco nacional, un establecimiento nuevo, el banco Hi- 
potecario, con capital de 3:000,000 que se formaría á expensas de 
las segundas hipotecas por 786,000 pesos otorgadas á favor de la 
sección comercial, 1:800,000 pesos en títulos hipotecarios y 
500,000 pesos en metálico, todo lo cual se extraería del banco Na- 
cional. Fué previsora la asamblea en lo que se refiere á la prórroga 
de la inconversión. El plazo primitivo de seis meses vencía el 7 de 
enero de 1891. Dos días antes deesa fecha declaró el gobierno 
que era imposible consumar inmediatamente la conversión. Agre- 
gaba el decreto, c para evitar ó atenuar los graves perjuicios que 
ocasionaba la desconfianza pública respecto á la efectividad de la 
conversión garantida por el estado», que el banco retiraría 300,000 
pesos mensuales de la circulación; que el saldo circulante el día 
1.** de julio sería convertido en oro ó retirado de la plaza mediante 
la realización de los valores de cartera existentes en poder de la 
comisión fiscal; que el banco dispondría para el rescate del pro- 
ducto del 5 % adicional de importación; que la emisión cir- 
culante estaba reducida á cuatro y medio millones, garantidos por 
ocho millones en valores de cartera; que los derechos de aduana 



272 LAS CRISIS EN EL URUGUAY 

podrían pagarse en oro ó en billetes al tipo de su más alta cotiza- 
ción el día del pago. Este último beneficio fué extendido á todos 
los impuestos por el decreto de 19 de enero de 1891. Como con- 
secuencia de la nueva situación creada á los billetes, prohibió el 
gobierno desde el mes de mayo la cotización del oro en la bolsa, 
fundando esa prohibición en que los billetes del banco sólo ejer- 
cían funciones de moneda por su valor escrito, en el cobro y pago 
de las obligaciones del establecimiento emisor, al mismo título que 
las cédulas en la sección hipotecaria, y que así como sería absurdo 
expresar en las cotizaciones oficiales que el oro tiene .^0 % de 
premio sobre las cédulas, lo era cotizar el premio del metiílieo so- 
bre billetes que no constituían el padrón de nuestra circulación 
monetaria. Desde ese momento, en vez de cotizarse el oro, se co- 
tizaron los billetes. 

No pudo realizarse el empréstito de conversión que debía ser- 
vir de base al vasto plan de reorganización banearia trazado por 
las leyes de 19 de diciembre de 1890. La situación financiera del 
país era mala y lo que es en Londres estaba lejos de ser tranqui- 
lizadora. En los mismos momentos en que nuestras cámaras discu- 
tían las condiciones del empréstito, la casa Bariug Brothers caía 
de su alto pedestal aplastada por la crisis del Río de la Plata, de- 
cretando el fracaso de la proyectada operación. Siguió buscando 
el gobierno el concurso del capital extranjero, al que suponía la 
virtud maravillosa de arrancar de sus escombros al banco Nacio- 
nal, y obtuvo tras largos cmpeñoH del banco Popular de Río Janeiro 
un empréstito de tres millones de pesos oro, con 1^ garantía de la 
nación. Gracias á ese auxilio, fué reabierta la conversión de la emi- 
sión menor el 23 de mayo, y pudo hacerse efectivo el pago de la 
emisión mayor desde el 1." de julio. Era un pequeño paréntesis al 
estado de quiebra. Todos los caudales del establecimiento habían 
sido devorados por la bolsa, y el sacrificio que acaba de consu- 
mar el estado no tenía ni podía tener compensaciones efectivas. 
Un hecho accidental, la clausura del banco Inglés del Río de la 
Plata, por haber suspendido pagos la casa matriz radicada en Lon- 
dres, promovió el 20 del propio mes de julio nuevas y grandes 
desconfianzas que obligaron en el acto al banco Nacional á cerrar 
sus puertas. Para impedir la declaración de quiebra, el gobierno 



LA CRISIS COMERCIAL DE 1890 273 

declaró feriados varios días seguidos^ hasta dar tiempo á la pro- 
mulgación de la ley de l.^ de agosto de 1891, que otorgó al banco 
treinta días de moratorias y mandó suspender por el mismo térmi- 
no la liquidación de todas las operaciones de bolsa. Vencido el 
mes, quedó expresamente prorrogado el régimen de las moratorias 
y de suspensión de las liquidaciones pendientes de bolsa, á la es- 
pera de una nueva ley que debería fijar definitivamente la condi- 
ción del banci» quebrado. De prórroga en prórroga, concluyó final- 
mente el estado por hacerse cargo del activo y pasivo del banco 
Nacional, en las condiciones que señalaremos al ocupamos de la 
legislación bancaria de la repáblica. 

Con la caída del banco Inglés del Río de la Plata y la quiebra 
reincidente del banco Nacional, quedó en dificultades el tesoro pú- 
blico para continuar el servicio de las deudas consolidadas. Ambos 
establecimientos comprometían, en efecto, fondos destinados á ese 
fin y la bancarrota que ya estaba en ciernes, se declaró francamen- 
te y sin ambajes, dando lugar al concordato de 1891 y á las de- 
más medidas financieras de que hemos tenido que ocupamos al 
examinar el origen de nuestras deudas públicas. 

Un dato altamente tranquilizador y favorable á nuestro vie- 
jo régimen de bancos libres: el arqueo verificado oficialmente en 
los días 22, 23 y 24 de julio de 18dl, para examinar el estado de 
los bancos Inglés del Río de la Plata, Londres, España, Italiano 
del Uruguay é ítalo-Oriental, con motivo de la clausura del pri- 
mero de esos establecimientos, arrojó un encaje de 6:018,426.71 
pesos y una emisión circulante de 3:568,860.90 pesos. El encaje 
descomponíase así: argentinos de oro 416,445 piezas, equivalen- 
tes á 1:940,633.70 pesos; alemanas de 20 marcos 209,9^*7 piezas, 
equivalentes á 965,710.10; cóndores chilenos 100,247 piezas, 
equivalentes á 884,178.54; brasileñas 37,226 1/4 piezas, equiva- 
lentes á 393,109.20; monedas de 20 francos 66,927 piezas, equi- 
valentes á 249,637.71 pesos; esterlinas 224,859 1/2 piezas, equi- 
valeoteá á 1.-056,839.65 pesos; águilas 2,099 1/2 piezas, equiva- 
lentes á 20,281.17 pesos; varias monedas (incluidas las de plata y 
cobre), 39,403.24; billetes de banco, 362,656.80; cheques represen- 
tativos de oro. entregado para convertir billetes 105,976.80 pe- 
sos. 



274 LAS CRISIS EN EL URUGUAY 



FACTORES QUE INTERVINIERON EN LA CRISIS 

En el génesis de la crisis del año 1 890, actúan los mismos 
factores de los grandes trastornos económicos y financieros de 
1868 y 1874. Procuraremos enumerarlos con la mayor precisión 
posible: 

(a) Destácase en primer lugar durante el período próspero que 
antecedió á la crisis, el alza general de los precios y el consiguien- 
te desequilibrio entre las unidades monetarias y la masa general 
de los valores. El precio de la propiedad territorial duplicó, y en 
muchos casos, especialmente tratándose de los edificios y terrenos 
de la ciudad de Montevideo y de sus alrededores, hubo triplica- 
ción y cuadruplicación de valores. Las empresas y sociedades de 
todo género surgían por centenares, arrojando á la plaza grandes 
oleadas de títulos que adquirían alto favor en la bolsa. Solamente 
el banco Nacional alcanzó á emitir entre acciones y cédulas alre- 
dedor de 24:000,000 de pesos. Ponen de relieve el prodigio- 
so movimiento transaccional de la época, los siguientes datos 
relativos al valor de los bienes raíces enajenados, monto de los ca- 
pitales dados en préstamos con garantía hipotecaria y extensión 
de los frentes de los edificios construidos, que reproducimos en se- 
guida de las estadísticas oficiales: valor de la propiedad territo- 
rial vendida: 14:276,454 pesos en el año 1885; 9:859,703 pesos en 
el año 1886; 18:683,365 en el año 1887; 35:108,468 en el año 
1888; 63:546,624 en el año 1889; 29:273,198 en el año 1890; 
22:267,381 en el año 1891; monto de los capitales prestados en hi- 
poteca: 12:788,660 pesos en 1888; 27:821,673 en 1889; 22:569,360 
en 1890; 13:545,853 en 1891; extensión de los frentes edificados 
en Montevideo: 8,297 metros en 1886; 9,922 metros en 1887; 
11,943 metros en 1888; 13,519 metros en 1889; 12,448 metros en 
1890; 6,045 metros en 1891. 

Con relación á la propiedad territorial, se ve que los guarismos 
de 1887 duplican el nivel del affo 1886; que en 1888, duplican 
aproximadamente los del año 1887; y que en el año culminante 
del período próspero en 1889, tienden también los guarismos á du- 
plicarse sobre la base del alto movimiento ya alcanzado. Los prés- 
tamos hipotecarios suben á su turno á más del doble en el año 



LA CRISIS COMERCIAL DE 1890 275 

1889. Refundiendo los registros de ventas y de hipotecas, resulta 
que en el expresado año, el monto movilizado fué de noventa y un 
y medio millones de pesos. Si todavía agregamos el valor oficial 
de las importaciones y exportaciones, la cantidad movilizada en el 
solo año 1889, sube al límite de ciento cincuenta y cuatro millones 
de pesos, sin contar el comercio de tránsito, el comercio interno y 
todas las ventas de valores muebles y derechos que fueron enor- 
mes. Finalmente el movimiento de edificación, aunque reducido 
en la estadística oficial al námero de permisos y al frente edifi- 
cado, datos muy incompletos, demuestra que en los cuatro años 
de 1887-1890, construyéronse alrededor de tres mil edificios nue- 
vos, sin computar reedificaciones, cuyos frentes se aproximan á 
la extraordinaria extensión de 48,000 metros. Tan considerable 
ensanche de la edificación puede y debe atribuirse al bienestar 
creciente de la población, que permitía la distribución de hogares 
antes confundidos en una misma casa, y al aumento de la pobla- 
ción por vía vegetativa y por inmigración. Acerca del movimiento 
migratorio, prueba por ejemplo la estadística oficial, que en los 
doce años coiTÍdos de 1875 á 1886 inclusives, entraron en Monte- 
video con procedencia de ultramar 115,953 pasajeros y salieron 
de nuestro puerto para ultramar 76,446, dejando un saldo favora- 
ble á la población de 39,507 almas. En el mismo período entraron 
de Buenos Aires 184,055 pasajeros y salieron para ese destino 
190,536, resultando un saldo desfavorable de 6,481, que reduce 
el aumento efectivo de la inmigi-ación á 33,026 pasajeros. He aquí 
ahora el movimiento habido en los cuatro años corridos de 1887 
á 1890: entradas de ultramar, 80,914; entradas de la Argentina 
197,336; salidas para ultramar, 44,363; salidas para la Argentina 
178,939. Quiere decir (jue en esos cuatro años el aumento de la 
población fué de cerca de 55,000 pasajeros, cifra notablemente 
superior á la de los doce años del período anterior. 

£1 movimiento de los banco'^ de emisión, en los meses de mar- 
zo y agosto de los nueve au'>^ comprendidos desde 1883 hasta 
1891, arroja las siguientes cifr.is reveladoras de la extrema expan- 
sión de los negocios en el período próspero: Situación en el mes 
DE MARZO: cuenta de caja, 3:296,327.56 pesos en 1883; 2:958,151.33 
en 1884; 5:933,313.72 en 1885; 9:31 7,930.62 en 1886; 7:825,283.65 



276 LAS CRISIS EN EL URUGUAY 

en 1887; 10:158,910.95 en, 1888; 19:228,509.60 en 1889; 
12:371,067.38 en 1890; 8:493376.36 en 1891; cuenta de deudo- 
res: 8:795,593.16 en 1883; 9:469,057.97 en 1884; 9:653,900.17 en 
1885; 12:434,466.19 en 1886; 16:834,315.45 en 1887; 45:583,785.90 
en 1888; 70:149,500.85 en 1889; 100:141.293.98 en 1890 
94:503,828.22 en im\; cuenta de capital: 2:436,042.13 en 1883: 
2:436,042.13 en 1884; 3:094,000 en 1885; 4:034,000 en 1886; 
4:034,000 en 1887; 16:950,000 en 1888; 19:950,000 en 1889; 
19:950,000 en 1890; 20:050,000 en \%9\; cuenta de emisión. 
3:647,610 en 1883; 4:128,990 en 1884; 4:588,030 en 1885 
5:759,590 en 1886; 7:130,820 en 1887; 10:112,934.20 en 1888; 
14:946,364.30 en 1889; 15:361,611.60 en 1890; 8:896,427.30 en 
1891; cuenta de acreedores: 6:008,268.59 en 1883; 5:862,177.17 
en 1884; 7:905,183,89 en 1885; 11:958,806.81 en 1886; 
13:494,779.10 en 1887; 28:679,762,65 en 1888: 54:481,646.15 en 
1889; 77:140,794.76 en 1890; 74:051,277.28 en 1891.— Situa- 
ción EN EL MES DE ACJOSTO: Cuenta de caja, 4:271,808.05 en 1883; 
5:068.847.04 en 1884; 6:245,787.51 en 188.5; 7:309,416.91 en 
1886; ll:237,289.43en 1887; 14:392,539.38 en 1888; 15:745,223.11 
en 1889: 8:182,322.15 en 1890; 3:730,617.92 en 1891; cuenta 
de deudores: 8:878,411.56 en 1883; 8:925,382..-J3 en 1884; 
9:993,762.23 en 1885; 14:384,690.97 en 1886; 40:488,217.92 
en 1887; 53:800,909.37 en 1888; 94:042,798,99 en 1889; 
114:165,711.16 en 1890; 21:498,413.51 en 1891; cufinla de capi- 
tal: 2:436,042.13 en 1883; 2:436.042.13 en 1884; 3:094,000 en 
1885; 4:034,000 en 1886; 16:344,000 en 1887; 16:950,000 en 
1888; 19:950,000 en 1889; 27:950;000 en 1890; 6:800,000 en 
1891; cuenta de emisión: 3:741,780 en 1883; 3:998,350 en 1884; 
4:834,330 en 188.5; 6:089,730 en 1886; 6:779,751.60 en 1887; 
10:944,347.80 en 1888; 16:296,686.30 en 1889; 10:360,506.80 (1) 



En las cifras que anteccd(.'U hornos rosutntdo los balances de los signientes bancos, sobre 
la base (1«^ los avisos pnbliaidos en la prensa de la época: años 1883, 18is4 y 1885, Itancos Co- 
mercial y de Londres; año 18S6, los mismos y el Banco Inglés del Río d« la Plata; en marzo 
de lsS7, los mismos y en agosto el Banco Nací jnal además; en 18>^, los bancos Inglés, Loa- 
dnos, Italiano y Nacional, habiendo renunciado el Comercial A la emisión; en 1889, Ioa mismos 
y el banco de España; en marzo de 1890, los mismos y en agosto se agn^ga el banco ítalo- 
Or:.>ntal; en marzo de 18^1 los mismos y en agosto los mismos menos el Rauco Nacional y el 
Inglés del Río do la Plata qu7 cerraron sus puertas definí tí vamonte. 



LA CRISIS COMERCIAL DB 1890 277 

en 1890; 1:088.930 enl891; cuenta de acreedores: 6:972,397.48 
en 1883; 7:559,837.24 ea 1884; 8:311,219.74 en 1885; 
11:570,377.88 en 1886; 28:601,755.75 en 1887; 40;299,100.95 
en 1888; 73:541^35.80 en 1889; 84:037,526.48 en 1890; 
17:340,101.43 en 1891. 

Todos ios capítulos de los balances bancarios que acabamos de 
extractar, denuncian el crecimiento pasmoso de los negocios. Com- 
parando los meses de marzo de 1887 y 1889, comprendidos am- 
bos dentro del período próspero, se observa en la cuenta de caja 
un aumento de cerca de once y medio millones; en la cuenta de 
deudores un aumento de más de 53:000,000; en la cuenta de ca- 
pital un aumento de cerca de 16:000,000; en la cuenta de emisión 
un aumento de más de siete y medio millones; y en la cuenta de 
acreedores un aumento de 41:000,000. Es también notable el cre- 
cimiepto de que instruyen los balances de agosto, pues la caja 
aumenta en cuatro y medio millones, los deudores en cincuenta y 
tres y medio millones, el capital en tres millones y medio, la emi- 
sión en nueve y medio millones y los acreedores en 4 5:000,000. 
La comparación arroja resultados mucho más notables, tomando 
uno de los años anteriores al período próspero que arranca de las 
postrimerías del año 1886 ó de los comienzos del año 1887. Ad- 
vertiremos que el banco Nacional tenía dos secciones, completa- 
mente distintas, aunque ligadas á la misma suerte, la sección co- 
mercial y la sección hipotecaria, teniendo ésta positiva importan- 
cia. Así por ejemplo, el balance de agosto de 1889, registra en un 
activo de cerca de 62:000,000 estas partidas: escrituras en garan- 
tía de hipotecas 14:484,545 pesos; hipotecas urbanas 7:495,513; 
hipotecas rurales 2:397,192; y hace figurar en e¡ pasivo 9:893,700 
pesos en cédulas hipotecarias; 11:041,106 pesos en garantías de 
hipotecas urbanas y 3:443,438 en garantías de hipotecas rurales. 

(b) En los doce años corridos de 1875 á 1886 inclusives, el v%- 
lor oficial de las importaciones fué de 218:070,199 pesos y el de 
las exportaciones de frutos y productos del país de 237:548,953 
pesos, produciéndose en consecuencia un saldo favorable al país 
de diez y nueve y medio millones de pesos. Durante el período prós- 
pero, cambia totalmente la situación de la pLiza. El valor oficial de ' 
las importaciones fué de 24:615,944 pesos en 1887; 29:477,448 

19 



278 LAS CRISIS EN EL URUGUAY 

en 1888; 36:823,863 en 1889; 32:394,627 en 1890; y el valor de las 
exportaciones fué de 18:671,996 en 1887; de 28:008,254 en 18B8; 
de 25:954,107 en 1889, y de 29:085,519 en 1890. En los cuatro 
afios, el monto de las importaciones es de 123:311,882 pesos; y el 
monto de las exportaciones de 101:719,876, produciéndose en con- 
secuencia un saldo desfavorable al país de más de veintián millo- 
nes y medio de pesos, diferencia enorme agrandada por el movi^ 
miento de fondos páblicos y de otros títulos y papeles localizado^ 
en el extranjero que imponían al país fuertes remesas por concep- 
to de intereses, dividendos, amortizaciones 6 beneficios. 

£1 detalle de las importaciones, prueba que esa considerable 
expansión comercial, poco concurso podía aportar y aportó al 
acrecentamiento de nuestras industrias. Durante el quinquenio 
1886-1890, que abarca un afio más del período que venimos es- 
tudiando, los artículos de importación que representan un valor 
oficial de 100,000 pesos arriba en alguno de los años del referido 
período, pueden clasificarse en los siguientes rubros: bebidas 
19:781,928 pesos; comestibles y cereales 22:978,377; tabacos y ci- 
garros 2:577,436; ropa hecha y confecciones 5:219,846; otros ar- 
tículos fabricados 26:637,834; tejidos 18:925,255; materias para in* 
dustrias y construcciones 20:932,765; máquinas y herramientas 
3:110,776; animales en pie 1:711,621. En el rubro materias para 
las industrias y construcciones, figuran el carbón de piedra por 
4:272,000 pesos, la madera de pino por 4:200,000, el alambre para 
cerco por 2:384,000, el fierro y el acero por 2:637,000 y los rieles 
por 2:387,000. Fuera de algunos de esos artículos y de las herra- 
mientas y máquinas, toda la masa principal de los despachos está 
constituida por artículos de consumo personal adquiridos en ma- 
yor escala por efecto del bienestar creciente de todas las clases 
sociales. 

^n extremadamente deficientes los datos de la estadística ofi- 
cial acerca de las entradas y salidas de metálico amonedado. Es 
un servicio que todavía aguarda orgpnización, y cuyos datos no 
[)ueden en consecuencia reputarse exactos. Hecha esa advertencia, ' 
he aquí las cifras que arroja la estadística: desde 1878 hasta 1885, 
(ocho años) entraron al puerto de Montevideo, con procedencia del 
exterior 33:376,313 pesos y salieron para el exterior 33:111^835 



LA ORISIB OOMERCIAL DE 1890 279 

pesos, equilibrándose casi totalmente la balanza; desde 1886 hasta 
1890 (cinco años) la entrada de metálico fué de 29:376,944 pesos 
y la salida de 39:131,728 pesos, aproximándose á 10:000,000 las 
pérdidas para la plaza en ese período. La t¿isa de los cambios 
internacionales, es reveladora de frecuentes extracciones de me- 
tálico: durante el año 1 886, el cambio sobre Londres oscila de 
51 á 51 3/8 y el de París de 5.34 á 5.40, en el primer trimes- 
tre; alrededor del 50 3/4 ^ en los cuatro meses subsiguientes; 
luego sube á 5J 1/8, 51 1/2, 51 3/4, pasa el nivel del 52 y cierra 
con 51 3/4 y con 5.45 el de París; durante el año 1887, el cambio 
uobre Londres mantiénese de 51 á 51 1/8 y el de París de 5.37 á 
5.41 en los dos primeros meses, baja en los dos meses subsiguien • 
tes hasta 50 3/4, reacciona luego al 51 y se conserva alrededor de 
este tipo, cerrando de 51 1/4 á 51 5/8 el de Londres y de 5.40 á 
5.45 el de París. Durante el año 1888, el cambio sobre Londres 
oscila de 51 á 51 5/8 y el de París de 5.35 á 5.44 en los primeros 
cinco meses, desciende luego á 50 7/8 y vuelve á reaccionar aun- 
que muy débilmente, pues cierra el año con los precios de 51 1/16 
á 51 1/4 sobre Londres y 5.38 á 5.39 sobre París. Durante el año 
1900 el cambio abre de 51 á 51 1/4 sobre Londres y de 5.34 á 
5.38 sobre París, bajan rápidamente los tipos en febrero á 50 3/4 
y aunque más tarde mejora la situación del mercado, el hecho de 
haber cerrado los precios en noviembre y diciembre de 50 7/8 á 
61 1/2 sobre Londres y de 5.34 á 5.40 sobre París, denuncia la 
extrema flojedad de la reacción operada. 

Más extraordinariamente baja habría sido la tasa de los cambios 
sin el concurso de los valores internacionales de que pudo echar 
mano la plaza. Las constantes remesas de títulos de la deuda unifi- 
cada, los empréstitos de conversión y obras públicas, municipal y 
de rescate de los bonos de tesorería y los títulos de bancos, ferroca- 
rriles y otras empresas realizadas á expensas del capital extran- 
jero, permitieron chancelar muchas deudas. Los títulos y accio- 
nes internacionales, al localizarse en el extranjero, actíían efecti- 
vamente en el país de origen á la manera de un aumento en las 
exportaciones y pesan como un aumento en las importaciones 
cuando llega la oportunidad de pagar intcseses, dividendos, bene • 
ficios y amortizaciones. 



280 LAS CRISIS EN EL UHÜOÜAY 

(c) Desde el primer año del período próspero, desde 1887, la 
exportación sufrió un rudo golpe con la clausura de los puertos 
brasileños, medida dictada aparentemente para impedir el conta- 
gio del cólera y realmente para proteger la industria saladeril de 
Río Grande y castigar á los países del Plata por los altos derechos 
de aduana impuestos á los productos brasileños. Esa medida pro- 
vocó la suspensión de la faena saladeril, la depreciación de la rique- 
za pecuaria que perdía una de sus grandes salidas y el decaimiento 
de la misma propiedad territorial que no podía escapar al desastre 
del negocio de estancia. En una exposición que los saladeristas 
presentaron al gobierno, con ocasión del establecimiento del sala- 
dero del Cuareim en territorio brasileño^ avaluábanse en 18:000,000 
de pesos las pérdidas á que dio lugar esa suspensión de la faena 
saladeril, sobre la base de una baja de tres pesos en el precio co- 
rriente de cada animal vacuno. 

Dos años después, en 1889, precisamente en el apogeo del mo- 
vimiento inflacionista, ocurrió una gran mortandad en el ganado 
ovino, que se estimó en el treinta por ciento de las existencias, ate- 
nuada por la suba de las lanas en los mercados europeos y per- 
diéronse casi totalmente las cosechas de la agricultura, llevando la 
ruina al interior de la campaña y poniendo á la plaza en la nece- 
sidad de importar cantidades considerables de trigo, maíz y papas. 

Debe tenerse en cuenta también el descenso persistente de los 
precios de algunos de los principales artículos de nuestro comercio 
de exportación, como los cueros y las gorduras, ocasionado por el 
aumento de la producción en el mundo entero y por la competen- 
cia de los artículos llamados sucedáneos, de que instniyen los si- 
guientes guarismos que reproducimos de diversos cuadros de los 
anuarios de la dirección de estadística: cueros de novillo de sala- 
dero, de 67 á 68 libras, cotizados sucesivamente de 6.75 á 7.70 en 
el año 1885; de 5.70 á 7.50 en 1887; de 4.60 á 5.55 en 1888; de 
5.35 á 6.25 en 1889; de 5.55 á 6.27 en 1890; cueros de novillo de 
matadero, de 6.10 á 6.70 en 1885; de 5.35 á 7.30 en 1887; de 
4:50 á 5.90 en 1888; de 4.55 á 5.50 en 1889; de 4.40 á 5.80 en 
1890; cueros vacunos secos, americanos, de 21 libras, de 7.10 á 
7.50 en 1885; de 5.40 á 7.05 en 1887; de 5.20 á 6.00 en 1888; de 
4.40 á 5.40 en 1889; de 3.70 á 4.70 en 1890. 



LA CRISIS COMEBCIAL DE 1890 281 

(d) Otro factor indicaremos: el gobierno, que contribuyó con 
todas sus iniciativas y recursos á inflar los precios, desde el em- 
préstito de conversión y obras públicas, contratado con fines ex- 
clusivamente bursátiles, hasta la promesa de otorgar al banco Na- 
cional e! monopolio de la emisión y los diversos esfuerzos para 
mantener la suba de papeles á expensas de todos los caudales de 
aquella institución, y de negociaciones tan desastrosas con la com- 
pra del ferrocarril del Norte á quien no era dueño de la em- 
presa. 

Esa intervención desembozada durante el período próspero, 
para estimular y apoyar el inf lacionismo, imponía á los poderes 
públicos grandes y excepcionales deberes una vez estallada la crisis. 
Desgraciadamente, los errores continuaron, agravándose el desas- 
tre con desconfianzas que imponían la paralización en todos los 
negocios. Cuando quebró el banco privilegiado, en julio de 1890, 
era notorio para el país entero que el capital del mencionado esta- 
blecimiento estaba inmovilizado en tres ó cuatro cuentas absolu- 
tamente incobrables. Pero el gobierno se forjó la ilusión de que 
prestando al billete su garantía y contratándose empréstitos rui- 
nosos, podía el coloso levantarse de sus escombros. Ni la inefica- 
cia del sacrificio, ni la actitud 'enérgica y salvadora de la plaza 
que en el acto desmonetizó el billete, pudieron evitar que durante 
largo tiempo continuara la sombra pavorosa del curso forzoso 
ahuyentando al capital en lo más crudo de la liquidación de la 
crisis, agregándose á los males ya consumados otros inconvenientes 
graves, como la segunda quiebra del banco Nacional y la suspensión 
del servicio de las deudas públicas. La opinión oficial de la época 
atribuyó estas dos últimas catástrofes á la clausura del banco in- 
glés del Río de la Plata, ocasionada por la liquidación de la casa 
matriz en Tjondres, error inexcusable con el que pretendíase ocul- 
tar causas más hondas y permanentes á las que no eran extraños 
los poderes públicos. 

En el acto de cerrar sus puertas, la situación del banco inglés 
del Río de la Plata era la siguiente, según el estado que presentó á 
la comisión de hacienda de la c.'ímaL*a de diputados el gerente de esa 
institución señor Mac-Crindlc: emisión, 663,420 pesos; depósitos 
aplazo y ala vista, 2:602,620.32; monto del pasivo, 3:266,040.32; 



E" 



282 LAS CRISIS EN EL UHUOÜAT 



monto calculado del activo, 7:117,637.28 pesos; de cuya suma ha- 
bía en caja 764,101 pesos. No era, pues, un suceso como para 
despertar grandes alarmas, aún cuando naturalmente tenían que 
aumentar y aumentaron las desconfianzas públicas, que en primer 
término debían herir al banco Nacional por el estado de plena y 
absoluta quiebra en que lo había colocado la pérdida de su capital en 
especulaciones de bolsa. Tampoco podía invocarse para explicar la 
suspensión del servicio de las deudas públicas, tanto por la peque- 
nez de la suma comprometida, como por el hecho bien significativo 
de que cuando el banco Inglés cerraba sus puertas, ya estaba en 
viaje el doctor Ellaurí, comisionado del gobierno para realizar un 
arreglo con los tenedores de deuda en Londres y con las empresas 
de ferrocarriles garantidas, algunas de las cuales estaban impagas 
desde tiempo atrás. La suma de medio millón de pesos á que ha- 
cíanse ascender los giros por servicios de deudas, comprometida 
en la quiebra del banco Inglés, no hubiera bastado en ningún caso 
para interrumpir al menos las remesas posteriores. Es que así como 
el banco Nacional estaba quebrado de hecho, por la pérdida de todo 
su capital, el erario público recargado con obligaciones inmensas 
y bajo la presión de todos los errores cometidos durante la crisis, 
hallábase también abocado á la suspensión de pagos y debía pre- 
cipitarlo á la bancarrota cualquier contratiempo ocasional, como 
indudablemente lo era el suceso de que nos ocupamos. 

Las deudas públicas consolidadas habían subido á 90:000,000 en 
el año 1890, con un servicio anual de 6:000,000 de pesos, amén 
de otra partida de 1:250,000 pesos que el proyecto de presupuesto 
presentado en mayo de 1891, asignaba á garantías de ferrocarri- 
les. Las rentas en cambio habíanse deprimido fuertemente, como 
lo demuestra este resumen del quinquenio 1886-1887 á 1890-1891: 

Ejercicio 1886-87: monto de las rentas recaudadas 12:257,631, 
correspondiendo á la aduana de Montevideo 7:212,200; á las recep- 
torías 557,280; al impuesto inmobiliario de Montevideo 685,780; 
al impuesto inmobiliario de los departamentos 1:129,062; á las pa- 
tentes de giro 783,403; al papel sellado 330,022; á los timbres 
203,485; á los impuestos de instrucción primaria 175,223; al co- 
rreo 151,825; á la comandancia de marina 90,354; á la municipa- 
lidad de Montevideo 489,171; á la jefatura de Montevideo 12,165; 



LA CRISIS COMEKGIAL DE 1890 2^ 

áias municipalidades del interior 212^013; á las jefaturas del in- 
terior 33,556; á mareas y señales 3,494; á herencias, derecho de 
firmas, pesca de anfibios, etc., 124,653; al impuesto del I % so- 
bre pagos 63,937. Ejercido 1887-88: monto recaudado 13:212,499 
pesos, correspondiendo á la aduana de Montevideo 8:182,283; á 
las receptorías 402,732; á contribución inmobiliaria de Montevi- 
deo 645,191; á contribución inmobiliaria de los demás departa- 
mentos 908,448; á patentes de giro 888,688; íí papel sellado 
379,924; á timbres 253,643; íí instrucción primaria 191,310; á co- 
rreos 183,068; á comandancia de marina 11 1,365; á municipalidad 
de la capital 560,407; á jefatura de la capital 13,721; á municipa- 
lidades del interior 239,268; lí jefaturas del interior 32,315; á mar- 
cas y señales 2,745; íí herencias, finnasy anfibios 129,029; á 1 % 
sobre los pagos 88,353. Ejercicio 1888-89, monto recaudado 
14:352,607 pesos, correspondiendo áJa aduana de Montevideo 
9:180,732; á receptorías 377,103; á contribución inmobiliaria de 
la capital 731,489; á contribución inmobiliaria de los departamen- 
tos 898,948; d patentes de giro 1:180,755; á papel sellado 
453,050; á timbres 283,008; íí instrucción primaria 199,615; á co- 
rreos 194,774; á comandancia de marina 146,244; á jefatura de la 
capital 23,787; á municipalidades del interior 310,691; á jefaturas 
del interior 40,835; á marcas y señales 3,343; lí herencias, firmas 
y anfibios 230,698; á 1 % sobre pagos 97,529. Ejercicio 1889-90: 
monto recaudado 16:066,892 pesos, correspondiendo á la aduana 
de Montevideo 10:630,029 pesos; á receptorías 448,678; á contri- 
bución inmobiliaria de la capital 774,381; á contribución inmobi- 
liaria de los departamentos 951,171; íí patentes de giro 1:219,943; 
á papel sellado 485,849; á timbres 301,058; á instrucción primaria 
214,450; á correos 216,535; á comandancia de marina 153,121; 
á jefatura de la capital 25,427, á municipalidades del interior 
313,205; ¿jefaturas del interior 34,254; á marcas y señales 4,986; 
á herencias, firmas y anfibios 184,847; á 1 % sobre pagos 108,951. 
Ejercicio 1890-91: monto recaudado 13:669,626 pesos, corres- 
pondiendo á la aduana de Montevideo 8:302,806; á receptorías 
722,918; á impuesto inmobiliario de la capital 859,510; á impuesto 
inmobiliario de los departamentos 873,875; á patentes de giro 
1:001,467; á papel sellado 414,996; á timbres 220,962; á instruc- 



284 LAB GRIBT8 EN EL X7BUOUAY 

ción primaria 210,020; á correos 217,936; á comandancia general 
de marina 105^742; á jefatura de la capital 28,462; á municipali- 
dades del interior 313,533; :í j<»fatnras del interior 38,005; á mar- 
cas y señales 2,942; á herencias, firmas y anfibios 271,172; íí 1 % 
de impuesto sobre pagos 85,276. 

Agregando el rubro titulado «varios ingresos», que compi-eade 
el montepío civil y militar y las pensiones de pensionistas en co- 
misión, el monto de la renta se eleva á las siguientes cantidades: 
12:701,831 en 1886-87; 13:668,096 en 1887 88; 14:808,204 en 
1888 89; 16:521,892 en 1889 90; 14:109,626 en 1890-91. Obser- 
varemos que en octubre de 1888, las rentas de la junta de Monte- 
video quedaron afectadas á la administración municipal y no figu- 
ran por esa circunstancia en los tres últimos ejercicios que hemos 
extractado. Se ve que el nivel de la renta, sube á razón de 1:000,000 
de pesos en el ejercicio 1887-88, de otro 1:000,000 en el ejercicio 
1888-89 y de un millón y tres cuartos en el ejercicio 1889-90. En 
el ejercicio 1890-91, opérase en cambio un considerable descenso 
de dos y medio millones, que imponía fuertes y despiadadas re- 
bajas en el presupuesto. Pero estaba tan lejos del ánimo guberna- 
tivo el propósito de las economías, que poco tiempo después de 
unificadas las deudas externas é internas sobre la base de reduc - 
ción del servicio, se entregó á los accionistas del banco Nacional 
una nueva deuda de 4.-000,000 de pesos, para que cedieran al estado 
los escombros del establecimiento quebrado. La bancarrota finan- 
ciera estaba perfectamente descontada desde julio de 1 890, como lo 
demuestran las cotizaciones oficiales de la unificada de 5'^/ de in- 
terés y 1/2 /^ de amoitización acumulativa, que reproducimos de 
los anuarios de estadística, previniendo que el tipo señalado es el 
de fin de mes: año 1885, 49 % en enero, 51 % en febrero, 51 /^ 
en marzo, 48 % en abril, 51 % en mayo, 52 % en junio, 52 /-¡^ 
en julio, 52 en agosto, 50 en septiembre, 49 en octubre, 48 en no- 
viembre y 42 en diciembre; año 1886, sucesivamente en los doce 
meses 38, 40, 42, 45, 45,45, 44, 45, 48, 45, 48, 49 %; año 1887: 
48, 49, 58 58, 73, 71, 68, 69, 71, 65, 60, 65; año 1888: 68, 72, 72, 
72, 73, 71, 70, 72, 74, 73, 73, 72 %; año 1889: 71, 71, 72, 73, 74, 
75, 74, 74, 75, 73, 73, 72 %; año 1890: 71, 73, 73, 73, 75, 74, 64, 
65,64,62,57,52%. 



LA CRISIS COMERCIAL DE 1890 285 

Terminamos. La liquidación de la crisis de 1890, fué excepcio- 
nalmente dolorosa. A los males propios, agregáronse los descala- 
bros ajenos: la quiebra de Baring Pirothers, nuestros grandes agen- 
tes fínancieros en Londres, y la crisis que estalló en la Argentina 
casi al mismo tiempo que aquí y de cuya intensidad dan idea los 
guarismos de origen oficial que reproducimos en seguida: el comer- 
cio de importación de la república Argentina fué de 94:056,144 pe- 
sos en 1884; de 92:221,969 en 1885; de 95:408,745 en 1886; de 
117:352,125 en 1887; de 128:412,110 en 1888; de 164:569,884 
en 1889; de 142:240,812 en 1890; el comercio de exportación fué 
de 68:029,836 en 1884; de 83:879,100 en 1885; de 69:834,841 en 
1886; de 84:421,820 en 1887; de 100,111,903 en 1888;, de 
90:145,355 en 1889; de 100:818,993 en 1890; las deudas públi- 
cas fueron de 122:503,098 en 1884; de 118:381,896 en 1885; de 
117:153,961 en 1886; de 141:717,849 en 1887; de 277:462,571 
en 1888; de 295:159,833 en 1889; de 355,762,141 en 1890; las 
rentas nacionales dieron 37:236,820 en 1884; 38:550,972 en 1885; 
46:634,361 en 1886; 56:882,057 en 1887; 57:110,734 en 1888; 
72:976,746 en 1889; 73:150,856 en 1890. En los siete años corri- 
dos de 1884 á 1890, el excedente de las importaciones «obre las 
exportaciones fué do 237:000,000 de pesos! La deuda pública se 
triplicó casi en el mismo período, mientras que las rentas naciona- 
les apenas duplicaron, y eso mismo nominalmente, puesto que en 
1884, el peso argentino estaba á la par y valía 100 centesimos 
oro, mientras que en 1885, el promedio de su valor fué de 73 cen- 
tesimos, en 1886 de 71 centesimos, en 1887 de 74 centesimos, en 
1888 de 67 centesimos, en 1889 de 51 centesimos y en 1890 de 
39 centesimos. 



20 



CAPITULO X 



I/a moneda metálica y el billete inconvertible 



LA MONEDA METÁLICA 



La ley de 23 de junio de 1862 cstíibleeió como moneda nacional 
el peso de plata, con 25 giamos 480 miligramos de peso y ley de 
917 milésimos, (jue se dividiría en 100 centesimos, y el doblón de 
oro, con 16 gramos 970 miligramos de peso y ley de 917 milésimos, 
que representaría el valor de 10 pesos plata. Agregó que oportu- 
namente se acuñaría la cantidad necesaria de moneda, en piezas 
4e plata de un peso, 50, 20, 10 y 5 centesimos y en piezas do oro 
de un doblón, medio doblón y un cuarto de doblón, y que para las 
fracciones menores se emplearía moneda de bronce, supliendo en- 
tretanto el cobre circulante de 40, 20 y 5 centesimos con el valor 
do cuatro, dos y medio centesimos de la nueva legislación moneta- 
ria. Mientras no se hiciera efectiva la acuñación de moneda na- 
cional, continuarían circulando las piezas de oro y de plata ex- 
tranjeras por su valor corriente, ajustado íÍ una tabla de equiva- 
lencias que la misma ley reproduce. Finalmente, los bancos podrían 
emitir billetes del valor mínimo de un doblón, sin perjuicio del 
derecho transitorio de emitir billetes menores acordado por las le- 
yes de su creación, y tendrían que ajustar sus emisiones á los tér- 
minos precisos de la ley que extractamos. El decreto-ley de 23 de 
marzo de 1865 permitió el establecimiento de bancos de depósito, 
emisión y descuentos sobre las siguientes bases, entre otras: los bi- 
lletes serían al portador y á la vista, pagaderos en oro sellado; su 
mínimum sería de 10 pesos, pudíendo emitir transitoriamente bille- 



RÉGIMEN MONETARIO 287 



tes fraccionarios convertibles en oro hasta el 20 % de circulación 
efectiva; la falta de puntualidad en el pagamento de un solo billete, 
importaría la suspensión y liquidación del banco que incurriere 
en falta; en ningún caso la emisión podría exceder del triple del 
capital efectivo; los billetes gozarían, en caso de quiebra ó liquida- 
ción, de prelación absoluta. 

Tales son las dos leyes fundamentales de nuestra organización 
monetaria y bancaria. El régimen bimetalista consagrado por la 
primera sufrió un rudo golpe al establecerse, como se estableció en 
la segunda, que los billetes serían exclusivamente convertibles á 
oro. Un tercer decreto-ley de 7 de junio de 1876, fundándose en 
esta última prescripción, declaró expresamente que el oro era el 
único patrón monetario y que las monedas de plata sólo podrían 
imponei-se hasta la cantidad de cuatro pesos cincuenta centesimos 
en los pagos de un doblón, hasta la cantidad de diez pesos en los 
pagos que no excedieren de mil pesos, y hasta la cantidad de veinte 
pesos en los pagos de más de mil pesos. La ley de 18 de octubre 
de 1892, que autorizó la acuñación de tres millones de pesos plata, 
estableció la ley uniforme de nueve partes de metal fino y una de 
cobre de buena calidad y alteró las cantidades que podían impo- 
nerse en los pagos en esta forma: hasta 10 pcóos, 5 pesos plata; de 
10 á 25 pesos, el 30 %; de 25 á 100 pesos, el 20 %; de 100 á 
500 pesos, el 10 %; de 500 á 5,000, pesos el 5 %; y de más 5,000 
pesos, el 2 %. La misma ley prohibió la circulación de la plata ex- 
tranjera. Finalmente, la ley de 6 de diciembre de 1900 que desmo- 
netizó el cobre y autorizó la acuñación de 500,000 pesos en piezas 
de níquel, limitó á 25 centesimos el máxiumm de las monedas de 
este m<»tal que podía imponerse en los pagos. 

¿Fué conveniente la adopción del monometalismo consíigrado 
sucesivamente por las leyes de 1865 y de. 1876, ó habría sido más 
beneficioso á los intereses públicos el mantenimiento de los dos 
metales con fuerza chancelatoria ilimitada, que autorizaba en prin- 
cipio la ley de 1862? 

Aquí, como en todas partes, han tenido y tienen ambos sistf^mas 
BUS ardientes apologistas. A la coexistencia de los dos metales pre- 
ciosos se atribuye, y con razón, cierta acción preventiva contra 
las crisis monetarias, poique es muy difícil, por no decir imposi- 



288 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 

ble^ que los factores que eu un momento promueven el encareci- 
miento del oro, actúen al mismo tiempo en el encarecimiento de la 
plata. La circulación está sin duda alguna más garantida por dos 
vehículos sujetos á influencias diferentes^ que por uno solo. Pero 
si en principio el problema se presenta llano, no sucede lo mismo 
en la práctica, á causa precisamente de la diversidad de influencias 
que actúan sobre el oro y sobre la plata. Si los dos metales varia- 
ran de la misma manera, sería muy fácil mantener entre ellos una 
relación legal exacta y definida, la de la legislación francesa por 
ejemplo, que establece que cada gramo de oro equivale á quince 
gramos y medio de plata, ó la de nuestra ley de 1862, que esta- 
blece que cada doblón oro con peso de 16 gramos 970 miligramos 
y ley de 917 milésimos es el equivalente de diez piezas de plata 
con peso de 25 gramos 480 miligramos y ley de V;17 milésimos. 
Están lejos de producirse con esa uniformidad las oscilaciones, sin 
embargo. Hace algunos años era el oro el que se depreciaba, por 
la mayor abundancia de las explotaciones mineras. Ahora es la 
plata, la que se viene al euelo por esa misma circunstancia, y el 
fuerte desequilibrio que ella ocasiona entre la oferta y la demanda. 
Refiriéndonos al momento actual, el valor comercial de una libra 
esterlina ó de nuestra moneda de cuenta el doblón oro, se confunde 
con su valor chancelatorio ó legal, de tal manera que fundidas esas 
piezas y convertidas en lingote, valen precisamente tanto co- 
mo amonedadas. En cambio, nuestro peso plata, que reducido á 
lingote tenía en 1862 un valor comercial de cien centesimos, hoy 
vale muchísimo menos como mercadería que como moneda. 

Según la ley de Gresham, la mala moneda arroja siempre del 
mercado á la buena moneda. Con ayuda de esta ley t»n sencilla, se 
ei^plíca la impracticabilidad y los peligros del bimetalismo. ¿Qué 
sucedería, por ejemplo, entre nosotros, si el oro y la plata tuvieran 
valor chancelatorio ilimitado y pudieran acuñarse en cantidades 
indefinidas? Que teniendo la plata un valor comercial inferior á su 
valor legal, constituiría un gran negocio la compra de barras de 
metal blanco y su transformación en piezas monetarias. Se inun- 
daría el mercado de mala moneda y en cuanto á la buena, el oro, 
la misma especulación se encargaría de exportarla rápidamente, 
para obtener, á título de beneficios, toda la diferencia entre el va- 



RÉGIMEN MONETARIO 289 



lor comercial de los dos metales. Los países bimetalisüís han te- 
nido que conjurar el grave mal que señalamos, poniendo término á 
las acuñaciones de plata, lo que es ya una clara y evidente reac- 
ción contra el sistema á que se han acogido. Puede decirse en tér- 
minos generales, que el bimetalismo practicado con verdadera ló- 
gica conduce fatalmente al monometalismo del peor metal. 

Nuestro doblón de oro no ha sido acuñado todavía, ni lo será 
seguramente porque la plaza no lo necesita. La circulación del país 
está admirablemente servida por las mejores monedas extranjeras, 
la libra esterlina sobre todo, que recibimos año por año en pago de 
los saldos favorables del comercio internacional de productos y 
del movimiento de títulos particulares y de fondos públicos. Sin 
necesidad de gastar un solo centesimo en acuñaciones, ponemos 
á contribución á las mejores casas de moneda del mundo y tene- 
mos permanentemente un fuerte stock de piezas universalmente 
aceptadas^ que nos permite hacer remesas á cualquier mercado sin 
las dificultades á que siempre da origen una moneda local des- 
conocida, que debe exportarse á título de lingote simplemente para 
ser reacuñada en otras partes. Se ha hablado muchas veces de 
acuñar moneda nacioual con un valor chancelatorio más alto que 
el valor comercial, á fin de cerrarle las puertas de la exportación, 
como se ha hablado también muchas veces de asignar á las mone- 
das extranjeras un valor mayor del que les fija la tabla de equiva- 
lencias con nuestra moneda de cuenta. Son dos pretensiones igual- 
mente insostenibles. No depende del legislador el valor de las mo- 
nedas. Sólo las piezas auxiliares, que entre nosotros son las de 
plata y níquel, escapan á la regla, y eso mismo á condición de que 
su número no exceda de las necesidades de la circulación interna, 
pues en caso contrario se cotizan con descuento. No se explican cier- 
tas personas, por qué razón el argentino de oro, que vale cinco pesos 
allende el Plata, circula aquí por cuatro pesos sesenta y seis cente- 
simos. Y el hecho es bien sencillo, sin embargo, para el que com- 
para la l^slación monetaria de uno y otro país y observa que lo 
que allí se llama peso es una cantidad de oro inferior á la exigida 
aquí para obtener igual denominación. Para el comercio interna- 
cional esa diversidad no tiene importancia de ninguna especie, 
desde que lo que rige es el valor del metal fino con absoluta pres- 



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290 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 

cindciicia del nombre délas piezas y del valor ehancelatorio que le 
acuerden his leyes internas. Es como para romper los ojos del más 
ciego (^1 hecho de que los argentinos de oro que escasean en su 
país de orígíMi, abundan en nuestra plaza. Mjís razonable sería 
el deseo de ajustar nuestra moneda al sistema decimal adoptado 
por la unión latina y generalizado ya lí casi todos los países, ó la 
aspiraeic');! m.'ís modesta y realizable todavía de que se divida el 
peso en mili5simos, íí fin de reducir á proporciones absolutamente 
insi<i!;nificantes las diferencias que existen con relación á algunas 
monedíis, la libra (esterlina y la pieza de 20 mareos sobre todo. La 
primera está avaluada en cuatro pesos setenta cent<5simos por 
nuestra tabla de equivalencias y su valor exacto es de 4.70.54.48. 
La segunda está avaluada en cuatro pesos sesenta centesimos y 
su e(|uivalencia exacta es de 4.60.65.06. 

¿CUANTO METÁLICO TENEMOS? 

Faltan bases [)recisas para calcular el monto de nuestra circula- 
ción monetaria. Los tres bancos emisores que funcionan actual- 
mente, el banco de la repdblica, el banco de Londres y Río de la 
Plata y el banco Italiano, arrojan en el balance del mes de marzo 
de 100)) una existencia en caja de 15:037,821 pesos y una emisión 
de 11:667,099 pesos. En los guarismos de su encaje denuncian el 
balancfi del banco de la república 19,061 pesos en piezas de níquel 
y 380,720 pesos en billetes de otros bancos; el del banco de 
Londres 37,610 en billetes de otros bancos; y finalmente el 
banco Italiano acumula á su encaje los depósitos que tiene en otros 
bancos. Tx)s demás bancos no publican sus balances, con excep- 
ción del Comercial, que los da á sus accionistas al final de cada se- 
mestre, habiendo arrojado el correspondiente á marzo de 1903 un 
encaje de más de tres millones de pesos. Quedan el banco Francos, el 
banco Español, el banco de landres y Brasil, el banco británico de 
la Am<íriea del 8ud, el banco Anglo-Argentino. Suponiéndoles dos 
millones á los cinco, resultaría una reserva total de más de veinte 
millones de pesos. ¿Qud cantidad de metálico existe en las ca- 
jas privíidas de la capital y especialmente de la campaña? Es un 
dato difícil de conocer, pero de vez en cuando ocurren hechos que 



RÉGIMEN MONETARIO 291 



permiten foi mar idea de la magnitud del capital metálico distri- 
buido en el país que no figura absolutamente en las cajas de los 
estiiblecimientos bancarios. Referiremos uno de ellos. 

FA 25 de febrero del año 1896 los gerentes de bancos y varios 
re[)resentantes del com(»rcio importador, se dirigieron á la Ciímara 
nacional de comercio denunciando la existencia de cóndores chi- 
lenos faltos de peso, cuyo hecho originaba dificultades y conflictos 
on las transacciones, í|ue era conveniente estudiar y solucionar con 
tiempo. -Vlgo parecido había ocurrido años antes con las onziis de 
oro, (jue ya no se acuñabau y que estaban muy desgastadas por el 
uso, determinando en 187G una reducción en su valor legal, cuya 
circunstancia agregada al temor de posibles desmonetizaciones, 
promovieron la inmediata expulsión de esas piezas, que no han 
vuelto á circular en plazíi. En una reunión de banqueros promo- 
vida por la cámara de comercio, á fines de marzo de 1896, se de- 
claró ([ue los cóndores carecían del [)eso legal en su mayor parto 
y se resolvió, á la espera de una resolución gubernativa, admitirlos 
con una tolerancia en el peso de 103 miligramos. Adhirió el go- 
bierno á la medida, estableciéndose que serían de rechazo todos 
los cóndores que no tuvieran un peso mínimo de quince gramos 
ciento cincuenUí miligramos. Pero el convenio no dio los resulta- 
dos que se esperaban y quedó sin efecto desde los primeros días 
del mes de abril, en virtud de que las desconfianzas reinantes im- 
poitiiban de hecho la desmonetización de las piezas. Hicieron en- 
tonces los bancos lo que debieron hacer desde el principio: com- 
prar los cóndores al peso y expoi'tarlos como si fueran oro en lin- 
gote. De los datos recogidos prolijamente por uno de los banqueros 
más competentes, resulta que desde el día 3 de abril en que se 
iniciaron las remesas, hasta el 17 de mayo siguiente, fueron extraí- 
dos de la república y exportados á Europa cuatrocientos veinte 
mil novecientos noventa y siete y medio cóndores equivalentes á 
3:713,198 pesos. Son cifras relativas á diez vapores simplemente, 
que deben haber aumentado sensiblemente con remesas de me- 
nor cuantía realizadas en el curso del año. Pues bien: esa enor- 
me masa no había sido sospechada absolutamente por nadie. To- 
dos y cada uno de los cálculos hechos al tiempo de los debates á 
que dio origen la falta de peso de los cóndores, resultaron raquíti- 



292 LSOIBLACIÓN ECONÓMICA 

COS. Al practicarse el arqueo de los cinco bancos de emisión que 
funcionaban en julio de 1891^ durante la crisis y bajo la presión 
del pánico ocasionado por la suspensión de pagos del banco na- 
cional y del banco inglés del Río de la Plata, resultó una existencia 
de 100,000 cóndores, lo que dio base á un competentísimo colabo- 
rador de «El Siglo» para sostener que proporcionalmente á su en- 
caje los demás bancos no emisores deberían tener 36,000 cóndores. 
El encaje de los primeros era de cinco y medio millones y de dos 
millones el de los segundos. Hechas todas las proporciones, la cir- 
culación de cóndores en 1896 debía oscilar alrededor de 200,000 
piezas. En una etiquete levantada por la dirección de «El Siglo» 
dijeron: el gerente del banco de Londres, que el cóndor formaba 
buena parte de la circulación del país y era difícil calcular su 
monto; el gerente del banco de Londres y Brasil, que ignoraba su 
monto; el gerente del banco Francés, que era imposible el cálculo; 
el gerente del banco Italiano, que los cóndores constituyen nuestra 
principal moneda; el gerente del banco Comercial calculó la exis- 
tencia en 140,000 cóndores; el gerente del banco británico de la 
América del Sud en 150,000; el gerente del banco Anglo-Argentino 
en 100,000; y el gerente del banco Español dijo que los cóndores 
formaban el tercio de su encaje. El guarismo más alto, como se ve, 
era el de 200,000 piezas, es decir, menos de la mitad de la suma 
exportada en las diez grandes remesas que se efectuaron al prin- 
cipio. Esto demuestra la enorme cantidad de oro diseminado en el 
país que no afluye á los bancos y que escapa á todas las bases de 
cálculo hechas por los hombres más excepcional mente preparados 
en la materia. Generalizando á las demás piezas monetarias la lec- 
ción que arroja la desmonetización de los cóndores, podemos esta- 
blecer, y en ello están de acuerdo con nosotros banqueros compe- 
tentísimos que hemos consultado, que el metálico que existe dise- 
minado en la república exiede considerahletnefite de las síimas 
depositadas en los bancos. 

Vale la pena de recordar como prueba irrefragable de la riqueza 
de nuestra circulación monetaria, el hecho de que la rapidísima 
desmonetización y exportación de los cóndores no produjo en el 
mercado alteración alguna. Ni el tipo del interés subió, ni se entorpe- 
cieron las transacciones, á pesar de haberse embarcado pre- 



BéOIM>:N MONETARIO 293 



cipitadamente en un mes y medio cerca de cuatro millones de pesos. 
El primer mercado monetario del mundo, el de Londres, siente la 
extracción de un millón de libras esterlinas. Los despachos telegrá- 
ficos de ese gran mercado anuncian, por su evidente significación 
sobre la tasa de los cambios y el interés del dinero, las remesas de 
cien mil, de doscientas mil, de quinientas mil libras que se realizan 
periódicamente. Y nuestro pequeño mercado de Montevideo pierde 
de un día para otro una masa de cóndores que ha podido girar, 
calculadas las remesas posteriores á los primeros diez embarques, 
alrededor de un millón de libras, sin conmociones de ninguna es- 
pecie, como si se tratara de simples excedentes de la circulación. 
Es que el mercado de Montevideo, dentro de la relatividad de sus 
negocios y siendo como es infinitamente inferior al de Londres, 
tiene un stock metálico poderoso, que no realiza prodigios porque 
los factores políticos mantienen perpetuamente la desconfianza y 
porque los factores económicos alejan, con la carestía de la vida y 
la extrema elevación de los impuestos, las corrientes de brazos y 
de capitales extranjeros que en otras circunstancias centuplicarían 
la producción nacional. Después de la desmonetizacíón de los 
cóndores, se ha enriquecido constantemente nuestra circulación 
monetaria. Carecemos, desgraciadamente, de estadística. Los datos 
que publica el anuario son truncos y no suministran base para nin- 
gún cálculo. Pero el testimonio de los banqueros y de los hombres 
de negocios, corroborado por la existencia de cambios permanen- 
temente favorables, demuestra que desde hace algunos años 
llega mucho oro al país y sale muy poco para el extranjero, ex- 
plicándose así la baja del dsscuento al 4 % anual, tasa verdadera- 
mente europea, y la masa de dinero invertida en negocios que como 
la* colocación endeuda pública absorben hoy cuantiosos capitales 
propios. 

Hemos dicho que en materia de oro, sólo tenemos una moneda 
de cuenta, el doblón, con tablas de equivalencias que nos permiten 
utilizar las mejores monedas del mundo. No sucede lo mismo con 
las monedas auxiliares de plata, cobre y níquel. Las acuñaciones 
de plata montan á cuatro millones de pesos, sin computar una 
emisión muy restringida que se realizó por el gobierno de la De- 
fensa de Montevideo y que isólo ha cirodhdo y se conserva á título 



294 LEGISLACK^N ECONÓMICA 

de medallas por los coleccionistas. Las acuñaciones de cobre, com- 
putando las emisiones posteriores al año 1844, han llegado á 
512,800 pesos. Y la acuñación del lu'quel alcanza á 500,000 pesos. 
Corresponde la primera acuñación de plata al año 1877. De 
acuerdo con el contnito Paullicr, que prevaleció en la licitación á 
que llamó el gobierno de Latorre, se acuñó un millón de pesos en 
esta forma: 200,000 pesos en monedas de un peso; 200,000 en mo- 
nedas de 50 centesimos; 300,000 en monedas de 20 centesimos y 
300,000 en monedas de 10 centesimos. Fué adoptado el título de 
la moneda francesa, es decir, nueve partes de plata pura y una 
parte de cobre, con el peso de 25 gramos, 12 gramos 50, 5 gramos 
y 2 gramos 50 respectivamente para las cuatro clases de piezas 
que hemos enumerado. Los contratantes entixígaban al gobierno 
cada peso plata por noventa y cinco centesimos oro sellado, ó sea 
con una utilidad para el erario publico de cincuenta mil pesos. La 
ley de 18 de octubre de 1892 autorizó la acuñación de tres millo- 
nes miís de plata en piezas de un peso, cincuenta centesimos, 
veinte centesimos y diez centesimos, con ley uniforme de nueve 
partes de metal puro y una de cobre, bajo tolerancia de dos milé- 
simos, y peso de 25 gramos, 12 gramos 50, 5 gramos y 2 gramos 50 
respectivamente para las piezas apimtadas. El poder ejecutivo cjue- 
daba autorizado para contratar la acuñación de la plata por licitación 
ó directamente, tomando siempre por base de la operación el precio 
de la plata en barras al tiempo del contrato y las comisiones, gas- 
tos é intereses usuales. La misma ley est¿ibleció que una vez con- 
sumada total ó parcialmente la acuñación, quedaría prohibida la 
circulación de la moneda de plata extranjera. Mientras no llegaba 
esa oportunidad sometía á las penas del contrabando la introduc- 
ción al país de piezas de cuño extranjero. Diremos, explicando esta 
última parte de la ley, que ya circulaba en el país una fuerte can- 
tidad de plata brasileña y que las importaciones iban en creciente 
aumento, bajo la presión de la enorme diferencia entre el valor 
efectivo y el valor chancelatorio de la plata. Para la acuñación de 
los tres millones celebró el gobierno contratos con los señores Ba- 
rriga, Casó y Beisso, pagando al primero por un millón de plata 
acuñada 700,000 pesos oro, al segundo por otro millón de plata 
acuñada 631,600 pesos oro, y al tercero por el millón restante 



1 



RÉGIMEN MONETARIO 295 



620.000 pesos oro. Englobando los tres contratos resulta un costo 
de 1:951,600 pesos oro por los tres millones de pesos plata. Tra- 
duce esa cifra una pérdida positiva de 262,734 pesos, como lo de- 
muí^stra la siguiente cuenta formulada sobre la base de los datos 
de la 6[>ocíi de cada contrato: acuñación liarriga, por la plata á 
razón de 39 peniques la onza standard, 597,287 pesos, niiís el 
10 ^ \^ de gastos y comisiones, 59,729; total, 657,016 pesos; acu- 
ñación Casó, por la plata íí razón de 34 peniques la onza standard, 
520,71 1, ma's el 10 % de comisiones y gastos, 52,071, que forman 
el total de 572,782 pesos; acuñación Beisso, por la plata .'í razón 
de 27 1/4 peniques la onza standard, 417,335 pesos, niíís el lU % 
de irastos y comisiones, 41,733, que forman un monto de 459,068 
pesos oro. Píira abultar las utilidades en provecho de los contra- 
tistas fueron calculadas las comisiones del 10 %, no sobre el pre- 
cio (le la plata en barra, que era lo ünico que adquirían los acuña- 
dores, sino sobre el valor legal ó cliancelatorio de la plata acuñada. 
La acuñación de monedas de níquel fué autorizada por la ley de 
6 de diciembre de 1900, sobre las siguientes bases: la emisión se- 
ría de ([uinientos mil pesos, en [)iezasde 1, 2 y 5 centesimos, com- 
puestas de 25 partes de níquel y de 75 de cobre puro; en los pagos 
no se admitiría arriba de 25 centesimos; con ayuda de la moneda 
de ní(|uel se retiraría de la circulación el cobre circulante; las uti- 
lidades del negocio se repartirían en esta forma: 40,000 pe^os á 
instrucííión píiblica, 10,000 al sanatorio de tuberculosos, 20,000 á 
obras en el edificio de la representación nacional, 15,000 íí mejo- 
ras en el lazareto, y el resto íí dragas y canalizaciones. SegCm mía 
nota oficial sobre la circulación del cobre, el cabildo acuñó en el 
año 1844 la cantidad de 4,000 pesos moneda antigua, equivalentes 
á 3,200 moneda actual; la fábrica establecida en la casa de go- 
bierno acuñó durante los años 1854 y 1855 la cantidad de 2,500 
pesos, e(|uivalentes á 2,000 de la moneda actual; por el contrato 
Tampied fueron acuñados 60,(X)0 pesos moneda antigua, en los 
años 1857 y 1 858, equivalentes á 57,600 pesos moneda actual; 
por el contrato del señor Zorrilla, cesionario del general Caraballo, 
acuñáronse 150,000 pesos durante los años 1867 y 1868; y por el 
contrato de los señores Fariní, Gotuzzo y Carve fueron acuñados 
300,000 pesos en los años 1869 y 1870. Montan estas acuñacio- 



290 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 

nes á 512,800 pesos. La ley de patentes del año 1880 aplicó á la 
extinción del cobre el 8 % y el 3 % la del ejercicio 1883-1 884^ 
habiendo consagrado una partida fija al mismo fin los presupues- 
tos posteriores, que no alcanzó á traducirse en hechos. La cantidad 
extinguida á mérito de las iniciativas de que nos ocupamos, esti- 
muladas por el comercio que experimentaba sensibles péixlidas con 
la circulación excesiva del cobre, llegó en definitiva á 134,322.24 
pesos, quedando en consecuencia reducido el monto primitivo á 
378,477.76 pesos. Al proponerse á la asamblea la ley de acuñación 
de monedas de níquel, se calculó sobre esas bases la utilidad del 
erario público en 140,000 pesos. Pero el nivel ha sido considera- 
blemente excedido. Sólo concurrieron al cange 221,712.62 pesos 
en monedas de cobre, dando por esa causa la acuñación un bene- 
ficio neto de 232,622. £1 excedente no previsto, fué aplicado por 
la asamblea á la construcción del palacio legislativo y otras obras 
públicas. 

Existen, pues, en circulación cuatro millones de pesos plata y 
medio millón de pesos níquel. Al proyectarse las acuñaciones de 
que acabamos de dar cuenta, se juzgaba corrientemente que su 
monto era elevadísimo con relación á las exigencias de la plaza. 
No ha sucedido así, sin embargo, dada la poca depreciación de la 
moneda vellón con respecto al oro. Verdad es que parte considerable 
de la plata ha sido acaparada por el banco nacional, como medio 
de mantener su emisión de dos y medio millones de pesos en bille- 
tes fraccionarios de 5 pesos abajo, convertibles en esa moneda. 
Pero así y todo, el poder de absorción del mercado es conside- 
rable y gracias á ello los perjuicios de una fuerte dj^preciación se 
han limitado á términos relativamente moderados. 

¿ A cuánto asciende la circulación meüílica del país ? Ya hemos 
dicho que faltan bases de cálculo. Teniendo en cuenta, sin cm- 
bargo, el encaje de los bancos, la proporción del metálico disemi- 
nado en el pueblo, de que da elocuente idea la exportación de cón- 
dores, con relación á las cifras conocidas ó calculadas por los 
bancos, y la afirmación de competentísimos banqueros, de que el 
oro que se deposita es mucho menos del que retiene la plaza, cree- 
mos qu puede establecerse que la circulación efectiva del país 
excede de cuarenta miUones de pesos j sin contar naturalmente la 



RÉQIMEN MONETJlRIO 297 



emisión bancaria, cuya cifra dimos ya y que está notablemente 
deprimida. 

EL BILLETE INCONVERTIBLE 

Hemos extractado el decreto-ley de 1865, que es la base funda- 
mental de nuestra organización bancaria. Ese decreto ha sufrido 
paréntesis de consideración en todos nuestros grandes trastornos 
comerciales, y ha sufrido también modificaciones permanentes en 
las diversas tentativas realizadas para arraigar en el país la insti- 
tución de los bancos nacionales ó de los blancos de estado, con 
grave daño de los más vitales intereses económicos y financieros. 
De unas y otras alteraciones de las que felizmente ha salido ileso 
nuestro régimen metálico, nos ocuparemos en los capítulos rela- 
tivos á las crisis comerciales y á la legislación bancaria. 

La crisis del año 1868 dio origen á la suspensión de pagos de 
la mayoría de los bancos, resolviendo en esas circunstancias el es- 
tado hacerse cargo de la emisión circulante. La crisis del año 1874, 
agravada por el derrumbe político del año siguiente, dio lugar á 
nuevas suspensiones de pagos y á una fuerte emisión de billetes 
inconvertibles por cuenta del erario público. La crisis del año 
1890 planteó el mismo problema con ocasión de la quiebra del 
banco nacional, haciéndose también cargo el estado de los billetes 
circulantes á la sazón. En la segunda de esas crisis, el estado tomó 
sobre su i-esponsabilidad la suma de 12:125,335 pesos, que ano- 
tamos por ser la más alta de los tres períodos. 

Tienen positivo interés para demostrar las tendencias metalistas 
del país, los siguientes datos del registro de cotizaciones ofíciales 
de la bolsa de Montevideo sobre las oscilaciones sufridas por el 
papel inconvertible, durante los tres períodos de la referencia : 



298 



LEGISLACIÓN ECONÓMICA 



~ 


. 


TIPO mXs 


' 


~ 


TIPO MÁS 


FKCHAB 


DENOMINACIÓN 






FECHAS 


DENOMINACIÓN 










bajo 


alto 






bajo 


aUo 


1868 


1 






1872 


é^ 






Junio 


Mauá, descuento 


25 


^^ 


Marzo 


3 1,H 


5 14 


» 


"/o 


(>9 


72 


Abril 




278 


418 


Julio 


•/. 


67 1/2 


86 


Mayo 


3 


3 12 


» 


descuento 


14 


30 


Junio 


8 


314 


» 


Monterldeano d'to. 


20 


A() 


Julio 


3 


3 1/4 


> 


•/. 


56 


82 


Agosto 
Sefbn* / 




12 


2 7/8 


t 


Italiano «/o 


73 


77 




1 4 


7/8 


» 


ídem d(>scuento 


14 


25 


Octubre 


1 s 


1 


> 


Xavia *>/o 


H8 


88 


Nor'bn* 


I 8 


1/4 


Agosto 


Mauá,-. 


H4 


84 12 


Dic'bn* 


"^ ? 


8.0 


8.0 


» 


descuento 


15 


l'J 










> 




14 


18 3 4 


1875 






Set'brp 




14 7 8 


15 1 2 




(^ - 






Octubre 




14 1/2 


15 


Enero 


- 





Nov'bro 




15 18 


16 18 


Febn'ro 









Dic'bre 




13 


16 


Marzo 
















1 


Abril 




107 llí) 








1 


Mayo 




118 12 13;í 


1869 






! 


' Junio 




132 170 








i i Julio 




161 líX» 


Ení'ro 




7 


13 


Agosto 




15í> i IHI 1 2 


Fobroro 




5 1,4 


6 5 A 


: Set'bre 




15.3 'I7í) 


Marzo 




()5H 


Octubn» 




1IÍ0 3/4 :ni5r2 


Abril 




S.i) 


S. . 


Nov'bn* 




144 ilsKl,2 


Mayo 




10 \.H 


15 


Dic'brí' 




187 


26<í 


Junio 




11 3 H 


14 14 










Juli(» 


5 


818 


12 


1876 








Agosto 


10 12 


15 










8et'l>ro 


Sí: 


11 1/2 


12 1 2 


1 Eni'ro 




270 


.330 


OctuVín» 


^ 


10 5 8 


12 1 8 • 


FebnTo 




:l>2 


iW'Át 


Nov'bro 


^ 


634 


11 


1 Marzo 




2>n'> ',x'>7 


Dic'bn* 


1 


5 


7 34 


Abril 
Mayo 




:í<>5 4:«) 


1870 


•^ 






' Junio 
Julio 




405 145 
425 470 


Enoro 




3 1 2 


7 l.W 


Agosto 




i'A) 401 


Fpbn*ro 




5 


834 


Set'bre 




4H5 52<í 


Marzít 


.^ 


6 34 


85 8 


] Octubn» 




41 K) 5ií5 


Abril { 


•«4 


63 4 


818 1 


¡ Nov'bn* 




4s4 ;537 


Mayo ^ 
Junio 


t: 


5 


8 1.2 1 


i Dic'bre 




4K2 í 


514 


c 


7 12 


y 12 


1 ; 






Julio 


^ 


8 1. « 


115K 1 


1877 






Agosto 


e 


9 1/4 


16 1 2 








Sot'brr. 


•^ 


13 14 


17 12 


Enero 




460 !4>i2 


Octubn; 




8 1/4 


15 7.8 


Ft'brero 




417 IH» 


Nov'bn» 


j;* 


8 


13 1,4 


Marzo 




306 123 


Dic'bn* 


1 


11 6/8 


12 1/4 


Abril 




32b :W.l 


1871 






Mayo 




31 « ,.r.i 




•"■«d 






Junio 




:-í<v4 !:U8 


Knoro 


^ 


10 1/2 


1114 


Julio 




2í)2 


310 


Fí'bn»ro 


&• 


10 5/8 


13 7,8 


Agosto 




•223 


■2sy 


Marzo 


• <§ 


13 


15 ' 4 


Set'bre 




215 


225 


Abril 


13 5» 


15 12 


Octubn« 




172 


217 


Mayo 




15 


17 7/>í 


Nov'bn; 




IHI 


i;>2 


Junio 




12 1/2 


14 3 8 


Dic'bre 




162 


IHO 


Julio 




13 1/4 


15 18 


1878 








Agonto 




14 1/4 


14 5 8 








Rot'bn' 




14 1/8 


15 3 4 


Enero 




154 


2<)0 


Octubre 




10 1/4 


15 3 8 


Febn?ro 




245 


279 


Nov'bre 




4 7.8 


11 í 4 


Marzo i 




2»J0 


2s2 


Dic'bn.' 




3 6/8 


4 7,8 


Abril , 
Mayo 




248 
25*-. 


274 
2GI 


1872 








Junio 
Julio 




247 
2.50 


258 
262 


Enero 




81,/2 


4 14 


Agosto 




2,54 


2.58 


Febrero 




2 3/4 


8 7/8 


Set'bre 




253 1/2 


264 



RÉGIMEN MONETARIO 



299 



DHNOMINACIÓN 



bajo 



alto 



VKSOUWÁCIÓV 



TIPO MÁS 

bajo aUo 



1878 

Octubre 
Nov'brc 
Dic'brt* 

1879 

Enoro 

Febrero 

Marzo 

Abril 

Mayo 

Junio 

Julio 

Agosto 

Si't'bn^ 

Octubre 

Nov'brc 

Dic'brc 

1880 

Enero 

Fcbn'ro 

Marzo 

Abril 

Mayo 

Junio 

Julio 

Agosto 

Sct'bre 

Octubre 

Nov'])rc 

Dic'brc 



I 



1881 

Enero 

Febrero 

Marzo 

Abril 

Mayo 

Junio 

Julio 

Agosto 

Sct'bre 

Octubre 

Nov'bre 

Dic'brc 

1882 

Enero 
Febrero 

Marzo 

Abril 

Mayo 

Junio 

Julio 
Agosto 

Sct'bre 
Octubre 
Nov'brc 
Dic'bre ' 



p 
6 



254 


274 


227 


258 


241) 


310 


304 


:i>5 


2í« 


X>5 


2ír9 


320 


245 


310 


240 


2<>5 


220 


255 


223 


231» 


230 


43í) 


407 


m) 


404 


4*22 


3íi8 


:ík5 


345 


3G1 


348 


:^48 


S.u 


S.O 


8.0 


8.0 


iün 


»')8 


8.0 


8.0 


»42 


ai2 


338 


338 


8.0 


S.O 


275 


Hi>5 


272 


2KI 


27S 


2so 


245 


2»IM 


250 


2:.o 


255 


257 


25G 


257 


'2(14 


2K0 


2(i5 


2li7 


2(i3 


2i'A 


244 


202 


242 


•¿{\r> 


252 


252 


•^^í) 


251 


2iV.) 1 2 


243 


240 


240 


S.O 


8.0 


210 


210 


210 


210 


8.0 


8.0 


8.0 , 


8.0 


217 


217 


205 


207 


S.O 


8.0 


207 


207 


210 


210 


208 


208 


S.O 


8.0 



1888 

Julio 

1884 

Enero á 
Julio 
Agosto 
Sct'bre 
Octubre 
Nov'brc 

y 
Dit'brc 

1886 



1886 

Junio 
1887 



1888 



I 



1890 

Enero á 

Junio I 

Julio / 
Agosto / 
Set'bre 
Octubre I 

ír.h-jOro por billetes del 
Dicbre/^gj;^ Nacional 

1891 / 



Enero > 
Febrero 



200 



S.O 
19G 
205 
207 



8.0 



8.0 


8.0 


150 


150 


153 


155 


161 


155 


140 


140 



120 



8.0 

118 1/2 
107 

S.O 
120 

m 

8.0 
120 
117 



121 
107 



8.0 
111 



S.O 



200 



S.O 
1% 
205 
207 



8.0 



120 



8.0 
127 
111 

8.0 
720 
107 
8.0 
120 
128 



121 
107 



8.0 
111 



S.O 



8.0 


S.O 


115 


13G 


121 3/4 


1431/2 


132 


136 


119 


135 


1251/4 


148 


139 1 2 


1G9 


127 3/4 


200 


115 1/i 


lao 



300 



LEGISLACIÓN ECONÓMICA 







TIPO 


mXs 




_ . - 


TIPO 


Mis 


FECHAS 


DKNOMINACIÓN 






FRCIIA8 


DENOMINACIÓN 










baío 


alto 






bajo 


aUo 


1891 








1898 








Mano 




IÍ9 b2 


129 1./2 


Mayo 


Billetes r. Nac'nal 


55.20 


64.80 


» 




82 1/2 


91 


Junio 


Mayor 


49.60 


55 


Abril 


f O 


80 


91 


» 


Menor 


63.50 


64.20 


Mayo 


el Banc 
mal 


40 


14 


Julio 


Mayor 


51 


54 


Junio 


80 


98 


* 


Menor 


62 


H2 


Julio 


S.O 


8.0 


Agosto 


í 


37 


51.50 


Agosto 


8.0 


8.0 


Set'bre 


45 


50 


Set'bre 


76 


7»i 


Octubro 




40.20 


41.80 


Octubre 


76 


78 


Nov'bre 




48 


50 


Nov'bre< 




60 


70 


Dic'bre 


S: 


8.0. 


8.0 


Dic'bre 


•§ 


67 


71 




' 1 
1 ^ 






1892 








1898^ 

Enero 


31». 80 


39.91» 


Enero 


67 


68.60 


Fobivro 




S.O 


S.O 


Febrero 


i "^ 


68 


68 


Marzo 




40 


42 


Marzo 


66 


68 


Abril 




40.20 


40.20 


Abril 


\ 


63 


66 




\ 







Gracias al comercio de Montevideo, las tres tentativas encami- 
nadas á la aclimatación del billete inconvertible, sufrieron ab- 
soluto fracaso. Especialmente las dt)8 últimas fueron contrarresta- 
das desde el principio por un convenio en el que expresamente se 
estableció la moneda de oro para la chancelación de los compro- 
misos pendientes y ulteriores y se renunciaba á los beneficios del 
curso forzoso. Por el momento sólo queremos dejar constancia de 
las resistencias invencibles de la plaza al papel inconvertible, á 
título de preámbulo al examen de una doctrina que ha tenido y 
tiene algunos partidarios entre nosotros. Xos referimos á la emi- 
sión de papel inconvertible sobre la base de títulos de deuda pú- 
blica depositados en garantía, que reconoce á su favor un prece- 
dente valioso, el del banco de Inglaterra. 

El acta de sir Roberto Peel, sancionada en 1844, dividió el 
banco de Inglaten-a en dos departamentos separados, el de emi- 
sión y el de operaciones de banco, estableciendo que el primero 
de ellos podría emitir hasta la cantidad de catorce millones de li- 
bras esterlinas sin garantía metálica^ cifra ésta que ha aumentado 
paulatinamente con la acumulación de los billetes correspondien- 
tes á otros bancos que han quebrado ó liquidado desde entonces; 
pero que todo billete emitido más allá del limite legal inconverti- 
ble, tendría que ser precedido del depósito de una cantidad exacta- 



\ 



RÉOUiEN MONETARIO 301 



mente igual de metálico. Dos circunstancias tuviéronse en vista al 
redactar esa disposición: que el capital del banco de Inglaterra ha- 
bía sido prestado al gobierno y era más fácil chancclar el crédito 
con títulos de deuda, destinados á servir de garantía al billete; y 
que el comercio inglés retenía cierta masa de billetes que de he- 
cho resultaba inconvertible por las exigencias del movimiento 
transaccional. 

Varios años más tarde, el gobierno norteamericano realizó so- 
bre la misma base de la garantía con fondos públicos, la reforma 
sustancial de su legislación bancaria. Hallábase el país en plena 
guerra separatista y no podía pensarse en recurrir á empréstitos 
comunes para levantar los enormes fondos que requería el mante- 
nimiento de la Unión. Juntamente con esa exigencia de carácter 
financiero, actuaba otra de carácter económico, no menos grave é 
imperiosa. Cada uno de los estados confederados tenía su legisla- 
ción bancaria y monetaria, resultando de ello un verdadero caos, 
porque los billetes tenían una circulación exclusivamente local que 
trababa las transacciones entre los distintos estados. Surgió de ahí 
la ley de 1863, que impuso á los establecimientos bancarios que 
se acogieran á sus disposiciones, la obligación de adquirir fondos 
públicos emitidos con ese objeto para garantir en caso de liquida- 
ción ó de quiebra la conversión de los billetes obtenidos en canje. 
Del régimen de inconversión creado por esa ley, ha dicho Webs- 
ter, reflejando, según Stanley Jevons, la opinión de los más ilustres 
tratadistas de su país, las siguientes palabras: «Nos ha hecho ma- 
yor mal que cualquier otra calamidad; nos ha muerto más hombres; 
ha contribuido á corromper y á herir los intereses más caros de 
nuestro país y ha ocasionado más injusticias, que las armas y los 
artificios de nuestros enemigos-». La república Argentina se pro- 
puso imitar el ejemplo. Ya estaba arraigado en ella el billete in- 
convertible, y se propuso sobre esa base el gobierno dos cosas: 
uniformar la moneda legal, reaccionando contra el caos originado 
por billetes que corrían en unas provincias y eran en otras recha- 
zados; y convertir la deuda externa en deuda interna, mediante 
la obligación impuesta á los bancos garantidos de comprar fondos 
públicos destinados á servir de garantía al billete. De los resultados 
del sistema dan sobrada idea estos hechos: la masa de oro entre- 

21 



302 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 



gada por los bancos á cambio de los títulos de garantía, lejos de 
ser empleada en la conversión de la deuda externa, sirvió á gran- 
des especulaciones de bolsa, que la distrajeron de su objeto; los 
bancos de las provincias, para proveerse de los títulos de gai-aiitía, 
tuvieron que contratar ruinosos empréstitos externos en Europa; 
las emisiones clandestinas de billetes, sin garantía de ninguna es- 
pecie,, se repitieron con todo escándalo. Son ensayos bien doloro- 
sos y desgraciados, como se ve, para (^ue puedan estimular la ac- 
ción de nuestro país en el mismo sentido. 

El billete de banco, digámoslo do una vez, es inconveiüble de 
hecho mientras inspira confianza plena el establecimiento emisor 
y la cantidad circulante no excede de las necesidades diarias de la 
circulación. Es un fenómeno económico que conocen y explotan 
en beneficio propio y en beneficio de la plaza todos los bancos 
emisores. Supóngase que disminuye ó desaparece la confianza en 
el establecimiento emisor, ó que la cantidad emitida es superior á 
la que retiene normalmente el mercado. ¿Qué sucederá entonces? 
Que la incon versión de hecho desaparecerá total ó parcialmente 
y que todos ó parte de los billetes volverán á las cajas del banco 
emisor. Dentro del funcionamiento ordinario do los establecimien- 
tos bancarios, se reproducen esas alternativas, sin hondas repercu- 
siones en muchos casos y provocando conmociones más ó menos 
graves en otros. ¿Conviene que la ley reglamente y trabe esos mo 
vimientos espontííneos de la expansión y de la reducción do la 
confianza pública? Cuando la ley declam inconvertible una suma 
de billetes que el público no convierte de hecho, porque la nece- 
sita y sobre todo porque tiene una confianza ciega en el estableci- 
miento emisor, puede decirse que la prescripción es perfectamente 
inútil y que con ella ó sin ella se mantendría en toda su inteii:ridad 
el fenómeno económico que se trata de consagrar. Es precisamente 
lo que ocurre con la emisión inconvertible del banco de Inglat(»rra, 
que es una cantidad menor de la que retiene la plaza para sii fun- 
cionamiento diario y que goza además de una confianza inconmo- 
vible. Podría derogarse sin peligro esa cláusula del acta de Peel: 
la inconversión de derecho quedaría siendo una inconversión de 
hecho, sin que se alterase en nada el medio ambiente econ(>mieo. 
En cambio, cuando la ley declara inconvertible una suma de bille- 



bégim>:n monetario 303 



tes que no inspira confianza 6 que excede de la demanda conti- 
nuada del mercado, entonces la moneda se deprecia más ó menos 
fuertemente, según el grado de energía con que actáa la descon- 
fianza publica ó el desequilibrio entre la demanda y la ofer- 
ta de papeles. Quiere decir, pues, que mientras el establecimiento 
emisor marcha con tino y con prudencia y goza de grande y me- 
recida confianza, existe un mínimo inconvertible con ley 6 sin ley 
de inconversión, siendo ésta perfectamente inútil; pero que una vez 
que desaparecen el tino y la prudencia en el banco y la confianza 
en el público, la inconversión espontánea desaparece también, 
y si la ley la impone, ocasiona un gran daño y una gran injusticia. 
Parten los panegiristas del billete inconvertible de una base 
aparentemente razonable: toda plaza comercial necesita cierta 
cantidad de papel, y la ley para no causar perjuicio á nadie puede 
y debe limitarse á declarar la inconversión hasta ese monto efec- 
tivo de la demanda. Necesita, por ejemplo, la república Oriental 
quince millones de pesos papel, que es más ó menos los que han 
puesto en circulación los bancos en los tiempos de mayor expan- 
sión del crédito. Pues bien, se dice: la ley debe limitarse á decla- 
rar la inconversión de esos quince millones. Es evidente, sin em- 
bargo, que una vez producida la depreciación, por las causas que 
acabamos de indicar, surge un vacío en la circulación que sólo 
puede ser llenado mediante nuevas y deplorables emisiones. Los 
quince millones, cotizados á la mitad de su valor nominal, sólo 
tendrán un poder efectivo ó de compra por siete y medio millones de 
pesos, y llegada la depreciación á ese extremo, tiene que sentir la 
plaza un vacío análogo al que causaría la desaparición de la mitad 
de su moneda. Para restablecer el límite primitivo, habrá que ele- 
var las emisiones á treinta millones y en tal caso á los factores de 
depreciación que ya han actuado, se agregará otro, el del aumento 
mismo del papel en relación con los recursos nacionales. Una 
circulación de treinta millones tiene que alarmar más, depreciada 
y todo, que una circulación de quince millones. En consecuencia, 
el billete continuará en la pendiente ya empezada y cada nuevo 
salto que anuncien las pizarras de la bolsa, irá acompañado de un 
nuevo vacío en la circulación, dando base amplia á los papelistas 
para decir y sostener que el país carece de medio circulante y que 



306 



LEGISLACIÓN ECONÓMICA 



país, tanto más honroso cuanto que hemos tenido que sustraemos 
al ambiente económico sudamericano, que es excepcionalmente 
propicio ai empapelamiento, como lo demuestran el Brasil, la Ar- 
gentina, Chile y el Paraguay, ha tenido su recompensa innegable. 
Pasado el estallido de la crisis, pudo el país en 1868, en 1875 y en 
1890, ahorrar en terreno firme, sabiendo lo que tenía, sabiendo lo 
que había salvado del desastre, sin tener necesidad de liquidar por 
segunda y por tercera vez, como suele ocurrir bajo la presión de 
las bruscas oscilaciones del oro, que aquí habrían sido horrorosas, 
es el término, dada la índole derrochadora de nuestros gobiernos, 
denunciada en las estupendas cifras de las emisiones de deudas 
públicas que hemos examinado. 



CAPITULO XI 

I/egislación bancaria 



EL REGLAMENTO DE 1865 

Nuestro primer reglamento orgánico de bancos data del 23 de 
marzo de 1865. El decreto-ley de esa fecha consagró el principio 
de )a libertad bancaria, sin otras restricciones que las que estable- 
cemos á continuación: los estatutos y reglamentos deben ser apro- 
bados por el poder ejecutivo; los billetes al portador, á la vista 
j pagaderos en oro selladoy serán del mínimum de diez pesos, 
pudiendo sin embargo emitirse notas fraccionarias, de veinte cen- 
tesimos arriba, hasta el 20 Vü ^^^ monto total de la circulación de 
cada banco, convertibles á oro siempre que se presenten en nú- 
mero correspondiente al valor de diez pesos; la falta de puntuali- 
dad en el pagamento al portador y á la vista de un solo billete, im- 
portará la suspensión y liquidación del banco que incurra en falta, 
no pudiendo en tal caso volver á funcionar sino en virtud de una 
nueva organización; la emisión no podrá exceder del triple del ca- 
pital efectivo; la autorización del gobierno para funcionar un banco 
será de veinte años, con facultad de prorrogar aquélla, si así con- 
viniere, por períodos iguales; la contabilidad será llevada unifor- 
memente y en idioma español; el gobierno nombrará comisarios 
para la inspección y vigilancia, siendo á cargo de los bancos los 
honorarios que se acuerden á dichos funcionarios, á quienes im- 
cumbe especialmente fisc izar los registros de emisión y el cumpli- 
miento de las precedentes bases, visar los balancetes que presenta- 
rán y harán publicar los bancos y pasar informes al gobierno cuan- 



308 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 

do lo juzguen necesario, en resguardo de los intereses públicos; en 
los casos de liquidación 6 de quiebra los billetes gozanín de abso- 
luta prelacióii; el domicilio de los bancos será la ciudad 6 villa 
donde estuvieren radicados, quedando en un todo sujetos lí la le- 
gislación de la repíiblíca; en ningíin tiempo y por causa de interés 
propio 6 de circunstancias políticas, podní el gobierno imponer 
empréstitos á los bancos ni otorgar concesiones en contravención 
á las leyes ó que importen viciar las instituciones de crédito; el 
mismo gobierno, en sus contratos con los bancos, sení considerado 
como los particulares, y en consecuencia, sujeto íí las reglas esta- 
blecidas y íí lo que dispongan las leyes generales sc>bre la materia- 
Apenas pronmlgada, fué sometida á duras pruebas esta regla- 
mentación orgíínica. Ija dictadura del general Flores, que había 
declarado « nulo y atentíitorio » el decreto del gobierno de Agui- 
rre suspendiendo la conversión de los billetes ante el asalto y el 
bombardeo de la plaza de Montevideo, que parecían inminentes, 
impuso dos veces seguidas, en 1866 y 1867, ese mismo régimen 
nulo y atentatorio. Al año siguiente, en 1868, derrumbáronse con 
estrépito casi todas las instituciones emisoras y se puso á la orden 
del día el problema de la eficacia de la legislación vigente. Oigamos 
la opinión de algunos de los que se ocupai*on del asunto en las co- 
lumnas de la prensa. 

DISCUSIÓN DE ESE REGLAMENTO DESPUÉS DE LA CRISIS 

Establece el se^or Fauvety que los billetes fraccionarios que 
según la ley de 1865 podían lanzarse basta el 20 % de la emisión 
de cada banco, expulsaron del mercado gruesas sumas de metálico, 
principalmente plata, pudiendo afinnarse, sin temor de incurrir en 
equivocaciones, que la mitad de la emisión total ha estado repre- 
sentada por billetes menores, difícilmente convertibles y de 
rápida inutilización en los cambios. Eran tan tentadoras las ga- 
nancias^ que ciertos gerentes pagaban premios á sus corredores 
para que estimularan la difusión do la emisión fraccionaria. El 
primer decreto de inconversión de la dictadura fué provocado por 
el millón de pesos que el gobierno adeudaba al banco Mauá y que 
no podía devolverse en el acto; y el segundo, á solicitud de un solo 



RÉGIMEN BANCARIO 309 



establecimiento de crédito y sin previa consulta á ios demás 
Agrega el señor Fauvety que fué un rasgo de verdadera audacia 
la autorización de emitir por el triple del capital efectivo en un país 
que hacía su aprendizaje bancario; un error, no determinar que el 
capital efectivo debería estar re|iresentado en metíílico y no, como 
quizíí ha ocurrido, en acciones no suscritas 6 simples dividendos 
entregados; y otro error finalmente, estiiblecer la prelación abso- 
luta del tenedor de billetes sobre el depositante, dos acreedores 
que deberían gozar de idénticos favores. 

El barón de iíauíí, en una exposición publicada en el mes de 
abril de ISOS, establece las siguientes conclusiones: que el decreto 
de curso forzoso del gobierno de Aguirre lo imponía el propio esta- 
do de la plaza amenazada de asalto y bombardeo; que el banco Maná 
concentraba en su cartera la mayor parte del uso del crédito deter- 
minado por la vida económica y financiera del país, y en ese gran 
trance debía el gobierno venir en su apoyo para salvar al país; que 
el segundo decreto se debe al asalto de que fué objeto el banco 
Mauií por n^percusión de la grave crisis inglesa de 1866, asalto 
que sólo podía dominarse pagando el gobierno al banco el millón 
que le adeudaba, ó decretando, en defecto de dinero, el curso for- 
zoso; que el tercer decreto, que todavía rigchase atribuido al pro- 
pósito de favorecer á un banco, que Mauá asegura que no es el 
suyo, pero debe atribuirse más bien á estas causas: abuso del cré- 
dito, determinado por la competencia exagerada entre una multi- 
tud de bancos que podían emitir hasta el triple de su capital, sin 
las necesarias garantías; excesivas impoiluciones de productos de 
consumo que obligaron á exportar metálico, surgiendo de ahí un 
desequilibrio entre la emisión y el capital disponible de los esta- 
blecimientos emisores; las circunstancias excepcionales en que 
vive el país desde el año 1863, que aunque favorable bajo ciertos 
aspectos, paralizan el desarrollo progresivo de las fuerzas produc- 
toras, promueven la irregularidad de la oferta y de la demanda y 
convierten al gobierno en un fuerte consumidor de capitales. 
Acerca de las medidas á tomarse, opina Mauá que es necesario li- 
mitar la facultad emisora de los bancos al monto del capital rea- 
lizado y al doble del metálico disponible, con prohibición expresa 
de considerar como encaje los billetes de otros bancos. Esta última 



310 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 



«xigeiicía bastaría para perpetuar el régimen de la conversión una 
vez restablecido. « La mayor parte de los bancos, agrega Mauá, no 
poseen oro en cantidad porque eso exige sacrificios, y sólo tienen 
en sus cajas notas de otros bancos, uno de los grande» vicios de la 
actual gestión bancaria ». 

Una segunda exposición publicó el vizconde de Mauá el 1.^ de 
junio de 186S, día señalado para reanudar la conversión de los bi- 
lletes, en la que se registran detalles de alto interés histórico. En 
1850, la Francia y la Inglaterra resolvieron abandonar á la repú- 
blica Oriental, cansadas de los sacrificios que les imponía su in- 
tervención contra Rosas. Fué entonces que el gobierno brasileño 
pidió á Mauá que auxiliara á la defensa de Montevideo con recur- 
sos mientras el imperio se preparaba á la guerra y venía en ayuda 
de sus aliados de Montevideo. Además de los recursos que por su 
int-rmedio entregaba el imperio, Mauá empeñó con el mismo fin 
una fuerte suma de su foituna particular. Al finalizar la guerra^ 
resultó así acreedor de cantidades respetables que sólo podían 
reembolsarse mediante módicas amortizaciones mensuales. La ne- 
cesidad de mantener un agente para recibir las expresadas cuotas, 
dio origen gradualmente á una verdadera institución de crédito 
que adquirió la denominación de banco Mauá desde el año 1857. 
Innegables son los servicios prestados desde esa época por el 
banco al comercio, á las industrias y á los gobiernos de diverso 
color político que se han sucedido en el país. La situación de la 
república, después de una larga revolución, de una guerra extema 
y del flagelo del cólera, resultó bastante favorable, desde que las 
rentas eleváronse á cifras nunca obtenidas, los empleados públicos 
y las deudas se pagaban religiosamente y los gastos del pequeño 
contingente militar en el Paraguay eran anticipados por el Bra- 
sil. Pero la crisis comercial y monetaria estaba latente. Y de 
ello eran indicios la libre creación de bancos, sin garantías y en 
hostilidad permanente ; la pérdida de los engordes del ganado en 
las faenas del año, á consecuencia de la epidemia ; el bajo precio 
de las lanas ; una importación exorbitante derivada de la excita- 
ción febril que produjo la presencia de un gran ejército y de una 
gran escuadra ; y como efecto lógico un fuerte desequilibrio de los 
cambios. En tales circunstancias, la importación de metálico en 



RÉGIMEN BANCARIO 311 



cantidad necesaria para responder á la conversión, aparte de ser 
cara era inCitil, desde que la reexportación tenía que llevarse el 
oro en pago del déficit existente. Desde hace ocho años el banco 
Mauá viene soportando las necesidades de todos los gobier- 
nos orientales. El mismo gobierno actual, desde el primer día de 
su existencia, giró contra el banco para hacer frente á las exigen- 
cias del servicio páblico. En los últimos días del mes de mayo 
giró dos veces, sin tener fondos y adeudando por el contrario al 
banco trescientos mil pesos en cuenta corriente, con la particula- 
ridad de que el primero de esos dos giros se recibió diez minutos 
antes de la nota prohibiendo al banco que emitiera billetes fuera 
de un máximo ya excedido. En todos los países, concluye Mauá, 
son los acreedores los que traen la liquidación de sus deudores; 
pero en el caso ocurrente se trata de un deudor que después de 
haber inutilizado los recursos de su acreedor, le obliga á entrar en 
liquidación, por la imposibilidod de convertir sus emisiones en día 
dado. 

Fué contestado este manifiesto, en sus alusiones finales, por el 
ministro de hacienda, doctor Pedro Bustamante, quien sostuvo que 
los giros se habían hecho sobre las rentas de aduana que ingre- 
saban diariamente en el banco por arreglos preexistentes relativos 
al servicio de la deuda publica, y que también estaba establecido 
por un acuerdo celebrado con el gobierno anterior que se prescin- 
diría del saldo de los trescientos mil pesos, agregando en lo reía" 
tivo á la emisión, que el banco se había excedido en un millón 
ochocientos mil pesos sobre el límite do la ley. 

He aquí ahora las conclusiones á que arribó acerca del mismo 
problema bancario don Tomás Villalba, autor del proyecto de re- 
glamentación orgánica de bancos que sirvió de base al decreto-ley 
de 23 de marzo de 1865, contador de la nación y comisario de 
bancos. El más perfecto sistema bancario es el que mejor res- 
ponde á las costumbres y á las necesidades del país al cual se 
adapta. Llena esa condición el sistema vigente entre nosotros^ 
desde que responde al modo de ser habitual de nuestro comercio 
y á las exigencias de la circulación. No pueden negarse ni la exis- 
tencia feliz y tranquila del comercio, ni la marcha regular de los 
bancos, ni el alto crédito de que han gozado, ni los beneficios que 



312 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 

han derramado, mientras la acción de la autoridad, decretando por 
tres voces el curso forzoso, no vino íí poner en problema la esta- 
bilidad del sistema y lí lastimar los grandes intereses que debían 
considerarse seguros bajo la garantía de la ley. P]s, pues, conti-a 
esa acción deletérea, contra la influencia y el poder de los gobier- 
nos que deben buscarse garantías, lí fin de prevenir los abusos en 
que puíída reincidirse. sea por moviinientos espontjíneos, sea por 
la complicidad interesada do uno 6 más banqueros. T^a historia de 
todos los países estií ahí para demostrar (juo ningCui estnbloci- 
mionto de emisión en relaciojiies intensas con el gobierno, ha po- 
dido escapar al desastre sin recibir una eficaz protección que sólo 
puede hacerse efectiva en perjuicio de la libertad bancaria, del 
principio de la convertibilidad y de los intereses económicos del 
país. Ijos abusos de que nos lamentamos actuahuonte no han sido 
producidos por nuestro sistema bancario, sino por actos de fuerza 
de la autoridad pública, (juc para poderlos cometer ha empezado 
por violar la ley orgánica vigente. Iaí constitución de la repdblica 
estíiblecc» implícitamente la pluralidad de bancos, al referirse al 
establecimiento de cualesquiera bancos. 

En 1854, continúa el señor Villalba, apremiando la falüi de nu- 
merario, tratóse de fundar un banco nacional por acciones, y aun- 
que los estatutos fueron aprobados, la idea fracasó y el país se vio 
libre de semejante calamidíid. Más tarde se formó la compañía de 
crédito, que gozaba de absoluta libertad en la gestión de sus ne- 
gocios y que emitió billetes convertibles. Jamás tuvo que arrepen- 
tirse el público de la confianza acordada á esa sociedad. En 1857 
se fundó el banco Mauá, sancionándose sus estatutos con leves 
variantes por las cámaras. Fué Mauá el verdadero introductor del 
sistema bancario que tenemos. Su establecimiento adquirió desde 
luego un merecido crédito, especialmente una vez que se supo la 
destitución del primer gerente á causa de un préstamo que había 
hecho al gobierno durante un movimiento revolucionario. La edu- 
cación bancaria pudo generalizarse y se generalizó con la funda- 
ción del banco Comercial y del banco de Londres y Río de la 
Plata. Quiere decir que á partir del año 1857, la pluralidad ban- 
caria, la conversión en metálico, el giro de 3 por l,en una palabra, 
el sistema que hoy rige era un hecho que merecía la aceptación de 



Rl^IBCEN BANCARIO 313 



todos, de tal manera qu(í el banco Comercial de Montevideo y el 
banco Comercial de Paysandá, que al principio habían creído con- 
veniente imponerse ciertas restricciones, pugnaban después por la 
reforma de sus estatutos, buscando perfecta igualdad y asimilación 
con el banco Mauá. Ningún incidente sobrevino desde la funda- 
ción de los bancos emisores, que hiciese sospechar de la seguridad 
de los caudales que manejaban, siendo por el contrario notorios 
los servicios prestados durante la crisis casi universal que produjo 
la quiebra de 1,400 bancos en los Estados Unidos. Con relación al 
banco Mauíí, la confianza no decayó ni aun en 1863, á pesar de 
la notoriedad del abuso del crédito en favor del gobierno, á quien 
so facilitaban recursos con peligro de la solidez del establecimiento, 
quo hubo necesidad de saldar mediante la emisión de deudíis loca- 
lizadas en Londres que imponían el recargo de los derechos sobre 
la importación y la exportación. 

Posteriormente, recurrió el gobierno jí un empréstito forzoso de 
medio millón de pesos á los bancos Mauá y Comercial, que so- 
porta principalmente el primero y dio lugar al establecimiento del 
curso forzoso mientras durase la guerra, y seis meses después. 
Vueltos los establecimientos bancarios á la conversión, el banco 
Maují abrió un nuevo crédito ilimitado íC la voracidad de la admi- 
nistración y comprometió en pocos meses una situación brillante, 
trasladando á la caja del estado casi la mitad de su capital. ¿Por 
qué se hacía esto? Claro está que por el mismo motivo porque se 
había hecho antes, ó sea porque se contaba con la protección obli- 
gada de un gobierno que no tenía crédito y que tenía el deber de 
evitar la caída causada por su culpa de un gran estoblecimiento 
de crédito, del que era principal deudor. Adem«<s ese gobierno ne- 
cesitaba un crecido suplemento de fondos que sólo podía obtenerse 
recurriendo nuevamente íil curso forzoso. A los seis meses quedó 
restablecida la normalidad, pero así como en 186íi ese hecho costó 
al país la creación de una deuda externa y el gravamen de nues- 
tros productos, en 1867 costó la emisión de otras deudas con 
afectación sobre una de las principales rentas del estado. Apenas 
terminada esta crisis, sobrevino el tercer decreto de curso foi*zoso, 
medida inexplicable é inexplicada, que según es sabido fué cono- 
cida de antemano por algunos especuladores en oro, que atacaron 



314 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 

simultáneamente los depósitos de los bancos, consiguiendo en po- 
cos días excelentes lucros. 

Para evitar en lo posible tales abusos, concluye el informe del 
señor Villalba proponiendo las siguientes medidas: 1.® que el go- 
bierno no pueda tener cuenta corriente con ningún banco, sino 
mediante autorización legislativa y designación expresa de esta- 
blecimiento bancario; 2.^ que sobre el cómputo hecho de común 
acuerdo, de las rentas afectadas á la garantía de dicha cuenta, el 
banco contratante no podrá quedar en descubierto á fin de año 
sino por una suma que no exceda de 200,000 pesos; 3.** que si el 
gobierno carece de otros recursos, deberá cubrir el expresado 
saldo con billetes de tesorería que se reducirán con los recursos 
del año siguiente; 4." que el tesoro público no quedará obligado al 
pago de saldo mayor, sea cual fuere el motivo que el banco ale- 
gue, estando además obligado el prestamista á no adelantar nin 
guna otra suma mientras no haya recibido en pago los billetes de 
tesorería adeudados; 5." que los tribunales hagan cumplir ejecuti- 
vamente la ley de bancos toda vez que fuesen solicitados con ese 
objeto por uno ó más interesados. Todo lo que puede hacerse, 
consistcí simplemente en impedir los abusos del gobierno. Las de- 
más garantías que se buscan ilusoriamente en encajes fijos, en 
proporciones ideales de la emisión con el metálico, en comisiones 
investigadoras, están condenadas por la experiencia bancaria. La 
fiscalización oficial, es de efectos fatales, porque ella se sustituye 
á la fiscalización del pueblo. 

PROYECTOS SUSTITUTIVOS 

Bajo la impresión de los desastres bancarios del año 1868, nom- 
bró el gobierno una comisión compuesta de los señores José Pedro 
Ramírez, Tomás Tomkinson, Elbio Fernández, Enrique Cohe, 
Carlos Diehl, José G. del Busto y Andrés Folie, encargada de 
proyectar un plan de reformas á la legislación vigente. No fué po- 
sible armonizar ideas y se produjeron dos informes diametral- 
mente opuestos. 

Los señores Tomkinson, Diehl y Folie sostenían «que mientras 
no se hubiese arraigado en el país la convicción de que una circu- 



BléoniEN BANCABIO 315 



lación inconvertible es el peor de los flagelos comerciales, no era 
conveniente autorizar la emisión de billetes de banco», invocando 
los siguientes fundamentos: que la utilidad del billete consiste casi 
exclusivamente en la mayor facilidad de trasmisión; que esa insig- 
nificante ventaja no compensa el riesgo de la inconversión; que 
despuí'^s de la experiencia de los últimos cuatro años, en que por 
tres veces se decretó el curso forzoso, sin garantías, falseándose 
los contratos entre particulares y hablándose todavía de prorrogar 
el mismo régimen á favor de bancos insolventes, existen fundados 
motivos de que esas tentativas encuentran apoyo en momentos de 
perturbación; que despuós de los desengaños sufridos y de los sacri- 
ficios impuestos á los bancos solventes por los repetidos decre- 
tos de curso forzoso y hasta que el tiempo haya extinguido sus 
recuerdos, ningfm banco serio y sólido se arriesgará á establecerse; 
que siendo permitida la emisión de billetes, expuestos á cada ins- 
tante á la inconversión, dejará el capital extranjero de afluir al 
país para invertirse en operaciones de largo aliento. No obstante 
el radicalismo de estas conclusiones, sus autores y el señor Cohe 
presentaron un proyecto de reglamentación para el caso de que el 
gobierno juzgara que era más conveniente el mantenimiento de la 
facultad de emisión. Inspirábase ese proyecto en la legislación nor- 
teamericana del año 1863 y establecía: que los bancos sólo podrían 
emitir billetes pagaderos en oro al portador y á la vista exclusiva- 
m(»nt(» híista el monto de su capital integrado en efectivo; que 
habría una comisión fiscal encargada de refrendar con sus firmas 
las notas y entregarlas á los bancos contra valores de cartera que 
excederían en un 25 % al monto de los billetes; que los bancos 
tendrían que canjearse diariamente sus billetes, so pena de una 
multa igual á los billetes ajenos que conservasen en su poder; que 
producida la quiebra ó suspensión de un banco, la comisión fiscal 
ejercería la sindicatura de la institución de crédito respectiva; que 
los jueces y tribunales reputarían inconstitucionales todos los de- 
cretos ó disposiciones gubernativas que impusieran curso forzoso 
á los billetes circulantes. 

El otro proyecto, presentado por los señores Ramírez^ Fernán- 
dez y Busto^ estaba inspirado en el principio de la libertad de 
bancos. En concepto de dichos señores, la prestación de garantías 



w 




316 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 

nada haría ganar al billete, que ya tenía bastante con su prelación 
absoluta sobre las demás deudas del establecimiento emisor; la fis- 
calización oficial debilitaría el control más real y eficaz del pú- 
blico; y sólo debían establecerse medidas destinadas á aumentar la 
responsabilidad de los banqueros, abreviar la liquidación de los es- 
tablecimiontosique entraran en falencia y crear penas capaces de pre- 
venir por el temor los abusos y los fraudes. Señalaremos algunas 
délas medidas prestigiadas por la comisión. Los bancos no se con- 
siderarían constituidos ni podrían funcionar hasta después de rea- 
lizado en oro el total de su capital suscrito, como medio de evitar el 
abuso cometido durante la crisis de 1868 por muchos accionistas, 
que apremiados para integrar el capitíil, conseguían eludir respon- 
sabilidades traspasando sus acciones á otras personas. Ningún 
banco podría prestar fondos al gobierno sino con autorización 
legislativa, y entonces mismo por una cantidad que no exce- 
diera de la cuarta parte del capital realizado, quedándole prohi- 
bido al gobierno cometer á un establecimiento bancario la admi- 
nistración, percepción ó distribución de las rentas públicas. «Nada 
más peligroso, dice el informe, según el común sentir de los econo- 
mistas, que las vinculaciones entre los bancos y los gobiernos, 
observación esencialmente aplicable á este país, donde la estabili- 
dad no ha logrado radicaree y donde el respeto á las leyes y la ob- 
ser\'^ancia á los principios no constituyen una garantía invencible 
contra los abusos y los golpes del estado. Uno de los más graves 
peligros que entraña hoy la institución bancaria lo constituye el 
peligro de que se repitan los ejemplos del curso forzoso impuesto 
á los billetes de los particulares, y ese peligro existirá siempre que 
el favoritismo y los compromisos y las vinculaciones de cualquier 
género liguen la suerte de los gobiernos á la de los bancos, y vice- 
versa. Cuando para un gobierno la existencia de los bancos sea 
cuestión de subsistencia también para sí mismo, excusado será es- 
perar que ese gobierno permanezca impasible en presencia de la 
falencia de los bancos, que sabi-án haceree sentir oportunamente 
en los consejos de gobierno. A no establecer y garantir asa inde- 
pendencia entre los bancos libres y los gobiernos, casi sería prefe- 
rible optar por el banco nacional, que con los mismos inconve- 
nientes ofrecería otras ventajas al estado.» 



RÉOIMJBK BARCABIO 317 



Trazados esos lineamientos capitales, proponía la comisión otras 
reformas que es útil extractar. No podrá constituirse el directorio, 
ni menos nombrarse gerente, hasta después de constituido legal- 
mente el banco é integrado en oro todo el capital suscrito, debien- 
do ambos nombramientos efectuarse en reunión general de accio- 
nistas. Los accionistas responderán á las pérdidas futuras con 
todos los dividendos que hubieran percibido desde la fundación 
del banco. Entre los bancos será obligatorio el canje semanal de 
sus notas, con pago en oro de las diferencias. Se publicarán, aparte 
del balance anual, balances mensuales, acreditándose en la cuenta 
de capital las sumas realmente vertidas con ese fín y en la cuenta 
de caja las especies metálicas con absoluta exclusión de los billetes 
de otros bancos. Los billetes que cada establecimiento ponga en 
circulación diariamente se reputarán valor á la vista y al poiiador, 
negociados en ese día y su importe será debitado en caja y acredi- 
tado á la cuenta de emisión, que sólo resultará acreedora entonces 
de lo que exista en circulación.' No podrán escriturarse beneficios 
sin un balance general que compruebe su existencia. En caso de 
falencia, el juez de comercio, el fiscal de hacienda y cuatro comer- 
ciantes nombrados por el superior tribunal de justicia, realizarán 
lo más saneado del activo en favor de los depósitos judiciales y de 
la emisión circulante, quedando luego sometido el banco á los pro- 
cedimientos comerciales sobre quiebras. A las causas generales de 
calificación de la quiebra, se agregarán como causas de quiebra 
culpable la inmovilización de una cantidad igual al capital reali- 
zado, el empleo en deuda pública y valores mobiliarios del duplo 
del capital, el préstamo á un solo individuo, corporación ó al es- 
tado de más de la cuarta parte del capital; y á las de quiebra 
fraudulenta, la violación de las leyes y estatutos. Se declara obli- 
gatorio para los tribunales de la república el principio que exonera 
de acatamiento á toda ley ó decreto que tenga por objeto nulificar 
los derechos adtjuiridos, imponiendo curso forzoso á los bancos ó 
amparándolos contra el fiel cumplimiento de los compromisos 
preexistentes. 

Ninguno de estos proyectos fué aceptado por el gobierno. El 
ministro de hacienda, doctor Alejandro Magariños Cervantes, re- 
dactó otro, que fué presentado á mediados del año 1869 al cuerpo 



318 LEQISLAaÓN ECONÓMICA 

legislativo. Mantiene en vigencia la 1 jy bancaria de 23 de marzo 
de 1865, alterando en esta forma algunas de sus disposiciones: 
quedan autorizados los bancos para emitir notas de 20, 50 ó 100 
pesos, convertibles en oro; la falta de conversión dará lugar á la 
liquidación del establecimiento emisor, que no podrá funcionar de 
nuevo sin reconstruir su capital en metálico y pagíir íntegramente 
los billetes anteriores; la emisión gozará de absoluta prelación so- 
bre las demás deudas; las concesiones serán por veinte años; se 
publicarán mcnsualmentc balancetes con especificación en la 
cuenta de caja del metálico y de los billetes; el gobierno no podrá 
imponer empréstitos á los bancos ni acordar á éstos conc<ísiones 
en contravención á las leyes ó que importen viciar la naturaleza 
de las instituciones de crédito; los billetes fraccionarios de 10 cen- 
tesimos á cinco pesos quedan reservados á la nación, que los emi- 
tirá por intermedio de la oficina de crédito nacional, siendo dichos 
billete? convertibles á oro; la intervención de la autoridad en los 
bancos se limitará á comprobar la existencia del capitíil realizado 
con que empiecen á funcionar y las entregas sucesivas que hagan 
los socios y á practicar la liquidación administrativa de los bancos 
que no conviertan sus rotas, por intermedio de la oficina de cré- 
dito nacional, la cual se incautará del encaje y valores de cartera 
hasta el completo pago de la emisión, tomando cartas el juzgado 
de comcírcio una vez realizado ese aparte. El juzgado de co- 
mercio hará la calificación de la quiebra, de acuerdo con el 
código de comercio, teniendo en cuenta además que hay cul- 
pabilidad cuando se inmoviliza una cantidad igual al capital 
realizado, cuando se coloca en deuda pública y valores mobiliarios 
el duplo dol capital y cuando se presta á un solo individuo, cor- 
poración ó al gobierno huís de la cuarta parte del capital; y que 
hay fraude en caso de violación de las leyes y estatutos, aun 
cuando esas violaciones no sean causa de la quiebra. Al discutirse 
este proyecto en el seno de la cámara de diputados, se indicó la 
conveniencia de que la comisión fiscal practicase el examen de los 
libros y visam los balancetes mensuales; pero el ministro de ha- 
cienda sostuvo con éxito que la fiscalización anterior no había im- 
pedido los miís grandes escándalos y que siendo absolutamente 
ineficaz era peligroso mantenerla, por cuanto adormecía las fiscali- 



r/:gimen bancario 319 



zaciones que debe ejercer el público. Otras enmiendas introdujo la 
cámara, entre ellas, la de que los establecimientos que suspendie- 
sen pagos serían liquidados por la comisión fiscal de bancos. Pa- 
sado el proyecto á la cámara de senadores, fué rechazado, habiendo 
sostenido en su informe la comisión de legislación que era de una 
inconstitucionalidad evidente el nombramiento de jueces especia- 
les; que eso alcance tenía la ingerencia dada á la comisión fiscal 
de bancos; y que en el resto de sus cláusulas el proyecto repite 
fundamentalmente las disposiciones del decreto- ley de 1865, que 
no ha dado buenos resultados por la violación del artículo 6 que 
prescribe que « en ningün cUso y por causas de interés propio ó de 
circunstancias políticas, podrá el gobierno imponer empréstitos á 
los bancos ni otorgar concesiones en contravención á las leyes ó 
que importen viciar l£(s instituciones de crédito». 

LIBERTAD ABSOLUTA DE EMISIÓN 

En julio de 1873, el doctor José Pedro Ramírez presentó á la 
cámara de diputados de que formaba parte un proyecto de ley 
por el que se declara libre el establecimiento de bancos de emi- 
sión, depósitos, giros y descuentos, sobre las siguientes bases: el 
banco expresará el capital efectivo con que se constituye en los 
estatutos que deben someterse al cuerpo legislativo, de conformi- 
dad con el artículo 17 de la constitución, según el cual corres- 
ponde á la asamblea general «aprobar ó reprobar la (Tcación y 
reglamentos de cualesquiera bancos que hubieran de establecerse»; 
el banco que se constituya por sociedad anónima tiene que realizar 
en oro la totalidad de su capital suscrito; la administración ban- 
oaria será libre é independiente de toda ingerencia ó tutela guber- 
nativa; los bancos deberán canjearse semanalmente sus notas, abo- 
nando en oro las diferencias; en la cuenta de caja no podnín figurar 
sino las especies meüílicas; la falta de puntualidad en el pago de 
un solo billete, importa caso de falencia; producido ese caso, el 
juez de comercio practicará en el acto las medidas necesarias para 
asegurar la persona y bienes del fallido y ese mismo funcionario 
asociado al fiscal de gobierno y hacienda y á la junta de crédito 
público realizará lo más saneado del activo para atender al pago 




320 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 

de los depósitos judiciales y de la emisión circulante, citándose 
luego á los acreedores para formalizar el concurso; la quiebra se 
clasificará de acuerdo con el código de comercio, reputándose ade- 
más culpable en los casos de inmovilización de una gran parte del 
capital del banco y de préstamos excesivos á una sola persona ó 
corporación, y fraudulenta cuando se han violado las leyes y esta- 
tutos; la quiebra culpable se castigará con pena de prisión con 
trabajos públicos, de dos á seis años, y la quiebra fraudulenta con 
pena de prisión y trabajos públicos de diez años; es obligatorio 
para los tribunales el principio que exonera de acatamiento á las 
disposiciones evidentemente inconstitucionales ó ncgatorías de las 
prescripciones del derecho natural, estando en tal caso cualquier 
ley, decreto ó disposición que tenga por objeto nulificar los dere- 
chos adquiridos por este proyecto, imponiendo curso forzoso á los 
billetes de los bancos particulares ó amparándolos con disposicio- 
nes análogas contra el fiel y exacto cumplimiento de los compro- 
misos preexistentes; y finalmente que los jueces reputaiiín en el 
caso de falencia al banco que solicitase ó se amparase al curso 
forzoso ú otra diposición semejante, bajo la responsabilidad im- 
puesta por las leyes á los infractores de la constitución. 

Fimdando este proyecto, que en sus lincamientos fundamentales 
es la reproducción del que fud presentado al gobierno en el año 
1869 por el propio doctor Ramírez, por el doctor Elbio Fernán- 
dez y por el señor José G. del Bulto, dijo su autor en la cámara de 
diputados: que la tutela gubernativa adormece la vigilancia de los 
particulares, como so comprobó hasta la última evidencia durante 
la crisis de ISGíS; (|ue si tratándose de bancos fundados por socie- 
dades anónimas, se exige la integración total del capital suscrito, 
es porque en la misma crisis se vio que cuando los bancos exigían 
la entrega del 50 % ó de lo que feíltaba, el accionista solvente 
tran.sf(íría su acción á persona i.isolvente; que es necesario que se 
establezca que los gerentes sólo pueden ser nombrados en asam- 
blea general de accionistas para evitar la repetición del abuso nuiy 
frecuento entre nosotros de fundación de bancos por los gerentes; 
que en la liíjnidación debe hacerse una excepción á los principios 
generales del código tratándose de los billetes que se distribuyen 
en el país ontero y no permiten la celebración de juntas de acree- 
dores. 



RÉGIMEN BANCARIO 321 



Era inmensamente más radical el criterio dominante en el 
cuerpo legislativo. La cámara de diputados prefirió sancionar un 
proyecto por el que se declara que todos los habitantes de la repú- 
blica tienen el derecho de hacer uso del crédito, emitiendo notas 
y billetes llamados de banco, manuscritos, impresos 6 litografia- 
dos por cualquier cantidad, convertibles á la vista en metálico; 
que en las oficinas públicas sólo se recibirá el metiílico; que 
la emisión fraccionaria se garantizaní mediante depósito, por 
los emisores, de títulos de deuda pública con servicio afecto á 
su pago, cotizados por un 20 % menos do su valor. La cámara de 
senadores sancionó otix) proyecto sustitutivo, por el que simple- 
mente se derogaba la prohibición impuesta á los bancos emisores 
de lanzar billetes fraccionarios. En el fondo, no existía verdadero 
antagonismo de sistema entre las dos cámaras. La comisión de 
hacienda del senado establece efectivamente en su informe, que el 
artículo del proyecto de la otra rama del cuerpo legislativo, que 
declara que todo individuo tiene el derecho de hacer uso de su 
crédito por cualquier cantidad y en la forma que mejor le cuadre, 
proclama un derecho individual incontestable é incontestado y es, 
por lo tanto, inútil en la ley; que lo único que debe hacerse es 
suprimir la injusta privación ó limitación de ese derecho, im- 
puesta excepcional mente á los individuos que se dedican á la pro- 
fesión bancaria. Tampoco acepta el informe la prescripción reía 
tiva á las oficinas públicas, porque ella constituiría un grito de 
alarma contra los bancos emisores. Ampliando estas ideas, dijo 
el miembro informante de la comisión de hacienda del senado 
señor Aurelio Berro, que la ley votada por la cámara de diputados 
era simplemente una ley de lujo, agregando que no sólo era inútil, 
sino inconveniente, porque tratándose de un derecho natural, al 
establecerse en la ley, se ponía en duda su preexistencia. 

A mediados de 1873, dirigieron los bancos de Montevideo una 
representación á la cámara de diputados, expresando que el retiro 
y conversión de los billetes fraccionarios garantidos por la nación, 
difícuitaban seriamente las transacciones y que era indispensable 
conjurar el mal antes de que adquiriera mayores proporciones; que 
á ese propósito respondía el proyecto del senado derogatorio de la 
prohibición de emitir billetes menores de un doblón; que en el 



322 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 

seno de la comisión de hacienda de la cámara de diputados se 
habían dividido las opiniones, optando la mayoría porque se de- 
clarase libre la emisión y aconsejando la minoría el mantenimiento 
del raimen vigente; que la primera solución es inadmisible y la 
rechaza la opinión de los miís ilustres estadistas, porque la liber- 
tad del público en el acto de recibir ó rechazar billetes, esüí muy 
á menudo limitada, ya por la ignorancia de una gran parte de la 
sociedad, ya por la ineptitud de los agentes que es forzoso emplear 
en las operaciones de menor cuantía, ya por un sin nCimcro de 
circunstancias que ponen al acreedor en el caso de recibir la mo- 
neda que ofrece el deudor; que la experiencia demueslra que si el 
billete no es moneda, hace el oficio de moneda, lo reemplaza, lo 
arroja de la circulación en cantidad equivalente y exige por este 
motivo del estado una reglamentación particular; (¡ue la libertad 
absoluta excita una actividad desordenada y tiene que conducir jí 
crisis dolorosas; que los mismos miembros do la comisión en ma- 
yoría se han dado cuenta de los peligros, incorporando á su pro- 
yecto un artículo por el que se establece que en las oficinas pfibli- 
cas sólo se recibirá el metálico. 

No habidndose puesto de acuerdo ambas cámaras acerca de los 
proyectos en trámite, que recibieron modificaciones de diversa ín- 
dole, pasó el asunto á conocimiento de la asamblea general. I^a co- 
misión de hacienda produjo dos informes. El primero de ellos, 
suscrito por los señores Agustín de Vedia, Juan Carlos Blanco, 
Juan Ramón Gómez y Carlos de Castro, parte del principio de 
que c el billete pagadero al portador y á la vista, cuales(iuiera que 
sean las funciones que desempeñe y á que voluntariamente y por 
conveniencia propia se le admita, no es en realidad otra cosa (jue 
el reconocimiento de un préstamo recibido por el emisor y la pro- 
mesa de su devolución en ciertas y determinadas condiciones. De 
esa base indiscutible, agrega el informe, resultan las siguientes 
consecuencias: que la facultad de emitir billetes al portador y á la 
vista es un derecho común inatacable ; que la circulación de bi- 
lletes no es otra cosa que la trasmisión voluntariamente admi- 
tida de un título de crédito negociable como otro cualquiera ; que 
la cuestión de valor ó cantidad no altera la significación esencial 
del documento». De acuerdo con tales ideas, terminad informe 



RÉGIMEN BANCARIO 323 



aconsejando un proyecto sustitutivo por el que « quedan deroga- 
das las disposiciones anteriores que desconozcan ó limiten el de- 
recho que tiene todo individuo ó sociedad para hacer uso del cré- 
dito emitiendo vales ó billetes de cualquier valor pagaderos al por- 
tador y á la vista con sujeción á las reglas y responsabilidades de- 
finidas en el códip:o de comercio». El segundo informe, suscrito 
por los señores Juan José Soto, Camilo Vila, Eíduardo Vidal y 
Felipe H. Lacueva (este último acepta el proyecto, pero no el dic- 
tamen ), aconseja el dcsecharaiento de los dos proyectos sancio- 
nados por arabas cámaras separadamente; el del senado, porque 
es un privilegio odioso en favor de los bancos, tanto más inadmi- 
sible cuanto que la emisión menor, por su fraccionamiento, por la 
manera cómo se impone al público, y por la circunstancia de no 
'volver á la conversión, es un verdadero papel moneda que en la 
circulación reemplaza á la moneda metálica, siendo inconveniente 
en consecuencia acordar á los bancos tan peligrosa facultad ; y el 
de la cámara de diputados, porque es contrario á los principios 
económicos, de moral administrativa y de conveniencia social. De- 
clarar de derecho común la facultad de emitir billetes de banco, 
dice el informe, sería más peligroso aun que declarar industria li- 
bre el expendio de venenos; en su opinión no hay derechos abso- 
lutos, todos son relativos, todos están sujetos á la reglamentación. 
Como resultado de tales divergencias de opiniones, no fué posible 
reunir mayoría de votos á favor de ninguno de los proyectos en de- 
bate, y fueron sucesivamente rechazados por la asamblea el proyec- 
to de la cámara de senadores, el proyecto de la cámara de diputados 
y el proyecto sustitutivo de la comisión de hacienda en mayoría de 
la asamblea general, quedando en consecuencia intacto el régimen 
-creado por la ley de 23 de marzo de 1865 y las reglamentaciones 
posteriores relativas á la emisión menor. 

LOS BANCOS Y EL ESTADO 

Cayó luego envuelto el país en una nueva y gravísima crisis 
monetaria y bancaria, provocada por el desconocimiento y la abro- 
gación de los principios constitutivos de la ley oi^ánica de 1865. 
Normalizada la situación, se acometió la reforma, pero no con el 



324 LEOISLAaÓK ECONÓBnCA 

propósito de evitar la intromisión del gobierno, sino antes por el 
contrario^ con el de autorizarla y ampliarla, agigantando las causas 
del mal. La ley orgánica del banco Nacional, dictada el 24 de 
mayo de 1887, en la que fueron incorporadas diversas concesiones 
ya acordadas al proyectado banco del T'ruguay, autorizado por ley 
de abril de 1883, facultó al gobierno para girar en descubierto por 
un millón y medio de pesos y para designar el presidente, la ter- 
cera parte del directorio y el jefe de la emisión. En compensación 
de esa ingerencia del estado, se reconocían al banco los siguientes 
privilegios: la acuñación de su capital de diez millones de pesos 
en la proporción de monedas de oro y plata <|ue fijaría el poder 
ejecutivo; la facultad de emitir billetes mayores de diez pesos 
hasta el duplo del capital realizado y billetes fraccionarios hasta 10 
centesimos por el 40 % del capital, con obligación de mantener un 
encaje metálico del 25 % sobre el monto de la emisión; el derecho 
exclusivo de emitir cédulas hipotecarias; el derecho de usar el es- 
cudo nacional en todos sus títulos, billetes y documentos; la liberal 
ción de impuestos de timbres y sellos á favor de sus billetes, accío* 
nes, cédulas, obligaciones y demás documentos que expidiere; el 
privilegio de los depósitos judiciales y administrativos que vertirían 
las oficinas recaudadoras, en cuenta corriente sin interés; y el ser- 
vicio[de las deudas públicas. En el curso de la azarosa vida de esta 
institución de crédito, se intentó varías veces aumentar esos 
exorbitantes privilegios con el monopolio de la emisión, á título 
de primer paso de un vasto plan de inconversión y curso for- 
zoso, que felizmente encontró invencibles resistencias en la plaza y 
tuvo que ser abandonado. 

La quiebra del banco Nacional, ocurrida á los tres años de fun- 
cionamiento, dio origen á la ley de diciembre 19 de 1890, que 
aumentaba el capital á veintidós millones de pesos sobre la base 
de un empréstito público y agregaba las siguientes disposiciones: que 
no se abriría crédito á persona ó sociedad alguna por más de 
500,000 pesos; que los créditos por más de 100,000 pesos deberían 
acordarse por dos terceras partes de votos; que los créditos de 
menos de 50,000 pesos serían atendidos por el gerente, el presi- 
dente y la comisión de descuentos; que el banco no podría com- 
prar ó vender por cuenta propia títulos de deuda pública, ni ad- 



RÉGIMEN BANCARIO 325 



quirir por compra voluntaria acciones ú obligaciones de compañías 
particulares é inmuebles de cualquier naturaleza que fuesen; que 
tampoco podría hacer operaciones de bolsa, con excepción de la 
compra y venta de metales preciosos, ni hacer préstamos á plazo 
mayor de 90 días con caución ó garantía de títulos de deuda, accio- 
nes ú obligaciones de compañía ó inmuebles, ni hacer al poder ejecu- 
tivo préstamos, fuera de su cuenta corriente, que necesitasen para 
su validez autorización expresa del cuerpo legislativo, ni hacer 
préstamos á personas no radicadas y domiciliadas en el país. El 
presidente del banco podría vetar todas aquellas resoluciones del 
directorio que considerase violatorias de los estatutos ó perjudicia- 
les á los intereses públicos, siendo arbitro de las disidencias que 
surgieren con ese motivo el poder ejecutivo. El monto de la emisión 
circulante, aun dentro de los límites de su ley de creación, no po- 
dría exceder de la cifra resultante de su encaje metitlico y valores 
de cartera libres, entendiendo por valores de cartera los confor- 
mes comerciales y letras con dos firmas abonadas y plazos no ma- 
yores de seis meses, los giros sobre el exterior cuyo vencimiento 
tuviere lugar dentro de los ciento veinte días de expedidos y las 
letras ó vales con caución ó garantía de valores comerciales ó 
propiedades raíces á plazo no mayor de 90 días. En las ofícinas 
públicas no se recibirían otros billetes que los del banco Nacional 
mientras fueren convertibles á la vista. Terminaba la ley prohi- 
biendo en absoluto el establecimiento de nuevos bancos de emisión 
y declarando sin ningún, valor ni efecto todas las concesiones ya 
autorizadas que no se hicieran efectivas dentro de los tres meses 
subsiguientes á la promulgación de la referida ley. 

Otra ley de la misma fecha creó el banco Hipotecario, á expen- 
sas de la sección hipotecaria del banco Nacional, de acuerdo 
con las siguientes bases: el capital sería de tres millones y se for- 
maría con las segundas hipotecas constituidas á favor de la sección 
comercial por valor de 786,000 pesos, títulos hipotecarios por 
valor de 1:800,000 pesos y el resto en metálico; una vez integrado 
el capital, se emitirían acciones por su monto, distribuyéndose á 
prorrata entre los accionistas del banco Nacional; el interés asig- 
nado á las cédulas será siempre el mi^mo que designe la hipoteca; 
como regla general, el banco prestará la mitad del valor del in- 




326 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 

mueble, no pudiendo en ningún caso exceder el préstamo de las 
dos terceras partes de dicho valor y eso mismo á condición de 
<jiie la propiedad afectada produzca renta equivalente al seis por 
ciento de interés sobre el capital; para la determinación del valor 
de las propiedades se tendrán en cuenta las avaluaciones oficíales 
de la contribución directa, las tasaciones judiciales de los últimos 
tres años, la renta que produzca el inmueble, la renta probable de 
los fundos rústicos calculados por lo que produzcan otras propie- 
dades del mismo distrito y el valor venal de la propiedad; se creará 
un registro de contratos de locación de bienes raíces, enfiteu- 
sis, anticresis y capellanías, donde se anotarán dichos contratos, 
para que surtan efectos jurídicos respecto de terceros en casos de 
enajenación voluntaria ó forzosa de la propiedad, agregándose <jue 
el emplazamiento notificado al demandado, con anotación en el 
registro de embargos é interdicciones, hace nula líi enajenación ó 
hipoteca de la cosa demandada á título do reivindicación, que se 
hubiese enajenado ó hipotecado después; pasados sesenbi días del 
vencimiento del segundo semestre mipago, el banco tendi-á el 
derecho de proceder al remate de las propiedades afectadas, sin 
forma de juicio, por medio de martiliero que él mismo designará; 
al constituirse la hipoteca, los deudores acordarán poder al banco 
para que en caso de remate, escriture en su representación el in- 
mueble vendido; los jueces no podrán trabar la acción del banco, 
tendente á la realización de las propiedades hipotecadas, salvo el 
caso de tercería excluyente de dominio, ni tampoco acordar tér- 
mino alguno al deudor ni detener el percibo de la cuota por el 
banco; la emisión de títulos hipotecarios se hará por series no 
menores de cinco millones, teniendo los títulos de cada serie afec- 
tación directa y exclusiva sobre las hipotecas á que corresponden, 
sin perjuicio de la responsabilidad del banco y de la garantía del 
estado; la titulación de los bienes hipotecados quedará en custo- 
dia en el banco, dándose al interesado un documento de resguardo. 
Fracasaron estas leyes por no haberse podido negociar el em- 
préstito destinado á restaurar el capital del banco Nacional y en- 
tonces se dictó la ley de 24 de marzo de 1892, dividida en cuatro 
secciones. Por la primera de ellas quedó resuelta la liquidación de- 
finitiva del banco Nacional, previa venia de los accionistas^ que 



RéOIM>:N BANCARIO 327 



fué acordada, con transferencia al estado del activo y pasivo de la 
institución quebrada; estableciéndose que la liquidación se practi- 
caría por intermedio de una comisión de cinco miembros nom- 
brada por el poder ejecutivo; que dicha comisión tendría los más 
amplios poderes para el desempeño de su cometido y expediría cer- 
tificados al portador por todas las deudas simples ó quirografarias 
del banco, con excepción de las del estado y sus dependencias, 
cuyos certificados se recibirían jí la par en pago de créditos y de 
bienes; que los billetes y los certificados de depósitos judiciales 
se recibirán en pago de propiedades y demás bienes del banco. Se 
derogaba la ley de reorganización de la sección comercial del banco 
Nacional de 19 de diciembre de 1890, manteniéndose no obstante, 
la disposición <jue prohibe el establecimiento de bancos de emisión 
hasta nueva disposición legislativa. Ocúpase la segunda, del esta- 
blecimiento del banco Hipotecario sobre la base de cuatro millones 
de pesos nominales en títulos especiales de deuda pública de 4 % 
de interés y 1 % de amortización acumulativa y á la puja, repartién- 
dose su capital de cinco millones setenta mil pesos entre los accio- 
nistas del banco Nacional en la proporción de una acción nueva 
por dos de las antiguas; y se reglamenta en esta forma el funcio- 
namiento del banco: no tienen derecho al préstamo hipotecario las 
propiedades que por su naturaleza no sean susceptibles de produ- 
cir renta, las canteras y minas, cualquiera que sea su importancia; 
sobre inmuebles pro-indivisos, sólo podrá prestarse con el consen- 
timiento de todos los condóminos y gravándose todo el inmue- 
ble; el préstamo hipotecario no excederá de la mitad del valor del 
inmueble^ como regla general y en ningún caso excederá de las 
dos terceras partes; para que el préstamo exceda de la mitad del va- 
lor, se requiere unanimidad de votos en directorio pleno; sobre los 
terrenos baldíos de las ciudades, villas, pueblos y sus alrededores, 
solóse harán préstamos destinados á construcciones; el interés asig- 
nado á la hipoteca no excederá nunca del dos por ciento sobre el 
que designen los títulos hipotecarios, constituyendo esa diferencia 
la única comisión del banco; después de constituido el préstamo, sólo 
podrá arrendarse el inmueble por un año, tratándose de propieda- 
des urbanas ó suburbanas y dos años tratándose de propiedades 
rurales, salvo que se obtenga consentimiento por escrito del 



328 LKOT8LACIÓN ECONÓMICA 

banco. Se deroga para el futuro la ley que acuerda la garantía del 
estado á la cédula hipotecaria; j se establecen en lo fundamental 
las otras reglamentaciones contenidas en la ley de 10 de diciem- 
bre de 1 900. Por la tercera, se autorizaba al poder ejecutivo para 
contratar la fundación de un banco de depósitos, descuentos y 
emisión de ocho millones de pesos de capital, con facultad de 
emitir hastíi el duplo del capital realizado, en billetes de diez 
pesos arriba, y el 40 % del mismo capital en billetes menores con- 
vertibles en plata ó en oro, á elección del banco; en las ofícinas 
pCiblicas sólo se recibiría la moneda metálica y los billetes del 
nuevo banco; la reserva metálica no podría ser menor del cuarenta 
por ciento de la emisión total y de los depósitos rf la vista; la car- 
tera correspondiente á la emisión y á los dep(>sitos á la vLsta, en la 
parte no asegurada por la reserva metálica, so compondría siempre 
de documentos de comercio con plazo no mayor de seis me- 
ses; el banco gozaría de los depósitos judiciales y administrativos 
y haría el servicio de la deuda pública; el poder ejecutivo podría 
girar en descubierto hasta un millón y medio de pesos; el presi- 
dente del banco sería nombrado por el poder ejecutivo. La sec- 
ción final de la misma ley, era relativa á los depósitos judiciales. 
La garantía del estado á la cédula hipotecaria, derogada por la 
ley que acabamos de extractar, había sido sancionada dos años 
antes, en enero de 1890, sobre estos lineamientos capitales: la na- 
ción garantizaría hasta la suma de cincuenta millones de pesos, en 
series sucesivas, de las que podrían formar parte las cédulas ya 
emitidas por el banco; en los préstamos hipotecarios no se cobraría 
interés mayor que el devengado por las cédulas entregadas al mu- 
tuario; se organizaría una comisión fiscal izadora de la sección hi- 
potecaria, compuesta de tres miembros designados por el poder 
ejecutivo, previo acuerdo del senado, con facultad de disminuir las 
tasaciones de los peritos del banco, por sí sola, hasta el 15 ^, y 
siendo mayor la rebaja, con el concurso del presidente del banco, 
del jefe de la emisión y de dos miembros del directorio; el banco 
podría dar hasta el valor de las dos terceras partes de la tasación 
en cédulas. En el mensaje gubernativo de 10 de octubre de 1889 
prestigiándose la idea de la garantía, establecíase que la]cédula pue- 
de llegar á convertirse en el factor más importante de nuestro pro- 



RÉGIMEN BANCABIO 3Í9 



greso económico, atrayendo rápidamente el capital extranjero por 
el desnivel del interés y las exigencias de nuestras industrias. Des- 
pués de normalizado el movimiento internacional de ese valor, 
agrega el mensaje, las cédulas tomarán pasaje en los trasatlánticos 
á medida que una necesidad industrial 6 comercial determine el 
pedido y se remueva el capital inmovilizado en cada pedazo de 
tierra, atemperándose las exigencias de la oferta y de la demanda 
de capitales en el mercado interno, que absorberá ó expelerá las 
cédulas bajo la presión del equilibrio de las conveniencias en cada 
momento. Un papel con la triple garantía del inmueble, del banco 
y del estado, concluía el mensaje, tiene que alcanzar y alcanzará 
altos tipos en Europa. La crisis del año 1890 impidió á tiempo fe- 
lizmente la ejecución de esta ley, que habría recargado grandemente 
el peso de las obligaciones de la nación con los fuertes millo- 
nes de cédulas circulantes á la sazón, otorgadas de acuerdo con 
aforos estupendos de la propiedad, que llegado el caso se habrían 
traducido en déficits efectivos contra el erario nacional. 

Llegamos finalmente al banco de la República, autorizado por 
ley de 13 de marzo de 1896, que facultó al poder ejecutivo para 
contratar un empréstito que produjese el monto líquido de cinco 
millones de pesos oro, destinado á servir de capital inicial ó de 
funcionamiento de la proyectada institución. El empréstito gozaría 
del 5 % de interés y 1 % de amortización acumulativa y á la 
puja, garantiéndose su servicio mediante la afectación expresa del 
5 y 1/2 % del total de las reatas de aduana. Para su lanzamiento 
regiría el tipo proporcional que por su servicio correspondiese á la 
misma deuda en relación al que tuvise la consolidada del LTUguay 
(1 día que el poder ejecutivo designase, una" vez celebrado el contra- 
to, dejando un margen razonable para su colocación que no podría 
exceder del cuatro y medio por ciento sobre el valor total de los 
títulos que se emitiesen. Para obtener el capital de cinco millones 
oro, fué necesario emitir el empréstito uruguayo con monto nomi- 
nal de 7:834,900 posos. La carta orgánica, sancionada por ley de 
4 de agosto de 1896, establece : que el capital del banco será de 
diez millones de pesos efectivos, representados por doce millones 
nominales, divididos en dos series de seis millones nominales cada 
una; que la primera serie de acciones corresponderá al estado en 



330 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 



cambio de los privilegios que acuerda y de los cinco milloiics oro 
con que contribuye al capital inicial del establecimiento; que la 
segunda serie de acciones será destinada á la suscripción pública 
para complementar el capital del banco ; que el banco establec-erá 
sucursales ó agencias en todas las capitales de los departa- 
mentos, destinando á ese fin el 40 % de su capitjd inicial, como 
mínimum; que los depósitos judiciales y la emisión gozarán 
además de la garantía del banco, de la garantía de la nación; que 
el establecimiento gozará del dei-echo de emitir hasta el 50 y^^ de 
su capital realizado en billetes menores de diez pesos, convertibles 
en oro ó en plata, á elección del banco; que una vez vencido el 
término de las concesiones otorgadas á otros bancos particulares 
para emitir billetes de diez pesos arriba, el banco de la Kepública 
gozará del monopolio do la emisión; (pie en las oficinas públicas sólo 
se recibirán el metálico y los billetes del banco de la República; que 
la emisión tendrá prelación absoluta sobre todas las den)ás deudas 
simples del banco; que en el banco se harán todos los depósitos judi- 
ciales y los que deban practicar los particulares en garautía de 
contratos ó de obligaciones con el estado, debiendo garantirse todos 
los depósitos en dhiero prendíirianiente, por lo menos en un no- 
ventái por ciento de sn monto, con títulos de deuda del Truguay 
al precio corriente de plaza; que el banco podrá emitir hasta el duplo 
de su capital realizado en billetíis de diez pesos y mayores de diez 
pesos, pagaderos en oro, y tendrá (pie conservar permanentemente 
un encaje en oro que no baj(í del 40 % de su emisión circulante v 
depósitos á la vista; (jue el banco será el depositario de tod¿is las 
rentas, hará (;1 servicio de las deudas públicas y gozará del privi- 
legio de fundar el monttí de piedad nacional. 

Al reglamentar el mecanismo de hi referida institución de cré- 
dito, incorporó el legislador di\ ersas disposiciones encaminadas á 
evitar los desbordes anteriores. En el descuento de conformes, va- 
les, pagarés y demás documentos de comercio, no se admitirá nin- 
guna finna por responsabilidades de más de cien mil pesos; cn 
ningún caso podrá acordarse crédito por más de ochenta mil pesos 
á una sola persona ó sociedad; todo crédito por más de treinta mil 
pesos requiere chico votos conformes del directorio; y el mismo 
número de votos del directorio los anticipos sobre caución pren- 



I 



RÉOIMEy BANCARIO 331 



daría de fondos pCiblicoá ó acciones ú obligaciones de bancos^ 
compañías ó sociedades cuyos títulos se coticen en la bolsa; los 
préstamos á varias personas ó firmas, garantidos por acciones á 
obligaciones de una misma compañía, no podrán exceder de tres- 
cientos mil pesos en total, ni de cien mil los de una sola firma» 
mientras no se amplíe el capital del banco; las cauciones deberán 
entregarse numeradas y se expedirá constancia de la numeración 
al deudor prendario, sellándose luego el paquete con el sello del 
banco y hs firmas del gerente, del deudor y del corredor interven- 
tor, (puédale prohibido al banco hacer operaciones de bolsa, por 
cuenta propia, con excepción de la compraventa de monedas y 
metales preciosos; hacer préstamos para fomentar especulaciones 
de bolsa; adquirir acciones de sociedades anónimas y propiedades 
raíces, fuera de las necesarias para el funcionamiento del banco,, 
pudiendo sin cmhargo recibirlas en pago ó garantía de deudas que 
no sea posible realizar de otro modo; hacer préstamos y operar so- 
bre sus propias acciones; distribuir dividendos que no tengan por 
base utilidades liquidadas; hacer préstamos á sociedades ó perso- 
nas no domiciliadas en el país ó que no tengan su constitución le- 
gal independiente de sus casas matrices cuando éstas se hallen ra- 
dicadas en el extranjero. El banco podrá habilitar ó auxiliar el 
establecimiento de cajas rurales y emitir con ese objeto, dentro & 
fuera del país, obligaciones mobiliarias. El poder ejecutivo podrá 
girar en descubierto por un millón, mientras el capital efectiva 
sea de cinco millones, y por dos millones una vez emitidas las ac- 
ciones de la segunda serie. El directorio, compuesto de siete 
miembros, será nombrado por el poder ejecutivo con acuerdo del 
senado, mientras no se emitan las acciones de la segunda serie, re- 
duciéndose, una vez producido este hecho, la intervención guber- 
nativa, al nombramiento del presidente y dos vocales y á la elec- 
ción del jefe del departamento de emisión. Las utilidades líquidas 
se repartirán en esta forma: 10 % al fondo de previsión; 10 % 
para integrar las acciones liberadas; 80 ^ á los accionistas. 

Acerca del monte de piedad, establece la carta orgánica: que su 
capital de doscientos mil pesos puede elevarse al doble por el 
banco; que el interés no excederá en ningtín caso del 18 %; que Ios- 
préstamos son renovables mediante pago del interés, pero deberán 



392 



JJSOI8LACIÓN ECONÓMICA 



chancelarse á los dos años de constituidos; que los préstamos se 
harán hasta la mitad del valor de la prenda y en casos excepcio- 
nales hasta las dos terceras partes, con acuerdo del gerente, conta- 
dor y tesorero del establecimiento; que sí sacadas las prendas á 
remate por dos veces, no hubiese postor que ofreciese la base 
fijada, se adjudicarán al tasador abonando éste al banco lo que le 
corresponda, ó se venderán al más alto precio, cargando con el 
déficit el mismo tasador. De las utilidades del monte de piedad, 
se aplicará el 50 % á aumento de capital y el 50 % restante al 
banco de la República. 

No ha podido emitirse todavía la segunda serie de acciones, y en 
consecuencia, el banco de la República ha presentado y continúa 
presentando todos los caracteres de un banco de estado, sin per- 
juicio de convertirse en banco mixto el día que aquellas acciones 
puedan ser lanzadas á la circulación. Las leyes que hemos extrac- 
tado, derogan la facultad concedida desde el año 1865 al poder 
ejecutivo de autorizar la fundación de nuevos bancos y establecen 
que una voz vencidas las concesiones al banco de Londres y Río 
de la Plata y al banco Italiano del Uruguay, asumirá el banco de 
la República el monopolio exclusivo de la emisión. 

PELIGROS DE LA IXTERVENCIÓX DEL ESTADO 



En resumen, hicimos el aprendizaje bancario bajo el régimen 
emincnten:.entc libeml de la ley orgánica do 23 de marzo de 1865 
que acuei*da el derecho de omisión á todas las instituciones de 
crédito que lo soliciten del poder ejecutivo y acaten unas pocas 
disposiciones reglamentarias; procuramos implantar más tarde el 
régimen de la piona y absoluta libertad do emisión, sin limitaciones 
ni retrancas de ninguna especio; y fuimos empujados finalmente 
al sistema de los bancos nacionales en 1 887 y al de los bancos de 
estado en 1896. ¿Cómo explicar tan enormes saltos? 

Hay que hacer justicia amplia á las instituciones privadas de 
crédito que han funcionado y siguen funcionando entre nosotros. 
En general, sn marchi acusa alta prudencia é indiscutible correc- 
ción de procederes. No se nos ocultan las excepciones, algunas de 
ollas de verdadera resonancia en la crisis de 1868. Pero lo que sí 



BÉQIMKN BANCARIO 333 



decimos, después de haber recorrido todas las crisis comerciales y 
monetarias posteriores á la difusión del régimen bancario, es que 
los bancos que más hondo han caído y que mayores trastornos han 
causado en todo tiempo a! país, son los bancos ligados directa 6 in- 
directamente al gobierno. En 1865, funcionaban dos bancos cmi* 
sores, el banco Mauá y el banco Comercial. Se les impuso un em- 
préstito forzoso, y tanto por esa circunstancia como por la situación 
excepcional de la plaza bajo la inminencia del bombardeo y del 
asalto, surgió un primer decreto de inconversión. Después de ese 
primor paso díéronse otros análogos y mucho más graves en los años 
subsiguientes bajo las administraciones de Flores y de Batlle, única 
y exclusivamente por la intervención dol gobierno en el movi- 
miento bancario bajo forma de absorción de los encajes metálicos 
ó de concesión de privilegios destinados á dar vida ficticia á los 
establecimientos protegidos. Los mismos abusos, agigantados, sur- 
gieron en 1875, viéndose de nuevo envuelto el país en el régimen 
de la inconversión y de las oleadas de papeles. ¿Por culpa de los 
bancos? (Ciertamente que no. El gobierao comenzó por emitir bi- 
lletes y después (jue ya existía la inconversión rehabilitó á un 
banco (juebrado y le dio carta blanca para emitir billetes de curso 
forzoso. En la crisis monetaria de 1890, figura también invaria- 
blemente el gobierno en primera línea, estimulando y ayudando al 
banco ísacional en todas las grandes aventuras que comprometieron 
ios caudales propios y ajenos de ese poderoso establecimiento. 

La historia del banco Nacional, es la historia de los extravíos 
administrativos de la época en que actuó esa institución de cré- 
dito. Puede decirse que el banco surgió de una especulación de 
bolsa alentada y patrocinada por el estado. El sindicato que había 
solicitado su creación y que luego la obtuvo, se hizo dueño de una 
gran masa de consolidados de 1886, levantando considerable- 
mente los tipos de cotización y estableciendo por contagio una 
prosperidad artificial en todos los demás papeles de bolsa. Para 
que la operación no resultara un desastre y para que el banco re- 
cién instalado pudiera desempantanar su capital, se autorizó el 
empréstito de conversión y obras públicas por veinte millones de 
pesos en el año 1888. Algo más se pretendió hacer en obsequio 
al banco privilegiado, dándole de regalo el monopolio de la emi- 

28 



334 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 

sión y asegurándole el camino de la inconversión con ayuda del 
sistema de las garantías en deudas públicas, aceptado sucesiva- 
mente por la Inglaterra, por los íüstados Unidos y por la repú- 
blica Argentina. Con el remanente del empréstito de conversión y 
obras públicas, una vez pagados los consolidados, se constituyó 
de común acuerdo entre el directorio del banco y el gobierno, la 
"cuenta especial", en la que llegaron á comprometerse cuantiosas 
sumas en una especulación sobre las propias acciones del banco 
Nacional. Por su carta orgánica sólo podía prestar el banco al 
gobierno en cuenta corriente hasta un millón y medio de pesos y 
los préstamos llegaron, sin embargo, en el año 1888, á cuatro millo- 
nes doscientos mil pesos. Hubo que emitir bonos del tesoro por 
esa cantidad y más adelante fué necesario autorizar la contrata- 
ción del empréstito de nueve millones cuatrocientos mil pesos para 
rescatar esos bonos, chancelar nuevos préstamos del banco al go- 
bierno V cubrir el déficit. La negociación del ferrocarril del Norte, 
en la que colaboraron el directorio y el gobierno para salvar una 
especulación de bolsa, completa el cuadro de los peligros de la 
intervención del estado en materia bancaria. 

Producido el derrumbe del banco, tenía que realizar y realizó el 
gobierno, esfuerzos y sacrificios de todo género para evitar el 
desastre primero y la liquidación judicial después. El empréstito 
del banco Popular de Río Janeiro, transformado luego en 
deuda pública internacional, la deuda de garantía destinada á 
servir de base al banco Hipotecario, la deuda de liquidación des- 
tinada al pago de varios créditos privilegiados y simples del borneo 
Nacional, dan idea de la magnitud de esos esfuerzos y sacrificios 
para enderezar un banco que todo lo había perdido en la bolsa. 
En la memoria del directorio correspondiente al ejercicio 1890- 
1891 se registra un estado estimativo de la situación del esta- 
blecimiento en 31 de julio de 1891. Están apreciadas las pérdidas 
en cerca de nueve millones de pesos, sin computar la negociación 
fraudulenta del ferrocarril del Norte que figura por 1:700,000 pe- 
sos en la cuenta del gobierno. Entre las dos partidas, ascienden 
las pérdidas confesadas á diez y medio millones de pesos, ó sea 
una cantidad más alta que el capital efectivo del banco, que era de 
diez millones. Y el directorio al aforar el activo desconocía la 



BÉGIMEN BANCARIO 335 



gravedad de la crisis, la absoluta insolvencia de la mayoría de los 
deudores de la casa central de Montevideo, la falta de valor de 
los títulos dados en prenda y el descenso considerable de los bie- 
nes inmuebles que por un millón y medio de pesos figuraban en 
el mismo activo. A todas las pérdidas de la sección comercial 
agregábanse los descalabros de la sección hipotecaria. Sólo por 
atrasos en el servicio de hipotecas aparecía en el balance que ex- 
tractamos la partida de 1:300,000 pesos. Es que en aquella época 
de febril actividad, que se extiende de 1888 á 1890, todo especu- 
lador que tenía alguna influencia en el banco, forzaba cuanto 
podía los aforos y en seguida de recibir las cédulas olvidaba abso- 
lutamente su condición de deudor, persuadido de que el préstamo 
valía mucho más que la propiedad afectada. De un estado que 
publicó el directorio del banco Hipotecario, constituido sobre la 
base de la sección hipotecaria del banco Nacional, entresacamos 
estos datos correspondientes al año 1892: de 164 hipotecas por 
valor de 9:660,000 pesos que existían en esa época, 54 por valor 
de 3:600,000 estaban á cargo de nueve sociedades anónimas, entre 
ellas seis en estado de quiebra que habían recibido 3:000,000; 107 
por valor de cuatro millones á cai'go de 71 particulares; y 3 por 
dos millones sobre el barrio Reus al norte. Todo el capital efec- 
tivo del banco Nacional estaba inmovilizado en cinco cuentas, 
figurando un solo especulador con un saldo de cuatro y medio 
millones al cerrarse el balance en 31 de julio de 1891. Este último 
saldo (jue había alcanzado niveles más altos, tuvo su origen en 
un préstamo de dos millones con garantía de acciones de la compa- 
ñía nacional de crédito y obras públicas, que sólo tenían un valor 
ficticio de bolsa y que no tardaron en cotizarse al precio de 30 ó 
40 centesimos cada título de cien pesos. Nada revela tan elocuen- 
temente la magnitud de la orgía como el hecho positivo de que uno 
de los {)rincipalcs clientes del banco que tenía que renovar un 
vale suscrito por tres millones, entregó el nuevo documento, sin 
tomarse la molestia de recoger ó inutilizar el anterior ! 

Para impedir la divulgación del secreto de tales desastres, que 
comprometían seriamente al banco y al gobierno, tuvo que cargar 
la nación con el activo y pasivo del establecimiento quebrado. Dijo 
el mensaje del poder ejecutivo de 7 de diciembre de 1891, para 



336 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 

justificar el traspaso, que el estado era el principal acreedor, des- 
pués de haber comprometido su responsabilidad en los depósitos 
judiciales, el empréstito del banco Popular de Río Janeiro y la 
emisión, aparte de las fuertes sumas que le adeudaba directamente 
la referida institución de crédito. Ampliando estas manifestacio- 
nes, dijo el ministro de hacienda en el seno de la cámara de dipu- 
tados, que segfin el último balance, el banco debía por rentas ge- 
nerales 461,946 pesos, por servicios de deudas 903,436, por e' 
5 /o adicional do aduana 499,021, á la junta de Montevideo, por 
depósitos íí plazo fijo, 1:833,750; d la misma, en cuenta corriente, 
104,396; d otras corporaciones pCiblicas, 288,147. En conjunto, 
4:090,696 pesos. Agregó que el estado había garantido la emisión 
circulante por 1:000,000, los depósitos judiciales por 971,496 y el 
empréstito brasileño por 3:00C,000, cuyas partidas sumadas al 
monto anterior dan un total de 9:062,192 [kísos; que el pasivo del 
banco, según el mismo balance, era de 22:845,225 pesos, corres- 
pondiendo 11:908:400 d cédulas hipottícarias y 10:936,825 íí la 
sección mercantil; que si d(» esta (íltima ci^ra se rebaja lo que co- 
rresponde al estado como acreedor y como fiador, queda un saldo 
de 1:874,633 p(ísos: cjue de este mismo saldo hay que deducir 
1:176,605 de créditos garantidos con cédulas y billetes y varias 
partidas m;ís en que el estado y la junta tienen interés, resul- 
tando entonces que el único saldo extraño al erario público ó que 
el banco adeuda íí particulares e? de 182,462 pesos. Apreciando en 
la misma sesión el ministro de hacienda las operaciones realizadas 
con po.sterioridaJ al mes de julio, dijo que el expresado saldo había 
<juedado reducido a 147,846 pesos y que en consecuencia la casi 
totalidad de los iK^Lrocios era del estado. Con relación íí la partida 
de 1:734,046 pesos por el negocio del ferrocarril del Norte, mani- 
festó el ministro (jue en concepto del banco ella debería ser reem- 
bolsada por la na(;ión. 

¡Cosa singulari A pesar de la magnitud del desastre, el directorio 
del banco Nacional juzgó hasta el último momento que era excelente 
¡a situación del estiblecimiento quebrado. En el informe de la comi- 
sión de hacienda de la cámara de diputados sobre reorganización 
del banco, de 12 de noviembre de 1890, figura una nota del doctor 
don José M iría Muñoz, transcribiendo la siguiente moción, propucs 



i 



KÉGTMEN BANCARIO 337 



ta y sancionada por unanimidad de votos del dii-ectorio: «en vista de 
haber llamado la comisión de hacienda de la cámara de diputados al 
señor presidente del directorio, para saber de una manera autentica 
si el banco Nacional se encuentra en estado de solvencia, como 
base preliminar de la apreciación de los proyectos presentados pof 
el poder ejecutivo para reorganizar dicho banco, autorízase al se- 
ñor pnsidente para declarar oficialmente íÍ la nombrada comisión 
que ÍÍ juicio del directorio el banco nacional está perfectamente 
solvente, y que su reorganización en condiciones acertadas facilí 
taría hoy, bajo todos conceptos, la ventajosa realización de su ac- 
tivo.» Hay que advertir que el banco había quebrado en el mes de 
julio de ese mismo año. El 24 de enero de 1891, el presidente del 
directorio, en una exposición leída á la asamblea extraordinaria 
del banco Nacional, dijo lo siguiente: «el directorio, comparando 
el activo y pasivo del banco, sin desconocer la magnitud de las 
pérdidas, ha declarado míís de una vez que su estado es de per- 
fecta solvencia, y yo puedo deciros, con mi más íntima convicción, 
que siguiendo el camino iniciado ya por los medios oi"dinarios de 
la administración del banco y determinado con mayor precisión 
por el reciente decreto del poder ejecutivo, habrá cesado en julio 
próximo la circulación del billete inconvertible, estaní realizado 6 
garantido el pago de lo restante del pasivo y habilitado el estable- 
cimiento para reponerse paulatinamente en la plenitud de su g!ro 
y en el usufructo de sus valiosos privilegios, aun sin contar con 
los elementos extraños de reorganización que sería posible llegar 
ÍÍ obtener por la ejecución de las leyes sobre las cuales estáis lla- 
mados á deliberar.» Adquirió el banco auxilio extraño, medlMute 
el empréstito brasileño de tres millones de pesos garantidos por la 
nación, y volvió á quebrar en julio de 1891, lo que no impidió que 
el directorio estampara en su memoria de 24 de agosto del mismo 
año, las siguientes declaraciones: « Abierta así la conversión con 
éxito feliz el 1.® de julio, fué mantenida sin tropiezos con los re- 
cursos propios del banco hasta el 21 del mismo mes, en que des- 
encadenado el pánico en la plaza, por causas que son notorias, 
fueron conmovidas las más sólidas instituciones de crédito y se 
creó una situación anormal que no le era dado afrontar al banco 
Nacional, amagado además por el recambio de letras importando 



338 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 

95,000 libras esterlinas que había tomado al banco Inglés por 
cuenta y riesgo del gobierno y de la junta, pero que obligan direc- 
tamente su responsabilidad como primer endosante.» El directo- 
rio, á raíz del nuevo desastro, sigue opinando sin embargo « que la 
solvencia de la institución es indiscutible, y que rebajando severa- 
mente los valores que constituyen su activo en cerca de nueve mi- 
llones por quebrantos probables ó posibles, resulta aún un exce- 
dente á su favor ó un capital real de 2:819,685 pesos 24 centesi- 
mos, á lo que cabe agregar lo que puedan valer los privilegios del 
banco, que no es creíble le sean arrebatados sin una justa indem- 
nización.» Quiere decir, pues, que estaba i>erdido casi íntegramente 
el capital, seg6n los cálculos exageradamente optimistas del direc- 
torio, pero que asimismo la solvencia era indiscutible y que á 
pesar de la quiebra reincidente no podía pensarse en arrebatar al 
banco sus privilegios bin previa indemnización ! 

Gracias á ese admirable criterio que permitía descubrir tesoros 
en el montón de minas que oprimía al erario público y al país en- 
tero, pudo organizarse rápidamente sobre las cenizas del banco 
Nacional un verdadero banco de estado, como lo es el banco de la 
República. ¿Respondía á algún plan de empapelamiento la nueva 
institución de crédito? Es notorio que sí. Hasta en la cámara de 
senadores fué denunciado el propósito del gobierno. En su discur- 
so contra el establecimiento del nuevo banco, dijo el doctor Carlos 
María Ramírez que banco de estado y papel moneda eran términos 
inseparables; que el presidente de la república, señor Idiarte Bor- 
da, lejos de ocultar su pensamiento, había dicho en una reunión 
de legisladores que entre dos colosos á papel no podía nuestro país 
vivir á oro; lo cual es un error, desde que por el hecho mismo de 
estar á papel los vecinos, puede conservarse mejor nuestro stock 
de oro; agregando que los efectos benéficos que se atribuyen al 
papel sobre la agricultura argentina, provienen de otras causas, 
tales como la baratura de la tierra y de los fletes de ferrocarriles, 
aparte de (jue tiene mucho de leyenda la prosperidad agrícola de 
aquel país. Han transcurrido siete años desde entonces y el peligro 
que señalaba aquel publicista eminente parece conjurado en con- 
cepto de muchas personas. ¡Grave error! Las circunstancias no han 
sido propicias al desenvolvimiento artificial del banco de la Repú- 




a^Ubd^^HlH 



RÉGIMEN BANCABIO 339 



blica y eso, como es natural, mantiene al establecimiento en una 
situación normal. Poco tiempo después de su fundación estalló la 
guerra civil, lo que impidió que bajo el gobierno de Miarte Borda 
tomara el rumbo que pretendían darle sus iniciadores. Toda la ad- 
ministración Cuestas ha sido de depresión en los negocios y de 
extrema abundancia de oro, y el banco de la República, como todos 
los demíís, ha tenido que resentirse de la escasez de operaciones- 
Pero las circunstancias tienen que cambiar. Vendrá el período 
próspero, con todas sus tentaciones y halagos, ó vendrá una grave 
complicación interna y si para entonces no se ha reformado la le- 
gislación bancaria vigente, se realizará fatal y necesariamente la 
asociación de términos en que fundaba el doctor Ramírez su opo- 
sición al establecimiento de un banco de estado. ¿De qué ma- 
nera? 

Es bien sencillo el procedimiento y conocemos prácticamente 
su eficacia por haberlo experimentado en todas nuestras grandes 
crisis. La inconversión que complicó tan gravemente la crisis de 
1868, tuvo su origen en la absorción de los caudales del banco 
Mauá por el gobierno; la inconversión de 1875, en el despilfarro 
administrativo y en el descenso de las rentas públicas que empu- 
jaron al gobierno á cubrir el déficit con papeles de la oficina de 
crédito publico y del banco Mauá; la inconvemón de 1890, fué 
producida por el derroche de los dineros del banco, por las orgías 
financieras organizadas y alentadas por el directorio del banco y 
por el gobierno. Si la abusiva intervención oficial no hubiera 
infundido á los establecimientos bancarios el convencimiento pro- 
fundo de que llegado el caso, se dictaría la ley de inconversión á 
su favor, los desastres se habrían aminorado y los directorios se 
habrían detenido á tiempo bajo la presión de las propias respon- 
sabilidades. Pues bien: toda esa intervención que dentro del viejo 
régimen de 1865, era violatoria de disposiciones orgánicas expre- 
sas, y que dentro del mismo régimen mixto del banco Nacional, sólo 
podía extremarse poniéndole abiertamente la proa á la letra de la 
ley, resulta ahora perfectamente legítima y regular, desde que el 
banco, aunque regido por estatutos especiales, es una oficina pú- 
blica que marchará con*ectamente, como marcha ahora, mientras 
lo quieran los gobiernos y que se desviará de su camino y seguirá 



340 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 

otro, de acuerdo con el impulso que ¡c comuniquen desde las 
esferas oficiales. Un buen gobernante y un buen directorio, ase- 
guran el funcionamiento normal; un gobernante desordenado y un 
directorio elegido á su voluntad, ó simplemente una grave compli- 
cación interna aseguran el rápido derrumbe del establecimiento, 
la desaparición del encaje y el papel moneda. 

El banco de la República que tiene privilegios valiosísimos y 
que ha de conservar intacto todo hu capital, por el tranquilo am- 
biente económico en que le ha tocado actuar hasta aquí, puede y 
debe ser transformado en una sociedad anónima particular, bajo 
la dirección exclusiva de sus accionistas, único medio de asegurar 
su rápido engrandecimiento, de librar al país de nuevas y deplo- 
rables tentativas papelistas y de suministrar también al erario 
público algunos millones de pesos para emprender obras generales 
de aliento y urgentemente raclamadas. El capital de cinco millo- 
nes de pesos oro que tiene actualmente el banco, se obtuvo me- 
diante la emisión del empréstito uruguayo con monto de 7:834,900 
pesos nominales y un servicio anual de 5 % de interés y 1 /^ de 
amortización acumulativa y á la puja. Sin computar gastos, ni 
comisiones, ni pérdidas de cambio, resulta un desembolso de cua- 
trocientos setenta mil pesos al año. Según los cuadros de la oficina 
de crédito público, desde el 1." de julio de 1896 en que empezó 
el servicio del empréstito uruguayo hasta el 31 de diciembre de 
1901, el erario público había pagado por concepto de intereses 
2:044,584.60, por concepto de amortización 540,932.40, por con- 
cepto de comisiones 11,575.22, porgastos 2,344.98, por pérdidas de 
cambio 622.50. En conjunto 2:600,059.70 pesos efectivos. ¿Com- 
pensan las utilidades del establecimiento ese enorme sacrificio 
impuesto al tesoro público? 

Tenemos á la vista los balances de los ejercicios 1899, 1900 y 
1901. De esos documentos resultan los siguientes datos: movi- 
miento de caja: 95:912,248 pesos en el año 1897; 137:653,736 en 
1898; 166:399,956 en 1899; 198:366,937 en 1900; 199:311,657 
en 1901; movimiento de giros entre las sucursales y la casa cen- 
tral: 1:409,238 pesos en 1897; 5:431,837 en 1898; 8:995,665 en 
1899; 10:318,832 en 1900; 10:351,694 en 1901; cuentas corrien- 
tes en 31 de diciembre de cada año: 36:596,197 pesos en 1897; 



RÉGIMEN BAT7C1AR10 341 



61:039,845 en 1S98; 91:105,051 en 1899; 114:058,832en 1900 
112:341,949 en 1901; descuentos: 5:216,216 pesos en 1897 
5:298,852 en 1898; 6:970,747 en 1899; 7:831,080 en 1900: 
10:490,821 en 1901; préstamos hipotecarios reducidos condes- 
tino fí pequeños hacendados y agricultores: 74,275 pesos en 1897; 
185,774 en 1898; 277,103 en 1899; 285,895 en 1900; 307,842 en 
1901; encaje en 31 de diciembre de cada año: 1:811,472 pesos en 
1897; 3:553,681 en 1898; 4:048,513 en 1899; 4:023,046 en 1900 
5:500.213 en 1901; emisión circulante: 1:311,750 pesos en 1897 
3:871,933 en 1898; 4:865,766 en 1899; 5:034,426 en 1900; 
5:586,706 en 1901. La memoria de 1899 fija en 164,875 pesos el 
dividendo que debe acreditarse á la cuenta del gobierno. La del 
año 1900, lo fija en 203,764 pesos, y la de 1901, en 279,831 pe- 
sos. Estas utilidades que se acreditan á la nación, no alcanzan ni 
remotamente sin embargo, á cubrir el importe del servicio del 
'empréstito uruguayo que se hace á expensas del 5 1/2 /^ adicio- 
nal de importación y que no es abontido por el banco. Es convenien- 
te observar también, que una parte de las utilidades del banco, se 
realiza mediante desembolsos equivalentes del tesoro pftblico. Así, 
por ejemplo, segCm resulta del informe de la oficina de crédito 
público de 30 de junio de 1902, las dos seríes finales del emprés- 
tito extraordinario de 1897 por 1:400,000 y 1:000,000 pesos 
respectivamente, fueron adjudicados por el gobierno al banco de 
la República al tipo uniforme del 60 % ó sea por la cantidad de 
1:440,000 pesos en efectivo. El banco ha realizado excelentes ne- 
gocios, amortizando esos títulos á tipos altos ó vendiéndolos direc- 
tamente á precios muy remuneradores. Lo que el establecimiento 
gana, pues, es lo mismo que el estado ha perdido en el tipo de 
adjudicación de los títulos y no puede considerarse, en conse- 
cuenííia, para el tesoro público una verdadera utilidad ó ganancia. 

DEBEMOS VOLVER AL DERECHO COMÚN 

No puede resolverse en términos generales y absolutos el pro- 
blema bancario en sus relaciones con el estado. Hay casos, como 
los que ofrecen actualmente el banco de Inglaterm y el banco de 
Francia, víctimas ellos mismos en otras épocas de los avances ofí- 



342 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 

cíales, en que la concesión de privilegios, y hasta cierta interven- 
ción gubernativa, favorecen el desenvolvimiento de grandes insti- 
tuciones de crédito. Pero se requiere haber realizado grandes con- 
quistas políticas, financieras y administrativas para que las arcas 
de un banco privilegiado dejen de ser una tentación peligrosa y 
una causa permanente de empapelamiento y de curso forzoso. 
Mientras esas conquistas no se realicen, y están lejos de haberlas 
realizado nuestras sociedades embrionarias del Río de la Plata, en 
que los gobiernos son omnipotentes y pueden saltar á cada rato las 
barreras constitucionales y legales, habrá que combatir, á título 
de alta medida de previsión patriótica, la institución de los bancos 
de estado y de los bancos privilegiados en general. No se trata de 
una experiencia aislada. Los argentinos también han presenciado 
el derrumbe de sus bancos oficiales, entre ellos el banco de la Pro- 
vincia, un verdadero coloso, por el incalificable despilfarro de sus 
directorios y de sus gobiernos, ligados en la triste tarea de tirar á 
la marchanta los dineros ajenos y de comprometer la suerte eco- 
nómica y financiera del país. 

Conviene, pues, volver cuanto antes al derecho común, al régi- 
men do plena libertad que consagró el decreto-ley de marzo de 
1865, porque es el ánico que se armoniza con nuestro medio am- 
biente y el que mejor puede asegurarnos el aprendizaje bancario y 
el desarrollo sólido de nuestras industrias sobre la base de la circu- 
ación metálica. No corremos riesgo de que á la sombra de la liber- 
tad, abusen las instituciones de crédito y se comprometa el porvenir 
económico y financiero del país. Si hay algo notorio, es que nues- 
tros bancos particulares, salvo excepciones muchas veces explica- 
bles por la intromisión gubernativa, han marchado y marchan con 
pies de plomo y mantienen entre ellos una constante y sana policía 
fiscalizadora. Tan es así, que cada vez que se ha pedido el privi- 
legio de la emisión, ha sido invocando la necesidad de suprimir 
una competencia que se reputaba erróneamente nociva. Al ocupar- 
nos de las grandes crisis comerciales que ha sufrido el país, publi- 
camos un resumen de los balances bancarios de marzo y agosto de 
varios años, que demuestra la extrema prudencia de la plaza y de 
los establecimientos emisores, en lo que al billete atañe. £n marzo 
de 1867, época de gran ínflacionismo que precede á la crisis de 1868, 



RÉGIMEN BANCARIO 343 



e\ encaje era de 5:100,000 pesos y la emisión de 6:800,000 pesos; 
en marzo de 1889, época de febril actividad que precede á la crisis 
de 1890, el encaje era de 19:200,000 y la emisión de 15:000,000, 
y en agosto del propio año 1889 el encaje y la emisión eran res- 
pectivamente de 15:700,000 y de 16:300,000 pesos. Si de algo 
peca nuestra plaza es de excesiva parsimonia en materia de emi- 
sión. Durante las épocas prósperas, revelan los balances ten- 
dencia á igualar los niveles del encaje y de la emisión. Durante las 
épocas normales, se acentúa notablemente la superioridad del en- 
caje sobre la emisión. Los balances del mes de diciembre, insertos 
en el anuario de la dire<3ción de estadística, denuncian en el año 
1899 un encaje de 10:364,990 pesos contra una emisión de 
8:736,686 pesos; en el año 1900, un encaje de 9:423,438 y una 
emisión de 8:625,375; y en 1901, un encaje 1 1:410,838 pesos contra 
una emisión circulante de 9:675,499 pesos. Y es necesario agregar 
que las cifras de la emisión comprenden los billetes fraccionarios 
del banco de la República, por dos y medio millones de pesos 
aproximadamente, que rara vez ó nunca acuden á la conversión. 

Debería ser completa Ja prescindencia gubernativa. No basta 
que se declare la libertad bancaria: es necesario además que á nin- 
gún banco se le pongan ataduras que lo hagan depender más ó 
menos directamente de la autoridad pública, como los depósitos 
judiciales, los préstamos en descubierto y el depósito del producto 
de los impuestos. La concesión de los depósitos judiciales, aparte 
del peligro común á todos los privilegios, ha dado siempre entre 
nosotros resultados deplorables para el fisco y los depositantes 
En junio de 1870 tuvo la nación que hacerse cargo de los depósi- 
tos judiciales, que por valor de 220,000 pesos el gobierno había 
hecho constituir en el banco Montevideano al solo efecto de favo- 
recer á este establecimiento de crédito, que luego quebró. En abril 
de 1876 tuvo que cargar la nación con 142,000 pesos de depósitos 
judiciales constituidos en la oficina de crédito público y de los 
cuales se incautó el gobierno en un momento de apuro. La quie- 
bra del banco Nacional, finalmente, envolvió cerca de un millón 
de pesos de depósitos judiciales, que pasaron á cargo de la nación 
y fueron chancelados con títulos de una deuda especial. Es una 
experiencia decisiva y persistente, como se ve, contra la que ha 



344 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 



pretendido reaccionar la carta orgánica del Banco de la Repáblicíi, 
exigiendo garantías equivalentes en títulos de douda pública. I^s 
depósitos judiciales deben constituirse en la forma y con las segu- 
ridades í|uc establezcan las partes litigantes y el juez de la causa. 
Los préstamos en descubierto han sido causa igualmente de inca- 
lificables «abusos. Aun cuando por sus estatutos el banco Nacional 
sólo podía facilitar al gobierno hasta el niííximum de un millón y 
medio de pesos hubo circunstancias en que la cuenta corriente 
arrojó un saldo tres veces mayor, siendo necesario para cubrirlo, 
y á la vez para que el gobierno siguiera girando, emitir los bonos 
del tesoi-o del año 18S8 y el em[)réstito de rescate de 1890. 

Pastamos lejos de creer como los ilustrados legisladores de la 
asamblea de 1874, que el derecho de emitir billetes puede y debe 
reconocerse á todo el mundo, banquero ó particular, sin trabas ni 
reglamentaciones especiales de ninguna especie. El billete circula á 
la par de la moneda metálica que representa, cuando es notorio el 
crédito del establecimiento emisor. Pero si cualquier sociedad ó in- 
dividuo pudiera fabricar billetes, los cambios quedarían en el acto 
trabados y se producirían complicaciones de gravísima trascenden- 
cia económica, porque el papel conocido ó aceptado por una de las 
partes resultaría desconocido ó de rechazo para la otra, y cada 
transacción un inextricable debate. Para que el billete ejerza fun- 
ciones de moneda es necesario que esté reglamentada su emisión, 
que se exija el aporte de capital á las instituciones que intenten 
valerse del papel y que se establezcan ciertas ¡imitaciones tenden- 
tes á facilitar el control de la plaza, que sin duda alguna es el más 
eficaz de todos los frenos contra los abusos de la libertad banca- 
ria. El decreto- ley de marzo de 1865 contiene algunos artículos 
inspirados en ese propósito: que la emisión no podrá exceder de' 
triple del capital efectivo; que el gobierno nombrará comisarios 
para la inspección y vigilancia de los bancos; que el gobierno no 
podrá imponer empréstitos á los bancos ni otorgar concesiones que 
importen viciar las instituciones de crédito. Disposiciones poste- 
riores establecieron el canje semanal obligatorio de los billetes, re- 
duciendo á la vez el máximum de la emisión al duplo del capital 
realizado ( decreto de 16 de julio de 1 868 ); agregando otras que la 
emisión no podría exceder del duplo del capital realizado y que de- 



RÉGIMEN BAKCARIO 345 



bería existir una reserva metálica equivalente al 25 % de los bi- 
lletes circulantes (ley del banco Nacional de 1887 ) ; que la emi- 
sión podría elevarse al duplo del capital realizado, sobre la base de 
un encaje en oro del 40 % de los depósitos á la vista y de la emi- 
sión mayor circulante (carta orgánica del banco de la República). 
Es explicable la relación entre el capital realizado y el monto 
de la emisión. Dentro de ciertos límites representa una garantía 
efectiva para el tenedor de billetes. Pero es demasiado amplia y 
por lo mismo ineficaz la proporción de 1 á 3 establecida en el de- 
creto-ley de ISG5 y la de 1 á 2 establecida por decreto de 1868 6 in- 
corporada definitivamente después á las instituciones de crédito 
vinculadas al estodo. Para que la garantía sea eficaz, es necesario 
(juo la emisión no exceda del monto efectivo del capital realizado. 
¿ Ofreconí análogas garantías la relación entre el encaje y la emi- 
sión ? Es fácil demostrar (jue no. En primer lugar, porque no de- 
pende de los bancos el mantenimiento de la relación, desde que 
basta el retiro de uno ó más depósitos para que la proporción 
quede alterada sin responsabilidad del establecimiento emisor. Y 
cu segundo lugar, porque en las épocas normales no sii've abso- 
luta:iient(í para nada y en las épocas de desconfianzas, de crisis 
ó pánico, que es precisamente para cuando deben dictarse las dis- 
posiciones restrictivas, qucbí-arán con toda seguridad los estable- 
cimientos que se atengan á la letra de la ley, desde que en esos ca- 
sos no es una parte pequeña de los depósitos y de la emisión lo que 
acude al banco, sino el 50, el 00, el 80 % y hasta la totalidad 
de los acreedores. De otro regulador de la emisión más eficaz se 
valen los banqueros : la tasa del descuento que se alza en propor- 
ción á líis reducciones que sufre la reserva metálica y que se baja 
cuando el encaje aumenta. Fuera de ese regulador, todo resul- 
ta ineficaz, salvo la relación excesivamente restrictiva de 1 á 1 
C|ue rige en el banco de Inglaterra para la emisión convertible, y 
ella misma es tan poco práctica que en las épocas de crisis, es decii*, 
en los tiempos en que las reglamentaciones tienen algfm interés, 
lo primero que se ha pedido al parlamento inglés es la derogación 
del límite establecido. En cuanto á la fiscalización bancaria, nin- 
gún resultado ha dado la institución de los comisarios creada por 
el decreto-ley de marzo de 1865. Al finalizar el afio 1867, se dictó 



346 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 

un decreto de íacon versión por el plazo de seis meses, imponiendo 
á los bancos la obligación de mantener la emisión en la proporción 
de 1 á 3 con respecto al capital realizado, y á conservar en sus ca- 
jas todo el oro que tenían en esos momentos. El banco Mauá te- 
nía, segán el balance de diciembre, en la cuenta de caja un millón 
de pesos y en la de emisión dos millones trescientos mil pesos. 
Vencido el plazo, la intervención de los comisarios no impidió que 
el banco presentara estas nuevas cifras: seiscientos mil pesos en 
caja contra siete millones doscientos mil pesos de emisión, cifra 
superior al triple del capital realizado. Pero el escándalo grande 
lo dio en 1873 el banco F raneo -Platense, que alquilaba todos los 
meses unas cuantas bolsas de dinero para comprobar ante el fiscal 
de bancos la perfecta normalidad de su situación. Algo más prác- 
tico que visar balances podrían hacer los comisarios : concurrir 
irregularmente dos ó tres veces á los bancos para practicar ar- 
queos y publicar con relación á esas fechas el encaje realmente 
metálico, ó sea con deducción de los billetes de otros bancos, y la 
emisión circulante. Los mismos balances, para enseñar algo, debe- 
rían contener una clasificación clara y precisa de los valores del 
activo y del pasivo. 

Entre las circunstancias que más han contribuido á las agrava- 
ciones de nuestros desastres bancarios, debe mencionarse la falta 
de una legislación especial para la liquidación de sociedades anó- 
nimas é instituciones de crédito. Las disposiciones del código de 
comercio, resultaban duras en algunos casos é inaplicables ei; 
otros á concursos formados por centenares de accionistas y milla- 
res de acreedores. Acudíase entonces á leyes y decretos especia- 
les, destinados á conceder moratorias ó rehabilitaciones tempora- 
rias que en definiva ahondaban los males en vez de conjurarlos 
ó suavizarlos. Las grandes complicaciones de la liquidación de la 
crisis del año 1868, arrancan en buena parte de esas leyes y de- 
cretos especiales. Igual cosa ocurrió en la liquidación de la crisis del 
año 1890, con las dos quiebras del banco Nacional y con la sus- 
pensión de pagos del banco Inglés del Río de la Plata durante ese 
año y el siguiente, (^on el propósito de regularizar y facilitar las li- 
quidaciones, dictó finalmente la asamblea la ley de 2 de junio de 
1893, que entre otras cláusulas, registra las siguientes: que las 



RÉGIMEN BANOARIO 347 



sociedades anónimas se disuelvan necesariamente en el caso de 
pérdida del setenta y cinco por ciento del capital integrado, cuando 
no alcance á suscribirse á lo menos el veinte por ciento del capi- 
tal autorizado 6 no pueda cobrarse el veinticinco por ciento del 
capital suscrito dentro del plazo que fijará el poder ejecutivo en 
el decreto de concesión; que una vez decretada la liquidación judi- 
cial, nombrará el juzgado de comercio dos síndicos entre los doce 
mayores acreedores personales no privilegiados según resulte de 
los libros, quienes presentarán dentro de los treinta días un ba- 
lance de les negocios sociales, un inventario estimativo, una lista 
de acreedores, un informe sobre las causas de la liquidación y 
solvencia de la masa; que presentado el infoime de la referencia se 
convocará á junta de acreedores, pudiendo presentarse en esa 
oportunidad propuesta de concordato que sólo tendrá homologa- 
ción judicial, en el caso de ser aceptada por tres cuartas partes de 
la totalidad de los créditos personales no privilegiados; que toda 
sociedad anónima puede evitar la declaración de liquidación judi- 
cial por la concesión de moratorias ó por la celebración de un 
concordato preventivo, suscrito ó aceptado por las tres cuartas 
partes de la totalidad de los créditos personales no privilegiados; 
que los directores y administradores de sociedades anónimas que 
cometan fraudes, simulación, infracción de estatutos ó de una ley 
cualquiera de orden público, sufrirán la pena aplicada á los que- 
brados fraudulentos por el código penal; que todas las disposicio- 
nes sobre sociedades anónimas son aplicables á las instituciones 
bancarias constituidas en forma anónima, con las siguientes modi- 
ficaciones: que después de resuelta la liquidación definitiva, puede 
resolverse, mediante el voto de las tres cuartas partes de los cré- 
ditos personales no privilegiados, que se entregue á los acreedores 
certificados al portador que servirán para chancelar los créditos á 
favor del banco; que tratándose de instituciones emisoras, después 
de resuelta la liquidación judicial, el poder ejecutivo nombrará un 
delegado que en unión de los síndicos se incautará del numerario 
y valores suficientes para responder al pago de los billetes; que 
los bancos de emisión sólo podrán gestionar el concordato preven- 
tivo, justificando que tienen en caja numerario suficiente para la 
conversión total de los billetes. 



CAPITULO XII 
Moyiluación de la propiedad 



regís IROS EXLS'J ENTES EX EL PAÍS 

Nuestra ley de 30 de junio de 1805, croó en cada pueblo cabeza 
de departamento un registro para la toma de razón de las escritu- 
ras de venta, permuta, donación ó de otro género relativas lí pro- 
piedades raíces; la toma de razón debería reducirse íí la fecha del 
instrumento, nombres de los otorgantes, su vecindad, calidad del 
contrato y especificación de los bienes raíces, con los nombres^ 
extensión, situación y linderos que resulten del instrumento; los 
derechos de registro serían uniformemente de treinta reales por 
cada escritura; el tórmino para verificar la toma de razón, sería de 
diez días; las escrituras anteriores d la ])romuIgación de la ley, 
estarían sujetas íí registro siempre que hubieran de prosontíirse ea 
juicio; la falta de anotación se penaría con una multíi equivalente 
á diez veces el valor de la anotación; el escribano (juc autorizase 
escritura en virtud de títulos no registrados, sería destituido de su 
oficio. Una segunda ley de 20 de abril de 1880, ampliando la que 
acabamos de extractar, extcíndió el registro á todas las ciudades, 
villas y pueblos de la república; mandó que en él se anotaran to- 
das líis escrituras de donación de bienes raíces entre condueños 6 
socios, venta, permuta y donaciones de inmuebles, escrituras 6 
instrumentos públicos de partición hereditaria y en general toda 
escritura pública que importe ti-aslación de dominio á cualquier 
título que sea; estableció que la toma de razón ora indispensable 
para que los instrumentos respectivos tuvieran efectos jurídicos en 



MOVILIZACIÓN DE LA PROPIEDAD 349 

juicio; que el escribano encargado del registro de la capital, será 
el encargado de formar el registro general sobre la base de loe 
datos que le remitirán mensualmente los actuarios de los juzgados 
letrados departamentales. 

Fué inmediatamente seguida esa fecunda iniciativa^ de la ley *de 
hipotecas de 18 de junio de 1856, prescribiendo entre otras cOdas 
que en general las hipotecas^ sean legales, judiciales ó convencio- 
nales^ sólo tienen efecto y prelación entre los acreedores, desde la 
fecha de la anotación en el registro; que en el registro de hipote- 
cas convencionales deberá hacerse constar los nombres del deudor 
y acreedor, el importe adeudado, los intereses y la indicación y 
situación de los inmuebles gravados; que los acreedores que tienen 
hipoteca registrada siguen al inmueble, sea quien fuere el que lo 
haya adquirido; que los terceros poseedores que deseen purgar los 
inmuebles, tratándose de hipotecas convencionales registradas, 
manifestarán al juzgado que están prontos á efectuar el pago hasta 
la suma concurrente del precio del inmueble, sin perjuicio del de- 
recho del acreedor á exigir que se practique pública almoneda; y 
tratándose de hipotecas legales, pedirán al juzgado que señale un 
término para la toma de razón de los privilegios existentes á favor 
de los mayores y menores; que los encargados del registro de hi- 
potecas tienen obligación de dar á quien lo solicite copia de las 
tomas de razón ó certificado de que- ninguno existe. El código 
civil, sancionado en 1868, estableció que la venta de bienes in- 
muebles no se consideraría perfecta mientras no se hubiese otor- 
gado escritura pública, requiriéndose además su inscripción en el 
registro respectivo para que surtiera efectos; y en cuanto á la hipo- 
teca, dijo que debería también otorgarse por escritura pública é 
inscribirse en el registro respectivo, sin cuyos requisitos no ten- 
dría valor alguno. 

Otros registros fueron creados posteriormente: el de títulos de 
propiedades departamentales á cargo de las respectivas juntas 
económico-administrativas, creado por el código rural para el 
extracto de los títulos de propiedad y anotación de las mensuras 
practicadas; el registro de embargos é interdicciones judiciales 
creado por decre o-lcy de mayo de 1877, para la toma de razón de 
todos los embargos de bienes raíces y de las interdicciones dicta- 

24 



360 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 

das por los tribunales coa relación á los referidos bienes ó á las 
personas; el registro de contratos de locación, enfíteusis y capella- 
nías, creado por ley de 19 de diciembre de 1890, donde deberían 
anotarse todos los contratos de esa índole, sin cuyo requisito 
no harían fe en juicio respecto de terceros en caso de enajenación 
voluntaría ó forzosa de la propiedad; el de poderes, creado por ley 
de marzo de 1900, para la toma de razón de todos los mandatos, 
revocaciones, sustituciones y renuncias, siendo indispensable la 
inscripción para que los poderes puedan surtir efecto ante man- 
dante y mandatario y con relación á terceros. 

Han sido establecidos todos estos registros, con el propósito de 
dar la más amplia publicidad á las ventas, hipotecas, arrendamien- 
tos y poderes, haciendo posible que en breves minutos, pueda 
cualquier persona saber si la propiedad que se le ofrece en venta 
ó en garantía, está vendida ya ó ha sido hipotecada ó tiene un 
contrato de arrendamiento pendiente que vuelva gravosa su ad- 
quisición, ó si la persona que exhibe poder de otro, continúa toda- 
vía en ejercicio de su mandato ó ha sido sustituida en forma. Todos 
ellos son de una inmensa utilidad en la práctica y muy llevaderos 
para el contribuyente, como que el fisco se ha resignado á estable- 
cer cuotas que no exceden sensiblemente de los gastos de manteni- 
miento del servicio. ¿No sería posible extender á todos los demás 
derechos envueltos en la titulación de la propiedad territorial el 
beneficio del registro? 

EL SISTEMA TORRÉNS 

Ningún abogado puede anticipar al cliente que le interroga so- 
bre la bondad de un título de propiedad, con ánimo de adquirir el 
dominio ó de prestar dinero bajo garantía hipotecaria, que estará 
libre de una incontrarrestable acción de nulidad ó de una justí^íraa 
demanda reivindicatoría. Es posible que encuentre aparentemente 
en forma las escrituras de ti^aspaso y los expedientes testamenta- 
rios de que emanan los derechos de los actuales propietarios, pero 
al lado de lo que se ve y que puede ser materia de una concien- 
zuda opinión profesional, puede existir y existe frecuentemente 
algo que no se ve, que escapa á toda consulta y acerca de lo cual 



MOVILIZACIÓN DB LA PROPIEDAD 351 

sería insensato que el letrado y el escribano autorizante avanza- 
rán opinión y dieran seguridades á su cliente. Al día siguiente de 
extendida la escritura de venta ó de hipoteca, pueden surgir un 
coheredero excluido de la partición, un incapaz que no fué ampa- 
rado por las formalidades de la ley, un tercero con mejores dere- 
chos sobre la propiedad, ó que fué despojado de ella, ó que había 
adquirido acciones reales que no podía conocer el desgraciado 
comprador, un poseedor con títulos discutibles ó indiscutibles. 
Cualquiera de esos vicios ocultos, da origen á pleitos laboriosos 
que suelen gravar exclusivamente al comprador de buena fe y que 
siempre le imponen pérdidas considerables de tiempo y de dinero, 
deprimiendo la fuente de colocación de capitales que habría más 
conveniencia en mantener permanentemente saneada y presti- 
giada. Pues bien, todos los males que denunciamos y muchos otros 
más que traban actualmente la movilización de la propiedad terri- 
torial, desaparecen absolutamente dentro del sistema combinado 
por sir Roberto Torréns, puesto en ejecución desde 1855 en la 
Australia meridional y sucesivamente en Queensland, Victoria, 
Nueva Gales del Sur, Colombia Británica y en el estado de Yowa, 
de la confederación norteamericana, pudiendo agregar que Ivés Gu- 
yot ha hecho activa propaganda para incorporarlo al derecho 
comün francés, que muchos publicistas ingleses han tratado y 
tratan de aplicarlo á su país y que en varias ciudades alemanas 
forma, con ligeras variantes, la baso fundamental de la legislación 
territorial. Es muy posible que nuestra ley de registro de ventas 
sancionada en 1855, fuese inspirada á su autor, el escribano don 
Martiniano Mouliá, por el sistema Torréns, que en esos mismos 
momentos adquiría gran resonancia en la legislación australia- 
na. He aquí los preceptos capitales del referido sistema, des- 
pués de las modificaciones realizadas por la cReal property act 
de 1861 i: 

a) Todo propietario puede solicitar la inscripción de su título 
ante la oficina de registro territorial que se halla á cargo de un 
jefe y de un abogado encargados de abrir opinión profesional 
acerca de los documentos presentados. La demanda debe instruirse 
con un plano levantado por agrimensor público sobre una escala 
dada y con todos los demás antecedentes que juzgue necesarios el 



352 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 

jefe de la oficina. Si del examen resulta que el título es incom- 
pleto, que existen hipotecas á otras cargas reales no extinguidas ó 
que hay interesados que no han suscrito la solicitud, puede ésta 
ser rechazada de plano, con apelación ante el tribunal, ó bien dis- 
ponerse la publicación de edictos, con plazo que varía desde dos 
meses hasta tres años, haciendo conocer la demanda de inscrip- 
ción, á fín de que cualquier interesado tenga oportunidad de dedu- 
cir los reclamos de que se considere asistido. Si el examen del 
título resulta favorable al peticionario, entonces el plazo oscila 
simplemente desde un mes hasta un año. Las oposiciones se sus- 
tancian y resuelven por un tribunal. Así en el caso de que el tri- 
bunal declare la improcedencia de las oposiciones, como en el 
caso de que haya transcurrido el plazo de los edictos sin deducirse 
reclamo alguno, queda el inmueble al amparo de la ley, y el jefe 
del registro entrega al petícionario un certificado de título en el 
que se acredita su calidad de dueño único. Producido ese extremo, 
el jefe de la oficina sella y archiva todos los documentos anexos á 
la demanda de inscripción é inscribe el certificado expedido en un 
registro llamado matriz, en el cual cada inmueble tiene un asiento 
especial y distinto. Cuando un inmueble se inscribe por primera 
vez, ó cuando después de inscripto cambia de mano por testamento 
ó ab intestato, paga un impuesto proporcional que se destina á 
fondo de seguros para indemnizar á los terceros que hayan sido 
privados de un derecho real á causa de la inscripción del inmue- 
ble íí favor de otras personas. En caso de insuficiencia del fondo 
de seguro, el déficit de la indemnización se cubrirá con los dine- 
ros públicos. 

b ) El certificado de título debe mencionar las hipotecas, car- 
gas, arrendamientos ú otros derechos reales que hubieren sido 
inscriptos y de los que se tenga, conocimiento en consecuencia. 
Dicho documento hace plena fe en juicio y comprueba que el inte- 
resado es realmente dueño de los derechos que se lo han recono- 
cido. Ningún acto traslativo de propiedad ó constitutivo de hipo- 
teca, referente á un inmueble registrado, produce efecto alguno 
sino desde la fecha de la inscripción con arreglo á la ley. Una vez 
practicado el registro, todos los derechos que él acuerda quedan 
transferidos al que ha obtenido la inscripción, sean cuales fuesen 



MOVIUZACIÓN DE LA PROPIEDAD 353 

la naturaleza y el origen de los títulos que otras personas invoca- 
sen contra el inmueble, de tal manera que sólo se reputan existen- 
tes las cargas y derechos que resultan del registro. Todas las ano- 
taciones que se hagan en la matriz, se escribirán también en el 
certificado de título. En caso de venta <5 hipoteca de un inmueble 
registrado, el vendedor firma un memorándum en el que se copian 
el contenido del certificado del título y las cargas 6 arrendamien- 
tos que pesan sobre la propiedad, adjuntando á la vez el propio 
certificado en el caso de transferencia plena del inmueble. El jefe 
de la oficina expide al comprador un nuevo certificado de título, 
con referencia á la concesión primitiva y al memorándum de ven- 
ta. Si se trata de arrendar un inmueble registrado, el propietario 
tendrá que redactar el contrato con referencia al certificado de tí- 
tulo, siendo entendido que los arrendamientos posteriores á la ins- 
cripción de una hipoteca ú otro gravamen no tendrán valor respecto 
del acreedor sino en el caso de que él haya prestado su acuerdo an- 
tes de la inscripción. Para la transferencia ó cesión de un crédito hi- 
potecario bastará el endoso al dorso del título y su inscripción en 
el registro. El propietario de un inmueble ó de cualquier derecho 
real inscripto en el registro, puede nombrar un mandatario ó pro- 
curador con facultad para vender, hipotecar, arrendar, etc., y ese 
nombramiento será registrado para que produzca sus efectos. Todo 
aquel que se considere con derechos sobre un inmueble puede 
oponerse al registro de cualquier acto. Deducida la oposición, el 
jefe del registro la notificará al interesado, quien podrá citar á su 
contradictor para que promueva sus gestiones ante el tribunal 
competente. 

c) No se admitirán demandas reivindicatorías contra el propie- 
tario de un inmueble registrado. La presentación ante los tríbuna- 
les del certificado de título constituye una excepción absoluta que 
hace imposible todo debate. Exceptáanse los casos en que el acree- 
dor pide la ejecución de su deudor, en que el arrendador pide la 
expulsión de su arrendatario, en que la reivindicación se dirige 
contra el propietario inscripto por fraude ó contra sus causa-ha- 
bientes, exceptuados los compradores y acreedores hipotecirios do 
buena fe, y finalmente, cuando la reivindicación dimana de un 
error de límites ó se promueve por un propietario que posee certi- 
ficado de título anterior y debidamente registrado. 



354 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 

(í ) Toda persona privada de un inmueble <5 de un derecho real 
por fraude, error ú omisión en el certificado de título ó en el regis- 
tro matriz, puede demandar por daños y perjuicios al que ha apro 
vechado del fraude 6 del error. Dicha acción prescribe á los seis 
años de consumado el despojo, cuyo termino correrá para los inca- 
paces desde el cese de la incapacidad. Es entendido, sin embargo, 
que el comprador ó el acreedor hipotecario de buena fe no podrán 
ser molestados, aun cuando se pruebe que su vendedor, deudor ó 
causante inscribiéronse en el registro por fraude ó que se incurrió 
en error al fijarse los límites. En caso de muerte, ausencia ó quiebra 
del demandado, la acción se promoverá contra la oficina de regís- 
tro, al solo efecto de que la indemnización se pague del fondo de 
seguro. Las inscripciones fraudulentas están penadas con cuatro 
años de presidio como máximum. 

Tul es en sustancia el admini])Ie mecanismo del sist^Mua To- 
HV1I-. cuvíis tendeneiíis prácticas condensa en estíis tres fórnuilas 
Mr. I)ain: orgnni/aci<Mi de un procedimiento destinado á sanear 
los títulos, á fijar el nsicnto de la propiedad, á deslindarla, á con- 
sagrar de una lUíuicra irrevocable respecto de terceros, en un título 
])íiWit'0, los dcif^clios del propietario; creación de un sistema de 
publicidad destiiujdo á hacer couo(^ei- en todo momento y de una 
maucra exacta la condición jurídica del inmueble y los derechos 
reale-í y car<»;a"^ íjue lo gravan; movilizMcióu de la propiedad terri- 
torial con ayuda de medios destinados a' asegurar la tnisniisión rá- 
pida lie los ini'Hiebles, la constitución fácil de las hipotecas y su 
ce>i<»r. por >ini[)!e endoso. 

Realízase el saueauíiento do los títulos de una manera bien sen- 
cilla. Después de consumada la inscripción en el registro, la ley no 
reconoce otro dueño que (*1 designado en el certificado, ni otros de- 
reclKís reales que los que hayan sido in>criptos en el registro- 
Cualíjuier perjuicio que la inscripción cause á un tercero, privado 
de la propiedad ó de un derecho real por no haber concurrido al 
registro durante el tórmino de los edictos, se resuelve desde enton- 
ces en acción personal contra el causante del perjuicio. I-<as reivin- 
dicaciones quedan, en consecuencia, proscriptas, y la propiedad 
queda asentada sobre bases inatacables, salvo el caso de inscrip- 
ción fraudulenta. Pero aún en ese caso mismo, no cabe demanda 



MOVILIZACIÓN DE LA PROPIEDAD 355 

alguna contra el comprador 6 el hipotecario de buena fe. La ins- 
cripción es facultativa, pues la ley se limita á crear el registro en 
la seguridad de que el interés de los propietarios y contratantes 
hará el resto de la obra. Pero una vez que se ha acudido al regis- 
tro y que el inmueble está inscripto, ya la condición jurídica de 
ese inmueble queda exclusivamente regida por las anotaciones que 
resulten de la matriz y del certificado de título. El comprador de 
una finca ó el capitalista que desea colocar sus dineros en hipo- 
t<^ca, se entera de la condición. del inmueble en breves minutos y 
sólo tiene que preocuparse de averiguar la identidad y la capaci- 
dad do su contratante. Es posible que en algunos casos la ley san- 
<-ioruí injusticias, privando de sus derechos reales á propietíirios y 
:icre(»dores que no í-c hayan opuesto en tiempo á la inscripción. 
IVro ollas ostíín contrabalanceadas por las enormes ventajas que 
-ofroco ol sano;uni«^nto do la propiedad territorial, ai)ai'te de que 
[)noiioii rodnoirM' mucho on una legislación bien combinada. Re- 
fiero J)aiii, (juc en Australia no so ha producido todíivía ol caso de 
<jue ol tesoro pCihlioo haya tenido que sopoi-tar d^lfioit alguno por 
conoopto do iiidoiiinizaoión subsidiaria ú ios perjudicados. Agrega 
(juo ol luisino foíulo de seguros pernianoco <*asi intacto, por ser 
muy ooiitiidas l:i> domandas. Sogfin un rosiunon do las cuentas do 
l.i adiiiinií?traoi('iL il'* Iji coIouím Victoria, oonv^pondiontcs ;il año 
1S7J, «I fondo (!.'• xtrnro alcalizaba on esos nioni(»ntos lí cuarenta 
mil lil)ras oslorh'i>;i-,y íq)onas so habían tenido qno pagjii- indemni. 
/aciones poi' vnloi do dos mil libras. 

La nioviJizaoií'n do la propiedad <jUoda tambióii facilitada oii 
oondicionos do a^< umbrosa rapidez. El que desea viMider i'onn'to su 
oortifioado do t'tiilo y una doolaración de transferonoia al jefe d(»l 
registro. En caso de vivir fuera del lugar en (pie tiene su asiento 
la oficina, la remisión puedo hacerse por correo, previa autentiea- 
í'íón de firmas. Con esos antooedontos á la vista, el jefe del regis- 
tro otorga al comprador un nuevo certificado y pmctica á la vez 
fíl asiento respectivo en el liln-o matriz. El que desea hipotecar, 
sigue el mismo procedimiento, ó lo que es todavía mucho miís sen- 
cillo, se limita íí entregar el certificado de título en prenda al 
aci-eedor hipotecario. Es este último un procedimiento liiuy usado 
por los agricultores de Australia para proporcionarse dinero entre 



356 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 

una cosecha y otra, y que no admite riesgos desde que el inmueble 
sólo puede enajenarse mediante la presentación del certifícado 
de título á la oficina. Sólo en los préstamos á largo plazo se acude 
á la ofícina de registro^ para que anote el gravamen en la matriz 
y en el certificado. Las transferencias del crédito hipotecario há* 
cense por simple endoso que se inscribe también en la matriz y 
en el certificado. Ha ido mucho más allá todavía la legislación 
alemana. Todo propietario de la ciudad de Bremen puede trans- 
ferir un inmueble en bonos hipotecarios representativos de su va- 
lor, que circulan y se trasmiten por simple endoso. El propietario 
que tiene una fínca de 100^000 pesos^ por ejemplo, concurre á la 
ofícina territorial 6n demanda de cinco hipotecas de 20^000 pesos 
cada una. Esos bonos se numeran de 1 á 5, para fijar el orden de 
pago en caso de ejecución, y se hace constar en ellos, lo mismo 
que en el registro matriz, la condición jurídica del inmueble y los 
derechos reales que lo gravan. Cuando el propietario quiere hipo- 
tecar, endosa uno de esos bonos y queda cerrado el n^ocio en 
condiciones de perfecta seguridad para el acreedor^ puesto que 
mientras no se devuelvan los bonos no pueden levantarse las hi- 
potecas registradas. Afirma un comentarista que los propietarios 
de la ciudad de Bremen tienen la costumbre de convertir sus in- 
muebles en bonos y de guardar esos bonos en sus cajas hasta que 
llega la necesidad ó la conveniencia de endosarlos en la misma 
forma en que se endosa cualquier papel de comercio. 

En 1880, el gobierno inglés pasó una circular á todos los go- 
bernadores de las colonias australianas, pidiéndoles datos acerca 
del funcionamiento del sistema Torréns. Según expresa Ivés Guyot 
en el c Journal des fk^onomistesi, de octubre de 1882, todos los 
gobernadores contestaron afirmando el completo éxito del sistema 
y sosteniendo que en la Australia del Sud es casi una casualidad 
encontrarse con un terreno que todavía no se encuentre registrado 
y al amparo de la ley. En Queensland, más de un 98 % de la tie- 
rra estaba registrada á fines del año 1879. El jefe del r^istro de 
Victoria declaraba que hasta el año 1880 había inscripto títulos 
del valor de cinco libras hasta el de cien mil libras esterlinas y 
que ascendían en esa fecha las transacciones r^;¡8trada8 á la 
enorme suma de 537,000. Aunque el sometimiento al r^istro es 



MOVILIZACIÓN DE LA PROPIEDAD 357 

completamente voluntario, como lo hemos dicho ya, en el comer- 
cio australiano ha echado raíces la costumbre de operar sobre pro- 
piedades inscriptas, y eso ha determinado el considerable movi- 
miento que denuncian esas cifras. En 1879 sé promovió una in- 
formación encaminada á averiguar si convendría incorporar á la 
legislación inglesa el sistema que tan admirables resultados obte 
nía en las colonias de Australia. Sólo un argumento se hizo á la 
gran reforma : es difícil que los propietarios ingleses puedan pro- 
ducir sus títulos, á menos de provocar una liquidación penosa ; el 
registro puede convenir y conviene á países nuevos, pero no á so- 
ciedades viejas como la inglesa. Un argumento bien pobre como se 
ve. ¿ Acaso al país viejo no le conviene tanto como al nuevo sa- 
near la propiedad ? Otra debe ser la razón y así lo cree el citado 
economista. Roberto Torréns tuvo que luchar en Australia con la 
violenta oposición de los escribanos y procuradores. Parte de ahí 
también el movimiento en Inglaterra. El establecimiento del re- 
gistro territorial tiene que arrancar una parte considerable de su 
clientela á los abogados, procuradores y á los escribanos. Pueden 
tranquilizarse sin embargo los que ya están comprometidos en la 
carrera, puesto que durante algunos años tendrán que intervenir 
en una activa liquidación de litigios latentes. Sólo después de pro- 
ducido el saneamiento de la propiedad, las carreras sin clientela 
quedarán desprestigiadas y la juventud estudiosa se encauzará por 
corrientes más útiles y beneficiosas. Es lo que ha ocurrido en Aus- 
tralia. 

8H APLICACIÓN Á LA REPÚBUCA 

Ese único argumento que oponen las preocupaciones de los paí- 
ses viejos á la aplicación del sistema Torréns» no puede tener ca- 
bida entre nosotros y nada impide en consecuencia, que el legisla- 
dor oriental emplee y lleve hasta sus últimas consagraciones racio- 
nales el fecundo pensamiento inspirador de la ley de creación 
del registro de ventas de 1855. Del cuadro recapitulativo que con- 
tiene el anuario estadístico de 1901, resulta que en los diez y siete 
años transcurridos desde 1885 hasta 1901', los traspasos de la 
propiedad territorial anotados en los registros de venta de toda la 



358 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 

república, arrojan la suma de 341:331,000 pesos; y que los capita- 
les dados en préstamo hipotecario en los quince años transcurri- 
dos desde 1887 hasta 1901, montan á 143:611,000 pesos. En con- 
junto, representa la propiedad territorial movilizada por ambos 
conceptos la enorme cifra de 485 millones de pesos. Es una base 
amplia de transacciones que puede ser duplicada y triplicada me- 
diante un saneamiento eficaz de la propiedad que abai-ate los ne- 
gocios y elimine todo peligro de reivindicaciones y de pleitos de 
cualquier género. Al concurso del capital local se agregaría enton- 
ces con toda seguridad el aporte valioso é ilimitado del capital eu- 
ropeo, que sería atraído á nuestras plazas por colocaciones reinu- 
neradoras y absolutamente seguras. Y 8e agregaría otra ventaja 
de valor inapreciable para el país: la formación gratuita del ca- 
tastro, desde (jue todas las propiedades registradas tienen que 
mensurarse y todos los cambios realizados en las mismas propie- 
dades tienen (juc anotarse en el registro. 

Algunas inodifioaeiones de detalle podríají y deberían introdu- 
cirse (itilmente «n la ley l'orrí^ns. Habría conveniencia en exigir 
la confirmaeióu del íallo de la oficina de registro por una de las 
salas del tribnnal superior de jnstieia, cnando se tratara de la pri 
mera inscripción de un inmueble, á efecto d(» rodear ese acto ini- 
cial de laíimíís ¡Lrrandes segnridades. El plazo de los edictos debe- 
ría tener el míninium de seis meses, que rige en algunas colonias 
australianas, como medio de ofrecer la mayor amplitud íí las opo- 
sieionf'Sv Claro está que ese plazo (jue en los cíisos de títulos dudo- 
sos, habría que t xtender considerablemente :í dos ó tres años, es 
relativo á la primera inscrii)ción, puesto que una vez amparado el 
inmueble^ por la ley, las transferencias de dominio y la constata- 
ción (le derecho-i reales sólo requieren el consentimiento escrito, 
la autenticación de firmas y las anotaciones en el registro matriz 
y en el certificado de título. Y linalmente, habría necesidad de su- 
primir la responsabilidad del erario público, en los casos de lesión 
de los derechos de un tercero. Aun cuando la experiencia de la 
Australia no registra un solo caso en que esa responsabilidad se 
haya hecho efectiva y hasta demuestra que son rarísimas las ac- 
ciones contra el fondo del seguro, no hay para qué exponer al es- 
tado á responsabilidades que en alguna oportunidad podrían ha- 
cerse efectivas. 



MOVILIZACIÓN DE LA PROPIEDAD 359 



Varias veces he mes sostenido en los Anales ele la Unirersi" 
fiad y en los columnas de la prensa diaria, la necesidad de incor- 
porar, en sus liiieamicntos fundamenta es, el registro Torréns á 
nuestra legislación territorial. La misma idea ha sido más tarde 
extensamente estudiada por el doctor Alberto Márquez en su im- 
portante tesis para optar al grado de doctor en jurisprudencia, y 
por el doctor Gonzalo Ramírez en un notable informe que produjo 
ante el congreso gauadero-agrícola que celebró la Asociación Ru- 
ral del Uruguay á mediados del año 1895. Las conclusiones de di- 
chos trabajos y dí^l <]ue nosotros habíamos publicado anterior- 
mente en los Anales de la Uñiccrsidacl, se armonizan en to- 
dos los puntos fundamentales, menos cji el relativo al carácter vo- 
luntario (\ obligatorio del registro. En nuestro concepto, el regis- 
tro debería ser facultativo, y así seguimos o[)inaiido, persuadidos de 
(juc on la eo« xistencia del registro y de la legislación común es- 
triba a la Vi'/ (jUc (1 éxito tran(|uil(> del plan, la facilidad de su 
saiieiíHi poi la asainbloa. Según la base .'>/' del proyecto de decla- 
nieión pro[»uesLo por el doctor Jiann'roz Es obligatorio la presen- 
tación de lo- títulos de propiedad dentro de un pla/oque se fijará 
con carácter |)(,Mcntorio y debe tratarse de asegurar el eumpli- 
luit-nto de ( -a obIigaeL«Mi por medio de t^anciones que la hagan 
ineludible. Kutr*' i^a< sanciones pueden tiüurar las siguientes: 
[)asad() el ttriiiin.) dentro del cual debe practicarse la presentación 
de !(>> títuK»-. no se admitirán éstos en ninguna oficina pública ni 
en juicio, .-i no se pro'Mita la constancia autentica de haberse ve- 
rificado su iiiscri[)ci(>n. Tamj)oeo autorizarán los escribanos escri- 
turas <le tran-ferenciri de dominio sobre bienes raíces, de consti- 
tución (le grava'nieiies sobre las mismas, ni contrato de arrenda- 
miento, sin obtener previamente igual constancia respecto á los 
títulos de las propiedades sobre (jue recaen los mencionados actos 
jurídicos. Si el que practica actos de enajenación constituye gra- 
vámenes hipotecarií>s ó c<»lebra contratos de arrendamiento, sólo 
invoca derechos posesorios, tendrá obligación de presentar cons- 
tancia* auténtica de que sus derechos posesorios están inscriptos»» 

Kstíí poco saneada la propiedad entre nostros. Prescindiendo de 
los vicios comunes á todos los países, por defectos de forma ó de 
fondo deslizados en el traspaso de los derechos, reconoce la pro- 



360 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 

piedad en la república la enormidad de treinta fuefftes diferentes, 
según la prolija enumeración de la citada tesis del doctor Márquez. 
Donaciones, ventas, mercedes y prescripciones procedentes del do- 
minio español; permisos, donaciones y enajenaciones de las Pro- 
vincias Unidcs del Río de la Plata; permisos y donaciones de Ar- 
tigas, confirmaciones, enajenaciones y bandos de origen portugués; 
donaciones y enajenaciones hechas por los brasileños; donaciones 
y enajenaciones del gobierno provincial; enajenaciones, donacio- 
nes, prescripciones y leyes especiales del gobierno nacional. Mu» 
chos de los defectos que emanan de la titulación y de sus traspasos 
sucesivos han escapado hasta ahora á los debates forenses por de- 
sidia ó abandono de los que podrían hacer valer mejores derechos. 
Pero es claro que el día en que la ley hiciera obligatorio el sanea- 
miento de los títulos, todos los pleitos se plantearían y una parte 
considerable de la población quedaría revolucionada. Lo más grave 
es que algunos de los vicios desaparecen por el solo trascurso del 
tiempo dentro de nuestra legislación actual, mientras que acome- 
tiéndose la reforma territorial con carácter obligatorio, el propie- 
tario tendría que publicar inmediatamente los defectos de su título 
y que precipitar demandas que de otro modo no se promoverían. 
Para salvar todos estos inconvenientes es necesario que la presen- 
tación al registix) territorial sea completamente facultativa. O sis- 
tema de saneamiento debe coexistir, en consecuencia, con la actual 
l^slación, que es en definitiva lo que se ha hecho en Australia y 
otros países. £1 propietario que no quiera sanear sus títulos, no 
concurre al registro; pero una vez que cualquier propiedad ha sido 
saneada, ya esa propiedad queda sujeta exclusivamente al registro 
y respecto de ella sólo tendrán existencia los derechos reales que 
figuran en la matriz y en el certificado del título. Se concilian 
así todas las dificultades, sin que por eso pueda decirse que el sis- 
tema Torréns pierde su eficacia, porque aun cuando la ley declare 
voluntaria la inscripción, en la práctica ejercerán siempre una gran 
presión los vendedores y los colocadores de dinero para que la ins- 
cripción se realice. Se comprende en efecto que una propiedad sa- 
neada tiene que obtener un precio más alto en caso de venta ó un 
interés más bajo en caso de hipoteca, que otra que esté sin sanear, 
y eso bastará para que quede asegurado el éxito de la reforma. 



MOVIUZ ACIÓN DE LA PROPIEDAD 361 

Para que el registro de la propiedad territorial resalte verdade- 
ramente eficaz, es necesario dictar de una vez por todas la ley de 
tierras públicas prometida hace treinta años por el artículo del có- 
digo civil que transcribimos en seguida: « £1 estado, respecto de 
los bienci) susceptibles de propiedad privada, los establecimientos 
páblicos y corporaciones quedan sujetos á las mismas prescripcio- 
nes que los particulares y pueden oponerlas como ellos. Sin em- 
baí^, los requisitos para la prescripción de las tierras públicas se- 
rán objeto de una ley especial. El poseedor actual de un campo ú 
otro terreno que ha poseído por sí ó por sus causantes desde el 
año 1795 inclusive, constando esa posesión por documento públi- 
co ó auténtico, estará en todos los casos al abrigo de las pretensio- 
nes del fisco.» 

Al discutirse este tema importantísimo en el congreso ganade- 
ro agrícola de marzo de 1895, surgieron las tres siguientes propo- 
siciones: una de los doctores Berinduague, Martín C. Martíhez, 
Rodríguez Larreta, Pérez Martínez y señores Alonso, Cordero y 
J. B. Martínez, por la que se estimula la acción de los poderes pú- 
blicos, á fin de que se dicte una ley que declare que la prescrip- 
ción de las tierras fiscales debe regirse por las mismas disposicio- 
nes que la ley establece en cuanto á la prescripción enti'e particula- 
res, adoptándose las medidas necesarias para que los propietarios 
ó poseedores que sean favorecidos por esta ley se presenten soli- 
citando á su costa la mensura y escrituración. Otra del doctor 
Ángel Floro Costa, según la cual la confección de una ley sobre 
tierras fiscales debe tener por base científica el catastro geomé- 
trico y parcelario, única operación que en concepto del autor del 
proyecto, proporcionará al estado medios prácticos de conocer sus 
dominios territoriales, elementos de juicio para poder hacer libe- 
ralidades á los poseedores y ocupantes, consultando la equidad y 
el mutuo interés de ellos y del fisco, recursos para llevar á cabo la 
reforma militar, arraigando al suelo natal á millares de ciudadanos 
que hoy viven del presupuesto, medios para regularizar la contri- 
bución directa y la percepción del impuesto, poder establecec el 
registro de saneamiento de la titulación de la propiedad fundarla, 
colonizar y traer inmigración, fundar bancos agrícolas con la coo- 
peración del estado, mejorar la vialidad departamental y construir 



362 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 



edificios públicos con el producto de una parte de las tierras. Y 
otra finalmente del doctor Alberto A. Márquez, que establece que 
en lo sucesivo no se admitirán denuncias para la enajenación de las 
tierras fiscales, á fin de conservar las existentes como capital su- 
fragante de los gastos que demandará el catastro de la república^ 
cuya operación se realizará después de dictarse una ley de tierras 
que tenga en cuenta la buena ó mala fe del poseedor, la duración 
de la posesión, etc., comí' medio de acordar derechos á los posee- 
dores legítimos y dirimir los conflictos que surgirán de las opera- 
ciones catastrales entre el derecho ó interés del fisco y el dere- 
cho ó interés del poseedor. Después de un ligero debate, aprobó 
el congreso la primera de esas tres proposiciones y dictó una com- 
plementaria declarando que es conveniente que se dicte una ley de 
tierras públicas, de conformidad con la promesa hecha en el ya ci- 
tado artículo 1168 del código civil. 

Surgieron, como se ve, en el seno del congreso ganadero-agrí- 
cola, dos tendencias antagónicas: la que constituye las tierras fis- 
cales en fuente de grandes recursos para el estado y la que consi- 
dera que el poseedor de cierto número de años debe ser declarado 
propietario, sin otro desembolso que el de los gastos de mensura y 
escrituración de la tierra que posee. Esas tendencias tenían divi- 
dida la opinión antes del congreso y la tienen dividida hoy mismo, 
pudiendo atribuirse al antagonismo que existe entre ellas, la de- 
mora, aparentemente inexplicable, en cumplirse la promesa conte- 
nida en el código civil. Entre las dos soluciones, no es ni puede 
ser dudosa la elección, en nuestro concepto. Todos los que hayan 
ocupado por sí ó sus causantes un campo fiscal por más de treinta 
años, son dueños de esc campo, y así debe declararlo la ley intere- 
sada en dar estabilidad á la propiedad, en poner término á incertí- 
dumbres y temores que deprecian la tierra y rebajan también el 
rendimiento de los impuestos. A los que afirman que el estado re- 
nunciaría por esa solución á una impoitante fuente de recursos, á 
casi todas las tieiTas fiscales, desde que tienen que ser. raros, los 
que no cuenten una posesión de treinta años, les contestaremos 
que semejante pérdida quedaría ampliamente compensada por las 
ventajas que ofrece la consagración del derecho de propiedad, la 
seguridad de que nadie va á perturbar al poseedor. Entre esas ven- 



MOVIUZ ACIÓN DE LA PROPIEDAD 363 

tajas se destacarían, sin duda alguna, la inmediata valorización de 
la propiedad y el crecimiento de la contribución inmobiliaria, des- 
de que valorbíándose los campos sube también el impuesto. La so- 
lución contraria, la que tiende á salvar los derechos del fisco, opri- 
miendo fuertemente al poseedor, aparte de ser una solución dura^ 
que prescinde en beneficio del estado de un principio de tan alto 
interés público como la prescripción, promovería una revolución 
social en nuestro país, dados los defectos de la titulación de que 
ya hablamos y el sinnümero de cuestiones que habría que promo- 
ver. Ha llegado á calcularse en mil leguas la parte de territorio 
que pertenece al fisco. Es exagerada la cifra, pero aun con todas 
las rebajas que se considere conveniente introducir, ¡qué enormi- 
dad de pleitos á entablar, cuántos millares de familias arrojadas á 
los caminos por la avaricia del fisco y de los intermediarios de que 
él se valiera! 

Como transacción entre las dos tendencias, podría acordarse á 
lo sumo un pequeño porcentaje á favor de obras públicas, del 
cinco al doce ó quince por ciento del valor de las tierra» ó frac- 
ciones de tierras fiscales que se escriturasen á los poseedores. Los 
que han poseído, por ejemplo, por espacio de ochenta á cien años 
pagarían el 5 %. Los que tienen 60 á 80 años de posesión, abo- 
narían el 8 %. Los que cuentan de 40 á 60, pagarían el 10 %. Y 
los que sólo tienen á su favor de 30 á 40 años abonarían el 15 %. 
En cuanto á los que no hayan poseído por sí ó sus causantes du- 
rante treinta años, desde que no serían dueños aun en el caso de 
que las tierras resultaran particulares, (]uedarían fuera de la ley de 
prescripción, sin perjuicio de entrarse en arreglos equitativos, 
desde que el fisco es el principal interesado en que la propiedad 
se consolide. Agregaremos que tanto el pequeño porcentaje de las 
tierras prescriptas, como la cuota de venta para las que no conta- 
ran treinta años de posesión, deberían adjudicarse á las juntas 
económico-administrativas de los respectivos departamentos, para 
ser aplicados exclusivamente á escuelas, caminos y puentes^ ob- 
teniéndose por ese medio dos ventajas : dar un buen destino á las 
sumas é interesar el celo de las autoridades departamentales para 
conseguir que los poseedores consoliden su propiedad en prove- 
cho de ellos y en provecho del país. 



364 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 



BASES PARA UN PROYECTO 

• Dando forma á las ideas fundamentales que hemos desarrollado, 
redactamos hace algunos años las siguientes bases, que deberían 
completarse en caso de acogida favorable, y que á indicación nues- 
tra fueron presentadas á la cámara de diputados por el señor 
Setombrino Pereda. Las reproducimos á título de resumen de las 
ventajas prácticas del sistema: 

«Artículo 1.^ Créase una oficina de registro de la propiedad 
territorial que estará á cargo de un abogado como jefe registrador, 
que tenga por lo menos diez años de ejercicio profesional, de un 
escribano actuario y de un agrimensor. Dichos funcionarios serán 
nombrados por el tribunal pleno, con aprobación del senado, y go- 
zarán del sueldo que fije la ley de presupuesto». Son indispensa- 
bles los tres funcionarios que exige este artículo. £1 abogado para 
realizar el examen de los títulos de propiedad y dirigir el procedi- 
miento. El escribano actuario para dar autenticidad á las anota- 
ciones y ayudar también con su práctica al jefe registrador. Y el 
agrimensor para ordenar y examinar los planos y extraer las co- 
pias que deben entregarse á los interesados. En cuanto al proce- 
dimiento de elección, parécenos que es el más indicado para que 
el personal sea bien seleccionado. Ofrece el tribunal pleno garan- 
tías de alta imparcialidad, y esas garantías se duplican dándole 
intervención á la cámara de senadores, que sólo prestará su apro- 
bación cuando los funcionarios propuestos estén realmente á la 
altuia de la misión delicadísima que van á desempeñar. 

« Art. 2/ Todo propietario que quiera sanear y registrar su 
propiedad, presentará ante la oficina de registro el título que acre- 
dite sus derechos y un plano aprobado por el departamento de in- 
genieros, de acuerdo con una escala uniforme que determinarán 
los reglamentos especiales». Por este segundo artículo se declara 
facultativa la presentación á la oficina de registro territorial. Ya 
hemos dicho, ocupándonos del mismo tema, que el éxito de la re- 
forma estriba precisamente en que no te declare obligatorio el re- 
gistro. Hay muchos títulos viciosos que se perfeccionan por el 
solo transcurso del tiempo, y es claro que si la ley impusiera á 



MOVILIZACIÓN DE LA PROPIEDAD 365 

todo el mundo la obligación de comparecer ante el repstro, surgi- 
rían pleitos que es conveniente no precipitar. Ya se encargai*án 
las diferencias de precio y el interés de los compradores y coloca- 
dores de dinero de imponer el registro al propietario. Un título sa- 
neado con respecto al cual no existen otros derechos reales que los 
que resultan de los libros de la oficina territorial, vale inmensa- 
mente más, en todo sentido, que otro título que puede tener vicios 
ocultos, que puede dar origen en cualquier momento á demandas 
reivindicatorias 6 acciones de mejor derecho. Y eso basta y sobra 
para asegurar la eficacia de la reforma. El sistema Torréns, con 
ser enteramente voluntario en Australia, se generalizó tan rápida- 
mente, que á los pocos años de implantado rara era la propiedad 
que no figuraba en el registro. 

c Art 3.** Presentados los títulos á la oficina de registro, si el 
jefe registrador los encuentia en forma ordenará que se publiquen 
edictos con término de seis meses, emplazando á todos los que se 
consideren con derecho al inmueble que se pretende registrar. Si 
dentro del término de los edictos no surge oposición, el registra- 
dor, previa audiencia de los fiscales de lo civil y de hacienda, fa- 
llará mandando que se practique el registro en un libro matriz que 
tendrá dos índices, uno por propietarios y otro por ubicación de 
inmuebles. Su sentencia deberá ser confirmada por el tribunal de 
tumo, al que se pasarán todos los antecedentes». Pueden juzgarse 
exageradas las garantías que prescribe este artículo. Pero dada la 
impoitancia del registro, dado el hecho de que una vez anotado el 
inmueble en el libro matriz, no existen otros derechos reales -que 
los que constan del registro, es necesario y conveniente, tratándose 
de ensayos de reforma, rodear el procedimiento de las más am- 
plias garantías, dando intervención á los fiscales de lo civil y de 
hacienda y al tribunal de turno. De esa manera no quedarán du- 
das acerca de la bondad de la inscripción. 

€ Art 4.® Practicado el registro en el libro matriz, el registrador 
archivará el título y plano presentados y expedirá al interesado un 
certificado que contenga copia del plano y la constancia ó decla- 
ración del dominio. Desde ese instante, el inmueble queda exclu- 
sivamente regido por lo que resulte del libro matriz, de tal manera 
que sólo valdrán los derechos registrados y no podrá gi'avarsc ó 

25 



i 



366 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 



pasar por cualquier título ú otras personas, sino por intermedio de 
la oficina d^ registro territorial, que en caso de traspaso archivará 
el certificado primitivo y expedirá otro nuevo al adquirente, y en 
caso de hipoteca practicará las anotaciones necesarias en el libro 
matriz y ea el certificado y dará al acreedor un certificado espe- 
cial que le servirá de título para hacer efectivo su crédito ante la 
justicia ordinaria». Las disposiciones de este artículo condensan 
las ventajas inapreciables del registro de saneamiento. Después de 
la inscripción^ no tienen ya para qué circular los expedientes que 
hoy sirven de título. Lo que vale es el asiento del libro matriz y 
basta al propietario un certificado de ese asiento y una copia del 
plano, pudiendo en consecuencia archivarse el título primitivo 
como curiosidad histórica y nada más. Los movimientos del domi- 
nio posteriores á la inscripción del inmueble, tienen que hacerse 
por intermedio de la oficina territorial y es natural que así suceda. 
Es voluntaria la inscripción; pero una vez aceptada por el propie- 
tario, ya el inmueble queda vinculado al registro y no puede pres 
cindirse de él para ningún gravamen ó ningún acto de traspaso. 
El día en que el dueño del certificado quiera vender, compareceu 
vendedor y comprador á la oficina y allí se anota la venta y se 
extiende un certificado al comprador. Si ha muerto el dueño del 
certificado, á la oficina deberán concurrir también los herederos 
que hayan justificado su carácter ante los tribunales y allí se ex- 
pedirá á cada uno su certificado correspondiente. Si es una hipo- 
teca !o que se desea realizar, la misma oficina la anotará en el libro 
y en el certificado y dará su título al acreedor. En Alemania se ha 
perfeccionado de tal manera la movilización de la propiedad, que 
á solicitud del propietario, la oficina fracciona el inmueble en va* 
rios certificados que pueden endosarse. Es una reforma digna tam- 
bién de estudio. 

«Art 5." Cuando el registrador encuentre vicios ó deficiencias 
en los títulos antes de la publicación de los edictos y su fallo de- 
negatorio del registro fuere confirmado por el tribunal de turno, 
quedará suspendido el procedimiento hasta que el interesado sub- 
sane los vicios ó defectos señalados. Si los vicios ó defectos 
resultaran después de publicados los edictos, como consecuencia 
de la oposición deducida por terceros perjudicados, mandará el 



i 



MOVILIZACIÓN DE LA PftOPIEÜAD 367 

registrador que la contienda pase á los jueces que deben resol- 
verla». No necesitan comentario las disposiciones de este artículo. 
Hállanse destinadas á garantizar la bondad de las inscripciones y 
á dar á la justicia ordinaria la jurisdicción que legalmente le 
corresponde. 

«Art. 6." Todas las tierras ó fracciones de tierras fiscales, cuya 
posesión por particulares excoda de treinta años, podrán regis- 
trarse, comprobándose previamente el extremo de la prescripción 
en la forma que determine la ley de tierras públicas». Como lo 
hemos dicho, la ley de prescripción de tierras fiscales es un com- 
plemento necesario de la reforma de nuestra titulación territorial. 
Baro es el título, sobre todo de campos, que no requiera ese com- 
plemento, á causa de h poc^ proUjídD4 de Ij^ mensuras que se 
practicaban hace medio siglo á todo lo que daba el galope de los 
caballos. 

«Art, 7.^ En las tramitaciones á que dé lugur el ragiiijfo de Isl 
propiedad, no se devengarán costas. Sólo ise cobniní un dovaeho 
estrictamente indispensable para cubrir el presiipud^to da 1a ofi- 
cina, y ese derecho en ningáu caso excederá de dio^ pomu porcada 
título registrado». Para que sea amplia y rápida ia reformado 
nuestra titulación, es indispensable que el estado no busque en 
ella una fuente de recursos. Apenas debe exigirse í los propleta*' 
ríos lo estrictamente indispensable para que la ofioina d^ tierrajs 
no represente una carga fiscali y esto se obtendrá 3Ín estnono» 
desde el primer día de su funcíonamienü}, dada« las fuioitman vmi" 
tajas que el saneamiento ofrecer^í á todo el nuindor 



(CAPITULO xin 
I/egislación de ferrocarriles 



DOS SISTEMAS ENSAYADOS 

Dos leyes de carácter general han dictado nuestras asambleas 
en materia de fenx)carriles. La primera de ellas^ que es del año 
1884, estableció Ja red principal, con ayuda de estos seis troncos 
y ramales perfectamente combinados del doble punto de vista co- 
mercial y estratégico : línea del central, desde Montevideo hasta 
el pueblo fronterizo de Rivera, con un ramal desde el Paso de los 
Toros en el río Negro hasta Paysandú y Salto ; línea de Montevi- 
deo á la ciudad de la Colonia ; línea del Oeste^ desde la estación 
25 de Agosto al Carmelo y Nueva Palmira, con un ramal á Mer- 
cedes ; línea del Nordeste, desde Montevideo á Artigas, con un 
ramal á Treinta y Tres ; línea del Este, desde Montevideo á la la- 
guna Merim ; línea del Salto á Santa Rosa, con un ramal desde la 
isla Cabello á San Eugenio. Estableció además que la distancia 
entre los costados interiores de los rieles sería siempre de un me- 
tro cuarenta y cuatro centímetros á un metro cuarenta y cinco 
centímetros ; que las empresas no podrían oponerse al empalme de 
las líneas ; que estarían obligadas á compartir el uso de sus esta- 
ciones, mediante el precio y demás condiciones de comunidad que 
se pactarían de común acuerdo ; que cuando se miieran en un 
punto dos ó más líneas construidas por diferentes empresas, cada 
una podría traficar libremente y hacer correr sus vagones y ca- 
rruajes por la vía de la otra, pagando servidumbre con arreglo á 
lo que ellas mismas pactaren ó en defecto de pacto, determinaren 



FERROCARRILES 369 



los arbitros, todo lo cual deberá entenderse sin perjuicio del ser- 
vicio regular de la empresa propietaria del camino. El poder eje- 
cutivo podría intervenir en las tarifas, á efecto de rebajarlas, des- 
pués de oída la empresa respectiva, siempre que las utilidades ex- 
cedieran del doce por ciento anual sobre el capital invertido. La 
nación afectaba el cincuenta por ciento de la contribución directa 
á la garantía de un mínimum de interés del siete por ciento del 
valor de cada kilómetro de vía pronto y abierto al servicio pú- 
blico, sobre las siguientes bases : el costo kilométrico no excede- 
ría de cinco mil libras esterlinas á los efectos de la garantía ; la 
garantía sólo principiaría á correr en secciones no menores de 
cincuenta kilómetros; las sumas anticipadas por el erario público 
serían reembolsadas con los sobrantes del ocho por ciento de ren- 
dimiento neto que obtuviesen las empresas ; se computarían como 
rendimiento neto todas las mejoras de la línea no comprendidas 
en los proyectos primitivos, salvo que se hicieran de acuerdo con 
el poder ejecutivo y á expensas de capitales nuevamente introdu- 
cidos ; las empresas podrían renunciar á la garantía toda vez que 
el rendimiento neto no excediese del cuatro por ciento, quedando 
exentas en tal caso de reintegrar las cantidades ya anticipadas por 
la nación. Transcurridos veinticinco años de explotación, podría 
el estado expropiar para su uso las líneas férreas, pagando el pre- 
cio de tasación y un veinte por ciento de beneficio. Las garantías 
y privilegios de la concesión durarían cuarenta años. 

Introdujo modificaciones esenciales en nuestro régimen ferroca- 
rrilero la segunda ley, que es del año 1888. Amplió el trazado, 
estableciendo una línea del Durazno á Trinidad, con empalme en 
la línea del central ; otra línea á la frontera en dirección al camino 
de Bagé, con empalme en la línea del Nordeste sobre las puntas 
del Yi; una tercera línea de Pando á Minas, con empalme en la 
línea del ferrocarril del Nordeste ; y agregó que en el caso de que 
las líneas de Montevideo á la Colonia y la del Oeste hasta el Car- 
melo y Nueva Palmira fueran construidas por la nación, el tronco 
central partiría de Montevideo á Mercedes é Independencia, y ten- 
dría tres ramales, uno del Rosario á la Colonia, otro del Perdido al 
Carmelo, y otro de Dolores á San Salvador. Estableció que las lí- 
neas comprendidas en el trayecto generali que no hubiesen sido 



370 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 



(íoncedidas hasta entonces, podrían construirse por cuenta de la 
nación ó mediante concesión á empresas particulares, y que por 
uno 6 otro procedimiento podría también abordarse la construcción 
de ferrocarriles locales, de trocha angosta, ó de trocha ancha, de 
costo no superior á tres rail libras esterlinas por kilómetro, inclu- 
yendo tren rodante, estaciones y telégrafos, destinados á ligar y po- 
ner en comunicación directa los centros rurales unos con otros y 
con la capital. Mantuvo la misma ley, con relación i( las líneas del 
ti*azado, la garantía del siete por ciento sobre el costo máximo de 
cinco mil libras por kilómetro durante el plazo de treinta y tres 
años ; pero agregó que si por dificultades especiales del trayecto, 
el costo real de la vía fuere mayor, el poder ejecutivo fijaría el 
tanto por ciento de garantía proporcionalmente sobre el valor le- 
gal del kilómetro, que en ningún caso podría exceder de siete mil 
libras esterlinas, y lo haría de modo que la suma total á satisfacer 
fuese siempre equivalente al siete por ciento sobre cinco mil li- 
bras. Para el pago de los ferrocarriles que resolviera construir el 
poder ejecutivo, se autorizaba la emisión de bonos de ferrocarriles 
con un servicio de 6 % de interés y 1 % de amortización, no pu- 
diendo exceder su costo del límite fijado á las líneas concedidas. 
Los bonos podrían negociarse por el poder ejecutivo á fin de ser 
aplicado su importe al pago de las obras, ó entregarse al construc- 
tor á un tipo no inferior al 85 % de su valor nominal. Dispone 
también la ley : que en adelante no se otorgará concesión alguna 
sino á condición de que la línea pase á ser propiedad del estado, 
sin remuneración alguna á los noventa años de su otorgamiento ; 
que en todo contrato de concesión se estipulará la tarifa máxima 
de los precios que la empresa podrá cobrar al publico ; que el po- 
der ejecutivo podrá exigir la reducción de las tarifas é intervenir 
en su formación, una vez que el ferrocarril produzca más del 8 %, 
limitándose en tal caso su acción al exceso que correspondería al 
emrio público por concepto de reembolso de la garantía ; que la 
construcción de los ferrocarriles del estado será materia de licita- 
ción, con la sola excepción de las líneas ya concedidas á particu- 
lares y cuyos concesionarios conviniesen, á solicitud del gobierno, 
en construirlas por cuenta de la nación; que las tarifas de las lí- 
neas oficiales serían anualmente formadas por el poder ejecutivo 
y sometidafl á la aprobación de la asamblea. 



FERROCARRILES 371 

Antes de la sanción de estas leyes fueron concedidas varias lí- 
neas sobre la base de la garantía de un mínimum de interés. Entre 
ellas figuran el ferrocarril central del Uruguay, el ferrocarril d 
Higueritas y el ferrocnrril Noroeste del Salto al Cuareim en la 
frontera brasileña. Fué concedido el primero en 1865 y 1866. De- 
bería arrancar la línea desde la plaza de Artola (i otro punto 
conveniente hasta el Durazno, con facultad de prolongarla íí la 
frontera; el estado prestaba su garantía del siete por ciento du- 
rante cuarenta años, sobn» (^1 precio de diez mil libras esterlinas 
por cada milla inglesa, y además se suscribía á cinco mil acciones 
de la compañía ; en materia de tarifas se limitaba la intervención 
del gobierno al caso en que las utilidades líquidas de la compañía 
excediesen del 16 /^. En el año 1877, se consumó un arreglo en 
virtud del cual la empresa renunciaba á la garantía de intereses y 
el estado se comprometía á ceder para que fuesen destruidas por 
el fuego las acciones con que se había suscrito, á prestar una 
ayuda ó subvención de veinticinco mil pesos anuales durante el 
plazo de diez años y á chancelar las garantías vencidas mediante 
títulos de deuda al 4 % de interés anual y 2 % de amortización 
acumulativa por valor de un millón de pesos nominales. Dos años 
después, se dictó una ley autorizando la prolongación de la vía 
desde el Yi hasta el río Negro, mediante el pago de quinientas 
libras esterlinas por milla, pagaderas en títulos de la deuda « Fo- 
mento de ferrocarriles » de 4 % de interés, que la empresa ten- 
dría que amortizar con el excedente del 8 % de toda la línea. El 
ferrocarril á Higueritas, cuya primera sección de 25 de Agosto rf 
San José fué inaugurada en 1876, se organizó también mediante 
la garantía del siete por ciento sobre el precio de diez mil libras 
esterlinas por milla. En el año 1888, se realizó un convenio 
de renuncia de la garantía, obligándose el estado á entregar á tí- 
tulo de garantías vencidas y de compensación la suma de sete 
cientos mil pesos nominales en bonos de 4 % de interés y 2 % 
de amortización acumulativa y á propuestas. El ferrocarril Nor- 
oeste, que va del Salto al Cuareim, fué concedido en las mismas 
condiciones que el central, ha süi el nño 1881 en que la empresa 
renunció á la garantía de la parte de línea construida desde el 
Salto hasta la estación Yacuy, 97 1/2 kilómetros, pagando el ei-^ 



l.EOrSLAClÓN IXONÓMICA 



tado á título de garantías atrasadas, compenáaciones y relevación 
del compromiso de tomar cierto número de acciones, la cantidad 
de 1 :800,000 pesos nominales en títulos de 4 % de interés y 2 % 
de amortización. 

LA INTERVENCIÓN DEL ESTADO 

Pueden caracterizarse así las tendencias fundamentales de las 
leyes que hemos extractado: el estado se reserva el derecho de ha- 
cer el trazado general de los ferrocarriles; las líneas pueden ser 
construidas por cuenta del estado ó de empresas concesionarias 
garantidas; la intervención gubernativa en materia de tarifas sólo 
procede una vez que las utilidades de la empresa excedan del 8 % 
segün la ley de 1888, del J2 % según la ley de 1884 y del 16 % 
según el contrato del ferrocarril central del Uruguay. No hay ni 
puede haber cuestión acerca del primer punto. 

Han procedido con mucha sensatez los legisladores orientales 
al determinar sobre el mapa de la república la red ferrocarrilera. 
Dentro del sistema vigente de la garantía, salta á los ojos que el 
estado no debe ni puede comprometer su responsabilidad en favor 
de líneas concurrentes ó de empresas mal inspiradas que tiendan 
sus rieles en zonas sin porvenir alguno. Pero aun prescindiendo 
de esa circunstancia, desde que cada ferrocarril envuelve un mo- 
nopolio, es indiscutible el derecho del. legislador á exigir que las 
líneas sigan la dirección que más convenga á los intereses gene- 
rales del país. Nuestra red, da plena satisfacción á las exigencias 
de la industria, del comercio y de la defensa nacional y permite, 
gracias á la uniformidad de trochas y á la servidumbre de vías, la 
rápida y fácil circulación en todas las direcciones. Faltan todavía 
las líneas económicas, los ferrocarriles rurales, encargados de faci- 
litar el acceso á las estaciones, abriendo salida rápida y barata á 
todas las zonas que puedan ser servidas por los grandes troncos. 
Ya hay iniciativas en ese sentido, que no tardarán en generalizarse. 
Las otras dos tendencias de las leyes extractadas, están lejos de 
ser igualúiente indiscutibles. 

I-<a construcción de ferrocarriles por cuenta del erario público 
tenía que producir y produjo entre nosotros deplorables remita* 



FERROCARRILES 373 



dos. Desde el primer momento se comprendió que la intervención 
del estado sería acompañada de una gran suba en el precio kilo- 
métrico, y se dejó un fuerte margen con ese objeto, aunque ocul- 
tándolo de una manera tan completa, que nadie se dio cuenta de 
su existencia, ni mucho menos de su gravedad. La ley de 1884 
acordó la garantía del 7 % sobre el costo máximo de cinco mil 
libras esterlinas por kilómetro, y la de 1888 agregó que cuando el 
costo real excediera de ese precio, el poder ejecutivo fijaría el 
tanto por ciento de garantía proporcionalmente al valor legal, que 
en ningún caso podría exceder de siete mil libras, pero de modo 
que la suma total á satisfacerse fuera siempre equivalente al 
siete por ciento sobre cinco mil libras. Carecía de importancia 
esa disposición tratándose de ferrocarriles concedidos. Desde que 
en definitiva el erario público sólo tenía que pagar el siete por 
ciento sobre cinco mil libras, si la línea, en vez de costar cinco mil 
libras, costaba siete mil, el accionista recibiría un interés menor, sin 
que el estado se perjudicase en un solo centesimo. Pero otro ar- 
tículo de la misma ley de 1888, estableció que en las líneas cons- 
truidas por cuenta del estado, el máximum del costo kilométrico se 
determinaría por los estudios técnicos de las oficinas competentes, 
lio pudiendo exceder del determinado para los ferrocarriles conce- 
didos. ¿Cuál era el máximum de costo para los ferrocarriles conce • 
didos? Siete mil libras esterlinas por kilómetro. Pues bien, sobre 
esa base absolutamente inocua, tratándose de concesiones, podía 
llevarse una cai^a abrumadora al tesoro público. Suponiendo que 
el kilómetro representara ese costo y que el pago se practicase 
mediante bonos aforados al 85 % de su valor, cada kilómetro de 
línea vendría á representar en títulos 8,050 libras con un ser-, 
vicio de interés de 483 libras al año, en vez de las 350 libras que 
como máximum de garantía establecía la ley. Nada de eso se vio 
al tiempo del examen de la ley, ni preocupó por consiguiente á la 
asamblea, que sólo tenía en vista las seguridades amplias que se le 
daban de que el costo de los ferrocarriles oficiales sería inferior al 
máximum de cinco mil libras fijado á los concesionarios. I^éanse 
en efecto los siguientes párrafos del mensaje gubernativo de 5 de 
enero de 1888, comentando la ley de ferrocarriles: 

cLa opinión casi unánime de todos los autores, en los países 



374 LEGISLACIÓN ' ECONÓMICA 

nuevos c'omo ol nuestro, donde los ferix>earriles son causa creado- 
ra de la pobhaeión y del comercio que mientras no nacen y se for- 
man no pueden alimentar la vida de aquellas empresas, allí donde 
el estado tiene que garantir y pagar fuertes interés á los capitales 
empleados en ferrocarriles, para hacer posible su construcción, el 
criterio aconsejado por la razón y aceptado por la absoluta mayo- 
ría de las naciones que se encuentran en el caso de la nuestra, es 
el de construir ferrocarriles por cuenta del estado, por medio de 
em|)réstitos, cuyo interés y amortización se paga con lo mismo y 
aun con menos de lo que en razón de garantía hubiera sido nece- 
sario pagar á una empresa particular. Así por ejemplo, nuestra ley 
de ferrocarriles garante á las empresas constructoras el 7 /^^ sobre 
el capital empleado á razón de cinco mil libras esterlinas por kiló- 
metro y por el término de cuarenta años. Mientras que el estado 
puede construir hoy por su cuenta las líneas que quiem, emitiendo 
títulos de 6 % de interés y 1 % de amortización, garantidos por 
las mismas líneas, de colocación segura y ventajosa. Esos títulos 
no se colocarían á la par, por ahora al menos, lo qrie haría que su 
depreciación aumentase el costo de la vía; pero este exceso esta- 
ría compensado por el menor costo real de la misma; en vez de ser 
de cinco mil libras esterlinas el kilómetro, no sería nunca mayor 
de cuatro mil á cuatro mil quinientas libras esterlinas, según lo 
demuestran las diversas propuestas que en ese sentido y en esas 
condiciones ha recibido el gobierno. Con ese servicio de interés y 
amortización, igual al de la garantía que hoy paga el estado, los 
títulos emitidos quedarían amortizados á los treinta y tres años; 
es decir que da una economía de siete años de servicio de garan- 
tía sobre el sistema actual. Pero con esta otra ventaja rajís deci- 
siva: que los ferrocarriles serían desde el primer día propiedad del 
estado, que podría enajenarlos ó explotarlos, según lo entendiera 
más conveniente, mientras que por el sistema actual paga ese mis- 
mo 7 ^V(^ durante cuarenta años, para que al cabo de ese tiempo 
los ferrocarriles queden de propiedad de las empresas construc- 
toras». 

¿Cumpliéronse tan halagadoras promesas? Al año siguiente de 
sancionada la ley, en febrero de 1S89, el poder ejecutivo celebró 
el contrato de construcción, por cuenta del estado, del ferrocarril 



FERROCARRILES 375 



del oeste, cuyo tronco principal iría de Montevideo á la Colonia, 
con ramales á Palmira, Carmelo y Perdido, en una extensión total 
de 563 kilómetros, rigiendo el precio uniforme de seis mil libras 
esterlinas oro por kilómetro, pagaderos» en bonos de ferrocarriles 
aforados al 85 % de su valor nominal. Quiere decir que el estado 
tenía que entregar 6,900 libras nominales de 6 % de interés y 
1 ^y^ de amortización, en vez del 7 % sobre el máximum de cinco 
mil libras acordado á las empresas concesionarios. Es enorme, 
como se ve, la diferencia con los cálculos que registra el mensaje. 
Un día después de firmado el contrato, los concesionarios enaje- 
naron sus derechos mediante un beneficio de ciento cuarenta mil 
libras esterlinas al contado y alrededor de tres mil pesos por cada 
uno de los kilómetros de la extensa línea contratada. Envióse co- 
pia del contrato á Baring Brother?, que eran los encargados de la 
emisión de los bonos de ferrocarriles, y recién entonces pudo darse 
cuenta la asamblea de la ingeniosa combinación de que se había 
echado mano para elevar el costo de los ferrocarriles cons- 
truidos por la nación. Los abogados de la gran casa inglesa, sos- 
tuvieron que si bien es cierto que la ley de 1888 autoriza al go- 
bierno á contratar sobre la base de un precio máximo de siete mil 
libn-is, debía entenderse mientras no fueran aclaradas sus cláusu- 
las, que el servicio de los bonos no podría exceder del siete por 
ciento sobre cinco mil libras, exactamente como si se tratara de 
líneas particulares. Tuvo entonces el poder ejecutivo que recurrir 
á la asamblea en demanda de la aclaración pedida. 

La comisión de fomento de la cámara de diputados, á cuyo es- 
tudio pasó el mensaje del ejecutivo y el proyecto aclaratorio, pro- 
dujo un dictamen muy ilustrativo que hizo opinión en la asamblea 
y dio lugar á una derogación parcial de la ley de 1888. Decía en 
su informe que el principal argumento que había invocado el po • 
der ejecutivo en favor del sistema de construcción de ferrocarriles 
por cuenta del estado al tiempo de sancionarse la ley de 1888, era 
que el servicio de los bonos so pagaría ron ¡o mismo y aún con 
únenos de lo que por ra\6n de (jaran fía hubiera sido necesario pa- 
gar á una empresa particular, Segñu el mensaje tenía el poder 
ejecutivo eii su poder propuestas de construcción por cuatro y 
cuatro mil quinientas libran esterlinas cada kilómetro. Entretanto, 



376 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 

agregaba la comisión, el contrato que ha celebrado el poder ejecu- 
tivo, sacrifica al estado, desacreditii el nuevo sistema y hace mil 
veces preferible el que adoptó la ley de 1884. Establece en efecto 
un precio uniforme de 6,000 libras por kilómetro é impoae ade- 
más al estado la obligación de suministrar terreno para la estación 
central de Montevideo. El precio debe abonarse en bonos que los 
señores Baring tomarán al tipo de S5 % firme, de manera que el 
estado viene á pagar un servicio muy superior al que habría exi- 
gido el sistema de la garantía. Han tenido, pues, los señores Ba- 
ring Brothers razón fundada para observar el cv . írnto do cons- 
trucción de las líneas del oeste y requerir una sancióu l('^¡>!;itiva 
que disipe toda duda sobre su validez y legitimidad. Terminaba el 
informe diciendo que en la subsistencia del contrato de las líneas 
del oeste, estaba ya comprometido el crédito del país en el exterior, 
y que el buen sentido y el patriotismo aconsejaban su aprobación. 
Pero que había que poner una valla á los nuevos contratos, exi- 
giendo en cada caso la aprobación del cuerpo legislativo como 
medio de que no permanecieran en la oscuridad y la opinión pu- 
blica y las cámaras pudieran controlarlos eficazmente. 

Prevalecieron estas ideas en ambas ramas de la asamblea y dic- 
tóse entonces la ley de 8 de febrero de 1890 que reproducimos 
textualmente á continuación: «Artículo 1.° Apruébase el contrato 
de construcción de los ferrocarriles del oeste que fué celebrado 
por el poder ejecutivo con fecha 28 de febrero de 1889, con los 
señores Barrete, Caymarí y Cleminson, siendo entendido que en 
esta aprobación no se halla comprendido el compromiso contraído 
por el gobierno respecto á la construcción de la línea desde inde- 
pendencia hasta Paysandú á que se refiere la parte final del ar- 
tículo 2.^ del mencionado contrato. Artículo 2.® En todos los casos 
en que el poder ejecutivo resolviese construir por cuenta del cü 
tado alguna ó algunas de las líneas autoiizadas por la ley, deberá 
someter los contratos que celebre á la aprobación del cuerpo le- 
gislalivo. Art. 3.^* Deróganse las disposiciones de la ley de 30 de 
noviembre de 1888 que se opongan á la presente». 

No había terminado el sacrificio de los intereses fiscales. En 
julio del mismo año 1889, se extendió el contrato con la casa Ba- 
ring Brothers para la negociación de los bonos de ferrocarriles 



FERROCARRILES 377 

correspondientes á la primera sección de la vía, de Montevideo á 
la Colonia, compuesta de 240 kilómetros que importaban 1 :440,000 
libras esterlinas efectivas. La referida casa tomaba los bonos al 
85 % y con el producto de ellos, acreditado en la cuenta del go- 
bierno, se obligaba á pagar los Certificados fiscales por el importe 
de los materiales y los giros que hiciera el banco Nacional contra 
certificados de los ingenieros fiscales para el pago de los trabajos 
de construcción. Pronto ya todo el andamiaje, empezó el trabajo 
de la utilización de los bonos, sin tender previamente un solo riel 
ni efectuar un solo desmonte. Se encargó de ello uno de los gran- 
des especuladores de bolsa, promoviendo la venta de la pequeña 
vía del ferrocarril del Norte, que va de Montevideo á los corrales 
de abasto. Esa pequeña vía debía, en el plan de sus negociadores, 
servir de cabecera al ferrocarril á la Colonia, dándole á éste en- 
trada á la ciudad de Montevideo. En realidad se trataba de dar 
salida á los fondos del banco Nacional, para impedir ó aplazar un 
desastre bursátil. Los agentes fiscales extendieron los certifica- 
dos que el banco descontó en el acto, girando á la vez contra Ba- 
ring. Pero los giros no fueron aceptados y el establecimiento 
girador tuvo que cargar con la suma de un millón setecientos mil 
pesos á que ascendían. ¿Se había vendido algo efectivamente? Pa- 
sada la fiebre de los primeros momentos y en franca liquidación 
ya todos los negocios del período próspero, dijo lo siguiente á sus 
accionistas el directorio del ferrocarril del Norte en su memoria 
correspondiente al segundo semestre del año 1892: «Lo que el 
directorio actual puede afirmar, es que esta sociedad volvió otra 
vez á su funcionamiento regular y que todas las negociaciones que 
la administración comenzada en 29 de agosto de 1889 intentó 
llevar á cabo, no afectaron ni afectan en lo mínimo, por su misma 
insubsistencia, evidente irregularidad é invalidez, la existencia 
legal, ni la integridad de personería de esta sociedad; ni han me- 
noscabado en lo más mínimo derecho alguno de esta empresa; y 
por lo tanto, el ferrocarril y tranvía dol norte, que como entidad 
social jamás estuvo debida ni legalmente representada en la admi- 
nistración extraordinaria mencionada, perteneció y pertenece 
siempre á sus accionistas, sin que haya salido jamás de su domí 
nio, como lo prueba el hecho de existir en nuestras manos casi la 



378 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 

totalidad de las acciones en debida forma registradas i>ara cons- 
tituir legalmente la asamblea». Y tenía razón el directorio, paes 
el ferrocarril del Norte jamás fué traspasado ni pudo salir del do* 
minio de sus accionistas. La compañía nacional de crédito y obras 
públicas, ó los especuladores que la manejaban y hacían el negó- 
cioy tenían simplemente cicito número de acciones caucionadas en 
el banco Inglés del Río de la Plata. Ellas sirvieron para decorar 
la compraventa. Es ilustrativo agregar que la prenda fué rea- 
lizada por el banco Inglés del Río d<' la Plata y que más tarde, a' 
producirse la clausura de este estíiblecimiento de crédito, fueron 
adquiridas las acciones por el esüido en compensación de cuentas 
con la liquidación, provenientes de giios para el servicio de la 
deuda pública durante el año 1891. 

CÓMO SE CONSTRUYÓ LA RED DEL OESTE 

El ferrocanil á la Colonia, había quedado entretanto en estado 
de proyecto. I^a ley de 7 de octubre de 1891, aprobatoria del con- 
coixiato con los tenedores de deudas públicas exteriores y accio- 
nes de ferrocariles garantidos, mandó depositar en Londres un 
millón doscientas mil libms esterlinas en títulos de la deuda cod- 
¿olidada del Uruguay creada á mérito de ese concordato, para 
asegurar la construcción de la línea de Montevideo á la Colonia. 
Otras cláusulas de la mencionada ley, redujeron el servicio de la 
garantía á los demás ferrocarriles concedidos, al 3 1/2 /'J^, es de 
cir, á la mitad del interés antes establecido, sin que pudiera des- 
contarse el rendimiento neto mientras no (»x<íediera del 1 y 1 .2 al 
año y autorizaron la chíincelación de garantías atrasadas por valor 
de 2:975,100 pesos en títulos de la deuda consolidada. El depósito 
fué bien pronto movilizado, repartiéndolo el estado por partes 
iguales entre la Compañía Uruguay Limitada á título de pago de 
materiales, estudios y terrenos^ y don Juan B. Médici, continua* 
dor de las obras que estaban á cai^o de esa compañía. Agotado» 
los fondos, fué traspasaila la (loucesióii d la empiesa del ferroca- 
rril Central del Uruguay, inediantí? im nuevo eouípromiso en cuya 
virtud esa poderosa empresa se obligaba á construir en un término 
dado la red del Oeste, sin nuevos sacrificios para el tesoro publico 



^£RK0CABBIL£6 379 

y con la cláusula expresa de entregar a! estado el material rodante, 
vías, estaciones, galpones, talleres y demás anexos, á los sesenta 
años de libi-ada la línea al tráfico páblico. 

Vale la pena de conocer las condiciones en que la referida cons- 
trucción pudo consumarse, para prevenir nuevos desaciertos 
y cerrar definitivamente la puerta á las deplorables aventuras 
financieras que llenan la primera etapa de la negociación de que 
nos ocupamos. Hubo que coni[)rai* á la antigua compañía el con- 
trato de concesión y la línea todavía incompleta de San José al 
Sauce, por doscientas setenta y cinco mil libras esterlinas oro y 
ciento veinticinco mil libras en acciones de la nueva empresa. El 
capital de funcionamiento de la empresa quedó constituido por 
ochocientas sesenta y dos mil quinientas libras esterlinas en ac- 
ciones y ochocientas sesenta y dos mil quinientas libras en obliga 
ciones. En conjunto, un millón setecientas veinticinco mil libras, 
equivalenteó á ocho millones cien mil pesos, incluso lo entrega- 
do a' la empresa de Médici por concepto de traspaso de la con- 
cesión y obras ya ejecutadas. Fueron emitidas las obligaciones al 
iSO ,* ó de su valor. La prolongada crisis de lallcpública Oriental, 
y la guerra de Sud África impidieron el lanzamiento de las ac- 
ciones, habiéndose visto en el caso, por esa circunstancia, la em 
presa del Central, de emitir por su cuenta doscientas cincuenta 
mil libras en ooligaciones, que fueron colocadas al elevadísimo 
tipo del noventa y siete por ciento de su valor, fenómeno econó- 
mico notable que refleja el justo prestigio de esa empresa en el 
mercado de Londres. El costo de construcción de toda la red del 
Oeste, oscila alrededor de dos mil quinientas libras esterlinas en 
acciones y obligaciones por kilómetro. Tiene la compañía cons- 
tructora y explotadora el plazo de sesenta años para amortizar 
las obligaciones y reembolsar las acciones, desde que al venci- 
miento de eae plazo deberá pasar la línea absolutamente libre á 
mauos del estado. 

EL SISTEMA MAS CONVENIENTE 

Después de este primer ensayo tan deplorable de ferrocarriles 
por cuenta del estado, forzoso es convenir en que el sífitema me- 



380 LEGISLACIÓN ECONÓMICA 

nos peligroso dentro de nuestro embrionario medio político y ad- 
ministrativo, es el de las concesiones á empresas particulares. Es 
el que teníamos antes de 1888 y el que volveremos á tener mien- 
tras siga el espíritu sano y previsor de la ley limitativa de 1890. 
TienC; sin duda alguna, nuestro viejo sistema inconvenientes gra- 
ves para el fisco, por la dificultad de fiscalizar exactamente 
los rendimientos de las empresas garantidas. El erario público 
paga ordinariamente el máximum de la garantía. En los cua- 
renta trimestres transcuiTidos desde el l.*^ de enero de 1892, en 
que empezó á tener efecto el concordato de Londres, hasta el 31 
de diciembre de 1901, ha tenido que pagar el estado á título de 
garantía la suma de 8:248,044 pesos. Y eso que el concordato 
redujo á la mitad el mínimum de siete por ciento acordado por las 
leyes de 1884 y 1888. La oficina de control de ferrocarriles está do- 
tada sin embargo, de amplias facultades para intervenir con fines 
de fiscalización en la construcción, explotación y administración de 
las líneas. Sin desconocer que con medidas eficaces de control, pue- 
de disminuirse el sacrificio anual impuesto al tesoro público, cree- 
mos que nuestras líneas férreas que tienen que crear la industria y 
promover la población de la campaña, no pueden dar entradas 
remuneradoras en los primeros tiempos de su instalación, y que 
es bien explicable, en consecuencia, que se mantenga á altos nive- 
les el interés garantido. 

Existe un medio más eficaz de reducir el monto de la garantía: 
el abaratamiento de las tarifas, al que en principio renuncia nues- 
tra legislación vigente, desde que sólo autoriza la intervención del 
gobierno cuando el rendimiento neto excede del 12 /^ según la 
ley de 1884 y del 8 % según la ley de 1888. Bajo el mismo raimen 
de los ferrocarriles libres, es evidente el derecho del estado á co- 
laborar en la formación de las tarifas: toda línea férrea constituye 
efectivamente un monopolio para el transpoite, en el sentido de 
que rara vez se establecen dos líneas concurrentes, y de que aun 
establecidas no tardan en refundirse ó en ponerse de acuerdo. De 
ahí que el parlamento inglés, que no concede garantías, se haya 
creído autorizado en diversas circunstancias para exigir y obtener 
rebajas importantes. Con mayor razón debe aceptarse y facUitiu^ 
la intervención administrativa, dentro del régimen de la garantía 



FERROCARRILEe 381 

de un mínimum de interés, desde que el déficit de los ingresos 
tiene en definitiva que ser cubierto por el erario público y 
las fianquicias concedidas á las industrias y al comercio se tra- 
ducen en abreviación del plazo de la garantía por el mayor im- 
pulso que comunican á las diversas fuentes de la actividad eco- 
nómica que dan elementos al transporte. 

EXTENSIÓN DE LAS lANEAS 

El anuario de la dirección de estadística correspondiente á 
1901, reproduce el cuadro relativo al año 1900, del que resulta 
que las líneas explotadas tienen una extensión de 1,729 kilóme- 
tros, con un capital invertido de 49:013,908 dollars. Las líneas 
del Oeste, que han sido abiertas al servicio público con posterio- 
ridad, miden 340 kilómetros y de ellas nos hemos ocupado por se- 
parado, sobre la base de los datos definitivos de su constmc- 
ción por la empresa del ferrocarril central del Uruguay. 

Durante el ejercicio 1900-1901, la línea del central, incluyendo 
la vía del Nordeste, tuvo el siguiente movimiento: pasajeros 
704,606 que pagaron 433,140 pesos; peso total trasportado, 
414,332 toneladas; total de las entradas, 1:557,068 pesos; gas- 
tos de explotación, 898,815 pesos; ganancia, 658,253 pesos. La 
extesión Este tuvo 34,805 pasajeros que pagaron 69,320 pesos ; 
peso total trasportado, 66,835 toneladas ; entradas totales, 369,311 
pesos; gastos de explotación, 188,754 pesos; ganancia, 180,557 
pesos. La extensión Norte tuvo 16,227 pasajeros que abonaron 
40,163 pesos; peso total trasportado, 29,041 toneladas; importe 
de las enti*adas, 154,450 pesos ; ganancia, 61,780 pesos. La ex- 
tensión Oeste, finalmente, tuvo 29,630 pasajeros por 33,373 pe- 
sos; peso total trasportado, 77,851 toneladas; importe total de 
]as entradas, 123,397 pesos ; gastos de explotación, 82,333 pesos ; 
ganancia, 41,064 pesos. Los kilómetros en explotación eran 
437 para el central, 206 para la extensión Este, 293 para la 
extensión Norte y 105 para la extensión Oeste. El movimiento 
de cargas de las estaciones central y Bella Vista del departamento 
de Montevideo, está representado en 1901 por las siguientes canti- 
dades: carga despachada en Central, 109:880,150 kilos; en Be- 

26 



3» 



LÉQlBlACiÓV ISCOVÓMiCA 



lia Vista, 41:450,139 kilos; carga recibida: en Central, 150:251,51 7 
kilos; en Bella Vista, 35:859,365 kilos: total reunido: Central, 
260:131,667 kilos; Bella Viste, 77:309,504 kilos. El ferrocarril 
Midland del Uruguay presenta el siguiente movimiento en el año 
1901 : pasajeros, 21,324 con importe de 51,257 pesos ; peso totol 
movilizado, 52:003,320 kilogramos; total de las entradas, 202,542 
pesos ; gastos de exploteción, 200,807 pesos ; kilómetros de línea 
en exploteción, 317. El ferrocarril Noroeste del Uruguay arroja 
en 1901 : 14,40f pasajeros con 37,99o pesos; peso total traspor- 
tedo, 38:538,956 kilos; importe total de las entradas, 165,598 pe- 
sos; gasto» de explotecidn, 152,082 pesos; ganancia, 13,516 pe- 
sos; kilómetros de línea en exploteción, 178. El ferrocarril norte 
del Uruguay arroja: 5,590 pasajeros con 15,282 pesos; poso to- 
te! trasportado, 16:888,502 kilogramos; totel de las entradas, 
58,556 pesos; gastos de explotación, 60,075 pesos; kilómetros 
en e'xploteción, 117. El ferrocarril del Norte presenta 45,861 [)a- 
sajeros ; peso totel movilizado, sin incluir la carne para el abasto 
de Montevideo, 21:499,820 kilos ; kilómetros en exploteción, 23. 
Los animales muertos trasportedos para el consumo de la pobla- 
ción ascienden á 91,573 vacunos, 39,153 lanares y 18 porcinos. 
El ferrocarril uruguayo del Este tuvo en el ejercicio 1900-1901, 
10,632 pasajeros con 11,337 pesos ; peso totel trasportedo, 14,345 
toneladas ; kilómetros en exploteción, 50 ; totel de las entradas» 
32,814 pesos. De estas líneas gozan de la garantía del estedo 
1:130, kilómetros. 



CAPITULO XIV 
I/a población y la riqueza pública 

CENSOS DE 1889 Y DE 1900 

Ijfl población de la ropáblica Oriental íu6 calculada por AzdtíL 
el año 1796 en 30,685 habitantes. En 1829, había subido á 74,000 
almas. Los censos generales de 1852 y de 1860 Id asigflatoíí fés'- 
. pectivanriente 131,969 y 229,480 habitantes. No se ha levaíítado 
posteriormente ningón censo general. Los tiltífnos parciales, sofi el 
del departamento de Montevideo en el año ÍSH9, que arrojóla 
cifra de 215,061 habitantes y el de los departamentos de cámpáftá 
en marzo de 1900 que dio la cifra de 647,313. Sobíe la base dcr 
estos áltimos datos y de los saldos qite arrojan el movimiento vc. 
getativo y el movimiento migratorio, la dirección general da esta 
dística ha calculado en 31 de diciembre de 1 902 te póblaciótí tof «í 
de la repfiWica en 990,158 almas, corresfíondiendo á Moirtevideo 
276,034 y á los demjís departamentos 714,124. Vamos á extraer 
de los censos parciales de 1889 y 1900, aígfinos datóos dé fírferiáe 
acerca de la población de la repfiblfca en esas fechas. 

Es muy incompleto el censo de ios departamentos de crítnpnñtt 
levantado en marzo de 1900. El total de 647,313 habitantes se 
reinarte así: nacionales 549,898, siendo varones 270,566 y fnujefes 
279,332; extranjeros 97,415, siendo varones 62,798 y fnnjeté» 
34,617. En la población extranjera, se destacan los itaKano^ cotí 
2©,2&7, los españoles con 25,220, los brasileños con 26,6^98, los 
argentinos con 9,871, los franceses con 4,521 y lús suizos cotí 
t,070. El cerwo escolar (6 á 14 años) arroja 165,138; el censor de 
la cirtdadartfít (v<infc<í a&oe afrrfba) 98,601, y el de hi giftifrdía ntídkh 



3S4 LA POBLACIÓN 



nal activa (17 á 45 años) 96,997. La población de más de seis 
años de edad, compuesta de 531,521, se descompone en esta 
forma: nacionales que saben leer y escribir 205,896; extranjeros 
que saben leer y escribir 51,207; nacionales que no lo saben 
230,312, siendo 99,124 de 6 á 14. años; extranjeros que no saben 
leer ni escribir 44,106, siendo 2,550 de 6 á 14 años. 

Mucho más interesante es el censo municipal del departamento 
de Montevideo, levantado en 1889. Prueban los datos del informe 
que nosotros redactamos, que la población había seguido este nota- 
ble crecimiento: 33,994 habitantes, según el censo de 1852; 57,913 
según el censo de 1860; 164,028 según el censo de 1884; 215,061 
según el censo de 1889. Denuncia la última cifra un aumento de 
532 % con relación á 1852; de 271 con relación á 1860, y de 31% 
con relación á 1884. O lo que es igual, que en el período de 37 
años que separan los censos de 1852 y 1889, la población se mul- 
tiplicó más de seis veces; en el período de 29 años que separa los 
censos de 1860 y 1889, la población se multiplicó casi cuatro 
veces, y en el período de cinco años que separa los censos de 1884 
y 1899 la población se multiplicó en la proporción de uno y ter- 
cio de su cifra anterior. Tres son las causas ó factores de ese 
rápido crecimiento: el excedente de los nacimientos sobre las de- 
funciones, el excedente de la inmigración sobre la emigración y 
el poder de atracción que ejerce la capital sobre los individuos 
nacidos ó radicados en otros departamentos. Durante el quinque- 
nio 1875-1879, hubo 4,339 matrimonios, 26,317 nacimientos y 
16,045 defunciones; en el quinquenio 1880- 1884, hubo 4,886 ma- 
trimonios, 27,886 nacimientos y 17,646 defunciones; en el quin- 
quenio 1885-1889, hubo finalmente 6,475 matrimonios, 34,165 
nacimientos y 23,141 defunciones. Son cifras relativas al solo 
departamento de Montevideo, pues el movimiento en toda la repú- 
blica, incluyendo la capital, arroja en el quinquenio 1880-1884, ma- 
trimonios 16,570, nacimientos 11 1,001, defunciones 46,014; y en 
el quinquenio 1885-1889, matrimonios 18,329, nacimientos 
126,464, defunciones 59,342. Deduciendo los nacido muertos, que 
suben á 3,891 en el departamento de Montevideo y á 5,264 en 
toda la república, resulta un saldo á favor de los nacimientos de 
35,427 en la capital y de 137,373 en todo el país. En el año del 



LOS CENSOS 386 



e^nso, la población de Montevideo era de 215,061 y tuvo 7,8()0 
nacimientos y 5,061 defunciones; y la población total que era de 
711,656, presentó 26,981 nacimientos y 12,882 defunciones. Ex- 
cluidos los inanimados, el índice de la natalidad, resulta d« 
36.5 **/oo en Montevideo y de 37.9 ^.k. en todo el país; y el de la 
mortalidad, respectivamente de 22.4 "/oo y de 17.4 ®/oo» Del grado 
de energía del segundo factor, dan idea estos guarismos: desdq 
1875 hasta 1889, entraron al puerto de Montevideo con proce-^ 
dencia de ultramar 172,750 personas y salieron 100,957, incorpo- 
róndose á nuestro suelo, en consecuencia, 71,793 individuos. El 
movimiento con Buenos Aires y el litoral ai*gentino, aiTOJa de 
1877 hasta 1889, una entrada de 329,107 y una salida ¿e 322;372. 
Englobando ambos saldos, el excedente es de 78,528. En cuanto 
al tercer factor, demuestra el censo, la presencia en Montevideo 
de 16,600 nacionales nacidos en el resto de la república. 

Los 215,061 individuos censados se repai*ten así: nacionales 
114,322, extranjeros 100,739, sobresaliendo en estos (iltimoa los 
italianos con 46,991, los españoles con 32,465 y los franceses con 
8,358. Demuestra la incorporación efectiva del elemento extran- 
jero, el hecho de que sólo 14,362 tenían menos de un año de domi- 
cilio en el país y que la tercera parte contaba más de quince añOQ 
de residencia. Revela el censo la existencia de 116,494 varones y 
98,567 mujeres repartiéndose los de quince años arriba (141,007) 
en 62,800 solteros, 66,698 casados y 11,509 viudos. En el total 
censado, decláranse 40,814 jefes de casa, distribuyéndose los de^ 
más en esposas, descendientes, ascendientes, colaterales, afínes, 
dependientes, sirvientes, peones, militares y asilados. Había 
122,018 alfabetos, 4,861 semialfabetos y 88,182 analfabetos en la 
población general, pero rebajando los niños de menos de seis años 
que no han llegado todavía á la edad de escuela, tendremos que 
por cada grupo de mil habitantes, existían 646.7 alfabetos, 26.5 
semialfabetos y 326.8 analfabetos. Para complementar estas indi- 
caciones, agregaremos que el censo arroja 1,733 individuos defec- 
tuosos, entre dementes, inválidos por acción de guerra ó acciden- 
tes, sordo-mudos, ciegos é idiotas; la indicación de que en el día 
del censo había 4,217 enfermos, incluyendo hospitales; 212,441 
individuos de raza blanca, contra 2,620 negros, mulatos y mestí- 



966 LA POBLACKÍN 



zos; 179,408 cat^licofi, 10,982 protestantes, 74 de otras religiones, 
3,524 Ubre-pensadores, 7,655 sin religión positiva y 1H,3«^8 que 
no quisieron declarar sobre el particular. Cuerea de la mitad de la 
población general censada, corresponde al elemento activo ó tra- 
bajador del departamento y se distribuye en esta forma: industrias 
extractivas, 53 varones nacionales y 725 varones extranjeros; in- 
dustria agrícola, nacionales 807 varones y 38 mujeres, extranjeros 
2,892 varones y 131 mujeres; industria ganadera, nacionales 101 
varones y 1 mujer, extranjeros 41 varones; industria manufactu- 
rera 6 fabril, nacionales 3,231 varónos y 4,007 mujeres, extranje 
ros 14,092 varones y 3,309 mujeres; industria comercial, naciona- 
les, 4,986 varones y 100 mujeres, extranjeros 10,350 varones y 
566 mujeres; Industria de trasportes, 956 varones nacionales y 
1,597 varones extranjeros; servicio personal, profesiones liberales 
y artes y oficios, naeionales 11,014 varones y 4,569 mujeres, ex- 
tranjeros 23,929 varones y 7,565 mujeres. Hay que agregar los 
rentistas 6 personas que viven del interés de sus capitales y que 
no deben ni pueden reputarse improductivas. Suben á 3,864, co- 
rrespondiendo á 652 y 1,656 varones y mujeres nacionales y á 670 
y 886 varones y mujeres extranjeros. Oompónese entonces la po- 
blación activa de 98,924 individuos, ó sea el 46 % de la población 
total. Hay que advertir que 33,88ó personas declararon que traba- 
jaban por cuenta propia y los demás por cuenta de otros. 

Tales son los resultados capitales del censo de la población del 
departamento de Montevideo. El censo de las industras del mismo 
departamento, levantado pocos días después, dio un total de 6,564 
establecimientos, con un capital en giro de 55 y 1/2 millones y 
otro en bienes raíces de 9 y 1/2 millones de pesos. Dichos esta- 
blecimientos tenían un personal de 33,000 individuos, y pagaban 
al año por concepto de salarios 7 y 1/2 millones y por concepto de 
arrendamientos cerca de 3 millones de pesos. Dentro de estos gua- 
rismos, están comprendidos los resultados del censo agrícola-ga- 
nadero, del censo industrial propiamente dicho y del censo comer- 
cial, cuyos datos recapitulativos resumimos en seguida. 

Censo agrícola-ganadero. —Fueron censados 1,012 establecimien- 
tos, siendo 873 de propiedad de extranjeros y 139 de nacionales. 
De esos establecimientos, 713 eran explotados por sus duefios v 



Loe CENSOS 387 



los demás por arrendatarios, medianeros y habilitados. El capital 
en plantíos^ animales y íitiles de labor fu<? estimado por los decla- 
rantes en 2:677,640 pesos; el capital en bienes raíces en 1:801,240 
pesos; el monto annal de los salarios en 172,247 pesos; los arren- 
damientos anuales en 108,116; el valor de la producción agrícola 
del ultimo año en 556,024; y el de la í^anadera en 24,550. El per- 
sonal de trabajo componíase de 2,744 individuos. Durante el año 

1888, sembráronse 2,353 hectáreas de maíz, 1,100 de trigo, 792 
de papas, 688 de pasto, 233 de alfalfa, 560 de balango, 333 de ce- 
bada y otras pequeñas extensiones de lino, cáñamo y tabaco. En 

1889, la tierra destinada al cultivo de cereales y forrajes, era de 
16,615 hectáreas, de las que se aprovechaban 10,600 y tenían 
riego 119. Además estaban destinadas á legumbres 1,054 hectá- 
reas, á árboles frutales 906, á bosques artifíciales 363, á viñas 144 
y algunas pequeñas extensiones á mimbres, maní y otras plantas 
industríales y de adorno. Lo recogido en la última cosecha fué de 
31,833 hectolitros de maíz, 22,984 de papas, 18,011 de trigo, 804 
de maní, 439 de cáñamo y 392 de lino. Había 1,383 arados, 58 se- 
gadoras, 658 rastrillos, 6 trilladoras, 6 máquinas á vapor, 3,341 
bueyes, 1,474 vacas lecheras, 1,123 caballos de tiro, 1,192 caballos 
de silla,' 1,002 animales lanares, 485 muías, 63 burros, 41,687 
aves de corral, 1,021 colmenas, H27 carros de dos ruedas, 51 de 
4 ruedas y 21 carruajes. 

Censo vídustricU. "Comprende los siguientes gremios entre 
otros: aserraderos, alfarerías, varaderos, broncerías, oamicerías, 
carpinterías, caleras, canteras, curtidurías, empresas de aguas co- 
rrientes y de luz eléctrica, elaboración de guano, fundiciones, fide- 
lerías, fábricas de lencería, de rodados, de chocolate y especias, 
de billares, de calzado, de baldosas, de jabón y velas, de fósforos, 
de galletitas, de aceite, de ladrillos, de alcohol, de pólvora, de cer- 
veza, de hielo, de muebles, de licores, de quesos, graserias, herre- 
rías, hojalaterías, litografías, labores de granito, Iavad<íros mecá- 
nicos, marmolerías, peleterías, roperías, sastrerías, suelerías, tala- 
barterías, tipografías, tornerías, loneterías, tapicerías, yeserías, 
zinguerías. Estos establecimientos y otros que omitimos, olasifí- 
canse así: 256 de nacionales con un capital en giro de 2:666,850 
pesos y en bienes raíces de 31 1,330 pesos, un personal de 4,558 



388 LA POBLACIÓN 



empleados, un desembolso anual de salarios de 803,941 pesos 7 
otro de arrendamientos de 133,760 pesos; 2,099 de extranjeros, 
con un capital en giro de 12:185,910 pesos y en bienes raíces de 
3:538,080 pesos, un personal de 13,335 empleados y un desembol- 
so anual de 3:003,767 pesos por salarios y 908,824 por arrenda- 
mientos. Forman también parte del censo industrial los saladeros, 
molinos, atahonas, cocherías y caballerizas, carros, embarcaciones 
menores del puerto, teléfonos y tranvías. Sobre estos ocho ramos, 
contiene el censo datos particulares más amplios. 

Funcionaban en el departamento al tiempo de levantarse el 
censo 10 saladeros ó establecimientos de salazón de carnes vacu- 
nas, perteneciendo 8 á orientales y 2 á extranjeros, con un capital 
en giro de 525,000 pesos y en bienes mices de 1 15,000, un personal 
de 1,209 empleados y un desembolso anual de 351,600 pesos de 
salarios y 38,000 de arrendamientos. Tenían 19 máquinas á vapor, 
con 714 caballos de fuerza motriz, 53 digeridores, 14 máquinas de 
otro género, habiendo beneficiado en la última zafra 207,737 ani- 
males vacunos y 5,181 animales yeguarizos. Existían 12 molinos 
á vapor y 1 á agua, con el siguiente movimiento: personal de em- 
pleados 349; capital en giro 854,780 pesos; capital en bienes raí- 
oes 512,780 pesos; salarios 95,780 pesos; arrendamientos 15,280 
pesos; fuerza motriz, 311 caballos; pares de piedra, 22; cilindros 
112; molienda del año anterior, 516,500 hectolitros de harina; pu- 
diendo moler en 24 horas 3,689 hectolitros de trigo. Las atahonas 
eran 7, siendo 3 de orientales y 4 de extranjeros, con este movi- 
miento: capital en giro, 54,600 pesos; en bienes raíces, 42,500; en 
salarios 720 pesos á un personal de 22 individuos; arrendamien- 
tos 744 pesos; pares de piedras, 12; cilindros, 1; molienda y pro- 
ducción en el año anterior, rospectivamente de 2,692 y de 2,375 
hectolitros de trigo; molienda de maíz y producción de harina de 
maíz, 911 y 787 hectolitros; pudiendo moler 10 hectolitros cada 
24 horas. Las cocherías y caballerizas eran 64, correspondiendo 
27 á nacionales y las demás á extranjeros, con este movimiento: 
capital en giro, 386,650 pesos; en bienes raíces, 54,500; personal, 
491 empleados; salarios 135,010 pesos; arrendamientos 50,080 pe- 
sos; carruajes, 279 de cuatro ruedas y 8 de dos medas; caballos, 
1,076; carruajes de particulares, 383 de cuatro ruedas y 11 de dos 



LOS CENSOS 389 



ruedas, con 795 caballos de tiro y 106 de silla. La industria de 
carros, contaba con 208 establecimientos, siendo 72 de naciona- 
les; personal, 1,106 empleados; capital en giro, 383,460 pesos; en 
bienes raíces, 217,170 pesos; salarios 212,427 pesos; arrendamien- 
tos, 40,455; carros, 779, teniendo 30 cuatro ruedas y los demás 
dos ruedas; muías, 1,971; caballos, 766; bueyes 232; estando in- 
cluidos los carros municipales, pero sin expresión de valor. Las 
embarcaciones menores del puerto de Montevideo, distribuidas en- 
tre 23 dueños ó encargados, de los que 20 eran extranjeros, te- 
nían: capital en giro, 976,900 pesos; personal, 1,185 empleados; 
salarios, 488,r«00 pesos; arrendamientos 7,180 pesos; embarcacio- 
nes á vapor 27 y á vela 303, con un tonelaje respectivamente de 
923 y de 12,602 toneladas, habiendo movido en el año anterior 
770,900 toneladas de carga. Existían dos compañías telefónicas, 
nacional una y extranjera la otra, con capital de 1:146,000 pesos; 
salarios, 55,000; arrendamientos, 7,684; empleados 137 personas, 
siendo mujeres 76; monto de las operaciones del año anterior, 
370,000 pesos; abonados 2,530; estaciones, ]1; metros de línea, 
5:224,000. Y 7 empresas de tranvías, con 161 kilómetros de vía, 
que ea el año anterior realizaron 918,891 viajes, recorrieron 
10:550,262 kilómetros y transportaron 20:119,539 pasajeros, te- 
niendo 1,001 empleados, 436 vagones, 3,890 caballos de tiro y 
1 3 estaciones. 

Refundidos todos los guarismos del censo industrial, resulta que 
en el año 1889 existían en el departamento de Montevideo : 2,682 
establecimientos con un capital en giro de 18:780,060 pesos; ca- 
pital en bienes raíces, 4:791,330 pesos; personal de empleados, 
22,392, siendo hombres 18,591 y mujeres 3,801 ; monto anual de 
salarios, 5:147,145 pesos; monto anual de arrendamientos, 
1:202,277 pesos. De los empleados 17,083 trabajaban dentro del 
establecimiento y 5,309 fuera de ellos. En los distintos estableci- 
mientos existían 172 máquinas á vapor con 2,006 caballos de 
fuerza y 2,472 máquinas de otro género ; 2,467 caballos, 6,639 
animales vacunos, 922 yeguas, 47 muías, 897 cerdos, 4,616 aves 
y 1 05 carneros, no incluidas en estas cifras las máquinas y anima- 
les correspondientes á los diversos ramos que hemos examinado 
separadamente, con indicación de su material de trabajo. 



a90 



LA POBLACIÓN 



Cetiso comercial, - Fuoron censadas 2,870 casas de comercio 
con un capital en ^iro de H4: 150,4 10 pesos y en bienes raíces do 
2:951,940 pesos. Personal de empleados 7,658, de los que 6,845 
trabajaban dentro y los deniiís fueni de los establecimientos res- 
pectivos. De las casas censadas pertenecían \i nacionales 510, coa 
un capital en giro de 15:618,350 pesos y bienes raíces de 865,060 
pesos y un personal de empleados de 2,414. Monto anual de los 
salarios 2:127,212 pesos y de los arrendamientos 1:593,368, corres- 
pondiendo de estas cantidades \i establecimientos de nacíonaief 
898,514 pesos en salarios y 409,607 en arrendamientos. En el 
censo comercial están comprendidos, entre otros establecimientos, 
1,006 almacenes al menudeo, 115 almacenes con ramos anexos, 
44 almacenes al por mayor, 4 almacenes navales, 2 almacenes de 
■uelas, 2 almacenes de hierros, 5 agencias marítimas, 21 barracas 
de maderas, 8 barracas de carbón, 5 barracas en general, 31 ba- 
rracas de productos ganaderos, 31 bazares^ 5 bancos, 34 cafés, 26 
cafés y billares, 90 carbonerías, 27 casas de comisiones, 29 casas 
de cambio, 6 droguerías, 111 despachos de bebidas y 7 con rainos 
anexos, 37 depósitos de cereales, 5 de jabón y velas, 3 de máqui- 
nas agrícolas, 5 de máquinas de coser, 168 fondas y 17 con ramos 
anexos, 26 ferreterías, 16 hoteles, 102 casas importadoras, 11 im- 
portadoras y exportadoras, 26 joyerías y relojerías, 21 librerías y 
papelerías, 28 mercerías, 269 puestos de mercado, 6 quincallerías, 
42 rastaurants, 4 registros de géneros, 20 sombrererías y 277 tien- 
das. 

Resúmese así la actividad industrial del departamento de Mon- 
tevideo, segúin el censo que extractamos : 



CENSOS 



Agrí(*<)l.i-g:in:ido 

n» . . . 
Industrial. . 
CoraíT«'¡aI. 



I 5 5 

' ii 



1.012 
2.(;s2 
2,H70 



Ü.áiü 



r^ . En bi<'ncs 






ll 



2:r.77,«i4()| l:tj()l,24t) 1; 172,241 
lt<:7H«MK» l:7l)l,:C«»'Í 5:147,140 



:W:i:»r,.4lO' 2:f)ól,í'U) 



50:014, 110 1»:514,5U) 



2:1-27,212 

i 7:440,r/>4 



H 



EkirLEADOS 

Nin'io- I ExtnB* 
nales jtfw 



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1:2<T2,27T 
1:598,.%^ 



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2,.Ml 



2:0<);i,7Gl !| 11,486 



2^ 

21.:>»5 



Según el mismo censo de 1889, había en el departamento de 



LA RIQUESA PÚBLICA 391 



Montevideo 20,788 casas, de las cuales 19,257 estaban habitadas 
y las demás desocupadas 6 en construcción. De las casas ocupa- 
das 12,537 estaban arrendadas y producían al año 7:699,500 pe- 
sos y 6,720 eran ocupadas por sus propios dueños. Aplicando á 
éstas el promedio de las alquiladas, se obtiene un monto total de 
arrendamientos de 1 1:826,535 pesos. Suponiendo que la propie- 
dad edificada represente término medio lo relativo á una renta 
bruta del 7 % al año, estimaba la comisión del censo el valor de 
las propiedades censadas en 168:950,502 pesos. Agregaremos que 
en el propio año 1889 se efectuó la tasación de la propiedad te- 
rritorial del departamento de Montevideo, mediante comisiones 
nombradas por el poder ejecutivo á fin de distribuir equitativa- 
mente el impuesto. Esa operación arrojó un valor de 203:823,364 
pesos. Si se tiene en cuenta que el censo calcula sólo el rubro de 
loB edificios ocupados, mientras que la tasación administrativa 
abarca además las desocupadas y en construcción y los terrenos 
sin edificar, no es aventurado afirmar que ambas operaciones se 
confirman y que la riqueza territorial llegaba realmente á la cifra 
de las comisiones avaluadoras. 

Conocidos ya los datos de los últimos censos parciales, vamos 
á determinar sobre la base de las declaraciones para el pago de 
los impuestos, el monto probable de la riqueza pública de todo el 
país. 

TJ^ PROPIEDAD TERRFTORIAL 

De los datos contenidos en el registro estadístico de 1860, re- 
sulta un monto de 94 1/2 millones de pesos, por concepto de ca- 
pitales declarados en toda la república para el pago de la contri- 
bución directa, correspondiendo alrededor de 50 millones á tierras 
de pastoreo y de labranza y fincas urbanas y rústicas, y lo demás 
á ganados, capitales en giro y otros bienes gravados por igual im- 
puesto. En 1881, el capital declarado ascendió á 2i8 millones dis- 
tribuidos entre 39,076 propietarios. En 1890, á 266 millones dis- 
tribuidos entre 50,189 propietarios, debiendo observarse que es- 
ta última cifra corresponde exclusivamente á la propiedad te- 
rritorial, puesto que desde el año 1S88 quedaron eliminados de 



392 LA POBLACIÓN 



la contribución directa iop ganados, los capitales en giro y un de- 
recho adicional sobre las importaciones, transformándose el im- 
puesto en contribución inmobiliaria. En 1901, finalmente^ el capi- 
tal declarado subió á 301:055,686 pesos, entre 77,713 propieta- 
rios, de los cuales son nacionales 44,455 con up capital de 
161:945,646 y extranjeros 33,258 con un capital de 139:110,040 
pesos. Entre los contribuyentes extranjeros destácaiise los italia- 
nos con un capital de 36:051,363, los españoles con 34:169,701, 
los brasileños con 29:433,769, los francí ^ es con 17:726,410 y loa 
ingleses con 10:227,029 pesos. Del monto total drclarado en 1901, 
corresponde al departamento de Montevideo 123:.') *J 7,914 pesos y 
á los departamentos de campaña 177:527,772 pesos. 

Deja grandemente que desear el sistema de aforos para el pago 
de la contribución inmobiliaria. En 1889, dio á la propiedad terri- 
torial del departamento de Montevideo un monto de 120 millones 
de pesos, contra el de 204 millones á que airibaron las comisiones 
avaluadoras nombradas en el mismo año por el poder ejecutiva 
Los campos, aforados por zonas, dejan lagunas más sensibles to- 
davía en cuanto á los valores declarados, aparte de todas las gran- 
des ocultaciones que notoriamente se cometen en la designación 
de áreas. Dentro de términos razonables puede estimarse hoy el 
valor de la propiedad inmobiliaria del departamento de Montevi- 
deo en los 204 millones de pesos á que arribaron las comisiones 
avaluadoras, sobre la base del precio corriente de la propiedad, y 
la comisión del censo municipal sobre la base de los alquileres pa- 
gados. Si es verdad que la propiedad había subido extraordinaria- 
mente en 1889, por efecto de las grandes especulacioues de Ii 
época, no debe olvidarse que en los doce años corridos desde en- 
tonces se ha edificado mucho y que la valorización de los terrenos, 
aunque mucho más modesta, se ha extendido con el ensanche de 
la población. El valor de la propiedad territorial de la campaña, 
que arrojan las declaraciones, puede duplicarse razonablemente, 
porque allí las ocultaciones son grandes y más grandes todavía las 
diferencias de valor que día á día señalan los precios corrientes 
del mercado. 

Resultaría entonces la cifra redonda de 560 millones de pesos 
como valor probable de las tierras y edificios de toda la república. 



LA RIQUEZA PÚBLICA 



Se no8 dirá, y en ello convenimos^ que existe una enorme desigual- 
dad en la distribución del impuesto. Hay, efectivamente, propie- 
dades que pagan con exceso. Pero hay también otras que pagan 
menos de lo que valen en plaza 6 que escapan totalmente á las 
garras del fisco. El día que se aborde la perecuación de la contri- 
bución inmobiliaria, se llegará seguramente al nivel que señalamos 
y á otros más altos todavía. Durante el año 1901, que forma parte 
del período transitorio de aplastamiento territorial que sucedió á 
la crisis de 1890, han sido anotados en el registro de ventas 17 y 
1/2 millones de pesos y en el de hipotecas 6 y 1/2 millones. 

IX)S CAPITALES EN GIRO 

En 1860, según el registro estadístico de que ya hemos hecho 
mención, funcionaban en toda la repáblica 5,433 establecimientos 
comerciales é industriales sujetos al pago del impuesto de paten- 
tes. En 1891, los establecimientos patentados habían subido á 
20,328, con un capital declarado de 89 y 1/2 millones de pesos, 
correspondiendo á la población nacional 4,134 cuotas con un capi- 
tal de 35 y 1/2 millones de pesos. En 1901, los patentables ha- 
bían subido á 28,955, siendo de Montevideo 17,418 y de campaña 
11,537, pero el capital declarado había descendido á 65 1/2 millo- 
nes de pesos, correspondiendo 43 millones á Montevideo y 22 
y 1/2 millones á la campaña. De los 28,955 patentables del año 
1901, sólo tuvieron que declarar capital 22,148 y de ellos eran 
nacionales 7,112 con un capital de 20:512,991 pesos. Éntrelos 
extranjeros sobresalen 6,821 italianos con 12:229,060; 4,809 es^ 
pañoles con 15:045,917; 1,121 franceses con 3:494,070; 201 ingle- 
ses con 8:235,150, y 208 alemanes con 2:751,919 pesos. 

Las ocultaciones del capital en giro, son inmensamente mayo- 
res que las de la contribución inmobiliaria. Respecto de esta úl- 
tima, están al alcance de los agentes del fisco medios fáciles de 
control. Con relación al capital en giro, por el contrario, caben 
los más grandes fraudes, dada la imposibilidad en muchos casos 
y las dificultades en otros, de fiscalizar la verdad de las declara 
cienes. Sin vacilaciones de ninguna especie y apreciando en con- 
junto los diversos gremios y profesiones en que se reparte la 



384 LA POULAClÓlf 



actividad indnstríal y comercial, pueden ctiadniplicafse las déclánl- 
cienes de los contribuyentes, obteniéndose entonces un aioiito de 
262 millones de pesos. 

Hay que agregar á esa suma diversos capitales que, como el 
metálico, escapan ú las garras del fisco. Según el cálculo que he- 
mos fundado en el capítulo respectivo, el monto de la moneda cir 
culante debe oscilar alrededor do cuarenta millones de pesos 
computando las existencias de ios establecimientos bancarios y la 
enorme masa de metálico distribuido en todo el país. 

GANADERÍA Y AGRICULTURA 

En el capítulo de las exportaciones, se registran diversos datos 
y bases de apreciación de la riqueza ganadera. El censo levantado 
en 1900 por el departamento de ganadería y agricultura arroja 
una existencia de 6:827,428 animales vacunos, 561,408 oquinoS; 
18:608,717 ovinos, 22,992 mulares, 20,428 cabríos y 93,923 por- 
cinos. Las declaraciones para el pago de la contribución inmobi- 
liaria, correspondientes al afio 1901, establecen una existencia de 
6:326,602 vacunos, 575,361 equinos, 22,184 mulares, 17:624,548 
ovinos, 47,584 porcinos y 8,815 cabríos. Considera, y con razón, 
la dirección de estadística que todas estas cifras son excesiva- 
mente bajas y no reflejan, en consecuencia, el veitladero estado 
de la riqueza pecuaria. Los cálculos más corrientes entre los hom- 
bres que se ocupan en negocios de campo, arrojan una existencia 
de nueve millones de animales vacunos y de veinticinco á treinta 
millones de animales ovinos. Con cifras más bajas y tomando en 
cuenta las demás especies de ganados, estimaba hace diez años 
la memoria enviada por la Sociedad Rural á la exposición de Chi- 
cago, el valor efectivo de nuestni riqueza pecuaria, en setenta y 
tres millones de pesos. Los progresos operados en la mestizacióni 
y en el mismo monto de la riqueza pecuaria permiten elevar el ni- 
vel á ciento diez millones de pesos. 

La estadística agrícola formada por una excelente iniciativa del 
ministerio de fomento, sobre los datos recogidos por los jefes polí- 
ticos y comisarios de policía de campaña, fija en 2fSl,lSl hectá- 
reas la extensión de los cultivos durante el atño 189?, hace dier 



La riqueza fííblica 395 



años. Equivale á 106 leguas cuadradas de 3,600 cuadras cada una. 
Como la superficie territorial se compone de 7,036 leguas, resulta 
según la memoria que extractamos, que dividiendo el territorio en 
sesenta y seis partes iguales, sólo una de esas partes estaba desti- 
nada á la agricultura, perteneciendo el resto á la ganadería. Sobre- 
salen en el cuadro, el trigo con 159,201 hectáreas, ti maíz con 
103,045 hectiíreas, los porotos con 7,881 hectáreas, las papas con 
3,582, las viñas con 2,597 quo alimentan 10 y 1/2 millones de 
plantas, la cebada con 1,554 hectáreas, el maní con 341, el alpiste 
con 250, la avena con 11 1, el lino con 55 y las batatas con 1,964 
hectáreas. I^a explotación agrícola era ejercida por 21,324 indivi- 
duos entre propietarios y arrendatarios y ocupaba al año 37,762 
trabajadores, 35,801 arados y 105,495 bueyes. La cosecha de 
1892, produjo 1:160,034 hectolitros de trigo por 151,892 de 
siembra; 1:232,855 hectolitros de maíz por 48,195 de semilla; 
6:127,775 kilos do papas por 1:7(52,635 de semilla; 3:145,204 kilos 
de porotos por 42>J68 de semilla; 2:667,080 de batatas y monia- 
tos por 254,840 de semilla; 149,188 kilos de maní por 21,600 sem- 
brados. Acerca de otros artículos, (pie no fueron incluidos en la 
estadística, se limita la memoria del ministerio de fomento á repro- 
ducir las cantidades remesadas á Montevideo por los centros agrí- 
colas, entre las que so destacan 80,968 fardos de alfalfa, 79,878 
fardos de pasto, 135,955 litros de vino, 230,000 kilos de uva, 
40,524 kilos de manteca, 1:079,868 kilos de queso, 1:729,500 
docenas de huevos y 124,208 zapallos. Como la población de cam- 
paña es casi tres veces mayor que la de Montevideo, sostiene la 
memoria que esUis últimas cantidades deben aumentarse en un 
40 % á título de consumo local. Valor de toda la producción agrí- 
cola: siete y medio millones de pesos. 

He aquí ahom los datos que registra el anuario de estadística 
de 1901, con relación á la producción del ejercicio 1900-1901: 
trigo, 276,511 hectáreascuItivadas,con una cosecha de 99:719,771 
kilogramos y una siembra de 19:108,530; maíz, 181,558 hectáreas 
cultivadas, con una producción de 141:647,916 y una siembra de 
2:277,927 kilogramos; lino, 4,002 hectáreas, con una cosecha de 
2:313,935 y una siembra de 143,993 kilogramos; avena, 177 hec 
tareas con una coaecha de 68,334 y una siembra de 10,267 kílosj 



396 LA POBLACIÓN 



cebada^ 763 hectáreas, con 438,263 kilos cosechados y una siem- 
bra de 48,000 kilos; alpiste, 1 ,858 hectáreas, con nna cosecha de 
709,485 y una siembra de 57,447 kilos. El censo de trilladoras le- 
vantado por el departamento de ganadería y agricultura en 1901- 
1902, demuestra una existencia de 436 máquinas, con la siguiente 
fuerza motriz: de 4 caballos 1 trilladora; de 6 caballos I trilladora; 
de 8 caballos, 259 trilladoras; de 10 caballos, 162 trilladoras; de 
12 caballos 2 trilladoras; se ignora, 1 1 trilladoras. La estadística 
vitícola, finalmente, arroja en el año 1898, los siguientes datos: 
824 viñedos; extensión cultivada, 3,610 hectáreas; peones, 1,784; 
familias, 56; bodegas, 141; cepas, á producir, 4:717,386; en pro- 
ducción 10:528,882, formando un total de 1 5:243,268; uva ven- 
dida, 2:041,239 kilos y uva elaborada, 5:347,323, formando un to- 
tal de 7:388, 562 kilos; vino tinto elaborado, 3,227,678 litros; vino 
blanco elaborado, 123,618 litros; grappa 24,149 litros; alcohol de 
vino, 9,367 litros. Como dato final, agregaremos que en 1874 sólo 
existía un vinodo en la república, contra los 824 que existían al 
finalizar el año 1897. 

No hay base para calcular el valor de los capitales que moviliza 
la industria agrícola. Pero puede establecerse la proporción que 
les correspondería de acuerdo con las conclusiones del censo mu- 
nicipal de 1889. Dicho censo atribuye á la industria agrícola-ga- 
nadera un capital en giro de 2:677,640 pesos y un capital en bie- 
nes raíces de 1:801,240 pesos. Prescindimos del capital en bienes 
raíces, que está comprendido en la riqueza territorial calculada ya. 
En cuanto al capital en giro, si bien corresponde á dos industrias, 
cabe observar que el deparüimento de Montevideo no es ganade- 
ro. Basta á probarlo el hecho de que el censo sólo arroja 33-^1 
bueyes, 1,474 vacas lecheras, 2,315 caballos, 1,002 animales la- 
nares y 548 muías y asnos, que corresponden á la ganadería, 
agricultura y ramos anexos. La extensión sembrada, en el año del 
censo municipal, era de 13,243 hectáreas. Pues bien, la estadís- 
tica de 1900-1901, que hemos extractado, asignaal trigo 276,511 
hectáreas, al maíz 181,558 y á las viñas 3,610. Resultan 461,679 
hectáreas, sin contar todos los demás cultivos. Correspondería, en 
consecuencia, sobre la base del censo municipal, un capital en 
giro 35 veces mayor, ó sea de 93 millones de pesos. Pero, como 



LA RIQUEZA PÚBLICA 397 



la extensión de los cultivos no supone un desarrollo estricta- 
mente proporcional del capital en giro, podemos calcular modera- 
damente en una cifra veinte veces mayor que la del censo, el ca- 
pital agrícola en giro de toda la república. Resulta entonces un 
monto de 53 millones. 



RESUMEN DE CAPrFALES 

Entre otros capítulos de consideración, que no figuran en los 
datos que anteceden, podemos mencionar las vías férreas, que tie- 
nen en explotaciÓQ 1,729 kilómetros y representan un capiüil 
invertido de cuarenta y nueve millones de pesos, según los cua- 
dros estadísticos de 1900, que no abarcan la red del oeste por 340 
kilómetros y próximamente diez millones de pesos. Limitándonos 
á las cifras calculadas y dejando de lado otras de menor cuantía 
que .sería fácil agregíir, obtenemos el siguiente monto de nuestra 
riqueza activa ó en plena explotación: 

Propiedad territorial $ 560:000,000 

Capitales en giro sujetos á patente . . . . » 262:000,000 

Riqueza ganadera. » 110:000,000 

Capital en giro agrícola » 53:000,000 

Ferrocarriles * 59:000,000 

Metálico >>_ 40:000,000 

$ 1.084:000,000 



Mil cien millones de pesos en números redondos, que distribuidos 
en una población que se aproxima ya á un millón de almas, arroja 
la proporción de mil cien pesos por habitante. Es guarisuio res- 
petable tratándose de un país que tiene todavía inexplotadas casi 
todas sus fuentes de riqueza y que puede en breve tiempo dupli- 
car y triplicar el monto efectivo de sus capitales. Al ocuparnos 
de las deudas públicas consolidadas y pendientes de consolidación, 
fijamos su monto en ciento cincuenta y cuatro millones de pesos. 
Desde que la población se aproxima á un millón de almas, cada 

27 



398 LA POBLACIÓN 



liíibitaiitc (lo Irt ropóblica Oriental tiene un activo de mil cien pe- 
sos» efectivos y un pasivo de ciento cincuenta y cuatro pesos nomi- 
nales de deuda que se rescata muy abajo de la par y traduce una 
carga real equivalente á las dos terceras partes de esta última cifra. 






CAPÍTULO XV 

Presupuesto general de gastos 



PREPARACIÓN Y SANCIÓN DE LA LEY 

Establece la constitución de la república, que el presidente 
€ debe presentar anualmente á la asamblea general el presupuesto 
de gastos del año entrante y dar cuenta instruida de la inversión 
hecha en el anterior >. Otro precepto acuerda al cuerpo legisla 
tivo la facultad de « aprobar ó reprobar, aumentar- ó disminuir los 
presupuestos de gastos que presente el poder ejecutivo ».. Quiere 
decir que dentro de nuestro régimen institucional, el poder ejecu- 
tivo prepara y presenta el proyecto de presupuesto y gozan las cá- 
maras de amplias facultades para introducir aumentos 6 disminu- 
ciones en la sanción definitiva de la ley. Esta facultad de aumen- 
tar los gastos ha dado en todas las ópocas y en todos los países 
que la han consagrado, base á críticas muy serias, en razón de la 
extrema facilidad con que !as asambleas numerosas se dejan arras- 
trar por la pendiente del derroche. Los ingleses, que han adoptado 
el principio de que el parlamento sólo debe aprobar ó rechazar el 
proyecto de la corona, no han podido evitar en los últimos tiem- 
pos el empleo de los medios indirectos para obtener la modifica- 
ción de la ley, tales como ciertas fórmulas que ponen al ministerio 
en el caso de secundar las iniciativas de los legisladores, minutas 
de comunicación que conducen al mismo objeto, ó representacio- 
nes al gabinete para que proponga los proyectos deseados. Y se- 
gún los testimonios que reproduce el profesor Stourm, esas inva- 
siones han pi*oducido los más deplorables resultados. Üe 576 mo- 



400 LEGISLACIÓN FINANCIERA 

clones presentadas en el curso de tres años, valga el cómputo ofi- 
cial que hizo M. Childers en 1883, 20 eran de rebajas y 556 de 
aumentos. El ministro Goschen demostró en 1887, que en el curso 
de los 17 años anteriores el presupuesto civil había recibido un 
liumento de 216 millones de francos, y explicando su origen lo 
atribuía principalmente al parlamento. Es un error, agregaba, que 
Bc clame todos los años contra las prodigalidades del gobierno, 
desde que se aumentan siempre sus funciones y muy frecuente- 
mente contra el deseo del propio gobierno ó de sus gabinetes. 

Han sido más lógicos los norteamericanos al reducir la tarea 
de la secretaría de hacienda á la presentación de un simple estado 
á% las necesidades de cada departamento ministerial, dejando i 
una comisión especial de la cámara la redacción del proyecto de 
presupuesto. Desde que la asamblea puede modificar de arriba 
abajo la ley, alterando totalmente el plan del ejecutivo y aumen- 
tando todas v cada una de sus cifi-as, resulta efectivamente más 
rápido y más práctico abandonar la iniciativa de la ley á los que 
en definitiva se encargarán de hacerla. Pero el mal del sistema es 
enorme. El poder ejecutivo conoce de cerca las necesidades de la 
administración, está al corriente de todos los resortes por sus ex- 
tensas ramificaciones jerárquicas en todo el país, y es además el 
directa é inmediatamente responsable de la marcha administrativa 
y financiera. Se le reconoce por eso mismo en todos los sistemas, 
con más ó menos amplitud, la iniciativa del proyecto ó del estado 
de las necesidades de la administración. Ese proyecto ó ese estado 
i*epresenta siempre un balance complicado de gastos y recursos, 
que reclama mucha unidad de pensamiento y de plan. Puesto en 
la mesa de disección de una asamblea numerosa, queda expuesto á 
dos grandes peligros : la pérdida de la unidad del plan y el ensaa- 
che constante de los gastos, que obliga á última hora á la multi- 
plicación de los recursos sobre el papel, atribuyéndose á las rentas 
un rendimiento superior al que realmente tienen, ó bien á dar ha- 
chazos de ciego para evitar el déficit, ó á volver al proyecto pri- 
mitivo anulando el resultado de varios meses de estudio y de in- 
terminables debates. 

Sin contrariar nuestro régimen institucional y concillando sus 
disposiciones con las vivas exigencias de interés público, podría 



PRESUPUESTO GENERAL DE GASTOS 401 

evitarse el descuartizamiento de los presupuestos y el ensanche 
continuado de sus partidas, estableciendo la misma asamblea, á 
título de alta y previsora medida de policía financiera, que una 
vez despachado con modificaciones ó sin ellas el proyecto del po- 
der ejecutivo, por la comisión informante de cada cámara, sólo 
pudieran hacerse rebajas, pero en ningún caso aumentos. La fa- 
cultad de aumentar, concedida constitucionalmente á la asamblea, 
puede y debe ser reglamentada, como todas las facultades consti- 
tucionales, para asegurar su correcto ejercicio, y nada perderían 
las prerrogativas de ese poder del estado, en el caso de que se re- 
solviese que las modificaciones deben partir necesariamente de la 
comisión de presupuesto y que todos los legisladores que tengan 
enmiendas que proponer, puedan hacerlo ante esa misma comisión^ 
asistiendo, siempre que lo deseen, á sus deliberaciones. Se adelan- 
taría mucho en el sentido de las economías, de la regularización 
de la ley y de la rapidez de su sanción, evitando esos debates qu^ 
á veces duran meses enteros y dan por resultado que SQ promul- 
gue el presupuesto después de corrido total ó parcialmente el ejer^ 
cicio á que se refiere. Para facilitar la tarea de los legisladores, 
habría que imprimir y repartir anticipadamente el proyecto del 
poder ejecutivo. Es un procedimiento que reemplazaría útilmente 
al sistema inglés de la discusión del presupuesto en comité gene^ 
ral, con asistencia espontánea de todos los que tienen competencia 
en materia financiera y administrativa ó ideas útiles que proponer^ 
ya que el ensayo del comité lucharía seguramente con dificultades 
insalvables para formar quorum y los plazos se alai'garían quizá en 
la misma forma que hoy. 

Otros dos puntos interesantes debería resolver la ley reglamen- 
taria del artículo constitucional de que nos ocupamos: que los pre* 
supuestos se voten por rubros y no detalladamente partida por par- 
tida, con lo que se ganaría un tiempo precioso; y que la asamblea 
sólo debe ocuparse anualmente de aquellos rubros y capítulos del 
presupuesto que sufran alteraciones ó modificaciones, dándoles á 
los demás la permanencia relativa que deban y puedan tener. Acerca 
del primer punto, puede invocarse el precedente de nuestras pri- 
meras asambleas constitucionales y la inconveniencia de que hasta 
el sueldo de un simple portero ocupe la atención de la cámara y sea 



402 LEGISLACIÓN FINANCIERA 



materia de una deliberación especial y de una votaciÓQ aparte. 
Con relación al segundo punto, existen ya iniciativas muy me- 
ritorias y trabajos de aliento que planean la reforma y permiten 
su rápida realización. 

AI discutirse en la sesión de 26 de junio de 1895 de la cámara 
de senadores un proyecto de la otra rama del cuerpo legislativo 
prorrogando el presupuesto viejo mientras quedara sancionado el 
nuevo, indicó el señor Francisco Bauza la conveniencia de limitar 
la próiTOga á tantos días ó tantos meses, alegando que la prónx^ 
por tiempo indeterminado estimula la falta de cumplimiento de de- 
beres esenciales; y dijo también que no había necesidad de discutir 
todos los años el presupuesto entero, que debía darse carácter per- 
manente á todo lo que fuera indiscutible, limitándose entonces la 
revisión anual á las modificaciones concretas que se proyecten á 
la ley. Y tenía perfecta razón al expresarse así. Basta abrir y com- 
parar los presupuestos de un período cualquiera, para persuadirse 
de que muchísimas partidas se reproducen textualmente de año en 
año y que las modificaciones constituyen una parte insignificante de 
la ley. ¿Para qué entonces obligar al poder ejecutivo, á las comisio- 
nes informantes de ambas cámaras y á las cámaras mismas^ á qae 
pierdan largos meses del año en escribir, imprimir, discutir y votar 
cantidades inalterables en largos períodos de tiempo, despertando 
en todos la creencia de que se trata de un balance nuevo, cuando 
en realidad se trata de un simple clisé que jamás se altera, salvo 
para cumplir de vez en cuando algún legislador un compromiso 
contraído con tal ó cual empleado influyente, que resulta en defi- 
nitiva mejorado con relación á los demás? Las cámaras sólo debe- 
rían ocuparse de las enmiendas propuestas anualmente por el po- 
der ejecutivo y por las comisiones de presupuesto. Esa tarea 
realmente útil permitiría al ministerio de hacienda cumplir religio- 
samente con la ley de agosto del año 1883, que obliga á presentar 
el proyecto antes del 1." de abril como medio de que la asamblea 
lo deje sancionado antes del 1 .® de julio, en que empieza á correr 
el ejercicio económico, evitándose la anomalía tan corriente en- 
tre nosotros de que por falta de tiempo se prorroguen á veces 
durante varios ejercicios, presupuestos viejos que no se ajustan á 
la realidad de los hechos, que no registran todos los gastos que 



PRESUPUESTO GENERAL DE GASTOfl 403 



realmente se atirnden, y que importan en consecuencia la decreta- 
ción del déficit. 

NECESIDAD DE IXA LEY DE SUELDOS 

Ese utilísimo trabajo de subdivisión del presupuesto en dos ca- 
pítulos, de empleos y gastos permanentes el uno, y de modificacio- 
nes ó alteraciones anuales el otro, debería ir antecedido ó acompa- 
ñado de una ley general de sueldos que suprima las grandes ano- 
malías que hoy se observan entre funcionarios de la misma 
categoría, que figuran con distintos sueldos por efecto de rumbosi- 
dades de algunas asambleas ó simplemente por la diversidad de 
criterio en los largos períodos de tiempo que separan la creación 
de empleos de la misma naturaleza. A fines de 1897 nombró el 
gobierno una comisión con el encargo de proyectjir una ley de 
sueldos dentro de la cifra total del presupuesto de gastos, y esa 
comisión, compuesta de los señores Carlos María de Pena, Grego- 
rio L. Rodríguez, Enrique Maciel, Eugenio J. Madalena, Enri<(ue 
Gradín, Francisco Fernández, Gabriel Zas, Platón Arredondo y 
Juan A. Márquez, produjo un laborioso é intercalante informe 
á mediados del año 1 90 J , que vamos á extractar. 

Asciende el cálculo de recursos á 16:124,324.86 pesos. Corres- 
ponden de esta 8uma.á deudas públicas y garantías de ferrocarriles 
el 45.27 %, equivalente á 7:300,171.62; á clases pasivas el 8.74 % 
equivalente á 1:409,754.24; á diversos créditos el 2.42 %, equi- 
valente á 309,345.66; á gcastos de oficina y gastos generales de la 
nación el 12.11 %, equivalente á 1:952,092.14; á sueldos de em- 
pleados civiles y militares y dietas el 31.45 %, equivalente á 
5:07 1,643,24. Distribuyese así la última partida de sueldos y dietas: 
dietas del cuerpo legislativo y secretarías, 363,903.60; sueldo lí- 
quido de los empleados civiles, 3:640,752.68; sueldos de la presi- 
dencia de la república, 24,000; sueldos líquidos de militares, asi- 
milados y de oficinas dependientes del ministerio de la guerra, 
1:042,986.96. Hay que advertir que los sueldos íntegros, ó sea sin 
computar los impuestos vigentes, son mucho más altos. Los de ca- 
rácter civil montan á 4:254,989.86; los de carácter militar á 
1:219,864.43; los de las clases pasivas á 2:031,522.93 pesos. 



404 LEGISLACIÓN FINANCIERA 

El censo general de empleados levantado por la comisión de 
sueldos dio un resultado, del punto de vista de la nacionalidad, de 
3,709 ciudadanos naturales, 133 ciudadanos legales y 228 extran- 
eros; y del punto de vista de los sexos, 3,594 hombres y 476 mu- 
^jeres. A los 4,070 empleados censados, hay que agregar 13,733 
no censados, distribuyéndose en esta forma la áltima cifra: presi- 
dencia, 14; ministerio de relaciones exteriores, 13; ministerio de 
gobierno, 5,086; ministerio de hacienda, 140; ministerio de fomen- 
to, 35; poder judicial, 42; ministerio de guerra, 4,690; clases pasi- 
vas, 3,713. En conjunto, 17,803 empleados. Refiérense las cifras 
que anteceden al presupuesto 1898-1899. El cómputo de las per 
sonas que reciben asignación del erario público segán el presu- 
puesto 1899-1900, arroja este nuevo resultado: presidencia, 28; 
ministerio de relaciones exteriores, 44; ministerio de gobierno, 
6,701, correspondiendo de este guarismo 1,446 á la jefatura polí- 
tica de la capital y 4,531 á jefaturas y juntas departamentales; mi- 
nisterio de hacienda 1,443, correspondiendo á aduanas 1,026; mi- 
nisterio de fomento, 1,649, correspondiendo á instrucción primaria 
1,328; ministerio de guerra, 4,377, correspondiendo á batallones 
de cazadores 1,728 y á regimientos de caballería 1,508; poder ju- 
dicial, 242; clases pasivas, 3,941, correspondiendo á la lista 7 de 
setiembre 1,324 y á viudas y menores militares, 1.113. En con- 
junto, 18,425 empleados. Sostiene la comisión que son bien pocos 
los empleados de carácter activo que pudieran considerarse inúti- 
les ó superfinos. 

Como resultado de los extensos trabajos que en parte hemos 
extractado, la comisión presentó al gobierno dos proyectos de ley, 
sobre sueldos el uno y sobre provisión de empleos el otro. El pri- 
mero de esos proyectos clasifica á todos los funcionarios, magis- 
trados y empleados civiles y militares, con excepción del presidente 
de la república, senadores, representantes y empleados del cuerpo 
legislativo, en seis grandes grupos: el personal del servicio civil en 
general, el personal de instrucción pública, el personal de las jun- 
tas económico-administrativas, el personal de las jefaturas políti- 
cas, el personal militar y el personal de conserjes, ordenanzas y 
porteros. Cada grupo se subdivide en categorías y cada categoría 
se subdivide en clases; los grupos, categorías y clases se revisarán 



PRESUPUESTO GENERAL DE GASTOS 405 

cada cierto número de años; el poder ejecutivo, a) solicitar la crea- 
ción ó modificación de empleos, fijará el grupo, categoría y clase 
á que corresponde; los sueldos no podrán ser alterados en casos 
particulares ni por disposiciones especiales; las pensiones de los 
empleados civiles se arreglarán por el sueldo efectivo que se les 
asigne y las de los militares por el sueldo correspondiente á su 
empleo militar, segán la ley de 28 de febrero de 1830, la de 17 de 
marzo de 1885 y el código militar; al sancionar el presupuesto ge- 
neral de gastos y mientras las rentas no alcancen para pagar ínte- 
gramente los sueldos fijados por la ley, se hará sobre ellos la re- 
baja que corresponda dentro del límite de los recursos disponibles, 
el cual se fijará previa deducción del importe que corresponda al 
cuerpo legislativo, presidencia de la república, deuda pública y ga- 
rantías de ferrocarriles, gastos de todos los servicios y oficinas de 
la administración, clases pasivas y obligaciones y créditos contra 
la nación; cualquier otra erogación que se vote por ley suplemen- 
taria deberá ser atendida con fondos que se determinarán especial- 
mente al proponer y autorizar el gasto; desde el año económico 
1905-1906 las dotaciones del personal de funcionarios y emplea- 
dos clasificados se fijarán por su importe mensual, ajustándose las 
planillas á la escala de sueldos correspondientes; no se comprenden 
en las clasificaciones de la ley las remuneraciones, emolumentos ó 
sueldos que emanen de una convención autorizada por ley de un 
concordato. 

Del proyecto de reglamentación para la provisión de empleos 
en la administración pública, extractamos las siguientes disposi- 
ciones, relativas á todas las plazas civiles que queden vacantes, 
con excepción de los jefes ó directores de servicio, subdirectores 
ó segundos jefes, tesoreros generales, cargos especiales de con- 
fianza, personal de policía y del profesional ó técnico sujeto á las 
leyes orgánicas y reglamentos respectivos: los empleados y meri- 
torios que hayan desempeñado el puesto inmediato inferior, du- 
rante el período de tres años, tendrán derecho á la promoción^ 
siempre que hayan acreditado cualidades de suficiencia, honesti- 
dad, disciplina, discreción y asiduidad, entendiéndose que la caren- 
cia de alguna de estas cinco cualidades inhabilita al empleado para 
0er promovido; si el jefe de la oficina declarara la insuficiencia 



406 LEGIBLAdÓN FINANCIERA 



do uno de los candidatos, quedará á salvo el derecho de éste para 
presentai'se al ministerio respectivo, solicitando ser sometido á 
concurso de suficiencia; cuando dos ó más empleados se hallasen 
en idénticas condiciones para optar á la vacante inmediata, será 
discernida ésta por concurso de suficiencia, ante un jurado com- 
puesto del oficial mayor del ministerio, del jefe 6 director del eer^ 
vicio respectivo y de una tercera persona elegida de com(\n acuer 
do por los dos antedichos funcionarios de una lista de veinte exa* 
minadores que formularán el contador de la nación y los fiscales 
de gobierno y hacienda; quedan exceptuadas de la formalidad del 
concurso las plazas de simple ngilancia, control y fiscalización, 
para las cuales sólo se requieren conocimientos elementales, sien- 
do condiciones indispensables para optar á estas plazas y á los 
ascensos inherentes haber acreditado evidentes condiciones de 
moralidad, dedicación al trabajo y honradez, cuyas condiciones de- 
berán justificarse mediante el testimonio de personas respetables, 
de arraigo y responsabilidad, que calificará el jefe de la oficina; las 
vacantes á que den lugar las promociones podrán ser llenadas 
trasladando empleados de otras oficinas, mientras reúnan las con- 
diciones necesarias para las funciones á que se les destina; los que 
aspiran á ingresar en la administración pública, deberán someterse 
previamente á un examen de suficiencia, ante el jurado respectivo, 
y acreditar la corrección de su conducta con el testimonio de dos 
personas de reconocida honorabilidad; el poder ejecutivo podrá 
en cualquier caso de provisión de empleos, no previsto en este 
decreto, disponer un concurso de suficiencia. 

Terminaremos este extracto transcribiendo el ensayo de clasifi- 
cación general de empleos y sueldos sobre la base de la escala 
preparatoiia propuesta por la comisión: de 7,200 á 6,000 pesos, 
ministros de estado, ministros diplomáticos y ministros de la alta 
corte de justicia; 5,400 pesos, el contador general de la nación, 
los fiscales de gobierno, hacienda, civil, menores y del crimen; de 
4,800 á 3,600 el tesorero de la nación, los directores generales, 
jefes de servicio ó inspectores generales, magistrados y funciona- 
rios superiores oficiales mayores de ministerio, empleados supe- 
riores ó jefes de administración y de oficinas de carácter general; 
de 3,240 á 2,760 los funcionarios, magistrados, directores ó jefes 



PRESUPUESTO GENERAL DE GASTOS 407 

de oficina 6 de servicios de grado inmediato inferior á los anterio- 
res, jefes de división, de despachos generales, subdirectores, sub- 
jefes de las (»ficínas de carácter general ó especial, contadores, li- 
quidadores y tesoreros; de 2,500 á 1,800, los funcionarios, direc- 
tores ó jefes de oficina ó servicios de grado inmediato inferior á los 
anteriores, jefes de sección, contadores, tesoreros, inspectores, 
interventores, ingenieros, secretarios, receptores, agentes fis- 
cales, oficiales dé categoría en los ministerios, en las direc- 
ciones de 1.^ clase, en las inspecciones ó secretarías de 1.^ 
clase, administradores y i-eceptores de rentas; de 1,650 á 1,350 
los empleadoj de las mismas denominaciones anteriores de 
grado inmediato inferior, segundos jefes de sección, jefes de 
despacho y oficiales de grado inferior á los anteriores; de 
1,250 á 1,050, los empleados de las mismas denominaciones ante- 
riores, en grado inferior, contadores auxiliares, agrimensores, ins- 
pectores ó fiscales especiales de determinados servicios, archive 
ros generales, jefes inferiores y oficiales generales de despachos 6 
de oficinas; de 1,000 á 800, los mismos empleados en grado infe- 
rior, secretarios de tribunales, escribanos actuarios, subdirectores, 
adjuntos, liquidadores, inspectores de servicio determinado y ofi 
ciales generales de clases inferiores; de 750 á 650, los mismos en 
grado inferior, defensores de pobres, oficiales de resguardo, auxi • 
liares adjuntos, agentes de rentas^ ofioiales generales en las clases 
inferiores; de 600 á 500, los mismos en grado inferior, auxiliares de 
l.*y2/ clases; de 450 á 375, los mismos en grado inferior, los 
auxiliares de 3.'^, 4,'» y 5/^ clases; de 350 á 300, los mismos en 
grado inferior, los escribientes de 1/, 2.* y 3.^^ clases; de 265 i 
120, los mismos en grado inferior, los escribientes de 4.* y 5.* 
clases y otros empleados asimilados. 

CÓMO SE CUMPLE Eli PRESUPUESTO 

Dictada la ley general de sueldos, que es de una conveniencia 
indiscutible, y eliminadas de la discusión anual del presupuesto 
todas las partidas que no se modifican ó que tienen carácter per- 
manente, la tarea de la preparación del balance no llevaría más 
tiempo del que demandan otilas leyes corrientes y podría abor- 



408 LEGISLACIÓN FINANCIERA 

darse en términos verdaderamente fecundos para el país, allanán- 
dose el camino á la físcalización parlamentaria que hoy no se ejer- 
ce absolutamente por la forzosa irregularidad de la administración 
financiera y el desprestigio mismo de que han rodeado al presu- 
puesto los dos altos poderes llamados á cumplirlo con más reli- 
giosidad. 

Al día siguiente de sancionado el presupuesto se encargan las 
cámaras de destruir su penosa obra, mediante la sanción de nue- 
vos gastos, bajo foima de pensiones, créditos suplementarios al 
poder ejecutivo, servicios de nuevas deudas (í o!¡<'s ooneoptos. 
Nada habría que decir, del punto de vista de la eficacüí (?o In ley 
de presupuesto^ si todos los gastos ó desembolsos posteriores á la 
sanción de esa ley, tuvieran su renta ó asignación propia. Pero 
ocurre en la casi universalidad de los casos, que la nueva eroga- 
ción se declara á cai^o de las mismas rentas generales ya estira- 
das considerablemente para que el presupuesto no resulte con 
défícit en el día de su sanción, y esa práctica deplorable á la que 
ninguna asamblea ha escapado, á la vez que acentúa el desequi- 
libro financiero^ estimula las liberalidades parlamentarias, porque 
es más fácil echarle el perro muerto al défícit, que crear un im- 
puesto para cada nuevo gasto inútil que se resuelva decretar. 

Las pensiones, créditos suplementarios y servicios de nuevas 
deudas que la asamblea acumula anualmente al presupuesto, cons- 
tituyen una carga poco abrumadora con relación á los aumentos 
que el poder ejecutivo se encarga de decretar por su cuenta y 
riesgo, bajo forma de creación de empleos militares y de gastos 
eventuales y extraordinarios. Dejando para más adelante el pro- 
blema relativo á creación y provisión de empleos, diremos acerca 
del segundo punto que nuestro presupuesto, extremadamente mi- 
nucioso y que fíja los sueldos y gastos más pequeños de la admi- 
nistración, contiene algunas gruesas partidas para gastos extraor- 
dinarios y eventuales que jamás pueden preverse al tiempo de la 
confección del balance. Como la última memoria de hacienda pu- 
blicada, corresponde al ejercicio 1894-1895, tomaremos para 
nuestro cálculo los guarismos relativos al decenio que termina eu 
esa fecha. La ley de presupuesto del ejercicio 1885-1886, acordó 
á todos los ministerios la suma de 257^000 pesos; y la del ejercí- 



PRESUPUESTO GENERAL DE OABT08 409 

CÍO 1893-94 la suma de 220,000 pesos. En los ejercicios restantes 
rigieron ordinariamente sumas inferiores. Generalizando á todo 
el decenio las dos cifras extremas, resultaría el monto total de 
2:570,000 ó el de 2:200,000 pesos, según el ejercicio que se adopte. 
Pues bien: los gastos eventuales y extraordinarios en los mismos 
diez años, según los cuadros de contaduría insertos en las memo- 
rias del ministerio de hacienda que hemos extractado en otra 
parte de esta obra, ascienden á diex y medio niillones de pesos, ¿A 
qué quedan reducidos, juntamente con la ley de presupuesto, los 
artículos 17 y 82 de la constitución de la república que declaran 
que es atribución privativa de la asamblea la sanción del presu- 
puesto y que el poder ejecutivo debe invertir el producto de las 
rentas conforme á las leyes? ¿Qué importancia puede tener el pre- 
supuesto de origen parlamentario, si en la casa de gobierno se 
constituye luego un segundo presupuesto subterráneo por el que 
se escurren los dineros de la nación sin consentimiento de la 
asamblea? 

Una ley de 9 de febrero de 1830, obra de la asamblea consti- 
tuyente y legislativa, anticipándose á tales abusos é invasiones de 
jurisdicción, estableció que «el contador general, el comisario y el 
tesorero están obligados á representar al gobierno contra todo 
pago que ordene sin expresar el objeto, causa y razón de gastos á 
que pertenece, bajo la responsabilidad de la ley; que la misma res- 
ponsabilidad es extensiva al cumplimiento de toda orden de pago 
que no esté prevenida por las leyes; que el contador intervendrá 
en toda orden y libramiento de pago con sujeción á lo ya preve- 
nido, no debiendo los depositaiios ni la colecturía admitir docu- 
mento alguno sin ese requisito; y finalmente que la contaduría no 
intervendrá en orden alguna de pago que sea expresamente con- 
traria á la ley». Desgraciadamente esta ley, como tantas otras muy 
sesudas de los primeros tiempos de nuestra organización política, 
ha quedado olvidada en medio de nuestros continuos desórdenes. 
Jamás ha sido derogada por otra ley. Indirectamente se pretendió 
hacerlo en 1884 con un simple decreto, pero un segundo decreto de 
3 de marzo de 1886, obra del propio gobierno de Santos que ha^ 
bía dictado el primero, estableció: «que todas las oficinas públicas 
estaban obligadas á rendir cuentas á la contaduría general del 



412 lbgi8laci<5n financiera 

cursos parlamentarios, cuando después de elogiar las condiciones 
intelectuales del ministro, decía las siguientes palabras : « Yo no 
reprocharé á Mrs. Magne la falta de una calidad, no ! pero le re- 
procharé sí la falta de un defecto. Esc defecto consiste en cierta 
ferocidad que considero indispensable á un ministro de hacienda. 
Y digo cierta ferocidad, porque se necesita efectivamente de ella 
para defender al tesoro público, que es de todo el mundo, pero 
que no es el patrimonio de nadie individualmente :». Todo eso es 
indudable ; pero también lo es que el terreno de tan inestimables 
conquistas sólo puede prepararse sólidamente con ayuda de un 
amplio sistema de publicidad de la administración financiera, que 
forme hábitos de fiscalización severa en el pueblo y agrande el 
sentimiento de la responsabilidad en sus mandatarios. La publica- 
ción periódica de verdaderas memorias de hacienda, y no de sim- 
ples hacinamientos de cuadros de laboriosa consulta á que se ha 
dado ese nombre en nuestras prácticas administrativas, la publica- 
ción de los estados generales y mensuales de la contaduría, los es- 
tudios regulares de la comisión de cuentas y la aplicación leal de 
la ley de 1830, complementada con el establecimiento de un tri- 
bunal de cuentas, pueden concurrir y concurrirán algán día al sa- 
neamiento fecundo de nuestra administración financiera, que ha 
realizado grandes y positivos progresos en los últimos años. 

CREACIÓN DE EMPLEOS MILITARES 

A consideraciones más serias se presta la invasión de atribacio- 
nes que en todo tiempo ha realizado el poder ejecutivo en materia 
de despachos militares. Son clai*as las disposiciones constituciona- 
les á ese respecto : al poder legislativo corresponde privativamente 
« la creación y supresión de empleos públicos y la designación de 
sus dotaciones y retiros », y al poder ejecutivo corresponde priva- 
tivamente « proveer los empleos civiles y militares conforme á la 
constitución y á las híyes, con obligación de solicitar el acuerdo 
del senado, tratándose del nombramiento de enviados diplomáti- 
cos, coroneles y demás oficiales superiores de las fuerzas de mar 
y tierra ». En otros términos, la creación de empleos es del exclu- 
sivo resorte del cuerpo legislativo ; el nombrainieíito de emplea- 



PRESUPUESTO GENERAL DE GASTOS 413 

dos para ocupar los empleos creados, es del resorte exclusivo del 
poder ejecutivo, con la particularidad de que este mismo nombra- 
miento requiere venia del senado tratándose de enviados diplomá- 
ticos y oficiales generales. Hase entendido, sin embargo, en la 
práctica que la limitación relativa al nombramiento de oficiales 
generales, es prueba de que el poder ejecutivo tiene el perfecto 
derecho no ya de proveer los empleos militares de coronel abajo, 
sino también de crear esos empleos en cantidad arbitraria, diga lo 
que diga la ley de presupuesto, diga lo que diga la asamblea. Se 
dicta, por ejemplo, la ley de presupuesto con 100 tenientes coro- 
neles, 100 sargentos mayores, 100 capitanes, 100 tenientes, 100 
alféreces. Pues bien, de acuerdo con las prácticas de que nos ocu- 
pamoSy al día siguiente de promulgada la ley puede el poder eje- 
cutivo elevar al doble ó al triple cada una de esas cifras, impo- 
niendo á la nación 200 tenientes coroneles, 200 sargentos mayo- 
res, 200 capitanes, 200 tenientes y 200 alféreces. No puede ima- 
ginarse una subvereión institucional más clara y manifiesta. Está 
efectivamente inhabilitado el poder ejecutivo pai-a crear un solo 
empleo de alférez, de teniente, de capitán, de sargento mayor ó de 
teniente coronel. Todo su derecho se reduce á designar los candi- 
datos que deban ocupar los empleos militados creados por la asam- 
blea. Lo que complica la cuestión es que el abuso data de los co- 
mienzos mismos de nuestra vida institucional y tiene precedentes 
de considerable importancia. 

En la sesión de 5 de noviembre de 1829, se ocupó la asamblea 
constituyente y legislativa de un proyecto de ley, según el cual 
el poder ejecutivo no daría por el momento grado ni empleo de 
sargento mayor inclusive arriba y que en los ascensos inferiores 
se limitaría á los de escala y á favor de los oficiales en ser\'icio 
activo. Dijo uno de los diputados que por la constitución el poder 
ejecutivo podía dar grados de coronel abajo y que el proyecto ei^a 
en consecuencia contradictorio con esa disposición. Replicó otro 
que el gobierno acababa de dar empleos y grados con profusión, 
« como lo hacen los soberanos en días festivos », llegándose á 
otorgar el empleo de coronel á un individuo que ni una hora de 
servicio había prestado al país; que la constitución no regía to- 
davía y que se trattiba de prevenir abusos notorios. Como resul- 



414 Leoislación fínanoterA 

tado de este debate, quedó sancionado el proyecto en esta forma : 
« el gobierno provisorio no dará hasta el arreglo general del ejér- 
cito permanente grado ni empleo militar de la clase de sargento 
mayor inclusive hasta los superiores ». Un decreto de la adminis- 
tración Rivera, de julio 28 de 1831, refrendado por el constitu 
yente doctor José EUauri, pi-omueve con venia de la comisión 
permanente á dos coroneles graduados al empleo de coronel efec- 
tivo, á dos t(Miicntes coroneles á coroneles graduados, y sin venia 
de ninguna especie á varios oficiales inferiores. En la sesión del 
26 de noviembre de 1856, la comisión permanente se ocupó de 
un mensaje del poder ejecutivo solicitando venia para conceder el 
empleo de coronel mayor al coronel don José María Reyes, por 
los servicios prestados en la demarcación de límites territoriales 
con el Brasil. Discutiendo la venia, que fué denegada, dijo uno de 
los legisladores que por el artículo 81 de la constitución corres- 
ponde al poder ejecutivo proveer los empleos civiles y militares 
conforme á la constitución y á las leyes, y que el artículo 17 de U 
misma constitución establece que al poder legislativo corresponde 
la creación de esos empleos. Otro de sus colegas sostuvo que el 
artículo que acuerda al poder ejecutivo la facultad de proveer 
los empleos es posterior al que establece las facultades de la asam- 
blea general, y es claro entonces que si exige la aquiescencia de 
la comisión permanente, es porque se ha puesto en el caso de que 
estímdí» en receso la asamblea general haya necesidad de efectuar 
promociones como la que solicita el mensaje en trámite á favor 
del coronel Reyes. 

En 1878, el doctor José María Muñoz presentó á la cámara de 
senadores, de que formaba parte, un proyecto estableciendo: que 
el personal militar de la república quedaba reducido á los genera- 
les, jefes y oficialías inscriptos en la lista militar al tiempo de la 
promulgación de la ley y á las fuerzas de línea que establezca el 
presupuesto del príísente pei-íodo; que los empleos de jefes y ofi- 
ciales de los cuerpos de línea serán siempre provistos precisamente 
con jefes y oficiales de la graduación correspondiente inscriptos 
en la lista niilitíu; (|ue los emple(>s que r(»fsulten vacantes en la liste 
militiir de jefes y oficiales no destinados en los cuerpos de línea, 
se considerai-án suprimidos, y por consiguiente no podn( proveer- 



PRESUPUESTO GENERAL DE OA8TOS 415 



los el poder ejecutivo sin nueva creación por la asamblea; y final- 
mente, que sólo podrán concederse ascensos de grado en grado. De 
acuerdo con este proyecto, que sancionó el senado y que fué en- 
carpetado por la cámara de diputados, quedaban deslindadas las 
atribuciones del poder ejecutivo y de la asamblea: respetábanse loe 
derechos adquiridos, pero se declaraba también que toda vacante 
en el escalafón militar quedaría suprimida, con excepción de las 
producidas en los cuerpos de línea, asegurándose así en un térmi- 
no relativamente breve la disminución á proporciones razonables 
de la enorme carga que representa el estado mayor pasivo. 

Varios años más tarde, en 1887, el diputado señor Juan Pedro 
Castro presentó un proyecto de ley mediante el cual se declaraban 
sin efecto todos los empleos, grados y ascensos militares conferidos 
á ciudadanos que no hubiesen prestado servicio militar activo y loe 
ascensos otorgados á militares que no estaban en servicio activo 
en c! ejército de línea ó no hubiesen llenado las condiciones dé 
tiempo y servicios prescriptos por las ordenanzas españolas y el 
código militar, al tiempo de recibir sus despachos; y se establecía 
que en lo sucesivo la creación de todo empleo militar se efectuaría 
por ley expresa, de conformidad al artículo 17 de la constitución 
que acuerda esc privilegio á la asamblea legislativa. La comisión 
militar informante sostuvo que era de la competencia exclusiva del 
poder ejecutivo proveer los empleos militares por su sola voluntad 
desde alférez hasta teniente coronel, y con la venia del senado 
desde coronel á capitán general, inundando el señor Castro su pro- 
yecto, sostuvo en el biforme de la comisión de milicias en minoría, 
que según la opinión sustentada por los principales jurisconsultos 
nacionales, á la asamblea compete crear los empleos y al poder 
ejecutivo proveer aquellos que hayan sido establecidos en la ley 
de presupuesto ó en leyes especiales; que desde hace largo tiempo 
vienen confundiéndose la creación y la provisión de empleos, es 
decir, un acto legislativo y un acto administrativo; que en cuanto 
á los despachos ya acordados no puede alegarse para su revisión 
el derecho adquirido, puesto que se trata de grados y ascensos vio- 
latorios de las leyes vigentes; (jue datos oficiales permiten estable- 
cer la existencia de 2,307 jefes y ofiíMales, siendo de notarse que 
la sola lista 7 de septiembre an'oja el notable aumento progresivo 



41B LEGISLACIÓN FINANCIERA 



que se indica á continuación: en 1876 absorbía 1,1S0 pesos; en 
1879 había subido á 10^394 pesos; en 1885 á 20,970 pesos y en 
1886 á 147,712 pesos. Al discutirse estos informes, el autor del 
proyecto invocó en su apoyo la ley propuesta por el doctor José 
María Mufioz, que ya extractamos, y las ampliaciones dadas á ese 
proyecto por la comisión informante compuesta de los señores Pe- 
dro Carve y Tomás Gomensoro; dijo que la lista 7 de septiembre, 
que en 1886 cerró con 147,712 pesos, había subido posteriormente 
en 30 de abril de 1887 á 296,400 posos anuales, segfm datos ema- 
nados de la contaduría, lo que representa un aumento de ciento 
cuarenta y tantos mil pesos en sólo tres me^csy existiendo además 
232 jefes y oficiales que ocupan puestos civiles y que si los aban- 
donaran elevarían el monto de la lista 7 de septiembre á 444,710 
pesos. Agregó que según se le había dicho, figuraba en la expresa- 
da lista un niño de nueve años con el grado de capitán y la anti- 
güedad de diez años de servicios. Otro de los diputados manifestó 
que cuando él y sus demás compañeros iban á la casa del genera 
Santos, estaban en compañía del sargento mayor cochero y otros 
oficiales hechos á dedo. Quedó desechado el proyecto. 

En junio de 1890 los señores Rufino T. Domínguez y Domingo 
Mendilaharsu presentaron un proyecto á la cámara de diputados 
de que formaban parte, estableciendo que en lo sucesivo el poder 
ejecutivo no podrá conferir más empleos militares que aquellos 
que figuran en el presupuesto general de gastos ó fueren creados 
por leyes especiales; y que el mismo poder propondrá á la asam- 
blea general en la oportunidad que juzgue conveniente, los ascen- 
sos que deban darse en el ejército de línea con arreglo á las pres- 
cripciones del código) militar. Fundando el proyecto, dijo el doctor 
Mendilaharsu que en su concepto ei*a indudable que sólo la asam- 
blea puede creai' empleos y que la misma facultad de proveer los 
empleos ya creados por la asamblea que tiene el poder ejecutivo, 
no es discrecional, sino que está subordinada á la constitución y á 
las leyes. Aunque fuese, pues, dudoso para algunos el alcance de 
la primera de esas disposiciones constitucionales, nadie puede des- 
conocer el ijerfecto derecho de la asamblea para dictar leyes que 
determinen ó establezcan la forma de provisión de los empleos. Al 
año siguiente, el doctor José iiomán Mendoza presentó á la mism^ 



PBESUPUE^TO GENERAL DE GASTOS 417 



cámara de diputados un proyecto por el que se declaraba que en 
adelante no devengarían pensión pasiva^ ni para sí ni para sus 
deudos, los que se dedicaran á la carrera militar, salvo el caso de 
invalidez ó fallecimiento en acción de guerra. Finalmente, en mar- 
zo de 1895, el doctor José María Muñoz presentó un proyecto á la 
cámara de senadores estableciendo que en los decretos del poder 
ejecutivo sobre ascensos militares en tiempo de paz, deberá hacer- 
se expresa mención del empleo vacante que se provee con arreglo 
á lo dispuesto en el artículo 444 del código militar y los años d^ 
servicios prestados en el empleo anterior y requeridos como míni- 
mum, respecto de cada empleo de escala, en los artículos 437 á 441 
del mismo código; que los decretos de la referencia deberán publi- 
carse por la prensa, sin perjuicio de darlos en la orden general del 
ejército como lo dispone el artículo 447 del código, y deberán tam- 
bién transcribirse íntegramente en los despachos respectivos. 

OSCILACIONES DEL PRESUPl'ESTO 

Ha crecido rápidamente nuestro presupuesto general de gastos; 
gracias al derroche de empleos militares y á las abusivas emisio- 
nes de deuda pública de que en otra parte nos hemos ocupado 
extensamente. De tres millones á que se reducía en el año 1860, 
subió á nueve millones en el año 1880, á quince millones en el 
año 1890, bajó á trece millones y medio en 1893-1894 y reaccionó 
al finalizar el siglo diez y nueve á diez y seis millones largos, sin 
contar las rentas propias de la municipalidad de Montevideo y 
del interior, la comisión de caridad, las jefaturas políticas, la uni- 
versidad, el tesoro del puerto de Montevideo y otros ingresos que 
se administran por separado. En el año 1862, la deuda pública 
circulante no alcanzaba á tres millones, las clases pasivas absor- 
bían 403,959 pesos y el cuerpo legislativo tenía un presupuesto 
modestísimo de 73,203 pesos al año. En 1869, las deudas giraban 
alrededor de diez y ocho millones, el presupuesto de las clases 
pasivas era de 975,684 pesos y el del cuerpo legislativo de 95,556 
pesos. En 1874, la deuda llegaba á cuarenta y dos millones y me- 
dio, el presupuesto de las clases pasivas á 1:378,959 pesos y el de 
las cámaras á 170,806 pesos. En 1880, las deudas habían subido 



418 LEGI81.ACIÓN FINANCIERA 



á cuarenta y ocho millones y medio, el presupuesto de las clases 
pasivas á 1:535,965 pesos y el del cuerpo legislativo á 158,556 
pesos. En 1886, la deuda era de setenta y dos millones, el presu- 
puesto de las clases pasivas de 2:015,613 pesos y el de la asam- 
blea de 493,793. En 1890, la deuda estaba en noventa millones, 
las clases pasivas en 2:354,009 y el cuerpo legislativo en 582,588 
pesos. En 1893-94, la deuda circulante era de 106 millones y me- 
dio, las clases pasivas absorbían 1:308,338 pesos y la asamblea 
505,489 pesos. Al finalizar el siglo, según el presupuesto de 1899- 
1 900, la deuda era de ciento veinticinco millones y medio, las 
clases pasivas de 1:408,864 pesos y el cuerpo legislativo de 363,903 
pesos. Algunos de los saltos excesivamente bruscos de las cifras 
que anteceden provienen déla ley de 11 de julio de 1884, que 
transfomK5 las dietas del cuerpo legislativo en sueldos fijos y per- 
manentes desde la presentación de los diplomas á la cámara hasta 
la expiración efectiva del mandato, contra el texto y el espíritu 
de la constitución de la república; y de los diversos impuestos 
dictados sobre las clases pasivas, sucesivamente del 19, 10 y del 
5 %. Para dar idea del derroche de empleos militares, daremos 
este solo dato: la famosa lista 7 de septiembre que figuraba con 
veinte mil pesos anuales en el presupuesto de 1881, se aproximó 
nueve afios después en el de 1 890, á quinientos mil pesos anuales, 
haciendo caso omiso de los descuentos. 

El proyecto de presupuesto del poder ejecutivo para el ejerci- 
cio 1891-1892, contiene documentos y anexos muy interesantes 
que permiten computar en esta forma el número de jefes y oficia- 
les diseminados en la plana mayor activa, plana mayor pasiva y 
lista 7 de septiembre, con preseindencía de los oficiales en em- 
pleo y de los incluidos en otras listas: 1 teniente general, 23 ge- 
nerales, 73 coroneles, 47 coroneles graduados, 173 tenientes coro- 
neles, 20 id. graduados, 344 sargentos mayores, 22 id. graduados, 
512 capitanes, 5 id. graduados, 19 ayudantes mayores, 442 tenien- 
tes primeros, 425 id. segundos, 533 subtenientes. En conjunto 
2,639 jefes y oficiales sin mando de fuerza ó empleo activo, ó sea 
una cifra aproximadamente igual á la de los soldados del ejército 
que según el mismo proyecto de presupuesto subían á 2,667* 
Existe una segunda lista no menos abrumadora: la de las viudas y 



PRESUPUESTO OENERAL DE GASTOS 419 



menores militares. Dentro de nuestras abusivas prácticas, todo 
ciudadano que adquiere un despacho militar ya queda incrustado 
siempre á la ley de presupuesto y lega á su viada y á sus hijos 
menores el derecho de seguir cobrando por tiempo considerable, 
desde que jamás faltan chicanas para justificar la viudedad, la mi- 
noría de edad ó el celibato de los herederos. De los cuadros de 
contaduría publicados en 1891, resultan 1,063 pensiones por ese 
concepto. Acumulando 168 jubilados, 290 inválidos, 332 menores 
y pensionistas civiles, 24 pensionistas militares, resulta una pobla- 
ción pasiva que excede de 4,500 individuos con derecho á percibin 
sin los descuentos vigentes en la época que estudiamos, la cantidad 
de 2:325,91 4 pesos anuales en esta forma: jubilados 163,766 pesos; 
menores y pensionistas civiles 175,759; estado mayor activo 
98,400; estado mayor pasivo 562,950; cuerpo de inválidos 103,326; 
viudas y menores militares 638,567; pensionistas militares 9,480; 
lista 7 de septiembre 573,666 pesos. 

En los presupuestos posteriores, se ha deducido del rubro de 
pensiones, la cantidad correspondiente á pensionistas en actividad 
6 con empleo civil ó militar, de manera que los cálculos compara- 
tivos resultan imposibles sobre la base de esa documentación ofi- 
cial. Hemos ya dado en extracto algunos datos relativos al informe 
que presentó el gobierno á la comisión general de sueldos en junio 
de 1901. Partiendo de la base del presupuesto vigente, establece 
que el sueldo íntegro de las clases pasivas es de 2:03 1 ,522 pesos 
y el sueldo liquidado, ó sea el que resulta después de realizados 
ios impuestos de 1:409,754 pesos que se distribuyen entre 3,941 
pensionistas, de los que corresponden 1,871 alas dos listas de jefes 
y oficiales de reemplazo. 

LA REFORMA MIUTAR 

Hase ocupado la asamblea en divei*sas épocas de suprimir del 
presupuesto este enorme rubro de las clases pasivas, que abruma 
al erario y (jue promueve la holgazanería en millares de personas 
y de familias aptas en todo sentido para el trabajo privado. Corres 
ponde la primera de esas iniciativas ala ley de 3 de junio de 1835, 
segánla cual todos los jefes y oficiales que por razón de retiro- 



420 LEOISLACIÓN FINANCIERA 



quedasen fuera del servicio en el ejército, gozarían de la tercera 
parte de su sueldo en el caso de tener de 10 á 16 años de antigüe- 
dad; de la mitad del sueldo teniendo de 16 á 30 años de antigüe- 
dad; de las dos terceras partes del sueldo teniendo de 30 á 40 años 
de antigüedad; y del sueldo íntegro con iníís de 40 años de servi- 
cios. Una ley complementaria de 16 de junio del mismo año, 
agregó que todos los jefes y oficiales que entren al goce del retiro 
recibiríín de una sola vez la cantidad correspondiente á veinte años 
de sueldo como retirados y que mientras no se efectuase el pago, 
gozai'ían del interés del 6 *X> ^^^^^^^ sobre dicho capital. Desde el 
mes de agosto empozó á darse cumplimiento á estas leyes, y en vista 
del resultado obtcMiido, dictó la asamblea la ley de 13 de junio de 
1836, declarando cerrada la reforma militar y estableciendo que 
el pago de los capitales se haría mediante la emisión de 1:333,679 
pesos de 6 ^/^ en títulos de deuda amortizable. Para garantir el 
interés se destinaban seis mil pesos mensuales, y para hacer frente 
á la amortización, el sobrante del fondo mensual mientras los ofi- 
ciales en serWcio activo no entrasen al goce de la reforma, el pro- 
ducto de los derechos de frontera, los 3/4 del producto del mer- 
cado de la capital, el importe de la pesca de anfibios, el 6 % sobre 
las herencias transversales y «jue saliesen del país, y los sobrantes 
que resultasen de las cajas militares en las revistas de inspección 
mensual. Gastáronse fuertes cantidades en ese objeto, aunque sin 
resultado práctico desgraciadamente, porque nuestros grandes des- 
órdenes administrativos y las guerras que se multiplicaban sin 
cesar, tenían que inutilizar é inutilizaron los sacrificios, haciendo 
revivir la abrumadora carga que se pretendía extirpar. 

Terminada la guerra grande, surgió de nuevo el pensamiento de 
la reforma militar y el cuerpo legislativo sancionó la ley de 25 de 
julio de 1853, que prescribe que todos los jefes y oficiales que 
no se requieran para el ejército de línea serán reformados, reci- 
biendo por una sola vez el importe de dos años de sueldo los que 
tengan de 5 á 9 años de antigüedad ; el importe de tres años de 
sueldo los que tuviesen de 9 á 1 5 años de antigüedad ; el im- 
porte de cuatro anos do sueldo los que tengan de 15 á 21 
años do servicios ; ol importe de cinco años de sueldo ios que ten- 
gan de 21 á 25 años de antigüedad ; ol importe de seis anualida- 



PRESUPUESTO GENERAL DE GASTOS 421 



(les los que t<»ngan de 25 años arriba de antigüedad, y el importe 
de ocho meses de sueldo los que no tuviesen cinco años de servi 
cío. Previendo la ley el caso de que ios militares reformados po- 
drían ser llamados on cualquier momento al servicio activo, esta- 
blecía que dichos militares sólo gozarían de su sueldo, sin que pu- 
dieran optar á nueva reforma. Esta ley quedó totalmente olvidada 
hasta el año 1873, en cuya época el gobierno del doctor fiUauri 
resolvió incluir la reforma militar entre los arbitrios destinados á 
conjurar la tremenda crisis financiera que ton ruda repercusión 
política había de tener en enero de 1875. Establecía el nuevo pro- 
yecto que la reforma se consumaría sobre las bases de la ley que 
acabamos de extractor, debiendo emitirse con tol objeto títulos de 
deuda pública de 6 % de interés y 1 % de amortización que se 
entregarían á los militores reformados por su valor escrito. En sus- 
titución del proyecto del poder ejecutivo, presentó el señor Agus- 
tín de Vedia á la cámara de diputodos un plan más vasto com- 
puesto de tres leyes distintas : la primera de ellas, de retiro mili- 
tar, suprimía el estodo mayor pasivo y estoblecía que los jefes y 
ofíciales que resultoran sin mando activo, gozarían de la octova 
parte de su sueldo si hubiesen estodo en actividad de dos á cinco 
años, y por gradaciones sucesivas iba creciendo la cuoto á medida 
que aumentoban los años de servicio, hasto acordar la mitod del 
sueldo á los (jue tuvieran de 15 á 20 años de antigüedad y el sueldo 
íntegro á los que contoran más de 35 años de servicios; la se- 
gunda de ellas fijaba las fuerzas de línea, estobleciendo que el po- 
der ejecutivo en ningún caso podría aumentor el personal; y la 
tercera autorizaba la emisión de seis millones de pesos en títulos 
de deuda del 6 % de interés y 1 % de amortización acumulativa, 
debiéndose entregar á cada militíir reformado un capítol en títulos 
cuyo servicio de intereses y amoitización fuese igual al sueldo que 
le asignase la ley de retiro. 

La comisión militor de la cámara de diputados, en sus informes 
de 1873 y 1874, introdujo divei-sas modificaciones en el plan de 
reformas propuesto por el señor Vedia, concluyendo por aconsejar 
la sanción de un proyecto sobre las siguientes bases : que el poder 
ejecutivo quedaría autorizado para reformar á todos los jefes y 
oficiales con más de ocho años de servicios ; que el pago se ef ec- 



422 IJEGI8LACIÓN FINANCIERA 



tuaría mediante títulos do 6 % de interés y 1 % de amortización 
que se entrecrían en cantidad exactamente igual á todos los indi- 
viduos del mismo grado militar, con absoluta prescindencia de di- 
ferencia de años de servicio, dando, por ejemplo, 22,000 pesos á 
cada coronel, 8,000 pesos á cada capitán, 3,600 pesos á cada sub- 
teniente ; que la reforma sería completamente voluntaria, pero una 
vez efectuada, si el militai* volvía al servicio activo, su tarea sería 
considerada como una simple comisión, compensable con el sueldo, 
y una vez terminada la tarea, quedaría el jefe (\ oficial instantá- 
neamente borrado de la lista militar ; que los militares que no tu- 
viesen ocho años de servicio, percibirían la mitad de la asignación 
respectiva. Calculaba la comisión que para consumar la reforma 
en los términos propuestos, habría necesidad de emitir siete millo 
nes de pesos nominales. Según el primer informe de la comisión, ha- 
bía 1,090 jefes y oficiales. Según el segundo informe, la existencia 
era de 1,122 jefes y oficiales, estando 175 en servicio activo. De 
los militares del último cuadro, 635 tenían más de ocho años 
de servicio y 487 menos de esa antigüedad. Tampoco tuvieron 
éxito las nuevas iniciativas. Por una parte, como se dijo en el curso 
de la discusión parlamentaria, el proyecto de reforma estaba indi- 
rectamente ligado al cumplimiento de la ley de conversión de dea- 
das internas, mediante un empréstito europeo, que no pudo con- 
tratarse y que debía aumentar el metálico de la plaza, abriendo 
fácil salida á los nuevos títulos ; y por otra parte, los aconteci- 
mientos financieros y políticos que remataron en el motín del 15 
de enero de 1875, debían crear y crearon una atmósfera contraría 
á la realización del vasto plan en trámite. 

UN MEDIO FJÍCIL DE CONSUMAR LA REFORMA. 

Uno de los principales escollos con que siempre ha tropezado la 
idea de la reforma militar consiste en la emisión de títulos de 
deuda publica. En primer lugar, porque nuestro país ha abusado 
horriblemente ya de las operaciones de crédito ; en segundo lugar 
porque el tipo de cotización de nuestros títulos de renta, impon- 
dría fuertes quebrantos al pensionista que quisiera hacerse de di- 
nero para emprender un trabajo cualquiera; y en tercer lugar 



PRE81IPUERTO GENERAL DE GASTOS 423 



porque dada la prodigalidad incorregible de casi todos nuestros 
gobiernos, especialmente en materia de empleos militares, se corre 
el riesgo de que las listas de las clases pasivas no disminuyan en 
realidad y tenga el erario público que soportar una carga doble, 
pagando pensiones y pagando intereses y amortización del capital 
levantado para extinguirlos. Más práctico sería el establecimiento 
de un impuesto sobre las propias clases pasivas, que el pensionista 
toleraría fácilmente, halagado con la esperanza de un buen resul- 
tado en los primeros sorteos. Las clases pasivas se reformarían 
ellas mismas, sin sacrificio alguno para el tesoro público: tal es la 
base del procedimiento de que vamos á ocuparnos. 

Según el extracto hecho en junio de 1901 por la comisión de 
sueldos, la planilla íntegra de las clases pasivas asciende á 
2:031,522 y la planilla de sueldos. líquidos á 1:409,754 pesos. La 
diferencia entre ambas planillas, que es de 621,768 pesos, repre- 
senta los descuentos 6 impuestos vigentes sobre las pensiones 
civiles y militares. Debe tenei-se en cuenta, para explicar la impor- 
tancia de esa última cantidad, que salvo-excepciones muy contadas 
y muy honrosas, las pensiones arrancan de un acto de favoritismo 
y no del mérito real de los servicios prestados al país. Hemos di- 
cho que las cifras del presupuesto no son completas, en razón de 
que actualmente se prescinde de los pensionistas que están en 
actividad y que reciben sueldo por otro concepto. Vamos á tomar 
para nuestros cálculos el guarismo amplio y completo del proyecto 
de presupuesto del ejercicio 1891-1892, que es de 2:354,900 pe- 
sos. La erogación mensual es de 196,167 pesos. A título de pro- 
medio, creemos que podría establecerse el importe de cinco años 
de pensión, recibiendo por ejemplo la suma de diez mil pesos efec- 
tivos al tiempo de ser borrado del presupuesto el pensionista que 
percibe dos mil pesos anuales. El dinero efectivo para consumar 
la reforma so obtendría mediante el impuesto de 10 % sobre el 
monto real de todas las pensiones, aun de las chanceladas momen- 
táneamente por hallarse en actividad los pensionistas. La única 
carga del erario público, sería el pago del impuesto sobre las 
cantidades á que ascienden los descuentos vigentes. Determinado 
el promedio de lo que habría (jne entregarse como capital de re- 
forma y el porcentaje con que deben concurrir las mismas cía* 



424 LEGISLACIÓN FINANCIERA 



ees pasivas para obtener ese capital, veamos de que nianera actua- 
ría el £ondo amortizante. 

En el primer mes, daría el impuesto del 10 /^ sobre la eroga- 
ción de 196,167.49 pesos que representan las clases pasivas^ia 
cantidad de 19,616.74 pesos. Podría darse en el acto, por medio 
de sorteos, su capital de refonna á diversos pensionistas que per- 
ciben mensualmente 826.94 pesos. Al segundo mes, el impuesto 
del 10 ^ habría descendido pmporcioualmente al monto de las 
pensiones rescatadas. El capital sujeto al impuesto ya no sería en 
efecto de 196,167.49, sino de 195,840.55; y el diez ¡>or ciento en 
vez de producir 19,616.74, daría simplemente 19,584.05. Pero, 
como el tesoro público sigue abonando íntegramente el presupues- 
to de las clases pasivas, resultan disponibles los 326.94 pesos de 
los haberes mensuales correspondientes á los pensionistas que jb 
han recibido su capital; y esa cantidad disponible acrece al fondo 
amortizante que se encuentra entonces constituido por las siguien- 
tes partidas: 19,584,05 procedente del 10 % y 326.94 de los habe- 
res disponibles, ó sea en conjunto 19,910.99 pesos. Dicha canti- 
dad permite rescatar nuevas pensiones que representan una ero- 
gación mensual de 331.85 pesos. Al tercer mes, el capital sujeto i 
impuesto habrá bajado á 195,508.70, por efecto de los rescates 
consumados y el diez por ciento dará simplemente 19,550.87. Pero 
como á esta cantidad hay que agregar los haberes mensuales de 
las pensiones rescatadas, el fondo amortizante i-esultará así cons- 
tituido: 19,550.87, del 10 %; 326.94 de haberes correspondientes 
á los pensionistas reformados en el primer mes; 331.85 de babero 
correspondientes á los pensionistas reformados en el segundo mes. 
En conjunto 20,209.66, con cuya cantidad serán eliminados del 
presupuesto nuevos pensionistas que embolsan al mes 336.83 pesos. 

Se trata, como se ve, de un procedimiento análogo al que rige 
entre nosotros para la amortización de las deudas públicas. El es- 
tado abona mes á mes la cantidad íntegra que corresponde á la 
deuda emitida, como si todos y cada uno de sus títulos estuvieran 
en circulación, destinándose las sumas que corresponde á los títu- 
los sorteados y pagados, á aumentar el fondo amortizante de los 
demás títulos. Pues lo mismo sucedería en el plan que propone- 
mos. La suma que corresponde hoy á las clases pasivas sería abo- 



PRESUPUESTO GENERAL DE GASTOS 



425 



nada por la tesorería con absoluta prescindencia de las pensiones 
rescatadas, creciendo, en consecuencia, el fondo de amortización 
mes á mes. AI finalizar el primer año, el fondo amortizante se ha- 
brá elevado á 23,107.68. Su movimiento de progreso está repre- 
sentado por la siguiente escala: 



Diciembre de 1903. 

1904. 

1905. 

1906. 

1907. 

1908. 

1909. 

1910. 

1911. 

1912. 

1913. 
» 1914. 
Noviembre » 1915. 



23,107.68 

27,627.94 

33,032.43 

39,494.13 

47,219.42 

56,456.34 

67,500.17 

80,704.37 

96,491.92 

115,367.45 

137,935.37 

164,917.95 

126,808.80 



En noviembre de 1915, vale decir á los doce años y once me- 
ses de haber empezado el rescate, quedarían extinguidas todas las 
clases pasivas y militares, sin más sacrificios para los pensionis- 
tas que el impuesto de: 10 % sobre los haberes que perciben, y 
sin otro sacrificio para el tesoro público que la entrega anual que 
corresponda al 10 /(, sobre la diferencia de sueldos entre la canti- 
dad íntegra que establece la ley de presupuesto y la cantidad más 
pequeña que ingresa en el bolsillo de los pensionistas. 

Con la reforma de las clases pasivas se aliviaría en breve 
tiempo, como se ve, al tesoro público de una cai*ga abrumadora y 
recibirían un impulso benéfico esos millares de parásitos que se 
desenvuelven en la holgazanería y que constituyen un fermento 
permanente de convulsiones intestinas y de malestar político. Para 
que el rescate pudiera consumarse en las condiciones más alta- 
mente favorables y prestigiosas, debería ser manejado el fondo 
amortizante por una comisión popular respetabilísima, encargada 
no sólo de practicar los soileos, sino también y muy principalmente 



jt . 



426 LEGISLACIÓN FINAKCTÉJRA 



de dar consejos eficaces á los píiisionistas acerca del destino 6 
aplicación que deben dar á sus capitales. 

TJ2YES COMPLEMENTARIAS 

Pero no basta extirparlos males que actualmente se notan. Hay 
necesidad también de evitar su reproducción en el porvenir, dic- 
tando leyes apropiadas sobre creación de empleos, otoi^iuiento 
de gracias y pensiones, retiros y jubilaciones. De lo primero nos 
hemos ocupado ya, demostrando la necesidad de deslindar de una 
vez por todas las atribuciones do la asamblea y del poder ejecu- 
tivo en lo que á despachos miliüues atañe, medíante una ley sal- 
vadora del presupuesto, del crédito del país y de la dignidad misma 
de la carrera de las armas. Mucho hay que hacer también en ma- 
teria de pensiones, gracias especiales, retiros y jubilaciones. 

El artículo 17 de la constitución de la repáblica acuerda á la 
asamblea general la facultad de « crear y suprimir empleos públi- 
cos, determinar sus atribuciones, designar, aumentar ó disminuir 
sus dotaciones ó retiros, dar pensiones ó recompensas pecuniarias 
ó de otra clase y decretar honores públicos á los gmndes servicios.» 
La ley de mayo de 1838, reglamentaria de este artículo com^titu- 
cional en la parte de que nos ocupamos, estableció que los emplea- 
dos civiles i\uo por innecesarios fueran separados del 8í»rvic¡o, go- 
zarían de la cuuila parte del sueldo, si tuviesen diez años de anti- 
güedad; de la tercera parte, los de diez años arriba; de la mitad, lo6 
de veinte años; de las dos terceras paites, si tuviesen treinta años 
de antigüedad, y del sueldo íntegro los que tuviesen cuarenta año» 
de servicios; y (¡ue los empleados (jue resultaren inutilizados en 
servicio publico, por achaques, avanzada edad ú otros motivos, re- 
cibii*ían á título de jubilación la cuartíi parte del sueldo en el caso 
de tener siete años de servicio, la tereem parte del sueldo si tuTÍe- 
sen diez años de servicio, la mibul si quince años, las dos tercera? 
partes si veinte años y la totalidad del sueldo si contaban treinta 
años de antigüedad. Para hacer frento al pago de los retiros, ju- 
bilaciones y pensiones, quedaba establecido un montepío ai que de- 
bían concurrir todos y cada uno de los í^mpleados civiles con el 
sueldo de un día de cada mes, siempn^ que la asignación excediera 



l»RE8UPÜESTO GENERAL DE GASTOS 427 



de trescientos peso» anuales. Los grandes é inealífícables abasos 
cometidos á la sombra de esta ley provocamn el decreto-ley de 
7 de septiembre de 1876, suprimiendo para el porvenir y sin per- 
juicio de los derechos adquiridos dentro del régimen anterior, toda 
pensión pasiva en materia civil y en materia militar, ya proviniera 
el cese de renuncia, de destitución ó de fallecimiento. Como 6nica 
y exclusiva excepción aceptiíbase el caso de las familias de los 
ciudadanos de la guardia nacional ó del ejército de línea muertos 
en función de guerra ó invalidados para el ejercicio de toda profe- 
sión ó industria. 

Fué un corte demasiado radical, que no podía librar al erario 
publico de las cargas que se pretendía suprimir, desde que á los 
interesados ó á sus deudos quedaba el camino de recurrir á la asam- 
blea en demanda de una pensión graciable, absolutamente arbitraria^ 
que debía acordarse y se acordaba en la gran generalidad de los ca- 
sos. Son convenientes las leyes de retiro y de jubilaciones á condición 
de que sean justas y se limiten á garantir la subsistencia del em- 
pleado que se ha incapacitado en el ejercicio do sus funciones. 
Hasta constituyen una economía para el erario público, desde que 
cierran la puerta á liberalidades sin freno que rara vez dejan de 
triunff r en asambleas numerosas y faltas de responsabilidad. To- 
da la cuestión consiste en impedir los abusos, mediante una fisca- 
lización severa de los títulos reales del empleado y la fijación de 
cuotas extremadamente moderadas que en ningún caso se to- 
men de rentas generales, sino de la caja formada por el descuento 
6 retención de una parte del sueldo de los propios empleados que 
se retiran ó jubilan. De los anales del cuerpo legislativo vamos á 
extractar las cláusulas capitnies de dos leyes reglamentarias que 
no alcanzaron á sancionarse y que debían corregir, en concepto de 
sus autores, los males (jue desprestigiaron la ley general de 1838. 

Según el proyc^cto del diputado don Bernabé Rivera, pi*esentado 
á la asamblea de 1874, todos los empleados en actividad que fue- 
ran separados por innecesarios, gozarían de un retiro e(iuivalente á 
Ja cuarta parte del sueldo en el caso de tener diez años de servi- 
cios, de la t<Teera pait<* en o\ caso d(» tener niíís de quince afios^ 
de la mitad en el caso de tener veint<i años, de las dos terceras par 
tes en el caso de tener treinta años, y de sueldo íntegro en el caso 



42S LEGISLACIÓN FINANCIERA 



de tener cuarenta años; para optar íí la jubilación habría que justi- 
ficar la inutilización en el servicio ante la junta de higiene pública, 
con audiencia del fiscal de gobierno, gozando en caso de refiolu- 
ción favorable, de la tercera parte del sueldo los que tuvieran diez 
años de servicio, de la mitad los de quince, de las dos terceras partes 
los de veinte, y del sueldo íntegro loe de treinta años; se estable- 
cería un montepío al que contribuirían todos los empleados civiles, 
retirados y jubilados con un 5 % de sus haberes; dicho fondo, 
ayudado en su déficit por las rentas generales, haría frente al pago 
de los retiros, jubilaciones y pensiones; á las viudas é hijos legí- 
timos de los empleados civiles, retirados ó jubilados, se les acorda- 
ría una pensión equivalente á la cuarta parte del sueldo de la últi- 
ma plaza ocupada por sus causantes cuando éstos hubieran pres- 
tado servicios desde uno hasta diez años; ú la tercera, cuando los 
años de servicio se extendieran á quince; á la mitad, hasta veinte 
años; y á laa dos terceras partes hasta treinta años; caducando la 
pensión para la viuda si contrajere nuevo matrimonio 6 llevare xada 
deshonesta, para los hijos varones una vez llegados á la mayoría 
de edad y pam las hijas cuando se casaren. 

Pertenece el segundo proyecto al doctor Antonio María Kodrf- 
guez y fué presentado á la cámara de diputados en julio de 1896. 
He aquí sus disposiciones capitales: creación de una caja nacional 
de jubilaciones y pensiones á cargo de un consejo administrativo 
compuesto del ministro de gobierno, del presidente de la alta corte 
de justicia, del contador general de la nación, del fiscal de hacien- 
da, del juez letrado más antiguo, del tesorero general, del director 
de aduanas, del director de los impuestos directos, del oficial ma- 
yor de hacienda, del catedrático de derecho administrativo, del 
presidente del consejo de higiene, del jefe de la oficina de crédito 
público, del secretario más antiguo del cuerpo legislativo y de 
tres miembros electivos nombrados cada tres años por los primeros 
y segundos jefes de los servicios públicos; la caja se constituirá 
con el 3 % mensual de los sueldos, con otra entrega mensual 
equivalente á cargo del tesoro público, con la diferencia del primer 
día de sueldo en el caso de promoción de empleados, con el 3 % 
de los sueldos devengados por las personas que no pagan actual- 
mente montepío y (¡uieran hacer valer sus años anteriores de ser 



PRESUPUESTO (GENERAL DE GASTOS 429 

vicio, con el importe de los arrendamientos de propiedades fiscales, 
con el importe de los títulos de deuda diferida prescriptos por no 
haber concurrido sus acreedores á las consolidaciones respectivas, 
con las multas impuestas lí los empleados páblicos, con el impues- 
to de dos por ciento progresivo á partir de cien pesos líquidos y á 
razón de un peso por cada cien pesos de exceso, aplicable á todas 
las pensiones graciables, etc.; cuando haya excedente de fondos, el 
consejo administrativo deberá colocarlo en títulos públicos 6 cé- 
dulas hipotecarias; los empleados podrán jubilaree con goce de 
sueldo íntegro y sin necesidad de justificar inutilización alguna, 
siempre que tengan más de treinta años de servicios y que 
hayan cumplido sesenta y cinco años de edad; fuera de ese caso 
excepcional sólo se otorgará la jubilación á favor de los empleados 
que tengan más de diez años de servicios y (jue prueben acabada- 
mente la imposibilidad de continuar en el ejercicio del cargo 
por enfermedad, achaques ó edad avanzada; la jubilación será de 
tantas treinta avas partes del sueldo del postulante como sean los 
años de servicio que haya prestado al estado; la viuda y los hijos 
solteros y menores de edad de los funcionarios que fallezcan des- 
empeñando un cargo público, tendrán derecho á una pensión equi- 
valente á la mitad del monto de la jubilación que habría corres- 
pondido al causante; los jubilados trasmitirán una pensión análoga; 
las jubilaciones y pensiones no son embargables ni pueden afec- 
tarse con anticipación; las pensiones por gracia especial sólo po- 
drán presentarse al cuerpo legislativo en el mes de abril, sólo pa- 
sarán á estudio de la comisión especial en el caso de ser apoyadas 
por siete diputados ó cuatro senadores y sólo podrán sancionarse 
por dos terceras partes de votos y en dos discusiones separadas 
por una semana de intervalo, salvo el caso de grandes y extraordi- 
narios servicios prestados á la patria; los empleados y funcionarios 
amparados por la ley de pensiones y jubilaciones, sus viudas é hi- 
jos, no podrán ocurrir al cuerpo legislativo en demanda de pen- 
sión, jubilación ó aumento de pensión. 

Contiene disposiciones muy buenas este último proyecto. El es- 
. tablecimiento de la caja de pensiones y jubilaciones con fondos pro- 
pios, absolutamente desligados de las rentas generales y la regla- 
mentación de las gracias especiales por la asamblea sobre la doble 

•29 



i 



430 LfiOIfiLACIÓN FINANCIERA 



base de la acumulación de las solicitudes en un solo mes del año 
(un proyecto del doctor Blengio Rocca presentado en 1 899 esta- 
blecía que sólo podrían decretíirse pensiones juntamente con el 
presupuesto de gastos) y de un fuerte nániero do votos en cada 
cámara, garantizan el buen éxito del plan, que en lo fundamental 
ya funciona desde hace años con excelentes resultados en el seno 
del [)ersonal dependiente de la instrucción primaria. La lev de 
mayo de I89lj, formulada por los doctores Ciganda y Palomeque, 
con el concurso del inspector técnico de escuelas señor Figueira, 
creó efectivamente una caja escolar administrada por los miem- 
bros de la dirección de instrucción pública y los directores de los 
intematos, que ha funcionado con perfecta regularidad, ai^rojando 
los siguientes guarismos en 31 de diciembi-e de 1901: títulos de 
deuda pública existentes en la cpja escolar, 417,332.25 pesos 
nominales; costo efectivo de esos títulos, 288,883.79 pesos; presa- 
puesto del mes de diciembre, t2,235.i:j pesos, correspondiendo 
1,826.26 á 41 jubilados, 204.95 á 7 pensionistas y el saldo á em- 
pleados; ingresos mensuales para cubrir el presupuesto, 6,161.97 
pesos, correspondiendo 1,701 á intertíses de las deudas, 1300 i 
descuentos de sueldos, 1,300 íÍ la cuota á cargo del estado, 1,000 
por impuesto de herencias y lo demiís por otros conceptos; resul- 
tando un sobrante de 3,926.84 pesos mensuales para aumentar el 
capital y liacer frente al pago de nuevas jubilaciones. 

Creemos que las pensiones y jubilaciones no deberían exceder 
en ningún caso de la mitad del sueldo activo, ni tampoco pasar 
de un límite razonable de tres mil pesos anuales, por ejemplo, set 
cual fuere la asignación de que haya gozado el funcionario míen- 
tras estuvo al frente de su cargo. Creemos también que habría 
perfecta justicia é innegable conveniencia en extender á la clase 
militar las prescripciones proyectadas para las clases civiles. £s os 
privilegio inaudito el que nuestras leyes y prácticas corrientes 
acuerdan á los militares, incrustándolos definitivamente en el presu- 
puesto, presten ó no presten servicios. ¿Por qué motivo un ciudadano 
que recibe el grado de capitán ó de coronel y que se pasa toda b 
vida en absoluta inactividad, ha de percibir sueldo mientras viva r 
ha de trasmitir pensión á sus deudos, mientras que otro ciudadano 
que ha sido juez ó empleado civil, pieitle el sueldo apenas abando* 



PRESUPUESTO OENEBAL Í)E GASTOS 431 

na el empleo, salvo que reiina las condiciones y años de servicio ac- 
tivo para poder jubilarse 6 retirarse? Débese á tan monstruoso 
privilegio, el despilfarro que han hecho nuestros gobiernos en mate- 
ria de despachos militares, otorgados muchas veces á título de 
prebendas á ciudadanos que ignoraban en absoluto lo que signi- 
fica un día de servicio en el ejército. Y creemos finalmente, que 
habría positiva conveniencia en reglamentar de una manera más 
restrictiva el otorgamiento do gracias especiales por la asamblea. 
No bastíi que se diga que los empleados regidos por la ley de pen- 
siones y jubilaciones no pueden ocurrir en ningún caso á la asam- 
blea en demanda de pensión 6 de aumento de pensión. Es necesa- 
rio que también se establezcan limitaciones á todas las gracias 
especiales y aun á las recompensas á favor de los verdaderos ser- 
vidores de la patria. 

En una interesante discusión que se produjo en la cámara de 
diputados durante el año 188S, sostuvo el doctor Pedro Busta- 
mante que la constitución de la república autoriza á la asamblea 
para conceder pensiones, es decir, remunerar servicios prestados, y 
también para dispensar honores y recompensas por servicios y méri- 
tos relevantes, pero no para hac(»r favores. Es cuestión de palabras, 
desde que el que solicita una pensión siempre alega ó puede ale- 
gar un servicio. Mucho más firme resulta el terreno, sostenien- 
do que el artículo 17 de la constitución de la república fuera de 
los retiros que corresponden á empleados públicos y que natu- 
ralmente deben ser materia de una ley gcneml, sólo está facultada 
para otorgar pensiones, recompensas pecuniarias ú honores públi- 
cos á los grandes servidores de la patrLi. La referida disposición 
constitucional, se compone efectivamente de cuatro partes ó miem- 
bros bien separados, hasta por la puntuación, que reproduci- 
mos en esta forma del «registro oficial»: crear y suprimir empleos 
públicos; determinar sus atribuciones; designar, aumentar ó dismi- 
nuir sus dotaciones ó retiros; dar pensiones ó recompensas pecu- 
niarias, ó de otra clase, y decretar honores públicos á los grandes 
Berv icios». Toda la última parte, es relativa ú los grandes servi- 
cios y son ellos, en consociu^ucla, los únicos casos de excepción á 
la ley de retiros. Así lo entíuidieron once diputados de la legisla- 
tura de 1886 en un proyecto de ley í\ug fué rechazado, estable- 



482 LEGISLACIÓN FINANCIERA 



ciendo expresamente que sólo en el caso excepcional de grandes 
servicios podría la asamblea otorgar gracias especiales 6 recom- 
pensas pecuniarias. Pero, aun cuando ofreciera dudas el texto 
constitucional, esas dudas podrían desaparecer mediante una lej 
interpretativa de alta conveniencia nacional, dado el derroche co- 
losal de pensiones en que han incurrido casi todas nuestras asam- 
bleas, transformadas en verdaderas sociedades de socorros mutuos 
y dispuestas siempre á entregar liberalmente una parte del producto 
de las rentas á todo el que golpeaba á sus puertas en demanda de 
ayuda. A título de antecedente*ilustrativo, mencionaremos tam- 
bién que en junio de 1890, el poder ejecutivo devolvió con obser- 
vaciones una ley de pensión, fundándose en que por el artículo 17 
de la constitución, sólo en mérito de grandes servicios á la patria 
pueden acordarse pensiones graciables. 



I 



(CAPITULO XVI 

Derechos de aduana 



lÁ} QUE PAGAN LAS IMPORTACIONES 

Heraos dado cuenta circunstanciada en otro capítulo de los de- 
rechos de importación que existen actualmente en la república. El 
altísimo porcentaje que establecen esos derechos, no responde ex- 
clusivamente á propósitos proteccionistas. Cada vez que el erario 
público se ha encontrado en apuros, han dirigido su vista casi to- 
dos nuestros gobiernos á la aduana, persuadidos de que ella es el 
instrumento más cómodo de acumular recursos sin grandes y enér- 
gicas protestas del pueblo contribuyente. Encierra una profunda 
verdad la frase tan trillada de que el impuesto indirecto permite 
desplumar al pollo sin que grite. Otros son